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La insurrección de 1893 en Corrientes

Desde 1889, Antonio Ignacio Ruiz, autonomista, gobernaba la provincia de Corrientes con apoyo del sector liberal liderado por Juan Esteban Martínez, unidos en el denominado partido Nacional. La caída de Miguel Juárez Celman, presidente de ese partido, generó cierta inquietud en la situación política provincial, que se calmó parcialmente con la política que implementó Carlos Pellegrini.

Por otra parte, un mes después de la “Revolución del Parque”, se organizó en Corrientes la Unión Cívica con los sectores liberales pertenecientes a las facciones mantillistas y mitristas, presidida por Juan Eusebio Torrent. Con el surgimiento de esta nueva agrupación política, se recrudeció la oposición al Gobierno Provincial.

El cambio de la situación nacional que se produjo con el Acuerdo sellado entre Roca y Mitre generó un nuevo conflicto en Corrientes, pues los liberales se inclinaron por la Unión Cívica Nacional, es decir, se manifestaron proclives al Acuerdo, mientras que los autonomistas y los liberales martinistas -que adherían a la política de Roca y Pellegrini- se mostraban reacios a sellar el Acuerdo con la Unión Cívica a nivel provincial.

El principal inconveniente se encontraba en la sucesión gubernativa, aspiración a la que los martinistas se negaban a renunciar. Esa situación derivó en la separación de los martinistas del Gobierno y en la ruptura definitiva del Acuerdo entre Juan Ramón Vidal y Juan Esteban Martínez a fines de 1892.

Una vez quebrado el Acuerdo entre los autonomistas y los martinistas, estos últimos se acercaron a las otras facciones liberales y llevaron a cabo una insurrección contra el Gobierno Provincial(1).

(1) Ricardo J. G. Harvey. “Orígenes del Radicalismo Correntino”, en: “Anales de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes” (2003), Nro. 5, pp. 193 - 236. Ed. Moglia Ediciones, Corrientes. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

La insurrección de 1893 tuvo varias etapas; se inició el 20 de Diciembre de 1892 con el levantamiento de los Departamentos de Goya, Curuzú Cuatiá y Esquina(2).

(2) Los datos de la “Revolución de 1893” fueron obtenidos de Angel Acuña. “Notas Biográficas”, en: Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1972), tomo 1, (reedición). Ed. Talleres ISAG, Buenos Aires; de Hernán Félix Gómez. “Los Ultimos Sesenta Años de Democracia y Gobierno en la provincia de Corrientes. (1870 - 1930)” (1931). Talleres Gráficos Argentinos L. J. Rosso, Ed. Buenos Aires; y de Mario Herrera. “El Coronel Angel Blanco (de la Tradición Radical. 1856 - 1919)” (1930). Ed. Talleres L. J. Rosso, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

El partido autonomista, que quedó solo en el Gobierno, dispuso el cambio de las autoridades departamentales que representaban al martinismo (Esquina, Goya, Lavalle, Curuzú Cuatiá y Sauce), movilizó la Guardia Nacional de Lomas, San Luis, San Cosme y Empedrado; reforzó a la policía de San Roque, Saladas y Bella Vista y, al mando del coronel Núñez, envió las fuerzas de la provincia.

Paralelamente, un grupo de estudiantes con residencia en Buenos Aires, desembarcaron en Esquina al mando de Manuel Florencio Mantilla y se incorporaron a las fuerzas locales. El 31 de Diciembre se reunieron los insurrectos llegando a formar un grueso de 3.000 hombres al mando de un triunvirato formado por los coroneles José de J. Martínez, Daniel Artaza y Manuel Reyna.

Frente a esta situación, el presidente de la República, Luis Saenz Peña, envió a Marcos Avellaneda y al general José I. Garmendia como Comisionados mediadores y a Mariano de Vedia y Nicolás Avellaneda como secretarios, con el fin de que intentaran un arreglo pacífico entre las partes.

Los comisionados, antes de llegar a Corrientes, hicieron escala en Reconquista (Santa Fe), desde donde se informaron de la situación y comisionaron a Luciano Leiva, ministro de Gobierno de esa provincia, para que se trasladase al campamento sedicioso de Goya y, desde allí, invitara al senador Martínez a unas conferencias políticas a llevarse a cabo en Empedrado, con la presencia del senador Vidal por el oficialismo.

Martínez informó a la Junta de Guerra sobre la misión de Leiva y solicitó que le diera órdenes de cómo proceder. La Junta informó a los comisionados que Mantilla y Martínez -y no sólo Martínez- estaban acreditados como representantes de la Junta y les dio tres instrucciones precisas que consistían en:

1.- Sostener la necesidad de reconstruir los actuales poderes públicos bajo la garantía de la nación; 2.- Que las elecciones debían verificarse previa renovación del padrón electoral; 3.- Obtener garantías reales, que no sean en ningún caso defraudadas(3).

(3) Angel Acuña. “Notas Biográficas”, en: Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1972), p. LXIII, (reimpresión). Ed. Banco de la Provincia de Corrientes, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

El 5 de Enero, se reunieron -en Empedrado- Martínez, Mantilla y Ramón Vidal con los comisionados del Gobierno Nacional. En esas conferencias se solicitó a los partidos en lucha deponer su actitud y elegir algún ciudadano para que fuera votado por todos los partidos en las siguientes elecciones de gobernador.

Aunque hubo un principio de acuerdo, éste no pudo llevarse a cabo, pues los rebeldes exigieron la renuncia del gobernador Antonio I. Ruiz y que el Poder Ejecutivo quedara en manos de alguna persona prescindente que se hiciera cargo de la reorganización institucional. Esto fue rechazado de plano por Ramón Vidal.

Mantilla solicitó que se mantuviera en sus cargos a las autoridades afectas a la insurrección en aquellos Departamentos ocupados y Martínez propuso como posible candidato a gobernador a Mariano Indalecio Loza, candidato que fue aceptado por Ramón Vidal y Mantilla.

Las dificultades aparecieron nuevamente cuando se discutió acerca de la división de los Departamentos. Finalmente, y luego de tres días de intensas negociaciones, las conferencias fracasaron; Avellaneda lo atribuyó a un sentimiento de desconfianza entre las distintas facciones, como se manifiesta en el informe redactado por el Comisionado:

Tanto el representante del partido situacionista como los caudillos de la revolución habían llegado, sin embargo, en sus concesiones mutuas, a un punto en que pudo creerse que estaban allanados todos los obstáculos para una solución digna y decorosa, que habría establecido un precedente feliz en esa provincia, donde los partidos, más que en ninguna otra tal vez, se distinguen por el encono y la intolerancia de sus pasiones y de sus luchas; pero prevalece en el momento decisivo un sentimiento de desconfianza, que explica el fracaso de las negociaciones, fracaso que, de otro modo, no tendría explicación alguna(4).

(4) Periódico “El Litoral”, (Corrientes), edición del 5 de Abril de 1893, p. 1. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

En el diario “El Litoral”, sin embargo, se responsabilizó del fracaso de las negociaciones a Manuel Florencio Mantilla:

(...) ya lo había presentido el pueblo cuando vio que el doctor Mantilla se ponía al frente de los trabajos revolucionarios.
Las actas publicadas son documentos que pasarán a la historia de nuestra provincia y ellos dirán en todo tiempo la hidalguía con que el doctor Vidal procedió en las conferencias y toda la terquedad del doctor Mantilla(5).

(5) Periódico “El Litoral”, (Corrientes), edición del 24 de Enero de 1893, p. 1. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Terminadas las conferencias, cada uno de los jefes marchó a ponerse al mando de sus respectivas tropas y, como las fuerzas oficialistas iniciaron una persecución a los rebeldes de San Roque, el presidente envió a Juan Ramón Vidal, el 9 de Enero de 1893, una comunicación en la que le solicitaba el cese de las hostilidades y nombraba a Marco Avellaneda para que, como Comisionado Nacional, procediera al desarme de las fuerzas en lucha y, si fuera necesario, le otorgaba facultades para movilizar las milicias correntinas.

Al mando de las fuerzas nombró al general de brigada José Ignacio Garmendia y dio instrucciones de que, una vez restablecido el orden, se procurase el mayor respeto por los derechos electorales, pues no reconocería ninguna autoridad fruto de la violencia.

Este decreto del presidente fue inmediatamente obedecido por el Gobierno de la provincia y, más tarde, los jefes insurrectos; Artaza e Insaurralde también se sometieron a la autoridad nacional.

A partir del 14 de Enero se inició el desarme de las fuerzas, pero sin la consecución de la paz esperada. Las fuerzas sublevadas solicitaron al Comisionado Nacional que ampliara sus funciones para estudiar la legalidad del Gobierno de Antonio Ignacio Ruiz, pero éste no accedió a dicho pedido, por considerarlo atentatorio de la autonomía de la provincia.

En cambio, inició medidas tendientes al acercamiento entre los grupos enfrentados. Paralelamente, el liberalismo había decidido unificarse, por lo que a este trabajo se sumó el de la conciliación política(6).

(6) Con el objeto de lograr la reconstrucción del partido liberal, se reunió en el campo de Rafael Gallino (Laguna Avalos) una Junta de militares y civiles del partido, que decidió nombrar una comisión o Junta Revolucionaria Central y Juntas Departamentales dependientes. La Junta Central se compuso por Avelino Verón, Juan Esteban Martínez, Valentín Virasoro y Manuel Reyna; los delegados en Buenos Aires serían Manuel Florencio Mantilla, Juan Balestra y José Hall. Se decidió que la reorganización del partido se haría por medio de una Convención que debía reunirse en la Ciudad de Corrientes. Véase: Angel Acuña. “Notas Biográficas”, en: Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1972), pp. LXIII - LXIV, (reimpresión). Ed. Banco de la Provincia de Corrientes, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

En una reunión realizada en la Capital de la provincia con cinco representantes de cada uno de los contendientes, se intentó buscar una fórmula en común para las siguientes elecciones, pero los intentos de acuerdo volvieron a fracasar, pues los liberales exigían la renuncia del gobernador y vicegobernador y la entrega del Poder Ejecutivo a una persona designada de común acuerdo.

El partido autonomista propuso, entonces, otras bases: convenir una candidatura para la próxima gobernación, reabrir el Padrón Electoral, garantizar la inscripción y la elección con comisarios nombrados por el Gobierno Nacional, colocar en los cargos departamentales a personas que inspiraran confianza y, en último caso, pedir al Gobierno de la Nación permitiera nombrar jefes del Ejército ajenos a las luchas políticas y dar a la oposición participación en la Administración General de la provincia(7).

(7) Quienes suscribieron esas bases fueron Juan Ramón Vidal, P. C. Reyna, Juan J. Lubary, Félix María Gómez y G. Heraclio Gómez. El texto de la comunicación que elevaron a Marco Avellaneda fue publicado en el periódico “El Litoral”, (Corrientes), edición del 2 de Febrero de 1893, p. l. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Como los representantes del liberalismo rechazaron estas propuestas, Avellaneda dio por terminada su misión y se marchó a Buenos Aires.

Esta negativa de los liberales estuvo vinculada con la llegada a Corrientes del representante radical Mariano Castellanos, quien vino a ofrecerles el apoyo de su partido para una nueva insurrección, sobre la base de que ésta coincidiera con la que ellos preparaban en todo el país.

El liberalismo aceptó el Acuerdo y nombró a Manuel Florencio Mantilla como representante para que fuera a Buenos Aires a buscar recursos y armas, lo que se efectuó el 29 de Enero de 1893.

Al llegar a Buenos Aires, Mantilla se reunió con Leandro N. Alem, presidente de la Junta del partido radical, con el cual convinieron en que Corrientes se levantaría en armas después que el radicalismo produjese dos o tres movimientos rebeldes conjuntos, levantamientos que este partido reconocería como propios. Es decir, se consideraría al partido liberal de Corrientes aliado del partido radical, pero con la reserva absoluta de su independencia en el orden local.

En un nuevo intento por restablecer la paz, el presidente comisionó a Juan Eusebio Torrent, en ese momento vocal de la Suprema Corte de la Nación y presidente del Comité del partido liberal en la provincia. Sin embargo, la misión no resultó satisfactoria y los preparativos sediciosos continuaron. El intento de acuerdo fue rechazado y nuevamente se puso en peligro la unidad del partido, porque algunos de sus miembros amenazaron con retirarse si éste se realizaba.

Surgieron, entonces, diversas tendencias dentro del partido liberal, que dieron lugar a las tres líneas liberales que perduraron por muy largo tiempo: “radicales o mantillistas”, “mitristas” y “martinistas”. Con la primera designación se denominó a los seguidores de Manuel Florencio Mantilla que resistían pactos tanto en el orden nacional, como en el provincial; con la segunda a los seguidores de Bartolomé Mitre, que aceptaban un acuerdo en el orden nacional pero no en el provincial; y con la tercera, a los seguidores de Juan Esteban Martínez, que estaban dispuestos a realizar acuerdos en todos los órdenes.

Por ese entonces, el 18 de Mayo de 1893, el Senador Nacional por la Ciudad de Buenos Aires, Mariano Varela, presentó a la Cámara un proyecto de Ley de Intervención a la provincia de Corrientes, en el que se establecía que el interventor debía ser un miembro del Poder Judicial de la Nación designado por el presidente para dicha función y que éste debía investigar sobre los hechos denunciados por el senador Juan Esteban Martínez y, si estos resultaran ciertos, se debía declarar fuera de la Constitución al Gobierno de la provincia y proceder inmediatamente a su reorganización.

Para ello, debía formarse un nuevo Registro Electoral y con éste practicarse las elecciones, que tenían que ser presididas por la Intervención. Una vez que estuvieran instaladas las nuevas autoridades, recién se podía declarar terminada la Intervención.

El proyecto se discutió en el recinto de la Cámara de Senadores y, posteriormente, pasó para su estudio a la Comisión de Asuntos Constitucionales(8).

(8) “Argentina. Congreso Nacional. Cámara de Senadores”, Diario de Sesiones, 18 de Mayo de 1893, pp. 39 - 40. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Durante el debate, Juan Ramón Vidal se opuso abiertamente al proyecto, en primer lugar por considerarlo una “medida extraordinaria y de excepción” y que, por lo tanto, eran insuficientes los motivos que habían impulsado al senador Varela a presentar el proyecto; por otra parte, negó los cargos que se hicieron contra la situación que estaba viviendo la provincia, argumentando que en ella estaban garantizadas todas las libertades de la oposición, lo que se evidenciaba claramente a través de la prensa; por otra parte, denunció que la única intención de la Intervención del Gobierno Nacional en la provincia era la de derrocar al autonomismo y facilitar el acceso al poder a los liberales:

Allí, (en Corrientes) funcionan todos los Poderes creados por la Constitución y tienen asiento en el Legislativo y en el Municipal miembros de las distintas fracciones políticas; allí actúa con toda libertad un partido de oposición, que tiene su prensa (...) tiene sus Clubs políticos locales.
Sus diarios anuncian reuniones políticas, lo que demuestra que tienen asegurado el derecho de reunión.
Sus jefes y directores políticos -según unos- recorren los Departamentos, organizando sus elementos; según otros, conspirando al amparo de ese Gobierno.
Los jefes que han tomado parte en el movimiento sedicioso pasado están en sus casas tranquilamente y ni siquiera se les ha exigido devolución de las armas que sustrajeron del Gobierno cuando se levantaron contra su autoridad.
¿Qué es lo que se desea entonces? ¿Se desea mejorar esa situación, llevando el partido de la oposición al poder?(9).

(9) “Argentina. Congreso Nacional. Cámara de Senadores”, Diario de Sesiones, 18 de Mayo de 1893, pp. 41 - 42. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Paralelamente, el presidente realizó un cambio en su gabinete, nombrando a Aristóbulo del Valle, que había sido uno de los jefes de la sublevación de 1890, como organizador del Ministerio.

Entre sus primeras medidas, Del Valle mandó retirar las fuerzas nacionales de la provincia; el 14 de Julio se retiró el general Garmendia y se nombró en su lugar a Napoleón Uriburu, gobernador de Formosa, que actuó con neutralidad, quedando el Gobierno y los insurrectos en una situación equilibrada.

El liberalismo reinició los preparativos sediciosos a través de encuentros y reuniones políticas en la capital y en los pueblos del interior y realizó múltiples protestas, especialmente a través de la prensa.

El 25 de Julio, a través de un decreto del Poder Ejecutivo Nacional, se mandó desarmar las fuerzas del Gobierno de la provincia y, el 27 de Julio, el partido liberal publicó un Manifiesto, donde protestó por la situación imperante e inició una movilización para poner en evidencia el trabajo insurreccional.

Mientras esto ocurría en Corrientes, estallaban revueltas preparadas por el radicalismo en las provincias de Buenos Aires, San Luis y Santa Fe, que lograron derrocar a los Gobiernos respectivos. Frente a esta situación, el Gobierno de Corrientes reforzó sus fuerzas y se aprestó a la defensa.

El partido radical entregó armas y municiones a Manuel Florencio Mantilla en Buenos Aires, Santa Fe y Chaco y creyó conveniente realizar el movimiento a la mayor brevedad posible, pues consideraba que la situación favorable que representaba el ministerio de Del Valle no duraría mucho tiempo; Martínez, sin embargo, era partidario de esperar un poco más.

La insurrección ya estaba lista para estallar; Juan Bejarano organizaba el levantamiento en Mercedes; el coronel Azula y el comandante Zerviño lo hacían desde Saladas; en los Departamentos del Uruguay estaban Juan de Dios Verón, Angel Saturnino Blanco y Mariano Madariaga; en Bella Vista y Empedrado estaban organizados por los Artaza, Aurelio Díaz y Carlos Jardel. Finalmente, Martínez cambió su actitud y decidió apoyar la pronta realización del movimiento.

Las instrucciones eran que en cada pueblo se haría un levantamiento para deponer a las autoridades departamentales; la acción quedaría luego al mando de dos jefes: Mantilla -para la zona norte del río Corriente- y Martínez para la zona sur. Colonia Ocampo, en la provincia de Santa Fe, era el campamento de los rebeldes.

Mientras ultimaban los detalles del levantamiento, cambió la situación favorable del ministerio Del Valle, pues éste renunció, y el nuevo encargado de reorganizarlo, Manuel Quintana, reemplazó a todo el Gabinete. Sin embargo, y a favor de los insurgentes correntinos, mantuvo como ministro a Valentín Vírasoro (liberal mitrista correntino).

La mayor parte de este nuevo Ministerio lo conformaron representantes de la política del Acuerdo, antirrevolucionarios e intervencionistas, lo que hizo temer el fracaso del movimiento armado y precipitó su desenlace.

Igualmente, el 14 de Agosto de 1893, las fuerzas reunidas en Villa Ocampo atacaron Bella Vista, mientras otros grupos tomaban Saladas, Empedrado y Mburucuyá. El 15 de Agosto, la insurrección dominó toda la región hasta Riachuelo y concentró sus fuerzas en Empedrado; el 20 a la noche se embarcaron hacia la capital.

Juan Ramón Vidal, que estaba al mando de las fuerzas gubernistas, ante la situación planteada abandonó la Capital y se dirigió a Itatí, buscando la frontera paraguaya y, de esa manera, los rebeldes tomaron sin ninguna resistencia la capital de Corrientes, el 21 de Agosto de madrugada.

Una asamblea de dirigentes liberales fue la encargada de organizar el Gobierno provisorio; instituyó un Triunvirato formado por Juan Valenzuela, Pedro Sánchez y Fermín Alsina y nombró como secretario a Lorenzo Aquino. Para llegar a esta solución, se debieron sortear nuevamente varias dificultades, pues las tres divisiones del partido liberal volvieron a aparecer y cada uno de estos grupos pretendía estar representado en el nuevo Gobierno.

El 21 de Agosto, los Diputados autonomistas Félix María Gómez y Justino Solari presentaron un proyecto de Intervención a la provincia que pretendía suprimir el estado de guerra en la que se encontraba y que tuviera por objeto presidir las elecciones de electores a gobernador y vicegobernador.

Sin embargo, el proyecto se aprobó con modificaciones, pues se dio a la Intervención facultades más amplias, que incluían las de organizar todos los poderes de la provincia, desarmando y disolviendo la fuerza armada que en ella existía.

En el Senado, Rafael Igarzábal, representante de la Ciudad de Buenos Aires, recomendó la sanción del proyecto; explicó que no se debía “restablecer” a los Poderes, porque no existía un requerimiento por parte de las autoridades provinciales.

Más allá de algunas opiniones en contrario, como la del Senador por Santa Fe Lorenzo Ananón, el proyecto se aprobó el 23 de Agosto. Al día siguiente, a través de un decreto, el presidente nombró a Leopoldo Basabilvaso como Interventor Nacional, quien arribó a Corrientes el 2 de Septiembrede 1893 con sus dos secretarios, Norberto Piñeiro y Rodolfo Rivarola, y el general Miguel Molinas, que fue nombrado Comandante en Jefe de las fuerzas nacionales al servicio de la misión(10).

(10) Véase: Luis M. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, pp. 240 - 243. Ed. El Ateneo, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Entre las primeras medidas que adoptó el interventor estuvo la convocatoria a elecciones para el 26 de Noviembre siguiente. Luego, ordenó el desarme de toda la provincia, que en principio sólo fue resistido por Angel Saturnino Blanco; asignó nuevo personal a todos los empleos públicos y nombró a miembros del Ejército para algunos cargos departamentales.

Como halló a las arcas provinciales exhaustas, contrajo con la nación un empréstito de cuarenta mil pesos. En una nota que envió al ministro Quintana, expuso su impresión de la situación en la que encontró a la provincia:

Era desastroso el estado en que la Intervención encontró a la policía de la capital: emponchados armados de una daga, ¡esos eran los gendarmes de la conservación del orden, los que constituían la policía de la capital de una provincia argentina!
Sin trepidar y sin detenerme a considerar los recursos con que podría atender el gasto que ocasionaría la provisión del vestuario para todo el personal de esa policía, lo mandé confeccionar y ordené al Señor Comandante en Jefe de las fuerzas que proveyera al mismo personal de Remingtons con machete.
Estos últimos sirvieron de arma a los gendarmes en los servicios que prestaron en las calles.
Para las policías de los Departamentos de campaña, pedí a Vuestra Excelencia vestuarios y sables de antiguo modelo(11).

(11) Nota del interventor Basabilbaso al ministro Quintana del 30 de Enero de 1894. Citado por Luis M. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), pp. 242 - 243. Ed. El Ateneo, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Se inscribieron en los Padrones alrededor de veinte mil ciudadanos, de los cuales participó en las elecciones la mitad. El interventor practicó el escrutinio referente a Senadores y Diputados y la Legislatura se encargó de hacer lo propio para las elecciones de Electores a gobernador y vicegobernador.

La actitud completamente favorable de la Intervención hacia el sector liberal mitrista logró imponer la candidatura de Valentín Virasoro, que fue elegido gobernador por la unanimidad del Colegio Electoral y asumió el cargo el 25 de Diciembre de 1893.

Esto obligó a los autonomistas a iniciar nuevamente un proceso de emigración al Territorio del Chaco, mientras que Juan Ramón Vidal regresó a Buenos Aires para seguir ejerciendo su cargo de Senador.

Ramón Vidal fue protagonista directo de este movimiento insurreccional; estuvo tanto al frente de las negociaciones como al frente de las tropas oficiales. Las crónicas periodísticas oficialistas de la época volvieron a destacar su valentía, aquélla que le había servido para acceder al poder. Lo llamaban el “verdadero caudillo” que trabajó sin descansar e infundió aliento a los soldados(12).

(12) Periódico “El Litoral”, (Corrientes), edición del 12 de Enero de 1893, p. 1. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Los opositores, en cambio, describieron con ironía la huida de Ramón Vidal e intentaron desacreditarlo, señalando el hecho como el inicio de su caída y como el regreso de la Justicia a la provincia. Juan Esteban Martínez, en un debate llevado a cabo en el Senado Nacional, dejó en claro esta cuestión: la insurrección había terminado con el “caudillismo de Vidal’’:

Es que la provincia de Corrientes (...) no admite dueños; es la única que no ha admitido caudillos; y era sumamente ridículo que, en éstos últimos tiempos, surgiera ese género de ambiciosos y hubiera ciudadanos que pretendieran seguir dominando a la provincia como propiedad de ellos, sugestionados por aspiraciones inconfesables(13).

(13) “Argentina. Congreso Nacional. Cámara de Senadores”, Diario de Sesiones, 26 de Mayo de 1894, p. 47. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

El resultado del movimiento no fue el esperado para el líder autonomista, pues la situación nacional se le presentó adversa y la provincia quedó bajo el Gobierno de los liberales luego de haberse celebrado las elecciones para gobernador y vicegobernador, en las que su partido no participó(14).

(14) Véase: Hernán Félix Gómez. “Los Ultimos Sesenta Años de Democracia y Gobierno en la provincia de Corrientes. (1870 - 1930)” (1931), p. 147. Talleres Gráficos Argentinos L. J. Rosso, Ed. Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Además, el resultado de esta insurrección era visto por los adversarios de Juan Ramón Vidal como un triunfo contra el caudillo y no contra el Gobierno de Antonio Ignacio Ruiz o el partido autonomista. Esta situación llevó a que Ramón Vidal se ausentara de la provincia durante cuatro años y medio, regresando recién en Enero de 1898.

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