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PRIMER MANDATO DE JUAN ESTEBAN MARTINEZ

Al término de su mandato, entregó Valentín Virasoro el Gobierno al doctor Juan Esteban Martínez quien, desde años atrás, había retornado a las filas del liberalismo(1). Es el 33er. gobernador constitucional propietario de la provincia de Corrientes.

(1) Material extraido de Hernán Félix Gómez. “Los Ultimos Sesenta Años de Democracia y Gobierno en la Provincia de Corrientes. 1870-1930” (1995), segunda edición. Ed. Sembrando Producciones, Corrientes.

Exoneróse entonces de impuestos a las fábricas de tanino que se establecieran en la provincia; fue delineada la colonia Basilio Acuña; se dio el nombre de “San Martín” al Departamento La Cruz y, al pueblo San Martín le fue restituido el nombre guaraní de Yapeyú; se autorizó la construcción de una línea de ferrocarril que uniese las poblaciones de Bella Vista y Caá Catí y otra que ligase la Ciudad de Goya con la estación Chavarría, trazado este último que, con algunas variantes, se encargó de realizar años después la empresa del Ferrocarril Nordeste Argentino.

Se dio comienzo a una política caminera orgánica y se dispuso la delineación de los caminos de la provincia, hasta entonces trazados un tanto arbitrariamente; se reglamentaron las funciones de la Dirección General de Rentas y dictóse una Ley Orgánica de Tribunales y otra de arancel de escribanos.

La línea del Ferrocarril Nordeste Argentino, en construcción desde largos años, unió sus rieles a la altura de Empedrado, en Junio de 1898 y, la inauguración oficial de la línea Corrientes-Monte Caseros se realizó el día 10 de Julio.

La Coronación de la Virgen de Itatí, Imagen de culto singularísimo en todo el Nordeste argentino -realizada en 1900- fue un suceso de gran trascendencia religiosa.

A fines del siglo XIX y principios del XX se operó en la provincia una reacción cultural. Poetas y ensayistas, todos jóvenes, desligados de los trajines de nuestras luchas civiles y afanes políticos, comenzaron a dar a conocer sus producciones.

Cuando, por los embates de la política, se iba acallando la voz de Manuel Mora y Araujo, hicieron oir sus versos Eudoro Vargas Gómez y Gerardo Barberán Aquino.

Valerio Bonastre se inició con trabajos pedagógicos y, años después, se destacó como historiador y, Pedro Bonastre, sin haber traspuesto los lindes veinteañeros, publicó un volumen biográfico. A Solano Alvarez se le debe la primera biografía de Berón de Astrada. Teodoro R. Moreno y Pedro C. Penilla contribuyeron con sendos compendios geográficos.

Tuvo la mujer sus delicadas representantes en Emilia Balcazas y Carmen Berisso. Nicolás Rojas Acosta comenzó a producir entonces sus primeros trabajos bien informados y serios sobre botánica regional y geología. Luis M. Cora, poeta, Pedro Benjamín Serrano y Juan G. Gómez, fueron valores representativos de una época en la que se confundían Rubén Darío y el general Mitre como monitores de esa juventud.

Adolfo Mors, vigoroso plástico, primero en Goya y luego en Corrientes, fue un continuador brillante de la buena tradición pictórica iniciada por Poisson y Fontenau.

Comenzó entonces la publicación de revistas literarias de aliento como “El Libro”, “Vida Intelectual”, “Corrientes” y “Alborada”. Una sociedad musical -denominada La Lira-, tutelada por la gran capacidad del maestro Enea Verardini, fue la encargada de despertar vocaciones y avivar el culto por la música.

Hasta el viejo teatro “Juan de Vera” llegaban compañías foráneas que han dejado documentada, a través de su repertorio, la puja entre lo hispano y lo nacional. “Calandria”, de Leguizamón y, “La Piedra del Escándalo”, de Coronado, refirmarían, años después, el gusto por lo nuestro.

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