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Biografía de Miguel Juárez Celman antes de ser Presidente

- “Converse menos y piense más”, habría aconsejado a Juárez, siendo estudiante, su profesor de filosofía...
- “Es que solamente conversando me voy conociendo y pongo en claro mis ideas”, respondió el muchacho...

Cuando llegó a la presidencia, le sobraron -claro está- interlocutores complacientes en escucharlo... Pero en verdad ellos no le ayudaron a Juárez Celman a clarificar sus decisiones de gobernante.

Y es posible que buena parte de su fracaso en la Primera Magistratura se debiera a no haber recordado esa advertencia de aquel profesor de la Universidad cordobesa...

Tempranamente huérfano de padre, Miguel fue con su madre y los hermanos a vivir con don José Celman, el abuelo materno que, gallego de origen, pero adherido a la revolución de Mayo de 1810 era, en Río Cuarto, fuerte propietario de tierras y ganados. Don José Celman poseía además los mejores caballos de raza de la provincia.

Y Miguel, el nieto favorito, no desdeñaría comprobarlo cuando, jinete en ellos, gozó del alborozo de las carreras cuadreras...

En la Córdoba natal se incorporó al Colegio de Monserrat, cuyos muros no llegaban a impedir las resonancias que las luchas de la organización nacional despertaban en la juventud. Tenía Juárez Celman quince años cuando vio llegar apresuradamente a la ciudad al doctor Santiago Derqui, que buscaba allí los elementos que pudieran proporcionar a la Confederación el desquite de la derrota sufrida en 1861 cuando la batalla de Pavón...

Dos años después, es Angel Vicente Peñaloza, el “Chacho” quien, al mando de cuatrocientos montoneros, ocupaba Córdoba y recibía de la ciudad embanderada en su honor, el homenaje de las campanas y el nombramiento de Capitán General... En 1867, serán los montoneros del “puntano” Juan Saa, los dueños trashumantes de la mediterránea población...

Pero el estrépito de los bélicos sucesos y de sus consiguientes altibajos no parecían influir en la Córdoba de siempre y la tradición seguía imponiendo sus costumbres.

Juan del Campillo, ilustre congresal de 1853, al regresar de Roma, en 1864, donde había sido ministro argentino ante la Santa Sede, trajo una hermosa obra de arte que representaba un gladiador olímpico desnudo. Desencajonado el mármol ante un grupo de damas y caballeros, aquéllas se horrorizaron en su presencia y, un sacerdote, allí testigo, maldijo el mármol sin aguardar las explicaciones de su dueño.
Fue necesario privar de sus fundamentales atributos y vestirle con la convencional hoja de parra de nuestras primeras vergüenzas. La estatua quedó olvidada en un corredor del Colegio Monserrat(1).

(1) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

No sólo los montoneros perturbaban la paz de Córdoba. La provincia conoció también estallidos violentos, algo así como “revoluciones de bolsillo”, a las cuales recurrían con frecuencia los grupos de familias tradicionales, haciendo de ellas un procedimiento común en la renovación de los gobernantes...

La Guerra del Paraguay, impopular en Córdoba del mismo modo que en casi todo el país, al desguarnecer los fortines que en el sur custodiaban las fronteras interiores, posibilitó la calamidad de los malones. Estos asaltaban a Río Cuarto, Villa María, etc.; detenían las mensajerías y las galeras y proveían a los indios de ganado y de cautivos...

Miguel Juárez Celman estaba ya en la Universidad, próximo a terminar su carrera de abogado, cuando estalló en Córdoba -a fines de 1867- una epidemia de cólera. Se la juzgó traída por los combatientes que regresaban de la guerra del Paraguay y ella azotó a la población hasta mediados de 1868.

Víctimas del cólera sucumbieron el abuelo, la madre y un hermano menor de Juárez Celman. Pero de la desgracia que, con tan multiplicado duelo, lo afectaba, el joven no se enteró sino meses después. El descansaba en la estancia “La Paz”, una residencia veraniega de Jesús María, cuyo propietario, don Tomás Funes, previendo que el joven deseara llegarse hasta Córdoba mientras duraba la epidemia, le ocultó lo sucedido.

La cremación de los cadáveres, impuesta cual defensa ante la peste, explica que de sus entrañables afectos hogareños, Miguel Juárez Celman únicamente hallara a su regreso el saldo incierto y gris de unas cenizas arrojadas al osario común...

A fines de 1869 obtenía el título de abogado; recién en 1874 alcanzaría el doctorado en jurisprudencia. Entre esas dos fechas acontecen en su vida sucesos importantes: se casa, en Abril de 1872, con Elisa Funes, de 19 años, hija del dueño de “La Paz”, la residencia veraniega de Jesús María; ejerce la profesión e inicia su vida pública al ser elegido, en Julio de 1872, miembro de la Municipalidad de Córdoba.

Acaso más importante que todo eso, al menos para la razón de ser de esta biografía, Miguel Juárez Celman ha trabado amistad con Julio Argentino Roca, teniente coronel que, luego de combatir a las montoneras de “el Chacho” en 1863, participar de la Guerra del Paraguay y llegar nuevamente en 1868 para pelear a las montoneras de Juan Saa, va también a matrimoniar en Jesús María con Clara Funes, otra de las hijas de don Tomás Funes...

El abogado Miguel Juárez Celman y el teniente coronel Julio Argentino Roca, resultarán encontrando en la misma familia a sus esposas. Y en las mismas comunes ambiciones de gloria, la coincidencia para un plan político. Por la constante solidaridad con que estos dos hombres lo elaboraron y cumplieron, semejante asociación es excepcional en nuestro pasado ...

¿Cómo era psicológicamente Juárez Celman..? Es fácil la respuesta, porque él no sabía disimular y porque además de lo que transparenta en su correspondencia, lo que de él han dejado escrito quienes lo conocieron en su juventud y antes de ser una gran figura política, siguió teniendo validez por muchos años...

Dado al trato diario de los amigos, a las tertulias de sociedad, a las diversiones en común, gustaba del baile y de la música. El minué, las polcas, valses y lanceros le contaron entre sus cultores. Socio dirigente de la ‘La Filarmónica’, que organizaba fiestas y representaciones teatrales con elementos de la mejor sociedad cordobesa, su simpatía personal conquistaba a todos..."(2).

(2) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Vehemente irremediable, entrégase a sus amigos con toda efusión y escribe cartas de quince y veinte carillas. Su letra, pequeña, rápida, no resultó nunca fácil de leer; ‘... se necesita quererle a usted mucho para entender su escritura ...’, le dijo uno de los hombres que más íntimamente lo tratara...(3).

(3) Se trata de Eduardo Wilde. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Desde luego, en esta “sociedad política” que formaron en base a su parentesco de concuñados y de sus comunes intenciones para actuar en la vida ciudadana, Juárez Celman fue el “socio menor” ... La personalidad de Roca ha trascendido ya al país especialmente desde que, partidario de Sarmiento, después de haber adherido en 1867 a la candidatura presidencial del autor del “Facundo”, ha contribuido en Ñaembé (Enero de 1871) a derrotar a López Jordán y Sarmiento lo ha ascendido a Coronel en el campo de batalla.

Juárez Celman, a quien en Junio de 1873 le ha nacido la primera hija y reelecto miembro de la munipalidad cordobesa, sigue en esas funciones, aspira a ocupar en Córdoba la Fiscalía Federal, próxima a vacar.

Le solicita a Roca interponga su influencia para obtenerla: “Tengo tanto interés como usted en verlo desempeñar ese puesto”, le respondió Roca desde Río Cuarto, sede de su cargo de jefe de las tropas de Córdoba. Y, en efecto, Roca interesó a un amigo, para que en su nombre se pidiera ese cargo al presidente. Pero la gestión no marchó satisfactoriamente y designado otro candidato, Juárez Celman le escribe a Roca:

No sería franco si no le confesara la desagradable impresión que me han producido sus últimas noticias respecto a mi fiscalía... Me pesa en el alma haber tenido tal pretensión y jamás aspiraré a nada que dependa de voluntades ajenas.
Tengo un genio maldito que me hace sufrir lo que usted no puede imaginarse con contrariedades de este género. Comprendo, también, su disgusto y le apruebo que en adelante no escriba ni se empeñe con nadie por ninguna de mis recomendaciones(4).

(4) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y también le ha escrito a Roca comunicándole las gestiones de algunos amigos que piensan ofrecerle la posibilidad de un breve interinato como ministro de Gobierno, para presidir los próximos comicios de renovación gubernativa:

... yo deseo y hago lo que puedo para que no se lleve adelante arreglo alguno que me obligue a desatender mi profesión, pues vivo de ella y apenas me alcanza para vivir, ganando el doble del sueldo de ministro y adquiriendo cada día más clientela(5).

(5) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La respuesta de Roca es categórica:

Si usted trata de lanzarse de lleno por el camino de la política y de los altos puestos públicos, tiene usted que hacer a un lado sus intereses particulares y no fijarse si ganará menos de ministro que de abogado.
Créame que yo tal vez he quedado más mortificado que usted al no conseguirle la Fiscalía, pues hasta cierto punto tengo la culpa; sabiendo que tarde o temprano quedaría vacante, debí habérmela asegurado con tiempo.
Dela por perdida y no se acuerde más de esto; y déjeme a mí, que aunque tengo un alma tan impresionable como la suya y me afecta vivamente cualquiera contrariedad, estoy más habituado a dominarme y a no desesperanzar tan fácilmente de las cosas y de los hombres(6).

(6) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Cuando a fines de 1875 el nombre de Juárez Celman parece auspiciado por algunos grupos cordobeses para la gobernación, aunque no llegó a ocupar el interinato de ministro antes mencionado, Roca le escribía:

Me felicito de que no haya aceptado su candidatura para gobernador si no se la presentan bien asegurada contra incendios, lo que conceptúo difícil dada la situación de Córdoba.
Manténgase a la capa y dígales que antes de pensar en candidatos deben tratar de organizarse y, cuando se sientan con fuerzas, entonces pensar en designarlo. En el principio de la carrera política, que fatalmente tiene uno que seguirla en nuestro país (sea cuál fuera la profesión que ejerza) más que nunca debe manifestar que tiene calma y serenidad para apreciar las cosas...”.

La carrera política de Juárez Gelman sería favorecida porque, ejerciendo su profesión de abogado en el estudio del doctor Antonio del Viso y elegido este vicegobernador, la muerte súbita del gobernador electo doce días antes de asumir el cargo, transformaba a Del Viso en el Primer Mandatario provincial. Meses después, Juárez Calman entraba a desempeñarse como ministro de Gobierno de Córdoba.

Estamos en 1877. También la muerte va a favorecer a Roca, llevándose a Adolfo Alsina, el ministro de Guerra de Avellaneda. Y Roca, ya General desde que en Santa Rosa (Diciembre de 1874) había derrotado al general José Miguel Arredondo -uno de los jefes de la insurrección “mitrista”- es designado para reemplazar a Alsina.

Tiene fecha 4 de Enero de 1878 su nombramiento de ministro de Guerra y Marina en el gabinete de Nicolás Avellaneda.

Algunos meses antes, Roca le había escrito a Juárez Celman:

Si queremos ser fuerza y poder en el porvenir, conviene nos mantengamos unidos y que todos nuestros actos lleven ese sello. Sobre todo los referentes a senadurías y diputaciones nacionales. Nosotros debemos marchar mudos como el destino, hasta el momento decisivo, que aún me parece está distante(7).

(7) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Pero, como acabamos de ver, el “momento decisivo” se había anticipado: ¿el Ministerio de Guerra, alcanzado por el “socio mayor”, no era acaso inmejorable síntesis de "poder y de fuerza" para servir a esta asociación política..? ¿Qué ideas afines habían vinculado a Julio Argentino Roca y Miguel Juárez Celman en esta solidaria empresa..?

Las ambiciones personales no bastarían a explicarla; es precisamente en política donde lo personal carece de exclusividad definitoria... Esas ambiciones deben asentarse calculando sentimientos e intereses colectivos...

Desde luego que las expresiones ciudadanía o pueblo, cuando se refieren a la época en que estos hombres actuaron -hace más de un siglo- deben entenderse con las limitaciones que entonces se les asignaba... De la política participaban, activamente, los núcleos tradicionales, dueños de bienes: campos, ganados, comercios, etcétera. El resto, era sólo espectador pasivo o instrumento...

Aclarado ésto, digamos que Roca, tucumano, y Juárez Celman, cordobés, se sintieron atraídos por una común defensa del federalismo...

Repudiaban el “federalismo” de las montoneras que, encabezadas por los caudillos, aparecían como rebeliones lugareñas y rurales, defensoras de un pasado colonial y por tanto inoperante ya... El federalismo de Roca y de Juárez Celman suponía expresar una aspiración de los núcleos ciudadanos de propietarios dispuestos a incorporarse los nuevos tiempos de los ferrocarriles, del telégrafo y de los barcos de vapor...

Creían en esa filosofía del progreso, tan simbólicamente expresada por Sarmiento en el desarrollo de la educación -multiplicando escuelas- y en el fomento de la inmigración para poblar el desierto...

Y en “yunta” con este federalismo, Roca y Juárez Celman, coincidían en su aversión a Buenos Aires, la provincia hegemónica que trataba a las otras provincias de la nación cual “cenicientas”... En escala personal, esa aversión a lo porteño, podía medirse en el rencor que les inspiraba Mitre y los “mitristas”...

La solidaria actividad de Roca y Juárez Celman supone -desde 1877- la necesaria colaboración del gobernador Del Viso. Córdoba es, después de Buenos Aires, la primera provincia por su población y goza del excepcional privilegio geográfico que hacía de ella territorio imprescindible para comunicar a Buenos Aires con la región de Cuyo y con las provincias del Norte del país.

Eficazmente secundado por Juárez Celman, la gestión gubernativa de Del Viso se caracterizaría por un afán renovador. En noble emulación con la de Santa Fe y advertido de los progresos que esa provincia vecina está cumpliendo por la expansión de la agricultura, verificada por los inmigrantes, Juárez Celman le escribe a Roca

... Para poblar nuestras tierras es preciso desalojar a los indios. Usted ha hecho mucho, pero debe hacer más. Las colonias vendrán cuando no haya más rastros de toldos ni de salvajes...”.

Es una incitación para que Córdoba no aparezca ausente de interés en la campaña para la conquista definitiva del desierto, que será la tarea más importante a cumplir por Roca desde el Ministerio de Guerra. Sobre este punto, Roca le informará algún tiempo después:

... La comisión que estudia el proyecto de fronteras va a resolver la cuestión más difícil: determinar los límites...”; “... así se concilian todas las pretensiones, y Córdoba, Buenos Aires, San Luis y Mendoza tendrán más tierra de la que creían en derecho poseer.
Córdoba debe ganar como mil leguas...”.

El tifus, que a comienzos de 1878 obligará a Roca a guardar cama y observar una larga convalescencia, determina que Juárez Celman baje a Buenos Aires a visitar al enfermo. En esa oportunidad comparte la tertulia que todas las tardes se hace en casa de Roca:

Vincúlase a muchos dirigentes porteños, caballeros y damas influyentes, que se sorprenden de las finas agudezas de Juárez Celman, de la elegancia, de sus ropas, de su inteligencia rápida y brillante...(8).

(8) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Las inquietudes progresistas del Gobierno de Del Viso reiteran su preocupación por la realización de obras públicas vinculadas a una posible expansión de la agricultura, “paralizada en Córdoba por falta de irrigación. Faltan canales. Tengamos el noble coraje de decir toda la verdad y declaremos que no podemos resolver en nuestro favor el problema de la colonización sino ofreciendo al inmigrante tierras baratas y que puedan ser regadas”, se lee en un mensaje del mandatario de Córdoba.

Desde Buenos Aires, Roca estimula a Del Viso y a Juárez Celman... No ha vacilado antes en afirmarles que “el país considera al actual Gobierno de Córdoba el mejor de la República...”.

En una carta que tiene membrete del Ministerio de Guerra y fechada el 24 de Julio de 1878, Roca hace un puntualizado examen de las candidaturas presidenciales para suceder, en 1880, a Nicolás Avellaneda; de las luchas de las diversas facciones y en el balance final le escribe a Juárez Celman:

Resumiendo; tenemos a Sarmiento, que no es una solución de paz para la República y que ya está bastante viejo; a Rocha, Irigoyen(9) y a mí, que no podremos ser candidatos con probabilidades de triunfo y que seríamos muy combatidos.
Quedan Tejedor y Mitre. ¿Por cuál de los dos les parece a ustedes que debemos decidirnos? Estoy seguro que, sin trepidar, me dirán que por el primero. Yo también soy del mismo parecer. Mitre será la ruina del país.
Su partido es una especie de casta o secta, que cree tener derechos divinos para gobernar a la República; Tejedor, si no es jefe de partido y tiene el mal sentido de elegir palabras como aquella de huésped para el Gobierno Nacional, es hombre recto, honrado y no tan terco ni indócil como lo condenan las exterioridades.
Sobre todo, creo que es la única carta que podríamos jugar con éxito. El ha dicho que con el único que entraría en una combinación sería conmigo...
... voy a empezar a maniobrar con el tino y prudencia que usted me conoce; que no juego mi propia suerte sino la de muchos amigos y, sobre todo, la del país, que necesita no sufrir en cada elección presidencial conmociones como la que sufrió en la elección de Avellaneda.
Daremos la presidencia, pero conservaremos la vicepresidencia para el doctor Del Viso, que de derecho le corresponden todas las Vice; que tiene tanta suerte, que todavía se le han de morir otros; y el Ministerio de la Guerra y algo más si se puede.
Guarde de todo esto mucha reserva, que aún no es tiempo de propalarlo...”.

(9) Se trata del doctor Bernardo de Irigoyen. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Esta carta de Roca desconcertó a Del Viso y a Juárez Celman... ¿Era posible que Roca admitiera que la presidencia de la República a disputar el 80, podía ser para otro que no fuera el propio Roca? ¿Podía admitirse que se adjudicara la más alta magistratura a un hombre como Tejedor, con su largo y público historial de unitario..? “El plan”, tantas veces convenido, ¿no hablaba de federalismo..?

Al desconcierto le siguió el desagrado; ... no disimula la carta de contestación de Juárez, su recriminación:

... No es posible que después de tantos años de colaboración estrecha, defeccione usted de sus antiguas esperanzas. ¿Es que lo han seducido los porteños..?

Roca se apresuró a contestar:

En mi determinación hay abnegación y cálculo al mismo tiempo. No solamente del Interior, sino aquí mismo; hombres importantes en la prensa y en las diferentes fracciones políticas me dicen que yo puedo ser un candidato serio a la presidencia; pero no me hago ilusiones y veo que no es posible ni conveniente.
Además, aún tenemos tiempo. Más seguro es andar despacio. Con Tejedor no me volví a ver, así que nada puedo decirle de nuevo...”.

Algunas semanas después es visible que la candidatura de Tejedor se desmejora en sucesivas cartas de Roca:

Tejedor es poco reservado...”; “... conmigo no se ha portado con la circunspección que debía y sus ligerezas me tienen medio frío...”; “... Hace una barbaridad y luego se asusta y retrocede. Ya está muy en duda su decantada energía, que era la calidad principal que se buscaba en él. No gana un paso su candidatura...”.

Yo me he detenido en el primer impulso dado en su favor, que usted conoce; no me arrepiento ni retrocedo, pero tampoco seguiré adelante. Ustedes deben seguir cen grandísima circunspección. Nada de impaciencias, que siempre hay tiempo para ahorcarse...”.

En otra carta, encarando el porvenir de Juárez Celman, Roca le escribe:

... Usted debe guardar calma y serenidad y no alterarse por los ataques injustos y apasionados. Tenga bien aseguradas las Cámaras y ríase de los enemigos”.

Roca se refería a la Legislatura Provincial, llamada a elegir los senadores nacionales por Córdoba. Dentro del plan de Roca y de Juárez, estaba ya descontado que una de esas senadurías la obtendría el gobernador Del Viso y, en reemplazo de éste, el futuro gobernador sería Juárez Celman:

Tiene usted para ofrecer y acabar completamente con la oposición: la vicegobernación, los ministerios y muchas otras cosas”, le señalaba Roca.

Las indicaciones de Roca respondían al sistema; en el tablero de la política provincial, ya está calculado el precio justo y personal, que permitiera obtener adhesiones complacientes...

Pero, por eso mismo, por la variante que siempre puede provocar tal sistema, no faltó -en el caso de Juárez Celman- hasta el episodio pintoresco, según se lo narra Roca:

Ayer me habló el presidente de una proposición que le habían llevado... Eliminarlo a usted como candidato. Y para probar que no me tenían mala voluntad, se nombrase futuro gobernador a nuestro suegro...
¡Ya me lo figuraba a don Tomás Funes de gobernador, teniendo la obligación de subir todos los días al Cabildo, recibir gentes de parada y echar discursos! No pude menos de reírme...
Muy poco me costó convencer al presidente de lo estúpido de semejante proposición; y para que sepa a qué atenerse, si es que alguna otra vez se presta a oír semejantes barbaridades, le dije terminante y resueltamente: todo ataque contra Juárez lo miraré más que si fuera dirigido a mi mismo y, perderé todo antes que aceptar nada que pueda menoscabar su prestigio como jefe del partido...”.

El Roca que así le habla al presidente Avellaneda y defendía a Juárez Celman como jefe del partido, era el Roca ministro de Guerra y Marina que, pocas semanas antes, había regresado a Buenos Aires, después de haber preparado y ejecutado con éxito la lucha contra los indios en la “Conquista del Desierto”...

Era el Roca que en esos días, Julio de 1879 -ya lanzada su candidatura presidencial para enfrentar a la de Tejedor, el gobernador de la provincia de Buenos Aires- le informaba a Juárez Celman que se veía apoyado por “los elementos de Unzué, Lezama y muchos otros ricachos, antiguos 'mitristas'”...
En la campaña(10) son más fuertes y numerosos nuestros elementos. Nc será difícil que también triunfemos en Buenos Aires, a pesar de todo el poder oficial de Tejedor...”.

(10) Campaña en el sentido de la zona rural de la provincia. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Es también el mismo Roca que, previendo todo, le escribe a Juárez Celman y con fecha 7 de Agosto:

... Por medio de Malbrán les mando trescientos fusiles y treinta mil cartuchos. De todo esto debe mandar a Catamarca 60 fusiles y 60 a Tucumán, con lo que tendrán de sobra; el resto quedará ahí...”.

Por lo visto, el sistema de repartir futuras posiciones públicas no era bastante; las armas seguían siendo necesarias, aunque coincidiendo con Hernández y su “Martín Fierro”, “pero naides sabe cuándo...”.

Los fusiles que Roca -según propia confesión- enviaba al Interior para ser distribuidos desde Córdoba, no eran los únicos que llegaban a las provincias... El gobernador Tejedor no carecía de recursos para obtenerlos y de partidarios del Interior para usarlos...

Hemos aludido antes a esas “revoluciones de bolsillo”, frecuentes en las renovaciones de los Gobiernos provinciales... Si una de ellas triunfaba en Córdoba y lograba impedir la asunción del cargo por Juárez Celman, el episodio trascendía los límites locales; en la cambiante marea del quehacer político se había producido una novedad importante: Roca, ya no era el ministro de Guerra de Avellaneda.

Este, deseando mostrar su neutralidad en la contienda entre Roca y Tejedor, calculando contribuir así a alejar los peligros de la guerra civil, había reemplazado a Roca con Pellegrini... (Octubre de 1879).

Son las 11:00 de la mañana del 26 de Febrero de 1880. En el despacho del gobernador, instalado en el edificio del Cabildo, dialogan Del Viso y su ministro Juárez Celman; éste debía asumir la gobernación el 17 de Mayo. Imprevistamente, diez o doce individuos, encabezados por don Lisandro Olmos y que habían llegado hasta ahí trepando audazmente por las paredes del Cabildo, le exigían a Del Viso y a Juárez Celman sus renuncias mientras les apuntaban con sendos revólveres...

Famoso por su coraje, actor en Cepeda y en Pavón, partícipe de la Guerra del Paraguay, Lisandro Olmos había sido diputado nacional por Catamarca, su provincia natal. Vinculado sin embargo a Córdoba y partidario de Tejedor, Olmos había recibido el encargo de provocar un movimiento que alterara allí la situación política; para lograrlo, se calculaba también el soborno de las fuerzas fieles al Gobierno y “argumento” debían ser veinte mil patacones(11) que llevó de Buenos Aires.

(11) Patacones era la denominación de la moneda metálica acuñada en plata. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Pero el regimiento 10 de línea con sede en Río Cuarto se negó a plegarse, pues la tropa prefirió seguir siendo fiel a Roca, su antiguo jefe... Fracasada la tentativa, el grupo tan inesperadamente introducido en el despacho de Del Viso seguía exigiendo las renuncias, cuando Olmos comprobó que acudían al Cabildo fuerzas del Ejército que cruzaban la plaza vecina y no tardarían en acabar con los sediciosos... La serenidad de Olmos lo llevó a modificar el planteo: el grupo que capitaneaba podía ultimar a Del Viso y a Juárez Celman antes que llegaran esas tropas...

A cambio de no hacerlo, se respetaría la vida de ambos, si en vez de firmar las renuncias pocos minutos antes solicitadas, Del Viso y Juárez Celman firmaban el no procesamiento de los insurrectos y les garantizaban pudieran retirarse, sin ser molestados. Unas líneas nerviosamente trazadas por Juárez Celman y Del Viso, que aceptaron la propuesta, silenciaron los revólveres...

Restablecida la tranquilidad pública, Juárez Celman -en nombre del Gobierno de Córdoba- telegrafiaba al presidente Avellaneda: “La paz de la República ha sido salvada...”.

Quizás no todo era exageración en el texto transcripto... Lo que sin duda había peligrado en el episodio fue la vida de Juárez Celman y la candidatura presidencial de Roca...

El 17 de Mayo de 1880, Juárez Celman asumía la gobernación de Córdoba. “Después de prestar juramento del cargo”, Juárez Celman advirtió a la Legislatura que “pediría a ésta leyes enérgicas que colocasen a la provincia en el rango que le corresponde, sacrificándolo todo, todo, antes que ceder un palmo en el terreno de nuestro decoro”.

Juárez Celman aludía así a la identificación que Córdoba debía a la candidatura de Roca, símbolo de la resistencia provinciana a la candidatura de Tejedor... Fracasadas las tentativas de avenimiento, el país bordeaba la guerra civil. El enfrentamiento pretendía tener el carácter de una lucha que, quitándole a la provincia de Buenos Aires la ciudad homónima y transformando ésta en ciudad capital de la República, pusiera término a la hegemonía porteña, que aparecía simbolizada por Tejedor...

Ya no era un secreto que los bandos se armaban... El 2 de Junio, el presidente Avellaneda, a raíz de un procedimiento de los partidarios de Tejedor, consideró a éste incurso en rebelión y, abandonando la ciudad, declaró que instalaba su autoridad en el vecino pueblo de Belgrano; pareció evidente la inmediata apertura de las hostilidades...

En la lucha armada, las tropas del coronel Racedo -compadre de Juárez Celman y gran amigo de Roca- derrotaban, el 17 de Junio, a orillas del río Luján, a las partidarias de Tejedor mandadas por el coronel Arias, persiguiendo a las mismas hasta Buenos Aires. Nuevos combates se producirían en Barracas, Puente Alsina y Corrales los días 20 y 21 de Junio. La ciudad no estaba en condiciones de resistir un largo asedio y se entablaron negociaciones de paz...

Córdoba apareció gravitando poderosamente en la derrota de Tejedor y contribuyendo así al triunfo de Roca. Lo reconocieron explícitamente los gobernadores de varias provincias: las de Salta y La Rioja, entre otras. El presidente Avellaneda le telegrafiaba a Juárez Celman, desde el campamento de las fuerzas leales a su autoridad:

Reconozco al pueblo de Córdoba el apoyo tan decidido y entusiasta que presta en la situación que otros han creado para la nación y que ella se ha visto obligada a afrontar”.

Juárez Celman, por su parte, diría meses después, en su primer mensaje a la Legislatura (15 de Mayo de 1881):

... Córdoba, la provincia menos militarizada de la República, la única quizá que no albergaba ni alberga en su seno la personalidad de un caudillo militar, tipo tan corriente en nuestro país, en donde las luchas civiles se han producido fatalmente; Córdoba, que no reconoce otro prestigio que el de la autoridad legalmente constituida, fue la primera en enviar sus legiones al teatro de los sucesos, con tal rapidez, tal orden y decisión que han sorprendido y merecido el aplauso de las provincias hermanas y la gratitud sincera de la nación”.

Cuando el 12 de Octubre de 1880, Roca juraba el cargo de presidente, Juárez no pudo bajar a Buenos Aires. Antonio del Viso, que ya había integrado como representante de Córdoba el Senado Nacional, pasaba a desempeñar el Ministerio del Interior.

Juárez Celman realiza en Córdoba un Gobierno renovador. Empedrará las calles, instalará las aguas corrientes; el gas reemplazará al querosén en la iluminación de la ciudad, construirá puentes... Las acequias para regar tierras -hasta entonces yermas- es también una constante preocupación de su Gobierno...

Pero la obra pública extraordinaria, testimonio del más alto espíritu transformador, es el dique San Roque, concluido en el tiempo récord de veinte meses y el más grande en su género de los hasta entonces existentes en América del Sur. El beneficio más inmediato fue el evitar a Córdoba las periódicas y catastróficas inundacicnes... Pero varias décadas más tarde, la pluma de Leopoldo Lugones, en balance justiciero, enunciaría todo lo que el dique San Roque posibilitó:

... Los que conocimos los antiguos Altos de Córdoba, bajo su primitivo manto de pajonal estéril, y la conventual ciudad donde no había más industria que el pan sobado a mano y los confites de las monjas, podemos juzgar de los beneficios del dique.
Todo, hasta el estado intelectual y moral del pueblo, cambió favorablemente merced a esa obra. La luz, la civilización de la luz, digamos así, que destaca a Córdoba como si fuese una ciudad de primer orden(12), el manejo científico de la energía eléctrica, el mejoramiento de la salubridad con la extensión del área cultivada y la consiguiente supresión de las polvaredas debidas a vientos rasantes, que eran los demonios de la muerte repentina; la amabilidad de la flor en el comercio urbano (bajo este aspecto era la ciudad austera hasta la hurañía); la formación de parques y jardines como el zoológico, que muchas ciudades europeas querrían para suyo, lo trajo la obra del dique...”.

(12) Corresponde esto a un artículo de Lugones aparecido en el diario “La Nación”, en 1917. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En otro orden de cosas, Juárez Calman multiplicó las escuelas y no descuidó promover la inmigración. Respecto de esto último, confiaba optimista en esa transfusión de sangre de una Europa excedida en gentes laboriosas.

En un telegrama a Roca, al saber que ha llegado a Buenos Aires un vapor italiano que traía, en Octubre de 1880, varios cientos de inmigrantes procedentes de Génova, le ruega haga gestiones para que parte de ellos vayan a radicarse en Córdoba:

Mi provincia -le dice al presidente- hállase en el estado virginal que tenía antes de la llegada de los conquistadores españoles. Necesita de brazos trabajadores que produzcan la riqueza que potencialmente encierra...”; “... y Córdoba se ofrece generosamente a ellos...”.

Al empuje renovador de Juárez Celman en su afán de realizaciones, lo molestan las trabas legales y trata, muchas veces, de sortearlas... Por apurar una licitación de durmientes, suscita un episodio que la oposición a Roca utiliza arrojando sospechas infundadas de negociado...

Otras veces reclama para su provincia trescientas leguas, y lo hace en un tono tal de reproche por la demora, que Roca, en carta del 10 de Enero de 1881, le contesta:

No tiene usted razón para enojarse conmigo ni para tirar el arpa al diablo. La vida pública está sembrada de contrariedades y uno no debe pensar en suicidarse a las primeras que encuentre, sobre todo cuando ya se han vencido tantas como usted ha vencido...”; “... usted no debe dudar de mi buena fe para usted y para Córdoba.
Desgraciadamente no todo se puede salvar con buena voluntad, como sucede con las trescientas leguas que usted pide. El Poder Ejecutivo Nacional no puede, por su cuenta, hacer esa cesión. Es materia de ley.
Dentro de cuatro meses estará reunido el Congreso y su asunto será de los primeros...”.

Juárez reclamaba para su Córdoba esa extensión sin adjudicarse, porque no estaban definidos todavía los límites interprovinciales resultantes de la conquista del desierto y de la consiguiente eliminación de las fronteras interiores.

También en lo institucional, que es como decir por los cauces que el nuevo espíritu deseaba hacer marchar las normas de la sociabilidad de la provincia, los cambios no ocultaban su importancia... El 13 de Agosto de 1880 se creaba el Registro Civil, que resultaba así el primero en funcionar en la República. Las anotaciones de nacimientos, casamientos y defunciones quedaban, por el Registro Civil, sustraídos a la jurisdicción de la Iglesia...

Como si eso fuera poco, la obligatoriedad de enterrar únicamente en el cementerio civil decretada luego, al no aceptar a los templos católicos para ello según era lo tradicional, conmovió a la Córdoba monacal... ¿No eran ya bastantes cambios, eso del dique y las acequias, del gas y de los gringos..?

Y mientras la juventud universitaria y liberal aplaudía, Juárez Celman y sus colaboradores supieron de ataques nada evangélicos. En la lucha se extralimitaron los adjetivos, evidenciando una pasión que ya tenía antecedentes.

Cuando el rector de la Universidad, don Manuel Lucero, creó durante su gestión amplios y modernos gabinetes de física y química, instaló bibliotecas y adornó con estatuas y jardines la tradicional Casa de Trejo, los adversarios, protestando contra los innovadores, exclamaron: “¡Hace pagana a la Universidad..!” Y el rector Lucero, apodado por quienes lo combatían de “El Lutero de Córdoba”, en una agria polémica con el doctor Rafael García -un prestigioso profesor de Derecho Civil, católico ultramontano- escribía: “Los hombres de escapulario no quieren luces para que no se descubra su miseria...(13).

(13) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Buen católico, Juárez Celman tenía, como la generalidad de los liberales de su tiempo, esas puntas de escepticismo que le permitían enrolarse en las filas de quienes preferían una Iglesia libre en un Estado libre... Mantuvo, con afectuosa y sincera estimación, trato cordial con el obispo de Córdoba, fray Mamerto Esquiú.

Juárez Celman había concurrido a la ceremonia, verificada en Enero de 1881, celebrada cuando Esquiú se hiciera cargo del Obispado. Y Esquiú, agradeciendo el gesto, le escribía: “Yo espero tranquilo que no me faltará su poderoso auxilio, habiéndome dado ya V. E. tan señaladas pruebas de consideración y bondad”.

Ha quedado documentado que ese auxilio no le faltaría a Esquiú:

He recibido los cien pesos que el Gobierno de la provincia ha destinado a la grande e interesantísima obra de redimir de una triste deuda a la bella iglesia de Nuestra Señora del Pilar.
En esa erogación, siento la mano generosa que la ha promovido...”, expresan unas líneas de Esquiú, dirigidas a Juárez Celman el 16 de Marzo de 1881.

En otras del 14 de Diciembre: “Con la partida de hoy asciende lo que tengo recibido de V. E. a la suma de 1.670 pesos bolivianos para la rifa de los muebles. Todo es debido a la suma bondad de V. E...”.

El obispo Esquiú también le solicita indulto de presos y, con más empeño sentimental, le pide a Juárez Celman apoyo para profesionales catamarqueños, deseosos de un cargo en la Administración cordobesa, o becas para estudiantes pobres... Hasta su muerte, ocurrida en Enero de 1883, el obispo Esquiú actuó en Córdoba, en buena armonía con Juárez Celman y el Gobierno de la provincia.

Pero el sector ultramontano no lo imitaba en su tolerante comprensión y Roca le comenta a Juárez Celman cuando éste le informa:

... Respecto a esos energúmenos, yo les tengo tanta tirria como usted, pero las atenciones debidas a la virtud del Padre Esquiú, y el chasco que me he pegado con mi ministro Pizarro, amigo bueno, inteligente y decidido, que me ha salido más frailuno y fanático de lo que me imaginaba, me han contrariado los planes...”.

Juárez Celman gobernó a Córdoba de cara a esos vientos de la intolerancia... ¿Podía ser de otra manera? Se trataba de gentes tan reacias a cambiar, tan predispuestas a hallar sombras no sólo en los diques, o en el gas, o en los gringos, que cuando Juárez Celman contrata la construcción y colocación de un reloj público en la torre del Cabildo y el artesano encargado de la obra “da a las campanas un sonido reposado y grave, sobraron quienes interpretaron que parecería que el señor gobernador se gozase en recordarnos, por cada campanada, que nos acercamos a la muerte...(14).

(14) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Ajeno a esos enfoques agoreros, Juárez Celman gustaba en cambio de la compañía de esa clase de hombres que, imaginación mediante, multiplican la vida... Agasajaba a los hombres de letras; sentía, se ha dicho, debilidad por los poetas y escritores. Sin mayores pruebas, ha podido pensarse que él deseara serlo...

Lo cierto es que el 1 de Octubre de 1880, Juárez Celman fue distinguido con el título de miembro honorario de la sociedad “Vélez Sársfield”, de Córdoba, constituida por literatos, jurisconsultos, poetas, médicos, etcétera. Al enterarse Roca de la designación, le escribió burlonamente:

Me parece bien se atraiga la voluntad de esos hombres inteligentes y ruidosos. Al fin y al cabo ellos terminan por formar la opinión general y esto es importante para el que manda.
No olvide el consejo del cardenal Richelieu: ‘Hablar poco, escuchar mucho, fingir interés en la necesidad de los otros, sin dejar por eso de hacerse temer...’”.

Juárez Celman no escucharía el consejo... Acaso por una tendencia psicológica, a elegir lo que más podía halagarlo, no buscó que lo temieran, sino todo lo contrario...

... Gasta una bondad que no clasifica al sujeto sobre quien se ejercita, de ahí que su generosa amistad sea muchas veces explotada por los cortesanos y los pillos...”, afirmó de Juárez Celman uno de los hombres que más y mejor pudo tratarlo y conocerlo: Ramón J. Cárcano.

En Mayo de 1883, Juárez Celman concluirá su mandato constitucional de tres años como gobernador de Córdoba... ¡Oh, no será por ello un desocupado..! Con la mejor anticipación se han hecho ya las “jugadas” que preparan el porvenir... En Febrero de 1882, Roca le había escrito: “... En el Senado estamos así nomás. Si vienen usted e Iriondo(15) a tiempo, apenas tendremos quince votos seguros”.

(15) Simón de Iriondo era, entonces, gobernador de Santa Fe. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Le aconsejaba bajase a Buenos Aires para ambientarse en el clima político de la capital y conquistar amistades útiles en el futuro; previendo los inconvenientes hogareños que esa invitación pudiera entrañar, concluía la carta:

Elisa debe resignarse a dejarlo venir siquiera por dos o tres meses; las mujeres de los hombres públicos deben ser menos apegadas a sus maridos. A usted no le conviene quedarse ahí, en la inacción”.

En 1882, en uso de licencia y acompañado de su familia, Juárez visita Buenos Aires, alojándose en la casa de Roca; en el domicilio de éste le nacería el primer hijo porteño(16). En largas pláticas con Roca y en múltiples tertulias compartidas con los asiduos visitantes del presidente, Juárez Celman haría buen acopio informativo...

(16) El matrimonio tendría, posteriormente, otros tres hijos porteños. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Su regreso a Córdoba se festejó con un baile de tanta alegría y entusiasmo que Roca, sabedor del éxito del mismo, le telegrafió:

Mucho lo felicito por el espléndido resultado del baile, a pesar de los trabajos de confesionario y de los medios que los fanáticos ponen siempre en juego en estos casos.
Es una protesta elocuente contra el espíritu monacal, que se quiere atribuir siempre a Córdoba”.

Antonio del Viso que, como gobernador de Córdoba primero y luego como senador, tan vinculado estuviera a Roca y Juárez Celman, designado -ya dijimos- ministro del Interior, sólo permanecería en este cargo algo más de un año. Abandonó el Ministerio por razones de salud y se lo envió a Italia como representante diplomático argentino en ese país.

Eso sí, para asegurarse la senaduría por Córdoba, a Juárez Celman le pareció conveniente modificar la Constitución Provincial y una reforma, fechada en Enero de 1883, estableció la renovación anual de la tercera parte de los diputados cuyo mandato había sido hasta entonces de tres años... Elecciones tan frecuentes ayudaban a prevenir que se debilitaran algunas gratitudes y permitía encender las esperanzas de quienes todavía se creían con derecho a los favores oficiales...

Reforzando sus contactos, después de la reforma mencionada, Juárez Celman realizó una gira por regiones poco accesibles de la provincia y, Roca, en Marzo de 1883, le escribía:

... He visto con gusto su paseo triunfal por los Departamentos tras la sierra. Debe haber pasado buenos ratos y comido buenos bocados de cura; bocados de sabor campestre, al natural, sin condimentos ni ingredientes indigestos y empalagosos de las ciudades.
La religión y el poder, sobre todo cuando éste está representado por un hombre joven, agradable y buen mozo (no se ruborice) tienen en estos pueblos semidormidos de los valles y fuera de los caminos reales, un prestigio inmenso...(17).

(17) Agustín Rivero Astengo: “Juárez Celman (Estudio Histórico y Documental de una Epoca Argentina)” (1944). Ed. Guillermo Kraft, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Elegido Senador Nacional por Córdoba -el 31 de Julio de 1883- y después de prestar el juramento de ley, Miguel Juárez Celman se incorporaba a la Alta Cámara ... Ya estaban allí sentados, entre otros, Nicolás Avellaneda, Simón de Iriondo y Aristóbulo del Valle.

Juárez Celman vino solo a Buenos Aires; en Córdoba quedaron su esposa, doña Elisa Funes y sus siete hijos, el menor de los cuales acababa de nacer... Era un matrimonio feliz y la fecundidad señalada -que no pararía ahí- probaba que Juárez no confiaba solamente en la inmigración para aumentar el porvenir demográfico del país...

Como era la primera vez que una separación prolongada los alejaba, la esposa no dejó de sufrirla en su salud. El médico de la familia le escribía a Juárez Celman:

A doña Elisa la noto menos valiente que de costumbre. Está muy encerrada y será bueno que usted le aconseje que salga y se distraiga. Yo se le indico, pero no me hace caso.
A doña Elisa le sobrevino un dolor neurálgico en la cara, que duró el domingo y parte del lunes, en que desapareció totalmente al leer sus cartas, llegadas ese día por la noche (no vaya a creer que es lisonja; ya sabe que las emociones agradables son excelentes remedios para los dolores nerviosos)”, escribía veinte días después el mencionado profesional.

El propio gobernador de Córdoba, sucesor en el cargo de Juárez Celman, le informaba: “... la enfermedad de doña Elisa es ocasionada por su ausencia...”. Por su parte, Ramón J, Cárcano, un joven cordobés cuyo talento había inspirado a Juárez Celman la mejor simpatía, que oficiaba de secretario del gobernador y tenía misión de informar a Juárez Celman sobre las novedades que se produjeran en el hogar, le telegrafiaba el 27 de Septiembre:

La señora está con fiebre. La causa: no haber recibido hoy carta suya. El remedio: un telegrama, inmediatamente, explicando este delito de leso amor conyugal...”.

El mejor consuelo para la señora de Juárez Celman era acaso el recordar que la Constitución de 1853, sancionada en época de galeras y mensajerías, apreciando las distancias a recorrer por los legisladores, fijaba en sólo cinco meses el período ordinario de sesiones del Congreso... Bien es verdad que los sueldos de los senadores nacionales, de setecientos pesos mensuales, sólo se abonaban mientras funcionaba el Congreso(18).

(18) A simple título informativo, puede señalarse que en ese entonces el sueldo del gobernador de Córdoba era de 350 pesos mensuales; en de un brigadier general, 225; y el de un profesor de colegio nacional, 90 pesos... // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

¿Qué actuación tuvo Juárez Celman en el Senado de la Nación..?

Desde luego, su posición de jefe del sector oficialista en esa rama del Congreso resultaría inocultable... Se le vio pues apoyar, sistemáticamente, los proyectos del Poder Ejecutivo y contribuir a la defensa que de esos proyectos realizaban los ministros. Después de casi un año de ocupar su banca, un juicio periodístico expresaba, con marcada intención de favorecerlo:

... No ha tenido aún oportunidad para mostrar todas sus cualidades como hombre de parlamento. No hay, hasta ahora, ningún discurso suyo de largo aliento y sería imposible asegurar que tenga la talla de un orador notable.
Su inteligencia es ágil, clara, rápida; su frase, suelta y con cierta elegancia... Pero tiene dos defectos que le será difícil eliminar, sobre todo uno de ellos: su excesiva susceptibilidad nerviosa y la rapidez con que se atropellan las palabras al escaparse de sus labios...
En el calor de la lucha, olvida el reglamento, al presidente y su campanilla, y sigue adelante sin importársele mucho, tampoco, de las reclamaciones que se levantan a su alrededor...(19).

(19) Periódico “Sud América”, (Buenos Aires), edición del 27 de Junio de 1884. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

... Siente el golpe y lo devuelve en el acto, sin sujeción a ninguna regla, a ningún plan y según las inspiraciones de su naturaleza ardiente y apasionada. Con esas cualidades tal vez no alcance las altas plataformas de la elocuencia parlamentaria, pero su concurso será siempre eficaz para la causa que defienda...(20).

(20) Periódico “Sud América”, (Buenos Aires), edición del 27 de Junio de 1884. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En 1884 se habían incorporado a la Cámara dos Senadores, de los cuales Juárez Celman debería cuidarse muy especialmente: Dardo Rocha que, concluida la gobernación de Buenos Aires aparecía con los prestigios de la fundación de La Plata, la nueva capital de esa provincia; y Manuel Dídimo Pizarro, Senador por Santa Fe, aunque comprovinciano de Juárez Celman...

Dardo Rocha no ocultaba sus aspiraciones a suceder a Roca en la Presidencia... En cuanto a Pizarro, se trataba de un hombre que había merecido desde tiempos de estudiante el apodo de “el Toro Pizarro”, aludiendo a su fuerza intelectual y a la física... Católico, de una intransigencia total ante las corrientes liberales, debió abandonar el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, para el cual lo designara Roca al iniciar éste su Administración, por no comulgar con esas corrientes...

Ahora, en el Senado sería, lógicamente, adversario de la ley de educación laica que Roca y su ministro de Educación, el doctor Eduardo Wilde, presentaron al Congreso.

En una sesión(21), Pizarro denunció sus temores por la creciente autocracia del Poder Ejecutivo que, “ha llegado a suprimir el régimen federativo de nuestros pueblos”. Y acusó al presidente Roca de “promover conflictos en la conciencia religiosa de los ciudadanos, como en el caso del Cabildo Eclesiástico de Córdoba”.

(21) La del día 7 de Junio de 1884. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Juárez Celman le recordó que, siendo ministro, en 1881, Pizarro había hecho clausurar la Catedral de Buenos Aires para impedir un funeral en memoria de los caídos en la insurrección del año anterior. La conducta de monseñor Clara -sucesor de Esquiú en el obispado de Córdoba y autor de una pastoral considerada subversiva por el Poder Ejecutivo, defendida en el Senado por Pizarro- suponía, a juicio de Juárez Celman, una contradicción en el senador santafesino...

La observación irritó a Pizarro quien, airado, replicó que ocupaba una banca en el Senado para defender las libertades públicas y no para trabajar por una candidatura presidencial... La alusión, demasiado clara y personal, originó un tumulto...

Tomaba estado público lo que, puede documentarse, se preparaba ya desde muchos antes... “... No se duerma... Sería de no perdonarle jamás que dejase perder esta oportunidad que no se presenta sino una sola vez en la vida... Aquí dan a Ud. más valer que el que Ud. se imagina y es el gobernante reputado con mayores elementos y, por consiguiente, el más serio de todos.
Hablando con Roca, me dijo que la cuestión presidencial se resolvería por medio de una convención, es decir, por delegados de todas las provincias y el que resultase con más elementos merecería, en todo, el apoyo que le fuera dable dispensar...”, le escribía un comprovinciano a Juárez Celman cuando todavía éste ocupaba la gobernación de Córdoba, en 1882... Y el oficioso informante agregaba: “... le pido y ruego reserva. No quisiera que Roca supiera le he faltado a la confianza que me dispensa y a la que sólo falte en interés de Ud...”.

Juárez Celman habrá sin duda sonreído al leerla... ¿Una convención con delegados de todas las provincias para decidir la futura presidencia? ¿Y la otra “convención”, la que sin testigos e iniciada en “La Paz”, venía funcionando entre Roca y él desde hacía diez años, no había decidido ya la cuestión..? Claro que si de guardar las formas se trataba...

En cuanto a lo de dormirse... Ni Juárez Celman y mucho menos Roca, cometerían ese absurdo... En 1884, Roca le escribe a Córdoba:

... Los trabajos y movimientos de Rocha parecerían significar algo más que preparativos de elecciones; pero yo no creo llegue hasta esos extremos, ni que lo piense seriamente siquiera.
En todo caso, no le hemos de dar tiempo para que caiga en semejantes extravíos. D’Amico es el flojón más grande de la tierra y no está para estas aventuras(22). Si llegasen a formalizar algo, les he de mandar unos veinte mil fusiles a Córdoba y así dígaselo a Gavier(23).

(22) Carlos Alfredo D’Amico (1839 - 1917), ministro de Gobierno de Buenos Aires con Rocha y luego senador nacional por esa provincia, era -en el momento a que lo alude la carta de Roca- gobernador de la provincia de Buenos Aires.
(23) Gregorio Gavier era entonces el gobernador de Córdoba.
// Todo citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y meses después, siempre en ese tema, Roca le reitera a Juárez:

... Los amigos de Rocha hablan de ir a la revolución...”; “No hay duda que Rocha comprará cuánto papelucho sucio o insignificante se publique en el país...”; “... En el Ejército, todos los días hace tentativas para seducir con el oro a los jefes y oficiales; pero todo en vano.
¡Hay mucho de Don Quijote en nuestra sangre, para que se nos gane por la corrupción! Yo meto las manos en el fuego por el Ejército, en donde no habrá uno solo -aunque haya algunos que deban al Banco- que por dinero traicione a su Gobierno, falte a sus deberes y haga fuego contra su bandera”.

En Abril de 1885, en Mendoza, en oportunidad de la inauguración del ferrocarril de San Juan a esa ciudad, en un banquete con asistencia de Roca, no se disimuló que la candidatura de Juárez Celman sería la oficial... Meses más tarde, ya proclamada en Buenos Aires la candidatura de Rocha, la de Juárez Celman cumplió también en la capital con una ceremonia semejante.

La fórmula sería completada con Carlos Pellegrini, para la vicepresidencia. Ministro de Guerra y Marina de Roca, el doctor Pellegrini había también desempeñado esa cartera en el último año de la presidencia de Avellaneda y colaborado, con los partidarios de Roca, en oportunidad de la insurrección de Tejedor y Mitre en 1880.

El 3 de Julio de 1886 Juárez Celman renunciaba a su banca de Senador para dedicarse totalmente a los trabajos electorales reclamados por su candidatura. Ya desde 1885 vivía instalado definitivamente en Buenos Aires, acompañado de su familia. “La señora sufre mucho por su separación...”, le había insistido el médico que siempre atendiera a doña Elisa. La integración hogareña suponía la mejor terapéutica...

Las elecciones de diputados nacionales verificadas en el país en Febrero de 1886, señalaron, con sus episodios de violencia y fraude, lo que serían muy probablemente las presidenciales en Abril... En el deseo de enfrentar al oficialismo, las diversas agrupaciones opositoras se habían vinculado mediante una sola lista de candidatos a legisladores.

Después de esos comicios para la renovación del Congreso, se reiteró la tentativa de unificación para presentar la de don Manuel Ocampo. Esa coincidencia de los adversarios de Juárez Celman fracasó frente a la regimentada actividad de los gobernadores de provincia.

Y agravados los procedimientos de fraude y violencia para con los opositores, la fórmula Miguel Juárez Celman y Carlos Pellegrini sería proclamada como la triunfante en las elecciones presidenciales del 11 de Abril de 1886. Juárez Celman apareció con 168 electores y con 70 don Manuel Ocampo. El 12 de Octubre de 1886, Juárez Celman recibía de Roca las insignias de la Primera Magistratura(24).

(24) Miguel Juárez Gelman nace en la Ciudad de Córdoba, el 29 de Septiembre de 1844. Ejerció la presidencia de la República desde el 12 de Octubre de 1886 hasta el 6 de Agosto de 1890. Falleció en Arrecifes, provincia de Buenos Aires, el 14 de Abril de 1909. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 6to. Presidente Constitucional de la Nación Argentina en el hecho y en el título.

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