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Biografía de José E. Uriburu antes de asumir la Presidencia

Descendiente de una tradicional familia salteña, era hijo del coronel Evaristo Uríburu y de doña María Josefa Alvarez de Arenales(1).

(1) José Evaristo Uriburu nace el 19 de Noviembre de 1831. Ejeció la presidencia de la República desde el 23 de Enero de 1895 hasta el 12 de Octubre de 1898. Falleció en Buenos Aires el 25 de Octubre de 1814. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 9no. Presidente Constitucional de la Nación Argentina en el hecho y en el título.

Después de cursar el Bachillerato en Chuquisaca(2), egresó como Abogado de la Universidad de Buenos Aires, en 1854. Siendo todavía alumno compartía sus estudios con tareas administrativas en el Ministerio de Gobierno, primero, y luego al lado del general José María Paz en el Ministerio de Guerra y Marina de la provincia...

(2) Chuquisaca, Charcas, La Plata y Sucre; son cuatro denominaciones referidas a la misma ciudad que hoy integra a Bolivia, pero que antes perteneció al Virreinato del Río de la Plata. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Eran los días del enfrentamiento entre Buenos Aires y la Confederación; eran los días del sitio de Buenos Aires por parte del general Lagos y José Evaristo Uriburu participó en las fuerzas juveniles movilizadas para la defensa de la ciudad.

Con su flamante diploma profesional, regresó a Salta. Sus comprovincianos lo eligieron miembro de la Convención que sancionó la Constitución de esa provincia. En 1855, Diputado a la Legislatura salteña, integra la redacción de “El Comercio”, periódico semanal, mercantil, político y literario, que subsistió hasta 1858. “El Comercio” publicaba documentos oficiales y numerosos artículos de carácter polémico.

Designado Secretario de la legación argentina en Bolivia (Octubre de 1856), el fallecimiento del titular obligó a Uriburu a hacerse cargo de la representación a partir de Mayo de 1857 y continuar al frente de la misma hasta 1860.

En Sucre, descubrió Uriburu la paz, la de los sosiegos hogareños: allí casó con doña Virginia Uriburu y Cavero, de la cual enviudaría en 1871.

En 1860, de nuevo en Salta, fue Juez en lo Civil, ministro de Gobierno y, electo Diputado al Congreso Nacional, vino a Buenos Aires. Reelegido en 1864, los miembros de la Cámara joven le confiaron la presidencia de la misma, en 1863 y en 1865 y 1866.

En 1867, el vicepresidente de la Nación, Marcos Paz, a cargo de la Presidencia por estar el presidente Mitre dirigiendo los ejércitos en el Paraguay, lo nombró ministro de Justicia e Instrucción Pública.

A los pocos meses le tocó a Uriburu participar de una experiencia gubernativa tan inesperada como grave: Marcos Paz fallecía, víctima del cólera, en Enero de 1868 y el Gabinete se hizo cargo de la solidaria responsabilidad de ejercer -hasta el regreso de Mitre- el Poder Ejecutivo. La Constitución no tenía prevista una solución legal para semejante acefalía.

Al reorganizar Mitre el Ministerio, Uriburu cesa en la cartera que desempeñaba. En Marzo de ese año, elector de presidente y vicepresidente de la Nación, vota, al igual que los electores de Salta y Entre Ríos, por la fórmula Urquiza-Alsina.

Pareció que Uriburu se “aquerenciaba” en Buenos Aires: Diputado Provincial en ella, más tarde presidente de la Oficina de Tierras Públicas de la misma, elegido para participar de la Convención Constituyente provincial, en 1871, el presidente Sarmiento lo designó -en 1869- Procurador del Tesoro...

Sin embargo, es posible que las nostalgias contribuyeran a su designación de Juez en lo Federal para Salta, en 1872. Desempeñó esas tareas hasta que, en 1874, partió, como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, a Bolivia. Dos años después, reteniendo la legación en Bolivia, marchó a Lima, con tal carácter, ante el Gobierno del Perú.

Representaría además a la Argentina en un congreso de juristas que, iniciado en Diciembre de ese año, prolongaría sus deliberaciones hasta 1879.

En esa ocasión, acreditó sus ponderadas dotes de hábil diplomático y erudito jurisconsulto, logrando la neutralización de teorías acerca de la nacionalidad y el domicilio, para ver el triunfo de las doctrinas argentinas.
Acordó un Tratado de Extradición y en 1881 regresó a Buenos Aires(3).

(3) “Diccionario Histórico Argentino”, de Ricardo Piccirilli, Francisco L. Romay y Leoncio Gianello. Tomo VI. Ediciones Históricas Argentinas, Buenos Aires, Diciembre de 1954. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Volvía no sólo agrandado por sus éxitos en la diplomacia, sino también multiplicado en lo sentimental: en 1878 había casado, en Lima, con doña Leonor de Tezanos Pinto y allí, en la legación argentina, le había nacido, en 1880, un hijo que llevaría su mismo nombre de José Evaristo.

En 1883, acababa de terminar la llamada “Guerra del Pacífico”(4). El presidente Roca designó a Uriburu para ocupar la legación argentina en Chile. En la capital del país vecino le nació una hija, a la cual el matrimonio bautizó Leonor.

(4) La “Guerra del Pacifico”, ocurrida entre los años 1879 y 1883, enfrentó a Chile con Perú y Bolivia unidos. El triunfo correspondió a Chile. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Son las ocho de la mañana del 19 de Septiembre de 1891. Suena un tiro. El ministro argentino en Chile, don José Evaristo Uriburu, se viste rápido. Manda llamar a don Carlos Walker Martínez y juntos suben la escalera que conduce a una pieza en los altos de la casa. Al entrar en la habitación, sobre la cama, se ve el cuerpo de José Manuel Balmaceda, bañado en sangre, que escapa de una herida en la sien derecha. El revólver en la mano testimonia el suicidio...

Se trata del presidente chileno que, enfrentado a una insurrección triunfante, y luego de ocho meses de guerra civil, se hallaba refugiado -desde hacía tres semanas- en la legación argentina... No ha querido fugarse del país... Y como una contribución a la reconciliación de sus compatriotas, ha esperado, para eliminarse, se cumpla, el día anterior, que es el de la fecha nacional de Chile, el período constitucional para el cual fuera electo.

Deja, para el diplomático en cuya casa encontrara afectuosa hospitalidad, un sobre en el que se lee:

Carta de José Manuel Balmaceda a don José Uriburu”. Y la carta:
Mi querido Señor y Amigo:
Como lo hemos hablado y Ud. lo sabe, necesito dar desenlace a la situación en que me encuentro. No debo prolongar por más tiempo el generoso asilo que me ha prestado en momentos que recomiendo a los míos como aquéllos en que he recibido el mayor servicio en la vida.
La exacerbación de mis enemigos es capaz, si se descubre mi residencia, de extremidades que evitaré aún con el mayor sacrificio que puede hacer un hombre de ánimo entero...”.

Y después de diversas consideraciones sobre la situación chilena, terminaba la carta:

Sea piadoso con el hombre que cae a los golpes del infortunio. Como bendigo yo a Ud. y a su santa Señora, espero que mis hijos los bendigan también y siempre.
Que Ud., su esposa y sus hijos sean siempre felices.
Suyo. J. M. Balmaceda

P. C.: “Cuento, en todo caso, con que Ud., cumpla el encargo íntimo y de honra que le hice anoche para las personas que Ud. sabe. Vale(5).

(5) Julio Bañados Espinosa, “Balmaceda”. Librería de Garnier Hermanos. París.1894, Tomo II. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Esta carta fue escrita el mismo 19, es decir, pocos momentos antes del suicidio. Las que Balmaceda dejó para su madre, para su esposa, para sus hermanos y para su amigos fueron entregadas a Uriburu en la noche del mismo día 18, después de una visita que éste le hizo a su habitación cuando regresaba del Teatro Municipal. En esa oportunidad, las últimas palabras de Balmaceda a Uriburu habían sido: “Felicidad ahora y para siempre(6).

(6) Julio Bañados Espinosa, “Balmaceda”. Librería de Garnier Hermanos. París.1894, Tomo II. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El aletazo del drama institucional del país vecino, hecho tragedia humana, había encontrado en José Evaristo Uriburu un testigo de jerarquía... Allí, a la legación de la Argentina en Chile fue a encontrarle su designación de Vicepresidente de la República.

La candidatura de José Evaristo Uriburu a la Vicepresidencia, y sin que esto signifique retacearle los méritos ya sintéticamente recordados, fue obra de Roca, sin duda el “hombre fuerte” de la política argentina durante tres largas décadas...

En efecto; cuando la renuncia de Bernardo de Irigoyen a integrar la fórmula con Mitre, dejó vacante en ella la candidatura de vicepresidente, respondió a la voluntad de Roca proponer a Uriburu para integrar la fórmula que Mitre encabezaba.

Al renunciar Mitre, porque los acontecimientos le demostraban que su nombre no era de “conciliación nacional”, se pensó en Luis Sáenz Peña. Era el candidato a presidente que podía evitar el triunfo de Roque Sáenz Peña, su hijo, que había recibido -en pocas semanas- valiosas adhesiones y parecía peligroso por el presumible espíritu de renovación que se le atribuía...

Ya es sabido que la maniobra que contó con la aprobación de Pellegrini y Roca tuvo éxito: Roque Saenz Peña renunció a su candidatura, ante “la única que no podía combatir...”. Y ocurrió que, no obstante haberse cambiado el primer término de la fórmula, José Evaristo Uriburu siguió inconmovible candidato a la Vicepresidencia.

En elecciones realizadas, con estado de sitio, clausura de periódicos y encarcelamiento de los opositores de la Unión Cívica Radical (sin exceptuar entre estos a quienes gozaban de fueros parlamentarios), el 10 de Abril de 1892 resultaban elegidos Presidente y Vicepresidente de la República, Luis Saenz Peña y José Evaristo Uriburu.

De acuerdo a la Constitución, cuando el 12 de Octubre de 1892, Luis Sáenz Peña asumió la Presidencia, inició Uriburu sus tareas de presidente del Senado.

Completamente ajeno a la gestión de Luis Saenz Peña, sin ninguna vinculación, ni amistosa, ni política, con el presidente, Uriburu fue testigo involuntario de la inoperancia de quien había llegado al cargo como simple instrumento de una finalidad negativa... Para anular al hijo se había elevado al padre y éste, modelo de honradez personal, resultaba también modelo de incapacidad... A tal punto que, abandonando las prácticas constitucionales, los ministros hacían de presidentes...

Bajo su Gobierno, Luis Sáenz Peña cultivó las indecisiones y, a tal punto llegó su orfandad en el poder, que debió renunciar a la Primera Magistratura. Lo hizo el 22 de Enero de 1895... El motivo circunstancial fue la oposición de Saenz Peña a aceptar una ley de amnistía para los rebeldes de 1893, amnistía solicitada por el Congreso y reclamada por la opinión pública. Ese mismo día, José Evaristo Uriburu, se hizo cargo de la Presidencia.

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