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La Asamblea Legislativa de 1940 de elección de senadores nacionales

Para fines de Octubre de 1940 se reunió la Asamblea Legislativa con el objeto de elegir a los senadores nacionales, uno de los cuales reemplazaría al doctor Juan José Lubary cuyo mandato había fenecido y, el siguiente, para completar el mandato interrumpido por la muerte del doctor Juan Ramón Vidal.

Estuvo presidida por el vicegobernador Pedro Resoagli y contó con la presencia de 37 de sus miembros sobre un total de 39. Fueron elegidos los candidatos proclamados por los partidos Autonomista y Radical Antipersonalista, doctores Pedro Díaz Colodrero y Francisco M. Alvarez. Sólo faltaron los diputados Traynor y Delfino -autonomista y antipersonalista, respectivamente- quienes excusaron su inasistencia.

En los círculos políticos se anotó el hecho de que, no obstante las incidencias producidas en el seno de cada uno de los partidos integrantes de la Concordancia, aquéllas no afectaron la disciplina de los bloques parlamentarios que acataron lo resuelto por sus respectivas convenciones.

También fue objeto de comentarios el voto del senador Emilio L. Monzón, electo por el radicalismo del comité nacional y luego separado de esa agrupación, que en la Asamblea votó por los candidatos oficialistas. Debe destacarse que ninguno de los partidos de la oposición tenía en ese momento representación en la Legislatura, dada la posición abstencionista de que hemos dado cuenta, salvo Monzón que actuaba como independiente(1).

(1) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 30 de Octubre de 1940. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

- La situación nacional

Se había señalado el grave golpe que significó para el presidente Roberto Marcelino Ortiz la denuncia del escándalo de la compra de tierras en “El Palomar”, precisamente cuando su salud se hallaba debilitada. Seguirá a esto un largo proceso político en el que estuvieron en juego diversos y significativos intereses.

Por un lado, de quienes acompañaban al presidente en su gestión y se hallaban esperanzados en una pronta recuperación; por el otro, quienes pensaban que el doctor Ortiz no podría ya reintegrarse a sus altas funciones y que el vicepresidente Ramón S. Castillo debía reemplazarlo definitivamente.

También se ha visto que la comisión investigadora del Senado se pronunció en ese escabroso asunto, señalando los hechos ilícitos y las responsabilidades que se habían podido detectar, siendo su presidente el senador Alfredo L. Palacios el que brillantemente expresara los resultados de las actuaciones. Aunque en dicho informe no se imputaba al presidente de la nación que hubiera tenido algo que ver con el negociado, fue puesta en tela de juicio la responsabilidad del general Carlos D. Márquez -ministro de Guerra- y se llegó a pedir el juicio político en contra de éste.

La decisión del Senado en orden a pasar los antecedentes a la Justicia Penal fue votada por unanimidad, no así la que propiciaba el enjuiciamiento político, que fue resistida por los senadores radicales, aunque lograran su aprobación los restantes legisladores.

Se ha mencionado la respuesta de Ortiz, presentando su renuncia como presidente de la nación y la decisión de la Asamblea Legislativa rechazándosela. Los diarios sugirieron la necesidad de que el gabinete presentara su renuncia. Se realizó un acto en el Luna Park de la Ciudad de Buenos Aires, en el que la C.G.T. mostró su solidaridad con el Primer Mandatario, siendo uno de los oradores Angel Borlenghi, acto que contó con nutrida concurrencia no sólo de obreros, sino de afiliados radicales y comunistas.

El rechazo de la renuncia del presidente no significó que se interrumpiera el accionar contra el general Márquez y esta situación derivó en la inquietud de algunos sectores castrenses que no estaban dispuestos a permitir que se siguiera adelante en ello y decididos a tomar medidas de fuerza para impedirlo. En esta oportunidad, los sectores políticos conservadores y radicales se movilizaron para lograr de Castillo que no aceptara la renuncia del ministro Márquez, hasta tanto no quedara clarificada su situación en el Congreso.

Aunque Castillo estaba dispuesto a aceptar la renuncia de todos los ministros de Ortiz, sin excepción, se allanó a mantener al general Márquez hasta que la Cámara de Diputados rechazara el pedido de juicio político.

Ortiz dio libertad de acción a Castillo y éste procedió a designar su propio gabinete. Asumió como ministro del Interior el doctor Miguel Culaciati, antipersonalista rosarino; al doctor Federico Pinedo, conservador, en Hacienda; al doctor Julio A. Roca, conservador, en Relaciones Exteriores; en Justicia e Instrucción Pública, el doctor Guillermo Rothe, conservador, de la provincia de Córdoba; en Agricultura, el doctor Daniel Amadeo y Videla, conservador, de la provincia de Buenos Aires; en Obras Públicas, el doctor Salvador Oria; en el Ministerio de Marina, el almirante Mario Fincati y, poco después, al renunciar Márquez, el general Juan S. Tonazzi, como ministro de Guerra.

A partir de aquí, y hasta los últimos meses del año, se produjo una tácita tregua política, como si se quisiera probar hasta qué punto Ramón S. Castillo continuaría o rectificaría la línea política iniciada por Ortiz en el mes de Marzo y, para ponerlo a prueba, era necesario esperar las elecciones que se realizarían en Santa Fe a mediados de Diciembre y en Mendoza a principios de Enero, tregua que no será obstáculo para que el senador Villafañe lance en el Senado una nueva bomba, consistente en la denuncia de las coimas que rodearon -especialmente a los concejales radicales- en oportunidad de prorrogarse las concesiones eléctricas de la Ciudad de Buenos Aires en favor de las compañías CHADE y CADE, integrantes del grupo Sofina(2).

(2) Félix Luna. “Ortiz (Reportaje a la Argentina Opulenta)” (1978), pp. 200 a 225. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

- El radicalismo del Comité Nacional

Desde que el presidente Roberto Marcelino Ortiz había iniciado su política contraria a las prácticas del fraude electoral, el radicalismo del Comité Nacional y, especialmente, su presidente, el doctor Marcelo Torcuato de Alvear, habían venido manifestando el apoyo a su persona, no sólo en frecuentes reuniones, en consultas que le eran formuladas, sino también estando a su lado en los momentos más difíciles de la crisis atravesada.

No en balde aquél había sido su ministro en épocas en que desempeñara la Primera Magistratura del país. En la presentación de su renuncia, el radicalismo en pleno se había manifestado rechazándola y, en el pedido de juicio político al general Márquez, se opusieron en el Senado e impusieron su número al rechazarla en la Cámara de Diputados de la Nación. Ya enfermo Ortiz, eran constantes las visitas que prestigiosos dirigentes del radicalismo le hacían en su residencia de la calle Suipacha.

La convención nacional del radicalismo que debía realizarse en Septiembre fue suspendida por decisión de Alvear. Expresaba este político que era una época muy difícil y por ello había considerado conveniente diferir la reunión de los convencionales de todo el país, a fin de que el radicalismo pudiera contemplar los hechos que se sucedían con la necesaria perspectiva para que, al trazarse normas, las adoptase con criterio ajustado a la realidad del momento.

Decía Alvear que existían corrientes opuestas al verdadero sentimiento nacional, surgidas algunas de ellas del seno de la propia sociedad argentina y alimentadas profusamente desde afuera, conspirando contra las instituciones nacionales. Consideraba que la “quinta columna” era una realidad y que, dada la gravedad de la hora, no podía esperarse sino que el vicepresidente de la República y los nuevos ministros iban a saber interpretar el momento con sensibilidad argentina.

Se manifestaba así contrario a las tendencias que se le atribuían al doctor Ramón Castillo como simpatizando con las potencias del fascismo europeo y las acciones emprendidas por grupos de filiación nacionalista(3).

(3) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 3 de Septiembre de 1940. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El Comité Nacional resolvió desafiliar a todos los radicales implicados en la venta de las tierras de “El Palomar”.

Cumpliendo con los reiterados reclamos que se le formulaban desde la provincia de Corrientes, Mendoza y Salta, el diputado radical Araujo fundamentó y obtuvo una moción de preferencia para tratar el despacho favorable, producido por la comisión respectiva, en el pedido de Intervención Federal a dichas provincias.

Si bien la solicitud fue aprobada, hubo manifestaciones en disconformidad por parte del diputado socialista Américo Ghioldi quien entendía que a sólo diez días de terminarse el período ordinario, había otros temas más importantes que tratar, criterio que compartió el diputado demócrata nacional Reynaldo Pastor, ironizando que resultaba raro el celo para plantear a esta altura del período de sesiones un asunto de carácter político que necesariamente iba a traer una larga controversia en la Cámara, y recordaba que el juicioso criterio de los diputados en no discutir los diplomas de los últimos electos y no traerlos a la Cámara para no hacerla perder tiempo en debates políticos, ahora se pretendía perderlo en otro debate de esa naturaleza en el que debía hacerse necesariamente un análisis amplio y completo de la situación imperante en el país.

Cada uno de los partidos -seguía diciendo- deberá absolver posiciones en esta importante cuestión y el debate tendrá que ser indiscutiblemente extenso y obviamente escabroso y terminaba preguntándose cuál era el empeño en tratar esta cuestión nada menos que en las últimas sesiones de la Cámara de proyectos presentados en el mes de Agosto del año anterior y, sobre todo, que aún en el supuesto de que ellos fueran aprobados, no tendría tiempo el Senado para tratarlos.

Pero estaba claro que este pedido de preferencias no hacía sino satisfacer los urgentes requerimientos de los correligionarios de las provincias afectadas.

Las noticias sobre preferencia para el tratamiento del pedido de Intervención fueron motivo de auspiciosos comentarios en los círculos políticos correntinos afectos a los partidos de la oposición y, tanto los dirigentes radicales como los liberales, no ocultaron su optimismo acerca de la sanción de la Cámara y confiaban en que tal pronunciamiento sería decisivo para la adopción de la medida que juzgaban impostergable para la normalización institucional, económica y social de la provincia(4).

(4) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 22 de Septiembre de 1940. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

La convención nacional del radicalismo -que debió reunirse precisamente en esos días- fracasó por ausentismo de los delegados que impidieron su realización al no dar el quorum necesario(5).

(5) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 25 de Septiembre de 1940. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El Comité Nacional resolvió convocarla nuevamente para mediados de Noviembre y dio traslado al Senado de la Nación del pedido formulado por los radicales de Corrientes en el sentido de que fueran rechazados los diplomas de los senadores elegidos en representación de esta provincia y también requirió del grupo parlamentario radical se peticionara el tratamiento del proyecto de Intervención amplia, en sesiones extraordinarias(6).

(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 26 de Septiembre de 1940. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Pero la Cámara de Diputados, llegada la fecha fijada para las preferencias, prefirió tratar las denuncias sobre las concesiones eléctricas y nombramiento de una comisión investigadora y, más tarde, debió levantar la sesión por falta de número para poder votar. Seguramente que no habrá sido ajena a esta actitud las gestiones realizadas por el bloque conservador con otros bloques en el sentido de evitar debates inoportunos de carácter político al final del período legislativo(7).

(7) Diario “La Nación”, (Buenos Aires), edición del 21 y 27 de Septiembre de 1940; y diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 24 de Septiembre de 1940. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Esta ausencia que pudo ser un recurso de los diputados conservadores para evitar el tratamiento de un proyecto que perjudicaba a las provincias gobernadas por hombres de su signo político, no exculpaba a los diputados radicales que, siendo mayoría, tenían quorum propio y podrían, de haberlo querido, dar media sanción a las leyes de Intervención reclamadas por sus correligionarios.

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