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La “revolución del 80”. La federalización de Buenos Aires

El partido Nacional se transforma en una fuerza conspirativa. Fracasa en Córdoba, donde intenta derrocar al gobernador Antonio del Viso, instalar una dictadura militar y actuar sobre las provincias de la Liga. El Gobierno Nacional convoca a elecciones generales.

Las candidaturas vuelven a circular. Los “republicanos” se dividen entre Domingo F. Sarmiento y Bernardo de Irigoyen. Avellaneda trata de convencer a Carlos Tejedor para que acepte la candidatura de su amigo, José María Moreno, vicegobernador de Buenos Aires, como candidato de transacción.

Sarmiento no vacila en atribuirse “la autoridad para todos, la Constitución restaurada, la ley, la fuerza” y de paso añade que Julio A. Roca es un general joven y un “hombre de circunstancias”.

Cierto cinismo realista de los protagonistas no sólo frustra una entrevista entre los candidatos que polarizan las fuerzas -Roca y Tejedor-, sino también las tentativas desesperadas de Avellaneda por evitar el conflicto.

Reúne a los notables: Mitre, Sarmiento, Rawson, Alberdi, Vicente F. López, Frías, Gorostiaga. Mitre ataca a Roca. Avellaneda y Sarmiento lo defienden. Las líneas están tendidas. Sobreviene la ruptura que está en el ambiente, como otrora, en vísperas de Pavón. Se movilizan las fuerzas de Buenos Aires y de la Nación.

El coronel Joaquín Viejobueno comanda a los nacionales. Ocupa puestos estratégicos en Chacarita y otros puntos de la ciudad; toma San Nicolás, bloquea Rosario y separa a Buenos Aires de su aliada Corrientes. Es el reverso de Pavón. Mitre se define, naturalmente, por Buenos Aires. Entra en negociaciones con Corrientes y arregla las siguientes bases:

1.- Corrientes hace suya la resistencia que Buenos Aires sostiene para impedir el triunfo de la candidatura de Roca.
2.- Obtener ese resultado dentro de la paz y el respeto a las autoridades nacionales.
3.- Respetar la unidad nacional.
4.- En caso de ataque por el Gobierno Nacional para imponer la candidatura de Roca, Corrientes se considera ofensiva y defensivamente unida a Buenos Aires.
5.- Para sostener ese compromiso, Corrientes se levantará en armas y ofrece un Ejército de diez mil hombres.
6.- Buenos Aires debe facilitarle armas y trescientos mil pesos para su transporte.
7.- En caso de estallar la guerra, Buenos Aires le facilitará un subsidio de hasta un millón de pesos m/c sobre la cantidad señalada anteriormente(1).

(1) Museo Mitre, Archivo Inédito de Mitre, Documento 10.703 (citado por Lía E. M. Sanucci. “La Renovación Presidencial de 1880” (1959), p. 155. Ed. Universiraria, La Plata). // Referenciado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

El texto es significativo. Ninguna alusión a la “Cuestión Capital”. Obsesiva mención de la cuestión presidencial. Mitre actuaba como porteño pero, sobre todo, como jefe del partido Nacional. Los comportamientos concretos denuncian el revés de la trama: para los jefes y los candidatos políticos, la cuestión federal se confundía con la lucha por la dominación.

Los hechos parecían dar razón a un lúcido y apasionado tribuno porteño: Leandro N. Alem. Cuando se debaten los arreglos previos a la federalización, diría en la Cámara de Diputados de Buenos Aires:

Un dilema fatal, cuyos dos términos deben ser rechazados, se presentará después de esta evolución. Una ‘oligarquía provinciana’ vendrá a dirigirlo todo y a fin de que no se levante una ‘oligarquía porteña’...(2).

(2) Leandro N. Alem. “Obra Parlamentaria” (1940), tomo III, p. 209, La Plata. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

- El triunfo de Roca

Aislada Corrientes por el Ejército Nacional, mientras los congresistas del partido Nacional y los partidarios de Tejedor permanecen en la ciudad, los opositores autonomistas y los partidarios del Gobierno Nacional constituyen el Congreso en Belgrano.

El proceso militar acompaña al proceso político electoral. Los comicios dan el triunfo a los electores de Roca y la mayoría vota a Francisco B. Madero para la vicepresidencia. El Ejército Nacional vence al bonaerense. Era la victoria del Gobierno Nacional y el triunfo político de Roca.

El nuevo líder explota con decisión ambas cosas. Domina el Congreso, expulsa a los diputados disidentes y reúne tras de sí el apoyo de Antonio Cambaceres, Dardo Rocha, Bernardo de Irigoyen, Aristóbulo del Valle, Eduardo Wilde, Juan José Moreno, Marcelino Ugarte, Hipólito Yrigoyen ... Viejos patricios, nuevos notables, políticos en ciernes.

Se sanciona la ley de federalización de Buenos Aires y culminan las dos grandes cuestiones de conflicto: la cuestión Capital(3) y la cuestión presidencial. Había comenzado el tiempo de Roca.

(3) La ley 1029, sancionada por el Congreso en Belgrano el 20 de Septiembre y promulgada el 21 del mismo mes de 1880, establece en su artículo 1: “Declárase Capital de la República al municipio de la Ciudad de Buenos Aires bajo sus límites actuales”.
Dispone sobre el destino de los establecimientos y edificios públicos, sobre los que seguirían perteneciendo a la provincia de Buenos Aires, como su Banco, el Hipotecario, el Monte de Piedad y sus ferrocarriles y se prevé sobre la deuda exterior de la provincia. El 27 de Noviembre la Legislatura de Buenos Aires cede el territorio del municipio de la ciudad declarada Capital y, en 1884, la ley 1585 federaliza el municipio de Belgrano y parte del de San José de Flores “a objeto de ensanchar la Capital”. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

- La federalización de Buenos Aires

La crisis de 1880 fue una manifestación política importante del cambio que se estaba operando. Como en 1861, se enfrentaron Buenos Aires y las provincias. Buenos Aires fue representada esta vez por Carlos Tejedor, “envarado y sordo, un verdadero porteño al estilo de los viejos rivadavianos, dispuesto a defender hasta lo último los privilegios congénitos y fructuosos del feudo(4).

(4) Jorge M. Mayer. “Alberdi y su Tiempo” (1963), p. 868. Ed. Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

Aunque Tejedor no era apoyado en todas sus actitudes por la opinión pública porteña, los más lúcidos no se engañaron acerca del trasfondo del litigio. Alem, que en esos días pronunció en la Cámara de Diputados el mejor alegato en favor de la causa porteña, apasionado y sincero, parcial pero inteligente, lo vio así:

¿Rosas habría podido ejercer su dictadura sobre la República si no hubiera sido el gobernador de Buenos Aires, teniendo bajo su acción inmediata y a su disposición todos los elementos de esta importante provincia?
Es claro que no ... ¡cómo no pudo ejercerla el general Urquiza desde Paraná; como no habría podido establecerla el general Mitre si ésa hubiera sido su intención!
Seamos francos alguna vez...: liberales y demócratas mientras estamos abajo, unitarios y aristócratas cuando nos exaltamos al poder...(5).

(5) Juan Bautista Alberdi. “La Revolución del 80” (1964), p. 15. Ed. Plus Ultra, Buenos Aires. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

- Alberdi

Esta vez, sin embargo, el poder nacional litigaba desde adentro de Buenos Aires. Alberdi advierte la importancia de la crisis del 80, pero no acierta en todas sus consecuencias.

Para él, la revolución de Mayo había sido doble: contra la autoridad de España y contra “la autoridad de la nación argentina”. El “coloniaje porteño sustituyendo al coloniaje español” había creado dos países: el estado-metrópoli, Buenos Aires, y el país-vasallo, la República. “El uno gobierna, el otro obedece; el uno goza del tesoro, el otro lo produce; el uno es feliz, el otro miserable; el uno tiene su renta y su gasto garantido, el otro no tiene seguro el pan

La "Cuestión Capital" era decisiva, porque “en este país abraza todas las cuestiones de su política, porque su capital natural encierra todos los elementos del poder de la nación”. Entregar la capital a la nación era dar más poder al presidente -en lo que no se equivocaba- y mejor porvenir al Interior -en lo que se dejaba llevar por sus esquemas- que se distribuiría con Buenos Aires los recursos del puerto.

Era, para Alberdi, la “nacionalización” del poder político y, también, del económico.

- Alberdi y L. N. Alem

El análisis alberdiano, temático, ingenioso y profundo, fiel a la prédica de muchos años, sobreestimaba la coyuntura y soslayaba el efecto multiplicador de factores favorables al predominio de Buenos Aires. El poder nacional se consolidó, pero haciendo de Buenos Aires sede del centralismo efectivo, del régimen unitario que años después defendería Rodolfo Rivarola como apropiado a la Argentina real frente a un federalismo “formal”(6).

(6) Rodolfo Rivarola. “Del Régimen Federativo al Unitario” (1908), especialmente el capítulo XVII, pp. 301 a 317. Ed. Peuser, Buenos Aires. Rivarola defiende el régimen unitario y estudia los factores unitarizantes. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

El puerto se nacionalizó, pero las rentas del comercio y de la industria favorecerían a los sectores vinculados con la situación porteña. Los provincianos gobernarían, pero alienados cultural y políticamente por la lógica interna de una nueva ideología unificadora y por la fuerza, el encanto v la sordidez de la enorme ciudad capital.

El porteño Alem, como otrora Tristán Achával, vio con claridad la otra faz del problema. En el Congreso diría:

Estoy perfectamente convencido de que los perjuicios que sufrirá la provincia de Buenos Aires no los necesita la nación para consolidarse y conjurar los peligros imaginarios, sino que, por el contrario, tal vez ellos comprometan su porvenir, puesto que de esta manera se va a dar el más rudo golpe a las instituciones democráticas y al sistema federativo en que ellas se desenvuelven bien.
Porque de esta manera arrojamos alguna nube negra sobre el horizonte y acaso si hasta ahora nos hemos salvado de aquellos Gobiernos fuertes que se quieren establecer por algunos, es muy probable que -una vez dada esta solución al histórico problema político, que en tan mala situación y en tan malas condiciones se ha traído al debate- tengamos un 'Gobierno tan fuerte' que al fin concluya por absorber toda la fuerza de los pueblos y de las ciudades de la República...”.

Alem introduce un argumento relativamente nuevo: la federalización de Buenos Aires como factor de “gobiernos fuertes”.

Pero los hechos del 80 verifican una constante histórica nacional, un signo de la conformación de la Argentina. Roca, el primer usufructuario cabal de la tesis de Alem, no era de los que iban contra la historia.

La capital en Buenos Aires -escribe en el 80- podía ser discutida en otras circunstancias. Después de los acontecimientos de Junio era un hecho ineludible, de esos que suelen presentarse en la Historia con todos los caracteres de la fatalidad...(7).

(7) Archivo del doctor Isidoro J. Ruiz Moreno. “Julio A. Roca a Martín Ruiz Moreno”, Diciembre 17 de 1880, Buenos Aires. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

Sobre todo si Buenos Aires habría de constituirse en “su” circunstancia y en la plataforma indispensable para la expansión nacional de su poder político.

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