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El golpe insurreccional de 1943 en Corrientes

Tan pronto las autoridades insurrectas asumieron el Gobierno de la nación, se dirigieron telegráficamente a los gobernadores de provincia haciéndoles conocer esa circunstancia y recabándoles adoptaran las medidas necesarias para evitar que el orden y la tranquilidad públicas no fueran alterados. El interventor en Corrientes, al acusar recibo de tales indicaciones, dio respuesta informando haberse adoptado todas las previsiones para el cumplimiento de ese objetivo.

Al mismo tiempo, les hacía llegar su renuncia indeclinable del cargo para el cual había sido designado por su amigo, el presidente Ramón S. Castillo, el 5 de Octubre de 1942. Expresaba que permanecería al frente del Gobierno Provincial el tiempo necesario para esperar la resolución del Gobierno Nacional disponiendo su reemplazo.

Al tenerse conocimiento de los hechos, se hizo presente en su despacho la casi totalidad de los miembros del Poder Judicial para hacerle entrega de sus renuncias. Entre los dimitentes se encontraban 4 de los 6 miembros del Superior Tribunal de Justicia, corporación en la que existía una vacante, uniéndose a éstos el Procurador General de la provincia, los dos jueces del Crimen, dos de los tres jueces en lo Civil de la capital y los agentes fiscales que correspondían a la misma. También presentaron sus renuncias el presidente de la Dirección Provincial de Vialidad y dos vocales de dicha repartición, el jefe de policía y otros altos funcionarios de la Administración(1).

(1) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 6 de Junio de 1943. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

En Corrientes, como en el resto del país, se ignoraba la inminencia del golpe sedicioso o, al menos, para aquéllos más avisados éste podría llegar a realizarse recién en el mes de Septiembre, en vísperas de las elecciones presidenciales, si éstas no guardaban todas las garantías necesarias para la libertad del sufragio.

Por eso, las primeras noticias fueron contradictorias, ignorándose el alcance y proporciones de la asonada militar. Las tempranas informaciones radiales fueron recibidas a través de las emisoras de la República Oriental del Uruguay, hasta que a las autoridades de la Intervención le llegaron las comunicaciones ya mencionadas.

Desde las primeras horas fue conocida en la provincia la noticia escueta y reiterada de la sublevación, pero se desconocía quiénes habían hecho el movimiento, su tendencia ideológica, su orientación político-partidaria, hasta que se fue definiendo el verdadero carácter del movimiento. Toda la provincia permaneció en perfecto orden recibiéndose con calma las informaciones provenientes de la Ciudad de Buenos Aires.

Durante todo el día y hasta altas horas de la noche, distintas personalidades del quehacer provincial se fueron renovando en oportunidad de presentar sus saludos al interventor federal quien, junto a sus ministros, se reunió con el jefe del regimiento 9 de infantería, teniente coronel Roberto Villa Monte; el prefecto de zona, teniente de navío Julio Rodríguez Blanco; y el jefe de policía, teniente coronel (R) Bernardo Servat, acompañado de su secretario, Juan B. Ocampo, cambiando ideas sobre las medidas preventivas a adoptarse en resguardo de la tranquilidad pública.

El día siguiente, 5 de Junio, fue declarado feriado nacional(2).

(2) Periódico “El Noticioso”, (Corrientes), edición del 5 de Junio de 1943. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

- El manifiesto insurreccional y los primeros apoyos políticos

Los catorce oficiales participantes del complot habían aprobado la distribución de un manifiesto en el que, luego de autoproclamarse fieles y celosos guardianes de los derechos y libertades del pueblo argentino, decían que habían venido observando silenciosa pero muy atentamente las actividades y el desempeño de las autoridades superiores de la nación, habiendo comprobado ingrata y dolorosamente que el Gobierno del doctor Castillo había defraudado a los argentinos, adoptando como sistema la venalidad, el fraude, el peculado y la corrupción.

Afirmaba, seguidamente, que las Fuerzas Armadas respondían al clamor del pueblo y que el movimiento era esencialmente constitucional, sosteniendo las instituciones y las leyes de la nación, “persuadidos de que no son ellas sino los hombres quienes han delinquido en su aplicación” y, en materia internacional, expresaba una vaga proclama de luchar para mantener una real e integral soberanía de la nación, siguiendo su tradición histórica, para hacer efectiva una absoluta, verdadera y real unión y colaboración americana, en cumplimiento de los compromisos internacionales.

En la mañana del 5, los diputados nacionales de la Unión Cívica Radical, acompañados del presidente de la Cámara, doctor José Luis Cantilo, concurrieron a la Casa Rosada a presentar sus saludos al nuevo Gobierno. También lo hicieron los senadores nacionales del mismo signo político, doctores Eduardo L. Laurencena, José P. Tamborini y Enrique M. Mosca(3).

(3) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 5 de Junio de 1943. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

No puede sorprender esta actitud, si recordamos que pocos días antes, un grupo de legisladores radicales había ofrecido al general Ramírez la posibilidad de encabezar la fórmula presidencial y que, por otro lado -como bien lo señala Potash- otros dirigentes radicales habían estado en contacto con oficiales del Ejército para lograr que las fuerzas militares apoyasen la lucha contra el fraude electoral.

Recuerda este autor que se estaban desarrollando varios movimientos distintos al mismo tiempo, entre ellos el dirigido por el doctor Emilio Ravignani, principal impulsor de la coalición electoral del radicalismo con socialistas, demócrata progresistas y comunistas, que mantuvo contactos con oficiales del Ejército durante el mes de Mayo o, aún antes, el del diputado nacional doctor Ernesto Sanmartino, que conspiraba -con el general Rawson- en la preparación de un golpe para derrocar al presidente Castillo(4).

(4) Robert A. Potash. “El Ejército y la Política en la Argentina. 1928 - 1945 (de Yrigoyen a Perón)” (1981), pp. 275 -especialmente las notas 19 y 20- y 298. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Es altamente interesante la referencia que hace Ferrero(5) respecto al apoyo recibido por la insurrección:

La revolución militar, que venía a barrer el régimen oligárquico reinstalado en 1930, fue saludada con alborozo por los más diversos sectores de la vida nacional.
Sólo los desplazados por el movimiento y los stalinistas -que veían nazis bajo cualquier uniforme- se opusieron a él desde el primer día”.

(5) Roberto A. Ferrero. “Sabattini y la Decadencia del Yrigoyenismo / 2” (1984), p. 157. Ed Centro Editor de América Latina, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Sigue exponiendo que en la Unión Cívica Radical, víctima del fraude durante trece años, es donde se desarrollaban las mayores expectativas y el “radicalismo revisionista” de la provincia de Buenos Aires hizo llegar su “emoción patriótica” al general Arturo Rawson en una nota que firmaban Balbín, Alende y Leloir y que los diputados y senadores radicales, en su mayoría alvearistas, expresaban su satisfacción al Gobierno militar.

Dice después que FORJA y los grupos nacionalistas también adhirieron fervorosamente a la insurrección y hasta los socialistas -tradicionalmente antimilitaristas- observaron con respeto a las nuevas autoridades. Sigue diciendo que, desde Córdoba, los reformistas universitarios se adherían, mientras el gobernador de la provincia, doctor Amadeo Sabattini, veía complacido el suceso, saludando al Gobierno de facto expresando compartir sus objetivos manifiestos y, más adelante, hombres de su signo colaboraron con la Intervención militar decretada a ese Estado argentino.

El historiador Félix Luna señala que “los radicales, que recibieron con alborozo la caída de los conservadores y esperaban lógicamente ser sus beneficiarios, pronto se desengañaron: no se los llamó(6).

(6) Félix Luna. “Fracturas y Continuidades en la Historia Argentina” (1992), p. 18. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

En realidad, la cosa no fue tan así, ya que durante los primeros tiempos del proceso rebelde en distintas provincias colaboraron hombres ligados al radicalismo, lo que ocurrió también en Corrientes, como se verá más adelante.

“Acción Argentina”, aquella organización pro-aliada que tanto había trabajado para lograr la unión de las fuerzas democráticas encabezadas por el radicalismo contra el Gobierno de Castillo, se manifestó públicamente dando a conocer su posición, al decir que "el movimiento realizado por las Fuerzas Armadas, triunfante en todo el país, sin haber hallado resistencia, es inequívoca prueba de que el Gobierno depuesto no interpretaba a la ciudadanía ni representaba la voluntad popular”.

El gobernador de Córdoba, doctor Sabattini, al reconocer al general Rawson como titular del Poder Ejecutivo Nacional, le hacía saber que había declarado en todo el territorio provincial el imperio de la ley marcial. También adhirió al nuevo Gobierno, el doctor Edgardo J. Míguez, gobernador de la provincia de Buenos Aires, de filiación conservadora(7).

(7) Diario “El Liberal”, (Corrientes), edición del 10 de Junio de 1943; diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 6 de Junio de 1943. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Pero, sorpresivamente para la opinión pública, pero no para quienes dirigían desde las sombras la marcha de los acontecimientos sediciosos, en la madrugada del día 7, el general Rawson hizo conocer su decisión de renunciar a la presidencia de la nación, que aún no había asumido formalmente. Según relata Potash(8), en un primer momento se pensaba que gobernaría un triunvirato militar, lo que Rawson rápidamente descartó y, en ejercicio de lo que consideraba la jefatura de la insurrección, comenzó a realizar conversaciones para integrar su futuro gabinete e hizo trascender su decisión de romper relaciones con el Eje.

(8) Robert A. Potash. “El Ejército y la Política en la Argentina. 1928 - 1945 (de Yrigoyen a Perón)” (1981), pp. 294 a 298. Ed. Sudamericana, Buenos Aires; diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 7 de Junio de 1943. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

La inclusión de civiles no fue bien vista por los oficiales integrantes del G.O.U. y menos aún la posibilidad de la ruptura de relaciones anunciada, por lo que decidieron reclamar de Rawson su renuncia, comisionando en tal sentido al coronel Elbio C. Anaya, para transmitirle esa decisión.

El general Rawson dirigió una proclama al pueblo, en la que expresaba que, habiendo cumplido el propósito de deponer al Gobierno y ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo para la constitución del gabinete, ponía en manos del general Ramírez la renuncia indeclinable al cargo de presidente del Gobierno de facto para el cual debía prestar juramento(9).

(9) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 7 de Junio de 1943. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Por su parte, el general Ramírez dio otro comunicado informando haber asumido el Gobierno de facto y el mando de las Fuerzas Armadas de la nación. Algunos círculos civiles -dice Potash(10)- recibieron con evidente satisfacción el ascenso a la presidencia y algunos de los dirigentes radicales que habían celebrado conversaciones políticas con Ramírez -antes de la rebelión- alentaban un discreto optimismo acerca de las perspectivas de alcanzar el objetivo que venían persiguiendo desde 1931, esto es, la garantía de una elección presidencial honesta pero, agreguemos por nuestra parte, que no fue el general Ramírez quien realmente ejerció el poder, sino el Grupo de Oficiales Unidos, que se ubicó en los puestos claves de la conducción política del Estado.

(10) Robert A. Potash. “El Ejército y la Política en la Argentina. 1928 - 1945 (de Yrigoyen a Perón)” (1981), p. 299. Ed. Sudamericana, Buenos Aires; diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 7 de Junio de 1943. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Pero lo más notable resultó el casi inmediato reconocimiento del nuevo Gobierno de facto por parte de las grandes potencias que luchaban contra el “Eje”, con muestras de satisfacción ante la caída del presidente Castillo, a quien especialmente los Estados Unidos seguían creyendo un partidario del nazismo y cuya digna neutralidad no le podían perdonar. A sólo seis días del hecho sedicioso, los Estados Unidos y Gran Bretaña, además de otros Estados, cumplían con ese requisito internacional. Al día siguiente, lo hacían también Italia, Alemania, España, Ecuador, Perú y Uruguay, y asi sucesivamente(11).

(11) Diario “El Liberal”, (Corrientes), ediciones del 11 y 14 de Junio de 1943. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El día 6 se disponía la disolución del Congreso Nacional. La prensa local, refiriéndose al regreso a la provincia de los legisladores nacionales, expresaba irónicamente en un recuadro “Ritorno Vincitori”(12).

(12) Periódico “El Noticioso”, (Corrientes), edición del 9 de Junio de 1943. Los legisladores nacionales que representaban a Corrientes y vieron interrumpidos sus mandatos por el golpe sedicioso fueron los senadores Elías Abad y Francisco Alvarez (autonomista y antipersonalista, respectivamente); y los diputados autonomistas, José A. Borda, Luis F. Bobbio; los radicales antipersonalistas, Pedro A. Cremonte, Pedro Amadey, Alcibíades Devoto Acosta y Julio Vanasco; además del señor Eduardo A. Miranda Gallino, elegido porel partido Agrario y que recientemente se había incorporado al partido Demócrata Nacional (autonomista). // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación reconoció, al igual que en 1930, al nuevo Gobierno de facto sedicioso. Poco después se dictaba un decreto suspendiendo los comicios convocados para la renovación presidencial.

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