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SEGUNDO MANDATO PRESIDENCIAL DE JULIO A. ROCA

Al aproximarse los comicios de 1898, el partido Autonomista Nacional, reunido en Convención, bajo la presidencia de Carlos Pellegrini, decidió levantar la candidatura de Julio Argentino Roca, a la que presentó como necesaria ante la inminencia de una guerra con Chile.

Los cívicos resistieron la solución y, quebrando el Acuerdo, entablaron negociaciones con otros grupos. Así nació la llamada política de las paralelas, sostenida fuera de los iniciadores, por un núcleo afecto al doctor Roque Saenz Peña -empecinado en resucitar el modernismo- y por los radicales moderados, cuya figura consular era el doctor Bernardo de Irigoyen.

Esta última agrupación se formó a consecuencia del suicidio de Leandro N. Alem, quien dejó trazada al partido en algunas frases de su testamento -“adelante los que quedan” y “que se rompa pero que no se doble”- una línea rígida de conducta que no agradó a todos.

La fracción moderada se propuso continuar la lucha en los comicios, aceptando por de pronto su jefe la gobernación de Buenos Aires, que le cedió Pellegrini como medio de asegurar la coexistencia pacífica de las fuerzas ciudadanas; y la fracción intransigente se congregó en torno de Hipólito Yrigoyen, proclamando la necesidad de la insurrección para conquistar la libertad del voto y fijando como regla absoluta la abstención electoral, en la que se sabría mantener, al menos en el orden nacional, hasta 1912

La política de las paralelas fracasó junto con su primer mitin. Los cívicos reanudaron entonces virtualmente el Acuerdo, componiendo listas comunes con los autonomistas nacionales en Buenos Aires, Corrientes y la Ciudad de Buenos Aires.

En virtud de tal combinación, Roca y su vicepresidente, Quirno Costa, eludieron la molestia de cosechar la unanimidad de los votos de la República, pues los electores cívicos de aquéllos tres puntos sufragaron por Mitre -para el primer término- y Torrent o Virasoro para el segundo.

En vísperas de asumir nuevamente la Primera Magistratura, en carta particular (respuesta a una de su primo, Ezequiel Paz, en la cual éste le evocaba comunes recuerdos de familia y de amistad) Roca escribe, entre otras, las siguientes reflexiones:

... ¡Pobre mi viejo..! ¡Cuánta alegría no hubiera experimentado, no digo al verme presidente por segunda vez en esta tierra donde es tan difícil mantenerse por mucho tiempo en la cureña, sino cuando fui General a los 31 años sobre el campo de batalla..!” Y párrafos más adelante:

... Muchas horas de borrascas y amarguras me esperan en la nueva jornada que me marcó el destino, y aunque en verdad no de otro modo se cosecha gloria y renombre, es también cierto que se llena uno de barro y espinas hasta las narices y las malas noches y los insomnios es el lote de los que en el Gobierno quieren hacer algo por su país(1).

(1) La carta, de fecha 16 de Junio de 1898 ha sido publicada en “Documentos IV”, del Museo Roca (Agosto de 1966), Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El barro y las espinas” no le escasearían nunca al “Zorro” que buscó el poder... “Arbol de encrucijada, en cuyo tronco prueban los leñadores sus hachas al pasar”, diría Leopoldo Lugones para señalar que Roca fue, durante una larga etapa, el epicentro de la vida política argentina.

El bello símil literario es históricamente exacto. Pero, para hacerlo más completo, habría que agregar que el tronco no fue como el sándalo que perfuma el acero que lo hiere. Y muchas veces los leñadores quedaron con el hacha mellada para siempre y extraviados en el bosque.

Sus triunfos en lo militar como en lo político, son numerosos y todos tienen un sello peculiar: son hijos de su arte para esperar, y si se quintaesencia quizás resultase que era gran factor en ellos la inhabilidad o flaqueza de sus contrincantes.
Es un aliado del tiempo que carece de nervios y de impaciencias...”. “... No es hombre de odios y rencores; no se ensaña con los vencidos de la vida y tiene predisposición para ver las buenas cualidades en sus adversarios antes que en sus amigos...(2).

(2) De una semblanza que firma “Figarillo”, aparecida en la revista “Caras y Caretas” del 15 de Octuhre de 1898. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En la calle camina erguido, aunque con la cabeza un poco volcada a la derecha, contrastando con su sombrero, que lo usa inclinado hacia la izquierda, con un leve pespunte de afectación...
Parece que fuera siempre sumido en grave meditación, pero, a poco que se le observa, se nota su mirada como anhelosa, escrutadora, inquisitiva, que aparentemente nada mira, pero a la que nada escapa, ni las escenas callejeras de las que es verdaderamente goloso (como lo es del murmullo social), ni las personas, ni las fisonomías...
Ama la sociedad y goza más, quizás, con los pensamientos que se le ocurren a propósito de sus interlocutores, que con los que estos pudieran contarle...(3).

(3) Del trabajo que firma Fígarillo, aparecida en la revista “Caras y Caretas” del 15 de Octuhre de 1898. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Presidentes Argentinos” (1975), tomo V. Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El juego le disgustaba... En el juego no basta la habilidad del disimulo y es preciso contar con el azar... Pero el azar es imponderable e imposible de domesticar; carece, ya se sabe, de urgencias y de indiscreciones... El azar, en fin, es impersonal y Roca acostumbraba ganar con ese naipe marcado por las pasiones humanas sobre las cuales el enemigo tranquilo, si es “baqueano”, nos puede semblantear.

Seguro de sí mismo, aplomado por dentro, no intenta nunca llamar la atención sobre su persona: tose, se ríe, marcha, como descontando que el rastro que va a dejar trasciende de lo pasajero... Por ese recato de discreción, es que no viste los colores fuertes sino preferentemente de gris, el color del esfumino que desdibuja...

Su flor favorita es el clavel del aire...". ¡Oh, no hay temor; nadie piense que Roca carece de raíces..! Cambia de marcas de cigarrillos con frecuencia, sin aficionarse a ninguna... ¿Veía a los cigarrillos como a los hombres..? También a estos los cambiaba después de fumarlos... Y es que no creía en el hombre, acaso porque cometió el error de no soñar nunca con el hombre arquetipo... y haber averiguado demasiadas veces el precio concreto que muchos tenían etiquetado para una venta...

El castigo fue que, al final, después de mandar casi todo lo que quiso, le quedó en los labios un sabor amargo... Y no era por el humo que paladeó en golosas volutas cuando parecían nubes, sino por ese saldo que dejan las cenizas...

La segunda presidencia de Roca mostrará un país obsesionado por el conflicto de límites con Chile. Eso se traducía en afanosos preparativos militares que suponían, claro está, interminables gastos... La adquisición de acorazados, la instalación de arsenales, la compra de cañones y fusiles, la verificación de movilizaciones ciudadanas en carácter de maniobras...(4).

(4) Julio Argentino Roca ejerció por segunda vez la presidencia de la República desde el 12 de Octubre de 1898 hasta el 12 de Octubre de 1904. Falleció en Buenos Aires el 19 de Octubre de 1914. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 10mo. Presidente Constitucional Propietario de la Nación Argentina en el hecho y en el título.

Roca creyó ventajoso, apenas asumido el cargo, realizar una extensa gira por la región patagónica y, “resuelto el viaje, le manifestó al Encargado de Negocios de Chile(5) su deseo de aprovechar el mismo para celebrar una entrevista con el presidente de Chile, Federico Errázuriz, la que podría realizarse en Punta Arenas, a orillas del Estrecho de Magallanes, o en cualquier otro punto de la región a elegirse de común acuerdo(6).

(5) Matías Errázuriz.
(6) Armando Braun Menéndez, “La segunda presidencia de Roca”, capítulo X, volumen I: “Historias de las Presidencias”. Academia Nacional de la Historia. Ed. El Ateneo, Buenos Aires, 1963. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Acompañados de barcos de sus respectivas Escuadras, la entrevista se realizó en la mencionada ciudad y ella adquirió el carácter de un acontecimiento positivo: denominado el “Abrazo del Estrecho”, e iniciada el 15 de Febrero de 1899, contribuyó a crear un ambiente de fraternidad.

Al brindis del presidente chileno, que afirmó, entre otras cosas: “... la paz es un don de la Divina Providencia”, el general Roca recoge esa amistosa apreciación, pero lo hace para agregar que, “es también un supremo deber moral y práctico para las naciones que tenemos el deber de gobernar”.

Como un eco de la afectuosa vinculación establecida entre los dos mandatarios, el presidente chileno le escribía a Roca desde Santiago, con fecha 3 de Mayo de 1899, y luego de encabezarla con un: “Mi querido Presidente y Amigo”, le expresaba:

He tenido el honor de recibir su amable carta del 24 de Abril que agradezco sinceramente y que considero como una nueva muestra de la buena amistad de Ud., retribuida muy de veras.
“A esa carta tiene Ud. la bondad de acompañar, como un recuerdo de los agradables días que pasamos juntos en Punta Arenas, el valioso obsequio de las obras del eminente hombre público argentino, señor Sarmiento, obsequio que acepto reconocido y que conservaré siempre entre los objetos de mi mayor afección...
... Por fin, ayer publicaron nuestros diarios una parte del Mensaje con que Ud. inauguró el día 1 las sesiones del Congreso Nacional y Ud., en esa parte, se refiere a la feliz y honrosa terminación que ha tenido el debate de límites que, por tan largos años, preocupó a nuestros países”.
... La verdad es que, a pesar de lo que dicen o dijeron los agitadores de oficio, está terminada la contienda de medio siglo que, en momentos de locas o criminales alarmas, con escándalo de los países europeos, llegó a considerarse por muchos como causa suficiente para ir a una guerra que habría sido ruinosa y que, con cualquier éxito, habría convertido en enemigos eternos a dos pueblos que están destinados a ser leales amigos para engrandecerse y defenderse juntos...(7).

(7) “Publicaciones del Museo Roca”. Documentos VII. Buenos Aires, 1967. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Aunque sometido al arbitraje inglés y no obstante las categóricas apreciaciones del presidente Errázuriz, las divergencias chileno-argentinas prosiguieron. Recién en Mayo de 1902 se celebran los pactos que, acatando el arbitraje del Gobierno de Londres, “parecieron ponían punto final a la disputa(8).

(8) “Publicaciones del Museo Roca”. Cronología de Roca, Buenos Aires, 1965. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En Agosto de 1899, Roca visitó Montevideo y Río de Janeiro en viaje oficial a los países vecinos. Lo hizo a bordo de una Escuadra y las entrevistas con los mandatarios de Uruguay y Brasil facilitaron un feliz acercamiento entre los pueblos respectivos(9).

(9) Armando Braun Menéndez, “La segunda presidencia de Roca”, capítulo X, volumen I: “Historias de las Presidencias”. Academia Nacional de la Historia. Ed. El Ateneo, Buenos Aires, 1963. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En Octubre de 1900, tocaríale a Buenos Aires retribuir al Primer Magistrado del Brasil, doctor Manuel J. Campos Salles, les agasajos tributados al presidente argentino en oportunidad de la visita recordada.

En 1899, se creaba la Caja de Conversión y, poco después, una ley fijaba el valor del peso papel, en su equivalente de cuarenta y cuatro centavos oro, instaurando la estabilidad monetaria(10).

(10) La ley tiene el Nro. 3871 y fue promulgada el 4 de Noviembre de 1899. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

También, en ese mismo año, se llegó a un acuerdo en el sentido de que la Nación se hacía cargo del servicio de las deudas externas de numerosas provincias, lo que aseguraba el resguardo del crédito argentino ante les países extranjeros.

Precisamente una cuestión financiera, al principio aparentemente sólo técnica, provocó el suceso político más trascendente ocurrido durante esta presidencia.

Las realizaciones anteriores indujeron a Roca y a su nuevo ministro de Hacienda, Enrique Berduc, a considerar un proyecto que se llamó de “unificación de la deuda”. Se trataba, en efecto, de reunir en un título, de igual interés y amortización, los treinta diversos empréstitos externos que tenían las consiguientes diferencias en cuanto tipo de financiación. Consolidada esa deuda, se encararía también el pagar el saldo de la deuda flotante europea de muy próximo vencimiento.

Buscando una persona capaz de actuar como intermediario de este proyecto ante los banqueros europeos acreedores, se solicitó del doctor Carlos Pellegrini, en ese momento descansando en Europa, las gestiones pertinentes.

Aceptó Pellegrini la gestión, conversó sobre el proyecto con los banqueros de Londres y regresó al país con un convenio tal como en principio lo acordaban los acreedores del Viejo Mundo... Desde su banca de Senador, Pellegrini defendió el proyecto que, previamente, claro está, había merecido la conformidad de Roca y del ministro Berduc.

Una cláusula del proyecto determinó objeciones que pronto ganaron la sensibilidad de algunos técnicos(11), de la juventud universitaria y, ampliando su resonancia, desencadenó una ruidosa oposición callejera...

(11) El doctor Terry, profesor de finanzas de la Universidad, figuró entre los primeros impugnadores el proyecto. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La cláusula señalaba que la garantía del acuerdo estaría determinada por la renta aduanera percibida... Ella fue considerada atentatoria a la soberanía nacional y, a ese enfoque, se sumó el recelo de que la trascendente operación proyectada ocultara negociados...

A tanto llegó la agitación callejera, que Roca solicitó del Congreso la autorización para implantar el estado de sitio y, advirtiendo que ello no bastaba para imponer la calma, decidió solicitar que el proyecto -ya aprobado en el Senado- no fuera considerado por la Cámara de Diputados... Roca desistía del mismo...

Esta actitud de Roca colocaba en situación desairada a Pellegrini y al ministro Berduc; éste renunció y, Pellegrini, afectado porque la decisión la conoció leyéndola en los diarios, rompió políticamente con Roca.

La ruptura política de Pellegrini, respecto de Roca, tendría consecuencias. Cuéntase que Roca no la creyó definitiva y, sobreestimando lo tradicional de su jefatura, dijo, sonriente: “El Gringo volverá...”.

Pero hasta los “zorros” suelen equivocarse, cuando se acostumbran a creer que en el mundo sólo existen gallineros...

Durante la presidencia de Roca hubo, sin duda, cambios institucionales importantes.

La ley de conscripción militar reemplazó al “enganchado” de siempre por el ciudadano nativo que anualmente pasa por el Cuartel, de modo que defender la Nación no era un oficio, sino el acatamiento a una ley de solidaridad colectiva. Es la llamada Ley Ricchieri, del nombre del joven Coronel que, desde el Ministerio de Guerra la proyectó y defendió en el Congreso(12).

(12) La Ley Ricchieri fue promulgada en Diciembre de 1901 y tiene el Nro. 4031. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En 1902, en el Mensaje de apertura de las sesiones del Congreso, Roca anunció el envío de un proyecto de reforma a la ley de elecciones. Regía, en ese entonces, la ley Nro. 893, sancionada en 1877, durante la presidencia de Avellaneda, cuyas principales características consistían en la existencia de un Registro Cívico. Los ciudadanos legalmente habilitados para votar recibían una “boleta de calificación” que atestiguaba haber sido inscriptos; se votaba a partir de los 17 años; las series eran de 500 ciudadanos electores; se utilizaba el sistema de lista completa; se sufragaba de las 08:00 a las 16:00; cada Mesa Receptora de votos realizaba el escrutinio provisional de los sufragios emitidos(13).

(13) Jorge Arce, “Roca y la Reforma Electoral” (ley Nro. 4161); publicaciones del Museo Roca, Buenos Aires, Abril de 1964. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La lista completa, significaba que el elector votaba por toda la representación del distrito electoral, lo cual suponía la posibilidad de que un solo voto de mayoría otorgara a un solo partido toda la representación que se elegía.

El proyecto auspiciado por Roca, y que su ministro del Interior, Joaquín V. González, defendió en el Congreso, entrañaba la modificación importante de implantar el voto uninominal por circunscripciones y la consiguiente posibilidad de una representación de las minorías.

Creaba, además, la Libreta Cívica, precursora de la Libreta de Enrolamiento, y definía, con mayor rigor, que para considerarse elector se requería, “ser ciudadano argentino o ciudadano naturalizado”. Al tratarse el proyecto, el Congreso elevó de 17 a 18 años la edad mínima para votar, criterio que ha predominado -por mucho tiempo- en la posterior legislación electoral.

La iniciativa del Poder Ejecutivo trajo al debate parlamentario la verdad fraudulenta que, en materia comicial, se vivía desde tanto tiempo atrás y cómo, ya hecho un sistema, el fraude falseaba la presunta organización republicana y democrática.

La reforma electoral, aprobada por el Congreso, sólo tuvo aplicación en oportunidad de los comicios de 1904 pues, al año siguiente, fue derogada y se retornó al sistema anterior. Pero esta única oportunidad daría lugar a un resultado insospechado y trascendente: la elección, en el barrio de la Boca -un pintoresco rincón de Buenos Aires, poblado por genoveses-, de Alfredo L. Palacios, un joven abogado, quien de ese modo se incorporó al Congreso como “primer Diputado socialista de América”, según él mismo gustaba denominarse.

En el orden internacional, merece recordarse la reanudación de relaciones diplomáticas con la Santa Sede (interrumpidas precisamente cuando la primera presidencia de Roca), y el enunciado, por nuestro país, de un principio que entrañaba la condenación del empleo de la fuerza por las grandes potencias para obtener, mediante medios coercitivos, el pago de servicios de la deuda externa en casos de morosidad de los países más pequeños.

En efecto, en 1902, con el consentimiento expreso de los Estados Unidos, barcos de guerra alemanes, ingleses e italianos procedieron a bombardear las ciudades venezolanas de La Guayra y Maracaibo; destruyeron algunas naves de la reducida Escuadra de ese país y desembarcaron fuerzas en Puerto Cabello, de cuya aduana se incautaron.

La agresión pretendió justificarse, alegando el incumplimiento, por Venezuela, de los servicios de una deuda contraída con grupos de la banca privada de los países atacantes. En nota dirigida por el canciller Luis María Drago (el 29/XII/1902) a nuestro representante en Washington, se señalaba que semejante procedimiento, “no traería otra cosa que la ruina de las naciones más débiles” y que “el cobro militar de los empréstitos supone la ocupación territorial para hacerla efectiva y, consiguientemente, la subordinación de los Gobiernos locales...(14).

(14) Armando Braun Menéndez, “La segunda presidencia de Roca”, capítulo X, volumen I: “Historias de las Presidencias”. Academia Nacional de la Historia. Ed. El Ateneo, Buenos Aires, 1963. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Una primera deficiente traducción de la nota al idioma inglés, hizo aparecer como si ella solicitaba del Gobierno de Washington la expresa adhesión a los conceptos que la Cancillería argentina se limitaba a comunicar... El equívoco motivó posteriores aclaraciones(15).

(15) Véase: Courtney Letts de Espil, “La segunda presidencia Roca vista por los diplomáticos norteamericanos”. Editorial Paidós, Buenos Aires, Septiembre de 1972. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Esta manera insólita de cobrarse ‘manu militari’, había sido mirada, hasta producirse el caso venezolano, como un recurso lícito, dentro de los usos internacionales. Desde la nota argentina, que llamó a la conciencia internacional, estos hechos no volvieron a repetirse”. Y la Doctrina Drago, aunque careció de resonancias inmediatas, “se ha transformado en una regla jurídica de alcance internacional(16).

(16) Armando Braun Menéndez, “La segunda presidencia de Roca”, capítulo X, volumen I: “Historias de las Presidencias”. Academia Nacional de la Historia. Ed. El Ateneo, Buenos Aires, 1963. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La afluencia de inmigrantes europeos, disminuida en los años de tensión internacional por la cuestión de límites con Chile, se reanudó con niveles importantes.

Seguía extendiéndose la red ferroviaria, llegando hasta los límites norte y oeste del país. No se descuidaba la intensificación de la enseñanza primaria y secundaria...

Lo nuevo era la “cuestión social”, vinculada -desde luego- con el desarrollo fabril y la divulgación de una ideología rebelde, con tintas anarquistas, que hallaba eco en jornadas agotadoras y en salarios reducidos...

Una larga experiencia, ha indicado a los Gobiernos el camino más certero para conjurar las crisis violentas, y es el que consiste en adelantarse a los sucesos que han de ser inevitables, ofreciéndoles derivativos que suelen ser fecundos en ventajas.
Cumpliendo mi promesa de un estudio detenido de la situación de la clase obrera en la República, con referencia a las industrias, en vuestra primera sesión ordinaria recibiréis un proyecto de ley que se propone regular su trabajo y sus relaciones con el capital...”, anunciaba el presidente Roca en su Mensaje de 1904, al inaugurar las sesiones del Congreso.

El proyecto prometido llegó al Congreso bajo la forma de un Código del Trabajo, redactado por el propio ministro del Interior, el doctor Joaquín V. González, quien solicitó y obtuvo el asesoramiento de especialistas, que señalaron normas en base a responsables informaciones recogidas en diversos lugares del país. El Código del Trabajo sería, a su vez, el inicio de la legislación social que, a partir de 1904, iría encarando esta clase de problemas.

En la política interna, el enfrentamiento de Roca y Pellegrini, al dividir al Partido Autonomista Nacional, es decir a la fuerza oficialista, hizo difícil que Roca pudiera imponer el candidato de sus preferencias: el doctor Marco Avellaneda(17).

(17) El doctor Marco Avellaneda, hermano del ex presidente Nicolás Avellaneda, era -desde 1901- ministro de Hacienda de Roca. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Se convocó una Convención de Notables, entendiendo por tal una invitación a ciudadanos que se hubieran destacado en los más diversos campos de la actividad nacional, lo cual suponía aceptar que el nuevo presidente rebasaría, por su origen, las fronteras de la política militante y partidista. De esa Convención de Notables surgió la candidatura presidencial de Manuel Quintana. Posteriormente, la fórmula fue integrada con el doctor José Figueroa Alcorta.

El 5 de Mayo de 1904, al leer -ante las dos Cámaras reunidas- su último Mensaje como presidente, Roca había expresado respecto de su porvenir personal:

... Volveré dentro de poco a la vida privada, seguro de no haber faltado a mis deberes, a sabiendas de no haber abusado jamás del triunfo y de no haber sido guiado nunca por móviles que no fuesen dignos.
Me retiraré sin acritud alguna en el alma, convencido de que una larga influencia se torna perniciosa en las democracias...”.

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