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La política argentina entre 1880 y 1892. Los vínculos entre la nación y las provincias

Juan Ramón Vidal se perfiló como líder político en pleno apogeo del régimen conservador, durante las presidencias de Julio Argentino Roca (1880 - 1886) y Miguel Juárez Celman (1886 - 1890). La dinámica de la política de estos años y las relaciones entre la nación y las provincias estuvieron, en parte, determinadas por el diseño institucional tanto nacional como provincial(1).

(1) Estos temas han sido extensamente desarrollados por Natalio Botana. “El Orden Conservador (la Política Argentina entre 1880 y 1916)” (1998), (quinta edición). Ed. Sudamericana, Buenos Aires; y por Paula Alonso en sus trabajos “Entre la Revolución y las Urnas (los Orígenes de la Unión Cívica Radical y la Política Argentina en los años ’90)” (2000), Universidad de San Andrés. Ed. Sudamericana, Buenos Aires; “El Partido Autonomista Nacional y la Competencia Interliguista en las provincias de Córdoba y el Litoral. 1880 - 1886” (2001), en: “Historia. Unisinos”, “Revista do Programa de pos Graduacao em Historia da Universidade do Vale do Rio dos Sinos”, volumen 5, Nro. 4, pp. 51 - 82; y “La Política y sus Laberintos (el Partido Autonomista Nacional entre 1880 y 1886)”, en: Hilda Sábato y Alberto Lettieri. (comp.). “La Vida Política en la Argentina del siglo XIX (Armas, Votos y Voces)” (2003), pp. 277 - 292. Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires. A estos autores hemos seguido en estas líneas. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

El sistema federal y la elección indirecta del presidente otorgaban un rol fundamental a los gobernadores, pues eran éstos los que controlaban la política de su provincia y por ende al Colegio Electoral; por otro lado, el presidente contaba con importantes recursos institucionales, administrativos y militares, que le permitían ejercer una gran influencia sobre la política provincial.

Los principales resortes que utilizaron los dirigentes políticos de fines del siglo XIX para controlar la vida política nacional fueron: el fraude electoral, la intervención federal y el patronazgo estatal.

En el proceso electoral, el partido oficial contaba con importantes ventajas sobre la oposición, pues el Gobierno era el encargado del nombramiento de los jueces, la distribución del ejército y la policía y el reparto de los puestos de la Administración Pública; además contaba con el telégrafo y se encargaba del recuento de los votos.

Por otra parte, el sistema de lista completa discriminaba a los partidos minoritarios, dificultando aún más el acceso de la oposición a los cargos electivos. En general, el sistema desalentaba la competencia electoral y en cambio daba a los partidos opositores fuertes incentivos para acceder a los cargos públicos por la vía insurreccional.

Más allá de la vigencia del sufragio universal, hasta 1912 el voto no fue secreto ni obligatorio y el fraude fue recurrente en los diferentes estadios del proceso electoral, desde la confección del padrón, el nombramiento de los jueces y durante la votación en la que sufragaban muertos, se falsificaban nombres y las urnas se llenaban con boletas falsas(2).

(2) Véase: “El Orden Conservador (la Política Argentina entre 1880 y 1916)” (1998), pp. 152 - 213, (quinta edición). Ed. Sudamericana, Buenos Aires; y Paula Alonso. “Entre la Revolución y las Urnas (los Orígenes de la Unión Cívica Radical y la Política Argentina en los años ’90” (2000), pp. 29 - 71. Universidad de San Andrés. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

La intervención federal fue otro de los instrumentos de los que se valió el Gobierno Nacional para ejercer influencia en la política provincial. De acuerdo con la Constitución Nacional, el Gobierno Federal tenía el derecho de Intervenir a las provincias con el objeto de garantizar la forma republicana de gobierno o repeler invasiones exteriores y a requisición de sus autoridades constituidas, para sostenerlas o restablecerlas, si éstas hubieran sido depuestas por una sedición o por invasión de otra provincia.

La imprecisión de la cláusula constitucional le daba amplias atribuciones al presidente, pues éste podía Intervenir por decreto si el Congreso estaba en receso; además tenía en sus manos la designación del interventor. Durante esta etapa, el uso de la Intervención Federal estuvo vinculado con diferentes cuestiones, ya sea para restaurar a las autoridades derrocadas por una sedición, reconocer a las nuevas autoridades si la insurrección había triunfado o para organizar las nuevas elecciones(3).

(3) Véase: Natalio Botana. “El Orden Conservador (la Política Argentina entre 1880 y 1916)” (1998), pp. 117 - 137, (quinta edición). Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

El patronazgo estatal fue otro de los medios que tuvo a su alcance el Gobierno Nacional para influir en los asuntos de las provincias, pues el presidente era el encargado de distribuir el ingreso nacional, la venta de las tierras públicas y el control de los créditos.

Los nombramientos de los funcionarios de justicia y educación se convirtieron en herramientas de transacción de favores o fueron utilizados como premios o castigos entre el Gobierno Nacional y el Provincial. En contraposición a la visión más generalizada sobre el período que ubica al presidente en una posición “todopoderosa”, devenido en “gran elector” y que minimiza la actividad política de la época, estudios recientes demostraron que la ingeniería institucional generó una forma particular de hacer política que se caracterizó por la constitución de “pactos de adhesión mutua” o “ligas”, a través del trato personal y la correspondencia privada entre los que controlaban las políticas provinciales y los pretendientes al cargo de presidente.

La finalidad de cada una de estas Ligas era dominar la política nacional con vistas a la siguiente elección presidencial y, con ese objetivo, los acuerdos se construían o quebraban según las posibilidades que se planteaban para alcanzar el número necesario de electores. Estas Ligas se ponían a prueba en las elecciones tanto nacionales como provinciales(4).

(4) Véanse los artículos de Paula Alonso. “El Partido Autonomista Nacional y la Competencia Interliguista en las Provincias de Córdoba y el Litoral. 1880 - 1886”, en: Historia-Unisinos. “Revista do progama de pos graduacao em Historia da Universidade do Vale do Rio dos Sinos”, pp. 51 - 82; y “La Política y sus Laberintos (el Partido Autonomista Nacional entre 1880 - 1886”, en: Hilda Sábato y Alberto Lettieri (comp.). “La Vida Política en la Argentina del siglo XIX (Armas, Votos y Voces)” (2003), pp. 278 - 283. Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Por otra parte, la política de fines del siglo XIX se caracterizó por la ausencia de partidos políticos programáticos al estilo de los partidos modernos. El tipo característico fue el partido de notables, donde las diferencias y los conflictos pasaban más por cuestiones personales o de familia que por divergencias de tipo ideológico(5).

(5) Una sencilla y clara caracterización de los partidos políticos de este período puede encontrarse en: Ana Virginia Persello. “Acerca de los Partidos Políticos. 1890 - 1943” (2000), en: “Anuario IEHS”, Nro. 15, pp. 230 - 267. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

La existencia de un único partido como lo era el P.A.N. (Partido Autonomista Nacional), que no poseía una estructura interna ni reglas para elegir sus candidatos, favoreció la existencia de las Ligas dentro del mismo partido y, a su vez, esa competencia interliguista acentuó el carácter faccioso y personalista de la política, pues éstas se formaban en torno a líderes y no en base a programas o ideologías.

En una sociedad donde la acción política estaba restringida a un pequeño sector de la opinión, tal como lo afirman Gallo y Cortés Conde: “las calidades personales de los líderes políticos adquieren extrema significación para el desarrollo institucional(6).

(6) Ezequiel Gallo y Roberto Cortés Conde. “Historia Argentina (la República Conservadora)” (1995), p. 63. (cuarta reimpresión). Ed. Paidós, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Este personalismo contribuyó a la fragilidad de estas Ligas, que se armaban y quebraban constantemente.

Por la misma naturaleza del P.A.N., sus ramas provinciales gozaban de cierta autonomía y, por ello también sufrió constantes cismas internos. Como ya hemos mencionado, el sistema federal limitaba la injerencia del Gobierno Nacional en las provincias y, a su vez, cada una de ellas constituía un distrito electoral, dentro del cual el gobernador gozaba de muchas ventajas para determinar el resultado de una elección; esto era utilizado como una herramienta de negociación política a nivel nacional.

Sin el apoyo de las provincias, un candidato presidencial no tenía posibilidades de ganar una elección y, a la vez, un presidente con las provincias adversas tendría una fuerte oposición en el Congreso. Esto implicaba mantener constantes negociaciones e intercambio de favores, premios y castigos entre ambos distritos.

Por otra parte, los gobernadores tenían fuertes estímulos para mantener buenas relaciones con el Gobierno Nacional, ya que podían beneficiarse con la construcción de obras públicas.

Sin embargo, la política de esos años se caracterizó por los constantes cambios en las lealtades políticas como consecuencia de las inestables circunstancias provinciales y nacionales. La autonomía de las fracciones provinciales del P.A.N., los cambios constantes en las lealtades y la incesante faccionalización, demandaron la existencia de liderazgos fuertes, como los de Roca y Juárez Celman.

Sin embargo, el estilo de liderazgo de ambos políticos fue diferente, pues Roca evitó, mientras pudo, la confrontación abierta con sus aliados provinciales e intentó cooptar a los opositores; Juárez Celman, en cambio, demandó estricta lealtad a sus seguidores y demostró una importante renuencia a compartir el poder, creando un sistema jerárquico de mando, donde los enemigos eran eliminados a través de revueltas organizadas por el Gobierno Nacional, el uso de la Intervención Federal o el apoyo al grupo de los opositores locales(7).

(7) Véase: “La Política y sus Laberintos (el Partido Autonomista Nacional entre 1880 - 1886”, en: Hilda Sábato y Alberto Lettieri (comp.). “La Vida Política en la Argentina del siglo XIX (Armas, Votos y Voces)” (2003), pp. 278 - 283. Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires; y “Entre la Revolución y las Urnas (los Orígenes de la Unión Cívica Radical y la Política Argentina en los años ’90” (2000), pp. 29 - 54, Universidad de San Andrés. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Uno de los factores que mantuvo activa la vida política de fines del siglo XIX fue la prensa. La libertad de prensa estuvo garantizada durante todo el período, lo que permitió la publicación de un importante número de periódicos y revistas. Entre estas publicaciones, el periodismo político tuvo un lugar destacado y se convirtió en una herramienta indispensable de la vida política argentina.

La prensa política cumplió un rol fundamental, que consistió en forjar la imagen pública de la facción a la que representaba. Paralelamente constituía un foro de reunión para los miembros del grupo. Según Paula Alonso, estos periódicos lograron “republicanizar la política” y convertirla en una cosa pública, expandiéndola más allá de las pequeñas reuniones de círculo en los cafés, clubes o comités, pues en estas publicaciones se hacía el seguimiento cotidiano de los principales eventos, se difundían chimentos de cismas partidarios y de reuniones políticas y se revelaban los celos, rivalidades, alianzas y traiciones.

Por otra parte, al mismo tiempo que hacían de la política una cosa pública, integraban al público a la política. Esta circunstancia obligó a los diferentes actores políticos a formular sus discursos cuidadosamente y elaborar un lenguaje principista y altruista en la defensa de sus políticas.

Al mismo tiempo, el estilo batallador, agudo e irónico empleado en las columnas de la prensa hacía difícil la retractación, encasillando tanto al Gobierno como a la oposición en posturas muy rígidas, que dificultaban el cambio de discurso y provocaba situaciones embarazosas cuando alguna cuestión particular así lo requería(8).

(8) Véanse los trabajos de Paula Alonso. “Entre la Revolución y las Urnas (los Orígenes de la Unión Cívica Radical y la Política Argentina en los años ’90” (2000), pp. 48 - 50, Universidad de San Andrés. Ed. Sudamericana, Buenos Aires; y “En la Primavera de la Historia (el Discurso Político del Roquismo de los años Ochenta a través de su Prensa)” (primer semestre de 1997), en: “Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani”, tercera serie, Nro. 15, pp. 35 - 70. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Polítaica en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Este intenso juego de acuerdos y negociaciones se vivió muy claramente durante estos años entre Corrientes y la Nación.

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