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Liderazgo político e identidad política

La figura de un líder político está directamente relacionada con el sistema político y, por ende, con los partidos políticos. La forma cómo se distribuyen los incentivos colectivos y selectivos en el seno de un partido puede explicar la manera cómo se alimentan las lealtades dentro de la organización.

Los incentivos colectivos son los que están relacionados con la identidad de un partido político que, a su vez, están vinculados directamente con los fines de la organización. Pues una determinada identidad política permitirá diferenciar a un partido de otro y, al mismo tiempo, logrará reunir a todos sus seguidores en función de rasgos comunes. Siguiendo a Gerardo Aboy Carlés, podemos definir a una identidad política como:

El conjunto de prácticas sedimentadas, configuradoras de sentido, que establecen a través de un mismo proceso de diferenciación externa y homogeneización interna, solidaridades estables, capaces de definir, a través de unidades de nominación, orientaciones gregarias de la acción en relación a la definición de asuntos públicos.
Toda identidad política se constituye y transforma en el marco de la doble dimensión de una competencia entre las alteridades que componen el sistema y de la tensión con la tradición de la propia unidad de referencia(1).

(1) Gerardo Aboy Carlés. “Las dos Fronteras de la Democracia Argentina (la Reformulación de las Identidades Políticas de Alfonsín a Menem)” (2001), p. 54. Ed. Homo Sapiens, Rosario. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Es decir, una identidad política nace como resultado de un proceso de diferenciación externa con el otro -que se convierte en el “exterior constitutivo’’ de toda identidad- y de un proceso de homogeneización interna, por el cual se establecen las relaciones estables que unifican la acción y les dan sentido.

Pero, como lo advierte Aboy Carlés, el concepto de identidad debe ser entendido en la perspectiva de un devenir pues, más allá de que una identidad política se constituya de un conjunto de prácticas sedimentadas, éstas se construyen y reconstruyen constantemente.

Finalmente, Aboy Carlés establece tres dimensiones analíticas que pueden ser utilizadas para el estudio de las identidades políticas. Ellas son: la alteridad; la representación; y la perspectiva de la tradición.

La dimensión de la alteridad, entonces, se refiere a los límites que una identidad se traza en función de otra y a los elementos que la diferencian entre sí.

La dimensión representativa es la que tiene en cuenta aquellos elementos cohesivos de una identidad como los procesos de constitución de los liderazgos, la conformación de una “ideología política” determinada o la relación con ciertos símbolos.

La perspectiva de la tradición, es la dimensión que permite abordar el carácter dinámico de toda identidad, pues ésta se constituye en referencia a un sistema temporal en el que la interpretación del pasado y la construcción del futuro se conjugan para dotar de sentido a la acción presente.

La construcción de un liderazgo político, por ende, constituye uno de los puntos centrales en la conformación de una identidad política, porque el líder será el encargado de encarnar la ideología, los ideales, en definitiva, los rasgos particulares del partido que representa y, al mismo tiempo, de señalar los límites y las diferencias con los demás sectores políticos.

En el caso particular de Vidal, la construcción de su liderazgo se dio en forma conjunta a la construcción de la identidad política del autonomismo, lo que llevó a la identificación completa entre líder y partido que, por eso, en muchas ocasiones será denominado simplemente vidalismo.

Por otra parte, se intentó identificar su figura con los rasgos más valorados de la identidad provincial, como ser la valentía, la nobleza, la sencillez, la amabilidad, la inteligencia y la capacidad de adaptación. Vicente Blasco Ibáñez, en la introducción del “Álbum Gráfico de la provincia de Corrientes”, expresó con claridad estas ideas:

Corrientes tiene confiado su Gobierno a un hombre de esta especie superior, el doctor Juan Ramón Vidal. Nadie como él encarna las condiciones peculiares de la provincia que le ha confiado su dirección.
El es el verdadero hombre representativo de su pueblo; tiene el valor característico del jinete de Corrientes, el genio indomable, blando y dúctil para la amistad y los sentimientos nobles (...) se siente atraído por todos los progresos y examina, comprende y hace suyos con la facilidad de adaptación que es nato en el correntino(2).

(2) Vicente Blasco Ibáñez. “Un Hombre y un Pueblo”, en: “Album Gráfico de la provincia de Corrientes” (1913), pp. 2 - 3. Ed. Talleres Gráficos Teodoro Heinecke. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

La construcción de una identidad política y de un liderazgo político está íntimamente relacionada con un discurso, pues a través de él se puede construir y reconstruir el sistema de representaciones sobre el cual se asienta el liderazgo político.

Por otra parte, el examinar la recepción que tuvo, el discurso político de un líder en sus seguidores y adversarios, permite conocer el modo cómo a través de cierto lenguaje se constituyen los rasgos más salientes de un liderazgo, al mismo tiempo que van conformando una identidad política.

El hecho de verificar, como generalmente ocurre, que existe una relativa distancia entre los dichos y los hechos de los líderes políticos, no justifica devaluar la relevancia que tiene el discurso creado por éstos para otorgar sentido a sus acciones y colaborar en la definición de una identidad política.

Este fue también el caso de Vidal, quien construyó y reconstruyó su discurso político según las diversas circunstancias y con él logró configurar al vidalismo como una identidad política definida con rasgos propios y diferenciada de las demás identidades políticas provinciales.

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