El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Roca, el hombre detrás de escena. Su actividad (1886-1898)

Después de transmitir la presidencia a Miguel Juárez Celman y pasar una breve temporada de descanso en “La Paz”, el ex presidente Julio Argentino Roca se embarcó para Europa. No desembarcaría por eso de la política del país y hasta allá, al Viejo Mundo, donde arribó a fines de Abril de 1887, le llegaron las novedades...

Una carta de Carlos Pellegrini, el vicepresidente de la República, le informaba acerca de acontecimientos producidos en Tucumán, que habían concluido en una Intervención decretada por Juárez Celman con aprobación del Congreso. En la mencionada Intervención muchos creían ver la voluntad de Juárez Celman queriendo imponer situaciones provinciales totalmente adictas al “unicato(1).

(1) “Unicato” es el término empleado para designar el sistema político que hacía del presidente también el jefe del Partido gobernante. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La carta de Pellegrini, recibida el 30 de Junio, no sería la única. Apenas ocho días después, le llegaba a Roca, en París, una extensa del general Nicolás Levalle. Camarada en la Conquista del Desierto, Levalle le formulaba una serie de apreciaciones políticas, en las cuales resultaba inocultable un inventario de los errores del nuevo gobernante.

Si la oposición no capitalizaba más esos errores era porque ella carecía de jefe... Tampoco Juárez Celman se mostraba como tal: “... no se sentía la mano del Jefe del Estado...”; “... el Congreso despilfarra los dineros públicos en pensiones...”, pero el presidente no envía un mensaje puntualizando que así no era posible hacer Administración...

En oportunidad de la epidemia de cólera, aparecida en Buenos Aires, “... yo le hubiera tomado de un brazo y llevado a la Casa de Aislamiento, para visitarla; hubiera vuelto con una aureola de popularidad". En fin, como una prueba de comprensiva indulgencia, pensaba Levalle que todavía debía confiarse en Juárez Celman por unos meses más.

Roca le escribe a Juárez Celman el 24 de Julio y, luego de informarle acerca del buen concepto de la Argentina en Europa, alude a los sucesos de Tucumán y aunque no desea emitir juicios, no oculta los considera lamentables, porque en ellos aparecen comprometidos viejos y queridos amigos...

En verdad, la aparición del nuevo “equipo” que acompañaba a Juárez Celman suponía el inevitable enfrentamiento con el que hasta poco antes acompañara a Roca; y para triunfar en esa disputa -que tenía muy poco de doctrinaria y mucho de apetencias y favoritismos personales-, la discordia pretendió soplar sobre la amistad política y familiar que desde hacía más de quince años había vinculado a Roca y Juárez Celman.

En Junio de 1888, después de elogiar Roca en carta a Juárez Celman el Mensaje de éste al Congreso, “que leí en Londres, en un ejemplar que me dio Miguel Angel(2), agregaba: “... Como usted lo dice muy bien, apenas vaya yo allí y nos vean juntos tan amigos y compañeros como antes, empezará la cantinela de los Gobiernos de familia, de las herencias, etc.
A mí me han dejado descansar un poco, creyendo que el tiempo nos alejaba a uno del otro; pero apenas vean que sus deseos, artimañas e insidias, tan tilingas éstas como si se ejercitasen sobre niños, no se realizan ni tienen éxito, han de enderezar los cañones contra mí, a quien no le han de perdonar muchas cosas.
Pero Ud., como yo, está hecho al fuego. El 20 de Agosto me embarco para ésa. El Dr. Peralta Uriarte le remitirá un mármol que quedará muy bien en cualquiera de los lindos vestíbulos de su casa.
Es una ‘Rebeca’, de tamaño natural, obra de uno de los escultores de más talento que tiene Roma”.

(2) Miguel Angel, el hijo de Juárez Celman que, en compañía de otro hermano menor, residía en Londres. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Es posible que en esta carta Roca, siempre cauteloso, callara su íntimo sentir... Meses antes, a mediados de 1887, en carta a Agustín de Vedia, Roca había señalado, respecto de la gestión de Juárez Celman, una seria disidencia en un asunto trascendente: el del traspaso de las Obras de Salubridad, que se entregaban a una empresa extranjera, alegando la ineficacia del Estado como administrador.

Con buen criterio, Roca expresaba:

Ese proyecto de venta de las Obras de Salubridad ha sido, también, un proyecto desgraciado, que se ha arrojado a los opositores, como buena presa para clavar su diente lleno de ponzoña.
Yo aconsejé en contra, pero no me hicieron caso. La bulla y las resistencias que esta idea ha levantado, hasta entre muchos amigos, en cuyo espíritu leo desde aquí, me prueba que yo tenía razón.
Si a pesar de todo, el proyecto, rechazado casi por unanimidad en la forma de contrato, se convierte en ley, será una ley contraria a les intereses públicos en el sentir de la mayoría de la opinión de esa Capital, tan esquilmada por las Compañías de Gas y otros servicios.
A estar a las teorías de que los Gobiernos no saben administrar, llegaríamos a la supresión de todo Gobierno por inútil, y deberíamos poner bandera de remate a la Aduana, al Correo, al Telégrafo, a los Puertos, a las Oficinas de Rentas, al Ejército, y a todo lo que constituye el ejercicio y deberes del poder”.

Durante los dieciséis meses de su permanencia en Europa, Roca ha visto -con las miradas inevitables del turista-, en París, el Louvre; en Milán, la Catedral. Ha merecido del rey de Italia, Umberto 1ro., el Gran Cordón de la Orden de la Corona; en Alemania es recibido por Bismarck, todavía Canciller de la Alemania del Kaiser...

Pero es en Londres donde su visita suscita les agasajos de mayor relieve: Lord Revelstocke, jefe de la Casa Baring Brothers, organizó en su honor un banquete celebrado en Richmond, localidad veraniega situada sobre el Támesis y no lejos de la capital británica. El Imperio disfrutaba, en ese entonces, el esplendor sin sombras de su era “Victoriana”...

Roca agradeció el homenaje en un discurso en castellano, que se traducía al inglés a medida que lo pronunciaba:

Soy, tal vez, el primer ex presidente de la América del Sur que haya sido objeto en Londres, este vasto y clásico centro de la libertad, de una demostración semejante por su número tan escogido de caballeros...”.

Y luego de otras consideraciones, terminó expresando:

Estoy seguro que si yo no hubiera realizado un Gobierno conforme a los fines de la civilización y del progreso, y hecho el debido honor a la palabra argentina en todos sus compromisos, como tengo la más profunda confianza de que así lo harán todos los gobernantes que allí se sucedan, no hubiera encontrado en esta ciudad, a la cual nada escapa de lo que pasa en el resto del mundo, tantos francos apretones de manos, como saben dar los ingleses cuando ofrecen sinceramente su amistad”.

Prueba de esa fe en la Argentina y en Roca, éste, aunque recorría el Viejo Mundo en viaje de descanso, gestionó y obtuvo en Londres un empréstito de diez millones de pesos oro para la provincia de Córdoba, operación que se concertó el 20 de Agosto de 1887.

La participación de Roca en la política argentina, que el Conquistador del Desierto cumplía desde Europa, ha sido señalada en la documentación familiar o amistosa transcripta anteriormente.

Agreguemos ahora que es el vicepresidente Carlos Pellegrini uno de los informantes de Roca, y cabe suponer que el sector “roquista”, calculando la necesaria reincorporación del “jefe” a la política activa, ha decidido la elección de Roca como Senador por la Capital en Marzo de 1888.

Tiene fecha 3 de Mayo la recepción, por Roca, de una carta de Pellegrini, incitándolo a que regrese a la Argentina a ocupar su banca... Roca, que ha estado enfermo, repuesto en su salud, emprenderá la vuelta, embarcándose el 20 de Agosto.

En Junio de 1881, la provincia de Buenos Aires -mediante una ley especial- había resuelto acordar, “en propiedad, veinte leguas cuadradas de terreno al brigadier general Julio A. Roca, como premio de los servicios prestados a la provincia con la traslación de las fronteras al río Negro”, autorizando al Poder Ejecutivo, “para hacer ubicar esta donación dentro de la Sección Novena...(3).

(3) Las tierras donadas, de una superficie equivalente a unas 12.000 hectáreas, correspondían a la actual estación La Larga, en el Departamento denominado hoy Daireaux (hoy es uno de los 135 Partidos de la provincia de Buenos Aires). // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Roca ejercía, en ese entonces, la Presidencia de la República. Se dio tiempo, no obstante, para encarar la explotación de la propiedad, a la que denominó “La Larga”, nombre tomado del de una laguna vecina. Designado mayordomo de “La Larga”, un Capitán del ejército, Marcos Sastre -muy vinculado a Roca- éste ordenaba con precisión las tareas a cumplir en la misma.

La documentación(4) prueba cómo, bajo las directivas de Roca, esas tierras de pajonales, pasto puna y cañadones, es decir, naturaleza primitiva en buena parte de su extensión, debían transformarse.

(4) “Publicaciones del Museo Roca”, en: “Estudios”, III, Buenos Aires, 1964. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Arrendadas catorce de las veinte leguas, las restantes conocieron pronto los beneficios del trabajo “planificado”. En carta de Mayo 1 de 1883, le escribe Roca:

... Estoy por contratar el alambrado de las seis leguas...”. Y, previsoramente: “... Es bueno que siga recorriendo los campos vecinos que pertenezcan aún al Estado, que no será difícil pueda comprar alguna fracción, cuando se vendan, para ensanchar el mío...”. En otra: “...Veo con gusto que el campo es inmejorable y que vamos a hacer una buena estancia. No me dice nada si ha sembrado maíz. Para en adelante, es bueno tener siempre ese recurso. Le adjunto esas instrucciones de Rosas donde, con excepción de algunas zonceras, encontrará consejos y advertencias muy buenos(5).

(5) Roca parece aludir a unas “Instrucciones para la administración de estancias”, escritas por Juan Manuel de Rosas, en 1819. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Tiene fecha 5 de Enero de 1885, la recibida por Sastre:

... Voy a ver si le integro hasta 10.000 ovejas; así es que debe irse preparando para recibirlas y tratar de ponerse al corriente, como se maneja, en cierta cantidad, esta clase de hacienda.
Unzué le ha regalado a Julio(6), mil ovejas Lincoln y dos manadas de yeguas con padres traquenes, que también se las voy a mandar.
Poco a poco vamos a hacer una gran estancia...”.

(6) Se trata del primogénito de Roca. Julio tenía doce años... // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Pero no todo es en “La Larga” alambrados, ovejas, vacas...:

... Esos que usted cree álamos, que han ido con los pinos, son plátanos, un árbol precioso; es preciso ponerlos a cinco metros, unos de otros y donde haya más humedad...”. “Esa semilla que le he mandado es de tabaco habano de superior calidad. Cualquiera de los gringos que tiene, ha de saber cómo se cultiva, pues en casi toda Europa se produce esta planta”.

Y a “La Larga” llegaron casuarinas, álamos carolinos y frutales. Entre estos últimos, los sarmientos de uvas para comer...

Desde Europa, Roca no descuida a “La Larga’’. Está en París cuando, con fecha 7 de Junio de 1887, le escribe a Sastre:

... Desde que salí de Buenos Aires no he recibido sino una sola carta suya, cuando yo esperaba tener varias en la suposición de que Ud. me escribiera cada quince días.
A la distancia se tienen deseos de conocer mejor y con más detalles sus intereses y todo lo que uno deja. Es también un medio de no aburrirse tanto por estos mundos que no son tan divertidos como se cree por ahí.
La novedad más importante de su carta es que sigue la seca’’.

Dos meses después, desde Suiza:

... Veo que después de estar todo el mundo sufriendo por la seca, al fin ha llovido por casi todas partes...”. “... Es realmente escandaloso lo que pasa en la campaña de Buenos Aires con los ladrones y las autoridades. Si a Ud., que tiene un cargo y jerarquía, lo saquean, qué no será a las pobres gentes...
Escríbale al Jefe de Policía, avisándole todo y le dice que lo hace por indicación mía...”.

Y en la última carta de Roca que, referente a estas cuestiones y de aquella época, se conoce, datada en París el 4 de Noviembre de 1887:

... Veo con gusto que todo va bien por ahí... Me parece muy buena la idea de sembrar -en cada puesto-, un poco de alfalfa. Podría hacerse en cada uno de ellos un pequeño alambrado de cuatro cuadras cuadradas.
Dígame qué tal le salen los carneros y ovejas Lincoln que le mandé de Inglaterra...”.
Con el ingeniero Dormal, que sale muy pronto para ésa, le mandaré el plano de la casa para ‘La Larga’. Será mejor hacer el contrato de construcción en Buenos Aires”.

El Roca político en el poder, el Roca viajero en su curiosidad de recorrer otros mundos, muestra en la correspondencia -parcialmente transcripta, a propósito de “La Larga”-, sus conocimientos “camperos”... No en balde, Roca había andado sobre el caballo largas jornadas y en los cuatro rumbos de muchas latitudes del país...

El 4 de Octubre de 1888, el Senado acepta el diploma de Roca como Senador electo por la Capital y él se incorpora a esa Cámara el 8 de Noviembre. No tardaría en advertir el recelo y la animadversión que su persona inspiraba al núcleo palatino que rodeaba a Juárez Celman y que, sin disimulo, orientaba su acción proselitista en el sentido de imponer, como sucesor del presidente, a Ramón J. Cárcano.

Se trataba de un joven político cordobés que, amigo de Juárez Celman y Secretario del gobernador Gavier, luego ministro de Gobierno en la provincia y electo Diputado Nacional sin tener aún los veinticinco años exigidos por la Constitución, estaba, desde Junio de 1887, desempeñando la Dirección de Correos y Telégrafos de la Nación. Precisamente, calculando servir esa candidatura se encaraban las situaciones provinciales y se redactaban las listas para legisladores nacionales...

Roca comprobaba “de visu” lo que sus informantes oficiosos le habían hecho llegar cuando andaba por Europa... Ya en el país, no faltaron quienes le hicieran dudar a Juárez Celman si Roca no estaba complicado con uno de los bandos que, en Mendoza, disputaban el predominio de esa provincia.

La respuesta de Roca permite ubicar la situación poco cordial que ahora predominaba entre los dos hombres que hacía casi veinte años iniciaran, en las galerías de “La Paz” -la residencia de Jesús María- el más solidario plan para la conquista de una hegemonía política existente en nuestra historia.

Precisamente, desde “La Paz”, en donde veraneaba, Roca le dirá tajante a su cuñado:

Soy completamente ajeno a lo que pasa en Mendoza, como a lo que sucede en el resto de la República, en donde parece que la palabra de orden fuera repudiarme de toda participación, ingerencia o noticia, por insignificante que sea, en los movimientos y marcha política del partido, como si se tratase de un leproso o de un enemigo encarnizado de su Gobierno. Se me huye, como si mí contacto fuese signo de peligro o de desgracia(7).

(7) Este telegrama de Roca tiene fecha 28 de Enero de 1889. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

... Desde que llegué de Europa, noté estos manejos contra mí...”; “... quienes se daban por sus encarnaciones más íntimas, decían a todos aquéllos que los invitaban a recibirme en Montevideo, que a Ud. no le debía gustar semejante cortesía, empezando por su hermano Marcos(8).

(8) Marcos N. Juárez, hermano del presidente, asumió la gobernación de Córdoba en Mayo de 1889. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Todos los que rodean a Ud. constantemente, son los que, por mil medios, reparten la consigna de guerra al inglés y tratan de llevar la persuasión a todos los ánimos de que mi personalidad es un estorbo para la gloria de Ud. y su grandeza y que Ud. tiene firmemente resuelto anularme a todo trance.
Han procedido con tanta habilidad, que todo el mundo cree, a la fecha, que ya no somos nosotros dos los amigos de antes; que somos enemigos presuntos, y eso que yo no he tenido de mi parte sino palabras de aprobación y de elogio -en toda circunstancia- para Ud. y su Gobierno; que por sistema nunca le he querido pedir nada ni influir, en ninguna forma, en sus resoluciones, dispuesto siempre a servirlo en lo que me creyese útil(9).

(9) Roca alude a los doctores Dardo Rocha y Bernardo de Irigoyen que, en 1885, habían figurado como adversarios de Juárez Celman a la presidencia del país. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y después de algunas consideraciones, acerca de los acontecimientos de Mendoza, Roca terminaba: “Perdone estos desahogos al mejor amigo que ha tenido y tiene hasta ahora”.

Aunque las últimas palabras reiteran amistad, no cuesta aceptar que el tono general del telegrama de Roca mostraba que la anterior vinculación con Juárez Celman se había resquebrajado... Y, de ser así, ¿por qué se había llegado a esa situación..? ¿Vio Juárez Celman en Roca la intención de utilizarlo para obtener le retribuyera el apoyo del oficialismo y lograr de este modo una nueva Presidencia..?

La conducta posterior de Roca, que no dejaría nunca la política, le da a esta suposición bastantes fundamentos... ¿Obedeció a ello la decisión de Juárez Celman de apoyar tan prematuramente la candidatura de Cárcano..? Es probable.

Pero sin anticiparnos a lo que luego se produjo, digamos desde ahora que el documento transcripto es excepcional en el temperamento cauteloso de Roca. Y que las circunstancias lo favorecerían pronto: Pellegrini, el vicepresidente, enviado a Europa para representar a la Argentina en los festejos del Centenario de la Revolución Francesa, se marchó en Abril y Roca, elegido Presidente del Senado, pasó a reemplazarlo...

Pronto las disidencias políticas agravarían la crisis que, provocada por factores internacionales, estremecería al país.

La crisis rebasaría a los grupos numéricamente reducidos que, según la tradición, se habían acostumbrado a monopolizar la política...

La protesta ciudadana por el empobrecimiento colectivo trajo a Buenos Aires la novedad de muchedumbres volcadas en las calles... De fuerzas cívicas rebeldes... Y en 1890 el estallido de una insurrección capaz de aludir, para justificarse, a la necesidad de concluir con las oligarquías...

En la defensa de un orden que amenazaba derrumbarse, no sería Juárez Celman ni su núcleo palatino el más capacitado para protegerlo. En la hora en que pareció imperativo conjugar astucia y fuerza, muchos volvieron sus ojos hacia Roca.

En la imaginación popular, Roca apareció muchas veces como preparando los acontecimientos y, a la manera de un mago, se lo suponía conociendo el ritmo y el lugar donde ellos podrían producirse y la manera y el minuto preciso en que podrían conjurarse...

Sus poderes eran, sin embargo, limitados a lo humano... Pero tranquilo, hubo siempre en sus miradas un silencio que le permitía indagar con interrogatorios sin creerse obligado a la reciprocidad...

Las fuerzas populares que constituyeron la sediciosa “Unión Cívica” señalaron, desde el comienzo, una neta superioridad sobre el partido oficialista: el Partido Autonomista Nacional, desviado, sin mucho disimulo, hacia grupos personalistas y utilitarios, además de la división latente en “juaristas” o “carcanistas” y “roquistas”.

Pero la insurrección que preparaba la Unión Cívica había aceptado la colaboración de un grupo de militares y entregado la Jefatura castrense de la misma al general Manuel Campos.

El presidente Juárez Celman encaraba con incertidumbre la conducta a seguir pues, mientras el general Levalle -su ministro de Guerra y Marina- negaba la posibilidad de que hubiera oficiales y jefes comprometidos, el Jefe de Policía, el coronel Alberto Capdevila, reiteraba su información acerca de reuniones de los complotados y concretaba los lugares de ellas y el nombre de muchos de los asistentes...

Cuando el general Levalle se convenció, al fin, de que una sedición estaba en marcha, se ordenó la detención del general Campos... Esto último alteró en parte la realización del movimiento, pero la insurrección estalló, en definitiva, el 26 de Julio de 1890, tras conseguir que se plegaran a ella quienes custodiaban al general Campos...

Los acontecimientos no tomaron de sorpresa a Roca... Preocupado por la evolución política que la movilización ciudadana, antes aludida, pudiera significar, era lógico se preguntara hasta qué punto podría seguir la vieja estructura oficialista si la insurrección llegaba a triunfar... Y en ese posible derrumbamiento, ¿quién podía asegurar que las únicas víctimas fueran el presidente Juárez Celman y sus colaboradores inmediatos..?

Mirando lejos, Roca entrevió el peligro y se preparó para conjurarlo. Aceptó reconciliarse con Juárez Celman y, al menos formalmente, volvió a frecuentarlo... Por ese entonces, un duelo familiar los acercó: la muerte se llevaba a Clara Funes y dejaba viudo a Roca.

El fatal pronóstico se cumplió en la madrugada de ayer, sucumbiendo al mal terrible que la aquejaba”, decía “La Nación” del sábado 3 de Mayo de 1890, al informar del fallecimiento de esta cuñada, a la cual Juárez Celman había querido como a una hermana...

El común dolor de unos días no podría, sin embargo, superar las disidencias. Ya estaban en marcha sentimientos e intereses que destiñen lutos. Roca hizo inventario de sus recursos políticos.

Ocupaba el cargo de Senador, lo cual lo vinculaba al Congreso; conocía los informes del Jefe de Policía, que le era adicto; descontaba el apoyo del vicepresidente Pellegrini, cuya carera política estaba asociada a la de él, tanto que en 1879 lo había reemplazado en el Ministerio de Guerra y Marina, y le debía a Roca haber sido elegido, en 1886, para integrar la fórmula presidencial encabezada por Juárez Celman.

Por último, después del arresto del general Manuel Campos, poco antes del estallido, Roca había estado a ver al Jefe militar del movimiento, en el Cuartel donde el general Campos cumplía su detención.

Ante ciertos sucesos, no cabe más remedio que interpolar suposiciones carentes de la documentación respectiva para completar la clave que puede descifrarlos. Ello no es improcedente si se conoce quién teje la trama y se advierte cómo marcharon luego por ella los sucesos.

Digamos, pues, que Roca no desalentó la sedición que se preparaba, pero la reguló de manera que no rebasara el grupo político y social que él representaba. Un poco de insurrección era la fórmula ideal. Una verdadera revolución, demasiado popular, debía reputarse peligrosa. Como un cirujano experimentado, el general Roca delimitó la incisión que, en el trance de amputar, debía hacer el bisturí...

Cuando la revuelta estalló, algunas actitudes del grupo del Gobierno y otras suscitadas por la Jefatura militar del movimiento iban en efecto a resultar demasiado sugestivas... Así, por ejemplo, mientras en el Retiro -en la mañana del 26- el Gobierno delibera, “Pellegrini le plantea a Cárcano la conveniencia de que el presidente Juárez Celman se aleje de la Capital...”.

Convocado el Gabinete a las 8 de la mañana, el ministro del Interior plantea esa inquietud. Juárez Celman, en un comienzo, se niega terminantemente. Debe ceder ante la unanimidad de criterio de sus colaboradores. Se aleja, finalmente, en tren, “haciéndose cargo el vicepresidente Pellegrini de la situación(10).

(10) Roberto Etchepareborda: “Tres Revoluniones”. Ed. Pleamar, Buenos Aires, 1968. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Aunque horas después, Juárez Celman, como tomando conciencia de lo desairada de la resolución que significaba alejarse, regresaba a Buenos Aires, era inocultable que el presidente de la República no había actuado con la jerarquía de su cargo en el riesgoso lugar de los sucesos y entregado a otros, dirigir la represión.

Esta represión se vio increíblemente facilitada por una más que sospechosa pasividad militar de la insurrección... Encerrada en el Parque de Artillería, renunciando a aprovechar las horas que el factor sorpresa pudieron depararle y el evidente apoyo que los numerosos cantones de civiles armados instalados le significaban, terminaría alegando la falta de proyectiles para justificar la conveniencia de iniciar negociaciones...

En oportunidad de que dos dirigentes civiles de la revuelta le instaban al general Campos a que cumpliera el plan acordado y realizara las consiguientes operaciones expansivas, les habría contestado: “Ustedes son abogados y no les gustaría que un cliente les indicara el modo de dirigir un pleito; yo tengo la responsabilidad de este pleito, déjenme proceder...(11).

(11) Lisandro de la Torre, “Cartas intimas”. Ed. Futuro, Buenos Aires. 1951. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Hoy puede afirmarse que hacía rato el “pleito” estaba “fallado” en contra del triunfo de la insurrección, “entregado”, precisamente por este General que homologaba de abogado...

En efecto, “creo que en la entrevista de Roca con el general Campos, en el Cuartel del 10mo. de infantería, se pusieron de acuerdo en lanzar la revolución y paralizar en el Parque su desenvolvimiento, hasta que Roca presentara la proposición, consistente en eliminar al presidente Juárez Celman y elegir presidente a Mitre”, escribiría, años después, Lisandro de la Torre(12).

(12) Lisandro de la Torre, en notas a un libro de José María Mendel, según señala Roberto Etchepareborda. Roberto Etchepareborda: “Tres Revoluniones”. Ed. Pleamar, Buenos Aires, 1968. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La revuelta apareció vencida por las fuerzas gubernistas que, en mayor número y más disciplinadas, actuaron bajo las órdenes de Pellegrini y de Levalle, mientras Roca, instalado en la Casa de Gobierno, sugería, dando órdenes y atendiendo las visitas, que era él quien estaba en el timón...

Concluida la lucha armada, el Congreso -convocado por Juárez Celman- se reunió para tratar el proyecto de declarar el estado de sitio. Un discurso del senador Dídimo Pizarro, que concretó en una frase “acuñada” por dicho parlamentario: “La revolución está vencida, pero el Gobierno está muerto”, obligó a pensar en el futuro del elenco oficial...

Si se había vivido bajo el “unicato”, es decir entregando al presidente de la República sus atribuciones de tal y sumándole las que suponían la jefatura del partido oficialista, la mejor solución pareció cargar al presidente de la República con las culpas de la situación económica y social que airadamente buscaron, en la Revolución del Parque, expresar su descontento...

Y cuando los miembros del Congreso se enteraron de la real situación financiera del Gobierno, que carecía de recursos para afrontar el pago de la inmediata cuota correspondiente al servicio de la deuda externa, no encontraron nada mejor que pedirle a Juárez Celman su renuncia, “por ser ése el único camino constitucional para salvar al país del peligro que lo amenaza”. De que ése era el único para salvarse ellos, los parlamentarios, prudentemente, no dijeron nada...

En una reunión conjunta de las dos Cámaras sesionando en Asamblea Legislativa, el 6 de Agosto de 1890, la renuncia de Juárez Celman fue aceptada por 61 votos contra 22, que votaron su rechazo. La Asamblea estuvo presidida por Roca, en su carácter de vicepresidente del Senado...

En reemplazo de Juárez Celman, Pellegrini ocuparía la Primera Magistratura y, el Congreso, que había sido “juarista”, seguiría funcionando... Las elecciones se eludían y el pueblo debia encontrar, en el alejamiento de Juárez Celman, suficientes motivos de alegría... Y en esa alegría, la ingenua creencia de que la crisis económica y financiera quedaba superada...

Indignado por la actitud de Roca, en carta al ingeniero Agustín González, que en Londres vigilaba la educación de los hijos de Juárez Celman, el presidente caído le expresaba:

... Me he mantenido cuatro años soportando y aún responsabilizándome de pecados ajenos, y cuando había vencido el motín militar más formidable que haya presenciado esta Capital, haciendo respetar el principio de autoridad y perdonando a los autores de tamaño crimen, me he sentido sin fuerzas para luchar con las intrigas de palacio, cuyo protagonista era el hombre a quien había profesado una vieja y leal amistad y con quien me ligaban otros vínculos que no ha sabido respetar...”. “... Ni yo ni mi familia mantenemos relaciones de ningún género con Roca...”.

Una carta del principal beneficiario de los acontecimientos, el general Roca, ayuda a explicar la inadmisible actitud del Comando Militar revolucionario. En carta a Enrique García Merou, escribe Roca:

Los acontecimientos que han tenido lugar aquí y que han dado por tierra con el doctor Juárez, se desencadenaron más pronto de lo que yo esperaba...”. “... Ha sido una providencia y una fortuna grande para la República, que no haya triunfado la revolución ni quedado victorioso Juárez”.

Agregaba haber vislumbrado, desde el primer momento, esa posible solución y haber trabajado para obtenerla. “El éxito más completo coronó mis esfuerzos y todo el país aplaudió el resultado, aunque no todo el mundo haya reconocido y visto al autor principal de la obra(13).

(13) Roberto Etchepareborda: “Tres Revoluniones”. Ed. Pleamar, Buenos Aires, 1968. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El 8 de Agosto de 1890, el presidente Pellegrini designaba a Roca, ministro del Interior... Al día siguiente, el Senado aceptaba su renuncia a la banca que en esa Cámara ocupaba...

En el cargo esencialmente político del Gabinete, Roca representaba la estabilidad del nuevo presidente. Mientras Pellegrini intentaba remediar la economía y las finanzas, Roca montaba la guardia contra las sacudidas institucionales, los rescoldos de motines en los cuarteles y aún le quedaba tiempo para hilar la trama de la futura presidencia...

La voz pública lo suponía con aspiraciones, a la que muy pronto debía suceder a Pellegrini... Es muy probable que creyera conveniente no precipitarse y aceptar, como una etapa inevitable, el dejar a otro la Primera Magistratura preparando, mientras tanto, en las provincias, situaciones que le respondieran...

En Febrero de 1891, mientras viajaba en coche por la ciudad, Roca fue objeto de un atentado: un menor le disparó un tiro que, después de perforar la capota del vehículo, sólo provocó en Roca una ligera contusión en la espalda... Tan insignificante la contusión, que Roca, sin perder la serenidad, se apeó, individualizó al atacante, el cual fue detenido por la Policía y siguió a pie hasta su casa...

Aunque el atentado careció de consecuencias, se lo interpretó como síntoma del clima convulso del país y el Gobierno decretó el estado de sitio. El Gabinete, convocado por Pellegrini para tratar la cuestión, escuchó luego a Roca, quien opinó que no había insurrección alguna en marcha y que lo mejor era que él abandonara el Ministerio, y “volviera a la disciplina del cuartel”. Pellegrini no le aceptó la dimisión, pero Roca la reiteró un tiempo después y le fue acordada el 1 de Mayo de 1891.

Era ya Roca un hombre definidamente político... y mal podría volver a encuadrar sus horas en el casillero de la milicia profesional... Aprecia con justeza la importancia popular que ha adquirido la Unión Cívica, es decir la fuerza que mejor expresa las esperanzas de una renovación en las prácticas y, calculando las ventajas del apoyo de Mitre, ha enviado a éste, que se halla en Europa, un emisario...

En Enero de 1891, una Convención Nacional de la Unión Cívica consagraba las candidaturas de Bartolomé Mitre y de Bernardo de Irigoyen para las próximas elecciones, “... queriendo así dar al país una prueba de buen gobierno y llevar al poder dos personalidades conspicuas, que representaban en nuestros anales las dos grandes tendencias de los partidos históricos: el Nacional y el Autonomista(14).

(14) Declaraciones de Leandro N. Alem, en: Roberto Etchepareborda: “Tres Revoluniones”. Ed. Pleamar, Buenos Aires, 1968. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Pero como la Unión Cívica no había renunciado a un enjuiciamiento severo del oficialismo y éste persistía en utilizar las fuerzas militares o los créditos bancarios para someter las situaciones provinciales, mal puede extrañar que el estado de sitio instaurado cuando el atentado contra Roca sirviera para clausurar el periódico “El Argentino”, vocero de la Unión Cívica.

Todavía estaba Roca en el Ministerio del Interior, el 18 de Marzo de 1891, día en que Mitre llega a Buenos Aires, de regreso de Europa. Una multitud entusiasta lo aclama presidente. Al día siguiente de su llegada, se entrevista con Pellegrini y el 20 de Marzo mantiene con Roca una larga conferencia.

En la misma se concierta el “acuerdo patriótico”, con el que ambos dirigentes creen reemplazar la expresión ciudadana en los comicios. Roca comunica a sus partidarios los gobernadores: “... Hemos convenido en la necesidad de suprimir la lucha electoral...; espero que Ud. y todos los amigos de esa provincia me acompañen y me ayuden a realizarlo(15).

(15) El telegrama de Roca, ministro del Interior, dirigido a los gobernadores, tiene fecha 21 de Marzo de 1891. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Este “acuerdo” desencadenaría una grave crisis dentro de la Unión Cívica. Para esta agrupación, el “acuerdo” suponía pactar con todas las repudiadas características del oficialismo y, consiguientemente, renegar de los ideales principistas del Movimiento revolucionario del Parque, producido en Julio del año anterior...

Leandro N. Alem y el doctor Bernardo de Irigoyen, entrevistaron a Mitre, tratando de evitar un pronunciamiento del anciano General... Alem, que se había convertido en la figura de mayor gravitación dentro de la tendencia opuesta al “acuerdo”, redactará un manifiesto: “... No aceptaremos compromisos de ningún género, que importe la continuación del régimen funesto...”.

Pero esta posición de Alem no era totalmente compartida por la Unión Cívica. Una fracción, sensible a la influencia de Roca, aceptaba el “acuerdo”, eliminando de la fórmula a Bernardo de Irigoyen y designando en su reemplazo al doctor José Evaristo Uriburu...

Movimientos rebeldes acaecidos en Córdoba el 20 de Mayo y en Catamarca el 23 de Junio, epilogados en una represión que podía valorarse en la lista de muertos, heridos y presos, medían la violencia dentro de la cual se encuadraba la solución del “acuerdo”. En Octubre, Mitre renunciaba a la candidatura, expresando que la había aceptado creyendo ella sería una solución nacional.

Eliminado Mitre, Roca creyó conveniente a su vez retirarse:

La inesperada resolución del general Mitre, renunciando de un modo indeclinable y definitivo a su candidatura, me ha trabado una nueva línea de conducta que he comenzado a hacer práctica, eliminándome de la escena política, donde me considero sin rol alguno.
He creído hacer, con este acto, un bien a mi partido y a mis amigos, dejando a la vez el campo libre a las aspiraciones que me han considerado un obstáculo durante tanto tiempo y librando las fórmulas y decisiones patrióticas a otros hombres, de quienes mucho puede esperarse porque entran de refresco en la vida política, sin el cansancio y aniquilamiento que ella ocasiona...(16).

(16) Carta al gobernador de Tucumán, doctor Próspero García, del 20 de Octubre de 1891. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

¿Roca cansado y aniquilado por la vida política..? Mitre lo creyó y lo felicitó por su retiro de la presidencia de la Junta del Partido Autonomista Nacional...

¿Roca dispuesto a que otros hombres entraran de “refresco”..? No tardaría la hora en que Roca desmintiera a Roca... Bastó que, ante el fracaso de la política del “acuerdo”, el gobernador de la provincia de Buenos Aires levantara la candidatura presidencial de Roque Saenz Peña y ésta mereciera la adhesión de grupos juveniles, de opinión independiente, y el apoyo de algunas “situaciones de provincia(17); bastó que la candidatura de Roque Saenz Peña en una fórmula que integraba el ex senador Dídimo Pizarro fuera exitosamente proclamada en Morón(18), para que a Roca se le desaparecieran los “cansancios y aniquilamientos” y fuera él mismo quien volviera de “refresco”... a la política...

(17) Además de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba y Santiago del Estero.
(18) El 15 de Febrero de 1891. // Todo citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

De acuerdo con Pellegrini y Mitre, Roca acordó proceder sin tardanza a lanzar la candidatura del doctor Luis Saenz Peña, padre de Roque Saenz Peña; éste retiró entonces la suya ante “la única que no podía combatir...(19).

(19) La carta de Roque Saenz Peña a su padre, renunciando a la candidatura, es del 19 de Febrero de 1892. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El padre y no el hijo, llegaría a la Presidencia en base al apoyo del “oficialismo” en elecciones verificadas el 10 de Abril de 1892... sin acallar, ocho días antes, la voz de la oposición, acusando a la Unión Cívica de planear una conspiración y encarcelar y deportar a muchos de sus dirigentes, sin exceptuar a quienes ostentaban situación de legisladores...

El triunfo en las elecciones del 10 de Abril de 1892 consagraba presidente al doctor Luis Saenz Peña, con más experiencia en la magistratura que en la política... Tenía, por otra parte, setenta años cumplidos... Y el vicepresidente, elegido con él, candidato sin disimulo del “roquismo”, el doctor José Evaristo Uriburu, tenía ya sesenta.

¿Podía extrañar que Roca, más que Mitre y Pellegrini, siguiera siendo, en escala personal, el “hombre fuerte” de la vida pública argentina? Sin sorpresas, el país asistió a su elección de Senador por Tucumán y, a su designación, en Mayo de 1892, de Presidente Provisional, de la Alta Cámara...

En tal carácter, presidió la Asamblea. Reunidos los Diputados y los Senadores, escucharon el último Mensaje presidencial de Pellegrini(20) y el 12 de Agosto, la Asamblea escrutadora que proclamó presidente y vicepresidente, para un nuevo período, a Luis Saenz Peña y José Evaristo Uriburu...

(20) El 24 de Mayo de 1892. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Por diversas causas, que no es éste el momento de recordar, el presidente Luis Saenz Peña resultaría pronto expresión de un temperamento vacilante en la adopción de una política definida...

Cuando en una de esas indefiniciones o, mejor aún, en una de esas contradictorias y efímeras actitudes, Luis Saenz Peña pareció apoyar una política que “revolucionaba” -desde el poder- h mbres y sistemas respecto de las situaciones tradicionales y alteraba el “orden”, Roca, en desacuerdo con ese punto de vista, renunció a su banca de Senador. Era el 19 de Agosto de 1893.

Pero, pocas semanas después, movimientos insurreccionales estallados en varias provincias, que el Gobierno de Sáenz Peña decidía sofocar, volvieron a actualizar a Roca. Sin participar directamente del Gobierno, Roca fue designado Comandante en Jefe de las fuerzas nacionales encargadas de la represión. En tal carácter, se apoderó, sin combatir, de Rosario, la ciudad donde más apoyo y decisión había demostrado la rebelión dirigida por Alem (Octubre 2 de 1893).

Cuando en compañía de Manuel Quintana, ministro del Interior y verdadero ejecutor “político” de la represión y, a instancias de él, Roca fue a saludar al presidente Saenz Peña, éste lo acogió con los brazos abiertos y diciéndole: “Ha salvado usted la República...”.

Con evidente frialdad, Roca le habría contestado: “Me he limitado a cumplir con mi deber”. Y es que desagradado con el “zigzagueo” que Saenz Peña había impreso a su Gobierno, Roca se creía -ya para entonces- relevado de cualquier solidaridad política con el presidente... La inoperancia de éste agrandaba, por contraste lógico, la importancia de Manuel Quintana... Tanto se agrandaba Quintana, que pronto pareció presidenciable...

Entonces se repetirían aquellos tejes y manejes de Roca, cuando la Revolución del Parque contra Juárez... La oposición del Congreso, en donde una gran mayoría respondía a Roca y Pellegrini, se cruzó en el camino de Quintana y éste debió renunciar (Noviembre de 1894). Al renunciar Quintana, el presidente Saenz Peña recurrió al apoyo de Roca y Pellegrini. Pero ambos de acuerdo, eludieron otorgárselo y Saenz Peña se vio obligado a renunciar.

Para sucederle, asumía la Primera Magistratura José Evaristo Uriburu (22 de Enero de 1895). Ya Roca se había incorporado al Senado como representante de su Tucumán natal. Cuando Uriburu leyó -en Mayo- su Mensaje, Roca, designado Presidente Provisional de esa Cámara, presidía la Asamblea Legislativa.

Y el acceso del vicepresidente Uriburu a la Presidencia, daba importancia concreta a la designación de Presidente del Senado, pues éste era el llamado a reemplazar en determinados casos y temporariamente al Presidente de la República... Cabe pensar que esto podía servirle a Roca de entrenamiento, para no perder la mano... Y el Destino lo ayudó...

En Octubre de 1895, una enfermedad ocular del presidente Uriburu, le obligó a delegar el mando en Roca, por un período de cien días... Durante ese lapso, Roca volvió a la Casa Rosada... El no tenía afección alguna en la vista que le impidiera mirar bien cómo debía prepararse para retornar por más tiempo y no como interino...

La muerte facilitaría avances a la ambición de Roca respecto de lograr una nueva Presidencia... A comienzos de 1896, víctima de un derrame cerebral, fallecía Aristóbulo del Valle; en Julio del mismo año, se suicidaba Alem... En el horizonte así aclarado, pues la política seguía girando alrededor de personas y no de doctrinas, sólo restaba una nube: Pellegrini... ¿Acaso el “gringo” no estaría deseando lo mismo..?

Después de su actuación en la Primera Magistratura al suceder a Juárez Celman; después de su resuelta competividad opositora en la insurrección del 93; después de su participación -desde Mayo del 95- en el Senado, nadie podía negarle a Pellegrini merecimientos que fundamentaran esa posible aspiración...

Y lo peor para Roca era que hacia Pellegrini parecían mirar los hombres jóvenes... Uno de ellos había dicho en un mitin:

La Nación ha crecido y un pueblo grande, floreciente y culto no puede consentir en que lo gobierne todavía ese círculo oligárquico que, por espacio de veinte años, le ha arrebatado, sin derecho, el ejercicio de sus libertades públicas...”; “... ya no puede ser que un hombre designe a su capricho los gobernadores de las provincias y a los representantes que corresponden al pueblo en el Congreso...”; “... ya no puede ser que, en adelante, como en los últimos veinte años que han pasado, los Gobiernos se levanten o se tumben por la voluntad de un hombre, como si fuera el depositario de la soberanía nacional...(21).

(21) Estas expresiones corresponden a Carlos Rodríguez Larreta y fueron pronunciadas en un mitin efectuado el 15 de Agosto de 1897. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

A los pocos días de escucharse estas expresiones de indudable repudio para Roca, desde el escenario del Odeón y dirigiéndose precisamente a los jóvenes, pronunció Pellegrini una famosa conferencia señalando las razones que hacían necesaria la candidatura de Roca a una segunda presidencia.

Recordó, “la experiencia en la vida pública y los servicios innegables de Roca”, en especial los que derivaron de la conquista del desierto, “cuando cinco provincias argentinas, de Buenos Aires a Mendoza, eran víctimas continuas de las depredaciones de los salvajes...(22).

(22) La conferencia de Pellegrini, efectuada en el Odeón, lo fue el 25 de Agosto de 1897. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La definitoria conferencia de Pellegrini, auspiciando la candidatura de Roca, no dejó de provocar desagrado y protestas entre los amigos y partidarios de Pellegrini, que censuraron este renunciamiento del “gringo” a postularse para el cargo... Privadamente, Pellegrini fue muy explícito: Roca debe ser presidente; sólo él evitará la guerra con Chile, y ésa es la cuestión más importante.

Eran, en efecto, las nubes de tormenta acumuladas sobre la cordillera en la grave disputa de límites con Chile, las que en definitiva le posibilitaron a Roca su segunda presidencia... Esta se formalizó en elecciones verificadas en Marzo de 1898, con ausencia de toda oposición y escrutinios oficializados por ambas Cámaras del Congreso reunidas en Asamblea bajo la presidencia del Senador, general Mitre. La fórmula -encabezada por Roca- se integró con Norberto Quirno Costa como Vicepresidente.

El Roca que en 1898 asumía por segunda vez el Poder Ejecutivo no era el mismo que del 80 al 86 ya ocupara el cargo... Los doce años transcurridos, habían cambiado al país y, claro está, otras muy distintas resultaban las razones y las circunstancias de la vuelta de Roca al poder.

En 1880, cuando la primera presidencia, sus juveniles treinta y siete años traían constancias documentadas de una excepcional foja de servicios: el coraje y la eficiencia en las batallas de Cepeda, de Pavón y en la guerra del Paraguay; el exitoso pelear con las montoneras de “el Chacho” y las de López Jordán, imponiendo orden en el Interior del país: luego, esa Conquista del Desierto que, planeada y dirigida por él, entregó a la Nación 400.000 kilómetros cuadrados...

Por último, su elección para presidente en 1880, pesó decisivamente para resolver el viejo problema de la federalización de Buenos Aires. Roca había sido una espada al servicio de una voluntad paciente y constructiva: con ese haber fue ungido en el 80...

Ahora, en 1898 no existían montoneras que combatir, ni indios a los cuales eliminar del mapa... En 1898, el coraje ante las balas ha bajado su valor en plaza... Se cotizan en cambio, y bien en alza, los campos y el ganado... Y apoyándose en ese sustráctum económico, se ha multipilicado lo suntuario... Roca, que tanto ha contribuido a esa transformación, no sería impermeable a lo que esa nueva tabla de valores termina provocando...

De ahí que, esta vez, llegaba después de haber librado esos combates que hacen de la astucia sin grandeza la escalera de mano que se arrima, “ventajeramente”, al muro que permita trepar... Por eso, en 1898, no llegaba el “general Roca”, sino “Roca, el Zorro”...

Información adicional