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La reconstrucción del liderazgo político de Juan Ramón Vidal

El señor Vidal, justo es decirlo, soportó resignadamente su situación de vencido, la cual apenas se significó con un amago desgraciado de reacción, la que encabezó don José Núñez el 95, en Junio. Con este hecho -frustrado por cierto- mediante el irresistible esfuerzo opuesto contra ella por el partido Liberal, el jefe del partido contrario debió perder toda esperanza de mejorar.
No había en Corrientes poder con qué quebrar la fuerza del Partido Liberal, ni torniquete con qué introducir de nuevo la influencia autonomista en el poder. Los liberales lo supieron bien desde el principio; lo dijeron y lo probaron.
El señor Vidal también lo comprendió, y procedió en consecuencia. Concretóse desde entonces a mantener la cohesión de su partido, cuya mayor expresión consistió en la oposición del periódico y en la concurrencia al atrio en virtud del cuociente electoral.
Dentro del Partido Autonomista se mantuvo como un culto idolátrico al vidalismo y, como una gloria colectiva, el recuerdo de sus Gobiernos anteriores (Ramón Vidal, Ruiz). Otra cosa, no parecida a las anteriores, se mantuvo: la consecuencia partidaria, la lealtad política.
Condenado definitivamente por la conciencia pública, arrinconado en la estrechez económica y en el destierro de la influencia política, el ex gobernador de Corrientes, ex jefe de la primera coalición vidalista-martinista y jefe de un partido que siempre fue más numeroso que la tercera parte del Partido Liberal (ya entonces tripartito) se mantuvo en la actitud de un político de energías y de un partidario consecuente.
Ni tanteó arreglos para calzar él o los suyos, ni entregó sus banderas al enemigo común. Y he allí que, disponiendo de una fuerza política, inferior en cantidad y en calidad, pudo realizar lo que no han podido sus adversarios después de ser consecuentes en el llano y en la cumbre (...); y he allí que el hombre funesto a quien quebró la revolución del 93, a quien tenían hundido los liberales, a quien habían delatado los martinistas y durante cerca de tres lustros estuvo enterrado políticamente, es desde hace algún tiempo el hábil y poderoso futbolista que maneja con los pies esta pelota del ex Partido Liberal, primero, para llegar al Senado Nacional, y luego a la política provincial, imponiéndose y aplastando, con su voluntad, con sus energías y con sus prebendas de todopoderoso señor, el honor de los políticos, la integridad de los partidos, y hasta el equilibrio personal de los personajes liberales que llegados hasta él se han mareado y perdido.
¡Una venganza satánica la del señor Vidal! Haber vidalizado sucesivamente todos sus enemigos políticos! Haber reducido a polvo al Partido Liberal, llevándose a sus filas mixturadas, a los liberales de verdad(1).

(1) Editorial del periódico radical “Alem”, (Corrientes), edición del 16 de Julio de 1912, p. 2. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

- El “espíritu” reformista del Centenario

Una vez afirmado el poder del presidente José Figueroa Alcorta, éste empezó a trabajar a favor de la candidatura a la presidencia de Roque Sáenz Peña. El candidato representaba a la oposición roquista, pues en su juventud había formado parte del alsinismo; más tarde fue defensor de Avellaneda y luego “juarista”.

Después encabezó el modernismo, que lo llevó a ser candidato a presidente en las elecciones de 1892, lo que se vio frustrado por el Acuerdo entre el P.A.N. y los mitristas alcanzado por Roca, y que elevó a su padre a la Presidencia. En 1898 alentó la política de las paralelas y se acercó a Pellegrini en 1904.

Con Roque Sáenz Peña cobró cuerpo el movimiento reformista del Centenario, que derivó en la reforma de la ley electoral en 1912. El partido que lo proclamó candidato se denominó “Unión Nacional”, una coalición de origen bonaerense, que pronto cubrió a todo el país. Mientras que la débil oposición estaba compuesta sólo por republicanos-mitristas, que levantaron la candidatura de Guillermo Udaondo, pues la UCR decidió abstenerse(2).

(2) Natalio Botana, "El Orden Conservador. La política argentina entre 1880 y 1916" (1998), pp. 237-250. (1998), (quinta edición). Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Muy pronto, Sáenz Peña se distanció de Figueroa Alcorta y del partido que lo había apoyado, y organizó un espacio político propio, para lo que contó con dos elementos importantes a su favor: el poder que le otorgaba, por sí mismo, el cargo de Presidente y su programa de reformas, que se había vuelto muy popular en la opinión pública(3).

(3) Las divisiones y acercamientos entre los diferentes sectores de la élite conservadora durante la presidencia de Roque Sáenz Peña, puede seguirse en Fernando Devoto. “De nuevo el acontecimiento: Roque Sáenz Peña, la reforma electoral y el momento político de 1912”, en: Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani - Tercera Serie, num 14, segundo semestre de 1996, pp. 93-113. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

A principios de 1914, debido a su debilitada salud, Sáenz Peña debió entregar el Gobierno en manos de su vicepresidente, Victorino de la Plaza.

El Centenario de la Revolución de Mayo, tal como lo interpretaron los historiadores, generó un clima de optimismo que favoreció la iniciativa reformista. Ese optimismo se basaba en la situación particular que vivía la Argentina en ese momento, lleno de festejos y de discursos que hacían alusión al progreso ilimitado.

Los intelectuales del Centenario, por su parte, iniciaron la búsqueda de nuevas respuestas para el futuro del país. Este ímpetu reformista invadió tanto la “cuestión social” como el ámbito político-electoral, donde aparecieron nuevas respuestas al problema de la representación ciudadana(4).

(4) Véase: Natalio Botana y Ezequiel Gallo. “Estudio Preliminar”, en: “De la República posible a la República verdadera (1880- 1910)”. Buenos Aires, Ariel, 1997, pp. 79-123. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Este clima reformista, que surgió en el seno de la clase gobernante, provocó conflictos intraoligárquicos y fuertes confrontaciones entre quienes consideraban legítimo o ilegítimo el régimen gobernante. Entre el optimismo y las amenazas, se fue conformando la propuesta reformista, que se preparó durante el Gobierno de Figueroa Alcorta y se hizo realidad con Roque Sáenz Peña, su sucesor(5).

(5) José Luis Romero. “El desarrollo de las ideas en la sociedad argentina del siglo XX”. Buenos Aires, A-Z Editora, 1998, pp. 59-102; Natalio Botana. “El Orden Conservador (la Política Argentina entre 1880 y 1916)” (1998), (quinta edición), pp. 232-237. Ed. Sudamericana, Buenos Aires; Eduardo Zimmermann. “Los Liberales Reformistas (la Cuestión Social en la Argentina. 1890 - 1916)” (1995), pp. 41 -61. Universidad de San Andrés. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Todo citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Aún antes de asumir el Gobierno, Saénz Peña eligió como colaborador a Indalecio Gómez, también defensor de las ideas reformistas; juntos, trazaron los lineamientos de la reforma política de 1912, que se caracterizó por tres cuestiones fundamentales: un empadronamiento diferente a través del Padrón Militar; el establecimiento del sufragio secreto y obligatorio; y la adopción del sistema de lista incompleta, para que pudieran tener representación parlamentaria los partidos opositores(6).

(6) Natalio Botana. “El Orden Conservador (la Política Argentina entre 1880 y 1916)” (1998), (quinta edición), pp. 251-291. Ed. Sudamericana, Buenos Aires. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

Los responsables de la reforma no buscaban un reemplazo masivo de los dirigentes de la denominada “República oligárquica”, sino conseguir la cohesión y el vigor de su sector dirigente, forzándolos a afrontar adversarios fuertes aunque aún incapaces, según ellos, de triunfar.

La pretensión era conseguir la formación de partidos doctrinarios que integraran las numerosas máquinas electorales que estaban al servicio de carreras personales, confiados en que serían ellos los que seguirían dominando los poderes del Estado, aunque con una más transparente relación entre el Estado y la Sociedad(7).

(7) Tulio Halperín Donghi. “Estudio Preliminar”, en: “Vida y muerte de la República verdadera. (1910- 1930)”. Buenos Aires, Ariel, 2000, pp. 34- 45. // Citado por María del Mar Solís Carnicer. “Liderazgo y Política en Corrientes (Juan Ramón Vidal. 1883 - 1940)” (2005). Ed. Moglia Ediciones, Corrientes.

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