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Biografia de Luis Saenz Peña previa a la asunción presidencial

Cuando nació Luis Sáenz Peña, los caudillos Francisco Ramírez y Estanislao López habían triunfado poco antes en Cepeda (Febrero de 1820) y creían haber humillado a Buenos Aires... Pero esto era en la apariencia... El gobernador Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia, nombrado ministro, organizaban -desde 1821- la provincia y proponían el modelo que las otras provincias debían imitar... También esto era más apariencia que verdad...(1).

(1) Luis Saenz Peña nació en Buenos Aires el 2 de Abril de 1822. Ejerció la presidencia de la República desde el 12 de Octubre de 1892 hasta el 23 de Enero de 1895. Falleció en Buenos Aires el 4 de Diciembre de 1907. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 8vo. Presidente de la Nación Argentina en el hecho y en el título.

Porque la verdad eran los saladeros en manos de hacendados porteños que, dueños de las tierras y las vacas, declamaban su federalismo como una manera de llegar al poder y quedarse con la Aduana... La verdad económica-social era Juan Manuel de Rosas... Los opositores, los que a fuerza de pensar calculaban descubrir un mañana mejor, se marchaban del país...

Los que, prudentes, vivían al día, se quedaban... Es mentira que Rosas incurriera en la torpeza de molestar a todos... Si lo dejaban mandar con la suma del poder público y las facultades extraordinarias, ¿por qué no iba a permitir él que muchos pudieran respirar, comer, dormir y hasta estudiar las leyes y creer en la Justicia..? Eran, para Rosas, ventajosos testigos de descargo...

Luis Saenz Peña, el padre de Roque, estudió Derecho e integró la Magistratura Judicial. Era .en 1832- Juez de primera instancia en lo Civil; en 1839, fue promovido a Camarista. Simultáneamente ocupaba en la Legislatura de la provincia el cargo de Diputado. En 1847 Rosas lo designa asesor y Auditor General...

Conocido el Pronunciamiento de Urquiza, Luis Saenz Peña figuró entre quienes se adhieren “al general Rosas, esperan una victoria trascendental después del castigo de los rebeldes y de sus alevosos aliados, y se hacen un sagrado deber en cooperar a los altos esfuerzos del Gobierno, reiterando el voto que tienen hecho de no omitir sacrificio alguno, sea de las personas y bienes o del honor y fama”.

Y el voto de Luis Saenz Peña era doble, pues seguía desempeñando -simultáneamente- el cargo de Diputado a la Legislatura y el de miembro del Superior Tribunal de Justicia...

Se ignoraba entonces lo que en una organización republicana se llama la separación de poderes... ¿Acaso Rosas no había establecido, en 1839, que, en caso de fallar él, su hija Manuelita debía heredar el mando? ¿A santo de qué pensar en la República..?

Luis Saenz Peña impuso a su hijo Roque la profesión de médico y éste se recibió de cirujano a los 21 años. Triunfó, sin embargo, la vocación de abogado y terminó los estudios de Derecho a los veintitrés años. Un decreto de Rosas le permitió superar la objeción legal que impedía al hijo del magistrado el ejercicio de la profesión en el mismo distrito donde el padre administraba Justicia.

El amor le ayudaría a Luis Sáenz Peña a multiplicar vinculaciones con ese sector institucional: a los veintiséis años, en 1848, se casó con Cipriana Lahitte, hija de un colega de su progenitor...(2).

(2) La designación del doctor Eduardo Lahitte, suegro de Luis Saenz Peña, tiene fecha 14 de Enero de 1839. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Caseros y la caída de Rosas ensombrecieron el horizonte de los Saenz Peña... Quienes regresaban del ostracismo, creyeron justo desahogar enconos y desquites: los Saenz Peña recibieron ciertas miradas, escucharon ciertas expresiones, fueron destinatarios de ciertos ademanes...

No les permitían ni comprar pan en los almacenes”, diría, años después, Eduardo Wilde, recordando las penosas humillaciones que los Saenz Peña debieron entonces aguantar... El recio carácter de Cipriana Lahitte hizo más llevadera esta etapa de ingrata adversidad... Ya había nacido, en 1851, un niño a quien, en homenaje al abuelo, se le bautizó Roque...

¿Cómo adivinar que el pequeño traería, para el árbol genealógico, no la simple rutina de una rama más, sino la luz perdurable que llega de la Historia..?

Bastaron pocos años para que la etiqueta “rosista” de los Saenz Peña y su significación negativa, resultaran socialmente amnistiadas.

En 1859, las divergencias entre la Confederación Argentina -presidida por Urquiza- y la provincia de Buenos Aires, hicieron indispensable, después de Cepeda (Noviembre de 1859), convocar una Convención Provincial, que decidiría acerca de las reformas propuestas por Buenos Aires a la Constitución de 1853, sancionada en Santa Fe.

Es en esa Convención Provincial donde Luis Sáenz Peña proyecta, por primera vez, su figura de hombre público. Miembro de ella, integra la minoría de la Convención que se opone a las reformas auspiciadas por Mitre, Sarmiento, Vélez Sársfield, etc., por entender que esas reformas podían demorar la anhelada incorporación de Buenos Aires a las otras trece provincias y, por tanto, aplazar la unidad definitiva de la Nación.

En esa postura, acompañaron a Luis Sáenz Peña, entre otros, Bernardo de Irigoyen, Marcelino Ugarte, etc. La Convención deliberó desde Enero de 1860 hasta el 11 de Mayo del mismo año.

Una década después, aparece en la Convención elegida para encarar las reformas a la Constitución de la provincia de Buenos Aires. En esa oportunidad, llamó la atención que proyectara, como remedio a los vicios del sistema electoral vigente, la obligatoriedad del voto, insistiendo en que el sufragio era un deber y no un derecho; de acuerdo a este criterio, todo ciudadano mayor de 18 años, que no concurriera a los comicios, debía -según Luis Saenz Peña- sufrir la pena de una multa...

Pero el proyecto no prosperó; no faltó quien observara que enorme proporción de ciudadanos terminarían pagando su tradicional indiferencia...

Si lo señalado hasta este momento prueba que Saenz Peña se interesaba por los problemas públicos, es su elección de Diputado Nacional -en 1873- y la presidencia de la Cámara en 1874, lo que parece volcarlo definitivamente en la política. En 1875, es Vicegobernador de la provincia de Buenos Aires.

Cuando en 1876 y 1877 es presidente del Senado de la misma, se da la curiosa circunstancia que su hijo Roque, elegido en 1876 Diputado Provincial, es presidente de esta otra Cámara. Los Saenz Peña resultan, así, presidiendo, simultáneamente, las dos ramas del Poder Legislativo de Buenos Aires...

Sin embargo, no parece conveniente insinuar que se trata de vidas paralelas...

Luego de una breve Diputación Nacional, de 1880 a 1882, como cansado de la política, aceptó ser miembro de la Suprema Corte de Justicia de la provincia. En 1886 abandonó, sin embargo, este cargo, deseoso de apoyar la candidatura presidencial de Bernardo de Irigoyen, con quien lo vinculaba una vieja amistad.

Al triunfar la candidatura de Juárez Celman, don Luis Saenz Peña se refugió en su hogar. Allí irían a buscarlo las agitaciones ciudadanas que anticiparon la revuelta del 90.

A los factores internacionales de una crisis desatada en el ámbito del capitalismo internacional y al desorden administrativo del Gobierno de Juárez Celman, se agregaba el clima moral del “Unicato”.

La adhesión de un grupo que se denominó de “incondicionales”, en apoyo de Juárez Celman, provocó la categórica repulsa de un núcleo juvenil que, encabezado por Francisco A. Barroetaveña, organizó -para el 1 de Septiembre de 1889- un mitin, a realizarse en el Jardín Florida. Auspiciado por una nueva fuerza, que se denominaba “Unión Cívica de la Juventud”, el acto contó con la presencia de una entusiasta muchedumbre.

Presidieron esa asamblea, personalidades como Aristóbulo del Valle, Leandro N. Alem, Lucio V. López y Luis Sáenz Peña.

En Abril de 1890, la incorporación de figuras ya destacadas explica que la denominación del nuevo partido se modificara: se llamaría Unión Cívica, sin el aditamento anterior alusivo a la juventud...

Pero la crisis se acentuaba y, paralelamente a ella, los desaciertos del Gobierno de Juárez Celman, lo cual determinó -en definitiva- que el descontento popular buscara una solución de insurgencia.

El 26 de Julio de 1890 estalló el movimiento, dirigido por una Junta Revolucionaria de la “Unión Cívica”: el fracaso de la Revolución del Parque -así llamada por tener al Parque de Artillería como escenario inicial- se debió, según se acepta hoy, a que la rebelión ya estaba negociada... El jefe militar de la misma, rehusando cumplir el plan programado, limitó las posibilidades de triunfo, al reducir su acción a una lucha defensiva...

El día 27, tras combates sangrientos donde sobró coraje por parte de los dos bandos, la situación de los sediciosos se hizo difícil por falta de municiones. Fuera real o simple pretexto esta carencia de proyectiles, los insurgentes gestionaron, por intermedio del senador Del Valle -miembro de la Junta Revolucionaria- un armisticio.

Una preocupación angustiosa por las graves implicancias de la guerra civil determinó que, mientras duraba el armisticio, se encarara, por iniciativa del doctor Dardo Rocha, una gestión de paz. Esta se verificó por medio de una comisión integrada por Luis Sáenz Peña, Benjamín Victorica, Ernesto Tornquist y Francisco Madero.

Cuando la renuncia de Juárez Celman determinó la asunción del cargo de presidente de la República por Carlos Pellegrini, éste designó a Luis Sáenz Peña para integrar la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Luis Sáenz Peña, considerando incompatibles las obligaciones judiciales con las de afiliado de la Unión Cívica, envió al doctor Alem, el 15 de Diciembre de 1890, desde su estancia en Brandsen, la renuncia a esa agrupación.

Los deberes de ese cargo -dijo Luis Sáenz Peña en tal oportunidad- me obligan a alejarme de toda intervención en política. Deseo que los que la manejan, tengan buena estrella para evitar a nuestro desgraciado país otra conmoción sangrienta, y me encontraré dispuesto siempre a cooperar en todo lo que me sea posible, para hacer bajar las armas fratricidas, como tuve el honor de hacerlo en el Parque”.

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