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¿Caudillo o líder político? Hacia una delimitación de sus significados

Con la palabra caudillo, se han designado, a lo largo de la historia, cuestiones muy diversas, aunque indudablemente el término está vinculado a la idea de un tipo particular de liderazgo político.

Las raíces históricas del concepto deben buscarse en el período postrevolucionario hispanoamericano, aunque su uso se extendió generalmente hacia “todo régimen de tipo personalista y cuasimilitar donde los mecanismos partidistas, los procedimientos administrativos y las funciones legislativas estaban sometidas al control directo de un líder carismático y al grupo de funcionarios mediadores(1).

(1) K. H. Silvert. “Caudillismo”, en: “Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales” (1976), dirigida por David L. Silles, p. 223. Ed. Aguilar, Madrid. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Según Francois Xavier Guerra, en el estudio del caudillismo se puede caer muy fácilmente en el anacronismo, pues se trasladan características de la “política moderna” a épocas en las que la misma -aunque existiera en la ley- aún no estaba asentada en la práctica.

Por ello, según este autor, es la misma modernidad con sus constituciones y leyes la que crea el caudillismo como un rasgo negativo de la política, cuando en realidad no fue otra cosa que un tipo de autoridad característico de una época, que no coincidía con el ideal democrático que se intentaba instaurar en la legislación(2).

(2) Véase: Francois Xavier Guerra. “Los Orígenes Socioculturales del Caciquismo” (1993), en: “Anuario IEHS”, Nro. 7, pp. 181 - 195. Ed. UNCPBA, Tandil. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

En la historiografía argentina, el concepto, en sí mismo polisémico, ha sido utilizado desde diversas perspectivas, generando una gama importante de interpretaciones. La mayoría de los historiadores coincide en afirmar que su construcción original se debe al “Facundo”, de Domingo F. Sarmiento, en el cual establece que el poder de los caudillos provenía de una determinación espacial e histórica; el caudillo era -para Sarmiento- la expresión de la barbarie gaucha que, a su vez, provenía de las condiciones del desierto pero, además, era el resultado “natural” de la experiencia revolucionaria.

Esta visión también la compartió Alberdi quien, además, vinculó al caudillismo con la barbarie política y el Gobierno autoritario que se daba en un contexto de debilidad del Estado. Vicente Fidel López y Bartolomé Mitre aportaron a estas nociones la idea de que la anarquía del año ’20 favoreció el surgimiento del fenómeno caudillista, aunque tienen distintas interpretaciones de su significado; mientras que para López constituyó un fenómeno completamente negativo, para Mitre representó la expresión de sentimientos democrático- igualitarios que, canalizados por instituciones liberales-republicanas, podían contribuir a la formación de la nación.

Más tarde, José Ingenieros también aportó a la construcción de un significado para el caudillismo, pues lo presenta asociado a la feudalidad, es decir identifica la figura del caudillo con la oligarquía terrateniente y la separa de las masas campesinas.

Por su parte, los positivistas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX hicieron una nueva lectura del fenómeno del caudillismo, vinculándolo con una psicología de las multitudes, mientras que los historiadores revisionistas desplazaron la necesidad de explicar al caudillismo para revalorizarlo positivamente, aunque aportaron muy poco al análisis del tipo característico de liderazgo del caudillo(3).

(3) Véase: Pablo Buchbinder. “Caudillos y Caudillismos (una Perspectiva Historiográfica”, en: Noemí Goldman y Ricardo Salvatore. “Caudillismos Rioplatenses (Nuevas Miradas a un Viejo Problema)” (1998), pp. 31 - 50. Ed. Eudeba, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Los historiadores estadounidenses -posteriores a 1960- vincularon el concepto de caudillismo con el de clientelismo, por lo que el período posterior a la independencia hispanoamericana empezó a ser visto como un caso típico de relaciones clientelares, donde las relaciones entre caudillos y seguidores se caracterizaban por su desigualdad en el manejo del control de los recursos económicos.

Según esta interpretación, representada claramente por John Lynch, terratenientes y peones intercambiaban el acceso a la tierra, empleo y protección por lealtad, obediencia y servicios militares, mientras que, a un nivel superior, los terratenientes se convertían en clientes de un superpatrón que, a su vez, se relacionaba con las masas campesinas mediante la manipulación de sus aspiraciones de participación y protección.

El caudillo gobernante (o superpatrón) no era más que un gran terrateniente, que bajo ciertas condiciones históricas devenía en dictador que manipulaba los sentimientos y aspiraciones de las masas(4).

(4) John Lynch. “Caudillos en Hispanoamérica. 1800 - 1850” (1993). Ed. Mapire, Madrid. Citado por Noemí Goldman y Ricardo Salvatore. “Introducción”, en: Noemí Goldman y Ricardo Salvatore. “Caudillismos Rioplatenses (Nuevas Miradas a un Viejo Problema)” (1998), pp. 14 - 18. Ed. Eudeba, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

En un nivel más general, estos términos (caudillo/caudillismo) fueron usados como un instrumento de recusación política, incluso mucho tiempo después de que desaparecieran las condiciones del “caudillismo clásico”. Se asociaron con los métodos políticos autoritarios, con las relaciones con la plebe o los indígenas y con la escasa educación y maneras poco refinadas.

Es decir que, de algún modo, las construcciones de Sarmiento y Alberdi fueron las que dominaron el lenguaje político argentino y las que lograron mantener, incluso hasta el presente, las diversas interpretaciones del fenómeno.

El origen del caudillismo, entonces, será asociado con la anarquía, el vacío institucional, la ruralización del poder y la competencia armada. En la actualidad, el concepto de caudillismo se ha transformado y generalizado aún más, tanto que en el lenguaje vulgar, por ejemplo, se aplica el nombre de caudillo a cualquier líder de tipo carismático.

Esta ampliación e indefinición de su significado creó serios inconvenientes en la utilización del concepto “caudillismo”, por lo que ante esa situación se perfilaron dos posiciones: una de ellas es la que propone un abandono del concepto y su reemplazo por otros más precisos y, otra, es la que, sin desconocer las insuficiencias de la categoría analítica “caudillo”, la sigue utilizando porque la considera una guía para comprender los regímenes políticos de la primera mitad del siglo XIX y otros posteriores, teniendo en cuenta que sus contemporáneos la utilizaron para describir a esos regímenes políticos(5).

(5) Un ejemplo del primer caso sería el trabajo de Graciela Soriano de García Pelayo. “El Personalismo Político Hispanoamericano del siglo XIX (Criterios y Proposiciones Metodológicas para su Estudio)” (1996). Ed. Monte Avilas, Caracas. Del otro grupo podrían citarse los trabajos de Ricardo Salvatore sobre los aspectos sociales y culturales del régimen rosista; los de Marcela Ternavasio sobre los mecanismos institucionales vigentes en la provincia de Buenos Aires entre 1821 y 1846; los de Noemí Goldman sobre el régimen y sistema de poder presidido por Juan Facundo Quiroga en el Interior, o los de Pilar González sobre las cambiantes formas de sociabilidad que acompañaron la transformación de la sociedad argentina de su versión colonial a otra más moderna. Citados por Jorge Myers. “Las Formas Complejas del Poder (la Problemática del Caudillismo a la luz del Régimen Rosista)”, en: Noemí Goldman y Ricardo Salvatore. “Caudillismos Rioplatenses (Nuevas Miradas a un Viejo Problema)” (1998), p. 99. Ed. Eudeba, Buenos Aires. // Todo citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Esta última posición fue la más aceptada en la historiografía argentina más reciente, que sigue utilizando el término aunque discute las imágenes más estereotipadas de los caudillos, encontrando que éstos sustentaron su poder sobre un conjunto de complejas relaciones basadas, en parte, en antiguos derechos consuetudinarios y formales.

Por otra parte se empezó a pensar en el caudillismo como un sistema más estable que una mera asociación de propietarios feudatarios y aumentó la preocupación por reevaluar las bases sociales sobre las que se asentó su poder, evitando las desmedidas generalizaciones y estudiándolo en relación con los diferentes contextos históricos y regionales en los que se dio.

En el caso particular de Vidal, más allá de haber sido una figura política que actuó a fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, el uso del calificativo de “caudillo” para identificarlo se extendió primero entre sus contemporáneos y luego fue reafirmado por la historiografía.

Sin embargo, el uso del término para referirse a Vidal tuvo diferentes significados, incluso antagónicos. Mientras que, en general, sus opositores contemporáneos lo llamaron “caudillo” para acentuar las características negativas de su liderazgo, sus seguidores y la mayoría de los historiadores favorables a su figura utilizaron el término con un sentido positivo.

La primera vez que se utilizó el término para identificar a Vidal fue en 1893 durante la insurrección organizada por los liberales y radicales. En esa oportunidad, sus seguidores lo llamaron el “verdadero caudillo”, buscando legitimar su poder y acentuar las características positivas de su liderazgo en su función de jefe de milicias, diferente del “caudillaje de lanza” de los Departamentos(6).

(6) Periódico “El Litoral”, (Corrientes), edición del 12 de Enero de 1893, p. 1. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Hacia 1913, hemos encontrado que Hernán F. Gómez lo llama el “supercaudillo”, remarcando sus características negativas y la extrema concentración del poder en sus manos; así describe a este supercaudillo:

"El ‘caudillo’ es un tipo tradicional en los fastos de la política argentina (...); aparece por doquier, explota la ignorancia o el temor ajeno, se hace un potentado y, recostado o aliado con iguales de múltiples especies, forma esas ‘federaciones’ de caudillos llamadas en las provincias ‘partidos políticos’. El más ... caudillo de todos encabeza el grupo y hace de jefe.
El ‘procedimiento’ con que se impone el jefe-caudillo suele ser variado. A veces es el temor, otras el interés y muy raras veces la palabra. Pero temor, interés o palabra, implican procedimientos comunes, tan conocidos, que su uso importa la vulgarización del caudillo que los realiza.
De ahí, caro lector, que el arte de mandar signifique una especialidad de valimento relativo, a cuyo poseedor llamaremos con justicia ‘supercaudillo’(7).

(7) Sixto Guaranius (pseudónimo de Hernán Félix Gómez). “El Gobernador (algún Plagio de ‘El Presidente’ y mucho de política provincial)” (1995), p. 22, (reedición; edición original de 1913). Ed. Amerindia Ediciones. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Para Gómez, entonces, Vidal era algo más que un simple caudillo, pues estaba por encima de los caudillos departamentales o de otros caudillos políticos; tenía un poder superior pero que dejaba consecuencias nefastas para la provincia.

En 1919, encontramos nuevamente, entre sus simpatizantes, la identificación de Vidal con la figura de caudillo, pero esta vez vinculado al tipo de trato que mantenía con sus seguidores, personalizado y afectuoso.

En 1930, sin embargo, una descripción positiva de su personalidad y de su estilo político, afirma que “no es un caudillo” porque no se ubicaba en una posición más elevada que los demás seres humanos ni hablaba de los mandatos históricos o los plebiscitos extraordinarios, en clara alusión a Yrigoyen, al que en ese tiempo llamaban caudillo.

En 1937 encontramos nuevamente una interpretación negativa de su liderazgo, caracterizado como caudillista por la concentración del poder y el unicato político.

En 1940, con su muerte, volvimos a encontrar referencias al caudillismo de Vidal, pero esta vez con connotaciones positivas, tal como apareció en el diario “Crítica”, donde escribieron: “El señor Vidal era un verdadero caudillo; un caudillo patriarcal. Los correntinos veían en él a una figura legendaria(8).

(8) Diario “Crítica”, (Buenos Aires), edición del 5 de Septiembre de 1940. Trascripto en: Ernesto Hilario González. “El Dr. Juan Ramón Vidal (El Hombre. El Político. El Gobernante. 1860 - 1940)”, p. 13. Ed. Ministerio de Gobierno y Justicia de la provincia, s/f, Corrientes. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Es decir, el amplio significado del término se refleja en su mismo uso, pues fue utilizado alternativamente para caracterizar cuestiones diferentes y hasta opuestas, a veces con sentido positivo y otras con sentido negativo.

Entre los historiadores también encontramos estas dicotomías aunque, en su mayor parte, cuando usaron el término caudillo fue para remarcar los rasgos positivos del tipo particular de su liderazgo.

Ricardo Harvey lo llama caudillo para resaltar su valentía:

Es que Vidal tenía las condiciones que adornan a los grandes hombres públicos, las cualidades que señalan al estadista, el coraje de los caudillos que forjaron nuestra nacionalidad y la fina intuición que caracteriza al político nato”.

Córdova Alsina, también lo define como caudillo, para caracterizar el tipo de trato que mantenía Vidal con las masas y aludiendo a cualidades personales o a un carisma especial. Cafferata Soto, lo llama “el último caudillo correntino” y lo compara con Pedro Juan Ferré, intentando remarcar de ese modo los rasgos positivos de su liderazgo.

Una visión diferente es la que ofrece Odín Fleitas, quien utiliza el término caudillo con un sentido netamente negativo; lo llama “hijo legítimo de la mazorca” (aludiendo a Juan Manuel de Rosas) aunque considera que su actuación fue mucho más horrorosa que la de aquel caudillo; para Fleitas, Vidal fue un caudillo “de agachadas, especulador y ventajero”.

También lo compara con Facundo, haciendo uso de la interpretación sarmientina del término caudillo, vinculado con la barbarie, aunque considera que el caso de Vidal es más grave aún, pues actuó en una época diferente a la de aquél, lo que hacía más notable su condición de “bárbaro”.

Lo describe como “un Facundo desteñido, venido a menos” pues al menos aquél había tenido una muerte acorde a su actuación política mientras que Vidal “murió de una gripe vulgar, a los ochenta prolijos años(9).

(9) Odín Fleitas. “Vidal, el Ultimo Mazorquero” (1943), pp. 17, 21 y 51. Ed. Iguazú, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Pero, entre los historiadores, quien más se ocupó por describir sus características de caudillo fue Felipe Avellanal, que lo denomina “el último caudillo federal”. El último capitulo de su libro lleva ese título y en él intentó explicar el por qué del uso del término.

Según Avellanal, puede llamarse caudillo a Vidal no sólo por ser el líder de un partido político o de una provincia, sino por su carisma personal. Avellanal se preocupó por analizar el significado del término fundamentando su uso y diferenciándolo del que le había dado la literatura más tradicional.

Diferencia su estilo de caudillo con el de los caudillos previos a la Organización Nacional, remarcando que el caudillismo de Vidal se caracterizó por el abandono de la fuerza y el uso del razonamiento, la defensa de la autonomía provincial y de su propio pueblo.

Finalmente, debido a la complejidad del concepto “caudillo”, por la multiplicidad de significados e interpretaciones que contiene, hemos optado por usar el término más general que lo engloba, el de liderazgo político y sólo utilizar el término caudillo en la forma y las circunstancias en que lo hicieron sus contemporáneos, evitando -en la medida de lo posible- connotaciones de tipo morales que puedan desvirtuar el análisis del fenómeno.

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