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El Congreso en contra de Del Valle

A su regreso a la Ciudad de Buenos Aires, Pellegrini había asumido de hecho la dirección de los autonomistas nacionales y modernistas e iniciado la ofensiva contra el gabinete, con el programa de Intervenir en Buenos Aires.

La tarea era fácil, pues los ministros estaban divididos; en tanto que Del Valle y Demaría deseaban que la provincia fuese abandonada a su propia suerte y Quintana y Virasoro encarecían la conveniencia de no entregarla a los radicales; López complicaba las cosas, aconsejando que se dejase obrar al Congreso.

Pellegrini contó, pues, con el apoyo de los cívicos y, con tal base, poco trabajo le costó conseguir el asentimiento presidencial.

La Cámara de Diputados sesionó el 10 de Agosto para considerar un dictamen suscripto por Ayarragaray y Lastra, que recomendaba la Intervención en Buenos Aires “a objeto de organizar sus poderes públicos, dentro de las prescripciones de la Constitución Nacional y de las leyes de la provincia”.

Empleábase por primera vez una fórmula que llegaría a ser famosa en la República, pues concretaba lo que en el tecnicismo político se habría de entender por “Intervención amplia”.

Desempeñando el difícil papel de miembro informante, Ayarragaray sostuvo esta tesis: “la forma republicana de Gobierno allí no existe, porque no hay forma alguna de Gobierno”.

Olmedo, que firmaba el despacho en disidencia, dijo que todas las Intervenciones -“no hay caso de excepción”- habían tenido por objeto dar la preponderancia a la política de las autoridades federales: En la República Argentina -remachó- hay el derecho de afirmar que las Intervenciones son una peste”.

Según Gonnet, los Diputados debían resolver el punto “con un criterio absolutamente político, del que sólo son responsables ante Dios y ante la historia”. Como a su juicio, el partido radical, lo mismo que las otras dos agrupaciones, carecía del predominio indispensable para representar por sí la opinión de la provincia, no era justo consentirle que prosiguiese detentando el Gobierno.

El proyecto obtuvo sanción de cincuenta sufragios contra cinco. El Senado se reunió sin pérdida de minutos y lo aprobó por unanimidad.

Cuando conoció este pronunciamiento, Del Valle se retiró de La Plata sin haber desarmado aún todas las fuerzas, pero llevando de Yrigoyen la promesa de acatar la ley. Pidió enseguida un Acuerdo de Ministros y expuso que, siendo aquél hostil a su persona, necesitaba que se le encomendase su ejecución como comisionado.

El presidente declaró que estaba comprometido con los congresales a nombrar otra persona... En esos momentos, la Cámara de Diputados aprobaba, por treinta y ocho votos contra seis el proyecto de Intervención en Catamarca que el Senado había sancionado un mes antes; y el autor de la moción, doctor Enrique Berduc, decía que era necesario ratificar con un nuevo acto la política, que iniciaba el Congreso, de proporcionar soluciones tranquilas a los conflictos de provincia(1).

(1) “Cámara de Diputados”, sesión de Agosto 11 de 1893. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo II, capítulo XVIII: “Los Ministerios Revolucionarios”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 12 de Agosto dimitió el gabinete. Del Valle y Demaría elevaron notas enérgicas. Las de los otros ministros fueron redactadas en términos afables.

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