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Las adhesiones a Perón en la provincia

El principal baluarte del coronel Juan Domingo Perón en sus aspiraciones presidenciales estaba ubicado en el accionar de la Secretaría de Trabajo y Previsión, cuyas delegaciones poblaban todas las provincias y territorios del país.

En Corrientes venía actuando, con eficacia, un militar que era su ayudante en el Ministerio de Guerra, el teniente primero José R. Virasoro y, tan pronto asumió el cargo el interventor Bavio, se hizo presente en su despacho acompañado de dirigentes obreros, oportunidad que resultó propicia para que el delegado federal expresara que estaba dispuesto a concretar y afianzar las conquistas sociales de la insurrección, ratificando su propósito de prestar decidido apoyo a la delegación de aquella Secretaría, “cuya obra de levantada justicia social no puede negarse y menos combatirse”.

Días después, la Confederación de Obreros y Empleados Correntinos organizaba una manifestación para demostrar la adhesión de esa entidad a la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Se distribuyeron volantes en el que se invitaba a “los soldados de la patria” a concurrir al mitin estrechando filas con sus organizadores, “pues si los políticos claudicantes ofendieron a las altas autoridades de la nación, nosotros lavaremos la ofensa”.

La columna inició su desplazamiento desde la plaza “Sargento Cabral” y, a través de varias calles céntricas llegó hasta la plaza “25 de Mayo”, donde pronunciaron sendos discursos el interventor federal y el teniente primero José R. Virasoro(1).

(1) Diario “El Liberal”, (Corrientes), ediciones del 5 y 7 de Septiembre de 1945; y diario “La Prensa”, (Buenos Aires), edición del 10 de Septiembre de 1945. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

No se limitaba la actividad a las manifestaciones puramente locales, sino que se propiciaba el viaje de una nutrida delegación de obreros para entrevistarse en Buenos Aires con el coronel Perón y el ministro del Interior, doctor Quijano, a fin de plantearles diversos problemas que afectaban a los trabajadores de la provincia pero, muy especialmente, “para establecer contactos con los demás gremios obreros de la Capital Federal para unificar los trabajos tendientes a la reivindicación de la clase productora”.

Se estaba tejiendo la urdimbre del movimiento que en menos de un mes tendrá su epicentro en la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, extendiéndose más luego a todo el país(2).

(2) Diario “El Noticioso”, (Corrientes), edición del 28 de Septiembre de 1945. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El accionar en cada provincia de sus delegados era acompañado por sendos discursos del coronel Perón, propalados por la Red Argentina (oficial) de Radiodifusión, en los que -junto a las mejoras otorgadas o prometidas- iba creando una mística alrededor de su persona, por encima y más allá de la propia revuelta juniana.

El apoyo del Gobierno era denunciado por el diario “La Mañana”, que hacía referencia a “un grupo de hombres que supone olvidados de la moral pública que, invocando directivas oficiales, ofrecen funciones públicas, sugieren prebendas e insinúan amenazas”, motivando una citación al director del matutino por parte del secretario general de la Intervención(3).

(3) Diario “La Mañana”, (Corrientes), edición del 9 de Septiembre de 1945. Concurrió a la entrevista el doctor Julio H. Solano, autor de la denuncia. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Se unía a todo ello la creciente actividad desarrollada dentro y fuera del Gobierno de la Intervención para favorecer el desarrollo de un movimiento con base radical en la provincia en pro de la candidatura del coronel Perón(4).

(4) Los diarios opositores “La Mañana” y “El Noticioso” denunciaban una serie de cambios que se venía realizando en la Administración Pública, especialmente en las comisarías de policía del interior y en la municipalidad de la capital. Se atribuía al accionar del doctor Joaquín Díaz de Vivar, que lo hacía visitando los departamentos del interior -donde se confeccionaban listas de candidatos a ocupar cargos públicos- y al doctor Francisco Daniel Mendiondo en el ámbito capitalino, su eficiente trabajo en ese sentido. Conf: edición del 2, 3, 6, 18 y 31 de Octubre de 1945. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

- La semana del 9 al 16 de Octubre de 1945

Seguramente quien mejor ha descripto los acontecimientos que se desarrollaron ese año y, especialmente, la semana que precedió al movimiento del 17 de Octubre, es el historiador Félix Luna(5) y su lectura se torna indispensable para quienes quieran conocer en profundidad los acontecimientos y razones, ocultas o no, que los determinaron.

(5) Félix Luna. “El 45 (Crónica de un Año Decisivo)” (1969), especialmente el capítulo III: “El Huracán de la Historia”, que hemos seguido para sintetizar los acontecimientos de orden nacional. Ed. Jorge Alvarez, Buenos Aires. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

La Marcha de la Constitución y la Libertad”, cumplida a mediados de Septiembre, había impactado a la opinión pública y despertado nuevas energías a la oposición contra el Gobierno de facto, generando la expectativa de un cambio inmediato en la conducción del país.

A la oficialidad de las Fuerzas Armadas, surgidas de los niveles medios y altos que habían poblado el movimiento cívico de Junio, no podía resultarle indiferente tal demostración de fuerza ni la firme decisión de sus organizadores de llegar a sus últimas consecuencias, apoyados por la totalidad de los partidos tradicionales, la universidad y las diversas entidades e instituciones más caracterizadas del país.

Pero una gran preocupación los embargaba y era la posibilidad de que todo el proceso insurreccional que habían contribuido a sostener, resultara ahora un fracaso y se cerniera sobre ellos la amenaza de juzgamientos por los hechos ocurridos en su transcurso. De alguna manera flotaba en el ambiente lo ocurrido con los responsables de crímenes de guerra en Alemania e Italia o la sanción a los colaboracionistas de Francia y otros países.

Había que encontrar un medio para obtener una salida decorosa y ese medio o ese remedio sería el desplazamiento de la figura que en ese momento era la más odiada por la oposición: la del coronel Juan Domingo Perón.

Hacía un tiempo que en vastos círculos de la oficialidad militar y naval había cundido el descontento a raíz de la campaña política que se venía desarrollando desde las posiciones públicas, a pesar de las promesas presidenciales acerca de la total prescindencia de las Fuerzas Armadas, ratificadas en la cena de camaradería del 8 de Julio. Esta actividad política fue intensificada a partir de la designación del ministro del Interior, doctor Juan Hortensio Quijano.

Frente a esos acontecimientos, la oficialidad de las Fuerzas Armadas comenzó a experimentar una exaltación de los ánimos, especialmente entre aquéllos que conformaban la poderosa guarnición militar de Campo de Mayo, cuyo jefe, el general Eduardo Jorge Avalos, se entrevistó con el presidente de la nación, general Edelmiro J. Farrell, para transmitirle las inquietudes de sus subordinados.

El presidente de la nación, preocupado para dar una solución a esta situación que iba tomando un cariz alarmante, se trasladó a la guarnición mencionada, donde tuvo una entrevista con los jefes superiores que le manifestaron con claridad la necesidad de requerir la renuncia al coronel Perón. Los argumentos empleados por el general Farrell en defensa de su amigo no tuvieron eco favorable, por lo que en definitiva, y ya ante la posibilidad de un accionar armado sobre la capital, se resolvió encomendar a una comisión integrada por militares y el ministro Quijano, el requerir a Perón la presentación de su renuncia a los tres cargos que desempeñaba en el Gobierno.

Cumplido el trámite ante el cuestionado militar, este redactó en forma inmediata su renuncia haciéndoles entrega de la misma y regresando la comisión al acantonamiento de Campo de Mayo para dar cuenta de la gestión ante sus comitentes.

Pero Quijano no regresó a Campo de Mayo, sino que, hábilmente, se dirigió a su despacho donde redactó un comunicado en el que daba cuenta de que en la reunión de gabinete celebrada en horas de la mañana se había resuelto llamar a elecciones para el mes de Abril del año entrante y que, a pedido suyo, y como un homenaje al Día de la Raza, el decreto respectivo sería firmado el 12 de Octubre. Y acto seguido expresaba que

el señor vicepresidente de la República, coronel Perón, en su oportunidad, contrajo un compromiso íntimo consigo mismo, que significaba un compromiso con el pueblo de la República y con las instituciones armadas, de renunciar a todas las funciones que desempeñaba actualmente, así que el Poder Ejecutivo resolviese el llamamiento a elecciones.
Anticipándose en dos días a la fecha del decreto, el coronel Perón ha presentado su renuncia de vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión”.

Y terminaba diciendo:

Dejo al comentario periodístico y al sentimiento público, el análisis de esta actitud que, como ciudadano, dignifica al país, que es expresión de su propia dignidad y dignifica al Ejército que es expresión de sus mejores virtudes. Nada más y buenas tardes”.

"¡En un rápido golpe de timón, Quijano había transformado -por arte de prestidigitador- una renuncia impuesta por imperio de la fuerza, en un renunciamiento digno de las más excelsas virtudes sanmartinianas!", expresa irónicamente el historiador Guillermo Harvey.

Perón era consciente de que en algún momento iba tener que renunciar, cuando las circunstancias así lo aconsejaran, para poder actuar en las lides electorales. Pero para ello creía que aún le faltaba el tiempo necesario a fin de preparar la estructura política en qué apoyarse, tarea que venía desarrollando a través del gremialismo y de la acción de su amigo Quijano, especialmente por medio de las intervenciones federales.

Esta imposición de renuncia podía trastocar sus planes y por ello era necesario actuar con rapidez antes de que las cosas se pusieran más difíciles. Pero era consciente de que su alejamiento iba a traer la inmediata separación del Gobierno de aquellos considerados sus amigos y partidarios.

Al día siguiente de su renuncia, Perón concurrió a la Secretaría de Trabajo y Previsión con el propósito de despedirse del personal de ese organismo, reuniéndose con aquéllos que habían acompañado su gestión agradeciéndoles su colaboración. Mientras esto ocurría se reunían frente al edificio varias delegaciones gremiales, rápidamente convocadas, que reclamaban insistentemente su palabra. El coronel Perón subió a un palco que había sido levantado frente a la entrada principal del edificio y desde allí arengó a los dirigentes reunidos.

Les dijo en esa oportunidad que había pedido a quienes colaboraron con él en la Secretaría, que no abandonaran sus cargos, puesto que ellos eran puestos de combate a los que no se renunciaba sino que se muere en ellos. Después de recordar la acción realizada a través de la Secretaría, dijo que “si la revolución se conformara con dar comicios libres no habría realizado sino una gestión en favor de los partidos políticos” y esto no podía ser la finalidad exclusiva por la que se había hecho la revolución, ya que ésta encarnaba en sí las reformas fundamentales que se había propuesto realizar en lo económico, en lo político y en lo social.

Luego anunció que dejaba firmado un decreto sobre el régimen legal de las asociaciones profesionales y otro referido al aumento de sueldos y salarios, implantación del salario móvil, vital y básico y la participación de los obreros en las ganancias de la empresa, que ya tenía las firmas de otros ministros, lo que dejaba a sus sucesores con la grave responsabilidad de aceptarlo o quedar en evidencia su posición contraria a la política desarrollada por el coronel Perón.

Terminó aconsejando a los obreros -que estaban agitados según se decía- que no se dejaran guiar por la violencia y que el presidente de la nación le había prometido que la obra social realizada y las conquistas alcanzadas no serían tocadas; que con calma y tranquilidad debían seguir estructurando las organizaciones para hacerlas tan poderosas que en el futuro serían invencibles.

Para que no se perjudicara esa magnifica jornada de justicia social, pedía orden para seguir adelante en la marcha triunfal: “¡Pero si es necesario, algún día pediré guerra!” sentenciaba.

Terminada esta alocución, difundida por la cadena oficial de radios, se trasladó a la sede de la Policía Federal donde, poco antes, se habían despedido sus jefe y subjefe, coroneles Juan Filomeno Velazco y José Domingo Molina, cuyas renuncias habían sido aceptadas, oportunidad en que se oyeron vivas al coronel Perón, provenientes de la tropa formada en el patio de armas.

- Se detiene al coronel Perón

Estas actitudes del polémico coronel provocaron la lógica reacción de las nuevas autoridades asumidas como consecuencia del “golpe de estado” provocado por las exigencias de la oficialidad de Campo de Mayo. El general Avalos había sido designado ministro de Guerra e interino del Interior, como consecuencia de la renuncia del gabinete completo, equipo de hombres que se consideraba demasiado ligado a la política hasta entonces desarrollada(6).

(6) Diario “La Mañana”, (Corrientes), edición del 17 de Octubre de 1945. Transcribe un interesante editorial del diario inglés “The Times”, en el que se señalaba que la supremacía del coronel Perón en los últimos años dependió del general Avalos y su guarnición de Campo de Mayo y que cayó cuando le fue retirado este apoyo. Se tiene entendido -decía- que los oficiales del Ejército le toleraron sus ambiciones personales y sus avanzados planes sociales para elevar el nivel de la clase obrera, pero lo que no aceptaron fue su intención de volver a traer al partido Radical al poder como escalón para llegar a la presidencia. Y se mostraron también indignados por el juego político que hacía, autorizando al ministro de Relaciones Exteriores, doctor Juan I. Cooke, a hacer todo tipo de concesiones a los Estados Unidos, siempre que Perón fuese aceptado como presidente argentino. Los oficiales militares y navales estimaron -decía el diario- que si debía hacerse algún sacrificio para apaciguar a Estados Unidos, éste debería ser el de Perón y no el de la República Argentina. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

Se creyó oportuno detener a Perón y trasladarlo a la Isla Martín García, aclarándose después que no había sido una “detención”, sino que se lo había trasladado para su seguridad.

Hay referencias de que el doctor Amadeo Sabattini, el ideólogo de la intransigencia radical, se trasladó a la Ciudad de Buenos Aires y mantuvo una entrevista con el general Avalos, en la que aquél le habría sugerido la posibilidad de formar un Gobierno con hombres que le fueran adictos o con independientes de irreprochable conducta.

Las mismas informaciones dan cuenta de que Sabattini no quiso o no encontró apoyo en el Comité Nacional del radicalismo para encarar la salida que le proponía el Ejército, y prefirió jugar la carta a una pronta elección en la que podría cristalizar sus aspiraciones presidenciales.

Abandonado por su amigo Sabattini, a quien Perón llamaba “el tanito de Villa María”, el general Avalos encomendó al fiscal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación la tarea de conformar un gabinete de hombres expectables, que tuvieran a su cargo la tarea de llevar al país a la salida constitucional en forma decorosa para el prestigio y honor de las Fuerzas Armadas.

El doctor Juan Alvarez se puso a la tarea de buscar los hombres adecuados, pero lo hizo con gran parsimonia, al extremo de que su lista de “notables” fue llevada a la Casa de Gobierno recién el día 17, precisamente en momentos en que el país parecía que iba a arder.

Por su parte, la oposición había considerado un éxito la renuncia del coronel Perón y, un poco ensoberbecida, creía que el Gobierno podía ser definitivamente derrotado, por lo cual no aceptaba ningún tipo de arreglo ni componendas: exigía que el Gobierno fuera entregado a la Corte y que ésta se hiciera cargo de la tarea de gobernar hasta el momento de realizarse las elecciones generales.

Tanta insistencia y el enfrentamiento a los propios militares y marinos, que en definitiva habían coincidido en el común deseo de desterrar a Perón del Gobierno, terminaron con los luctuosos sucesos de la Plaza San Martín, en los que perdiera la vida el médico, doctor Eugenio Otolenghi.

El Gobierno seguía a la deriva, los militares esperaban una salida decorosa y la oposición parecía querer humillarlos hasta las últimas consecuencias. Mientras tanto, la actividad de los dirigentes gremiales comprometidos se iba manifestando de manera no demasiado evidente, pero que en la realidad y en forma subterránea encontraba eco en los sectores de empleados y obreros, frente a los anuncios que -de manera silenciosa- pasaban de boca en boca, sobre una posible regresión de toda la política social que hasta el momento los había beneficiado, habida cuenta de que el futuro Gobierno estaría integrado por “oligarcas” y enemigos del pueblo y que no tendrían a su frente para oponérseles al hombre que ya consideraban su líder indiscutido, el joven coronel preso en la isla Martín García.

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