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LA CRISIS DE 1890 (UNA REBELION DE LA BURGUESIA PORTEÑA)

El comportamiento del presidente Miguel Juárez Celman motivó el recrudecimiento de la crítica opositora, afirmó la cohesión de los católicos contra las reformas liberales que proseguían y definió las posiciones de aliados y adversarios dentro y fuera del partido Autonomista Nacional.

El “unicato” engendró sus “incondicionales”, que ocupaban los mejores puestos de la Administración y aspiraban a un futuro de mayor poder. Uno de aquéllos, señalado con sus 29 años sucesor presidencial, traducía en sus apreciaciones el espejismo que distorsionaba la visión de los actores próximos al presidente.

Según Ramón J. Cárcano, en efecto, el presidente “contaba con las ocho décimas partes de las fuerzas electorales dominantes en el país”.

El “unicato” había llevado a Juárez Celman al enclaustramiento político, le había restado aliados y multiplicado adversarios dentro y fuera del partido y su estilo autocrático liberal propició una política conventual cerrada a las advertencias, a las críticas y a los cambios de la realidad.

Nuestro país es tan rico y posee tanta vitalidad que no lo detienen en su progreso ni los mayores desaciertos de sus directores(1), escribía José C. Paz a Miguel Cané. Esta creencia, que los argentinos cultivaron con persistencia singular desde los años 80, iba a pasar una prueba difícil.

(1) Ricardo Saenz Hayes. “Miguel Cané y su Tiempo” (1955). Ed. Editorial Kraft. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

La banca internacional comenzó a suspender el crédito. Las amortizaciones en el exterior, los gastos y los intereses superaban el monto de fondos del mismo origen. De pronto, pues, el país apareció en situación de bancarrota.

El Gobierno intentó vender 24.000 leguas de tierras fiscales de la Patagonia y además hizo “ideología” para justificarse:

¿No es mejor que esas tierras las explote el enérgico sajón y no que sigan bajo la incuria del tehuelche?”, decía Juárez Celman, sin plantearse siquiera el problema de cómo haría para convencer al “enérgico sajón” que había mejores motivos para soportar los vientos de la Patagonia que hacer fortuna cerca del puerto bonaerense.

La crisis económica era acompañada por la crisis social y daba perfiles más claros a la crítica ética contra el desenfreno y el materialismo. A aquéllas se une la crítica política de la oposición.

“La Nación” señalaba en 1888 “casos de menores y empleados de ochenta pesos de sueldo que adeudan a los corredores de Bolsa saldos de cien mil pesos...". En 1890 hacía el inventario de casos de corrupción, el aumento en el costo de la vida, la multiplicación de las quiebras y el pánico que se difundía en los medios económicos.

El exceso de poder del “unicato” es demostrado a través de la intolerancia presidencial hacia los Gobiernos provinciales díscolos. Ambrosio Olmos, de Córdoba, adicto a Roca, fue destituido por juicio político; Posse, en Tucumán y Benegas, en Mendoza, derribados por rebeliones. Las “situaciones” provinciales eran dominadas por el presidente, rodeado por un ambiente cortesano que cultivaban sus “incondicionales” -Lucas Ayarragaray, Benjamín Villanueva, José N. Matienzo, Ramón J. Cárcano y otros-. La crisis estaba a punto de estallar.

- La oposición

Los “incondicionales” se declararon tales en un banquete de adhesión al presidente el 20 de Agosto de 1889. El mismo día, Francisco A. Barroetaveña publicó en “La Nación” un artículo que tuvo la oportunidad de lo necesario: “Tu quoque juventud. En tropel al éxito”, donde ridiculizaba a los incondicionales y convocaba en la oposición a la juventud independiente.

Se estaba discutiendo la sucesión de Juárez Celman cuando faltaban aún tres años para terminar el período constitucional y circulaban ya candidaturas: Roca, Pellegrini, y el Director de Correos y joven “incondicional”, Ramón J. Cárcano.

A comienzos del 90 se cernía sobre el Gobierno de Juárez Celman la tormenta económica, financiera, política, ideológica y social. Aristóbulo del Valle escribía a Miguel Cané en Marzo que las cosas iban “de mal en peor en todo sentido” y que la única esperanza era la renuncia de Juárez y el cambio fundamental de la marcha del Gobierno. Sin embargo, no advertía signos de una reacción moral y colectiva. El tribuno pasaba por un período de desazón:

Nos hemos dejado robar hasta que nos han dejado en cueros y llegaremos a soportar el hambre sin acordarnos que somos hombres y ciudadanos. No hay diez juaristas en Buenos Aires y si tú llamaras a la plaza al pueblo para que vote o para que pelee no se reunirían cincuenta opositores espontáneamente.
Les hablas de elecciones; para qué nos vamos a poner en ridículo, te contestan. Les hablas de revolución y te preguntan si cuentas con el Ejército...(2).

(2) Ricardo Saenz Hayes. “Miguel Cané y su Tiempo” (1955), p. 382. Ed. Editorial Kraft. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

Sin embargo, Cané advertía contradicciones notorias entre las manifestaciones de Del Valle y sus trabajos de conspirador; entre su escepticismo respecto del estado de la opinión pública y el resultado del mitin en el Jardín Florida del 1 de Septiembre de 1889 en el que habían estado presentes Del Valle, Vicente F. López, Pedro Goyena y Leandro N. Alem convocados por la “Unión Cívica de la Juventud” que, cómo había previsto uno de sus animadores -Francisco Barroetaveña-, generó la Unión Cívica(3).

(3) Los pormenores de la creación de la Unión Cívica pueden leerse en “Unión Cívica (su Origen, Organización y Tendencia)” (1890), publicación “oficial”. Ed. Ladenberger y Conte, Buenos Aires. El tono y clima de la crítica opositora la da de entrada Francisco Ramos Mejía en la introducción: “La U. C., ¿qué es?”, -comienza-; “movimiento de indignación, grito de dolor, de rabia, de asco y de vergüenza; maldición que un pueblo entero arrojó a la faz de un mandatario infiel...”. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

Cané no se engañaba. Poco menos de un mes después, recibía otra carta de Del Valle, escrita luego del famoso mitin del 13 de Abril de 1890 en el Frontón Buenos Aires, donde más de diez mil personas -cifra importante para una reunión política de la época- testimoniaron la constitución definitiva de la U. C.

Parece otro el que escribe. Del Valle atribuía a los clamores de la opinión y a la proximidad del mitin la caída del Ministerio de Juárez Celman, ocurrida el día anterior a la reunión popular. No sólo renunció el gabinete sino que -a proposición de Pellegrini- Roca y Cárcano retiraron sus candidaturas.

Del Valle rescataba al “Gringo” -así llamaban a Pellegrini- de tanta especulación:

Roca se ha ejecutado con bastante buena voluntad aparente y Cárcano contra todo su querer y el de sus amigos; en cuanto al Gringo creo que se ha movido por un sentimiento patriótico y para salir de una situación difícil.
Veía llegar la revolución y no sabía qué hacer. ¿Con el Gobierno? Bien sabe que son unos bribones. ¿Con la oposición? Sería tachado de traidor. Más vale salvar al país de una agitación armada y aparecer sacrificando ambiciones legítimas en bien de todos(4).

(4) Ricardo Saenz Hayes. “Miguel Cané y su Tiempo” (1955), pp. 383 a 385. Ed. Editorial Kraft. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIII: “El Apogeo Liberal”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

¿Cuáles eran los móviles de Pellegrini, quien advertía la rebelión incontenible y se proponía pacificar los ánimos para no perder el dominio de la situación? Aristóbulo del Valle dudaba, a pesar de que antes lo había defendido sin vacilar:

Si se quedaba con Juárez, a quien en el fondo del alma desprecia, jugaba su porvenir en beneficio de Cárcano o de cualquier otro cordobés. Reproducción del año 80...”.

¿Cuáles eran las intenciones de Roca? Nada trasparentes por cierto:

Su plan consistía en esperar a que Juárez tuviera el agua al cuello para imponerle condiciones y ser el árbitro de la situación’’.

Los movimientos de Roca intrigaban. Desde la oposición se le temía más que al propio presidente. La sinceridad de Aristóbulo del Valle era reflejo fiel de una sensación colectiva.

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