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Fallece el ex presidente Miguel Juárez Celman

Trató de disimular el desencanto y la amargura de los sucesos de esos días de fines de Julio y comienzos de Agosto de 1890... Dejó de ser, a partir de entonces, hombre público y se desentendió, definitivamente, de la acción política...

Instado varias veces a hablar y escribir sobre los actos de su Administración, se negó a hacerlo... En cambio, habíale insinuado a Wilde la necesidad de que éste redactara, con absoluta objetividad, la crónica o historia del Gobierno que habían realizado ambos: uno como presidente; el otro como ministro.

El cuadro a que usted se refiere -le observó Wilde- será trazado, si no me muero antes, en su oportunidad, cuando se enfríen más los ánimos, se vean mejor las injusticias, se repartan equitativamente las responsabilidades y caiga de los oídos el algodón empapado de odio que los tapa...”.

Pero Wilde, que sobrevivió veinte años a esta promesa, se marchó sin haber encontrado las horas para realizarla...

Creemos que has acertado. Ya no tendrás que romperte la cabeza con los asuntos del Gobierno”. Tal el texto del telegrama que horas después de su renuncia a la Presidencia le enviaron a Juárez Celman los dos hijos adolescentes que, en compañía del preceptor, el ingeniero Agustín González, estaban en ese momento viajando por Noruega y regresarían de Europa algunos meses después...

Hombre de hogar, en él refugió Juárez el resto de su vida... Pero hasta allí le buscaría el infortunio y en Mayo de 1891 falleció la hija mayor de 17 años.

Hace un año perdimos a Clara Funes, la mujer de Roca, a quien quise como a una hermana. ¡Ahora es Rosarito! Todos los desastres políticos que he sufrido no me han abrumado tanto como estas dos pérdidas”, confesó Juárez Celman a un amigo...

Alternaría largas permanencias en la estancia “La Elisa”, de Capitán Sarmiento, en la provincia de Buenos Aires, con los inviernos en su casa porteña... En “La Elisa” volcaba entusiasmos en la construcción de un parque; deseoso de repasar “antiguas lecturas de mi juventud”, escribe pidiendo las obras de Cicerón, Herodoto, Polibio... y también, “Los Comentarios”, de Julio César...

Me parece que ahora me deleitarán más. Estoy en la edad en que es más sabrosa la posada que el camino, como dice Cervantes...”.

Releyendo “La Divina Comedia”, anotaba:

El Dante supo lo que era vivir desterrado dentro de la misma patria. Es el peor de los destierros”.

Trataba, refugiándose en “la posada”, de olvidar los “pantanos del camino...”. Y aunque declaraba haber llegado a la vejez sin odiar a nadie, es verdad que dejó escrita con su propia letra, esta confesión:

La ley divina nos manda perdonar a nuestros enemigos, pero no a nuestros amigos”.

Y, claro está, que debía referirse a quienes pensó habían traicionado su amistad...

Identificados desde su juventud por el “plan político” que sabemos, la “Revolución de 1890” separó a Roca y Juárez Celman. También se distanciaron en su condición de parientes y la separación afectó a las dos familias.

Cuando años después la suegra de Juárez Celman intentó reconciliarlos, aunque las hijas de Roca fueron a saludar a Juárez Celman y la reconciliación entre los concuñados pareció posible, el hecho de que en 1897 se hablaba de una nueva presidencia de Roca provocó la negativa de Juárez Celman:

No quiero que Roca piense que deseo acercarme a él por su futura situación” y, durante los seis años de esa segunda presidencia, siguieron distanciados...

Juárez Celman permaneció inflexible:

Roca tiene ahora demasiado quehacer en el Gobierno... Además, ¿tendríamos algo que decirnos?

Y Roca sólo volvió a encontrarse con Juárez Celman en el sepelio de éste, luego que la familia declinó el ofrecimiento de velar los restos en la Casa de Gobierno que formulara, con el decreto de honores respectivo, el entonces presidente de la República, José Figueroa Alcorta, comprovinciano, amigo y partidario del extinto.

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