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El Paraguay, centro de la tensión argentino-brasileña

Para comprender, al menos en parte, la posición y los intereses argentinos en lo que hace a su política exterior en general y en el Río de la Plata en particular, cabe señalar previamente que las discrepancias que dividían a la élite porteña, en materia de política exterior, se asentaban sobre un clivaje principal planteado en términos de mercado y fronteras, incluidos en este último concepto tanto los litigios jurisdiccionales como las pulseadas por áreas de influencia y equilibrios regionales.

De allí se derivaban las diferentes interpretaciones acerca de los intereses nacionales, expresadas en opciones entre lo político y lo económico, el pacifismo y el belicismo, la disciplina presupuestaria y el gasto militar.

Mientras los mercados marcaban los perfiles de una relación privilegiada y cada vez más excluyente con Europa, la agenda diplomática mantuvo un lugar preponderante en el ámbito territorial inmediato, en virtud de un conjunto de litigios limítrofes que provocaron fricciones con todas las naciones vecinas, las cuales llevaron más de una vez al borde de una guerra y alentaron carreras armamentísticas que interferían en la evolución económica, en el marco de un proceso de consolidación de los Estados nacionales, que tendía a valorizar los respectivos territorios (Paradiso, 1996:17).

Como se advierte, se hallaba siempre presente la idea de competencia y puja en el ámbito regional. No obstante, como ya se ha mencionado, existió un momento de acercamiento entre la Argentina y Brasil en el periodo previo a la Guerra del Paraguay, el cual concluyó, precisamente, tras la finalización de la misma:

Depois da queda definitiva de Juan Manuel de Rosas na Batalha de Monte Caseros em 2 de fevereiro de 1852, o Império do Brasil sempre procurou apoiar-se, ou mesmo coadjuvar-se com a Confederação Argentina -a partir do fim da Guerra do Paraguai este tipo de associação cessou- antes de celebrar qualquer acordo com a República do Paraguai, como forma de pressão política no âmbito das relações internacionais Platinas.
É, portanto, desde o período acima demonstrado que o Paraguai passou a ser de obstinado interessedo Império” (Gonçalves Pinto y Medianeira Padoin, 2006:45).

Después de la caída definitiva de Juan Manuel de Rosas en la batalla de Monte Caseros, el 2 de Febrero de 1852, el Imperio de Brasil siempre ha tratado de sostenerse o, incluso, acordar con la Confederación Argentina -desde el final de la guerra paraguaya este tipo de asociación cesó- antes de concluir cualquier acuerdo con la República del Paraguay, como una forma de presión política dentro del alcance de las relaciones internacionales en el Plata.
Es, por lo tanto, del período que se muestra arriba, que Paraguay se convirtió en un obstinado interés en el Imperio”.

En este punto, cabe detenerse un instante en el análisis de la política de Rosas, en el Río de la Plata en general y en el Paraguay en particular, ya que la misma resulta clave para comprender, por un lado, el por qué de la colaboración brasileña en la caída de su régimen y, por otro, en qué medida los intereses de laArgentina y el Brasil, en torno al país guaraní, eran, en última instancia, contradictorios, aún pese a la alianza circunstancial que los unía.

Tal como asevera Joseph Tulchin, la interrelación entre la política local e internacional se tornó más compleja a partir de 1844 cuando el nuevo dictador del Paraguay, Carlos Antonio López, solicitó el reconocimiento formal de la independencia de su país a la Confederación Argentina.

Rosas no sólo se la negó, sino que además declaró cerrados los ríos Paraguay y Paraná a la navegación extranjera y planeó invadir Paraguay con el fin de incorporar aquel territorio a la Argentina sobre la base de que éste anteriormente había formado parte del Virreinato del Río de la Plata y alegando que el Gobierno de Buenos Aires era heredero de aquella autoridad, lo cual le significó el bloqueo del puerto de Buenos Aires por parte de británicos y franceses, que pretendían seguir comerciando por las mencionadas vías fluviales.

A esta oposición internacional, hay que sumar la interna, encabezada por el terrateniente del Interior, Justo José deUrquiza, quien, en conjunción con López y aunando esfuerzos con el Brasil, garantizó la libre navegabilidad de los ríos de la Cuenca del Plata a las potencias extranjeras a partir de una campaña que, como se mencionara anteriormente, derrocó al Gobierno de Rosas (Tulchin, 1990:52-54).

Como se desprende del párrafo anterior, entre las intenciones del rosismo, figuraba la de recrear lo que en un tiempo fue el Virreinato del Río de la Plata. Esta intención, retomada más adelante también por Sarmiento, despertó lógicos recelos y temores en el Brasil, hasta el punto de constituirse en uno de los fundamentos de su política exterior en la región el contener el expansionismo argentino.

Hacia 1850, Domingo Faustino Sarmiento, futuro presidente argentino y bajo cuyo mandato se dio fin a la Guerra del Paraguay, escribía su obra Argirópolis, en la cual, abiertamente, proponía la necesidad de reincorporar los territorios del Uruguay y el Paraguay a partir de la fundación de una nueva ciudad capital en la isla Martín García.

En los siguientes términos se expresaba Sarmiento:

La voz pública atribuye al Encargado de las Relaciones Exteriores el secreto designio de reunir el Paraguay y el Uruguay a la Confederación Argentina (...), si han de hacerse estipulaciones entre el Paraguay y el Uruguay con la Confederación actual, para garantirse recíprocamente la navegación de sus ríos, estas estipulaciones no pueden ser duraderas y firmes mientras los tres Estados no tengan igualdad de dominio sobre la isla fuerte(1) que cierra el tránsito, y esta igualdad supone la asociación y federación de los tres Estados en un cuerpo unido por un interés y un centro común (...).
Los Estados del Plata están llamados, por los vínculos con que la naturaleza los ha estrechado entre sí, a formar una sola nación. Su vecindad al Brasil, fuerte de cuatro millones de habitantes, los ponen en una inferioridad de fuerzas que sólo el valor y los grandes sacrificios pueden suplir” (Sarmiento, 1997:37, 84 y 86).

(1) “Hablamos de la isla de Martín García, situada en la confluencia de los grandes ríos, y cuya posesión interesa igualmente a Buenos Aires, a Montevideo, al Paraguay, a Entre Ríos y Corrientes, cuyo comercio está subordinado al tránsito bajo las fortalezas de esta isla. Ocupándola el Congreso, la ocuparán al mismo tiempo todas las provincias, todas las ciudades interesadas, todos los Estados confederados (...), quedará garantida la libertad comercial de todos los Estados contratantes” (Sarmiento, 1997:55).

En relación concretamente al Paraguay, el futuro presidente sostenía que

colocado aquel territorio en el Interior de la América, a la margen del río de su nombre, tiene cuatrocientas leguas de ríos argentinos para ponerse en contacto con el comercio europeo (...).
La Confederación Argentina tiene, pues, un interés real en evitar para lo sucesivo, estos tropiezos opuestos a su comercio, como asimismo el Paraguay tiene interés en ligarse con la Confederación Argentina para gozar de igual a igual con Buenos Aires de las ventajas del comercio europeo” (Sarmiento, 1997:40).

Como se puede apreciar, fundados temores albergaban las autoridades brasileñas en relación a la posibilidad de que Argentina intentase reeditar territorialmente el antiguo Virreinato, y máxime si sus principales hombres públicos -como Sarmiento- esgrimían la necesidad de llevar a cabo tal unión con el objetivo explícito de contrapesar el poderío del Brasil en la región.

Según palabras del ministro inglés en Buenos Aires, recogidas por el caudillo federal Felipe Varela (acérrimo opositor, tanto a Mitre como a la Guerra del Paraguay) en su histórico Manifiesto a los pueblos americanos sobre los acontecimientos políticos de la República Arjentina (sic), en los años 1866 y 1867, el propio presidente Mitre le habría declarado varias veces, como así también su ministro Elizalde, que si bien en lo inmediato no pensaban anexar el Paraguay a la Argentina, no querían contraer -sobre esto- compromiso alguno con Brasil, pues las circunstancias podrían cambiar en otro sentido.

El diplomático británico incluso llega a afirmar que Elizaldele habría confesado que esperaba vivir lo suficiente como para ver a Bolivia, el Paraguay y la Argentina unidos, formando una poderosa República en el continente (Varela, citado en Sabsay, 1967:289-296).

Esta postura argentina despertó la alarma en las clases dirigentes fluminenses. El propio Barón de Cotegipe llegó a afirmar que

la reconstrucción del Virreinato está en los libros azules y en las verdes esperanzas del pueblo argentino...
Ese pueblo es bravo, es orgulloso, aunque un poco fanfarrón; y tiene la ambición de querer hacer la primera figura en la América del Sud” (Barón de Cotegipe, citado en Etchepareborda, 1978:62).

La prensa brasileña de la época se refería al expansionismo argentino en los siguientes y elocuentes términos:

Son los Estados Unidos del Sur, en proyecto, más audaces y ambiciosos que los Estados Unidos del Norte, sin respeto a ningún derecho ajeno ni cuidado del propio deber.
Ayer arrebataron al indefenso y débil Estado Oriental la isla de Martín García, llave de la navegación de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay; hoy se apoderan de otra posición no menos importante en esos ríos, la Isla de Cerrito; y, no satisfechos con eso, quieren conquistar todo el Paraguay con nuestro apoyo indirecto.
Mañana no se contentarán con estas importantes anexiones, y la víctima elegida será la República del Uruguay. Rehusando, adrede hasta ahora, fijar sus límites con el Imperio, y considerándose más fuertes cuanto más condescendientes y tolerantes seamos, pretenderán más tarde tener derecho a Mato Grosso, a Rio Grande do Sul y, quizás, a Santa Catalina” (Jornal do Commercio, citado en Pomer, 1984:258).

Y no era para menos. A decir verdad, la formación de una gran República que incluyese Argentina,Uruguay y Paraguay aparecía ante los estadistas de la Corte como algo absolutamente indeseable, desde que podía sugerir imitadores en Río Grande donde las tendencias separatistas y republicanas nunca habían sido liquidadas definitivamente (Pomer, 1984:242).

En consecuencia,

No final da década de 1840, o Partido Conservador estabelece como objetivos brasileiros no rio da Prata, garantir a livre navegação dos rios internacionais da região, fundamental para o acesso à isolada provincia do Mato Grosso, e manter as independências do Paraguai e do Uruguai, de modo de evitar uma eventual reconstrução (...) do antigo Vice-Reino do rio da Prata.
Em 1865, políticos conservadores, oposicionistas, criticaram (...) as concessões de territórios paraguaios à Argentina, determinadas pelo Tratado da Tríplice Aliança, de 1° de maio daquele ano (...).
Em 1868 assumiram o poder o Partido Conservador (...) a diplomacia imperial retornou, assim, à política de contenção de Buenos Aires” (Doratioto, 2004:210).

A finales de la década de 1840, el Partido Conservador establece como objetivos brasileños en el Río de la Plata, garantizar la libre navegación de los ríos internacionales de la región, fundamental para el acceso a la aislada provincia de Mato Grosso y mantener la independencia de Paraguay y Uruguay, para evitar una eventual reconstrucción (...) del antiguo Virreinato del Río de la Plata.
En 1865, los políticos conservadores y opositores criticaron (...) las concesiones de los territorios paraguayos a la Argentina, determinado por el Tratado de la Triple Alianza,
del 1 de Mayo de ese año (...).
En 1868, el partido conservador tomó el poder (...) la diplomacia imperial ha vuelto así, a la política de contención de Buenos Aires”.

He aquí la descripción, por parte de un historiador argentino, de la política exterior del Brasil en la región y cuáles eran sus objetivos generales y en el Paraguay en particular:

En el Consejo de Estado Imperial, verdadero centro de poder del Brasil (...) sólo actuaban -como factores moderadores-, el liberal Joaquín Nabuco da Araujo y el propio soberano, Don Pedro II, quien parece no haber alentado jamás un sueño imperialista, ni participado de los proyectos extemporáneos de sus más directos colaboradores.
Sin embargo, a diferencia con Buenos Aires, en San Cristóbal existe una sola conducción política y un solo proyecto de engrandecimiento. Es que la aristocracia imperial poseía el valor de una verdadera clase dirigente y produjo auténticos gobernantes de su tierra y tiempo, impregnados de un auténtico espíritu nacional.
Los objetivos de esa política eran claros y definidos: (...) los límites naturales del Brasil debían alcanzar las riberas del Río de la Plata, Paraguay y Paraná; (...) la independencia tanto del Paraguay como del Uruguay, sería la condición necesaria para la existencia de un verdadero equilibrio con la Argentina; (...) absoluta libertad de navegación de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, pero no del Amazonas; (...) desarme y posible neutralización de la Isla de Martín García.
En cuanto a las consecuencias del cruento conflicto bélico con el Paraguay, esa política sostenía:
“1.- el establecimiento de los límites del Imperio por el río Paraná y el Yaguerey y la pretensión de las corrientes del río Apa;
“2.- la firma de la paz, si fuere necesario por separado, lo que ocurriría finalmente; al igual que
“3.- impedir que el ex aliado sobrepase la línea del Pilcomayo;
“4.- que todas las tratativas previas se realizaran en Asunción o en Río de Janeiro, pero nunca en Buenos Aires;
“5.- la conveniencia de salvaguardar el derecho de terceras potencias, como en el caso de Bolivia, con respecto al Chaco” (Etchepareborda, 1978:59-60).

Tras esta loa a la conducción de la política exterior brasileña de la época, seguida de una ácida crítica a la encarada por la Argentina, cabría decir que el país del Plata, por su parte, también recelaba de los avances imperiales en Asunción, temiendo el posible enfeudamiento del Paraguay al Brasil, a través de un protectorado virtual, vislumbrando una constante en la actuación brasileña, acorde con la tradicional política expansionista lusitana (Etchepareborda, 1978:53).

En Febrero de 1872, el presidente Sarmiento escribía a su ministro en Washington que tal era la situación que había creado la firma de la paz brasileño-paraguaya tras la Guerra del Paraguay, que inevitablemente llevaría a Argentina a la guerra con el Brasil o, a dejar al Paraguay provincia brasileña, a la que se agregaría por los mismos medios, más tarde, la Banda Oriental, y no tardarían en seguirles Corrientes y Entre Ríos (Pomer, 1984:252-253).

Como se advierte, si el miedo de Brasil a una posible incorporación de Paraguay y Uruguay a la Argentina estaba fundado, en parte, en la posibilidad de desmembramiento de Rio Grande do Sul, idénticos temores envolvían a la dirigencia argentina en relación a las provincias del Litoral.

En lo que hace a los objetivos territoriales de la Argentina en relación al país guaraní, cabría mencionar que las disputas involucraban amplias secciones de tierras lindantes. Ambas naciones -junto con Bolivia-, reclamaban el desconocido Gran Chaco, un enorme terreno salvaje al oeste del río Paraguay, entre el Bermejo y la Bahía Negra. Además, ambos países esperaban establecer su jurisdicción sobre el territorio deMisiones, que se extendía desde la provincia argentina de Corrientes hasta los límites con el Brasil (Peterson,1970:203).

De esta manera, con trayectorias similares de desconfianza mutua y con objetivos e intereses diferentes en torno al Paraguay, quizás más claramente delineados en el caso del Brasil que de la Argentina, ambas naciones llegaban a un momento clave que marcaría el rumbo de las relaciones regionales durante toda la segunda mitad del siglo XIX, y aún más: la Guerra del Paraguay.

BIBLIOGRAFIA

* Paradiso, José (1996), El poder de la norma y la política del poder. 1880-1916, en: Jalabe, Silvia Ruth (comp.), La política exterior argentina y sus protagonistas. 1880-1995, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano.
* Gonçalves Pinto, Genivaldo y Medianeira Padoin, Maria (2006), O Processo de Construção da Guerra do Paraguai, en: Revista del CESLA, Nro. 8, 2006, pp. 45-56.
* Tulchin, Joseph (1990), La Argentina y los Estados Unidos. Historia de una desconfianza, Buenos Aires, Planeta.
* Sarmiento, Domingo F. (1997), Argirópolis, Buenos Aires, Leviatán.
* Sabsay, Fernando (1967), Historia económica y social argentina II. Argentina documental, Buenos Aires, Editorial bibliográfica argentina.
* Etchepareborda, Roberto (1978), Historia de las relaciones internacionales argentinas, Buenos Aires, Pleamar.
* Pomer, León (1984), Conflictos en la Cuenca del Plata en el siglo XIX, Buenos Aires, Río Inmóvil Ediciones.
* Doratioto, Francisco (2004), A ocupação político-militar brasileira do Paraguai (1869-76), en: Castro, Celso; Izecksohn, Vitor; y Kraay, Hendrik, Nova história militar brasileira, Río de Janeiro, Bom Texto.
* Peterson, Harold (1970), La Argentina y los Estados Unidos. 1810-1960, Buenos Aires, Eudeba.

// Todo citado por Maximiliano Zuccarino en https://www.researchgate.net/publication/318402653_La_Argentina_y_Brasil_entre_la_Guerra_del_Triple_Alianza_y_la_Guerra_del_Chaco_el_Paraguay_como_foco_de_disputas_por_la_supremacia_regional

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