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Fallece Mitre, el segundo presidente de la Nación

La política activa lo recupera eligiendo a Bartolomé Mitre, en Mayo de 1869, Senador por Buenos Aires. Participa en los más importantes debates que tienen por escenario a dicha Cámara. Pero ya en Marzo de ese año llega a su poder una primera remesa de documentos del archivo de San Martín que, desde Francia, le han sido enviados por Mariano Balcarce, hijo político del General de los Andes.

La lectura meditada de esos documentos y de otros semejantes y del mismo origen son el punto de partida de la obra a la cual Mitre dedicará muchas de sus horas, alternando así las tareas parlamentarias con las de la investigación histórica y el periodismo. Para esto último ha fundado, el 4 de Enero de 1870, el diario “La Nación”.

Adversario político de Sarmiento, Mitre no dudó -sin embargo- aceptar, en Junio de 1872, una difícil misión diplomática que le encargara el presidente de la República. La finalización de la Guerra del Paraguay, cuando las operaciones bélicas llegaron a su término, no significaron -lamentablemente- el fin de los problemas creados por la contienda.

En efecto, contraviniendo expresas disposiciones del Tratado de la Triple Alianza, el representante del Brasil, barón de Cootepige, había firmado en Asunción, con el doctor Loizaga, canciller del Gobierno paraguayo, la paz por separado y Brasil continuaba manteniendo en el Paraguay vencido una importante fuerza militar de ocupación.

La Argentina, que generosamente había proclamado por el ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento que “la victoria no da derechos”, envió al Paraguay al doctor Manuel Quintana, quien regresó (fines de 1871) sin lograr una solución.

El enfrentamiento de nuestro país con el Brasil, cuya Cancillería gravitaba también en las decisiones del otro aliado, el Uruguay, provocó una tirantez diplomática entre la Argentina y el Gobierno carioca, que bordeó la guerra. El diario “La Nación”, en la edición del 22 de Marzo, en un artículo editorial que titulaba: “La Guerra con el Brasil”, expresaba entre otras cosas:

Tenemos un coloso que nos amenaza; un enemigo más fuerte que nosotros que ha empezado por engañarnos, que nos va a humillar, que va atacarnos de improviso cuando menos lo pensemos y, reposando sobre nuestros laureles y confiados en nuestra bravura, ni meditamos ni obramos...” “... viendo que no tenemos Ejército, ni Escuadra, creemos que lo que debemos hacer es armarnos hasta los dientes cueste lo que cueste...(1).

(1) Fernando Arturo Bidabebere: “Mitre diplomático” (1967), segunda edición, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Al clima que la transcripción periodística refleja, debe agregarse que la Cancillería argentina había carecido, en las notas cambiadas con la del Brasil, de la prudencia en el lenguaje que, sin menoscabo de la firmeza en la conducta, hubiera debido presidir las tratativas. Hasta se llegó a considerar tardía e inútil la gestión encomendada a Mitre y éste mismo lo entendió así en un primer momento y rehusó aceptarla (Abril de 1872).

Cuando se le reiteró, en Junio, encargarle de la misión, Mitre aceptó. Y previa la licencia acordada por el Senado, se embarcó el 29 de Junio. La paciencia de Mitre, tanto como su prestigio y habilidad, posibilitaron el éxito de la gestión en Río de Janeiro.

... Como toda buena operación diplomática, la misión de Mitre se fundaba en mutuas concesiones parciales para alcanzar grandes objetivos finales o evitar, según los casos, futuros y considerables perjuicios.
"Era, pues, un método oscilante de ventajas recibidas y concedidas. Reclamar la desocupación 'de las fuerzas aliadas' del territorio paraguayo no era más que un eufemismo, en cuanto lo que debía obtenerse era el retiro de las tropas brasileñas” (a la sazón, Brasil mantenía 3.000 hombres en el Paraguay y una fuerte Escuadrilla de guerra, mientras que la guarnición argentina llegaba escasamente a los 300 soldados).

Como corolario de todo ello, la parte argentina aparecía concediendo graciosamente su reconocimiento a los Tratados Cootepige-Loizaga.

En cuanto a otras ulterioridades, la Argentina aspiraba a que la desocupación militar brasileña incluyera la isla del Atajo de Cerrito, territorio incuestionablemente nacional. La ocupación militar de esta isla no sólo era un problema de soberanía (su posesión le aseguraba a Brasil la desembocadura de los ríos Paraguay y Paraná), sino de defensa de intereses comerciales, puesto que los brasileños habían iniciado un activo contrabando mediante tres sistemas: exportando mercancías desde el Uruguay con destino aparente a Corumbá o al Paraguay, pero desembarcándolas en el Cerrito; haciendo despachar mercaderías desde el puerto de Buenos Aires; o desviando las ya transbordadas, y sacando efectos del Paraguay con el propósito oficial de abastecer a la población de la isla, cuando en realidad la mayor parte de aquéllos se hacía bajar subrepticiamente en la extensa y desierta costa del río Paraná y se negociaba en los pueblos correntinos sin pagar los correspondiente aforos”.
Con esta misión, Mitre evitó la guerra argentino-brasileña; hizo volver a Río de Janeiro el espíritu del Tratado de la Triple Alianza; obtuvo la devolución de la Isla del Cerrito; logró la desocupación brasileña del Paraguay, evitando así un protectorado extraño y peligroso sobre un país limítrofe; y consiguió que Brasil no apoyara a Paraguay y a Bolivia en presuntas reivindicaciones territoriales que violaban la soberanía argentina”.
Para todo esto -prosiguió el doctor Alonso Piñeiro- cuatro grandes potencias mundiales intervinieron a favor de la paz sudamericana y, con inequívoca inclinación hacia la Argentina, el pabellón nacional flameó en lo alto de la Escuadra norteamericana anclada en Brasil y el Gobierno de Su Majestad Imperial se deshizo en excusas ante Bartolomé Mitre, enviado extraordinario y plenipotenciario de la República Argentina en la Corte de San Cristóbal(2).

(2) Dr. Armando Alonso Piñeiro. Disertación pronunciada en el Museo Mitre, el 31 de Julio de 1972, según transcripción de “La Nación” del día siguiente. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

De nuevo en Buenos Aires (Enero de 1873), fue enviado al Paraguay con la intención de llegar a un acuerdo definitivo del Tratado de Paz que fijara los límites argentinos con ese país.

Llegado a Asunción (Abril de 1873) diversos factores, entre ellos la inestable situación interna del Paraguay, el apoyo que esa nación recibía del Brasil, la indebida intromisión de Bolivia y las desinteligencias entre Mitre y la cancillería argentina, en cuanto a fines y procedimientos, malograron en lo fundamental la gestión y Mitre estaba de regreso en Buenos Aires el 11 de Septiembre de ese año(3).

(3) Fernando Arturo Bidabebere: “Mitre diplomático” (1967), segunda edición, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Desde Mayo de 1873 diversos pueblos de la provincia: Mercedes, Chascomús, San Vicente, San Isidro, etcétera, proclaman a Mitre candidato a la presidencia para suceder a Sarmiento.

El día 22 de Junio la proclamación se efectúa en la Ciudad de Buenos Aires. Frente a ella, la candidatura de Avellaneda, que hasta Agosto de ese año integraba -como ministro de Educación- el Gabinete de Sarmiento cuenta con las simpatías del Interior. Y a tal punto la candidatura de Avellaneda tiene carácter provinciano, que no faltará entre los partidarios de Mitre quien aceptando una supuesta reiterada polarización de provincianos y porteños, sostenga la necesidad de un nuevo Pavón...

La tercera candidatura probable pareció la de Adolfo Alsina, aunque ella era pasible de objeciones constitucionales, dado que el mismo era vicepresidente de la República... Pero antes que se cuestionara este aspecto, la indudable mayoría de Avellaneda en las provincias en la elección de Diputados indujo a Alsina a desistir de su candidatura presidencial y plegarse con sus partidarios a Avellaneda, para lo cual divide al partido nacional y forma el autonomista nacional.

Esta actitud debilita las perspectivas electorales de Mitre y asegura, para la fórmula Avellaneda-Acosta, éste último candidato a vicepresidente propuesto por Alsina, el triunfo en la elección verificada el 12 de Abril: 146 electores para ella y sólo 79 para la de Mitre-Torrent.

Los partidarios de Mitre se sienten burlados y el Partido Nacionalista se lanza a la insurrección. Pero más que el triunfo de Avellaneda, es el encono entre los “crudos(4), como se denominaban a los alsinistas, y los “cocidos”, como se apodaba a los mitristas, la causa del desborde.

(4) “Crudos”, por no haber sido cocidos en las “calderas” del federalismo de Urquiza como lo habían sido los mitristas. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Se ha colmado la medida del escándalo”, gritan los nacionalistas. "Jamás la exacerbación de los ánimos partidarios toca peores extremos. La gente sale armada a la calle y con cualquier pretexto, las grescas degeneran en tiros y cuchilladas. Los comercios entornan a cada rato las puertas; las mujeres se recluyen medrosas en sus hogares; y los hombres no los abandonan de noche. Se producían verdaderas batallas campales(5).

(5) Alberto Palcos. “Sarmiento” (1962), Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Los comicios de los Diputados bonaerenses, verificados el 1 de Febrero, son aprobados en el mes de Julio, adjudicando el triunfo -por escaso margen- a los “crudos” de Alsina... En la elección presidencial de Abril, la fórmula encabezada por Mitre, aunque vencida en el Interior, había logrado el triunfo en Buenos Aires... De ahí que la elección de diputados bonaerenses se calificara de fraudulenta.

En Agosto de 1874, ante una manifestación de sus partidarios, Mitre había afirmado: “Lo peor de las votaciones legales, vale más que la mejor revolución”. Pero la pasión de sus correligionarios terminaría desbordándolo.

En un Manifiesto puntualizó Mitre que continuaba acatando el resultado de la elección presidencial y consideraba definitivamente eliminada su candidatura a la más alta magistratura; y que lo condenable era lo ocurrido con las elecciones de Diputados de la provincia de Buenos Aires, cuya aprobación “excluía a los verdaderos representantes del pueblo”.

Aunque Mitre deslindaba las razones de la insurrección deseada por su partido ella aparecía, ostensiblemente, contra Sarmiento y Avellaneda. Estallada el 24 de Septiembre, Mitre que la encabeza, se despide de los suyos, y se marcha al Uruguay, previa renuncia de su jerarquía militar de Brigadier General

El Gobierno clausura el día 26 la imprenta que edita “La Nación” y en Octubre lo da de baja como militar.

Partiendo de territorio uruguayo, con un grupo de partidarios desembarca en la desembocadura del Tuyú, en la provincia de Buenos Aires y se une a las fuerzas sediciosas que en el Campamento de Los Médanos, que comanda el coronel Rivas.

La derrota sufrida en “La Verde” por una División del Ejército insurrecto, vencido por tropas gubernamentales al mando del coronel Inocencio Arias (26 de Noviembre), inducen a Mitre a no prolongar la contienda y capitular ante este jefe, pidiendo garantías para todos sus compañeros menos para él (Junín, 2 de Diciembre de 1874).

El 18 de Diciembre se decreta la formación de un Consejo de Guerra que “juzgaría con arreglo a las leyes militares a los jefes y oficiales que tomaron parte en la rebelión”.

Está preso en la cárcel de Luján cuando (Febrero de 1875) redacta el prólogo o introducción a la “Historia de San Martín”. En la introducción Mitre explicaba: “... sólo tuve en vista la investigación de la rigurosa verdad histórica...” “... sin alterarse el autor por las pasiones o los intereses momentáneos que pasan con los hombres, que nada legan a la conciencia de la Humanidad...”.

El 1 de Marzo comienza a publicar esta Historia de San Martín como folletín en “La Nación” que, levantada la clausura, había reaparecido ese día.

Trasladado de la prisión -en el Cabildo de Luján- al Cuartel del Retiro (6 de Marzo de 1875), fue puesto en libertad el 25 de Mayo.

La política de conciliación que, en 1877, con Avellaneda en la presidencia de la República quiere borrar los enfrentamientos provocados cuando la insurrección de Septiembre de 1874, tiene una de sus expresiones al reincorporar a Mitre al Ejército con el grado de Brigadier (Junio de ese año).

El 7 de Octubre “el ministro de Guerra y Marina, don Adolfo Alsina, le devuelve simbólicamente sus despachos militares frente a la estatua de Belgrano en la Plaza de Mayo, sellándose así la conciliación entre los partidos autonomista y nacional(6).

(6) Juan Angel Farini. “Cronología de Mitre” (1964), publicaciones del “Museo Roca”, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El fallecimiento de Alsina, producido poco después, traería variantes importantes a esa política. Mitre, elegido en Mayo de 1878 Diputado por la provincia de Buenos Aires, participa en debates sobre las más diversas cuestiones: de límites interprovinciales, problemas financieros, fueros parlamentarios, asuntos económicos, etc. Consecuente con el ideario liberal de su partido, que Mitre sustentaba desde el diario “La Nación”, en la Cámara se opuso (Sesión del 10 de Septiembre de 1879) a la ley aduanera correspondiente a 1880.

Disentía así con las tendencias proteccionistas a las industrias nacionales que, iniciadas en 1875, orientaban la política económica del Poder Ejecutivo y del Congreso.

La designación del general Roca para suceder en el Ministerio de Guerra a Alsina dio al nuevo ministro oportunidad de acrecentar, con la “campaña del desierto”, los méritos contraídos en oportunidad de la represión de López Jordán -en 1872- y al vencer al general Arredondo, uno de los jefes de la insurrección encabezada por Mitre, en 1874.

La candidatura presidencial de Roca, apoyada por las provincias, resultó enfrentada por la del gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor, que calculaba también el apoyo de Corrientes. Desde Agosto de 1879 podía darse por concluida la política de conciliación. Otra vez la pasión desbordaba a los partidarios de los dos candidatos.

Aunque ni Tejedor ni sus partidarios, ni la prensa de ambas tendencias lo mencionaran expresamente, la batalla no era consecuencia de una puja por la sucesión presidencial. Era, en el fondo, el último episodio de la lucha por la conquista de la capital de la República...(7).

(7) Carlos Heras. “Presidencia de Avellaneda”, capítulo IV, Academia Nacional de la Historia. “Historia de las Presidencias”, volumen 14. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

No se ocultaba, en efecto, que los partidarios de Roca calculaban la federalización de Buenos Aires. Mitre se identificó con Tejedor, que intentó resistir disposiciones del presidente Avellaneda.

Componente de la Cámara de Diputados, Mitre integró la parte de ella que no aceptó trasladarse -como el Senado- al pueblo de Belgrano, donde Avellaneda instaló la sede del Gobierno Nacional por entender que su presencia en la Ciudad de Buenos Aires era ya incompatible con la rebelión.

Pero más que en el Congreso, Mitre actuó como jefe militar encargado de la defensa de la Ciudad de Buenos Aires, atacada por fuerzas del Ejército Nacional en jornadas que dejaron el saldo penoso de varios miles de muertos y de heridos. Cuando la evidente superioridad de los elementos del Gobierno Nacional hizo razonable negociar la paz, fue Mitre el encargado de encarar la misma.

Juzgando la conducta de Mitre en este proceso ha podido decirse:

Vencida la rebelión porteña, se reavivó el sentimiento federalista del Interior. Roca era sin duda el exponente de la corriente federal que siempre había resistido la hegemonía porteña y ansiaba cobrarse la revancha de Pavón.
Por eso Mitre apoyó a Tejedor; defendía su obra y la solución nacional dada en 1862. Permanecía fiel a su programa, consecuente con la acción de casi treinta años, expuesta en el Manifiesto de la revolución del 11 de Septiembre de 1852.
Hubo, tal vez, error de perspectiva; el problema de 1880 ya no era el de 1852. Entonces se salvaba la unidad nacional; ahora, ésta no peligraba; al contrario, debía afianzarse con el sacrificio de la cabeza de la provincia metrópoli.
No se produciría el desplazamiento de una oligarquía porteña por otra provinciana, como se ha escrito; el planteo en estos términos es ingenuo. Las fuerzas nuevas representaban otro matiz riguroso del sentimiento nacional; equivocada o no, la 'imposición' era una fatalidad histórica como lo fue la resistencia...(8).

(8) Carlos Heras. “Presidencia de Avellaneda”, capítulo IV, Academia Nacional de la Historia. “Historia de las Presidencias”, volumen 14. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En un balance más personal de la insurrección del 80, cabe señalar que el 9 de Junio, Mitre había sido dado de baja del Ejército...

Hacia 1881-1882 se entabla entre Mitre y Vicente Fidel López una polémica acerca de cuáles métodos debían inspirar el estudio de la historia argentina. Los contendientes, camaradas en la lucha antirrosista, discreparon luego de Caseros cuando se trató del Acuerdo de San Nicolás: mientras López, colaborador directo de su padre, don Vicente López y Planes -firmante del Acuerdo- defendió a éste, Mitre lo había impugnado, en Junio de 1852, desde su banca en la Cámara de Representantes de la provincia.

Pero, aclaremos que ni esa divergencia ni la polémica que ahora recordamos, interrumpieron una recíproca estimación. En especial Mitre insistió en lo impersonal de la disputa y no es exagerado afirmar que por la jerarquía intelectual y la sinceridad con que ambos se expresaron, la polémica honra a sus participantes y a la cultura del país.

Digamos, resumiendo, que Vicente Fidel López, partícipe como Mitre de los ideales de la generación de Echeverría, había ya probado en la novela histórica excelentes condiciones de escritor cuando abordó el estudio del pasado nacional(9).

(9) Ricardo Piccirilli: “Los López (una dinastía intelectual)” (Enero de 1972). Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Lo hizo fundamentalmente valido de una tradición oral, recogida en el hogar: su padre, don Vicente López y Planes, podía testimoniar de los sucesos que desde comienzos del siglo, y por muchas décadas, conmovieron al país(10).

(10) Ricardo Piccirilli: “Los López (una dinastía intelectual)” (Enero de 1972). Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

A esa tradición hogareña, Vicente Fidel López le había dado el cómodo soporte de las generalizaciones filosóficas y el atrayente colorido dramático de su imaginación de escritor...

Impugnando este punto de vista, Mitre -en carta al historiador chileno Barros Arana- ya en 1875, anotaba:

... el bagaje de López es muy liviano. Escribe la historia según una teoría basada en hipótesis, iluminándose en su camino por ideas preconcebidas, afirmando dogmáticamente, lo contrario de lo que dicen los documentos inéditos que he consultado, incurre en errores gravísimos”.

Estos dos criterios explican la polémica desatada en 1881-1882. En ella reitera Mitre la importancia de una historia documentada: “No es posible hacer alquimia histórica, pues así como sin oro no se hace oro, sin documentos no se hace historia”.

Y aludiendo a su labor:

Nuestra tarea es la de los jornaleros que sacan la piedra bruta de la cantera y cuando más la entregan labrada al arquitecto que ha de construir el edificio futuro; y en este sentido creemos haber desempeñado en conciencia la nuestra, sin dar a nuestra obra más valor que el que tenga o le den los materiales de que está formada”.

El resultado concreto de estas opuestas actitudes trascendió al de las rectificaciones que se incorporaron a la obra de López. Pues, el criterio de Mitre, al que se adhirieron figuras prestigiosas de la intelectualidad argentina, es el que en definitiva hizo escuela y el que ha orientado a los estudiosos empeñados en investigar el pasado argentino.

Está Roca en la presidencia de la República cuando en Agosto de 1883 se le confiere a Mitre el rango de Teniente General de los Ejércitos Nacionales, y es dado de alta en el Ejército. Sería, sin embargo, breve esta situación; a solicitud de Mitre se le concede, a fines de Noviembre, el relevo absoluto de esa institución.

Ya había efectuado en Abril de ese año una visita a Chile, país al que volvía tras más de treinta años de ausencia; había publicado artículos de carácter histórico: “El libro de Bernal Díaz del Castillo”, sobre la conquista de México; “Recuerdos del Sitio de Montevideo”, etc., y recibido designaciones que lo vinculaban con diversas entidades culturales del país y del extranjero.

En Octubre de 1887 polemiza con Adolfo Saldías, en oportunidad de la aparición de “La Historia de Rosas”, de dicho autor, y en Diciembre aparece su primera edición de “Historia de San Martín”. Ese mismo año publicaba la cuarta edición, que juzgó definitiva, de su “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina”.

Cuando la presidencia de Juárez Celman, la crisis económica de 1889 y sus repercusiones políticas no lo dejan indiferente. Una novedosa actividad, iniciada por la juventud, agitaba la ciudadanía y maduraba el 13 de Abril de 1890 en un mitin que originaba un partido: la “Unión Cívica”.

De ese mitin, en el cual hicieron uso de la palabra destacadas individualidades: Alem, Aristóbulo del Valle, José Manuel Estrada, etc., participó Mitre, como primer orador. Las nuevas camadas poco lo conocían: hacía más de dos décadas -terminada su presidencia- le había entregado la suprema magistratura a Sarmiento.

Hacía más de quince años, vencido en una insurrección que dirigió para reclamar contra una elección que juzgó fraudulenta, lo habían metido en la cárcel, casi fusilado y, desde entonces, dado de baja, no figuraba en el Ejército. No tenía ningún cargo público, no tenía partido...

La multitud oyó el nombre de Mitre, aureolado ya por la leyenda y, al verlo avanzar, los asistentes, generalizando un gesto de respeto, se sacaron el sombrero. Pero Mitre, a quien los setenta años no le habían quitado su sensibilidad para manejar las multitudes, empezó su arenga con imperativa exhortación que obligó a rectificar ese gesto colectivo: “¡Todos cubiertos. menos el orador que se dirige al pueblo soberano!

Si las primeras palabras habían halagado a la multitud al dignificarla en la cortesía de la postura, una meditada prudencia inspiró el resto del discurso. Prevenido contra el peligro de las improvisaciones, Mitre rehusó el empleo de una probada veteranía en las arengas y leyó un mensaje:

Conciudadanos:
No hay necesidad de declararlo; la composición de este mitin y el espíritu que lo anima lo dice: un mitin de oposición popular y de saludable agitación política”, para concluir:
La misión encomendada a la nueva generación es de lucha y de labor; normalizar la vida pública encaminando al país por las vías constitucionales para conciliar el hecho con el derecho y fundar el Gobierno de todos y para todos...
Con esta bandera constitucional y estos patrióticos propósitos afirmemos una vez más nuestra decidida actitud de resistencia y de protesta”.

Con posterioridad al mitin del 13 de Abril, se acentuó la intranquilidad pública. La agitación contra el Gobierno de Juárez Celman se alimentaba de una crisis económica y financiera que se expresaba en el muy sensible “termómetro” de la continua y alarmante cotización del peso; al afectar de ese modo a todos los sectores de la población politizaba a ésta en favor de la oposición.

Los rumores de una próxima revolución ganaban la calle y los hogares, cuando se anunció la partida de Mitre para Europa. Antes de embarcarse -lo hizo el 3 de Junio- el Gobierno de Juárez Celman, acaso intentando neutralizarlo en su postura, le acordaba por ley del Congreso el grado de Teniente General.

Pero la visita de Mitre a Juárez Celman para agradecer la distinción fue de simple cortesía y careció de trascendencia... ¿Con esta ausencia calculaba Mitre eludir la Jefatura de la revolución que se avecinaba..? ¿Calculaba incluso mejorar así sus posibilidades a una nueva presidencia..

Cuesta creerlo... Mitre no podía ignorar la influencia de Roca y Pellegrini y que sus casi setenta años no lo favorecían para volver a un cargo ejecutivo y absorbente... ¿No era ya Mitre hombre de otra época..?

Casi todo el equipo de Mitre está en el cementerio”, había dicho Wilde haciendo en la frase coincidir las verdades de la cronología y de la necrología...

Es posible que en ese momento hiciera crisis en Mitre esa convivencia, hasta entonces equilibrada, del historiador y del político... Tal vez el reposo del gabinete y de los libros le ganaba la batalla al trajinar del hombre público. ¿Lo que había aprendido estudiando el pasado, acaso le hacía ver, sin muchas ilusiones, lo que él pudiera seguir realizando desde el poder..?

Lo concreto es que la insurrección estallada el 26 de Julio en Buenos Aires encuentra a Mitre curioseando -en Alemania- galerías de pinturas y “visitando al ministro de Relaciones Exteriores de ese país que ha manifestado deseos de conocerlo(11).

(11) Juan Angel Farini. “Cronología de Mitre” (1964), publicaciones del “Museo Roca”, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Llega a París, donde es agasajado, y en la antigua metrópoli, desde la cual emprende el regreso, la Real Academia Española, “atendiendo a sus conocimientos lingüísticos, méritos literarios y demás circunstancias recomendables que lo adornan, lo nombra Miembro Correspondiente(12).

(12) Juan Angel Farini. “Cronología de Mitre” (1964), publicaciones del “Museo Roca”, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En Marzo, ya en Buenos Aires, recibido con entusiasmo popular, visita a Pellegrini, ahora presidente por la renuncia de Juárez Celman, y a Alem, uno de los jefes de la Unión Cívica y de la revolución de Julio.

Una convención constituida por las dos viejas fuerzas gobernantes (nacionalistas y autonomistas) reunida en Rosario, le ofrece a Mitre la candidatura presidencial. Pero cuando se trató de llegar a un “acuerdo” o alianza con la oposición -representada por la Unión Cívica- surgieron objeciones y protestas pues núcleos importantes de esta última agrupación interpretaron que el “acuerdo” suponía eludir la lucha comicial y quitarle autenticidad al sufragio popular.

Mitre renunció entonces a disputar su candidatura y prestigió la que, apoyada por él, por Pellegrini y por Roca, permitió el triunfo del doctor Luis Sáenz Peña (1892).

En Mayo de 1894, Mitre es elegido Senador por Buenos Aíres, cargo para el cual es reelecto en Mayo de 1901. Su vieja devoción por la historia lo lleva a fundar, el 4 de Junio de 1893, la Junta de Historia y Numismática, origen de la actual Academia Nacional de la Historia.

En 1895 sus “Horacianas” y en 1897 la traducción al castellano de “La Divina Comedia”, certifican sus dotes de humanista.

La celebración, el 26 de Junio de 1901, del octogésimo aniversario de su natalicio, se celebra en todo el país. Declarado feriado nacional, embanderada la ciudad, puesto su nombre al de una calle de Buenos Aires, el desfile de ese día frente al domicilio de Mitre da dimensión de multitud a las miles y miles de personas que se allegaron para verlo, aplaudirlo y escucharlo.

Reiteró entonces su fe en la Nación que había contribuido a organizar y en cuyo pasado habíase internado estudioso para poderlo explicar... Confiaba -dijo- en una Argentina capaz de influir de modo positivo en el porvenir moral de la Humanidad...

Laborioso siempre, afirmó a quienes le oían: “Nos queda todavía mucho por hacer y mucho por aprender...”.

Sus últimos años los vivió Mitre en la austera sencillez del patriarca que asesora a los gobernantes y cotidianamente marcha entre sus conciudadanos con espontánea y democrática actitud...

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