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LA INTERVENCION DE ERNESTO FRANCISCO BAVIO

- El Gobierno de facto busca una fuerza que lo sostenga

La comunidad argentina ejercía una enorme presión sobre el Gobierno de facto nacido en Junio de 1943, que se manifestaba tanto en el frente interno como en el orden internacional. La situación era muy delicada: o se aceptaban aquellas presiones y se entregaba mansamente el Gobierno, con una inmediata convocatoria a elecciones libres y democráticas bajo la dirección de la Suprema Corte de Justicia de la Nación o se afrontaba la situación jugándose en favor de un candidato que fuera expresión del continuismo rebelde.

En el primer caso, importaba reconocer el fracaso del movimiento juniano; en el segundo, se estaría por dar el paso incierto que significaría afrontar un proceso electoral sin el apoyo de ninguno de los partidos tradicionales y sin la mayor parte de las instituciones con alguna vigencia en el país.

El Gobierno de facto había dado carta libre al hombre más caracterizado de su entorno, el discutido coronel Juan Domingo Perón.

Perón había ido montando una fuerte trama de intereses ligados a las fuerzas de empleados y obreros del país, mediante una política de acción social que los sectores del comercio, la producción, las universidades, la justicia y los partidos en general, habían considerado inconstitucional, atentatoria contra el derecho de propiedad y el orden social hasta entonces imperante. Esa era su base de acción política y con ella amenazaba constantemente, pero era consciente de que sin la necesaria organización político-partidaria, iba a resultarle muy difícil triunfar.

De allí sus gestiones, infructuosas, para lograr el apoyo del principal partido político argentino en ese momento, la Unión Cívica Radical, a cuyos hombres había tentado en toda forma, ofreciéndoles las posiciones más encumbradas de un futuro eventual Gobierno, con excepción de la presidencia de la nación.

Muchos amigos de Perón se habían entrevistado con dirigentes de tradición yrigoyenista, especialmente con el sector conocido como “intransigente” y en la reunión mantenida con el propio doctor Amadeo Sabattini -a mediados de 1944- nada se consiguió. Sabattini se mostró contrario a Perón, pero tampoco se mostró solidario con la conducción del Comité Nacional, en el que hacían pesar su mayoría políticos como Tamborini, Mosca, Laurencena y otros que venían de núcleos de notoria posición “alvearista” y “antipersonalistas” y que propiciaban un movimiento de “unidad nacional”.

Si bien Perón no logró el apoyo institucional del radicalismo, obtuvo en cambio la adhesión de muchos dirigentes de viejo cuño yrigoyenista. El historiador Roberto A. Ferrero(1) dice que “no todo el radicalismo permanece insensible al gran llamado de la hora” y menciona los nombres de caracterizados dirigentes que se unieron ante ese llamado.

(1) Roberto A. Ferrero. “Sabattini y la Decadencia del Yrigoyenismo” (1984), pp. 159 a 168 y 176. Ed. Centro Editor de América Latina S.A., Buenos Aires. Menciona la adhesión de yrigoyenistas como Armando G. Antille (antiguo defensor de don Hipólito) de Santa Fe; Armando Caro, en Salta; Sánchez Toranzo en Tucumán; Diego Luis Molinari, Alejandro Leloir, Salvador Cetrá, Ricardo Guardo, Emilio Ciri, Ramón del Río y otros en Buenos Aires; Juan Hortensio Quijano y el “Vasco” Garín, en Corrientes; Oscar Albrieu en La Rioja; Miguel Tanco, en Jujuy; Juan I. Cooke, Alberto H. Reale, Eduardo Colom y muchos otros. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Para el logro de estos objetivos, no caben dudas de que el accionar del ministro, doctor Juan Hortensio Quijano, tuvo mucho que ver.

El historiador Félix Luna(2) dice que su designación en la cartera política explotó como una bomba en todo el país y, según refiere, su compromiso con Perón fue el de conseguir para el Gobierno de facto el apoyo de un sector importante del radicalismo, confesando este último que no había encontrado político más identificado con el pensamiento insurreccional.

(2) Félix Luna. “El 45 (Crónica de un Año Decisivo)” (1969), p. 206. Ed. Jorge Alvarez, Buenos Aires, refiriéndose a su personalidad dice que “era el típico “ruvicha” (jefe) correntino, el patrón a la antigua, despótico y paternal, arbitrario e imprevisto. Un siglo atrás hubiera podido ser un caudillo jordanista, violento, ecuestre, chinetero. Sus bigotazos y su desprolija melena le daban un aspecto anacrónico, acentuado por el cuello “palomita” que solía usar por entonces. Vestía siempre de negro; sus amigos aseguraban que cargaba luto permanente por su primera mujer, una de las más bellas niñas de la sociedad de Goya. En Corrientes no había conseguido nunca ascendiente político: fue candidato a vicegobernador en una disidencia antipersonalista, en la década del 20. Después sus comprovincianos lo hicieron delegado invariable al Comité Nacional y allí intimó con Alvear, que apreciaba sus originalidades. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Como parte del proceso político que ahora se iniciaba, se designaron -además- otros dos radicales, los doctores Armando G. Antille y John L. Cooke y, se buscó hombres de la misma filiación para cubrir las intervenciones federales de las provincias de San Luis, San Juan y Corrientes.

- La designación del interventor Bavio

Para designar un interventor afín en la provincia de Corrientes, se le presentaba a Quijano un grave problema. El comité radical de esta provincia no se hallaba organizado y, en el objetivo de presidir sus destinos, se disputaban dos corrientes, igual que en el orden nacional: los “intransigentes”, que a la postre resultaron ser la mayoría, seguidores del pensamiento de Amadeo Sabattini; y los “unionistas”, partidarios de la Unión Democrática. Ambos sectores eran adversos a Perón. Y el radicalismo antipersonalista también le era adverso, aunque allí encontró algunos apoyos individuales. Esta circunstancia lo hizo decidir por un viejo amigo radical de la provincia de Salta, el doctor Ernesto Francisco Bavio(3).

(3) Diario “El Liberal”, (Corrientes), edición del 3 de Septiembre de 1945. El doctor Bavio cursó sus estudios secundarios en Salta, graduándose de abogado en Buenos Aires en 1920. Inició su actuación política en el radicalismo, siendo designado -en 1923- secretario de la junta ejecutiva de Salta. Más, luego fue intendente de la ciudad capital de aquella provincia y, elegido diputado provincial, presidió la Legislatura. En Marzo de 1930 fue elegido diputado nacional, mandato que fue interrumpido por el movimiento del 6 de Septiembre de 1930; al ser detenido por las autoridades del Gobierno de facto, optó por alejarse del país. En 1937 fue candidato a elector de presidente y vicepresidente de la nación y, en 1943, su partido lo eligió delegado ante el comité nacional. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El nuevo comisionado federal viajó desde su provincia natal por vía aérea y por el mismo medio se hizo presente el ministro del Interior, doctor Quijano, quien lo puso en posesión del cargo, que le fue entregado por el general Laureano O. Anaya, acompañado de sus ministros.

En la oportunidad manifestó que, desde la primera hora, aplaudió con entusiasmo el movimiento del 4 de Junio, considerando a esta revuelta como libertadora de la ciudadanía, que estaba convencido de que ningún argentino podía negar en esta hora su concurso para que pueda ser convocado el pueblo a comicios libérrimos.

Como combatiente a favor de la democracia -decía más adelante- se sentía identificado con los propósitos que animaron a los hombres de la insurrección y con la acción tesonera y patriótica del ministro del Interior, doctor Quijano, “recia personalidad y noble luchador, de quien el país espera y confía plenamente de que será factor determinante de la obra de la recuperación institucional”.

Terminaba diciendo que esperaba desarrollar su acción con los hombres de Corrientes en cuya capacidad y hombría de bien fundaba sus mejores esperanzas, solicitando -además- el apoyo de la prensa honesta para trabajar en bien de los intereses públicos.

Como corolario de su exposición, ratificaba su ideario diciendo que había militado siempre en las filas de la Unión Cívica Radical e inspirado en el desempeño de las cargos partidarios y en la función pública en los preceptos y principios sustentados por el gran demócrata y ex presidente argentino, doctor Hipólito Yrigoyen.

La prensa capitalina de la provincia recibió sin demasiado entusiasmo al nuevo comisionado. “Nueva Epoca” y “La Mañana” se limitaron a expresar que había asumido y, la última, en su editorial del día de la asunción, se refirió al general Anaya expresando que “como gobernante cumplió con su deber”, destacando “su Administración de puertas abiertas y sin odiocidades de círculo, reconociéndole su sano patriotismo y la imparcialidad que lo caracterizó en el manejo de los resortes oficiales, puesto que se había actuado en un ambiente de libertad”.

Expresaba a renglón seguido de que “aquí no se había perseguido a la ciudadanía, no se había encarcelado a los políticos, no se clausuraron diarios, no se amordazó a la opinión pública ni se ametralló a las manifestaciones democráticas". Terminaba su página editorial expresando que “pocos colaboradores de la dictadura que pesa sobre el país pueden ostentar los valores del general Anaya, que ha cumplido con su deber con la jerarquía que le atribuyen sus condiciones de militar austero, pundonoroso y culto”.

“El Liberal” incluía una fotografía del nuevo mandatario y refería sus antecedentes biográficos, mientras “El Noticioso” expresaba su esperanza de que el mandatario se inspirara en el desempeño de su mandato en los intereses superiores de la comunidad, cualquiera fueran sus orientaciones de partido y, como correntinos, formulaban los mejores votos para que el mandatario cuadrara su accionar dentro de las normas constitucionales en favor de los intereses bien entendidos de la provincia(4).

(4) Diarios “La Mañana”, “El Liberal” y “El Noticioso”, ediciones del 1, 2 y 3 de Septiembre de 1945. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El nuevo interventor designó inmediatamente a sus colaboradores más cercanos: el ministro de Gobierno y Justicia, doctor Nicolás González Goytia y, días más tarde, al titular de Hacienda, Obras Públicas y Economía, doctor Francisco Alvarez Méndez; y su elenco se iría completando con el transcurrir de los días, en los que se advertía una clara inclinación hacia simpatizantes de origen radical o reconocidamente independientes(5).

(5) El doctor González Goytia era abogado del Banco de la Nación Argentina en Santa Fe y pertenecía a una tradicional familia de La Rioja, siendo sobrino del doctor Joaquín V. González. El doctor Alvarez Méndez era un perito de finanzas de destacada actuación en la Banca y se había desempeñado como alto funcionario de la Dirección General de Impuesto a los Réditos. Se designó Secretario General de la Gobernación a Francisco R. Alvarez Leguizamón; interventor de la municipalidad de la capital, al doctor Francisco Daniel Mendiondo; y secretario del mismo organismo a Rodolfo O. Mendíaz; subsecretario de Hacienda, Obras Públicas y Economía, al doctor Carlos Cándido Martínez Molteni; se repuso al ingeniero Alfredo S. Serantes en la Dirección Provincial de Vialidad y, al presentar su renuncia unos días después, se designó en igual cargo al ingeniero Hortensio Quijano (h), y se aceptaba la renuncia del secretario de ese organismo, Raúl M. Requena. Se designaba director interventor de Salubridad, al doctor Alberto M. Iglesia; interventor de la Dirección Provincial de Industria y Comercio a Carlos Pisarello; comisario inspector de policía a Joel Manuel Pisarello. También fueron designados Joaquín Víctor González, secretario privado del ministro de Gobierno; confirmado como Fiscal de Estado, el doctor Leonardo L. López Castro; director de la Asistencia Pública al doctor Fortunato Gehan; director de la Imprenta del Estado a Beltrán G. Fages; como jefe de policía se confirmó a Angel Luis Martín y, como subjefe asumió Julio Argentino San Millán, quien renunciaría en vísperas de los comicios de Febrero. En el Consejo Superior de Educación renunciaba el doctor Maximino Carbó y asumía interinamente el profesor Ramón C. Carriegos. Más adelante designaría interventor en el Consejo al profesor Antonio Del Gobbo. En el Registro Civil se designaba interventor a Domingo Peralta en reemplazo del doctor T. Ameghino Arbo, quien renunció. Se aceptaba también la renuncia del doctor Manuel Mora y Araujo, de la Caja de Jubilaciones. Se dieron por terminadas las funciones del Director General de Energía, ingeniero Carlos Herrero y se designó en su reemplazo al doctor Osvaldo Piragine Durand. Se designó presidente de la Caja de Jubilaciones y Pensiones al doctor Julio César Izaguirre y se aceptaba la renuncia de Francisco F. Revidatti como vocal de ese organismo. Más adelante se aceptó la renuncia de los vocales de la Dirección Pcial de Vialidad, Ricardo Cuenya y Julio C. Spriú. Fue nombrado en reemplazo el doctor Fernando G. Muñoz. Se aceptaba la renuncia del Inspector General de Municipalidades, doctor José Roberto Mohando. En la delegación de Trabajo y Previsión asumía como nuevo delegado Emilio V. Pomarada. Se aceptaba la renuncia de Francisco Manzi como director honorario del Museo Colonial. Se designaba en reemplazo del señor Pisarello al teniente coronel Juan Carlos David Cruz López Lobos y a Ricardo Harvey, como director y secretario, respectivamente, de Industria y Comercio. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

También se fueron produciendo algunos cambios significativos en las diferentes comunas del Interior provincial(6).

(6) En Goya se designó a Julio A. Clausse en reemplazo del doctor Francisco Ayala López Torres, quien renunció. También renunciaban, cumpliendo directivas del partido Liberal, los intendentes de Monte Caseros y General Paz, Carlos Femando Erro y Gervasio Blanco (h), respectivamente. Renunció el intendente de Saladas, José M. Verón y, el de Esquina, Clicio D. Bertucci. En Paso de los Libres se designaba al doctor Aristóbulo Gómez y en Bella Vista a Bernardo Germán Quintana. En Esquina a Eugenio Codazzi y, al no haber tomado posesión se designó en su reemplazo a José María Farizano. En Paso de la Patria a Ricardo Escobar. En Mburucuyá renunciaba José M. Bonet. En Santo Tomé renunció Gabriel R. Díaz. En Mercedes se designó a Carlos Farizano. En La Cruz se designó a Emilio Flores y, en Sauce, a Martín Fernández. Más adelante se aceptaba la renuncia de Justo Erro, de Curuzú Cuatiá. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

En la Justicia se integró el Superior Tribunal con la designación de los doctores Eusebio S. Zalazar y Edmundo Andreau, continuando en funciones los ministros de la anterior gestión, doctores Pedro G. de la Fuente (h), Alberto Raúl Pichot y Pablo N. Belcastro.

Gabriel Feris(7), refiriéndose a la gestión del doctor Bavio, dice que no actuó en forma prescindente, sino decididamente en favor de la política de Perón, aunque guardando las formas de consideración y respeto a los adversarios.

(7) Gabriel Feris. “Testimonio sobre Política y Periodismo, de 1930 a 1992” (1992), p. 93. Ed. Plus Ultra, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Sigue diciendo que su Gobierno no se distinguió por las obras llevadas a cabo, aunque cabe reconocer que tuvo un matiz muy diferente a la anterior intervención del doctor Uriburu. Bavio cumplió con la finalidad de fortalecer a la fuerza que debía sostener la futura fórmula de gobierno.

Era un político y venía a cumplir una función política. Consecuente con esa actitud, una de sus primeras entrevistas fue concedida a los representantes de los diversos sindicatos que integraban la Confederación Gremial correntina, a quienes acompañaba el teniente primero José R. Virasoro, de tan recordada intervención en el accionar de la delegación local de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

En la oportunidad, el delegado federal expresó que la insurrección tenía un contenido social que era necesario realizarlo para salvaguardar los intereses de los trabajadores argentinos.

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