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La salud del presidente Ortiz y las elecciones de prueba

- Las elecciones de prueba

El gran momento de la definición acerca de la conducta política que habría de seguir el vicepresidente Ramón S. Castillo al frente del Poder Ejecutivo tendría su primera y más importante prueba en las elecciones que se realizarían en Santa Fe a fines de Diciembre de 1940 y en Enero de 1941 en la provincia de Mendoza.

El comportamiento que en ellas se observara y, especialmente, la actitud que en su consecuencia pudiera adoptar el Gobierno Nacional, serían definitorias para conocer las intenciones que guiarían el accionar del presidente interino, mientras durara la licencia del titular en su lucha para mejorar su salud quebrantada, y si ellas coincidirían o no con las del Primer Mandatario.

Ya en Noviembre de 1940 se habían manifestado algunas diferencias. La muerte del intendente de la Ciudad de Buenos Aires, doctor Arturo Goyeneche, permitió a Castillo designar al doctor Carlos Alberto Pueyrredón, contrariando al presidente que se inclinaba por el doctor Carlos Saavedra Lamas. Unas semanas después reemplazaba al Jefe de Policía designado por Ortiz, por un marino de su confianza.

Pero el escándalo mayor estuvo dado por las elecciones de gobernador de Santa Fe, en las que se repitieron jornadas de fraude y violencia. El radicalismo no hizo esperar su protesta y en un mitin organizado frente a la estatua de Alem en Retiro, habló el doctor marcelo T. de Alvear y exigió al vicepresidente una definición en favor o en contra del fraude(1).

(1) Félix Luna. “Ortiz (Reportaje a la Argentina Opulenta)” (1978), pp. 226/227. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Unas semanas después se realizaron los comicios de la provincia de Mendoza, cuya campaña electoral estuvo viciada por actos de violencia, votándose en un ambiente de total intranquilidad, que desató nuevas manifestaciones de repudio, lo que movió a preguntarse si se estaba volviendo al fraude electoral como sistema político.

El diario “La Prensa” señalaba que las dos elecciones generales realizadas desde que el vicepresidente de la República organizó el Ministerio de su confianza, la de Santa Fe y la de Mendoza, habían sido fraudulentas y consideraba que el silencio del gobernante era interpretado como aquiescencia por los responsables de los actos de dolo y violencia cometidos. “El país comprende que los desmanes no habrían sido posibles si el Poder Ejecutivo de la Nación hubiera tenido la voluntad de evitarlos(2).

(2) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 5, 6 y 7 de Enero de 1941. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El escándalo había sido tan grande que los partidos políticos opositores de la provincia anunciaban que impugnarían totalmente la elección, mientras la Junta Electoral anulaba una gran cantidad de mesas. La Cámara de Diputados de la Nación, por su parte, iniciaba el debate por las elecciones de Santa Fe, se presentaban dos proyectos de Intervención Federal y se anunciaba que lo seguirían los de Mendoza.

Dos autores de reconocida filiación conservadora reconocen que “tal vez haya sido ésta la única elección controvertida en esa provincia durante la Administración demócrata”, refiriéndose a la última de las nombradas(3).

(3) Carlos Aguinaga y Roberto Azaretto. “Ni Década ni Infame (del 30 al 43)” (1991), p. 253. Ed. Jorge Baudino, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

- El plan Pinedo

Frente a estos dos graves hechos, la autoridad nacional no formuló ningún tipo de condena y el ambiente ciudadano comenzó a enrarecerse como un preanuncio de acontecimientos que no tardarían en desencadenarse.

Federico Pinedo, ministro de Hacienda, tomó una decisión que resultó sorpresiva y aunque tuvo conocimiento el titular del Poder Ejecutivo, la responsabilidad de la gestión corrió por cuenta personal del político. Se trasladó a la Ciudad de Mar del Plata, donde descansaba el doctor marcelo T. de Alvear y lo entrevistó, oportunidad en la que coincidieron en la gravedad del momento institucional y político del país, proponiéndole en esa oportunidad estudiar la posibilidad de celebrar un acuerdo amplio que afirmara la concordia de los argentinos, para devolver la tranquilidad al país.

Básicamente se trataba de establecer listas de candidatos comunes, entre radicales y conservadores , con vistas a los comicios que se fueran presentando. Se trataba de elegir cinco nombres en común, que serían incluidos en las boletas de ambos partidos, y otros cinco nombres elegidos por radicales y cinco más elegidos por los conservadores: “Así habría cinco prohombres comunes, factores de equilibrio y pacificación; personas neutrales y aceptables, elementos moderados(4).

(4) Félix Luna. “Ortiz (Reportaje a la Argentina Opulenta)” (1978), pp. 229/231. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El doctor Alvear viajó a Buenos Aires para consultar con los dirigentes radicales, pero las exigencias de éstos eran la reparación previa del fraude, a lo que Castillo no estaba dispuesto a prestarse. Pinedo creía que era necesario hallar una solución “antes de que los acontecimientos se precipiten y sea difícil o imposible salvar las dificultades(5).

(5) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 12, 13 y 14 de Enero de 1941. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Pero la propuesta no fue aceptada por radicales ni por los conservadores y el plan fracasó. Ello motivó la renuncia del doctor Pinedo a su cartera y, pocos días después, otro destacado ministro conservador, el doctor Julio A. Roca, manifestando su disconformidad por el proceso eleccionario de Santa Fe y Mendoza, siguió sus pasos. El vicepresidente alegaba no tener facultades para castigar los fraudes que pudieran producirse en jurisdicción provincial, pues se lo impedían sus principios federales.

La postura del doctor Ramón S. Castillo tendrá otras derivaciones, como la renuncia del interventor en la provincia de Buenos Aires, doctor Octavio Amadeo, condenando los últimos acontecimientos de Santa Fe y Mendoza como una aberración de nuestra cultura política, hechos que no encontraban igual condenación en el Ministerio del Interior.

Nerviosas consultas llevaron al despacho del vicepresidente a sus ministros políticos, dirigentes y legisladores del partido Demócrata Nacional, entre los que aparecen los diputados correntinos, doctores Felipe C. Solari y Adolfo B. Sánchez(6).

(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 2 de Febrero de 1941. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

- La salud del presidente. Su manifiesto

La situación se iba poniendo cada vez más tensa y los diputados radicales -que eran mayoría- se negaban a prestar colaboración en el orden legislativo si no se intervenían las provincias de Santa Fe y Mendoza. Tenían en esa Cámara la mayoría necesaria para hacerlo, pero no así en el Senado, con mayoría conservadora y antipersonalista.

Se especulaba con la posibilidad de una mejoría en la salud del presidente que le permitiera reintegrarse a sus funciones y, de esa manera, desarticular los propósitos del vicepresidente. Todo el año 1941 estuvo ligado a esta posibilidad y los distintos sectores de la vida argentina trataron de ganar o mantener posiciones, haciendo cálculos acerca de quién gobernaría en definitiva. Las diferencias eran grandes, pero los últimos acontecimientos las habían ahondado aún más.

El presidente Roberto M. Ortiz continuaba su licencia por razones de salud, pero ello no era óbice para que la casa de la calle Suipacha estuviera continuamente visitada por ministros, legisladores, dirigentes de uno y otro partido -oficialistas y opositores- y hasta una delegación de la juventud radical que venía a pedirle su pronto regreso a la Casa Rosada. Por entonces, casi todos los diarios anunciaban que era inminente la reasunción del mando presidencial(7).

(7) Félix Luna. “Ortiz (Reportaje a la Argentina Opulenta)” (1978), p. 231. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Es a mediados de Febrero que el doctor Ortiz produce un hecho político significativo al enviar al vicepresidente, y dar a conocer al pueblo, un manifiesto en el que recordaba los propósitos que acreditara en el ejercicio de su alta investidura, al mismo tiempo que declinaba toda responsabilidad por los hechos del Gobierno a cargo del vicepresidente, como así la orientación en sus políticas que pudieran haberlos malogrado y hacía un llamamiento a la fe republicana recomendando deponer las pasiones de la hora incierta.

Decía que “al asumir había arraigado en la conciencia popular la convicción de que se iniciaba una nueva era en la vida política argentina, una era de normalidad institucional, que era la terminación feliz de un período postrevolucionario que, como remedio extremo, no pudo tener otro alcance que el de conjurar los males de la sociedad, evidenciados en ese momento crítico de la política argentina”.

Afirmaba que “fue propósito de su Gobierno terminar la lamentable división de los argentinos en vencedores y vencidos, en perseguidores y en perseguidos, con una acción prudente y de prescindencia total de banderías ideológicas y favoritismos de partidos”.

Pero en lo más arduo de esa lucha -dice después- la adversidad detuvo su tarea y los hechos de gobierno y las orientaciones políticas que pudieran haberla malogrado no le pertenecían.
Desde su obligado retiro había percibido cómo el panorama político se había ensombrecido y convulsionado de nuevo, pretendiéndose retrogradar a un pretérito ya muerto de la vida institucional y las prácticas cívicas del país. Pareciera que estas directivas fueran ignoradas por quienes viven política y socialmente de espaldas al pueblo y sin contacto alguno con sus necesidades, dolores y esperanzas.
Para algunos políticos, todos los problemas nacionales se reducen a usufructuar las posiciones que el pueblo no les otorga o les niega. La repugnancia -que es natural a la dualidad o a la mentira- lo redujeron en circunstancias que resultaron históricas a poner remedio a tales situaciones y esa razón de moral política lo obligó a intervenir la provincia de Buenos Aires, después de comicios viciados por fraude y violencias, como en los peores tiempos”.

Esta afirmación de convicciones y orientación serían el origen de las perturbaciones políticas que sobrevinieron después.

Terminaba su manifiesto expresando que “se consideraba autorizado para hacer una invocación a la concordia y a la fe republicana, para que todos los organismos políticos se avengan a restaurar las normas que, como un imperativo, siente el país, para condenar toda manifestación de fraude o de violencia sistematizada”.

Luego de hacer algunas consideraciones respecto a los propósitos que animaron a los constituyentes al organizar un Poder Ejecutivo fuerte e investido de la más alta dignidad otorgándole atribuciones máximas para la obra de la reconstrucción nacional, que ellos perseguían impresionados todavía por las sangrientas luchas civiles provocadas por las ambiciones prepotentes y la acción nociva de los caudillos, “desde su sitial de Primer Magistrado de la nación invocaba esos sentimientos de restauración institucional, con la fe puesta en los grandes destinos del país, exento de toda ambición personal o de menguados propósitos, entregaba al pueblo de la patria sus anhelos de pacificación política, de verdad republicana y de engrandecimiento nacional”.

Este manifiesto le fue enviado al vicepresidente Castillo con una nota en la que le expresaba que la intensa y grave crisis política que agitaba al país y perturbaba sus mejores actividades, le había sugerido las consideraciones que objetivamente había consignado en el documento que se proponía entregar al juicio público de sus conciudadanos, estimando que el destinatario de su misiva -en el carácter de vicepresidente en ejercicio- así como por razones de consideración personal, debiera ser quien tenga conocimiento en primer término del mencionado documento(8).

(8) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 12 de Febrero de 1941. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Sin lugar a dudas un documento duro, que el presidente sentía la necesidad de hacer público, para frenar los intentos de su reemplazante legal o, tal vez, una forma de deslindar su responsabilidad ante la historia, sintiendo acercarse el momento de su definitivo pase a la Eternidad.

El manifiesto tuvo la lógica repercusión en los círculos de la vida ciudadana del país y, especialmente, en las esferas legislativas y políticas.

Pero tan sólo dos días después, el Senado resolvía que una comisión surgida de su seno, estudiara el caso que planteaba la salud del presidente, en orden a sus consecuencias institucionales. En la discusión parlamentaria, el senador por Corrientes, doctor Alvarez, se manifestó contrario a la decisión tomada, expresando que ella no estaba inspirada en la lógica de las disposiciones constitucionales y legales. El restante senador correntino, doctor Díaz Colodrero, adhirió al voto de la mayoría.

Por su parte, la Cámara de Diputados le negaba esa atribución ya que entendía que el Senado no había sido llamado a pronunciarse sobre la mayor o menor capacidad del presidente o su buen o mal desempeño, llamado que sólo puede hacerlo por iniciativa, precisamente, de aquel órgano del Estado.

Estas discusiones, y la interpretación constitucional del tema, demandaron muchas sesiones de las Cámaras y largas páginas de quienes se sentían autorizados a opinar, pero que más allá de la hermenéutica constitucional llevaban un propósito de predominio político para lo por venir.

Y no dejó de ser llamativo el inicio de un movimiento de los legisladores de la Unión Cívica Radical con el objeto de apoyar la posición adoptada por el Primer Magistrado, al cual adhirieron los de otros partidos que veían con simpada la política emprendida por el doctor Roberto M. Ortiz(9).

(9) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 15 de Febrero de 1941. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Las versiones sobre la posibilidad de la reasunción de sus funciones por el presidente Ortiz agitaron el ambiente y las discusiones se trasladaron al Congreso, donde ambas Cámaras seguían con atención esa posibilidad, mientras discutían el alcance de sus facultades para analizar el tema de la salud del mandatario y que el mismo pudiera o no continuar al frente del Poder Ejecutivo.

Y, mientras tanto, en Mendoza y Santa Fe asumieron las nuevas autoridades surgidas de los comicios cuestionados de comienzos del año, mientras en Diputados se aprobaba el pedido de Intervención a la última de las nombradas.

El radicalismo de la capital organizó un acto en el Luna Park en adhesión a la posición del doctor Ortiz, quien recibió en su residencia a los dirigentes de esa tendencia, doctores Pueyrredón y Tamborini, desarrollándose una intensa actividad en los círculos políticos y congresales con motivo de la crisis que se venía planteando, llegándose a considerar -en el seno de la oposición- la posibilidad de formalizar juicio político al doctor Ramón S. Castillo, vicepresidente de la nación en ejercicio del P. E.(10).

(10) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 5 y 6 de Marzo de 1941. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Mientras se esperaba el dictamen de la comisión especial del Senado, acerca del estado de salud del presidente, el titular del comité nacional del radicalismo, doctor Marcelo T. de Alvear se reunía con el doctor Ortiz, asegurando -al término de su entrevista- que no existía de parte de aquél intención alguna de renunciar y que, por el contrario, buscaba restablecer su salud para asumir en condiciones las responsabilidades de la grave hora presente.

No faltaban en esas horas difíciles las versiones acerca de presiones militares, en uno y otro sentido, las que son estudiadas por el historiador norteamericano Robert A. Potash(11).

(11) Robert A. Potash. “El Ejército y la Política en la Argentina” (1985), pp. 213 - 215 - 218. Ed. Hyspamérica, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Pero, las versiones en la “Operación Retorno” -como la llama el autor citado- no fueron más que un “bluff” político en el cual el grupo del doctor Castillo tenía las mejores cartas y los nervios más serenos.

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