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Epidemia

... La epidemiología tiene su origen en la idea, expresada por primera vez hace más de 2.000 años por Hipócrates y otros, de que los factores ambientales pueden influir en la aparición de la enfermedad. Sin embargo, hasta el siglo XIX no empezó a ser relativamente frecuente que se midiera la distribución de la enfermedad en grupos determinados de la población...” (R. Beaglehole, R. Bonita y T. Kjillström, p. 1).

De esta manera -diría Germinal Rodríguez- la epidemiología no sólo estudiaba las enfermedades endémicas sino también las manifestaciones extensivas de todas las enfermedades infecciosas, estableciéndose así que hoy, las “enfermedades epidémicas” corresponderían a un país distinto al cual hacía su eclosión (Germinal Rodríguez, p. 394).
A partir del siglo XIX, esta concepción establece:
a.- Grandes epidemias: a aquellos azotes tipo la peste de Atenas, la peste negra, la fiebre amarilla, el cólera, etc.; y,
b.- Afecciones corrientes: que se extendían siguiendo un aspecto regional, tales como: fiebre tifoidea, rubéola, viruela, etc.

A lo que debe agregarse la siguiente clasificación, según su extensión:
Endemia, cuando una enfermedad abarca un núcleo limitado de la población;
Epidemia, cuando abarca una extensión mayor;
Pandemia, cuando la enfermedad se generaliza y llega a abarcar todo un continente (Germinal Rodríguez, pp. 394-395).

La medida que ocupa el mejor puesto entre los medios profilácticos para evitar el contagio (fijo o difusible), fue sin dudas el AISLAMIENTO, incomunicando al individuo afecto a esa enfermedad y capaz de transmitirla a otros semejantes.

La primera afección que históricamente puso en vigor el aislamiento, fue la lepra, en plena Edad Media (Germinal Rodríguez, pp. 419-420). Tengamos presente que en 1374 Venecia dispuso que tres funcionarios debían inspeccionar y excluir todas las naves afectadas por enfermedades de sus puertos.

En 1377 se dispuso el aislamiento por treinta días de los buques infectados y al comprobarse que este período de aislamiento no fue efectivo, se aumentó a cuarenta días (quaranti giorni) de donde proviene nuestra palabra cuarentena (Frederik F. Cartwright y Michael Biddis, p. 53).

La repercusión social y los daños económicos producidos han sido siempre colosales:

... Los pueblos epidemiados, con la amenaza del sufrimiento y de la muerte que no elige sus víctimas, viven dominados por la influencia depresiva que el mal colectivo origina; el trabajo y la producción disminuye en proporción a la tarea que la asistencia de los caídos reclama y, por poco que la epidemia se sostenga, la ruina es la consecuencia obligada...” (Germinal Rodríguez, pp. 398-399).

Entre los microbios responsables de algunas de nuestras más graves dolencias físicas se encuentran los bacilus del tifus, de la tuberculosis, de la difteria y del tétanos, que son todos bacterias. Otras, en enfermedades temibles, tales como la rabia, la fiebre amarilla y la viruela, son originadas por otra clase de microbios: los virus, de los cuales tanto se ha hablado” (Louis Sutherland, p. 67).

- La Fiebre Amarilla

La fiebre amarilla (Teodoro A. Tonina, pp. 332 y ss.) es una enfermedad infecto-contagiosa endemo-epidémica, que se presenta clínicamente con iniciación brusca, fiebre, paroxismos y remisión corta. El comienzo se señala con fiebre, congestión, raquialgia; y luego sobreviene el segundo período con: ictericia, hemorragia, y vómitos. La mortalidad es del 50 %. Se propaga por el Aedes egypti o Stegomia fascinata (se llama también S. caloptus; A. coloptus; A. argentens. Como agentes atribuidos se han mencionado: el bacilo icteroides de Sanarelli y la leptospira icteroides de Noguchi [1919]). La fiebre amarilla es conocida también como la enfermedad del “vómito negro” (Teodoro A. Tonina, pp. 333-334).

- Agente Etiológico: indeterminado

Pautas del diagnóstico: “Casi todos los diagnósticos son clínicos, basados en síntomas clínicos, siendo los más marcados: cefalalgia, raquialgia, congestión de las mucosas y postración, con historia de posibles picaduras por mosquitos infectados”.

Fuente de infección: sangre de las personas infectadas.

Modo de transmisión: picadura de mosquitos infectados (Aedes aegypti o especie afín de la misma familia).

Período de incubación: 3 a 5 días.

Transmisibilidad:
* Período y grado: los tres primeros días de la fiebre; sumamente transmisible donde existen mosquitos infectados.
* Inmunidad natural y adquirida: no existe inmunidad natural.

Un ataque confiere inmunidad activa

Medidas administrativas:
* Investigación de las fuentes de infección
* Aislamiento. Que sólo es de rigor en los tres primeros días de la fiebre, previa eliminación de mosquitos.
* Cuarentena.

Medidas especiales:
* Eliminación y destrucción de los mosquitos.
* Servicios de inspección para descubrir los enfermos.

Generalmente las infecciones específicas son las más frecuentes y graves, a medida que se avanza desde la zona temperada y mediterránea a la zona tropical, teniendo la fiebre amarilla un hábitat.

Brockington afirma que “... la fiebre amarilla se extiende en una amplia faja que atraviesa por la mitad de América del Sur y de Africa. Los barcos la han llevado, de un modo u otro, a Bristol y a la costa oriental de América del Norte; pero nunca a India y a otros sitios donde hubiéramos supuesto que florecería... (Fraser Brockington, p. 28).

Un ataque protegerá al paciente de por vida. Efectivamente; si la enfermedad es endémica, una gran cantidad de personas en esa zona desarrollarían la inmunidad y una parte de la resistencia de los niños vendría por vía materna. De esta manera, la enfermedad es sumamente peligrosa cuando se introduce en comunidades que nunca la han padecido (Frederik F. Cartwright y Michael Biddis, pp. 185-186).

Sostiene Mckeown que cuatro eran las influencias principales que motivaban el predominio de las infecciones como causas de enfermedad y muerte:
* la existencia de poblaciones numerosas;
* la higiene deficiente, con hacinamiento, que incrementaba las exposiciones a enfermedades infecciosas;
* la insuficiencia de alimentos, que redujo la resistencia a las afecciones; y
* el estrecho contacto con animales domesticados, probable fuente de muchos microorganismos (Thomas Mckeown, p. 74).

Agrega Fenner, citado por Mckeown, que “... la fiebre amarilla es principalmente una enfermedad del varón adulto, cuyo trabajo supone un contacto estrecho con la selva; es un prototipo de la clase de infección vírica a que estaba expuesto el hombre del Paleolítico.
No sabemos con qué frecuencia aparecían estas infecciones en los tiempos prehistóricos y cabe suponer que variaría mucho de acuerdo con las condiciones climáticas. Eran mucho más comunes en los trópicos húmedos que en los desiertos...” (Thomas Mckeown, p. 62).

... La fiebre amarilla presentaba pues un serio interrogante que venía a constituir una preocupación mundial desde siglos atrás.
En las Indias Occidentales esta enfermedad había causado millares de víctimas y según Humboldt, ya existía en el siglo XI. La sufrieron también las expediciones de Colón y, el mismo descubridor, en un Informe al rey de España, atribuía la fiebre a condiciones del agua y del aire, en conceptos generales...” (Leandro Ruiz Moreno, pp. 74-75).

BIBLIOGRAFIA

* R. Beaglehole, R. Bonita y T. Kjillström. Epidemiología Básica (1994). Ed. O. P. S., Washington D. C.
* Germinal Rodríguez. Compendio de Demophylaxia. Higiene y Medicina Social (1936), p. 394. Ed.Aniceto Lopez Librería-Editorial-Imprenta, Buenos Aires.
* Frederik F. Cartwright y Michael Biddis. Grandes Pestes de la Historia (2005). Ed. El Ateneo, Buenos Aires.
* Louis Sutherland. Armas para la Ciencia (1966). Ed. Plaza y Planes S. A., Buenos Aires.
* Teodoro A. Tonina. Elementos de Higiene (1935). Librería y Editorial “El Ateneo”, Buenos Aires.
* Fraser Brockington. La Salud en el Mundo (1964). Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires.
* Thomas Mckeown. Los orígenes de las enfermedades humanas (1990). Editorial Crítica, Barcelona.
* Leandro Ruiz Moreno. La Peste Histórica de 1871. Fiebre Amarilla en Buenos Aires y Corrientes, pp. 74-75. Ed. Nueva Impresora, Paraná.

// Citado por Alvaro Monzón Wyngaard. Poder y Epidemia de Fiebre Amarilla (Estudio de Caso: Corrientes) (2014), Corrientes.

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