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JULIO ARGENTINO ROCA, CARRERA POLITICA Y MILITAR

Bueno en latín y en aritmética; sobresaliente en gramática castellana y en geografía: esas son las primeras calificaciones que Julio Argentino Roca obtiene en el Colegio de Concepción del Uruguay, en donde figura como alumno desde Diciembre de 1855. Es el propio Urquiza, presidente de la Confederación quien, en carta al coronel don Segundo Roca, guerrero de la Independencia, le ha pedido le envíe el muchacho para inscribirlo en ese establecimiento.

En Marzo de 1858, ya “Subteniente de Artillería del Ejército Nacional” -según despacho que suscriben el vicepresidente de la Confederación, el doctor Del Carril y su ministro de Guerra, el general Galán- Julio A. Roca revista en San José (el palacio de Urquiza) y en Paraná.

Pero no ha cerrado los libros; en Enero de 1859 aprueba filosofía ... De nuevo en el Palacio San José, tiene el grado de Teniente 2do. cuando, en Octubre de ese año, concurre a la batalla de Cepeda ganada por Urquiza a Mitre. Más, después de revistar Roca dos meses en San José, Urquiza, interesado en que vuelva al Colegio de Concepción le escribe al director, con fecha 20 de Marzo de 1860:

... Mi estimado amigo:
Los oficiales de este ejército, don Ricardo Solá y don Julio Roca, vuelven a ese Colegio para continuar sus estudios en el presente año escolar en calidad de alumnos. Prevengo a usted que estos oficiales deben permanecer rigurosamente internos y que para nada deben salir a la calle ni a pasear...”.

A juzgar por los resultados, el encierro se cumplió; en Enero de 1861, Roca ha aprobado, con calificación de sobresaliente, historia, matemáticas y francés...

Las guerras civiles son, sin embargo, en la Argentina de entonces, la más importante “asignatura” ... Y fue en ellas que Roca debió seguir rindiendo las pruebas consiguientes ... En Septiembre de 1861, Urquiza es derrotado por Mitre en la batalla de Pavón. Roca, que ha peleado en ella y ese mismo día es ascendido a Teniente 1ro., después de una breve permanencia en Entre Ríos se incorpora al Primer Cuerpo del Ejército Nacional. Y marcha en Enero de 1862 al Interior, a las órdenes de su tío materno, el doctor Marcos Paz, designado por Mitre para pacificar las provincias(1).

(1) El doctor Marcos Paz, elegido luego vicepresidente de la República, en 1868 ejercía la presidencia, en reemplazo de Mitre, ausente en el Paraguay, donde comandaba las tropas de la “Triple Alianza’’. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En estas funciones, Roca verá por sí mismo, y por primera vez, buena parte del país: estuvo en Córdoba, en Catamarca, en San Luis, en San Juan, en La Rioja ... Hace así una doble experiencia político-militar, pues la gestión del doctor Paz es bien pronto seguida por una represión armada para someter a las montoneras.

En Mayo de 1863, en “Lomas Blancas”, en los llanos de La Rioja, a las órdenes del coronel Sandes; en Junio, en “Las Playas” de Córdoba -bajo el mando del general Paunero- Roca se bate con los hombres de “el Chacho”. Desde Julio de 1863 hasta Mayo de 1864, permanece en La Rioja. En Febrero de este último año -no tiene aún veintiuno de edad- ha sido ascendido a Capitán; es, en ese grado, el oficial más joven del Ejército.

Vive unos meses en Buenos Aires; pronto lo envían otra vez al Interior. La agresión de Francisco Solano López a Corrientes desencadena la guerra del Paraguay y Roca recibe la orden de marchar al teatro de operaciones. También irán a esa guerra su padre -de sesenta y cinco años- y tres hermanos de Julio Argentino.

Cartas particulares enviadas por Roca desde los campamentos documentan, con la vivacidad de lo espontáneo, una buena parte de esta etapa de su existencia. Después de haber participado en la reconquista de Uruguayana y en el combate de Yatay, desde Tuyutí escribe -Enero de 1866- a su hermano Ataliva:

... la ilusión que por un momento tuve de ir a hacer un paseo por esos mundos, se ha evaporado como por encanto...”, “... pues acaba de salir una orden general que obliga a los que solicitan bajas o licencias acompañar los justificativos de las razones en que se fundan...”, “y como yo no tengo otro motivo que el deseo de ver mi familia, y ésta no es razón para abandonar el ejército, me la negarán redondamente, si la pido, a pesar que don Bartolo la dá a quien quiere, pero es a sus porteños a quienes concede siempre todo lo que le piden...(2).

(2) “Publicaciones del Museo Roca”. Documentos V (1966). Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

También -desde Tuyutí, con fecha 8 de Agosto de 1866- alude a las alteraciones mentales que la guerra ha provocado entre los combatientes:

... por estos barrios del Estero Bellaco tenemos nuevos huéspedes, la locura; varios oficiales y soldados están trastornados...”. “... El tema de algunos es la fundación de pueblos; de otros por tener muchas mujeres; esto no me parece del todo malo; y a otros por ser obispos. Yo pido a Dios que si me toca la suerte de volverme loco, me dé la manía por las mujeres...(3).

(3) “Publicaciones del Museo Roca”. Documentos V (1966). Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Acaso para remediar en parte esa realidad inmediata y deprimente, acostumbra -a la hora de la siesta- refugiarse en los libros. En una oportunidad, tan absorto está en ello, que no advierte la entrada en su carpa de Gelly y Obes, generalísimo de las tropas de la Santa Alianza:

- “¿Qué es lo que está leyendo?”, le pregunta Gelly y Obes.

Tras un breve titubeo, Roca responde:

- “Las Décadas”, de Tito Livio(4).

(4) Tito Livio (57 a. C. a 17 d. C. de). Historiador de la época de Augusto que exaltó en sus obras las virtudes de los romanos primitivos. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Gelly y Obes, convencido de hallarse en presencia de un oficial de altas calidades decidió, ahí mismo, encargarle del adiestramiento del batallón “Salta”, y ascenderlo a Sargento Mayor ... (Agosto de 1866). Se trata del batallón que, formado por jóvenes de las más encumbradas familias del Norte, llegará comandado por el coronel Segundo Roca. Pero el viejo guerrero habíase enfermado al atravesar el Chaco y fallecido (Marzo de 1866) en el campamento de Ensenadita.

Se bate Roca valerosamente en Curupayty (Septiembre de 1866) y alude el fracaso ahí experimentado por el ejército en una carta del mes siguiente a su hermano Ataliva:

Ya nos tienes en nuestro antiguo campamento de Tuyutí ... mansión del aburrimiento y fastidio; quién sabe cuándo volveremos a salir de ... alguna otra barbaridad”.

En Noviembre, y al mismo destinatario:

... Yo estaría probablemente mandando el primero de línea si no fuera ese viejo de Paunero que siempre se me ha puesto por delante. Si no fuera tan viejo, me parece que lo odiaría a muerte.
Por ahora estoy mandando -como antes- el salteño...”. “... En Diciembre pienso pedir una licencia por 15 ó 20 días con el objeto de hacerles una visita y ver la cara de Dios, las mujeres(5).

(5) La carta, figura en “Publicaciones del Museo Roca” ya citado. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Debe haberlas visto, pues en Diciembre Mitre lo envía a Buenos Aires y en ésta permanece hasta Febrero. No regresará al Paraguay. Lo trasladan al Interior para participar -bajo las órdenes de Arredondo- en una nueva represión de las montoneras acaudilladas por Juan Saa. De ahí que Córdoba, Mendoza, San Juan, La Rioja, figuren en su itinerario. Desde esta última provincia es ya Mayor efectivo y 2do. Jefe del batallón 7 de línea; escribe una carta a su hermano Ataliva en donde aborda el tema de la próxima renovación gubernativa:

... Sarmiento será el futuro presidente indudablemente porque su candidatura se levanta sobre bases muy sólidas. Las provincias de Cuyo, Córdoba, La Rioja, Salta y Jujuy se han declarado ya por él. En Tucumán y Catamarca tiene numerosos partidarios...
Sólo Buenos Aires, que debiera ser la primera en proclamar su candidato, se mantiene aún misteriosa y parece que tratara de mala fe; pero entiendo que en esa provincia, aunque no hayan formulado sus miras y propósitos en esta cuestión, la mayoría del pueblo está por Sarmiento...(6).

(6) La carta, fechada el 26 de Diciembre de 1867, en “Publicaciones del Museo Roca”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Roca pasa luego a prestar servicio en Córdoba y allí le llega, en Septiembre de 1868, el ascenso a Teniente Coronel y la Jefatura del batallón 7 de línea.

La adhesión de Roca a la candidatura de Sarmiento -más arriba documentada- explica que el autor del “Facundo”, ya en ejercicio de la presidencia, confíe a Roca una misión política y militar vinculada al levantamiento del caudillo Felipe Vatela, en Salta. El ministro de Guerra, general Gainza, le escribe a Roca el 12 de Diciembre:

Mi estimado amigo:
Según todas las noticias que tenemos, Varela se prepara a invadir por Salta o Catamarca. Es pues necesario que usted acelere su marcha y por todos los medios y a cualquier costo trate de llegar a Salta, caminando de noche si es posible...”.

Que en Salta Roca gravitó sobre la política local lo probaría la carta enviada por Manuel Taboada, gobernador de Santiago del Estero, uno de los más decididos partidarios de Mitre, informando a éste

En Salta, señor, bajo la presión del comandante Roca, munido de instrucciones reservadas del presidente Sarmiento, se han cometido tropelías y escándolos bochornosos; se han reconsiderado elecciones de diputados, que hacía tiempo se hallaban ejerciendo su cargo, para depornerlos y formar mayoría en la Legislatura con el objeto de asegurar el triunfo de un candidato para gobernador de la provincia...(7).

(7) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Taboada es un enconado opositor de Sarmiento y sin duda exagera; puede quedar como saldo verdadero que Sarmiento, que carece de un partido propio y ha roto políticamente con Mitre, calcula a los jefes militares afectos como un firme sostén de su Gobierno. A lo largo de la presidencia de Sarmiento, Roca irá agrandando su figura.

Desde mediados de 1869, Roca está en Tucumán como jefe de todas las fuerzas nacionales de allí y, aludiendo a comentarios periodísticos:

... Me alegro infinito que ‘La Nación’ me caiga de cuando en cuando; yo prefiero siempre que en la prensa me traten algo mal, esto da mayor importancia que las alabanzas de los amigos...
Pongo punto final porque unas criollitas me interrumpen, y como es gente que promete no se puede desairarlas...”.

Lo transcripto pertenece a una carta dirigida a su hermano Ataliva; en una posterior, le comenta:

... los Taboada de Santiago me tratan de asesino a propósito de una revolución que, según ellos, debió estallar allí. Tu verás este artículo en ‘La Nación Argentina’, que indudablemente lo reproducirá.
Yo no les hago caso ni les contesto; en primer lugar porque nadie les creería lo que dicen y, en segundo, porque me conviene que me nombren aunque sea en la categoría de asesino...(8).

(8) Roca se refiere a “La Nación Argentina”, el diario partidario de Mitre. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Los sucesos desencadenados por la rebelión de López Jordán en Entre Ríos evidenciarán la confianza de Sarmiento en Roca, confianza que Roca no defrauda. En efecto, después de ocho meses de iniciadas las operaciones para someter a López Jordán y habiendo éste invadido la provincia de Corrientes, Sarmiento ordena que Roca -ahora en Córdoba con el 7mo. regimiento de infantería, marche para el teatro de la lucha:

Quiero que Roca esté en Corrientes”, dice imperativa la última frase del telegrama presidencial que lleva la orden. Y aunque las fuerzas aparecen comandadas por. el gobernador de Corrientes, coronel Baibiene, el refuerzo llevado por Roca y las disposiciones por él adoptadas permiten derrotar a López Jordán en Ñaembé (el 26 de Enero de 1871) y lo obligan a huir al extranjero. Roca es ascendido por Sarmiento a Coronel en el campo de batalla.

Pero no es solamente Sarmiento quien se muestra satisfecho de la actuación de Roca en Ñaembé. El flamante coronel leerá pocos días después:

28 de Enero de 1871. Mi querido amigo:
Viene la noticia de un gran triunfo, y a pesar de que no se pronunciara su nombre, creo y confío en que usted habrá tenido muy buena parte en él. Me alegro y lo felicito dando el hecho por cierto...”; “... Ilústrese en su carrera; hágase un hombre respetable, y contentará los deseos de su amigo y paisano”.

Firma las líneas anteriores Nicolás Avellaneda, ministro de Educación de Sarmiento y -ya para entonces- el candidato “oficial”, aunque no proclamado, a la próxima presidencia ...

En Abril de 1871, el coronel Roca va en busca de “La Paz” ... ¿El guerrero está por colgar el sable y renunciar a Marte? Nada de eso...

“La Paz” es el nombre de una vieja residencia de Jesús María, que perteneció a los jesuitas y cuyo propietario es don Tomás Funes. Allí Roca ha conocido -dos años antes- a Miguel Juárez Celman, un joven abogado cordobés y ambos han trabado una buena amistad...

Pero hay algo más ... Y esto es definitivo como explicación: don Tomás Funes tiene dos hijas, Elisa y Clara, con las cuales Juárez Celman y Roca contraerán enlace en 1872 ... La intimidad de Juárez Celman y de Roca, basada en comunes puntos de vista acerca de los problemas del país y las soluciones que esos problemas requieren, se ha convertido, por esos matrimonios, en parentesco político... También serán parientes en política..

Ese mismo año de 1872, Roca es nombrado Comandante de la Plana Mayor de la frontera sur de Córdoba. Se trata de una de esas fronteras interiores, según se denomina a las regiones que delimitan la convivencia de blancos y de indios... Convivencia irregular en la que alternan pacíficos negocios, en los cuales la normal truhanería de los blancos intenta engañar a los indios, que con malones sorpresivos arrasan los poblados, arrean los ganados y proveen a los caciques de mujeres blancas llevadas como cautivas...

Con sede en Río IV, recibe Roca la Jefatura de las fuerzas de Córdoba en Agosto de 1873. En el mes de Mayo le ha nacido el primogénito, que llevará también su nombre de Julio Argentino...

Los concuñados, acordes en los fines, no son de igual temperamento. Tienen planes comunes, pero difieren en los procedimientos. De ahí que Roca le escriba a Juárez Celman desde Río IV, el 5 de Septiembre de 1872:

Usted tiene que hacerse más reservado si quiere que no nos den de repente un pesado chasco. Le recomiendo reserva hasta con los amigos más íntimos(9).

(9) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En un esquema, podría sintetizarse el plan que de común acuerdo se han fijado Roca y Juárez Celman: se trata de desalojar a los viejos caudillos del Interior y el incorporar a las provincias elementos de progreso: inmigrantes, ferrocarriles, telégrafo, escuelas, etcétera, fortificar la economía de las provincias para enfrentar la hegemonía porteña...

En este plan deben jugar un papel importante las vinculaciones personales de ambos, incluyendo las conquistadas en las aulas (de Concepción del Uruguay, Roca; de la Universidad .de Córdoba, Juárez Celman); desde luego, un primer paso es la conquista de las situaciones gubernativas provincianas y entre todas Córdoba, por su situación geográfica y su población es la “pieza” maestra...

Ahora bien; después de someter a las montoneras (en luchas de las que Roca participó activamente según vimos), el problema de las fronteras interiores resultaba fundamental. Los malones indígenas interceptaban las comunicaciones y hacían peligrar la vida y riqueza de las ciudades. Aunque en 1867 una ley del Congreso señaló la realización de una campaña a fondo que debía arrojar a los indios más allá del Río Negro, la guerra del Paraguay y las guerras civiles habían aplazado la empresa.

La acción de Roca desde la Comandancia General de Río IV ha suscitado los celos de quienes ven, preocupados, como se agranda el joven coronel:

Anoche he recibido cartas de Buenos Aires (confesaba Roca a Juárez Celman desde Río IV) en las que me dicen que los miembros de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, por insinuaciones indudablemente de Alsina, proponen la supresión de las Comandancias Generales de Fronteras.
El tiro es para mí, para reemplazarme por don Juan Saa, por cuya restitución en grados y empleo se trabaja activamente(10).
... El ministro de Guerra, llamado al seno de la Comisión, ha dicho que realmente las Comandancias no son necesarias, pero que él las ha puesto por indicación del presidente Sarmiento. No es difícil pues que, si nos descuidamos, el doctor Alsina se salga con la suya...”.

(10) Juan Saa y sus montoneros puntanos, había sido derrotado en San Ignacio (Mendoza, Abril de 1867) por las fuerzas nacionales que, comandadas por el general Arredondo contaron a Roca entre sus jefes. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

No se descuidaron... De acuerdo a indicaciones de Roca, se movilizaron el gobernador de Córdoba y los diputados por esa provincia, “sin decirle nada a Alsina”. Este ocupaba entonces la vicepresidencia de la República y en 1868 había contribuido al triunfo de Sarmiento retirando su propia candidatura presidencial. Era un adversario de temer...

Pero el proyecto de sacarle a Roca la Comandancia de Río IV fracasó. El 24 de Septiembre de 1872, Roca escribe a Juárez Celman:

El rechazo de la supresión de las Comandancias (que sólo ha tenido en la Cámara de Diputados ocho votos en favor y 50 en contra) se ha mirado como un triunfo, a estar por los numerosos telegramas que recibo.
De Tucumán me escriben preguntándome si quiero ser diputado por mi provincia. He contestado que nombren en mi lugar al doctor Alberdi, el verdadero inspirador de nuestras leyes fundamentales”.

Roca debe haber sonreído. ¿Dejar la Comandancia por una diputación..?

En Noviembre de 1872 Roca recibe una carta “reservada” de Avellaneda donde éste, después de hablarle de su propia candidatura presidencial, le encarga la delicada misión de sondear al general Arredondo para saber -a ciencia cierta- la situación de dicho General respecto de esa candidatura... Y Roca no ignora, claro está, que la de Avellaneda cuenta con el auspicio de Sarmiento...

Por lo demás, Sarmiento y Roca siguen manteniendo la más cordial vinculación:

Enero de 1874. Mi estimado amigo:
Esta se reduce a un pedido. Estoy haciéndome una residencia en las Islas, y tuve y se me ahogaron tres avestrucitos. Deseaba renovarlos, y para ello le encargo si los hay blancos, que me dicen se encuentran por allá...".

Confinado en su Comandancia Militar de Río IV junto a la soldadesca, en permanente atisbo del salvaje, sin que otro contacto con la civilización que la correspondencia(11), es razonable que Roca le escribiera a Juárez Celman:

... paso buenos momentos con Thiers, Emerson, de Vigny, etcétera; pero esta sociedad muda con los libros cansa, y hace sentir la necesidad de amenizarla con otros atractivos. Tengo muchos deseos de conversar con usted e iría a hacerle una visita si tuviese ropa”.

Y en otra, reiterando ese estado de ánimo:

Medio aburrida se hace la vida en Río IV, y ahora, con tres hijos, ¡cómo diablos nos movemos!

(11) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

A veces es la naturaleza lo que hace penosa esa permanencia: “Aquí vivimos hace tres días encerrados de miedo que nos lleve el huracán si asomamos las narices(12).

(12) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Para disputar la presidencia que subsigue a la de Sarmiento, además de la de Avellaneda, parecen en un principio definirse otras dos candidaturas: la de Mitre y 1a de Adolfo Alsina, esta última soslayando la posible inconstitucionalidad de la misma por su carácter de vicepresidente del Gobierno que termina.

Sin embargo, advertido de las escasas posibilidades que tiene en el Interior, Alsina repite su actitud de 1868: renuncia a su candidatura para adherirse a la de Avellaneda, calculando que más adelante podrá, con mejores perspectivas, reiterar sus aspiraciones al cargo.

Triunfante Avellaneda, el partido de Mitre se lanza a una revolución, sosteniendo el carácter fraudulento de los comicios realizados. El movimiento estalla el 24 de Septiembre, es decir a menos de veinte días de la transmisión del cargo. Aunque con partidarios en la provincia de Buenos Aires donde la revolución aparece encabezada por Mitre y el general Rivas, son las tropas de Arredondo -sublevado en Cuyo- lo que en verdad preocupa a Avellaneda. Y éste confía en Roca.

Con fecha 2 de Octubre le ha escrito: “... quedo tranquilo porque nuestra causa se halla en sus manos. Yo no habría elegido otras. Si caigo habré caído según mi corazón...”.

Por su parte, José María del Carril -senador por San Juan- le escribía a Roca y con esa misma fecha:

Mi amigo:
La ocasión la pintan calva; pero la que le sale al encuentro, me parece un poco peluda. Desde el horrible atentado de Arredondo, mi pensamiento como el de Avellaneda, está fijo en usted. Su situación es grave, porque a usted le toca resolver si la República será gobernada, en adelante, por Gobiernos regulares o por dictadores.
Es preciso que si da una batalla sea a condición de ganarla, pues si la pierde, Arredondo estará diez días después a las puertas de Buenos Aires...(13).

(13) “Publicaciones del Museo Roca”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Roca jugó su carta sin impaciencias y sin indiscreciones. No dio señales de vida hasta que no creyó contar con los suficientes elementos de lucha, ni se impresionó por la derrota que en Santa Rosa (Mendoza) Arredondo infligió allí al gobernador Civit.

Después de invitar a Arredondo a deponer las armas, y negarse dicho jefe, Roca obtuvo, el 7 de Diciembre y en el mismo Santa Rosa, una victoria completa, tomando prisionero a Arredondo. En carta a Juárez Celman y desde Mendoza, Roca le escribe el 25 de Enero de 1875:

Aquí estoy mortificado, sin gusto para nada, viéndolo a Arrendodo metido en un calabozo. ¡Sólo me acuerdo de nuestra antigua amistad y de los servicios que le debo y los que el país le debe!
Será un acto de barbarie injustificable el que lo fusilen, como se dice. ¿Qué se va a ganar con matarlo? ¿Satisfacer solamente los odios de algunos miserables?
Los caudillos de esta rebelión ya no serán un peligro para el país, aunque los larguen mañana en plena libertad. Le he escrito a Avellaneda pidiéndole un gran servicio, la vida de Arredondo. Si no lo consigo, yo no sé por dónde estallaré de rabia e indignación.
Las damas de San Juan y La Rioja van a hacer una solicitud pidiéndolo. ¿No se podría intentar algo parecido en Córdoba?(14).

(14) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La situación de Arredondo parece haberle impedido a Roca disfrutar el ascenso a General en el campo de batalla que el presidente Avellaneda le hiciera llegar, telegráficamente, el día de su victoria. Pero algunas semanas después de la carta a Juárez Celman más arriba transcripta, el 16 de Febrero, Arredondo se ha fugado y Roca, al comunicárselo a Avellaneda, le telegrafía que se han tomado las medidas conducentes a su captura.

Un telegrama del propio Arredondo, despachado desde San Felipe, Chile, prueba la inutilidad de la persecución... Es voz pública que Roca ha facilitado la evasión... De todos modos, desde que era Roca el responsable de la seguridad del rebelde, es procesado por la fuga de Arredondo ante la Justicia Federal de Mendoza (Marzo 21 de 1875).

Empiezan los forcejeos jurisdiccionales; la Justicia Federal se declara incompetente; entonces el fiscal apela ante la Corte Suprema... (Marzo 23 de 1875).

Mientras tanto, Roca es agasajado. Las fiestas por su victoria continúan y “a pesar de mi fastidio y de estar verdaderamente cansado, tengo que asistir a ellas. Si no fuera que uno tiene que estar fijándose siempre en el porvenir, al diablo echaría todo esto y ni atención prestaría a la avidez y curiosidad con que las mujeres quieren conocerme y tratarme.
En todo tiempo, por mi cortesanía y atenciones, he sido simpático al bello sexo; ahora que soy General y fresquito vencedor, usted debe comprender que no me iría tan mal si yo quisiese y tuviese mi espíritu libre para contraerme a ellas”.

Y también a Juárez Celman, semanas después

... en San Luis me esperan, con arcos. Estoy desesperado; hay momentos que creo es mejor ser derrotado. Tienen estos provincianos una manera de obsequiar y son tan excesivamente cariñosos, que son capaces de matar a un toro con su eterno chancho al horno, asado con cuero y sus pasteles de ordenanza(15).

(15) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La victoria es un vino que embriaga siempre con la gloria... Roca debe estar sintiendo esa embriaguez cuando, en respuesta a Juárez Celman que le instaba a vender un terreno que Roca poseía en los alrededores de Córdoba, le contesta:

... No tengo hoy necesidad de venderlo y siempre que pueda he de conservarlo en mi poder, pues pienso hacer de él mi Mount-Vernon...”.

Si la historia es el espejo donde buscamos la vida que anhelamos emular, puesto que Mount-Vernon se llama el refugio de Washington cuando terminó su presidencia, ya sabemos cuál es el sueño de gloria que desvela a Roca...

Regresa a Río IV en Abril de 1875. La Corte Suprema ha decidido en Junio que la Justicia Federal es incompetente para entender en la acusación por la fuga de Arredondo. En Julio, Roca es designado Comandante General de Fronteras (Córdoba, San Luis y Mendoza). Y fija su sede como tal en esa ciudad. Otra vez frente al indio ... Al indio y Alsina...

El presidente Avellaneda ha nombrado ministro de Guerra a Adolfo Alsina. Este y Roca no son amigos; peor aún: Alsina adivina en ese General de 31 años, un adversario político. Las divergencias se mostraron a propósito de los planes de Alsina respecto de las fronteras interiores, planes que no coincidían con las opiniones de Roca. Los dos criterios aparecen resumidos en la nota, fechada el 19 de Octubre de 1875, en la cual contesta Roca a una de Alsina del día 6 del mismo mes:

V. E. quiere avanzar hasta cierta altura tomando posesión del suelo, fijándose permanentemente en algunos puntos; yo pienso que se debe avanzar hasta los últimos confines habitados por los indios...”; “ganar zonas al desierto, alejándose más de las poblaciones, tiene para mí todos los inconvenientes de la guerra defensiva, acrecentados por el enemigo que deja a la espalda el desierto que quedaría entre las nuevas líneas y las poblaciones...”; “... los Fuertes fijos en medio de un desierto matan la disciplina, diezman las tropas y poco o ningún espacio dominan...”, “comprendo que en las montañas, en los países escabrosos, con pasos y caminos precisos, se haga la guerra de posiciones; pero no en llanuras sin límites, que no presentan obstáculos, como son nuestras pampas”.

Y tan seguro se siente Roca, que no vacila en expresar:

Yo me comprometería, señor ministro, ante el Gobierno y ante el país a dejar realizado esto que dejo expuesto, en dos años: uno para prepararme y otro para efectuarlo, guardando mientras, la paz con los indios y la más absoluta reserva sobre las expediciones.
Una vez limpio el desierto, el Gobierno Nacional tendría suficiente con cuatro o cinco mil hombres, economizaría anualmente algunos miles, y podría legislar con entera libertad hasta las márgenes del río Negro...”.

Como Alsina insiste en su plan y Roca en el suyo, una tercera carta de Alsina de fecha 4 de Diciembre de 1875, al reiterar que “es indispensable que el 1ro. de Enero de 1876 esté licenciada toda la Guardia Nacional que hace hoy el servicio ordinario de frontera, contra la ley, y contra las conveniencias reales del país”.

Terminaba afirmando, significativamente: “... Considero inútil decir a usted que éstas son también las ideas del presidente de la República”.

En la respuesta, Roca dice a Alsina:

La Guardia Nacional quedará licenciada por completo para el 1ro. de Enero próximo...” y “... a pesar de mis opiniones particulares, debo hacerle presente que estoy dispuesto a cumplir con todo celo sus disposiciones...(16).

(16) “Publicaciones del Museo Roca”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En verdad, además de disentir en cuanto a la forma de encarar la lucha contra los indios, Alsina trataba de restarle a Roca elementos: hombres, cabalgaduras, armas, etcétera, apreciando, y con razón, que ellos agrandaban la influencia política del mismo.

Y que Alsina no andaba descaminado, lo prueba el que Ataliva Roca -hermano del General- le informaba desde Buenos Aires, en carta del 18 de Diciembre de 1875:

... Aquí ya se habla en los círculos políticos de candidaturas de presidente y todos ya creen que la tuya será la más seria; sin embargo que me parece poco noble que al año le estén haciendo los funerales a Avellaneda, pues le faltan cinco años y ya piensan quién le debe reemplazar.
En otra seré más extenso, si es que te interesan estas maniobras; tu hermano, que tiene todos los defectos de los hijos de esta tierra de vivir siempre en luchas electorales...(17).

(17) “Publicaciones del Museo Roca”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En el año 1876 se reiteró -por parte de los partidarios de Alsina en el Congreso- aquella tentativa de suprimir las Comandancias Militares de la frontera, efectuada tres años antes... Y como entonces, la tentativa no tuvo éxito...

Por otra parte, los planes de Alsina para enfrentar a los indios no parecen confirmar sino parcialmente sus esperanzas y, por el contrario, los acontecimientos -al producirse nuevos malones- justificarían las ideas que al respecto del problema de las fronteras interiores ha sustentado Roca...

Una grave crisis económica y financiera que aqueja al Gobierno de Avellaneda facilita concretar, en Octubre de 1877, una política de “conciliación” entre el presidente y el partido mitrista, el vencido en la revolución de Septiembre de 1874.

Las resultas de esa nueva situación política parecían de difícil predicción, cuando a fines de 1877, el 29 de Diciembre, fallece Adolfo Alsina, tal vez el más seguro candidato presidencial para suceder a Avellaneda. Este nombra a Roca ministro de Guerra para reemplazar a Alsina (4 de Enero de 1878). Pero, gravemente enfermo, recluido por el tifus en el pueblo de Belgrano, recién presta juramento el 26 de Marzo. Los médicos le imponen un severo reposo y ello lo obliga a aplazar el hacerse cargo del Ministerio. Con fecha 7 de Abril, le escribe a Juárez Celman:

Recién he sabido que he estado dos veces a punto de sucumbir; yo nunca creí morirme...”.

Sin embargo, desde la cama, ocupándose de política:

... Deben fijarse mucho en los ocho diputados que deben mandarnos el año que viene. Tienen que ser amigos decididos ... no nos manden tilingos que no sirven para Dios ni para el diablo.
El Congreso de 1880 deberá estar bien compuesto, pues tiene que ser, en caso de dudas, juez en última instancia de la elección presidencial”.

Y en una posterior, ya en vísperas de iniciar sus tareas de ministro de Guerra y después de aludir a ellas:

Si lo que llaman fatalidad pudiera personificarse, debe tener cara de zonzo; jamás he oído a un hombre sensato quejarse del destino(18).

(18) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y Roca, hombre sensato, no se quejaría del suyo ... pues debía suponer, y con razón, que el Ministerio de Guerra le brindaba una gran oportunidad para probar que en el trascendente problema de las fronteras interiores había tenido razón al discrepar con la tesis de Alsina, partidario de una guerra defensiva inspirada en la construcción de zanjas y fortines...

Convencido de que “si no se ocupa la pampa, previa destrucción de los indios, es inútil toda precaución y plan para impedir las invasiones”, Roca había anotado, impaciente y con expresivas palabras: “... es sacando el hormiguero como se acaba con las hormigas, no esperando cazarlas una por una cuando salgan de la cueva”.

En Agosto de 1878, en un Mensaje al Congreso, el presidente Avellaneda y su ministro de Guerra expresaban, calculando los elementos del adversario:

En la superficie de quince mil leguas que se trata de conquistar, la población indígena que la ocupa puede estimarse en veinte mil almas, en cuyo número alcanzarán a contarse de mil ochocientos a dos mil hombres de lanza”. Para allegar los recursos, un empréstito de sucripción popular posibilitó la financiación de la empresa.

Usando los mapas e informes reunidos por Alsina, los adelantos de la técnica, tales la carabina Remington, el ferrocarril y el telégrafo; incorporando a la expedición indios amigos; cuidando aspectos esenciales, como el adiestramiento de jinetes y cabalgaduras, y la provisión del agua indispensable, se inició la concreción de la etapa militar.

Desde Carhué que, fundada en 1876 había sido atacada ese mismo año por el cacique Namuncurá, expidió el general Roca, el 26 de Abril de 1879, su “orden del día del ejército expedicionario”.

Anticipando la importancia nacional de la empresa que iniciaba, decía en el documento mencionado:

Cuando la ola humana invada estos desolados campos que ayer eran escenario de correrías destructoras y sanguinarias, para convertirlos en emporios de riqueza y en pueblos florecientes donde millones de hombres puedan vivir ricos y felices, recién entonces se estimará en su verdadero valor el mérito de vuestros esfuerzos”.

Cuatro columnas que avanzaron rápidamente, sincronizando a lo largo de la frontera su penetración en el desierto, no encontraron mayor resistencia indígena. Se cruzó el río Colorado y en la víspera del aniversario patrio -era el 24 de Mayo de 1879- Roca alcanzaba las márgenes del río Negro, primera etapa de la expedición.

La llegada al río Negro preludiaba un rápido desenlace de las fronteras interiores. Impedidos de huir a Chile y arrollados por el fulminante avance, los indios se dispersaron bien pronto en todo el territorio que se extendía hasta el Estrecho de Magallanes. Roca ha concluido con “el hormiguero...”.

Después de llegar con su Estado Mayor y 100 hombres hasta la confluencia de los ríos Limay y Neuquén y retornar a la isla de Choel-Choel en Río Negro, Roca se embarca en Carmen de Patagones y vuelve por mar a Buenos Aires. Regresa agrandado por la expedición en una medida que deberá favorecerlo en sus aspiraciones políticas.

Estas vienen teniendo -desde 1877- como una buena base, esa “pieza maestra” que es Córdoba. En esa fecha ha alcanzado la Primera Magistratura provincial Antonio del Viso, quien ha nombrado ministro de Gobierno a Juárez Celman. Y es desde Córdoba, que Juárez Celman y Del Viso dirigen la conquista de simpatías y adhesiones que posibilitarán lograr, para Roca, el apoyo de casi todas las provincias del Interior.

Esta adhesión del Interior suscitaría, por contragolpe, la oposición de Buenos Aires, encarnada, después del fallecimiento de Adolfo Alsina, en la candidatura presidencial de Carlos Tejedor, el gobernador de dicha provincia.

Al asumir ese cargo, en 1878, Tejedor había aludido a la situación de “huésped” del presidente de la República, expresión con la cual recordaba que los verdaderos dueños de la Ciudad de Buenos Aires eran los hombres de la provincia y las autoridades nacionales residentes en ella, algo así como simples inquilinos...

El país no había en efecto resuelto, de manera definitiva, la cuestión de dotar de una sede propia a las autoridades nacionales: Poder Ejecutivo, Congreso Nacional, Suprema Corte, etcétera, y si continuaban en Buenos Aires era en base a tácitas prórrogas del plazo de cinco años acordado en 1860...

Detrás de las candidaturas de Roca y Tejedor parecían renovarse las viejas divergencias de provincianos y porteños... ¿Volvían los días no tan lejanos, de Cepeda y de Pavón..?

Los que así pensaban parecían ignorar los cambios sufridos desde entonces. En efecto; Buenos Aires se había impuesto a las provincias gobernadas por los caudillos porque, provista de recursos económicos, un Ejército Nacional había triunfado sobre las milicias lugareñas... Pero, precisamente en 1880, la candidatura de Roca se apoyaba en el Ejército Nacional... La carrera militar de Roca expresaba -como ninguna otra- la importancia política adquirida por ese Ejército... ¿Sarmiento y Avellaneda no habían encontrado en Roca y sus soldados el puntal más firme de la autoridad presidencial..?

En el plan político que desde hacía casi una década venían tejiendo pacientemente Roca y Juárez Celman, ellos calculaban representar el sentimiento provinciano deseoso de concluir con la vieja hegemonía porteña... Y ese resultado -pensaban- sólo podría conquistarse arrebatando a la provincia de Buenos Aires la ciudad homónima y declarándola Capital de la República.

La federalización de la Ciudad de Buenos Aires debía ser la más trascendente consecuencia de la disputa electoral que enfrentaba a Roca y Tejedor. Este recibió el apoyo de los mitristas.

Por su parte, el presidente Avellaneda intentó mantener su neutralidad, aunque sus simpatías de comprovinciano y su gratitud por Roca, cuya victoria sobre Arredondo le aseguraron la presidencia, pudieran desmentir las declaraciones en ese sentido formuladas.

Fue para asegurar esa neutralidad que Avellaneda ofreció el Ministerio del Interior a Sarmiento quien, al adoptar una serie de medidas, resultó provocando la disconformidad de los dos bandos; en el caso de Roca, éste sufría por los resultados de una circular a los gobernadores sobre desarme de los cuerpos provinciales:

Las amenazas del ministro Sarmiento han detenido los trabajos en Salta y, por ahora, perdemos una provincia”, telegrafió Juárez Celman a Roca. Días antes, y como expresión de la violencia que impregnaba a Buenos Aires, se había atentado contra un carruaje, creyendo viajaba en él Roca. La policía encargada de custodiar el orden obedecía a las autoridades de la provincia y presenció impasible el episodio.

No satisfechos con dominar en la Capital y en la provincia de Buenos Aires, los partidarios de Tejedor intentaron modificar la situación de algunas provincias del Interior con movimientos subversivos que derrocaran a los partidarios de Roca. Aunque tales movimientos no lograron éxito, la gravedad de la situación puede medirla esta carta de Roca a Juárez Celman, de fecha 3 de Septiembre de 1879:

Le escribo bajo las más desagradables impresiones... Han salido una serie de decretos de Tejedor organizando la Guardia Nacional cuyos ‘considerandos’ importan un verdadero reto a la Nación...”; “... Tejedor no respeta ya nada...”; “... Si nos llegasen a echar de la ciudad en la que estamos casi prisioneros (estos son los inconvenientes de una Nación sin capital) tenemos elementos de sobra para levantar la campaña de esta provincia y toda la República.
La guerra civil, que me horroriza, porque nos hará retroceder veinte años, se nos viene mi amigo, inevitablemente. El espíritu localista dá su última batalla contra la nacionalidad. Es el pleito viejo sostenido ahora felizmente por muy pocos y, si son fuerza, es porque tienen de su parte a los elementos oficiales de esta poderosa provincia(19).

(19) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Para sostener su autoridad, el Gobierno Nacional presidido por Avellaneda y con la tajante actitud resolutiva de Sarmiento, había concentrado, en la Capital, elementos del Ejército de línea. Pero la presencia de Sarmiento no dejó de provocar resistencias que lo determinaron a renunciar cuando no llevaba ni cuarenta días en el cargo.

Bien es verdad que en su caída arrastró a Roca; éste debió abandonar el Ministerio de Guerra que hasta entonces retuviera (Octubre 8 de 1879). Para reemplazarlo, Avellaneda designó en esa cartera a Carlos Pellegrini, quien pasó a integrar un gabinete totalmente renovado.

La fuerza del político está en saber ser león y zorro al mismo tiempo”, afirmábale Roca a Juárez Celman en una carta del 26 de Octubre. Roca había probado en las campañas militares que su persona asociaba esas dos condiciones... Es verdad que el tifus seguía, a veces, debilitando al león:

Le escribo desde la cama. No se alarme. Es la fiebrecita de siempre; pero esta vez no hará los estragos del año pasado y, sobre todo, no me curará Wilde(20).

(20) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Por su parte, tenía del zorro la prudencia y la astucia:

Mi posición de candidato me obliga a ser circunspecto y, si es posible, hacerme el mudo. El conde Chambord perdió el reino de Francia por escribir una carta. Un general norteamericano perdió la presidencia de su país por igual cosa. En Norteamérica, los partidos vigilan y cuidan a sus candidatos, y les prohiben, sobre todo, que hablen...”, le escribe a Juárez Celman el 27 de Noviembre.

Desde su iniciación en la vida pública, el general Roca adoptó intuitivamente una serie de normas -grandes y pequeñas- que le aseguraron el triunfo. A pesar de lo reñido de su jornada, jamás descuidó su correspondencia particular y únicamente por excepción apelaba a los servicios de su secretario.
Leía y releía las cartas importantes de sus amigos y, para destacarlas en su archivo, acostumbraba poner al dorso de ellas el nombre de su firmante y una síntesis, muy personal, del asunto. Lo demás lo hacía su memoria prodigiosa(21).

(21) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y previendo que las cartas que remite a los amigos pueden caer en manos de quienes no lo son, Roca alude a personajes de la vida pública según claves convencionales cuyos originales figuran hoy entre los documentos del “Museo Roca”(22).

(22) “Publicaciones del Museo Roca”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Esas claves -escritas por Roca- adjudican a Avellaneda el nombre convencional de “Nerón”; a Sarmiento el de “Claudio”; el doctor Manuel Quintana es, en la clave “Augusto”... No siempre son nombres de emperadores romanos los utilizados para encubrir la verdadera personalidad: Tejedor es denominado “Molke”; Pellegrini es “Sable”; Aristóbulo del Valle carga con el poco estético de “Panza”...

Como las claves se renuevan, no extrañe que en otra, redactada también con letra de Roca, el presidente Avellaneda es “López”; Pellegrini es “Martínez”; Sarmiento es “Vélez”; Del Valle parece haber perdido en abdomen y la clave lo designa ahora: “Latorre”; Tejedor, ya no es el famoso militar alemán, sino “Claro”...

Y por si este ocultar los nombres reales de las personas aludidas en la correspondencia no bastara, en las claves se usan dos términos frecuentes en la vida política, precisamente con el sentido contrario al que tienen en su uso normal: “transacción” significa, en la clave, “confusión”; “proclamación” debe entenderse: “retractación”. En fin: “La situación es de guerra y debemos prepararnos a todo trance” debía interpretarse según la clave: “pacíficamente”...

Las claves son innecesarias para apreciar, a comienzos de 1880, cuán peligrosamente se bordea la guerra civil. A las tropas del Ejército Nacional concentradas en la Ciudad de Buenos Aires para sostener la autoridad del presidente Avellaneda, se oponen los partidarios de Tejedor que han sido militarizados. En continuos desfiles por las calles de la ciudad, no ocultan con sus vivas la identificación con el gobernador de la provincia. Las letras de imprenta arriman, en diarios y periódicos, incitaciones a la violencia:

Si por desgracia el pueblo se ve obligado a defenderse de la agresión del presidente, el vecindario debe estar alerta para abrir sus puertas a los soldados que busquen un abrigo desertando.
Al militar que haga fuego contra el pueblo hay que acabarlo con agua caliente, con muebles, con balas, mientras los voluntarios combatan como soldados”, decía, el 16 de Febrero de 1880, el diario porteño “La Libertad”...

Por su parte “La Nación”, de Mitre, que apoyaba a Tejedor, insistía en aconsejar la renuncia de Avellaneda a la Primera Magistratura... Sensible a las dramáticas consecuencias de la guerra civil que se avecinaba, Avellaneda llegó a ofrecerla, si con esa actitud suya se evitaba la lucha armada.

Roca, que desde su alejamiento del Ministerio de Guerra se había trasladado a Córdoba, se había negado a renunciar a su candidatura: “... ella no me pertenece, pertenece a los pueblos de la República”. Afirmaba que el movimiento de opinión que lo sostenía -excepto Buenos Aires- encarnaba toda la República.

Al saber la posible actitud de Avellaneda, Roca telegrafió a sus amigos en Buenos Aires: “Apoyen y fortifiquen al Gobierno Nacional. Les aseguro que no habrá poder alguno que me arranque una renuncia cobarde, tonta e impolítica. Mi candidatura nada tiene que ver con el principio de autoridad que el presidente considera comprometido a su respecto.

Díganle que el rigor es la única solución; que sólo la fuerza conserva el derecho(23).

(23) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La violencia hecha clima se mostraba en episodios aislados; los partidarios de Tejedor empastelaban la imprenta de los diarios “roquistas”. Y también en la afirmación de ciertas doctrinas: ante una resolución del Gobierno Nacional, prohibiendo a los civiles la portación de armas, “La Prensa” del 15 de Febrero de 1880 sostenía “que la portación de armas era prerrogativa esencial del ciudadano en todos los países cultos, y que ese derecho se había conquistado con la Revolución Francesa.

El ciudadano dejaría de serlo el día que se le privase de usar y llevar armas”.

Y “La Prensa” recordaba prohibidones anteriores semejantes que “llegaron a tal punto, que había ciudadanos que ponían en duda si le sería lícito usar una navaja”. ¿Olvidaba el diario que esta vez se veían cañones Krupp y nadie los calculaba para afeitarse..?

Fracasadas las gestiones de transacción por renuncia de los candidatos, fracasada la posible postulación de Sarmiento, el domingo 11 de Abril de 1880 se celebraron las elecciones nacionales para presidente y vicepresidente de la República. Triunfante Roca, que sólo aparecía derrotado en Buenos Aires y Corrientes, el proceso debía ser considerado por el Congreso Nacional y el que éste se reuniría en Buenos Aires imponía reconocer que las dificultades subsistían.

Tan fue esto cierto que Roca, a fines de ese mes, se decidió a abandonar “La Paz” y bajar sigilosamente a Buenos Aires. De la observación resultante extrajo una conclusión pesimista que ha quedado documentada en una carta a Juárez Celman de principios de Mayo, y escrita desde Rosario:

... Son tantas las cosas que bullen en mi cabeza y vivo en una agitación tan continua, que sería difícil transmitirle los mil detalles curiosos de estos quince días que falto de allí.
Bástele saber que estamos embromados; que todo el mundo conspira contra mí en Buenos Aires, principiando por los que componen el Gobierno Nacional, el presidente inclusive, que habla de renunciar, que tiene hijos 'porteños', que no quiere salir de Buenos Aires, etc.
El que debía garantizar la paz de la República y el derecho de los pueblos, ha perdido toda autoridad como Jefe del Estado. Pellegrini me habló también de que no sabía qué hacer y, sin aconsejarme nada, me dijo que él no tenía otro remedio que retirarse a su casa. En Buenos Aires no queda ni sombra de Gobierno Nacional.
En el Congreso, avasallado, como Ud. ve, por las turbas a sueldo de Tejedor, no tendremos seguramente mayoría y todos se complotarán para anular todas las elecciones y hacerlas de nuevo bajo la presión de un Gobierno que surgirá después del 12 de Octubre.
Para vengarme de todo esto, no se me ocurre otra cosa que Sarmiento; y también como medio de asegurar las situaciones y fortuna política de nuestros amigos.
El ‘loco’ se nos entregará en cuerpo y alma y nos dará todo lo que le pidamos, inclusive la capital de la República en el Rosario, porque está poseído de la ambición más desenfrenada. Creo que con él no evitaremos la guerra civil, pero no la haremos en mi nombre, y así sería más seguro que los elementos militares de la nación cayeran en nuestras manos, quitando así hasta la sombra de complicidad conmigo...(24).

(24) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Pocos días después fracasaba una entrevista sostenida por Roca y Tejedor, a bordo de la cañonera “Pilcomayo”, surta en aguas del río Luján. Resultarían también inútiles los reclamos de una solución pacífica formulados por una gran manifestación pública que, con tal objeto, se allegó hasta la Casa de Gobierno.

Algunos días después, discordias disimuladas hasta entonces se exteriorizaban en el bando de Tejedor; el presidente Avellaneda parecía en cambio más firme y constante en sus decisiones; los jefes militares adictos a Roca seguían sosteniéndolo... Estos diversos factores mejoraron la situación del candidato de la “liga de gobernadores...”.

Así las cosas, los acontecimientos despeñados hacia la guerra, la mostraron a ésta inevitable cuando, desobedeciendo expresas órdenes del Gobierno Nacional, los partidarios de Tejedor desembarcaron un armamento llegado del Uruguay, reforzando con él su desafío bélico.

Interpretando que ello importaba una rebelión del gobernador y que, de permanecer en la ciudad, el Gobierno Nacional carecía de las garantías y de la libertad necesarias, Avellaneda decidió -el 2 de Junio- abandonar la Ciudad de Buenos Aires e instalar el Gobierno Nacional en el vecino pueblo de Belgrano. Allí lo siguió buena parte del Congreso Nacional y se dio la orden a las fuerzas nacionales de diversas guarniciones del Interior de apoderarse de Buenos Aires:

Declaro que no volveré a la Ciudad de Buenos Aires mientras permanezca en pie la insurrección armada que dirige el gobernador de la provincia”, expresaba Avellaneda en un manifiesto. Con el apoyo de las Cámaras de la provincia, el gobernador, aunque intentó rectificar al presidente y declaraba su acatamiento a las leyes y autoridades legítimas de la República, continuaba adoptando las medidas militares conducentes a la lucha armada: movilización de la Guardia Nacional en la provincia, distribución del armamento, designación de jefes, etcétera.

Se cavaron trincheras en las calles de la ciudad y se apostaron cañones. Aún con evidentes fallas en los planes de ataque, la superioridad en número y calidad de los efectivos militares supeditados al Gobierno de Avellaneda, le dieron a ellos el triunfo en los combates librados en Luján el 17 de Junio y especialmente en otros, más sangrientos, que los días 20 y 21 de Junio sucedieron en Barracas, Puente Alsina y Corrales.

Tejedor había nombrado Jefe supremo de la defensa a Mitre. Ante los resultados adversos de la lucha armada, Tejedor entregó a Mitre, el 25 de Junio, una carta dirigida al presidente proponiendo un “arreglo decoroso”. Lo inspiraba -declaraba Tejedor- el anhelo de ahorrar más derramamientos de sangre y declaraba preferir “las bendiciones de las madres a vanaglorias del triunfo”.

Después de cuatro días de negociaciones se llegó a un acuerdo: Tejedor se alejaba del Gobierno de la provincia y ésta entregaría la Ciudad de Buenos Aires para capital de la República y residencia de las autoridades nacionales. Roca, que ha seguido dirigiendo desde Rosario la marcha de los acontecimientos, le escribe el 9 de julio a Juárez Celman:

... Iré a Córdoba para tomarme unos días de absoluto reposo y dar tiempo para que se apacigüen del todo los ánimos porteños. No le digo fijo el día que iré, pues yo mismo lo ignoro y porque conviene que ignoren mi viaje. ¡No sea que descarrilen el tren!(25).

(25) Agustín Rivero Astengo. “Juárez Celman” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Roca descansó en “La Paz”. En el proceso político que terminaba, Córdoba, bajo la autoridad de Juárez Celman, ahora desde Mayo gobernador de ella, había cumplido ampliamente el papel protagónico respecto del Interior calculado en los planes de Juárez Celman y de Roca. Este, sin embargo, no dejaba de sufrir los achaques conocidos:

Sigo siempre mal de salud, a pesar del método riguroso que observo”, confesaba a Juárez Celman en una carta. Y es que subsistían en Roca períodos de aguda depresión acompañados de fiebre. Desde luego que no le facilitaba el recuperarse el constante ajetreo que ya en Buenos Aires desde los primeros días de Agosto, debió cumplir participando personalmente en los trámites finales de la solución política e institucional que él representaba.

Estos trámites finales no resultaron nada fáciles: divergencias en la forma de conducir las negociaciones con la provincia de Buenos Aires llegaron hasta enfrentar al Congreso Nacional con Avellaneda y éste renunció. Retirada la renuncia, es verdad histórica que la intranquilidad siguió predominando en los espíritus.

Recién el 20 de Septiembre, el Congreso Nacional sancionaba la ley propuesta por el Poder Ejecutivo, declarando a la Ciudad de Buenos Aires, capital de la República; recién el 10 de Octubre se reunía la Asamblea Legislativa para efectuar el escrutinio de las elecciones de Abril, y se anuncia el siguiente resultado: Roca 155 votos contra 70 de Tejedor; para vicepresidente: Francisco B. Madero, 151 votos contra 70 adjudicados a Saturnino Laspiur.

Cuando dos días después se cumplió la ceremonia de transmisión del mando, ésta se verificó con el mínimun de pompa posible y con orfandad visible en cuanto a la acostumbrada adhesión popular en tales casos .

La ausencia de pueblo tenía sin duda una doble motivación: el duelo por los caídos en las jornadas bélicas de Junio, y el que la ciudad se consideraba como poseída por un intruso... No hubo pues, en Buenos Aires, espíritu de fiesta.

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