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LA INTERVENCION DE DAVID URIBURU

- La etapa nacionalista

Desde la primera presidencia de Roca, muchos católicos de la Argentina tendieron a considerar que el liberalismo era el equivalente a laicismo y anticlericalismo. En la esfera política, la oposición de tales núcleos católicos fue casi impotente durante medio siglo” dice Snow(1), pero ansiaban que se presentara una oportunidad para expresarse dentro del orden institucional, es decir, que se procurara un cambio en el terreno político que permitiera volver a la situación existente antes de 1880.

(1) Peter G. Snow. “Fuerzas Políticas en la Argentina” (1983), pp. 159/161. Ed. Emecé Editores, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Sigue expresando que, a finales de la década de 1920, fueron atraídos por los movimientos nacionalistas extremos que se estaban gestando, atracción que se debía a la posición tradicionalista y antiliberal asumida por estas nuevas organizaciones.

Así, los nacionalistas católicos vieron con agrado la insurrección de 1930 y se regocijaron al descubrir que el Gobierno de facto del general José Félix Uriburu se proponia desmantelar la democracia liberal argentina para reemplazarla por una forma de corporativismo similar a la de Miguel Primo de Rivera en España.

Dice luego que, con el fracaso de la experiencia de Uriburu y el retorno al liberalismo de los presidentes que se sucedieron, los nacionalistas se dedicaron a la formación de organizaciones de corta vida, publicación de periódicos de poca circulación y a la revisión de la historia argentina.

Al producirse el movimiento de 1943, vieron el golpe como una insurrección propia y, aún se convencieron más de ello cuando el Gobierno del general Pedro Pablo Ramírez disolvió el Congreso, restableció la enseñanza religiosa en las escuelas, disolvió a los partidos políticos y nombró en puestos claves a prominentes figuras del nacionalismo. Para Snow, el nacionalismo alcanzó en los años siguientes el pináculo del éxito: la exaltación de la nación, la eliminación de las fuerzas políticas del liberalismo y el retorno de la Iglesia a una posición de poder en el sistema político.

Luis Pan dice que se puede filiar la aparición del nacionalismo en la década de 1920 cuando Leopoldo Lugones pronuncia en el Coliseo sus famosos cuatro discursos que recibían la inspiración confesada y manifiesta de los nacionalistas franceses Charles Maurras y Alphonse Daudet, anunciando lo que se llamó “la hora de la espada”, justamente en el mismo momento histórico en que Benito Mussolini realizaba “la marcha sobre Roma(2).

(2) Luis Pan y otros, en: “Los Partidos Políticos (Estructura y Vigencia en la Argentina)” (1963), p. 97. Ed. Cooperadora de Derecho y Ciencias Sociales, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Campobassi dice que “la crisis del año 43 es el resultado del nacimiento, de la organización, del disciplinamiento y de la actuación en el país de fuerzas totalitarias de derecha inspiradas en los regímenes totalitarios de Europa”, refiriéndose al fascismo italiano, al nazismo alemán y al falangismo español(3).

(3) José S. Campobassi en: “Los Partidos Políticos (Estructura y Vigencia en la Argentina)” (1963), p. 29. Ed. Cooperadora de Derecho y Ciencias Sociales, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Un agudo observador de la historia política contemporánea argentina, Potash, señala que existía una lucha entre bambalinas en el seno del Gobierno del presidente de facto Ramírez, que giraba alrededor de dos problemas fundamentales: uno, interno, referido a si se debía procurar una rápida restauración del Gobierno civil en el marco de las tradiciones constitucionales y liberales, como lo deseaban los hombres de opiniones centristas e izquierdistas moderados; o si se debía introducir cambios fundamentales en la estructura institucional como proponían los elementos clericalistas y nacionalistas.

El otro, en la esfera internacional, acerca de si la Argentina debía unirse finalmente al resto del hemisferio en la oposición a las potencias del Eje o continuaría desarrollando una política neutralista que, al margen de los argumentos patrióticos que pudieran esgrimirse, servía a los intereses del Eje.

Desde el comienzo de la insurrección en Junio de 1943 hasta Octubre, el presidente Ramírez estuvo cerca de la posición que adoptaban los partidos políticos -como lo hemos visto en el capítulo anterior- pero, para fines de ese año, los políticos sufrieron desilusión a medida que se acumulaban pruebas en el sentido de que poderosos elementos nacionalistas impulsaban al Gobierno hacia un prolongado dominio dictatorial y, en el debate sobre la política exterior, el presidente Ramírez mantuvo una actitud ambivalente e incierta, manteniendo la neutralidad pero absteniéndose de adoptar definiciones, con el argumento de que la Argentina no debía actuar bajo presión.

La lucha entre liberales y nacionalistas -dice Potash- culminó a principios de Octubre de 1943 en que el presidente aceptó designar al general Edelmiro Julián Farrell en el puesto vacante de vicepresidente -con retención del Ministerio de Guerra- y separó del gabinete a los hombres moderados que aún quedaban.

Esta reorganización política, iniciada el 11 de Octubre, señaló una nueva fase del Gobierno militar. Por un lado comenzó la etapa de ascenso del coronel Juan Domingo Perón, amigo de Farrell y, por el otro, las fuerzas del nacionalismo realizaron importantes conquistas al lograr la cartera de Justicia e Instrucción Pública para el doctor Gustavo Martínez Zuviría, -el conocido novelista Hugo Wast- y el general Luis Perlinger la cartera de Interior, señalándose como características de este oficial su actitud pro-alemana y su reconocida aversión a los comunistas y a los políticos liberales(4) y, en la provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires las intervenciones de Armando Verdaguer y Basilio Pertiné.

(4) Robert A. Potash. “El Ejército y la Política en la Argentina. 1928 - 1945 (de Yrigoyen a Perón)” (1981), pp. 311 a 351. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

La influencia nacionalista en el Gobierno se extenderá desde Octubre de 1943 hasta comienzos del año 1945.

Sin embargo de ello, y apareciendo como un contrasentido, ocurrieron dos hechos aparentemente contradictorios: por un lado, la disolución de las entidades de carácter nacionalista que siguió a la de los partidos políticos y, por otro, la ruptura de relaciones con el Eje, al que aquéllas eran notoriamente afectas.

En el primer caso, el Secretario General de la Presidencia, coronel Enrique P. González, se apresuró a convocar a una conferencia de prensa en la que formuló aclaraciones respecto a la medida, señalando que la disolución de los partidos políticos obedecía a la necesidad de terminar con la venalidad y la corrupción que en ellos existía.

Pero, con relación a las entidades nacionalistas, se apresuró en señalar que la medida no tenía igual fundamento ni les correspondía tal calificación. Afirmaba que las entidades nacionalistas estaban formadas por hombres jóvenes en general, llenos de espíritu, de mucho amor propio, de patriotismo y, justificadamente, se habían sentido heridos por la poco clara redacción del comunicado, que ponía a todos en un pozo común. Terminó expresando que las entidades nacionalistas no fueron disueltas por considerarlas elementos perturbadores, carentes de valores morales, ni mucho menos(5).

(5) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 13 de Enero de 1944. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

En el segundo caso, la ruptura de relaciones con las potencias del Eje estuvo fundamentada en el “descubrimiento” de una red de espionaje de aquéllas pero, la realidad fue conocida poco después y ella obedecía a la presión ejercida por los países aliados, ante el verdadero descubrimiento de tratativas secretas de un cónsul argentino, Osmar Alberto Hellmuth, apresado y obligado a confesar por los ingleses, sobre sus gestiones ante el Gobierno alemán para la compra de armas(6).

(6) Diario “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 26, 27 y 28 de Enero de 1944. El Gobierno condenó al especial “nacionalismo” que negaba la libertad del hombre. Los documentos encontrados en poder del cónsul comprometerían seriamente a las más altas autoridades argentinas. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

De cualquier manera, ambas situaciones le van a costar al general Pedro Pablo Ramírez la pérdida de la Primera Magistratura del país y su reemplazo por el vicepresidente, general Edelmiro Julián Farrell, medidas a las que no fue ajeno el coronel Perón y los coroneles del G. O. U.

En Febrero se produjo la renuncia de los coroneles González y Avalos y en un hábil golpe de estado se logra la delegación del mando y posterior renuncia del general Ramírez. También renunciarán los ministros de Relaciones Exteriores y el de Justicia y el jefe de policía de la capital, cargo que -de ahora en adelante- sería ocupado por el coronel J. Filomeno Velazco. A partir de aquí, la figura del coronel Juan Domingo Perón surge nítidamente como el hombre fuerte del movimiento, dada su íntima amistad con el general Farrell e inspirador de los sucesos que culminarán en Octubre de 1945.

De todas maneras, estos hechos no van a impedir al nacionalismo argentino lograr posiciones expectantes en el manejo de las actividades gubernativas de la insurrección, ya que Perón trató de apoyarse en ellos mientras buscaba lograr similares apoyos entre los sectores políticos liberales, especialmente en el campo radical, al que consideraba la fuerza de mayor gravitación en la República.

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