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Los últimos actos de la gestión Bavio. Asume el general Raúl A. González

El interventor, doctor Ernesto Francisco Bavio, había actuado en forma decidida en favor de la política del coronel Juan Domingo Perón y, especialmente, dentro de las dos corrientes peronistas, en favor de las fuerzas del radicalismo de la Junta Renovadora. Esta postura lo llevó a adoptar actitudes que resultaron reñidas con principios jurídicos e institucionales que garantizaban la libertad e independencia del Poder Judicial.

Era dificil de olvidar los hechos delictivos ocurridos en las ciudades de Mercedes y Goya y algunos otros intentos en diversas localidades, promovidos por sectores afectos al laborismo. También cabe citar algunas decisiones judiciales adoptadas en contra de sanciones dispuestas por la delegación local de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

Los jueces que actuaron en cada uno de estos asuntos, los doctores Carlos V. Gallino Yanzi, Jorge Hemmingsen y Pedro Jorge Toma, fueron objeto de un intento de trasladarlos a jurisdicciones distintas pero, un oportuno fallo del Superior Tribunal, puso las cosas en orden y la Intervención terminó acatando lo resuelto.

Pero, tan pronto terminó el proceso electoral, el interventor federal dispuso por decreto dar por terminadas las funciones de los tres magistrados, los cuales plantearon de inmediato ante el Superior Tribunal el desconocimiento de facultades al Poder Ejecutivo para declarar fenecidas sus funciones(1).

(1) El argumento para dejar cesantes a los doctores Gallino Yanzi, Toma y Hemmingsen fueron los de “haberse apartado de la estricta observancia del cumplimiento de los decretos y textos constitucionales referidos a la prescindencia política, habiendo actuado en contravención constante y ostensible con los mismos”. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

La reacción reprobatoria de esta decisión fue prácticamente unánime. En forma inmediata presentaron su renuncia los integrantes del Superior Tribunal de Justicia, doctores Pedro G. de la Fuente (h) y Pablo N. Belcastro y el fiscal del mismo cuerpo, doctor Enrique Otero Pizarro. Lo hicieron poco después el agente fiscal, doctor Abel Cardeliccio y el Defensor de Pobres y Ausentes, doctor César Augusto Abelenda.

Desde la Ciudad de Buenos Aires, donde se encontraban, enviaron sendos telegramas de adhesión los miembros del Superior Tribunal de Justicia, doctores Tomás Castillo Odena y Alberto Raúl Pichot quienes, pocos días después, formalizaban sus respectivas renuncias. Presentó también su renuncia por iguales causas el juez de primera instancia, doctor Juan Carlos Mendiondo, siendo en todos los casos aceptadas y designados sus reemplazantes(2).

(2) Diarios “El Liberal”, (Corrientes) y “La Prensa”, (Buenos Aires), ediciones del 9, 10, 11, 12, 13, 15, 16 y 17 de Abril de 1946. Con relación al Agente Fiscal, doctor Cardeliccio, el interventor rechazó su renuncia y lo exoneró por considerar que en el texto de la dimisión existían expresiones que configuraban el delito de desacato, resolviendo pasar las actuaciones al fiscal en turno para deducir las acciones legales. Fueron designados los siguientes magistrados: los doctores Juan T. Figuerero y César Fedullo, como jueces del Crimen; se ascendió al doctor Santiago Enrique Foutel a miembro del Superior Tribunal y, en su reemplazo, se designó juez de primera instancia al doctor Humberto S. Amábile. Posteriormente se ascendió a miembro del Superior Tribunal al doctor Juan T. Figuerero y se designó en igual cargo a los doctores Florencio Goytia y Antonio C. Canclini, Se nombró juez en lo Criminal al doctor Angel Augusto Aguirre. Fue designado agente fiscal en lo Civil el doctor José G. Monasterio. Director del Archivo de los Tribunales, el escribano Manuel I. Trama. A Agente Fiscalfue ascendido el secretario, doctor Mario Alberto Romero. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El doctor Juan Hortensio Quijano supo reconocer el accionar leal y consecuente que le demostrara en su gestión gubernativa el interventor Bavio, logrando que fuera elegido senador nacional en representación de la provincia de Salta, pese a la oposición de los laboristas correntinos que enviaron un telegrama a sus pares de aquella provincia, lo cual fue contrarrestado por una resolución favorable de la junta ejecutiva de la Unión Cívica Radical - Junta Renovadora(3).

(3) Diario “El Liberal”, (Corrientes), edición del 23 de Mayo de 1946. En un memorial que les enviaron, revelaban lo que consideraban un comportamiento atentatorio a los intereses del partido Laborista y del pueblo correntino. Por su parte, los segundos decían que ante las injustificadas imputaciones hechas contra el doctor Bavio, con el fin de provocar la ruptura de las fuerzas identificadas con la insurrección, al pretender negar apoyo legislativo de los laboristas salteños, se consideraba un deber desmentir esas antojadizas apreciaciones sobre una de las figuras de mayor jerarquía del movimiento juniano. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

El doctor Bavio resultó electo senador nacional por Salta y al reunirse el Senado de la Nación le correspondió presidir sus deliberaciones. Antes de alejarse de Corrientes, sus amigos personales y políticos lo hicieron objeto de una demostración de simpatía en el Savoy Hotel, oportunidad en que ofreció el homenaje el doctor Pedro Díaz de Vivar. Al agradecer, dijo el doctor Bavio:

Compenetrado del espíritu del pueblo correntino, desde mi banca en el Senado de la Nación, defenderé los intereses de Corrientes como a los de mi provincia natal, pues en los escasos ocho meses de mi actuación como representante del Gobierno Nacional, había aquilatado las virtudes de este hermoso pueblo que le había brindado su cooperación, la consideración y el afecto como propio hijo”.

Terminó manifestando que olvidaba las malas interpretaciones y otras rencillas, como así también todas las otras inconveniencias con que pudieron juzgarlo, pues las consideraba pasadas y eran propias de la hora, de la política y de los hombres de lucha(4).

(4) Presentaron sus renuncias, al terminar la gestión interventora, los miembros del Poder Judicial, doctores Saturnino Erro, Fiscal de Cámara; Pedro Speroni, Juez Civil Nro. 2; Santiago E. Foutel, Juez Civil Nro. 3; José Raúl Monasterio, Agente Fiscal; y, en el orden administrativo, Luis B. Souza, secretario privado del interventor; el teniente coronel José Félix Jonas, comisionado interventor de la municipalidad de la capital; Angel Luis Martín, Jefe de Policía; doctor Leonardo L. López Castro, Fiscal de Estado; Julio A. Clausse, Comisionado Municipal de Goya; doctor Fernando G. Muñoz, vocal de Vialidad; doctor Tomás G. Gehan, vocal de la Dirección de Salubridad; mayor José María Domínguez, comisario de Jefatura de Policía; capitán Pedro Pastor, subsecretario de Gobierno, Justicia y Educación; Francisco Alvarez Leguizamón, secretario general de la Intervención; y el doctor Julián Enríquez, de la Comisión Provincial de Planeamiento Urbano. // Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Historia Política Contemporánea de Corrientes (del doctor Juan Francisco Torrent al doctor Blas Benjamín de la Vega. 1936-1946)” (1997). Ed. EUDENE (Editorial Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste), Corrientes.

- Asume el general Raúl A. González

Habiéndosele aceptado la renuncia al doctor Ernesto Francisco Bavio como consecuencia de su elección como senador nacional, se dispuso que asumiera el Gobierno de la provincia el comandante de la Región Militar, general Raúl A. González, quien había venido actuando como Comandante Electoral. Designó ministro de Gobierno y Justicia al teniente coronel Emilio Francisco Santiago Loza, con retención de la cartera de Hacienda y Obras Públicas.

Durante su breve interinato le correspondió poner en funcionamiento ambas Cámaras de la Legislatura y el Colegio Electoral y, finalmente, poner en posesión de su cargo al gobernador electo, doctor Blas Benjamín de la Vega.

Su proceder digno y correcto durante la etapa comicial al frente de las Fuerzas Armadas que la garantizaron, mereció el reconocimiento de todos los sectores políticos y, una vez concluido el escrutinio, fue objeto de una demostración por parte de un grupo de ciudadanos, aunque sin darle carácter partidario.

Terminaba así en Corrientes el proceso insurreccional iniciado el 4 de Junio de 1943. Era la única provincia en la que no habían logrado imponerse las nuevas fuerzas que gobernarían al país durante la década siguiente.

- Sensibles pérdidas políticas

Durante este período se produjeron lamentables fallecimientos de dirigentes políticos de diversas fuerzas actuantes en la provincia.

A fines de Septiembre falleció el doctor Ricardo Andreau, abogado, de larga actuación política en las filas de la Unión Cívica Radical, partido al que representó en varios períodos en ambas Cámaras Legislativas de la provincia. Durante el segundo mandato del doctor Hipólito Yrigoyen fue designado gobernador del Territorio Nacional del Chaco. Se desempeñó, además, en el ámbito educativo secundario.

En el mes de Octubre, el partido Autonomista sufría la pérdida de un viejo militante, José R. Vidal quien, dedicado primero a la docencia, llegó a vicerrector de la Escuela Normal de Maestros “José Manuel Estrada” y, al jubilarse, se reintegró a las filas partidarias siendo elegido miembro del Concejo Deliberante de la capital, cuya presidencia ejerció con eficacia y patriotismo.

Al mes siguiente, la misma agrupación veía desaparecer al profesor Sinforoso Aguirre, quien había fijado su residencia en la Ciudad de Rosario, después de haber ejercido el magisterio provincial. En su actividad política fue elegido senador provincial, desempeñando además la presidencia del Consejo Superior de la provincia y la Intendencia Municipal.

En Diciembre, el radicalismo perdía al doctor José F. Benítez, médico y profesor de enseñanza secundaria y Normal de Profesores, que se había desempeñado como director del hospital “Juana Francisca Cabral”. Había militado en sus filas con gran consecuencia durante toda su vida.

Al filo del año se producía en forma casi simultánea el deceso del doctor Justo Alvarez Hayes, abogado, dirigente del partido Liberal, en cuya representación había sido elegido diputado nacional, miembro de la Comisión Reformadora Constituyente de 1913, senador y diputado provincial y concejal municipal en la ciudad capital de la provincia, además de haber sido fiscal, luego juez de primera instancia, camarista y, finalmente, miembro del Superior Tribunal de Justicia de la provincia.

Figura patriarcal que había unido a su vocación por la política y la justicia una entusiasta labor como historiador del pasado provincial.

Fallecía también en esos días Cecilio Escobar, pujante hombre de negocios, vinculado al partido Autonomista, en cuya representación había desempeñado una concejalía en la Municipalidad de la Capital.

Pero, sin lugar a ninguna duda, el fallecimiento que mayor impacto produjo en los ámbitos políticos fue el del doctor Eudoro Vargas Gómez, quien había sido proclamado candidato a gobernador por la Unión Cívica Radical del Comité Nacional, hecho que ocurre a menos de un mes de la fecha señalada para los comicios, creando seria preocupación entre las filas partidarias necesitadas de elegir un nuevo candidato con la premura que las circunstancias imponían.

El doctor Várgas Gómez, nacido en Mercedes, había estudiado en el Colegio Nacional de Corrientes e iniciado su carrera de abogacía, que suspendió ante las exigencias de su romántica carrera política volcada en favor de la posición intransigente que orientaba dentro de la provincia.

El doctor Hipólito Yrigoyen, en su primer mandato, lo designó ministro de Agricultura y, tras breve gestión, renunció en un gesto de altivez y dignidad propio de su personalidad. Reinició sus estudios, terminando su carrera de abogado. Fue, además, embajador plenipotenciario ante la República del Paraguay e interventor federal en la provincia de Mendoza.

Más tarde se dedicó al ejercicio profesional sin descuidar por ello su actividad política; su corazón lo traicionó mientras desarrollaba una intensa campaña de esclarecimiento ciudadano. El doctor Vargas Gómez era un hombre unánimemente respetado aún por sus propios adversarios que reconocían su ilustración y su probidad indiscutida. Así, el partido Demócrata Nacional -en sus dos grupos- se unió a la larga lista de oradores que despidieron sus restos, contando con la presencia en la palabra galana del miembro de la junta de gobierno, Francisco Manzi, y la de Rafael M. Lubary,

En el mes de Febrero fallecía una figura singular del autonomismo, el coronel de Guardias Nacionales, Máximo Ocampo y, en el mes de Marzo, Ricardo Velar, ligado al partido Liberal, en cuya representación había sido elegido diputado provincial.

En el Interior provincial se producía el deceso de José Victorino López, viejo afiliado y dirigente autonomista de Gobernador Martínez, quien se había desempeñado como comisario departamental, diputado provincial por dos períodos consecutivos y dos veces elector de gobernador y vicegobernador de la provincia.

En La Cruz fallecía Celedonio de Jesús Ojeda, de larga y destacada actuación en el periodismo y en la política de la provincia, en la que fue legislador por varios períodos, además de ser corresponsal del diario “La Prensa”, de Buenos Aires, en la localidad de su residencia.

- Los sucesos mundiales de la época

Terminada la guerra, comienzan en Europa a hacerse efectivos los juicios contra quienes colaboraron con los enemigos y contra aquéllos que habían cometido crímenes de guerra.

En Francia son condenados a muerte el mariscal Philippe Pétain y el primer ministro Pierre Laval, acusados de colaboracionistas con el régimen nazi, en oportunidad de la ocupación alemana a ese país.

Por su parte, los noruegos condenan a muerte a Vidkun Abraham Quisling, jefe del Gobierno títere impuesto por los alemanes. Su apellido se había convertido en sinónimo de colaboracionista con el enemigo.

En Alemania comienzan a funcionar los Tribunales de Núremberg, en los que se juzga a miembros del partido nazi y organizaciones hitlerianas de crímenes de guerra.

Figuran entre los acusados notorios dirigentes nazis, como Hermann Wilhelm Göring, Rudolf Walter Hess, Ernst Kaltenbrünner, Wilhelm Keitel, Alfred Jodl, Karl Dönitz, Franz Joseph von Papen, Ulrich Friedrich von Ribbentrop, Konstantin von Neurath y las tristemente célebres SA., las SS y la Gestapo.

La guerra había terminado con la capitulación definitiva de Japón y comenzaba en París la conferencia sobre reparaciones de guerra, mientras se resolvía el tema del Gobierno de Alemania. Charles de Gaulle era elegido jefe del Gobierno francés.

La vieja Sociedad de las Naciones -creada en 1919, después de la primera guerra mundial- desaparecía para dar paso en su lugar a la Organización de las Naciones Unidas, la que asumía sus cargas y deberes. Este último organismo no daba entrada a España por considerar fascista su Gobierno.

Dentro de la ONU se creaba la UNESCO, organismo destinado a bregar por el sostenimiento de la paz mundial con base en la colaboración entre naciones en el campo de la educación, la ciencia y la cultura.

El presidente del Brasil era obligado a dimitir por exigencias de las FF. AA., que pocos meses después imponían como presidente al general Eurico Gaspar Dutra, mientras los Estados Unidos reanudaban sus relaciones con Argentina.

En Palestina se desataba una ola de terror provocada por un ejército secreto israelí, buscando el establecimiento de un nuevo Estado judío que acogiera a los sobrevivientes de las matanzas nazis en Europa.

El mundo esperaba confiado en que podría disfrutar de una nueva era de paz. Los hechos vendrían a demostrar lo contrario, aunque no se llegara a producir una nueva conflagración de alcance universal.

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