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La puja política de posguerra: preponderancia brasileña en el Paraguay hasta 1904

Durante el predominio de los liberales, tanto en la Argentina como en Brasil (1862-1868), tuvo lugar un período de acercamiento entre ambos países que condujo, entre otras cosas, a la firma del pacto de la Triple Alianza contra el Paraguay.

Pero, al reasumir los conservadores el poder en Brasil y llegar Sarmiento(1) a la presidencia argentina, volvió a aflorar la desconfianza mutua, y ello se hizo evidente en las negociaciones por la paz, una vez concluida la Guerra del Paraguay.

(1) “El nuevo presidente se resistía a mantener una alianza con el Brasil, y desconfiaba de eventuales planes del Imperio para convertirse en una potencia continental en la posguerra a costa de sus vecinos. Sarmiento esperaba contar con el apoyo de los Estados Unidos para evitar la expansión de la influencia brasileña” (Doratioto, 2006:401).

A este periodo de posguerra y a la pugna entre ambas naciones por imponer su hegemonía política en el país vencido, es que estará dedicado el presente apartado. Tal como afirma Lewis, una vez muerto López, presidente del Paraguay y jefe de sus fuerzas militares, los argentinos y los brasileños volvieron a rivalizar como antes.

Hasta cierto punto, esto dio a los paraguayos más espacio para maniobrar pero, al mismo tiempo, hizo que sobre ellos recayeran presiones de distintas procedencias (Lewis, 2000:136). Los puntos de fricción que provocarían continuas amenazas a la seguridad paraguaya en la década del 70 eran los antiguos problemas de límites no resueltos y la rivalidad entre Argentina y Brasil (Peterson, 1970:226).

Primeramente, antes de adentrarnos en cualquier análisis, corresponde remitirse a los hechos concretos y a cuál era la situación imperante tras la victoria aliada sobre el Paraguay. Cabe comenzar señalando que el Brasil obtuvo ventajas sobre la Argentina en la lucha por la dominación del Paraguay, en gran medida porque los gobernantes de éste debieron aceptar la presencia de tropas imperiales durante varios años (Pomer, 1984:251). Tal como afirma Doratioto

desde a ocupação de Assunção, em 1° de janeiro de 1869, por tropas brasileiras, até 1876, quando da assinatura dos tratados de paz entre o Paraguai e a Argentina e da retirada delas, a ação do Brasil no país guaraní foi no sentido de estabilizá-lo politicamente e,simultaneamente, evitar que os cargos públicos fossem ocupados por paraguaios tidos como ‘argentinistas’ (...) diplomatas e militares brasileiros atuaram com desenvoltura.
Para inviabilizar revoltas, enfraquecer políticos supostamente ‘argentinismos’ e colocar homens de sua confiança no poder.
De 1869 a 1876, o Paraguai foi praticamente um protetorado do Império” (Doratioto, 2004:210).

desde la ocupación de Asunción, el 1ro. de Enero de 1869, por tropas brasileñas, hasta 1876, cuando se firmaron los tratados de paz entre Paraguay y Argentina y su retirada, la acción de Brasil en el país guaraní fue estabilizarlo políticamente y, simultáneamente, para evitar que las oficinas públicas sean ocupadas por paraguayos considerados ‘argentinistas’ (...) los diplomáticos y soldados brasileños actuaron con facilidad.
Hacer que las revueltas sean inviables, debilitar a los políticos supuestamente pro argentinos y poner a los hombres en quienes confían, en el poder.
De 1869 a 1876, Paraguay fue prácticamente un protectorado del Imperio”.

En muy similares términos, Etchepareborda afirma que

en el Paraguay, el Imperio controla, sin oposición, al débil Gobierno provisorio, mero títere en sus manos. Conserva un fuerte ejército de ocupación y artillería escuadra. El verdadero amo de Asunción es el ministro de Brasil.
Frente a esa presión, la Argentina mantiene una magra guarnición y no tiene representación diplomática permanente (...) la ocupación proseguirá hasta la finiquitación de la paz con los otros contendientes.
Paraguay se convierte en protectorado brasileño” (Etchepareborda, 1978:30-31).

Ese Gobierno provisorio al que hace referencia Etchepareborda, fue instalado en el Paraguay, en Agosto de 1869, como resultado de la acción de la diplomacia brasileña (Doratioto, 2004:211).

Antes de reunirse con sus colegas aliados, el enviado brasileño, Paranhos, ya sabía que el canciller argentino, MarianoVarela, se oponía a la formación de un Gobierno interino en el Paraguay. En la Argentina, los mitristas criticaron duramente la política de su Gobierno y pidieron un cambio de la misma, que permitiera la construcción del Gobierno provisional.

Sostenían que era indispensable la firma inmediata de un tratado de paz con el Paraguay, porque Buenos Aires no estaba preparada para encarar otra guerra en ese momento, y que además había que evitar que el Brasil tuviese un pretexto para tratar por separado con el país vencido, sacando más beneficios que la Argentina con la victoria aliada (Doratioto, 2006:406).

Finalmente, la postura brasileña y de los mitristas acabó por imponerse y quedó constituido un comité de cinco ciudadanos paraguayos que designó a un Triunvirato gobernante que estaba compuesto por Carlos Loizaga, Juan Díaz Bedoya y Juan Francisco Decoud. Pero este último recibió el veto de Paranhos, porque su hijo escribía artículos en la prensa de Corrientes, Argentina, que eran considerados antibrasileños. En consecuencia, el mismo comité decidió que el triunviro vetado fuera sustituido -el 5 de Agosto- por Cirilo Rivarola (Doratioto, 2006:411).

Llegados a este punto hay que resaltar que si bien la constitución del mencionado Gobierno provisorio fue alentada, fundamentalmente, por el Brasil, dos de sus integrantes, Loizaga y Bedoya, eran considerados pro-argentinos.

Por ese entonces, las fuerzas políticas en el Paraguay se distribuían de la siguiente manera: los argentinos ejercían su influencia por medio de la Legión Paraguaya, formada por un grupo de antiguos exiliados que vivían en Buenos Aires al estallar la guerra y que se habían alistado en el ejército argentino para luchar contra López.

Sus líderes eran Benigno Ferreira, que estaba al frente de la milicia que el Triunvirato acababa de formar; Facundo Machaín; y José Segundo Decoud, que sería el principal autor de la Constitución de 1870(2).

(2) Entre ellos, además, se encontraban, por ejemplo, Carlos Loizaga, uno de los miembros del Triunvirato gubernativo quien, en Septiembre de 1851, se había dirigido a Juan Manuel de Rosas solicitando la reincorporación de la provincia del Paraguay a la Confederación Argentina. También era legionario, José Díaz de Bedoya -otro de los triunviros- propietario de campos en la Argentina, en los que empleaba a prisioneros de guerra paraguayos tomados por los aliados. Otros legionarios que tuvieron un alto perfil público en el Paraguay de la época, fueron Salvador Jovellanos, futuro presidentede la República; José Segundo Decoud y Juan José Decoud (Pomer, 1984:247-249). Como se puede advertir, los lazos y las simpatías de muchos de estos hombres se hallaban mucho más próximos a la Argentina que al Brasil y hasta incluso que al propio Paraguay.

Los brasileños, por su parte, respaldaban a Cirilo Rivarola, uno de los triunviros. Finalmente, había una tercera facción a la que cabría llamar “lopista”, puesto que la formaban los que seguían venerando al dictador caído. La encabezaba Cándido Bareiro y su recluta más importante fue Bernardino Caballero, que era el más grande de los héroes vivos, a los ojos de los paraguayos nacionalistas (Lewis, 2000:136).

Ante esta situación, Paranhos, lógicamente, tuvo motivos para sospechar que los legionarios estaban bajo influencia argentina y por ello contra los intereses del Imperio. El general Emilio Mitre, comandante de las fuerzas argentinas, protegía a la Legión Paraguaya para tenerla como aliada.

En consecuencia, Paranhos planteó que se formara “una fuerza paraguaya armada, que sea favorable a las buenas relaciones con el Brasil y pueda servir de contrapeso a la que tienen con ellos los argentinos”. Sin embargo, esa fuerza nunca llegó a formarse (Doratioto, 2006:404 y 409).

A esta altura es evidente cómo cualquier situación que amenazase con inclinar la balanza hacia uno de los lados, generaba una reacción de la otra parte para impedir que se generase algún desequilibrio. Y esta lógica de actuación, como veremos, se verá refrendada e, incluso, potenciada, con el correr del tiempo.

En este contexto es que se decidió convocar a una asamblea constituyente, en Julio de 1870, en la cual los legionarios ganaron la mayoría de los escaños. Lo primero que hizo la convención fue disolver el Triunvirato y nombrar a Facundo Machaín, presidente interino de la República.

Sin embargo, el ejército brasileño vio en ello un golpe de Estado apenas disimulado y al día siguiente sus tropas rodearon la convención. Machain se vio obligado a dimitir y se nombró a Rivarola para sustituirlo (Lewis, 2000:136-137). Pero la cosa no terminaría ahí, ya que

em 25 de novembro de 1871, Rivarola foi alvo de rebelião armada. Esta foi logo sufocada e seus líderes refugiaram-se na guarni çãomilitar argentina em Villa Occidental (...).
A essa altura Rivarola não contava com o apoio do governo argentino, que desejava suarenúncia para enfraquecer a posição do Império” (Doratioto, 2004:212-215).

el 25 de Noviembre de 1871, Rivarola fue blanco de una rebelión armada. Esta pronto fue sofocada y sus líderes se refugiaron en la guarnición militar argentina, en Villa Occidental (...).
En este punto, Rivarola no contaba con el apoyo del Gobierno argentino, que deseaba que su renuncia debilitara la posición del Imperio”.

No obstante la elección de Rivarola -en opinión de Lewis-, la figura central en todas estas intrigas de la posguerra fue Juan Bautista Gill, ministro del Tesoro con Rivarola, quien pronto convenció a los brasileños que era más capaz de gobernar al país como ellos querían, que el rústico e inepto presidente.

Con el apoyo de los brasileños, expulsó a Rivarola de su puesto y en su lugar puso al vicepresidente Salvador Jovellanos (Lewis, 2000:137-138). Como era de esperarse, la reacción argentina no se hizo esperar y al poco tiempo tuvo lugar una conspiración contra Jovellanos

preparada em Corrientes por exilados paraguaios (...) em Janeiro de 1874, ‘(...) com ciência e tolerância do governo do sr. Sarmiento’, o que levou a delegação brasileira a apoiar o presidente paraguaio (...).
A revolta avançava e, em virtude ‘dos preparativos bélicos da Argentina e da sua política cada vez mais marcadamente hostil ao Império’, foram fortalecidas as forças brasileiras em Assunção (...).
Após uma demonstração de força por parte das tropas brasileiras (...) um dos líderes rebelados, general Caballero, aceitou negociar (...) Gondim (máxima autoridade diplomática do Brasil no Paraguai) viu na conciliação um triunfo da diplomacia imperial, pois foram mantidos os poderes políticos do Paraguai e constituído um ministério ‘com elementos decididamente favoráveis à aliança com o Brasil’ (...).
Na nova situação que se instalou, Gondim comportou-se com desenvoltura, participando das decisões quanto à política externa paraguai (...) (o general Auto Guimarães) colocar um brasileiro como secretário particular dopresidente da República e dois outros nas sub-secretarias dos ministérios do Interior e das Relações Exteriores (...) (ademais) havia em Assunção, à época, dos jornais editados em português” (Doratioto, 2004:221-225).

preparado en Corrientes por exiliados paraguayos (...) en Enero de 1874, ‘(...) con conocimiento y tolerancia del Sr. Sarmiento’, que llevó a la delegación brasileña a apoyar al presidente paraguayo.
La revuelta avanzaba y, debido a los ‘preparativos militares de Argentina y su política que era cada vez más marcadamente hostil al Imperio’, fuerzas brasileñas en Asunción se fortalecieron.
Después de una demostración de fuerza por parte de las tropas brasileñas (...) uno de los líderes rebeldes, el general Caballero, acordó negociar (...) Gondim (máxima autoridad diplomática de Brasil en Paraguay) vio en la conciliación un triunfo de la diplomacia imperial, porque se mantuvieron los poderes políticos de Paraguay y se estableció un ministerio ‘con elementos decididamente favorables a la alianza con Brasil’ (...).
En la nueva situación que se instaló, Gondim se comportó con facilidad, participando en decisiones sobre la política exterior de Paraguay (...) (el general Guimarães) nombra a un brasileño como secretario privado del Presidente de la República y otros dos en las subsecretarías de los Ministerios del Interior y de Relaciones Exteriores (...) (además) había en Asunción, en ese momento, periódicos publicados en portugués”.

Parecía, por fin, establecerse definitivamente en el Paraguay la influencia brasileña, máxime tras el arribo de Gill a la Presidencia, quien, luego de haber sido enviado al exilio, retornó al Paraguay en un buque de guerra brasileño. Pero a poco andar de su gobierno, se produjo un

distanciamento de Gill do Brasil, (...) em meados de 1875, devido a um conjunto de fatores: as ameaças da Argentina de retaliar contra a entrada de produtos paraguaios em seu mercado; a não-obtenção de apoio financeiro do Rio de Janeiro, por parte dogoverno paraguaio; a hostilidade de oficiais brasileiros em relação a Gil; (...) o presidente mudou seu ministério, nomeando homensque propunham a desocupação estrangeira do Paraguai e que estavam ‘ansiosos’ por chegar a um acordo com a Argentina” (Doratioto, 2004:228-229).

un distanciamiento de Gill hacia Brasil; (...) a mediados de 1875, debido a una serie de factores: las amenazas de Argentina de tomar represalias contra la entrada de productos paraguayos en su mercado; la no obtención de apoyo financiero de Río de Janeiro por parte del Gobierno paraguayo; la hostilidad de los funcionarios brasileños hacia Gill; (...) el presidente cambió su ministerio, nombrando hombres que propusieron el desalojo extranjero de Paraguay y que estaban 'ansiosos' por llegar a un acuerdo con Argentina”.

Desde luego, este cambio de situación generó una reacción por parte de las autoridades brasileñas en Asunción, especialmente a partir de que

Acumulavam-se, em fins de novembro (de 1875), as evidências de que (...) Villa Ocidental seria reconhecida como argentina.
Em Meio a essa situação, Pereira Leal (novo representante do Império no Paraguai), envuelto por comerciantes brasileiros, apoio uma tentativa de golpe de Estado (…) a pesar das instruções em contrário da chancelaria imperial (...).
O movimento contra o presidente Gill teve início em 9 de dezembro de 1875. Em Buenos Aires, o cónsul paraguaio (…) solicitou o reforço das tropas argentinas no Paraguai, pois a sedição tinha o apoio dos brasileiros.
O governo argentino fortaleceu suas forças na República vizinha (...); no início de janeiro de 1876 (...) seriam remetidas armas a Villa Occidental (...) que ficariam à disposição de Gill (com o que) (...) os insurgentes foram facilmente derrotados” (Doratioto, 2004:230-231).

acumulado, a finales de Noviembre (de 1875) la evidencia de que (...) Villa Occidental sería reconocida como argentina.
En medio de esta situación, Pereira Leal (nuevo representante del Imperio en Paraguay), enviado por comerciantes brasileños, apoyar un intento de golpe de estado (...) a pesar de las instrucciones de la cancillería imperial de lo contrario.
El movimiento contra el presidente Gill comenzó el 9 de Diciembre de 1875. En Buenos Aires, el cónsul paraguayo (...) solicitó el refuerzo de las tropas argentinas en Paraguay, porque la sedición contó con el apoyo de los brasileños.
El Gobierno argentino fortaleció sus fuerzas en la vecina República (...); a principios de Enero de 1876 (...) las armas serían enviadas a Villa Occidental (...) eso estaría disponible para Gill (con qué) (...) los insurgentes fueron fácilmente derrotados”.

Finalmente, Gill fue asesinado en Abril de 1877, a manos de un grupo de lopistas disidentes. Los lopistas “oficiales” accedieron al poder, asesinato de Machaín y Rivarola mediantes, lo cual se materializó con el ascenso de Bareiro a la Presidencia quien, no obstante, no duraría mucho en el cargo, pues enfermó repentinamente, falleciendo en Septiembre de 1880.

Tras esta serie de decesos, el ejército se adueñó de la situación, colocando a Caballero en el poder quien, de una manera u otra, dominaría la escena política paraguaya por casi un cuarto de siglo (Lewis, 2000:138-139).

A partir de entonces, podría decirse que comienzan dos períodos sucesivos en la vida política paraguaya que se identifican claramente: uno, con el dominio brasileño y, otro, con la preponderancia argentina. El primero de estos va desde 1880 a 1904 y es conocido como el “período colorado”, en que los intereses brasileños predominaron en forma notoria.

No obstante, durante el mencionado período, tuvo lugar el germen, tanto de los conflictos políticos paraguayos de las décadas siguientes como de la futura dominación argentina de la vida política paraguaya.

En 1887 se fundó un movimiento opositor, que adoptó el nombre de Centro Democrático, del cual formaban parte, entre otros, antiguos legionarios que, desde siempre, estuvieron vinculados a los intereses argentinos. En respuesta a ello, Caballero advirtió la necesidad de organizar más eficientemente a sus propios partidarios, con lo que un mes después creó un partido oficial, denominado Asociación de la República Nacional.

Como la Asociación de la República Nacional adoptó el rojo como color de la bandera del partido, a sus afiliados los apodaron ‘colorados’. Mientras tanto, el Centro Democrático que, en 1894, cambió su nombre por el de Partido Liberal, hizo del azul el color de la oposición.
Pocas cosas más distinguían un grupo del otro. Aunque los colorados agitaban la camisa ensangrentada de López y decían ser sus herederos políticos, la política del Gobierno seguía los mismos principios del liberalismo que profesaban los liberales” (Lewis, 2000:141).

Pocas dudas caben, a esta altura, de la enorme importancia que la Argentina y el Brasil tuvieron en la organización política y en la vida política partidaria paraguaya de fines del siglo XIX.

Los hechos hablan por sí solos: los dos principales partidos políticos del país por aquél entonces (y me atrevería a decir que en la actualidad, de una manera u otra, continúan siéndolo) surgieron a imagen, semejanza y en virtud de los intereses argentinos y brasileños en el Paraguay. No es poca cosa.

Lo que no deja de resultar extraño es que hayan sido justamente los colorados, financiados y apoyados por el Brasil, quienes reivindicaran la figura de López, quien había sido asesinado -apenas décadas atrás- por tropas brasileñas, que lo buscaron hasta el último rincón de territorio guaraní para darle muerte.

En definitiva, el fin de la hegemonía brasileña en el Paraguay y del Gobierno de Caballero comenzó a delinearse, como no podía ser de otra manera, a partir de que la Argentina comenzó a molestarse por el excesivo carácter pro-brasileño de los caballeristas que, hacia 1902, habían logrado imponer en el Gobierno -golpe militar mediante- al coronel Juan Antonio Ezcurra.

De esta manera, con ayuda argentina, una heterogénea coalición de diferentes sectores del liberalismo paraguayo se alzó en una violenta revolución en 1904, la cual, tras cuatro meses de combates y la inexorable presión diplomática proveniente desde BuenosAires, acabó por otorgarles el poder (Lewis, 2000).

Así comienza el segundo periodo al que se hacía mención previamente, el cual estuvo signado por una mayor influencia de los intereses argentinos en la política del Paraguay. El mismo, caracterizado por el liberalismo y la anarquía, se extendió, siguiendo a Lewis, entre 1904 y 1923, aunque los Gobiernos liberales siguieron en el poder hasta 1936.

BIBLIOGRAFIA

* Doratioto, Francisco (2006), Maldita Guerra. Nueva historia de la Guerra del Paraguay, Buenos Aires, Emecé.
* Lewis, Paul, (2000), Paraguay, de la Guerra de la Triple Alianza a la Guerra del Chaco. 1870-1932, en: Bethell, Leslie (ed.), Historia de América Latina, Tomo X, Madrid, Alianza, pp. 135-153.
* Peterson, Harold (1970), La Argentina y los Estados Unidos. 1810-1960, Buenos Aires, Eudeba.
* Pomer, León (1984), Conflictos en la Cuenca del Plata en el siglo XIX, Buenos Aires, Río Inmóvil Ediciones.
* Doratioto, Francisco (2004), A ocupação político-militar brasileira do Paraguai (1869-76), en: Castro, Celso; Izecksohn, Vitor; y Kraay, Hendrik, Nova história militar brasileira, Río de Janeiro, Bom Texto.
* Etchepareborda, Roberto (1978), Historia de las relaciones internacionales argentinas, Buenos Aires, Pleamar.

// Todo citado por Maximiliano Zuccarino en https://www.researchgate.net/publication/318402653_La_Argentina_y_Brasil_entre_la_Guerra_del_Triple_Alianza_y_la_Guerra_del_Chaco_el_Paraguay_como_foco_de_disputas_por_la_supremacia_regional

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