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ANGEL SOTO, GOBERNADOR

El 2 de Abril de 1882, la Legislatura aceptó la renuncia de Antonio B. Gallino y, por ausencia del vicegobernador, ocupa interinamente el Poder Ejecutivo el Presidente de la Legislatura, Pelegrín S. Lotero, hasta el 10 de Abril, en que entregó el mando al vicegobernador Angel Soto (1882 - 1883).

Por la cadena constitucional de mando y poder, Soto se constituirá en el 28vo. gobernador constitucional propietario de la provincia, completando el mandato iniciado por Gallino el 25 de Diciembre de 1880; al ser el período trienal, ejercerá la Primera Magistratura hasta el 25 de Diciembre de 1883.

Sus ministros fueron: de Gobierno: Manuel Derqui; y Hacienda: Francisco Araujo. Como Inspector General de Armas: José Toledo. El general Julio Argentino Roca será el presidente de la Nación durante todo su mandato, función que delegará en varias oportunidades.

Así, el gobernador Soto delegó del 27 de Mayo de 1882 al 15 de Junio de ese año y en Marzo de 1883 al 6 de Abril, ejerció el P. E. el presidente de la Legislatura, el ya citado Pelegrín S. Lotero; y, por delegación de éste, el 4 de Junio de 1883 hasta el día 6, y del 15 de Junio al 2 de Julio, lo desempeñó el vicepresidente primero, Augusto Díaz Colodrero.

Soto gobernó con el apoyo del partido autonomista, más allá de una escisión producida en su contra por parte de aquéllos que respondían al ex gobernador Gallino, pero pudo terminar el mandato, convocando a elecciones y entregando el poder a quien había sido su ministro, el doctor Manuel Derqui, en Diciembre de 1883.

- La Administración Soto

Soto inauguró su Gobierno designando ministros -en los Departamentos de Gobierno y Hacienda- al doctor Manuel Derqui y a Francisco Araujo, respectivamente, y nombrando para la Inspección General de Armas al coronel José Toledo. El enérgico militar que, además de jefe era como el caudillo de su tropa, fue en realidad la columna más fuerte del Gobierno, en un medio en que la pasión y la falta de disciplina en las costumbres ponía en peligro el principio de orden.

Pero si fue columna, la sensación de su importancia lo llevó al exceso, y la sede de sus fuerzas, los Cuarteles en La Batería, en el radio de la capital, fueron -se dijo- escenario de acontecimientos que el comentario popular se encargó de magnificar: castigos y vejámenes habrían constituido los medios habituales de disciplina en la tropa, donde eran numerosos los destinados, y a ellos se llevaron los contraventores y, a veces, hasta a los ciudadanos desafectos al régimen oficial.

Por lo menos, Toledo tuvo la virtud de imponer el orden a la masa popular, sin hábitos de trabajo, lista a las demasías en las reuniones y las fiestas, y la utilizó para proveer de materiales de construcción a las obras públicas, especialmente de ladrillos, para el Palacio de Gobierno”, señala el historiador Hernán Félix Gómez.

La Administración de Soto, dentro de la situación precaria de las finanzas, hizo alguna obra pública: refaccionó el Juzgado de Paz de Itatí y los de San Miguel, Lavalle y Concepción; la Jefatura Política de Goya, cuyo edificio servía de cárcel para los procesados ante el Juzgado del Crimen de ese punto; la cárcel de la capital; y el edificio de los Tribunales.

Su obra institucional fue de valer: en lo judicial, se mejoró el trámite de los expedientes, con la vigencia -desde el 1 de Febrero- de un nuevo Código de Procedimientos en lo Civil; se encargó la redacción de uno para lo Criminal, proyectándose el aumento de las circunscripciones judiciales.

En el régimen municipal, estimuló la ampliación de las facultades de las Comunas, restableciendo algunas suprimidas, como la de Lavalle. Se creó una Comisión de Inmigración y Colonización, encargada de estimular la agricultura y la industria, nombrándose a dirigentes capaces como Antonio Cabral, los doctores José L. Somoza y Félix M. Gómez, a los que hay que sumar Alfredo Laffont, Nicanor G. de Cossio y Rodolfo Alurralde, y fue su mente que esta labor de colonización se hiciera en los campos y en los ejidos de los pueblos, con la colaboración de las Comunas.

La Policía, encargada del orden y del respeto de la propiedad, hizo obra meritoria; la guerra civil había sembrado la licencia y la cuatrería dañaba a los ganaderos; dos Jefaturas policiales, una en el Norte y otra en el Sur de la provincia, con agentes rurales, pusieron freno a los excesos.

En cuanto al régimen fiscal, Soto propuso que, si las leyes impositivas debían ser anuales, era conveniente reducirlas a la determinación del monto de la imposición, reservando el procedimiento de cobro y los preceptos reglamentarios a leyes más permanentes que crearan hábitos en el pueblo.

Con la renta escasa, no sólo sirvió el Presupuesto, sino que amortizó en buena parte el crédito contratado por los Gobiernos de 1878 a 1880 en el Banco Nacional, en condiciones de pago ventajosas. También creó escuelas, sobre todo en zonas rurales, y puso a todas bajo la gestión de un Inspector General competente.

- El general Julio A. Roca se traslada a la Ciudad de Corrientes

El presidente de la Legislatura, Pelegrín S. Lotero, asume interinamente el Poder Ejecutivo de la provincia hasta que el vicegobernador, Angel Soto, toma posesión del cargo de gobernador. La noticia de la renuncia del gobernador constitucional no sorprende a los correntinos y no sucedieron reacciones violentas ante el hecho consumado.

La prensa oficial fue callada un día antes del secuestro y los periódicos “El Autonomista” y “La Verdad” anunciaban con cierto beneplácito la renuncia del doctor Gallino. En “La Verdad” del día 6 de Abril, los correntínos leían:

... Reina la más completa tranquilidad; el orden, la paz, no han sido alterados, se ha operado una evolución política que dará por resultado la unión del gran Partido Nacional Autonomista que reconoce como a su jefe único al brigadier general Dn. Julio A. Roca.
Los errores y desaciertos del señor Gallino lo han colocado en la imprescindible necesidad de renunciar; empezó por divorciarse del partido y siguieron las consecuencias inevitables que él describe en su renuncia y que no es sino un corolario en separarse del puesto de gobernador...”.

El texto de la renuncia no hacía más que reflejar con crudeza la difícil situación por la que pasaban el ex gobernador y la provincia:

Las serias dificultades de que se halla rodeada la Administración, el estado en que se encuentra la provincia, me convencen de la imposibilidad en que me encuentro de llenar el programa en que tracé la marcha que me proponía seguir.
Sin elementos para dominar esas dificultades, y no encontrando medio de mejorar esa situación, sin recursos para sostener con regularidad la Administración, el malestar político y económico que se hace cada día más sensible me colocan en el caso de elevar -como lo hago por la presente- mi renuncia indeclinable del puesto de gobernador de la provincia...”.

Sin embargo, desde Buenos Aires llegaban noticias de los periódicos porteños que publicaban que “en Corrientes está a torrentes chorreando sangre y que el gobernador Gallino fue asesinado”.

El general Roca, a pesar de estar perfectamente informado de la real situación en Corrientes, ya que su servicio de inteligencia saturaba las líneas del Telégrafo Nacional, para mayor tranquilidad de la Nación toda, toma la decisión de viajar a la conflictiva provincia y, acompañado por su ministro de Justicia e Instrucción Pública, doctor Eduardo Wilde, y una corta comitiva compuesta en su mayoría por oficiales de alta graduación, se embarca en la cañonera “Maipú” y en tres días llega a Corrientes, convirtiéndose en el segundo presidente constitucional de la Nación unificada que la visita, ya que el primero fue el general Bartolomé Mitre, en 1865, durante la Guerra con el Paraguay(1).

(1) El general Justo José de Urquiza visitó Corrientes en 1859, en momentos en que ejercía la titularidad del P. E. de la Confederación Argentina. Gobernaba en Corrientes el doctor Juan Gregorio Pujol.

Para demostrar que la más completa paz reinaba en Corrientes, el ahora órgano oficialista “La Verdad” publica -en su tirada del 18 de Abril- que en la noche del 14 de Abril el presidente de los argentinos fue agasajado en el Club Social y que en determinado momento “se encontraba en la Sala jugando carambolas con el ex gobernador Gallino”.

Finalmente, cuando el general Roca se aseguró de que la casa estaba en orden, se volvió a embarcar con su comitiva, esta vez rumbo a la Ciudad de Formosa.

Después de la ilustre visita comenzó a correr en los círculos políticos la versión de que el candidato a gobernador de Corrientes en las próximas elecciones sería el coronel Rudecindo Roca, apoyado por elementos civiles y militares que habían acompañado a la anterior Intervención Federal y por los “gallinistas” desplazados.

Es difícil determinar si esta jugada del “Zorro” Roca estaba dirigida a presionar sobre el “derquismo” la cesión de la Villa de Posadas, como moneda de cambio por la candidatura del doctor Derqui; o realmente existía un interés en que el coronel Roca gobernara Corrientes y dejar al Territorio de Misiones a un militar subordinado y de esta manera tener el control de las dos jurisdicciones.

Pero como se sucedieron los acontecimientos posteriores, un nuevo arreglo de cúpulas aseguró la cesión de la Villa de Posadas a Misiones y en contrapartida la candidatura del doctor Derqui como futuro gobernador de la provincia.

- Nueva escisión en el oficialismo

En 1883 se produjo una división en el partido oficialista. Los que se separaron, se unieron con los federales, que habían ido al llano cuando la renuncia del gobernador Gallino (Abril de 1882), y abrieron una campaña activa de oposición al gobernador Soto, como a la candidatura a gobernador del doctor Manuel Derqui, su ministro.

Los apoyaba Rudecindo Roca, gobernador del Territorio Nacional de Misiones y hermano del presidente de la República. Frente a la candidatura Derqui, levantaron la de Roca, fundando para la propaganda dos periódicos, “El Independiente” y “La Opinión”.

El poco valimento político de los hombres locales inclinados a esa solución, como instrucciones del Primer Magistrado de la Nación, a quien interesaba un acuerdo entre su hermano, Rudecindo Roca, y el doctor Derqui, de preponderancia incontrovertible en la hora política, llevaron a éstos a un entendimiento.

Huérfanos de apoyo, los opositores de “El Independiente” y “La Opinión” cesaron su propaganda, que había llegado a la injuria, especialmente la de los primeros, cuya imprenta fue arrojada al río Paraná por una pueblada, a la que se aseguró no ser extraño el jefe de las fuerzas, José Toledo.

El profesor Eduardo Rial Seijó relata que el director del periódico “La Cotorra” (1880/1884) era Mariano Llano, quien gravaba sus picantes ilustraciones sobre madera, al mejor estilo de las imprentas jesuíticas. “Autonomista cuando gobernaban los liberales y liberal cuando lo hacían los autonomistas”, la imprenta funcionaba en Plácido Martínez y Buenos Aires, “hasta que el coronel Toledo, ‘el Bravo’, la desbarrancó por la Punta San Sebastián al lecho del río por orden del doctor Derqui”.

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