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La Fiebre Amarilla en el Mundo y Latinoamérica

Galeno y Ibn Sina establecieron los lineamientos del ejercicio médico, que consistía en ofrecer a sus pacientes técnicas personalizadas para “impedir la mala salud”, muchas veces dando la impresión de atención, concepto que recién cambiaría con la medicina moderna de Koch.

Durante toda la Edad Media, la medicina griega era estudiada en monasterios y en pequeñas islas. En Alejandría, la escuela de los médicos árabes también añadió lo suyo al arte de curar, ya que al ser más liberales que los cristianos cuestionaban, examinaban y reescribían sus teorías.

Recordemos que ambas Escuelas se unieron, aunque no de manera integral, a partir del Renacimiento (Frederik F. Cartwright y Michael Biddis, p. 33).

Antes del cruce de Colón a este continente americano, no existía una red de pestilencia (peste bubónica, lepra, viruela, cólera, malaria, sífilis y especialmente la pandemia motivo de este trabajo: la fiebre amarilla) (Sheldon Watts, pp. 16-17).

¿Cómo influyó en este contexto, el “desarrollo” propiciado por los grandes imperios?

En particular, cuatro requisitos se exigían al mundo moderno, para llevar adelante esa fuerza motriz -también conocida con el nombre de Desarrollo-, a saber:
a.- tierra fértil, semillas y otras materias primas;
b.- mano de obra;
c.- crédito e instituciones crediticias; y
d.- consumidores, que al dar promesa de pago -mediante dinero, pagarés- convertían al producto terminado en oro o plata.

En toda sociedad, sometida a la transformación del desarrollo, una epidemia -diría Watts- influía sobre la relación de “...poder entre la minoría dominante y la mayoría dominada...”, sosteniendo las élites que las enfermedades atacaban a ciertas personas y dejaba en paz a otras.

Es decir que, como lo sostiene el autor citado (Sheldon Watts, p. 18), “... esta percepción, producto de un complejo de filtros culturales, formaba parte de lo que denominó ‘la enfermedad constructo’ (por ejemplo... el constructo fiebre amarilla). En la creación de respuestas oficiales, este constructo determinaba qué se podía hacer en el intento de limitar la transmisión de la enfermedad....

Y este paradigma de la “gran tradición” vendría a ensanchar aun más, la divergencia entre las actitudes de la elite y del pueblo.

La migración involuntaria de millones de trabajadores potenciales hacia Occidente, vino a conformar la “fuerza motriz decisiva” para el desarrollo. Precisamente el constructo fiebre amarilla sostenía que los africanos negros eran inmunes a la enfermedad (Sheldon Watts, pp. 19-20) (esto llevaría a que los propietarios de plantaciones con esclavos y los médicos blancos no se interesaran en las enfermedades de este tipo, sufridas por afroamericanos o africanos o, en el caso que fueran contraídas por los blancos, existía una suerte de “terror de denuncia”, como nos enseña Sheldon Watts, p. 294).

La primera aparición documentada de la enfermedad fue en Barbados, en 1647 (Sheldon Watts, p. 287). Se admite que la enfermedad sea de origen americano, ya que el primero que la describió fue el Padre H. du Tetre, dominico del siglo XVII, que vivió en las Antillas (Teodoro A. Tonina, p. 332) y, el constructo de fiebre amarilla (que azotó al Africa Occidental, Caribe -en especial Barbados y Haití- Estados Unidos, Brasil y Cuba en mayor medida que a otros territorios) persistió -como símbolo del racismo científico- hasta 1928, cuando el profesor Hoffmann anunció en la Conferencia Internacional sobre Medicina Tropical de El Cairo que, para la fiebre amarilla, no existe inmunidad racial (Sheldon Watts, p. 290).

La primera aparición en Europa tuvo lugar en Cádiz en 1730, aunque algunos sostienen que ya apareció en 1705 (Moreau de Jonnes), reapareciendo en el mismo lugar en 1753, en 1800 y en 1814 (Germinal Rodríguez, p. 502).

Se describieron epidemias de fiebre amarilla en Italia (1805), Cádiz (1810), Marsella y Barcelona (1821), Inglaterra (1828). En 1843 procedente de las Antillas, se declaró la epidemia en Río de Janeiro, instalándose desde entonces en muchas regiones, especialmente las aledañas al Amazonas. O Lisboa (1857) (Teodoro A. Tonina, pp. 332-333).

El horror que causaba esta enfermedad fue lo que motivó que, ante una amenaza de fiebre amarilla, se instaura a instancias de Isabel I, en 1804, en Londres una “tabla de salud”, la cual fue anulada dos años más tarde, al entenderse que, de haber “reglas”, las mismas deben ser establecidas por las autoridades locales (Frederik F. Cartwright y Michael Biddis, p. 144).

Senegal, Gambia y Sierra Leona, sintieron los efectos de la epidemia en 1837 y en 1850.

Más grave aún:

... Desde principios del siglo diecinueve, la subestimación asociada al constructo fiebre amarilla también ha contribuido a mantener la existencia de la enfermedad. Los médicos blancos, los propietarios de plantaciones con esclavos, los contratantes de mano de obra liberta y los blancos en general estaban convencidos que los negros eran inmunes a la fiebre amarilla; cabe deducir que no se interesaban en las enfermedades de ese tipo sufridas por afroamericanos o africanos...” (Sheldon Watts, p. 294).

Desde este contexto debe justipreciarse el ritmo histórico que imprimieron a sus actividades el mayor Gorgas en La Habana y luego la Fundación Rockefeller en tierras de México y Perú. En este contexto debe ponderarse que

... hay que mencionar dos hechos significativos: el descubrimiento, por el cubano Carlos Finlay, del papel del mosquito Culex, Aedes aegypti en la transmisión de la Fiebre Amarilla, que contribuye a la construcción de la tríada enfermo-vector-sano, dentro de una concepción contagionista de la enfermedad y la experimentación de la vacuna contra el cólera llevada a cabo por Ferrán en la epidemia de Valencia de 1885.
Ambos casos fueron ignorados, entre otros motivos, por acontecer en países alejados del poder económico, político y científico. En el caso cubano a esto se sumó la aspiración de Norteamérica, tras la victoria sobre España, de introducirse en el resto del continente americano para demostrar su altura científica y desplegar su acción ‘benéfica’.
Esto fue realizado a través de la Fundación Rockfeller y se atribuyó el descubrimiento al anteriormente mencionado a Walter Reed. En el caso español, además de los problemas teóricos derivados de la personalidad conflictiva de Ferrán, se añade el hecho de que fuese considerado como una osadía el que un médico, en Valencia, probara con éxito una vacuna contra el cólera, cuando éste era el campo de prestigio en Francia...¨ (Pedro Marset Campos y José Miguel Sáez Gómez, p. 13).

Veamos con especificidad algunas naciones:

BARBADOS:
En 1647 la epidemia amarilla procedente de las costas africanas, atacó Barbados (Sheldon Watts, pp. 306-314).

Sostiene Watts que:

... Lo que siguió es significativo por varias razones. Lo más obvio, ante todo, es la relación especial entre este pionero ejemplo inglés del Desarrollo del Nuevo Mundo y el entorno para la enfermedad que crearon los colonos (la implacable tala de bosques vírgenes para liberar tierra destinadas al cultivo de la caña de azúcar).
Como es manifiesto, el Desarrollo unía las tierras arables y la mano de obra importada para producir el azúcar que se comercializaba en Inglaterra. Este producto contribuyó a poner en marcha -a través de efectos multiplicadores en industrias aliadas- la gran revolución consumista en que se basa el mundo moderno...(Sheldon Watts, p. 306); y agrega el autor: “... las plantaciones de la isla necesitaban esclavos africanos negros porque éstos eran más o menos inmunes a la fiebre amarilla que mataba a la mayoría de los blancos allí.
En el pasado reciente, este determinismo ha obstruido el estudio objetivo de la relación entre la fiebre amarilla y las poblaciones humanas del Caribe, el sur de los Estados Unidos y Africa...”.

Entre 1647-1650 perecieron 6000 habitantes de Barbados, lo que equivalía al 15 % de su población, producto de una nueva epidemia.

En 1691 hubo un nuevo brote que también se quedó por varios años. Los “amos” que sobrevivieron se instalaron en Carolina del Sur y, con otras migraciones, generaron una merma de la cuarta parte del total de la población de la isla.

Las relaciones entre las comunidades blancas y de color no fue fácil, basada en recelos mutuos, que inclusive repercutían en las prácticas médicas. A comienzos del 1800 llegó a Barbados el médico militar George Pinckard, quien mencionaba la “ignorancia” de los doctos de la isla, en cuanto a fiebre amarilla se referían.

Los curanderos negros trataban la fiebre amarilla usando baños calientes y hierbas que serenaban el organismo. Mientras que el tratamiento habitual de los blancos para paliar esta enfermedad tenía en cuenta el carácter inflamatorio de la enfermedad se debe tener en cuenta desde una etapa muy temprana. Comenzar el tratamiento con una sangría del brazo. Catárticos salinos.

Al segundo día, nueva sangría. Aplicar sanguijuelas en el abdomen, una docena de compresas calientes, purgas livianas. Tercer día, aplicar sanguijuelas… Aunque el propio Pinckard, aquejado de la fiebre, solicitó a sus compañeros de abordo que lo empaparan con sucesivos baldes de agua fría.

Watts sostiene que “... si hubieran optado (los médicos) por investigar las preferencias funerarias de la gente negra –tumbas cercanas a su vivienda, no una fosa común lejos de todo lugar habitado-, habrían comprendido que los africanos que no habían adquirido la inmunidad con un ataque infantil de fiebre amarilla 'endémica' (por usar el término de Hoffmann) morían de fiebre amarilla con tanta frecuencia como los blancos no inmunes...(Sheldon Watts, p. 314).

BRASIL:
La primera gran epidemia de fiebre amarilla que azotó al Brasil se produjo entre 1685 y 1698, y luego se produjo un gran impasse hasta 1849 (Sheldon Watts, pp. 330-336).

En este último año, la epidemia atacó a Río de Janeiro, Salvador y otros centros urbanos, produciendo la defunción de catorce mil personas:

... Los blancos, mestizos y negros nativos apenas fueron afectados. A la luz de mejores conocimientos, podemos sugerir que la fiebre amarilla siempre había estado presente en su forma endémica...” (sostiene Cooper, citado por Watts, en: Sheldon Watts, p. 333).

En 1853 hubo otro brote, lo que motivó que tres años más tarde cesara la inmigración, lo que agravada por la fuga de los habitantes hacia el Interior, redujera a la mitad la población carioca.

En 1890, reactivada la inmigración, que consistía en un 29 % de la población de Río, la fiebre amarilla atacó de nuevo, alcanzo a sesenta mil el número de muertos. Inspirada en la necesidad de la reconstrucción de la ciudad, apuntando al Desarrollo brasileño, los médicos seguían sosteniendo que la epidemia era producto de miasmas procedentes de suelos y aguas insalubres.

ESTADOS UNIDOS:
La esclavitud negra, esa suerte de “institución peculiar”, se mantuvo como herramienta económica fundamental de los Estados sureños y que recién desaparecería formalmente luego de la Guerra de Secesión y con complicados vaivenes, hasta muy entrado el siglo XX, en lo que hace a la integración racial (Sheldon Watts, pp. 320-330).

A partir de 1850, las epidemias de fiebre amarilla fueron más común el sur, atacando ciudades como: Charleston, Menphis y New Orleans y la enfermedad comenzó a ser conocida como “el flagelo del sur”. Sostiene Watts que

... para los sureños con formación médica que ansiaban demostrar que los esclavos negros formaban parte de una ‘raza’ servil, biológicamente diferente de la ‘raza’ de los amos blancos, la fiebre amarilla era un regalo del cielo...” (Sheldon Watts, p. 322).

Por aquellos días se pensaba que la fiebre era importada por los barcos, de Cuba hacia América continental, atacando las ciudades mencionadas, y luego avanzando por las mismas costas atlánticas o la ribera del Mississipi. Es probable que la fiebre amarilla fuere endémica en algunos lugares por muchos años.

La desconfianza de la comunidad de los esclavos hacia los blancos supone que no daban información a estos últimos de las causas de los decesos. Pero la situación es aún más compleja, si se piensa que hasta después de la Guerra Civil, ningún Estado sureño registraba estadísticas demográficas de ningún grupo étnico.

En el constructo fiebre amarilla, algunos ideólogos médicos consideraron, no solamente que los negros sufrían menos fiebre amarilla que los blancos, sino que inclusive llegaron a sostener que eran inmunes (autores de la talla del doctor J. C. Nott de Mobile, de Alabama, o el doctor Samuel A. Cartwright, de New Orleans; ambos indicados por Sheldon Watts, p. 323).

HAITI:
Santo Domingo, tierra española gobernada por un empresario francés pariente del rey español, había alcanzado un notable desarrollo (Sheldon Watts, pp. 314-320)En 1775 era la colonia más lucrativa del mundo, produciendo más de la mitad del azúcar mundial. La colonia albergaba a 480 esclavos.

En 1804 el curso de los acontecimientos dio nacimiento a la primera República gobernada por negros. Inmediatamente tropas europeas se trasladaron a la isla para reprimir la insurrección. La importante concentración de hombres en las zonas portuarias, fue mermada por tres causas: las balas haitianas, y especialmente las epidemias de fiebre amarilla y de malaria.

De 29.000 franceses, sólo 6.000 regresaron al continente europeo.

MEXICO:
Es el país que tiene conveniente documentado la historia de la salubridad, y en especial la evolución de la enfermedad, veamos su crónica, siguiendo la propuesta de Alvarez Amezquita y colaboradores (José Alvarez Amezquita y otros, pp. 37-38, 111, 123, 143, 145-146, 148, 165, 188-191, 213-214, 218, 227, 253-255, 259, 318, 334):

* 1480. “... Los ciclos epidémicos aparecen descritos en el ‘Códice de Tizimín’ -traducción de Alfredo Barrera Vázquez- se lee: ‘El Katun 4 Ahau, el 110 Katum, se cuenta -o lee- en Chichón-Itzá donde se asienta el Katun. Vendrá el Ketzal, vendrá el Yaxum, vendrá Ah Kantenal, vendrá el vómito de sangre en su cuarta vuelta -o, vez-, vendrá Kakulkan -Quetzacóatl- en seguimiento de los Itzaes en su cuarta vez. Es -lo que habrá la duración del Katun-, ciertamente”.

// El “Códice de Chumayel”, p. 73, de la traducción de Roys-, dice: “El Katun queda establecido a Uuc-yab-nal en el Katun 4 Ahuat. En la boca del pozo. Uuc-yab-nal queda establecido. Amanecerá en el sur. El rostro del señor del katun está cubierto, su rostro es muerte”.

"Hay desolación por agua, hay desolación por pan. Su estera y su trono verán al oeste. vómito de sangre es la carga del Katun. Por este tiempo, su lienzo de cintura y su manto serán blancos. Inalcanzable será el pan del katun. Vendrá el Quetzal, vendrá el pájaro verde, vendrá el árbol kax, vendrá el pájaro, vendrá el tapir. El tributo se ocultará en la boca del pozo...”.

Estas referencias al vómito de sangre identifican a la fiebre amarilla.

* 1527-1532. Fiebre amarilla en Yucatán. Juan Francisco Molina Solís calificó a la epidemia como “severa”.

* 1599-1618. Fiebre amarilla en Yucatán. “... En el ‘Cuceb o Rueda Profética de los Años Tunes de un Katun (1599): entonces será el tiempo de la muerte súbita, la que pega y derriba y golpea sacando vómito de sangre, la que ablandará las amarras del Katun’. El Libro de los Libros de Chilar Balam...”.

* 1648. Fiebre amarilla urbana. “... Según la relación del Chilar Balam de Chumayel y el Chilar Balam de Tizimín, el ‘sekik’ -vómito negro- ocurrió este año de 1648, siendo la primera epidemia, correctamente identificada como de fiebre amarilla urbana, en territorio mexicano...”.

* 1662. Fiebre amarilla en Mérida. “... Por tercera vez desde 1648, se registra un brote de fiebre amarilla en Mérida. Los anteriores habían dejado sus huellas. Pasaron 121 años, desde 1527 a 1648 y, luego, un gran brote, cuando habían transcurrido catorce hasta este de 1662...”.

* 1699. Fiebre amarilla en Veracruz. “... El P. Alegre dice que ‘la fiebre amarilla fue importada por primera vez a Veracruz, el año de 1699, por un buque inglés que trajo un cargamento de esclavos negros’. Lo más probable es que el brote epidémico estalló a favor del buen número de recién llegados, lo que llamó la atención del cronista, sobre todo por las muchas muertes habidas entre aquellos infelices, que realmente fueron víctimas...”.

* 1715. “... La fiebre amarilla, ya observada en Yucatán… aumentó en forma exagerada su incidencia en este año, cuarto brote del padecimiento después de la Conquista. No obstante, la intensidad de la enfermedad, en Mérida y poblaciones cercanas, fue moderada, como natural resultado de la inmunidad parcial de los nativos de tales lugares...”.

* 1725. Fiebre amarilla en Veracruz. Clavijero, en el primer tomo de su Historia de México (p. 117) afirmó que: “... el vómito negro o fiebre amarilla, se presentó por primera vez en Veracruz este año...”.

* 1730. Fiebre amarilla en Yucatán. Informes indicaron la reactivación de la enfermedad, a lo que Cogollado agrega: “...ya con elementos europeos cargó más el mal...”.

* 1744-1749. Fiebre amarilla en Yucatán y Veracruz. Con alta mortalidad se sucedieron epidemias en Yucatán y Veracruz, ciudad esta última donde se concluyó, en 1746 “... la muralla que rodeaba a la población para defenderse de los piratas ingleses. Siguió en este puerto la alta incidencia de la enfermedad hasta 1749...”.

* 1753. Libro sobre fiebre amarilla. “... Por su interés epidemiológico, dados los nexos que había entre Perú y México, debemos citar que en este año se publicó en Cartagena de Indias el Tratado del método curativo experimental y aprobado de la enfermedad del vómito negro, epidémico y frecuente en los puertos de las Indias Occidentales, de don Juan José de Castelbondo, impreso en octavo y firmado en la misma ciudad, el 12 de Mayo de 1753. Villalba. Epid. Esp. p. 214...”.

* 1794. Fiebre Amarilla en Veracruz. “... La fiebre amarilla, que no había sido observada en Veracruz durante veinte años, según hizo notar don José Mociño, en forma clásica, fue reintroducida en la ciudad porteña, por el navío ‘Miño’ y la fragata ‘Venus’...”.

* 1811. Observación de Humboldt, quien sostuvo que “... la enfermedad del vómito negro empezó a estar ausente en Veracruz, aunque el concurso de europeos y mexicanos del interior es muy grande y aunque los marinos no aclimatados se entregaron a los excesos que ahora -1811- se les reprochan, y aunque la ciudad estuviera menos limpia que como está desde 1800...”.

* 1811. Epidemia de fiebre amarilla. “... En lo más álgido de la insurrección a favor de la Independencia, apareció en Puebla, una epidemia, considerada como de ‘fiebre amarilla’, que cundió por todo el Virreinato. Un detalle curioso es el de que la epidemia llegó hasta Soso, Oaxaca, sin afectar a la segunda, en la que no se registró ni un solo caso...”.

* 1820. Nueva bibliografía. “... Pocos elementos informativos epidemiológicos hay de estos años de guerra, no obstante lo cual, ve a la luz una obra científica notable de MANUEL HURTADO DE MENDOZA, Nueva Monografía de la Calentura Amarilla o tratado médico-teórico-práctico sobre la verdadera naturaleza, causas, síntomas, modo de propagarse y método curativo y profiláctico de los tifos pero, señaladamente de la especie llamada icteroide o fiebre amarilla, dice:
Era pues cierto, 1.- que el vómito negro que es endémico en Veracruz, Cartagena de Indias y en La Habana, es la misma enfermedad que la fiebre amarilla que se padece en las Antillas, en Cádiz, en los Estados Unidos y en otros sitios; 2.- que en todos estos sitios se ha padecido y se podrá padecer siempre que se reúnan causas locales capaces de darle origen, y de las cuales nos vamos a ocupar inmediatamente sin necesidad de un supuesto contagio comunicado o traído; 3.- que ha debido existir y en efecto ha existido la fiebre amarilla desde el momento en que hombres...”.

* 1821. Brote de fiebre amarilla en Altamira (hoy Tamaulipas). “... Se atribuyó a los tripulantes de un navío que llegó de la Habana. Hubo 1.500 defunciones en la pequeña población...”.

* 1825. Brote de fiebre amarilla en Yucatán. “... Según Molina Solís, a partir de 1825, comenzó a registrarse en Yucatán un considerable aumento del número de casos de fiebre amarilla, y esto, a nuestro modo de ver, tiene relación con los movimientos de tropas ocasionados por la guerra de Independencia...”.

* 1825. Premio. “... La primera Legislatura del Estado de Veracruz, el 17 de Junio de 1825, dio un decreto para estimular a los profesores en Medicina, creando un premio de cien mil pesos, destinado a quien descubriera un remedio eficaz contra la fiebre amarilla...”.

* 1826. Fiebre amarilla en Veracruz. “... En Tuxpan, Veracruz, se produjo la primera epidemia de fiebre amarilla de que hay noticias fidedignas, y la misma causó grandes estragos entre los extranjeros y naturales...”.

* 1832. Gastos que ocasionan las epidemias. El gobernador del Estado de Veracruz, por decreto 244 del 11 de Abril de 1832 dispone, “... en el caso de epidemia, se erogarán por el Gobierno los Gastos necesarios, no sólo para precaver el contagio, sino para establecer un método curativo y plantearlo en todos los pueblos del Estado que actualmente carezcan de fondos...”.

* 1843. Epidemia de fiebre amarilla en Tampico. “... Como consecuencia de la llegada a Tampico de tropas procedentes de Veracruz, comenzó, a los veinte años de haber sido fundada la ciudad, una epidemia de fiebre amarilla...”.

* 1847-1848. Fiebre amarilla y paludismo. “... El envío de soldados mexicanos desde lugares del interior a Tampico, por la guerra con Estados Unidos, y la ocupación de aquel puerto por las tropas invasoras, ocasionó graves pérdidas por causa de enfermedad, en ambos bandos...
En Veracruz, los porteños no tuvieron mayor número de casos, pero entre los componentes del ejército invasor hubo 412 enfermos de fiebre amarilla y 116 defunciones... Quedaron mil enfermos en Veracruz, mil en Jalapa, doscientos en Perote y mil diez y siete... (en Puebla)...
Parte de los soldados norteamericanos fueron enviados a Tabasco, en donde tuvieron que establecer un hospital..., y al regresar las tripulaciones a Veracruz pasó la fiebre amarilla a las dotaciones de otros barcos, las que se diezmaron al grado de que no había marineros suficientes para las maniobras de anclaje...”.

* 1854. Fiebre amarilla en Yucatán. “... Los informes de Licéaga y las citas de Siedelin, hacen notar la existencia de una gran epidemia de fiebre amarilla en Yucatán, la que se extendió a Mérida, Ixil y otros lugares, agravada por la guerra de castas...”.

* 1858. Fiebre amarilla en Matamoros. “... se registró el primer brote epidémico en la H. Matamoros, Tam, relacionado con los de Alabama, Menphis, Tennessee y Virginia, en los Estados Unidos de Norteamérica. La epidemia también afectó a Veracruz, extendiéndose hasta los Tuxlas y Nautla, desde la parte Norte de México...”.

PERU:
La fiebre amarilla azotó al Perú cuando en 1821, las tropas libertadoras del general San Martín se encontraban en esas tierras, alcanzo una mortandad de 100 almas en las tropas patriotas y otro tanto en las realistas (Leandro Ruiz Moreno, pp. 72-73).
“... Más de la mitad del ejército y el propio San Martín cayeron bajo las torturas del flagelo, y en el mes de marzo se contaban ya por centenares las fosas abiertas en Huaura para sepultar a los victimados por la fiebre...”, sostienen José Pacífico Otero o el general Mitre en sus historias sobre el Libertador.

VENEZUELA:
En la primera mitad del siglo XIX, período que aún no ha sido suficientemente investigado -dirían Lemoine y Suárez, citados por Cueto-, un estudio interesante fue planteado y no tomado en cuenta. Es el caso del naturalista y médico francés Luis Daniel Beauperthuy, quien propuso que la fiebre amarilla era transmitida por un mosquito (Marcos Cueto, p. 16).

Sin embargo, la “anomalía” propuesta fue categóricamente rechaza por la comunidad académica que encarnizadamente sostenía la existencias de miasmas.

La supervivencia de los Tribunales de Medicina, la fundación de nuevas asociaciones (academias, las beneficencias), permitieron la asunción de las mismas en el control de los hospitales, auspicios y asilos, con modernización de los estudios médicos. El Estado creó cargos rentados, que sólo tuvieron efectividad a nivel portuario y de las grandes ciudades.

El contexto económico y social hacía del quehacer estatal una actividad imprescindible para multiplicar la exportación, disminuir el estrago del crecimiento descontrolado de las ciudades y atenuar los daños de las epidemias de fiebre amarilla y cólera. Estas epidemias son las que permitieron -como estímulo- el progreso o modernización de grandes ciudades como Río de Janeiro, Buenos Aires o Santiago de Chile (Marcos Cueto, p. 17).

BIBLIOGRAFIA

* Frederik F. Cartwright y Michael Biddis. Grandes Pestes de la Historia (2005). Ed. El Ateneo, Buenos Aires.
* Sheldon Watts. Epidemias y Poder (Historia, enfermedad, imperialismo) (2000). Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile.
* Teodoro A. Tonina. Elementos de Higiene (1935). Librería y Editorial “El Ateneo”, Buenos Aires.
* Germinal Rodríguez. Compendio de Demophylaxia. Higiene y Medicina Social (1936). Ed.Aniceto Lopez Librería-Editorial-Imprenta, Buenos Aires.
* Pedro Marset Campos y José M. Sáez Gómez. La Evolución Histórica de la Salud Pública (1998), en: Salud Pública, de Martínez Navarro y otros autores. Ed. McGraw-Hill Interamericana, México.
* José Alvarez Amezquita y otros. Historia de la Salubridad y de la Asistencia en México (1960), tomo I. Ed. Secretaría de Salubridad y Asistencia / Año de la Patria, Siglo y Medio de Independencia y Cincuentenario de la Revolución Mexicana, México, D. F.
* Leandro Ruiz Moreno. La Peste Histórica de 1871 (Fiebre Amarilla en Buenos Aires y Corrientes). Ed. Nueva Impresora, Paraná.
* Marcos Cueto (editor), Salud, Cultura y Sociedad en América Latina, IEP/OPS, 1996.

// Citado por Alvaro Monzón Wyngaard. Poder y Epidemia de Fiebre Amarilla (Estudio de Caso: Corrientes) (2014), Corrientes.

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