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EL APOGEO LIBERAL

- Europa y la expansión colonial

Hacia 1880 se perfilan en el mundo europeo y su área de influencia dos períodos definidos: el primero, signado por la diplomacia de Otto von Bismarck, extendióse entre 1871 y 1890; el segundo, caracterizado por un paulatino endurecimiento de las alianzas, se traduce en crisis sucesivas que culminarán en la primera guerra mundial(1).

(1) La denominación de los períodos ha sido sugerida por Jean-Baptiste Duroselle. “Europa de 1815 hasta Nuestros Días (Vida Política y Relaciones Internacionales)” (1967), pp. 32 a 36. Ed. Labor, Barcelona, y se adecúa bien a la gravitación de los factores más significativos de ese tiempo. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

En el orden económico, la aristocracia de Estados que dominaba en Europa impuso en casi todo el mundo la división del trabajo internacional. Gran Bretaña, el primer Estado industrial con capacidad expansiva, experimentaba la necesidad de encontrar ubicación a los capitales que su dinámico proceso industrial generaba.

Las decisiones que afectaban el destino del mundo eran adoptadas por un número reducido de Estados europeos e impuestas a la comunidad internacional. Europa era el centro político, económico y financiero del poder mundial y, Gran Bretaña, había maniobrado con habilidad durante los dos últimos siglos a través de la teoría del equilibrio de poder, mientras edificaba su imperio de ultramar.

Alemania experimentaba, por su parte, una extraordinaria transformación económica y un período de expansión colonial sin otros límites que los respetados o impuestos por los competidores, que la llevaría a graves tensiones posteriores. A partir de 1871, la evolución de la política europea se asociaba con la excepcional personalidad de Birmarck.

- La política bismasckista

La acción del canciller prusiano significó, en ocho años y a través de tres guerras victoriosas, la unificación de Alemania en favor de Prusia, cuyo rey se convirtió en el “emperador alemán’’.

Es la época clave de la industrialización alemana, de la conducción económica de Delbrück -sin la cual no se aprehende la política general de Bismarck-, de los grandes estrategas y jefes militares como Albrecht von Roon y Helmuth von Moltke y de un período que llegó a conocerse como el de la “Europa de Bismarck”.

Se ha observado con agudeza que Alemania articuló -a través del bismarckismo- un estilo y un modelo político: arbitraje entre las clases sociales, pero también una forma de dirigismo nacional. Resistió la tentación de las teorías británicas del internacionalismo liberal y ejecutó una política interna e internacional relativamente autónoma, con la alianza entre el Estado y los empresarios alemanes.

El desarrollo “espontáneo” a la manera británica y de alguna de sus ex colonias sería un proceso histórico excepcional y, terminado hacia la mitad del siglo XIX. El desarrollo alemán -y también el francés- se harían antes de la primera guerra mundial, a partir de un “desarrollo planeado” en el que el Estado jugaría un papel decisivo como agente del proceso y como árbitro social.

A eso añadía Bismarck la imagen de un militar triunfador e insaciable, dominado por la ambición guerrera. No obstante, era esa imagen la que le servía para imponer la paz, aunque convencido de ciertas cosas -como la enemistad hereditaria entre Francia y Alemania- que lo llevarían a trabajar en pos del aislamiento sistemático de Francia.

Pese a los designios de Bismarck, sin embargo, esa política no llevaría a la paz. Alemania llegaría a producir un modelo distinto del liberalismo económico clásico que evocaba la Gran Bretaña de los siglos XVIII y XIX, pero el mapa de Europa sufriría modificaciones constantes mientras aparecían y desaparecían Estados(2).

(2) Sobre el “bismarckismo”, se recomienda el ensayo de Helio Jaguaribe. “Desarrollo Económico y Desarrollo Político” (1964), especialmente pp. 19 a 24. Ed. Eudeba, Buenos Aires. En torno de la política exterior de Bismarck, cf. Jean-Baptiste Duroselle. “Europa de 1815 hasta Nuestros Días (Vida Política y Relaciones Internacionales)” (1967), p. 36. Ed. Labor, Barcelona. Respecto de la política económica y la presencia de Delbrück, ver: Helmut Böhme. “Vor 1866” (1968), Frankfurt; y acerca de la formación de la Alemania moderna, Helmut Böhme. “Deutschlands Zur Großmacht” (1968), Köln und Berlín. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

- La expansión colonial

La década del ochenta será, también, caracterizada por políticas de expansión colonial. En poco tiempo, Africa y la península indochina pasaron a poder de los europeos. El proceso expansivo lo inició Francia, en 1881, con la conquista de Túnez. Siguieron los ingleses, los belgas, los italianos y los alemanes.

Regía el sistema del “reparto”; se firmaban tratados fijando fronteras y se creaban pequeños “Estados-tapón” para evitar zonas de fricción entre las potencias coloniales. Francia, aislada por la política bismarckista, favorecía la neutralización recíproca de naciones hostiles entre sí. No había guerras entre Estados europeos y de esa manera se imponía una política de estabilización en el centro del poder mundial, favorable a la expansión económica y militar de las metrópolis.

La estructura parecía, pues, estable, sólida y dinámica. Cuando en 1890 cae Bismarck muestra, empero, fisuras, fragilidad y flancos vulnerables.

- Tensiones y conflictos

En pocos años se pusieron de manifiesto tensiones y conflictos que no se habían resuelto, sino acumulado. Hasta 1904 se sucedieron alianzas apropiadas a una política de “apaciguamiento” que pretendió reemplazar el realismo cínico, pero eficaz, de Bismarck. La expansión colonial proseguía, especialmente por la acción de Francia e Inglaterra, mientras Rusia ponía sus miras en el Extremo Oriente.

Cuando comienza el siglo XX los europeos se encontraron con que la acumulación de las tensiones hacía difícil resolverlas una por una. La imposibilidad de emprender acciones progresivas para resolver esas tensiones favoreció la exasperación de pasiones nacionalistas.

El 10 de Junio de 1903 fue asesinado el rey de Serbia por un grupo de oficiales ultranacionalistas llamado “La Mano Negra” y, hacia 1905, comenzó una serie de crisis -la franco-alemana, de origen colonial, y las austro-rusas, de origen balcánico- que condujo a la primera gran guerra.

El sistema internacional demostró ser demasiado rígido como para absorber conflictos localizados impidiendo su expansión. Casi todos los Estados europeos sintieron amenazada su seguridad y los militares se preparaban para lo que algunos llamaron “la hora de la espada”. Se dieron, reunidos, errores de apreciación unidos a falta de serenidad y de racionalidad.

Como bien señala Duroselle, no importa si realmente los Estados europeos querían la guerra; de hecho, la carrera armamentista conducía a una situación tensa en la que cualquier acontecimiento podía desencadenar conflictos de dimensiones hasta entonces desconocidas y cuyas consecuencias y efectos multiplicadores pocos o ninguno supo calcular.

- Nuevas expectativas

Expectativas nuevas, que presagiaban cambios políticos profundos, se difundían en los pueblos mientras los Gobiernos apenas percibían sus alcances: procesos indicativos de expectativas de mayor participación política, más amplia democratización de los Estados.

El análisis comparado de la política de la época denuncia, sobre todo en Europa Occidental, que tocaba a su fin la sociedad de los notables. El proceso no se manifestó por medios revolucionarios, si se tiene en cuenta que desde 1871 Francia, Inglaterra, Alemania e Italia no habían padecido guerras civiles y sus dirigentes alentaban ciertas reformas deliberadas.

En Francia se impuso la enseñanza gratuita y obligatoria en 1881; en 1882 se dispuso que fuera laica y se sancionaron leyes favorables a la libertad de reunión, de prensa, de asociación sindical en 1884 y de organización municipal.

Los británicos venían introduciendo de manera progresiva el sufragio universal y la “Ballot Act” de 1872 establecía ya el secreto del sufragio. Cuando promedian los años ochenta, la reforma electoral inglesa permitiría el acceso a las urnas de cinco millones de personas, cuando veinte años antes votaban algo más de un millón.

Hasta Alemania conoció un proceso limitado de democratización, controlado por el emperador y los militares. Sólo la autocracia rusa trataba de desentenderse de las nuevas expectativas y de la presión de las masas, actitud que explicaría en parte la explosión revolucionaria socialista entrado el siglo XX. Y fue ese movimiento y su doctrina, el socialismo, una de las manifestaciones de los tiempos nuevos que habrían de tener en las distintas situaciones, expresiones y alcances diferentes.

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