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EL ULTIMO DESGARRAMIENTO DEL TERRITORIO ORIGINAL CORRENTINO

En los último meses de la Administración de Santiago Baibiene dará inicio el proceso que culminará con la última escisión de aquél inmenso territorio adjudicado a Corrientes en 1588. Los dirigentes correntinos intuirán lo peor, pero finalmente poco o nada se podrá hacer ante el desarrollo de la historia de Corrientes, que asumirá el mismo itinerario que la Nación Argentina soportará a lo largo de los siglos.

Hay países que crecen como una mancha de aceite: de un núcleo original, se expanden territorialmente hasta ocupar un inmenso espacio. Pensemos en Estados Unidos que, desde las colonias originarias situadas sobre el Atlántico, llegará hasta Hawaii y que, desde la línea divisoria acordada con el Imperio británico, se extenderá hacia el sur hasta arrebatar extensos territorios a México.

Brasil es otro caso similar. Desde aquél núcleo original otorgado por el Tratado de Tordesillas, ampliará varias veces su territorio hasta ser hoy el gigante de Sudamérica ocupando el 47 % de la superficie del subcontinente.

Los casos de Argentina y Corrientes se caracterizarán por tener un perfil opuesto al de estos ejemplos. Recordemos en primer lugar el proceso de desmembramiento territorial de la Nación.

Al momento de producirse la separación de la actual República Argentina de los Reinos de Indias, estaba vigente -como estructura política- el Virreinato del Río de la Plata, integrado -como es sabido- por ocho Intendencias y cuatro Gobiernos Militares; estos últimos correspondían a áreas periféricas, en las que eran constantes las fricciones con las posesiones portuguesas.

La Argentina, por múltiples razones, es la legítima heredera de ese Virreinato. Una nota distintiva de la historia nacional es el progresivo desmembramiento o desintegración del citado Virreinato y su consecuente disminución territorial, a tal punto que hoy la Argentina sólo tiene 2.800.000 km2 aproximadamente, de una entidad territorial originaria cuya superficie ha sido estimada en algo más de 5.000.000 km2.

Muy diferente fue el proceso de integración territorial de los actuales Estados Unidos y Brasil que, a partir de pequeños territorios situados a la vera del océano Atlántico, se expandieron continuamente hacia el Oeste.

Inmediatamente después de los sucesos de Mayo de 1810, subsistieron las estructuras administrativas vigentes durante el Virreinato, pero pronto surgieron deseos de autonomía por parte de algunas ciudades del Interior, descontentas con el giro político y económico de los acontecimientos de entonces; signo de ese descontento fue la creación de las Juntas Provinciales (Abril de 1811).

Las crecientes demandas de los pueblos del Interior debieron ser satisfechas y así, entre 1813 y 1814, las ciudades más importantes -junto con las áreas rurales circundantes- se erigieron en Provincias, en gran parte merced a la acción de sus respectivos Cabildos. Con la anarquía del año 1820 el proceso se completó y a su término estaban conformadas las trece provincias inciales.

A estas trece provincias raigales deben adicionarse -esporádica y discontinuamente- la Provincia Oriental del Río de la Plata (actual Uruguay) y las provincias del Alto Perú (actual Bolivia). Por ello nuestro país se denominaba Provincias Unidas del Río de la Plata.

En 1834, Jujuy se separó de Salta y también adquirió el carácter de Provincia, con lo cual su número ascendió a catorce. Ellas son las que organizaron el país en sucesivas instancias, son las que aparecen aludidas en el Preámbulo de la Constitución de 1853 y son las que -sin mayores variantes- aparecen en los mapas del país durante más de dos siglos.

Ya en el origen, desde los tiempos de la colonia, ya se habían perdido los extensos territorios que hoy constituyen los Estados brasileños de Santa Catarina y Río Grande del Sur; luego, vendrán: la independencia del Paraguay, en 1811; la independencia de Bolivia, en 1825; la separación e independencia de la Banda Oriental, en 1828; a los que se debe agregar el movimiento expansionista de Chile en el sur, la pérdida de Malvinas a manos de los ingleses, en 1833, y por qué no sumar la quita de soberanía del territorio antártico, hechos que dan una idea manifiesta del nefasto proceso territorial argentino.

EL CASO CORRIENTES - JURISDICCION ORIGINARIA

Más allá de la disputa de poder sostenida por Buenos Aires y Río de Janeiro por el control y dominio de esta parte de América del Sur, cabe preguntarse si los hombres de Corrientes actuaban como títeres en ese drama histórico o si el alma correntina se movía también motivada por razones ajenas a toda contingencia de poder ajena a su ciclo histórico.

¿Puede el Acta Fundacional, firmada hace más de 430 años, jugar un papel en el alma del correntino, que lo impulsaba a tener la posesión de las tierras en litigio?

La determinación exacta de la jurisdicción originaria de la ciudad es tarea difícil y controvertible, porque las ciudades se fundaban -para crear el dominio español- en el centro de zonas desérticas, por lo que la extensión efectiva fue aquélla que cayó bajo el contralor de la conquista, utilizada después en la colonización.

En tal sentido, tiene una base exacta y que no lograron penetrar. Si llevados del propósito de fijar la jurisdicción originaria de Corrientes abundásemos en el asunto, podríamos resolver provisionalmente estas dificultades relacionando la jurisdicción que le asigna el Acta de Fundación, con las jurisdicciones que tienen las otras ciudades (que le eran anteriores) y que la misma Acta menciona.

Corrientes fue fundada con los “términos”, o zona intermedia existente entre los “términos” o jurisdicciones de las ciudades de Asunción (Paraguay), Concepción de la Buena Esperanza (Chaco), Santa Fe de la Vera Cruz (Santa Fe), Ciudad Real y Villa Rica del Espíritu Santo (Guairá) y San Francisco y Mbiazá (sobre el Atlántico, casi frente a la isla de Santa Catalina).

De acuerdo a estos datos, Corrientes comprendía parte de la provincia del Chaco, de la provincia de Entre Ríos, del Estado brasileño de Río Grande del Sur, las viejas Misiones Orientales, Occidentales y Centrales, y el sur de la República del Paraguay.

Desde 1588 -la fundación- a 1816, la Independencia, esta amplísima jurisdicción llegó a determinarse con más exactitud, disminuida en buena parte por actos del soberano (España) o por el contacto o la usurpación que nacieron de la fundación o expansión de otras ciudades.

Hacia el Oriente, la jurisdicción originaria de Corrientes fue objeto de modificaciones de hecho y derecho. Estas últimas fueron establecidas en los Acuerdos sucesivos de límites entre España y Portugal, cuya línea de frontera señalaba el límite de los términos de Corrientes, a contar de los territorios sujetos al Gobierno Militar de Montevideo.

El derecho de Corrientes se tradujo en la guardia que sus milicias regladas tenían permanentemente en Río Pardo (actual Estado de Río Grande del Sur), guardia que se renovaba anualmente como una carga de la población correntina.

En 1801, esas milicias fueron retiradas y los portugueses avanzaron hasta la línea del río Uruguay, el límite actual. Pero si esto era en cuanto al derecho, en los hechos la frontera originaria de Corrientes sufrió una penetración sucesiva y usurpadora, al principio sin actos oficiales que lo homologasen y, después, conformadas a un régimen de cosas que naturalmente llegó al Derecho positivo.

Referimos a las misiones jesuíticas, establecidas primero en el Guairá y desplazadas luego al sur, hasta ocupar la jurisdicción correntina en una línea formada por los Esteros del Iberá, el río Miriñay y una franja a lo largo del río Uruguay, más o menos hasta el emplazamiento actual de la Ciudad de Concordia.

Amparada por la influencia que la Compañía de Jesús ejercía en la Corte española, esta penetración fue progresiva y explicada en forma diversa, creando conflictos que la crónica ha recogido y el principal de los cuales fue la insurrección de los Comuneros correntinos.

La expulsión de los jesuitas puso término a estas usurpaciones territoriales sistemáticas de los pueblos de las Misiones, sobre todo cuando fueron organizados, por real cédula de 1803, en Gobierno independiente.

Desde ese entonces, el litigio se redujo a los terrenos de la banda sur del río Miriñay, que el pueblo de Yapeyú siguió creyendo suyos, no obstante la resolución del virrey, del 18 de Enero de 1800, fijando ese río como límite de las jurisdicciones de Corrientes y Yapeyú.

En esta convicción, los indígenas realizaban excursiones continuas que retardaban el progreso, especialmente del vecindario de Curuzú Cuatiá. Cupo al general Manuel Belgrano la última palabra en el asunto ya que, después de acampar en este vecindario, donde reorganizó su parque y remontó su ejército, decretó -el 16 de Noviembre de 1810- la refundación del pueblo de ese nombre, con jurisdicción hasta el Miriñay y dependencia del Gobierno de Corrientes.

Evidentemente, estos hechos -originados en el Acta de Fundación- motivaron la política expansionista hacia el río Uruguay, marcada por los gobernadores Pedro Juan Ferré y Pedro Dionisio Cabral, política que quedará impresa en los gobernantes subsiguientes que consideraban suyas -sin duda alguna- las tierras ubicadas entre el Paraná y el Uruguay.

Hacia 1850, el gobernador Juan Benjamín Virasoro no estaba allí sólo porque lo ordenaba el gobernador de Buenos Aires, tal como lo expresara Carlos Antonio López. Era un imperativo que pesaba sobre los hombres que administraban Corrientes.

- El por qué de la secesión

¿Por qué Corrientes no heredó a Asunción en la hegemonía política de la época y por qué en vez de hacerse centro del Gobierno de la vieja Provincia de Vera o Nueva Andalucía, va perdiendo su importancia y reduciendo su jurisdicción?

Tenemos varias razones, inmediatas unas, lejanas las otras. Entre las causas inmediatas, está el viaje a España y la renuncia de su dignidad por el Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón, que restó al propósito el cerebro que concibiera este plan de Gobierno.

También se encuentra la breve gestión de su primer gobernante, el sobrino del Adelantado, que es sustituido entre el pesar del pueblo y cuyos sucesores no estuvieron a la altura de sus deberes o no se les arbitró la amplia jurisdicción personal y los recursos que a Alonso de Vera.

Todo esto, sin embargo, no hubiese impedido la culminación correntina en el período de la conquista (que después heredó Buenos Aires, directamente de Asunción), si la propia España no lo hubiese hecho imposible, cambiando el orden económico-administrativo de la zona oriental, con el establecimiento en ella de las Misiones jesuíticas, extensas reducciones que, volcándose desde la provincia del Guairá, ocuparon la jurisdicción correntina hasta la tranquera de Loreto, el Iberá, el Miriñay y, corriéndose al oriente del Uruguay, estrechan su territorio como un cinturón de acero.

A este respecto se ha escrito con elocuencia y documentación. Sólo hay que leer a autores clásicos contemporáneos. Establecimientos portugueses del litoral atlántico -en el Brasil- enviaron a los territorios del Guairá poderosas expediciones que destruyeron las ciudades fundadas por España. Como ellas estaban erigidas sobre la opresión del nativo y el invasor lusitano buscaba adueñarse de él, reduciéndolo a la esclavitud, las ciudades destruidas no pudieron reedificarse.

Hernandarias de Saavedra, en carta al rey, demostró la insuficiencia de la fuerza y la preeminencia de la conquista evangélica, conceptos que la cédula real del 5 de Julio de 1608 hizo suyos, suspendiéndose la conquista guerrera.

Corrientes, organizada para completarla, perdió importancia. Apenas si Alonso de Vera y Aragón pudo, en el mismo año de su establecimiento(1), encomendar a los indios del territorio actual de la provincia de Misiones.

(1) Se distribuyeron las encomiendas aludidas el 2 de Noviembre de 1588. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Fundación de la Ciudad de Corrientes hasta la Revolución de Mayo)” (1928). Edición del Estado.

La acción del soldado fue sustituida por la del evangelizador y, con las regalías instituidas en su beneficio, reducida la jurisdicción territorial.

Cumplíase, por otra parte, algo como un augurio. A continuación de los términos que se fijaban para la nueva ciudad, el Acta de Fundación de Corrientes expresa: “entretanto que Su Majestad o por mi, otra cosa no sea mandado en su real nombre”.

Y estas palabras, que más semejan una fórmula a algo premeditado, legitimaron la secesión continua del amplísimo territorio originario.

- Misiones, la ultima escisión del territorio originario correntino

Como se dijo más arriba, durante los meses finales de la Administración del gobernador Santigo Baibiene, se hace manifiesta la posible pérdida de territorio.

En una nota del 14 de Abril de 1871, en plena campaña por imponer su sucesor, Baibiene escribe a Valerio Insaurralde sobre el eventual tratamiento en el Congreso Nacional de una futura ley de segregación de Misiones.

Las tratativas con Brasil -tras la finalización de la guerra contra al Paraguay-, estaban en un punto culminante, y la posesión del territorio misionero era uno de los puntos de discusión. Corrientes comenzaba a asistir al ultimo acto de escisión de su territorio original.

¿Hubo responsabilidad de la élite política provincial?

En principio puede decirse que no. A medida que Buenos Aires implantaba definitivamente su centraismo -de Mitre en adelante-, proporcionalmente Corrientes profundizaba su carácter periférico -con sus consecuencias de pobreza y marginación- proceso que continuará en el siglo XX y en lo que va del siglo XXI.

Lo que sí se puede afirmar es que la postura política sostenida por los dirigentes oficialistas correntinos en la década de 1870, catalizaron, con su accionar, la escisión misionera. La postura decididamente mitrista, partidaria en extremo de los intereses del ex presidente, perjudicó considerablemente a la provincia.

Es dable pensar que un posicionamiento diferente, más acorde con el pensamiento de los presidentes Sarmiento, Avellaneda o Roca, hubiese llevado a un resultado final que podría haber sido diferente.

Si desde el Poder Central se opinaba que había que fortalecer la presencia argentina en el territorio misionero, en su puja con Brasil, teniendo al Gobierno de Corrientes como herramienta para lograr tal propósito, actuando en consuno con los gobernantes provinciales, se podría haber generado presencia argentina plena, con la creación de una provincia grande, poderosa, rica, que quizás hubiese dado más equilibrio al federalismo argentino. Esta es una variante que puede considerarse perfectamente posible.

Pero, lamentablemente, los hechos marcaron otra cosa. El mitrismo correntino -en consonancia con las bandera desplegadas por Mitre en todo el país, ambicionando gobernar nuevamente el país en 1874-, se enfrentó frontalmente a los hombres que gobernaban en Buenos Aires, llevando las cosas al colmo, hasta desembocar,en 1878, en una sangrienta guerra civil que, finalmente, hizo eclosión en 1880 cuando Roca, con el apoyo del ejército, bajó el pulgar y amputó el territorio.

¿Había conciencia del peligro? Sí. El 27 de Agosto de 1863 se registra la repoblación de Santo Tomé, cuando el gobernador Manuel Ignacio Lagraña promulga la ley por la que se disponía el restablecimiento de Santo Tomé. La Legislatura provincial dicta, en esa fecha, una ley, resolviendo restablecer el extinguido pueblo de Santo Tomé, sobre las márgenes del río Uruguay. El gobernador Lagraña, exige su cumplimiento y la promulga ese 27 de Agosto.

El 12 de Marzo de 1864, por un decreto del Poder Ejecutivo Provincial, se dispone la reserva de los terrenos para los ejidos de los extinguidos pueblos misioneros, que fueron restablecidos por ley del 27 de Agosto de 1863.

En 1865, Víctor Navajas llega al paraje donde está hoy asentada la ciudad de Gobernador Virasoro. Es un joven de origen uruguayo que adquiere, en 1870, una extensión de campo de 13.160.500 varas cuadradas que pertenecían a Manuel Salas. Ese establecimiento será llamado “Rincón de la Santa María del Vuelta Ombú”.

La escasez de elementos para las mediciones obliga al ingenio. Se empleará una cuerda de cáñamo de 50 varas con la que se hacen los trazados. Víctor Navajas constituye su familia, en el establecimiento de su propiedad, al que da el nombre de Vuelta del Ombú. El nombre implica una característica bien definida del paisaje geográfico: lugar de ombú o de ombúes, denotando la existencia de la especie en esta zona.

Según testimonio del historiador santotomeño Marco Tulio Centeno, en 1847 se hace referencia al nombre Vuelta del Ombú, al comentar que un comerciante de nombre José Varela, que venía desde la Tranquera de Loreto (Ituzaingó), a hacer compras en carretas al Hormiguero (Santo Tomé), al volver, fue apresado por unas partidas de paraguayos, después de cruzar el Aguapey. Un destacamento correntino, que estaba en Vuelta del Ombú, comunicó la novedad al comandante de El Hormiguero(2).

(2) Anteriormente, también un mapa, del señor Alcides d’Orbigny, del año 1828, señala el lugar con la palabra “Umbú”. Esto probaría que el nombre Vuelta del Ombú ya estaba firmemente asentado en la primera mitad del siglo XIX.

El 30 de Noviembre de 1870, el P. E. provincial decretó que, en todos los extinguidos pueblos de los Departamentos de Santo Tomé y Candelaria se reserva, para ejidos de ellos, una legua cuadrada, la cual se dividirá en suertes de chacra. Así, quedó fijado el ejido el pueblo de Santo Tomé.

En sus considerandos, se señalaba que, no siendo suficiente el área que, por decreto del 12 de Marzo 1864, se reservaba a cada uno de los antiguos pueblos de Misiones en ruinas, y consultado su posible repoblación y la protección de los pobres que deseen dedicarse a la agricultura, el Gobierno correntino optó por la medida más arriba relatada.

El 5 de octubre de 1871, el gobernador Santiago Baibiene publica y ordena el cumplimiento de la ley -aprobada ese mismo día por la Cámara de Representantes de la provincia de Corrientes- sancionando el decreto expedido por él, de fecha 27 de Mayo de 1871, sobre aumento de Juzgados pedáneos en el Departamento Santo Tomé, y la demarcación de límites jurisdiccionales de cada uno, con las modificaciones contenidas en los incisos de la misma ley, como ser que los límites de la Quinta Sección serán:

Por el Sud, el Departamento de La Cruz; por el Norte, el Departamento de la Candelaria; por el Este, el Aguapey; y por el Oeste, la cañada que corre entre el Aguapey y el Yvera”. En tanto, los de la Sexta Sección serán: “Por el Norte, el Departamento de la Candelaria; el del Sud, el de La Cruz; por el Este, la cañada que corre entre el Aguapey e Yvera; y, por el Oeste, el estero Yvera”.

En 1872 quedará inaugurada la iglesia del pueblo de Santo Tomé, la que fue puesta bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. El 2 de Octubre de 1874, el Poder Ejecutivo Provincial da su aprobación al plano topográfico y delineación del pueblo de Santo Tomé. El texto de la medida dispone que sean amojonados los cuatro ángulos salientes de las manzanas y calles, debiendo ser edificadas en sus cuatro frentes, dejando ochavadas las esquinas en tres varas y media de extensión.

Una fecha trascendente es el 27 de Septiembre de 1877, cuando la Cámara de Representantes de la provincia crea, por ley, numerosos pueblos, entre ellos, el de Garruchos, el que se deslindó al año siguiente. Garruchos fue un centro agrícola durante la época jesuítica.

En 1879 se creará el Juzgado de Paz y en 1904 se realizará una nueva división de sus ejidos. Está situado en lo que hoy es territorio del Departamento Santo Tomé, en las proximidades de la desembocadura del arroyo Chimiray, en el río Uruguay. Allí, la costa del río es alta y muy erosionada. Del otro lado está Puerto Garruchos (Brasil).

El gobernador de la provincia, José Luis Madariaga, ordenó su cumplimiento y publicación en el Registro Oficial el 2 de Octubre 1877. Esta ley no se limitaba sólo a Garruchos, ya que la misma estaba dirigida a destinar terrenos para la fundación de varios pueblos agrícolas. El texto de la ley, sancionada por la Cámara de Representantes de la provincia, decía que se destinaba para la fundación de pueblos agrícolas los terrenos que a continuación se expresan:

* San Carlos: antiguo pueblo de Misiones, con dos leguas cuadradas de superficie;
* San Alonso: situado en el camino público de Trinchera de San José a Santo Tomé con dos leguas cuadradas de extensión;
* Garruchos: lindando al Sur con el río Uruguay; al Oeste, el arroyo Garavi; al Este, el Chimiray; y, al Norte, dos leguas de fondo;
* Concepción: lindante al Sud con el río Uruguay; al Oeste con el arroyo Concepción; al Este el Kapivary; y, al Norte, dos leguas de fondo;
* San Javier: lindante al Sud, con el río Uruguay; al Oeste, el arroyo Akaragua; el Oeste, el Pindaity; y, al Norte, dos leguas de fondo;
* Apóstoles: antiguo pueblo de Misiones, con dos leguas cuadradas de superficie;
* Mártires: antiguo pueblo de Misiones, con dos leguas de superficie;
* Candelaria: antiguo pueblo de Misiones, lindante, al Norte, el río Paraná; al Este, con la propiedad de Felisario Enrique, con una superficie de 46.000.000 varas cuadradas;
* San Ignacio: antiguo pueblo de Misiones, con dos leguas cuadradas de superficie;
* Corpus: antiguo pueblo de Misiones con dos leguas cuadras de superficie; y
* San José: antiguo pueblo de Misiones con dos leguas cuadradas de superficie.

El 8 de Noviembre de 1877, el gobernador Madariaga publica y ordena el cumplimiento de la ley sancionada por la Cámara de Representantes el 6 de Noviembre de 1877, erigiendo un nuevo Departamento en la Provincia, en la Sección de San Javier, que formaría parte -desde el 1ro. de Enero 1878-, de un Departamento, independiente de Santo Tomé, con la denominación de “San Javier”. La misma ley señalaba, para límites del Departamento:

Al Norte y Nordeste, la sierra central que lo separa del Departamento Candelaria; al Este, el Pepiri Guasu; al Oeste, el arroyo Chimiray; y, al Sud y Sudeste el río Uruguay”.

Ordenaba, también, que los Departamentos de Santo Tomé, Candelaria y San Javier formarían una sección electoral, con opción a un solo diputado.

Estos registros confirman la necesidad de poblamiento del territorio misionero. La única dificultad es que llegó tarde, en un contexto político que neutralizó totalmente las buenas intenciones.

Los conflictos políticos de la época no se circunscribían exclusivamente a la lucha política en sí. En su torno también influían apreciaciones personales y de grupos; intereses sociales y económicos; vinculaciones de familia; y una lucha constante por el ascenso de prestigio(3).

(3) Citado por el doctor Carlos María R. Vargas Gómez, en el Prólogo de la obra, Los Virasoro en la Organización Nacional, de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El doctor Vargas Gómez escribe un profundo estudio sobre la psicología de estos hombres que gobernaron Corrientes. Si bien él sitúa el análisis en los tiempos de Virasoro, no deja de extrañar que sus palabras son perfectamente aplicables a hombres que y actuaron 20 años después. Es como si ese "gen guaraní-español" estuviese ahí, presente, haciendo de las suyas:

El estado en general en que se desarrollaban estos sucesos no estaban limitados por un rígido código de lealtades, obediencias o lazos de amistad tradicional. La lucha por el prestigio o el reconocimiento -que es una constante de la actividad humana-, empujaban todos los resortes adecuados del poder, incluso, con la dramaticidad que la hora imponía.
Nadie se engañe que tanto ayer como hoy el hombre político usa todas las artimañas más deleznables para asegurar su dominación”.

Y agrega Vargas Gómez:

Los sociólogos señalan básicamente la existencia de tres elementos en la estructura social de sus pueblos:

- el factor genético o de la raza;
- el ambiente o geográfico;
- el ocupacional o económico; y,

ellos combinados de tal modo y de contornos íntimos, se ensamblaron armoniosamente para que en Corrientes se elaborara un producto de nítidos caracteres con perfiles definitorios, donde el gen guaraní-español, unido a una geografía de llanuras y espléndidos ríos, lagunas, arroyos y esteros, en un clima apacible y benigno y dentro de la prodigalidad de su naturaleza -abundante en recursos para la subsistencia- y una ocupación harto contemplativa en las actividades rurales, dieron como resultado final un ser humano que encontró en la guerra su mejor tarea, en el campo de batalla su hábitat y ello, en su conjunto, explotaron en su mundo anímico una grandeza de libertad e indomable altivez.
"El cuarto dato o elemento que los científicos agregan es el pensamiento, que obró a través de una dirigencia paternalista que hizo del conflicto armado un sistema de dominación global de mayor alcance y delicadísimas proyecciones. Los hombres que idearon el sistema no pudieron del todo controlar puntualmente su desarrollo, ni menos aún prevenir el futuro de sus diversas manifestaciones.
Por ello estimo que el progreso social no estuvo debidamente diseñado en las miras de los hombres de uno y otro bando; sólo advirtieron la idea de la confrontación, de cuyo resultado debía surgir la eliminación de uno y otro de los grupos en pugna. Esta idea que, esencialmente, prevalece incluso en nuestras actuales circunstancias políticas es, lamentablemente, una herencia no del todo saludable.
La idea de la conciliación no estuvo presente en los programas políticos de entonces, como tampoco la tolerancia y el respeto mutuo del disenso fue una norma del comportamiento político. Pareciera que únicamente el principio político más absoluto de la idea de la dominación -hija de una sociedad paternalista- fue la vertiente por la cual transitaron los líderes de entonces.
En la medida en que nadie intentó el diálogo conciliador y constructivo, en que nadie sintió la necesidad de la asistencia mutua ni de la solidaridad de los propios hermanos, el paternalismo dominante erradicó toda posibilidad de convivencia civilizada y la desunión inútil y suicida reinó entre los hombres”.

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