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La puja económica de posguerra: hegemonía y consolidación territorial argentina

En términos político-diplomáticos, la disputa argentino-brasileña por la preeminencia en el Paraguay fue, por momentos, despiadada y consagró, al menos hasta 1904, el triunfo de la influencia del Brasil.

En lo que hace a cuestiones económicas, la situación fue un tanto diferente, no sólo porque, como veremos, la predominancia argentina sería mucho más evidente, sino también por el hecho de que las relaciones argentino-brasileñas en este aspecto se caracterizaron, al menos en un comienzo y de cara al conflicto bélico con el Paraguay, por la cooperación más que por el conflicto.

Como señalan Gonçalves Pinto y Medianeira Padoin, para participar en la Guerra del Paraguay, la Argentina

recebeu do Império brasileiro muito dinheiro para o sustento da guerra, perdões de algumas dívidas e postergação de outras” (Gonçalves Pinto y Medianeira Padoin, 2006:45).

recibió mucho dinero del Imperio brasileño para apoyar la guerra, perdón de algunas deudas y aplazamiento de otras”.

De ser efectivamente así, a la conclusión a que puede arribarse es que la guerra habría sido llevada adelante por iniciativa del Brasil, el cual habría arrastrado a sus aliados consigo, jugando la Argentina un rol de mero acompañante del Imperio en sus andanzas.

Esta idea de que Brasil contribuyó económicamente con el esfuerzo de guerra argentino, es mencionada también por Cardoso Jardim, quien afirma que existían contactos

entre o império e a confederação Argentina, como no caso do Barão de Mauá que fornecia constantes empréstimos aquelaconfederação, em troca da fixação de um banco de depósitos lá.
Urquiza chefe do estado argentino com sede em Paraná manteve muito boas relações com o Barão, que lhe fornece empréstimos para aquisição de materiais, sobretudo, material bélico” (Cardoso Jardim, 2011:8).

entre el Imperio y la Confederación Argentina, como en el caso de Barón de Mauá, que otorgó préstamos constantes a esa Confederación, a cambio de establecer un banco de depósito allí.
Urquiza, jefe del Estado argentino con sede en Paraná, mantuvo muy buenas relaciones con el Barón, que le proporcionó préstamos para la adquisición de materiales, especialmente material de guerra”.

Este financiamiento de la Argentina por el Brasil, sumado a otras cuestiones, llevan a Moniz Bandeira a sostener que Brasil no ganó casi nada con la victoria sobre Paraguay que, en completa ruina, ni siquiera pudo pagar una cuota de la deuda de guerra.

Apenas se aseguró la apertura del río Paraguay para la navegación, necesaria para el abastecimiento y la defensa de la provincia de Mato Grosso, y la anexión del área en litigio entre el río Ugureí y la sierra del Maracajú, rica en yerbatales, pero sin efectos económicos inmediatos.

Sin embargo, la guerra le costó al Imperio sacrificios que desequilibraron sus finanzas durante un cuarto de siglo. Además, la Guerra de la Triple Alianza también contribuyó a liquidar su propio sistema bancario, el más adelantado y el único relativamente autónomo de América Latina, al perjudicar los negocios de la Casa Mauá con Uruguay, la cual orientaba sus abultadas inversiones al esfuerzo de la industrialización, no sólo en Brasil, sino también en ese país y en la Argentina.

El Vizconde de Mauá juzgaba que era un “deber de Brasil, ejercer en el Río de la Plata la influencia a que le da derecho su posición de primera potencia de América del Sur”. Así, durante más de veinte años, actuó como agente financiero de esos dos países, a cuyos Gobiernos concedió voluminosos préstamos. La quiebra del Banco Mauá incidió en que Brasil, sin condiciones siquiera de ocupar económicamente a Paraguay y mantenerlo en su órbita de influencia, perdiese la hegemonía en la Cuenca del Plata (Moniz Bandeira, 2004:40-42).

En contraste, el mismo autor sostiene que la guerra fue positiva para la Argentina:

ella se convertiría en la principal fuente de abastecimiento de los ejércitos aliados. Y las ‘enormes sumas de dinero’ desembolsadas por Brasil en Buenos Aires y en otras provincias de la Confederación Argentina, ‘con más prodigalidad que discreción’, permitieron a sus habitantes la acumulación de grandes fortunas (...).
Los gastos para el esfuerzo de guerra, que llevaron a Brasil a una prolongada crisis financiera, alimentaron los negocios y animaron la economía argentina (...).
Por otro lado, la derrota de Paraguay permitió que la burguesía mercantil-financiera de Buenos Aires y los grandes estancieros, con el apoyo de algunas fuerzas sociales del Interior (...) continuasen el trabajo de centralización y consolidación del Estado Nacional, sofocando las amenazas de secesión, si bien fracasaba su propósito de restablecer los antiguos límites del Virreinato del Río de la Plata” (Moniz Bandeira, 2004:42).

Ahora bien, si bien es cierto que tras el final de la guerra de la Triple Alianza, el Paraguay era un país deshecho y a mereced de la penetración económica extranjera y que para posibilitar su reconstrucción debió abrirse al capital extranjero -sobre todo al inglés, pero también de la Argentina y del Brasil, países que obtuvieron considerables ventajas, principalmente en lo tocante a navegación y comercio- a lo cual se agregó, a finales del siglo XIX, la extracción del tanino de quebracho y el aprovechamiento de los bosques de maderas duras por empresas inglesas, brasileñas y argentinas (Solveira, 1995:64); la realidad indica que la colaboración -por parte del Brasil- para con el esfuerzo de guerra argentino (fuese oficial o llevada adelante por privados) y que contribuyó a delinear ese cuadro de situación descrito tras el conflicto armado, no sería debidamente recompensada, sino que más bien el Imperio se vería en lo sucesivo privado de algunos de los posibles beneficios económicos derivados del conflicto, en favor de su rival rioplatense.

Tal como lo explica Beatriz Solveira, por su posición geográfica, el Paraguay era un país destinado a mantener su principal vinculación económica con la Argentina, a donde se dirigían la mayor parte de sus exportaciones y de cuyo sistema de navegación fluvial dependía en su comunicación con ultramar.

En consecuencia, si desde el punto de vista político, la consecuencia de la guerra del Paraguay fue la consolidación de la hegemonía brasileña, en el plano económico el resultado fue la penetración pacífica de la República Argentina en la economía paraguaya.

La República Argentina tenía sobre Brasil una situación singularmente ventajosa debido a la natural afinidad del idioma y de las tradiciones comunes y a la influencia que necesariamente deriva de su posición geográfica.

La influencia argentina en el Paraguay era evidente y preponderante debido a su proximidad: estaba más cerca que el Brasil de la parte principal del país, era tributario de las líneas telegráficas argentinas para comunicarse con el resto del mundo y tributario, también, de la bandera argentina y de sus aguas cuando se trataba de entrar o salir de él(1).

(1) El tráfico fluvial hacia y desde el Paraguay era efectuado por tres compañías de navegación, dos de las cuales eran argentinas, cuyos dueños eran Nicolás Mihanovich y Domingo Barthe, respectivamente, y la restante de capitales brasileños (Solveira, 1995).

Además, Buenos Aires actuaba como centro proveedor por excelencia. Los capitales argentinos invertidos en Paraguay alcanzaban sumas importantes y se orientaban preferentemente a la producción de ganado, tabaco y yerba y a la explotación de los bosques para extraer maderas y extracto de quebracho.

Para citar algunas cifras, en vísperas del estallido de la primera guerra mundial, sesenta y ocho compañías anglo-argentinas poseían 10 millones de hectáreas en el Chaco Boreal dedicadas a la explotación ganadera y maderera (incluido el quebracho) y los primeros frigoríficos funcionaban como simple prolongación de los existentes en Argentina, país que ya acaparaba el 90 % del comercio exterior (Solveira, 1995:64-65).

Esta creciente influencia de la Argentina sobre la economía paraguaya, no se dio en modo alguno de forma aislada. Acompañando ese proceso de penetración en la economía del país guaraní, se desarrolló un circuito económico que, deliberadamente promovido, contribuyó al afianzamiento territorial del país del Plata en aquella región recientemente disputada con sus vecinos, el Chaco, siendo el enclave forestal primitivo parte esencial del proceso de expansión económica de esa área marginal del territorio argentino.

De esta manera, la organización de la producción maderera y del tanino (así como la yerbatera para el caso de Misiones) se relaciona con el proceso mismo de apropiación e incorporación de esas tierras al espacio nacional argentino(2).

(2) La ley 1532 de organización de los Territorios Nacionales, sancionada el 1 de Octubre de 1884, dispone en sus considerandos generales, en su artículo primero, incisos 7, 8 y 9 la organización de las Gobernaciones de Misiones, Formosa y Chaco, fijando sus límites precisos, así como también en el apartado “Del Gobernador” establece que el mismo será nombrado por el Poder Ejecutivo Nacional con acuerdo del Senado (ley 1532 (980) de Organización de los Territorios Nacionales (R.N. 1882/84, p. 857), en Sabsay, 1967:316-325). Queda de manifiesto, de esta manera, la voluntad del Estado Nacional de poblar y organizar estas regiones de frontera como, asimismo, la intención de mantener un control directo sobre las mismas mediante la designación del Gobernador para cada una de ellas, con lo cual se aseguraría la persecución de los intereses del Estado Nacional en esas zonas limítrofes harto conflictivas.

Tanto es así que, en el Chaco Central, los primeros enclaves fueron organizados por empresarios provenientes de Asunción quienes, luego de la federalización del territorio, en 1876, fueron reemplazados por otros de origen nacional y extranjero (Bitlloch y Sormani, 1997).

En este mismo sentido, María Teresa Alarcón sostiene que la constitución de lo que ella denomina “la ruta del tanino”, se dio en el marco del proceso de ocupación del espacio en la región del Chaco argentino a partir de la segunda mitad del siglo XIX que tendió, por un lado, a reforzar la estructura territorial existente y, por otro, a afirmar la frontera norte, cuyos recursos no se encontraban aún adecuadamente aprovechados.

Se presentaba así un proceso propiciado desde la política del Gobierno Nacional de colonización de nuevos espacios para la producción, para lo cual el ferrocarril fue el agente más importante, cuya traza contribuyó -al mismo tiempo- a la expansión territorial y a la acción de las compañías instaladas en la región (Alarcón, 2011:1-3).

Tal era la importancia del ferrocarril por aquel entonces, que el 17 de Diciembre de 1868 el jefe de la legación brasileña en Buenos Aires, Carvalho Borges, envió un despacho confidencial a su Secretario de Negocios señalando que en la prensa de Buenos Aires han aparecido noticias acerca de la construcción de un ferrocarril destinado a unir las poblaciones argentinas situadas en las márgenes del río Uruguay y sugiriendo que se estimule a sus compatriotas riograndenses a seguir ese ejemplo pues, en caso contrario, el Brasil quedaría, comercialmente hablando, en inferioridad de condiciones (Pomer, 1984:241).

También destacando la trascendencia del ferrocarril como elemento impulsor del desarrollo y la importancia que al mismo se daba por parte, tanto de la Argentina como del Brasil, Peterson afirma que

el apoyo de Brasil a las reclamaciones paraguayas (en la posguerra de la Triple Alianza) provenía del deseo de proteger su monopolio de los productos tropicales en la parte alta de los ríos.
Al ayudar al Paraguay, el Imperio esperaba poder impedir la construcción de un ferrocarril proyectado desde hacía mucho tiempo por la Argentina y Bolivia, y que debía atravesar el Chaco desde las sierras hasta el Paraguay” (Peterson, 1970:228).

Todo lo anteriormente mencionado deja en claro los intentos por afirmar la ocupación de esos territorios respecto tanto del Paraguay como del Brasil, con quienes aún persistían diferendos limítrofes. Las campañas del comandante argentino Luis Jorge Fontana, posteriores a la Guerra del Paraguay, así como la fundación de la ciudad de Formosa, en 1879, son prueba cabal de ello.

En este sentido, el 31 de Enero de 1872, un decreto del entonces presidente Domingo Faustino Sarmiento creó la Gobernación de los Territorios del Chaco, región al norte del río Salado y todo el Chaco Boreal que, actualmente es jurisdicción de la República del Paraguay. Por el mismo decreto se creaba la capital de esa gobernación: Villa Occidental, ciudad que había sido militarmente ocupada por la Argentina a través de Emilio Mitre.

Luego, en 1884, se dictó la citada ley de Territorios Nacionales, tras la cual se dio la última reorganización territorial en la zona, quedando Formosa separada de la gobernación (luego provincia) argentina de Chaco. Como se ve, el Estado argentino de la época concedió gran importancia a la región y participó activamente por intentar establecer sobre ella su soberanía tras la Guerra del Paraguay lo cual, como se ha visto, iba de la mano con la expansión económica y el aprovechamiento de los recursos existentes en la zona, fundamentalmente la madera de quebracho y el tanino.

BIBLIOGRAFIA

* Gonçalves Pinto, Genivaldo y Medianeira Padoin, Maria (2006), O Processo de Construção da Guerra do Paraguai, en: Revista del CESLA, Nro. 8, 2006, pp. 45-56.
* Cardoso Jardim, Wagner (2011), A geopolítica no tratado da Tríplice Aliança: Brasil/Argentina/Uruguai, en: Anais do XXVI Simpósio Nacional de História -ANPUH, São Paulo-Julho 2011, disponible en: http://www.snh2011.anpuh.org/resources/anais/14/1300848393_ARQUIVO_ARTIGOANPUH.pdf
* Moniz Bandeira, Luiz Alberto (2004), Argentina, Brasil y Estados Unidos. De la Triple Alianza al Mercosur. Conflicto e integración en América del Sur, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma.
* Solveira, Beatriz (1995), Las relaciones argentino-paraguayas a comienzos del siglo XX, Córdoba, Centro de Estudios Históricos.
* Sabsay, Fernando (1967), Historia económica y social argentina II. Argentina documental, Buenos Aires, Editorial bibliográfica argentina.
* Bitlloch, Eduardo y Sormani, Horacio (1997), Los enclaves forestales de la región chaqueño-misionera, en: Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy, volumen 7 - Nro. 37, 1997, disponible en: http://www.cienciahoy.org.ar/hoy37/enclav1.htm
* Alarcón, María Teresa (2011), La ruta del tanino en el Chaco, Argentina, Portal educativo-Uruguay, Agosto 2011, disponible en http://www.peuy.org/dcmnts/p0009.pdf
* Pomer, León (1984), Conflictos en la Cuenca del Plata en el siglo XIX, Buenos Aires, Río Inmóvil Ediciones.
* Peterson, Harold (1970), La Argentina y los Estados Unidos. 1810-1960, Buenos Aires, Eudeba.

// Todo citado por Maximiliano Zuccarino en https://www.researchgate.net/publication/318402653_La_Argentina_y_Brasil_entre_la_Guerra_del_Triple_Alianza_y_la_Guerra_del_Chaco_el_Paraguay_como_foco_de_disputas_por_la_supremacia_regional

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