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Material, método y conclusiones referentes a la epidemia de fiebre amarilla en Corrientes

La Historia, como conocimiento del pasado humano (H. I. Marrou) nos lleva a la “recreación intelectual” del mismo mediante la búsqueda de los hechos realizada sobre la base de testimonios y a la exposición congruente de sus resultados (Cassani y Pérez Amuchástegui).

Como disciplina netamente retrospectiva, se debe utilizar necesariamente un método expositivo, preferentemente escrito (Zorraquín Becú). El estudio de las “instituciones” es utilizado por la historiografía desde hace casi un siglo.

Precisamente se llama “institución” al conjunto o sistema coherente de actos o acciones humanas, que constituyen el esqueleto sobre el que existe la vida social (Tau Anzoátegui); y se la integra con tres elementos necesarios: la situación o hecho social, la valoración y la regulación (García Gallo).

Finalmente, como acertadamente lo entiende Tau Anzoátegui: “... puede entenderse por institución a una ordenación parcial de la vida del hombre en sociedad, que ha llegado a un desarrollo sólido y autónomo a través de la actividad desplegada y renovada adhesión de muchas generaciones...” (Víctor Tau Anzoátegui y Eduardo Partiré, p. 12).

En consecuencia, para la realización del presente trabajo hemos utilizado el Método Histórico cumplimentando las siguientes etapas:

1.- La heurística, que correspondió a la búsqueda de testimonios o -al decir de Zorraquín Becú- la investigación de las fuentes (vestigios, documentos, etc.) que nos permitieron reflejar lo que se hizo en el pasado correntino. Para ello:
a.- recopilamos, mediante fichas de transcripción y de síntesis, las leyes, decretos, acuerdos, minutas y notas publicadas en los diversos años del Registro Oficial de la Provincia de Corrientes;
b.- recopilamos, de la misma manera que en “a)”, los periódicos correntinos “La Unión Argentina”, “El Progreso”, “La Esperanza”, El Liberal”, “El Autonomista”, “La Verdad”, “El Argos”, “La Libertad”, “Las Cadenas” y “La Campaña” disponibles;
c.- recopilación con iguales características los “Legajos Administrativos” –archivados por protocolo anual generalmente sin ordenación-;
d.- recopilamos con iguales características, la “Correspondencia Oficial”:
1.- Tomo 257, del 30 de Diciembre de 1.970 al 9 de Febrero de 1.871, 250 Folios - 356 Documentos;
2.- Tomo 258, del 10 de Febrero al 12 de Abril de 1.871, 250 Folios - 360 Documentos;
3.- Tomo 259, del 13 de Abril al 7 de Junio de 1.871, 250 Folios - 357 Documentos;
4.- Tomo 260, del 7 de Junio de 1.871 al 13 de Julio de 1.871, 250 Folios - 355 Documentos; y,
5.- Tomo 261, del 13 de Julio de 1.871 al 18 de Agosto de 1.871, 250 Folios - 354 Documentos.

Para ello concurrimos a los repositorios de testimonios más habituales: mayoritariamente al Archivo General de la Provincia de Corrientes y, en menor medida (búsqueda bibliográfica inicial y publicaciones oficiales), a la Biblioteca del Museo de Bellas Artes “Juan Ramón Vidal”, formada sobre la base de la biblioteca particular del estadista correntino antes indicado.

2.- La crítica en donde se analizaron, confrontaron y valoraron los testimonios individualizados en “1º)”, clasificándolos y desechándolos en algunos casos; y, finalmente,

3.- El ordenamiento y la exposición (es decir la “recreación intelectual”, que equivale realmente a la “creación histórica”) que consiste en la adecuada ordenación de esos materiales y la presentación de sus resultados, a manera de informe sobre el impacto que produjo la Epidemia de Fiebre Amarilla en Corrientes, que a continuación exponemos.

- Conclusiones

El protagonismo asumido por el Estado se correlaciona con las pautas del modelo económico liberal, buscando los vínculos y concatenaciones entre la fiebre amarilla y el poder estatal (o deberíamos decir el poder imperial), para focalizarlos en nuestro caso en estudio: Corrientes.

La Argentina y en general los países latinoamericanos, ajustaron sus servicios de salud a las necesidades de una producción capitalista destinada al mercado exterior. Recordemos que, inicialmente, la intervención estatal era normativista. La relación entre estos países y las economías capitalistas más avanzadas obligaba a estructurar administrativamente al Estado, a fin de lograr una transformación que facilitara la implantación del capitalismo en América Latina.

Esta tarea fue asumida por la burguesía surgida de la producción capitalista de materias primas y de productos alimenticios exportables, etapa denominada: de acumulación originaria.

Desde mediados del siglo XIX la sucesión de las epidemias interrumpían el desarrollo de las economías de exportación, circunstancias que contribuyeron al establecimiento de “juntas de sanidad de emergencia” (Cueto), y en consecuencia, la lucha contra las enfermedades que justificaban la “cuarentena” sería el punto de partida para la transformación.

Reflexionemos de momento sobre la idea de PODER: cualquiera sea el adjetivo que impongamos al vocablo, ciertamente estamos en presencia de un término policémico que genera relaciones.

Para el “poder político” esa relación está centrada en la estructura gubernamental, necesariamente ligada al principio de la legitimidad. De esta manera estamos en presencia de una concepción racional, y tradicional del liberalismo político, enancada a una naturaleza constitucional y que no depende de persona individual alguna.

Por su parte el que tiene la posesión de bienes y riquezas, tiene “poder económico”; lo que le permite imponer sus condiciones, a quienes no lo tienen. A esto debe agregarse la “posesión del saber” –o el control de los medios de persuasión- induciendo a realizar determinadas conductas, que es el objetivo del “poder ideológico”.

De allí que los precursores del liberalismo sostuvieran que las leyes naturales gobernaban la producción y la distribución de la riqueza. La obediencia a esas leyes (inicialmente previstas sólo para la agricultura) traería riqueza, pero su desobediencia, traería pobreza.

Tanto es así que se generalizó el concepto de ¨productores de la riqueza¨, y nos referimos puntualmente al comercio, la industria y la ganadería, que impactaban en el ¨Progreso¨. Había progreso, si había desarrollo agropecuario; y esto en tiempo de epidemias no sucedía.

Este concepto de productores de la riqueza, era auspiciado por Adam Smith en su Riqueza de las Naciones, donde enfocaba su estudio en el mercado libre, basado en la ley de la oferta y la demanda. El ánimo de lucro mueve a los inversores a buscar los mayores beneficios en distintos lugares, retirando sus inversiones de los mismos lugares, si esos beneficios son menores.

La “economía primaria exportadora”, o como prefiere denominarla Ciccerchia el ¨modelo de desarrollo hacia afuera¨, se basa en una trilogía: exportación de productos; importación de capitales; e, inmigración europea. Todo los requerimientos estaban centrados en las necesidades del sector exportador, sin tener en cuenta las repercusiones que ellos mismos generaban –inciertamente- en el orden interno (Bulmer-Thomas).

El Mercado Nacional, conforme nos los enseña Cavarozzi, se basaba en dos ¨reglas informales¨: a) el libre cambio en el comercio internacional, que estaba a la búsqueda permanente (y también obtención de ventajas comparativas); y b) el principio del patrón oro.

Este MERCADO comprendía tres aspectos:

A.- En el Mercado de Mano de Obra deben distinguirse claramente dos momentos:
A1.- un desarrollo demográfico más bien estable, donde debe ponderarse especialmente el impacto que generaron poblacionalmente: la Guerra de la Triple Alianza, y las epidemias de cólera y fiebre amarilla, por una parte; y por la otra, que estas variaciones demográficas mejoraron gracias a: las mejoras sanitarias; a la calidad del agua; y a la difusión de la medicina moderna; y,
A2.- un desarrollo demográfico, entendido como de crecimiento sostenido, donde ante la escasez de mano de obra del sector agroexportador, se recurrió a la inmigración (tanto selectiva como masiva). Piénsese que entre 1857 y 1930, mientras la población total de la Argentina era de 1.700.000 habitantes, la inmigración neta había sido de 3.500.000.

B.- En el Mercado de Tierras también deben distinguirse dos problemas:
B1.- los inadecuados transportes, en los cinturones regionales, que permitieron que el ferrocarril se convirtiera en el ¨motor del progreso¨; y,
B2.- la tenencia de la tierra, donde por un lado se perpetuó el antiguo modelo colonial español, que permitía una mayor cantidad de tierras en pocas manos (el área cultivada en la Argentina creció de 2.422.922 hectáreas en 1888 a 14.313.630 en 1904), por un lado; y por el otro, un proceso de mecanización que favorecía ese crecimiento.

C.- En el Mercado de Capital, los aportes eran realizados por las instituciones financieras, mientras que los bonos se convirtieron en el mejor (cuando no en el único) medio para atender los gastos gubernamentales. El crecimiento nacional fue exponencial, de sólo contar con el Banco y Casa de la Moneda Argentina de 1854 –convertido en Banco de Buenos Aires nueve años más tarde-, se agregarían hacia 1870, tres bancos más, de capitales británicos.

Desde 1860 América Latina en su conjunto, recibió un 40% de capitales británicos, correspondiendo la mitad a la Argentina. Esto generó un cambio cualitativo hacia la integración externa (es decir hacia el sistema mundial) concomitantemente con la conformación de un “mercado nacional” en detrimento de los existentes mercados regionales, Esta diversificación hacia el exterior argentino, se dio para productos cerealeros y productos ganaderos).

La Argentina hacia 1913, tenía una formidable diversidad de productos, y sus exportaciones equivalían al 30 % del total de exportaciones latinoamericanas. Pero esta situación, altamente beneficiosa, se vería alterada por la Primera Guerra Mundial que: a) establecía la desaparición de ¨una economía de la liberalización¨, donde la oferta fue sensiblemente superada por la demanda; sino también por b) la aparición de un nuevo actor mundial: los Estados Unidos.

En sintonía con este modelo económico, desde el Estado se conformaba una clase dominante que, asociada al capital extranjero, buscaba la expansión del sector; situación que con acierto Marcelo Cavarozzi denomina de “Dominación Oligárquica”.

La “política de gobernadores”, planeada por el presidente Roca, neutralizaba el federalismo. Para ello, la subordinación a la fórmula política porteña, se basó en: un ejército nacional, una hacienda pública nacional, un sistema jurídico verosímil, una burocracia civil y una educación pública.

Si había desacuerdos con el Estado Nacional, el remedio de la Intervención Federal, lo resolvía; o bien en sede judicial, con el abuso del “control de constitucionalidad”, donde habitualmente la provincia perdía sus pleitos contra la Nación.

La peculiar simbiosis entre el Poder Político y el Poder Económico, permite advertir que si del mismo grupo hegemónico salían los gobernantes –tanto nacionales como provinciales y/o municipales-, lógico es pensar que el accionar gubernativo estuviera destinado a favorecer a un solo sector.

El avance del capitalismo, con su incidencia sobre el “proletariado”, a partir de la Revolución Industrial, dio nacimiento a una nueva disciplina médica, que hoy se la conoce como “salud pública”.

Y puntualizamos la situación del proletariado o del pobre, ya que aquí, precisamente se afincaba la “Grand Tradición Médica”. Esta entendía que las enfermedades eran causadas por miasmas (que en griego significa “corrupto”), pero nunca por organismos vivientes; así las enfermedades eran naturales del individuo, tanto que en la enfermedad física (que había “aire contaminado”), como en la mental (donde había contaminación de la civitas).

La medicina que inicialmente fue mágica o religiosa, entendiendo que la enfermedad era un castigo de demonios o almas errantes, se agravó –pese al esfuerzo griego- en la Edad Media, donde se sostenía que los portadores de males y enfermedades, los transmitían a otras personas, que eran los pobres.

Para detenerlos, surgió la “ideología del orden” que, rompiendo los entramados sociales –a excepción de los Países Bajos-, estableció medidas como: cuarentenas, impedimentos de traslados, fosas especiales para los muertos y destrucción de sus efectos personales, entre otros. Lamentablemente la extensión de estos controles, destrozaron progresivamente el entramado social de los que menos tenían: los pobres.

Coincidentemente, con el auge del imperialismo, también apareció una nueva especialidad, la ¨Medicina Tropical¨, que entendiendo que el médico era la línea primaria de defensa contra las enfermedades, la ciencia venía a respaldar al modelo económico-político.

En la Argentina, la apremiante necesidad de dar mayor celeridad a las decisiones médicas -que acompañasen el modelo agroexportador-, motivó la progresiva desaparición de los organismos sanitarios colegiados y su reemplazo por órganos ejecutivos. Así principiábamos con el Servicio Sanitario de Puerto -el órgano que tenía el principal encargo-, hasta la creación en 1882 del Departamento Nacional de Higiene.

Históricamente, lo habitual era que las competencias en materia sanitaria eran propias del municipio y estas atribuciones (al igual que las provinciales) aparecían subsumidas en las funciones propias del Consejo de Higiene Pública.

Mientras tanto, la Beneficencia Pública (representada por “mujeres de la sociedad”) se encargaba del socorro de indigentes, pobres, desvalidos, casi siempre al amparo de las comunidades religiosas; a cargo de la administración de asilos y hospitales, y que paulatinamente comenzaron a depender administrativamente del Estado.

Pero, además, el Estado “oligárquico-liberal”, que relacionaba las actividades económicas con las asistenciales, entendía por su parte a la Sanidad, como un conjunto creciente de servicios gubernamentales ordenados a preservar la salud del común de los habitantes (entiéndase del pobre y de los trabajadores que eran atendidos en los hospitales), buscando evitar las consecuencias de la interrupción del comercio internacional, centralizando al propio tiempo –con agilidad- la atención médico-asistencial.

En este contexto debe tenerse presente la necesidad que tuvieron las elites de utilizar la salud para controlar a grupos subordinados, mantener su supremacía política, protegerse de un entorno social inseguro y la idea de la hegemonía cultural a través de estereotipos higiénicos y estigmas sobre la enfermedad.

En definitiva, en el contexto del ¨Capitalismo tardío¨ se propició una política con perfiles contradictorios, ya que mientras se buscaba la expansión de la ciudadanía civil, al propio tiempo no se auspiciaba la igualdad civil. Esto significaba que había exclusión de los sectores mayoritarios de la población y que estas desigualdades eran generadas por el mercado, que iban modificando, en especial, la vida del hombre rural o campesino.

Por lo tanto, se pretende establecer que la investigación del período en que se desarrolló la epidemia de fiebre amarilla en Corrientes en 1871, como investigación en salud (como la práctica y el saber en este campo), está ligada al proceso de producción económica y, por lo tanto, es influenciada por las tendencias dominantes que participan en el citado proceso, a través de la historia., aunque con peculiaridades propias.

La tetralogía médica: Salud-Enfermedad-Vida-Muerte, implican vocablos que conceptual y operativamente, son utilizados por la Medicina de todos los tiempos. Hipócrates es de los primeros en sostener que los factores ambientales pueden influir en la aparición de la enfermedad.

A partir del siglo XIX aparecen nuevas clasificaciones de epidemia: las afecciones corrientes y grandes epidemias por una parte; mientras que por la otra se distinguen –según su extensión- en endemia, epidemia y pandemia. En ellas, el “aislamiento” se convierte en el gran medio profiláctico, capaz de evitar su propagación.

La fiebre amarilla o vómito negro se propaga por el mosquito Aedes egayti. Sin embargo el medio y la época influyen –no poco- sobre el pensamiento y el quehacer médicos, y demuestra que la medicina y la cultura marchan paralelas.

Así se puede entender que se sostenga que “antes del cruce de Colón…no existía una red de pestilencia” o que “…las enfermedades atacaban a ciertas personas y dejaban en paz a otras”, o bien que se trataba de una “ilusión”.

A ésta última la denominamos la “enfermedad constructo” (Watts), que implicaría respuestas de la sanidad estatal para limitar la transmisión de la enfermedad. Enfáticamente se sostiene que 1647 es la primera aparición documentada de la enfermedad en Barbados. Pero aquí conviene hacer dos observaciones:

1.- la mentada inmunidad racial, auspiciada desde la poder imperial, desdibujó los hallazgos de Finlay (con su versión contagionista de la enfermedad), los de Ferrán en España; los del médico francés Beauperthuy con sus aportes en Venezuela; o los de Herrera Vegas que finalmente se instalaría en nuestro país a partir de fatídico año de 1871.
2.- los documentos que indican la existencia de fiebre amarilla antes del año consignado. Con descripciones mexicanas en 1480 –antes de Colón- y las epidemias en Yucatán (1527-1532; y 1599-1618), incluso auspiciadas por el naturalista Humboldt sobre su impacto autóctono hacia el siglo XI.

En la Argentina en este período liberal, se había revalorizado la vieja teoría misasmática así como las ideas sobre las predisposiciones (Veronelli), todo esto en un claro enfrentamiento ante la novísima teoría microbiana.

La fiebre amarilla afectó en diversas etapas a la ciudad porteña de Buenos Aires (1858, 1860, 1870 y la impactante de 1871). Aparecieron mitos “los tanos son culpables”, aparecieron inútiles cordones sanitarios con “reclusión en conventillos”. La enfermedad no discriminaba por el color de piel, pero la autoridad cuarentenaria –el ejército- sí. Catorce mil muertes es la cifra escalofriante.

Veamos con especial atención nuestro estudio de caso CORRIENTES, utilizando la misma secuenciación de los párrafos anteriores:

- El mercado de mano de obra

Corrientes, en el primer censo de 1869, tenía una población de 129.023 habitantes, de los cuales sólo 11.218 residían en la ciudad capital; y esa población creció a 239.546 habitantes para el censo de 1895, duplicación basada en el modelo de crecimiento guiado.

Serrano diría en su ¨Guía Jeneral¨, que en Corrientes había emigraciones permanentes sin inmigración. La población rural era nómade y con una tendencia sostenida a la emigración, seguramente para obtener en el Sur, mejores salarios reales.

- El mercado de tierras

En Corrientes, también debemos distinguir claramente las dos dificultades o problemas antes consignados:

1.- en cuanto a los transportes, eran inadecuados y difíciles, debido a las especiales características topográficas, ante la falta de puentes carreteros que salvaren los Esteros. Por ello, los puertos fluviales eran los más habituales modos de comunicación, y en este sentido, el Puerto de Corrientes, era considerado puerto de escala en la ruta del Paraná. Recién en 1896 el ferrocarril, que ya tenía su nudo en Monte Caseros, se unió con la capital correntina, y a comienzos del nuevo siglo, gracias al ferry-boat, Corrientes era parte de la ¨república ferrocarrilera¨. Incluso más, recién en 1870 llegó a la capital correntina la línea telegráfica.

2.- la tenencia de la tierra, si bien seguía el modelo nacional, implementó recién a partir de 1883, la ley de colonización en territorio provincial. Debe hacerse notar que la mayoría de las tierras públicas dadas en colonización –antes de esa fecha- se concedieron en el Territorio de las Misiones, bajo jurisdicción de Corrientes.

La superficie total de la provincia de Corrientes era de 86.879.483 km2, destinándose a la agricultura un total de 3.157 cuadras cuadradas (6.522.362 hectáreas) donde no había mecanización ni a vapor ni eléctrica –hacia 1913-; siendo aun mejor receptora poblacional de animales, de variadas especies (téngase presente que hacia el citado año recién se había creado el ¨haras provincial¨ y existían dos saladeros).

Recién hacia principios de la década del ´80, en el siglo XIX, Corrientes estableció su primer Saladero (en Mocoretá) lo que le permitió establecer precios diferenciados (de Entre Ríos) para el ganado correntino.

- El mercado de capitales en Corrientes

En Corrientes no se afincaban bancos extranjeros, sino que éstos –por vía de empréstitos- subsidiaban a los bancos locales. Hasta 1879, sólo el Banco Nacional Argentino operaba en Corrientes.

El Gobierno administraba la Hacienda Provincial: o por la venta de tierras públicas, o bien por la emisión de bonos (que superaron las veinticinco series), habitualmente de bajas cotizaciones, que a la vez eran ideales para la compra de las tierras públicas únicamente.

Las concesiones de tierras públicas, eran en general destinadas a la producción de productos primarios, mientras que las industrias locales eran mayoritariamente para consumo local. Las exportaciones eran sólo de productos primarios agrícolas y ganaderos, y se hacía especialmente por los puertos, que no eran de jurisdicción provincial, sino competencia exclusiva y excluyente de la Nación.

Recordemos que Corrientes exportaba sus productos a países vecinos y especialmente a Paraguay; y sobre todo que fue la primera que reinició este intercambio, luego de la guerra de la Triple Alianza. En este contexto debe ponderarse al puerto de la ciudad Capital, con un importante movimiento de entrada y salida de buques anualmente, que en tiempos de cuarentenas, impactaban negativamente en el comercio.

Corrientes más que una atomización, tenía una dispersión de los organismos encargados de la cuestión Salud: Junta de Sanidad Portuaria (de la que formaba parte el Médico de Policía local), el Médico Municipal (que al propio tiempo era director del Hospital) y el Tribunal de Medicina.

El Tribunal de Medicina de Corrientes, fue el primer organismo sanitario de esta provincia, cuyas misiones y funciones, eran similares a las que habían regido al Protomedicato (castellano primero y patrio después).

Este último organismo, era propio de la época del Despotismo Ilustrado, modelo que trajo aparejado una creciente preocupación por “los súbditos” imperiales y al mismo tiempo aumentaba el centralismo, con la clara intención “de controlarlo todo”.

El Tribunal de Medicina significó en el ámbito provincial, la primera bisagra efectiva entre la medicina tradicional y científica, entendida ésta última no sólo como tal por los estudios superiores que implicaban (y cuya complejidad fue en aumento), sino también porque era científica “luego de la habilitación” que formalmente realizaba el Tribunal (lo que significó, entre otras cosas, exámenes serios de habilitación para el ejercicio del arte de curar).

Piénsese como lo sostenía el inigualable historiador Hernán Gómez que la aparición del Tribunal de Medicina o “corporación” médica, tenía por misión vigilar la salubridad pública que excedía al gobernador.

Pensemos en la epidemia de fiebre amarilla que azotó a Corrientes en 1871, y ratificando lo sostenido en párrafos anteriores, detengámonos en estas cuestiones:

POBREZA
Si bien el primer censo nacional de 1869 no recabó datos sobre la situación económico-industrial de Corrientes, si consignó que el 82% de la edificación correntina era de casas de madera y paja.

El médico municipal era el encargado de “visitar a los enfermos pobres”, ya que el propio hospital, no estaba “bien cimentado”.

Instalada la Comisión Central de Salud Pública, dispuso el pago por parte de las “personas pudientes” de ocho pesos fuertes para sufragar los gastos de los enterradores por una parte; mientras que al propio tiempo por la otra, se evitó el cierre de una botica porque la epidemia seguía con mucha fuerza azotando a la clase proletaria de la población. Se contrataban médicos o se solicitaba el auxilio médico para auxiliar “a los pobres”

CUARENTENAS
Debido al azote de varias pestes, las poblaciones del interior (v.g. Itatí o Santa Lucía de los Astos –en 1620 y 1652-) abandonaban sus asentamientos habituales. Esto motivó que el Cabildo de Corrientes prohibiera en 1700, el abandono de la ciudad, bajo amenaza de “severas penas”.

En tiempos de la Guerra de la Triple Alianza, ante las “invasiones del colera morbos” se puso en práctica los Lazaretos militares.

Recordemos que en este contexto cobran especial consideración las Comisiones de Higiene municipal, encargadas de: inspecciones para vislumbrar el estado sanitario.
Inclusive más, al conformarse el Tribunal de Medicina, con la finalidad –entre otras- de evitar la propagación de enfermedades epidémicas, desde 1867 se decretó que “…queda allanado el domicilio particular al sólo efecto de hacerse visitas domiciliarias…”.

Establecida la Sanidad Portuaria, su reglamento claramente distinguía los tipos de epidemia, el aislamiento cuarentenario (de observación, de rigor), los lugares del mismo: (en el buque (ya sea en la rada o fondeado en la costa chaqueña), o en el lazareto (islas). Ante la denuncia de epidemia de fiebre amarilla también se cerraron los puertos, se vigilaron las costas y en el sur provincial se encontraba la milicia correntina –dirigida por el Gobernador Baibiene- enfrentando el alzamiento del entrerriano Lopez Jordán.

Declarada la epidemia, y ante la insuficiencia numérica del Tribunal de Medicina, se constituyó con los integrantes de la “corporación municipal” que quedaban en Corrientes, una Comisión Central de Salud Pública que dio las indicaciones en los primeros y más álgidos meses de la plaga. Luego se autoconformó como Comisión Permanente. Pero este intento de recuperar la competencia sanitaria del municipio, chocó en reiteradas oportunidades con el poder central provincial (entiéndase Jefe de Policía).

MIGRACIONES
Siguiendo el modelo porteño, las familias acaudaladas se refugiaban en el interior provincial, mientras los muertos aumentaban en números variables de más de trescientos a más de mil (Coni y Ruiz Moreno).

La burguesía estableció grupos subordinados, basados en dos ejes. Por un lado, la supremacía política (los médicos eran parte de la clase gobernante en Corrientes), y por la otra una hegemonía cultural hacia los pobres.

Concluyendo Corrientes tuvo peculiaridades especiales durante la epidemia sujeta a estudio. Relegada políticamente por la Nación, sin vías alternativas de comunicaciones, el puerto era el único medio para el transporte de personas y carga. Puerto cerrado por epidemia era igual a no progreso.

Sin embargo la trágica experiencia vivida esa año, más allá de la siempre ponderable “heroicidad de una generación” (Gómez), la salud pública quedó instalada como nueva disciplina en nuestro medio.

Le debemos ese perpetuo reconocimiento a una figura excepcional, como lo fue el médico Coni. Fue este ilustre correntino, quien en virtud de su estudio: Plan de Saneamiento para Corrientes (1888) llamó la atención sobre la falta de condiciones higiénicas, la importancia de la bacteriología y de la estadística, y advirtió además sobre otras dos enfermedades: la tuberculosis y la lepra.

- Anexo documental

EXPEDIENTES ADMINISTRATIVOS

Legajo Nº 150
Enero-Diciembre Año 1871
Archivo General de la Provincia de Corrientes

Comisión Comisión de Socorros
Permanente Francisco Romero
De La Central de
Salud Pública

Un Comitino fuerte.
Dos agujas te Castor o cualquier otro punzante que equivalga a ésta.
Febrero 14/871
Tomas B. Apleyyud

__________________________________________________________________

Comisión
Permanente Comisión de Socorros
De la Central Petrona Sastre
De Salud Pública 

Una Sal de Inglaterra $0.12
Febrero 15/871
Tomas B. Apleyyud
__________________________________________________________________

R:
Sulfato de Quino
Acido Sulfúrico $ 1.75
Aceite de Castor

Por cuenta de la Comisión de Socorros
4 de Febrero de 1871
__________________________________________________________________

Comisión
Permanente Comisión de Socorros
De la Central Para Benigdito Gonzalez
De Salud Pública 

Un buninilo para hombre
2 litros de aceite de castor
Un frasco de Mostaza
Corrientes Febrero 12/871
Tomas B. Apleyyand
$ 0.50
__________________________________________________________________

Para la Familia Martínez 

Una Limonada Rogé $ 0.80
Por cuenta de la Comisión.
Corrientes febrero 12/871
__________________________________________________________________

Para la Comisión de Socorros

Mostaza en polvo. Una botella $0.50

Febrero 12/871
M. Mallo
__________________________________________________________________

Comisión
Permanente Comisión de Socorros
De la Central Para Petrona Martínez
De Salud Pública

- 2 litros de aceite alcanforado
- 4 litros de aceite de castor
- Un frasco de Mostaza
- 1 ½ Botellas de Limonada Sulfúrica

Corrientes 9 de Febrero de 1.871
Augusto Meyer
$2.30
Amigo Sastre recomienda a Ud. despachar esta receta.
__________________________________________________________________ 

Comisión de Socorros

R: Uso Interno

Sulfato de Quinina: doce gramos
Valerianato de Quinina: seis gramos
F.L.A. doce píldoras y mande.

R: Uso Externo
Sulfato de Quinina: una libra
Tintura de Camphrra
Lito Alcohólico de Quina: 4 onzas.

Corrientes 1871 Febrero 7
M. Mallo.
__________________________________________________________________

Amigo Sastre: necesito para una pobre dos onzas de aceite de castor que desearé el entregue a la portadora. Suyo
M. Mallo
Febrero 6/871 $ 0.20
__________________________________________________________________ 

Vale por una botella de limonada sulfúrica para uno de los fumigadores por cuenta de la Policía.
Federico Roybon $ 0.80
__________________________________________________________________

Señor Sastre:
Sírvase Ud. mandar dos botellitas de mostaza de la mejor para el Sr. Ygarzabal.
Corrientes Febrero 10/871
Mariano Varela $ 1.00
__________________________________________________________________

Don A. Ceballos
R: Uso Interno

Sulfato de Quinina: doce gramos
Valerianato de Quinina: seis gramos
Extracto gomozo de apio: 3 gramos
F. L. A. dos píldoras y mande.
Corrientes 1.871-12-2
$ 1.25
__________________________________________________________________

Para el Sr. Luis Baibiene
R: Uso Interno Nro. 1
Sulfato de Quinina: doce gramos
Valerianato de Quinina: doce gramos
Extracto gomoso de apio: un gramo
F.S.A. doce píldoras y mande.

R: Uso Externo Nro. 2
Bahamo Tranquillo: dos onzas
Laudano

R: Uso Interno Nro. 3
Limonada nítrica: una libra
Mande para tomar 6 copas.
Corrientes 1871 Febrero 4
Dr. Geraldo Gunha
__________________________________________________________________

Comisión
Permanente Comisión de Socorros
De la Central Para La Familia Martínez
De Salud Pública

Vomitivo de Pepajusus
Corrientes 11 de febrero de 1.871
Augusto S. Meyer
__________________________________________________________________

Comisión
Permanente Comisión de Socorros
De la Central Para Laleluz Virasoro
De Salud Pública 

Una Botella de Limonada Rogé $0.80

Corrientes Febrero 12/871
Tomas B. Appleyand
__________________________________________________________________

Amigo Sastre
Tenga a bien mandarme una libra de cebada inglesa para unos enfermos.
Suyo.
Febrero 8/871
M. Mallo $0.40
__________________________________________________________________ 

R:
Infusión de Saneo: seis onzas
Acetato de Amoniaco: una octava.
Tintura de Aconite: 12 gotas
Para tomar una copita cada media hora
Magnesia líquida: un frasco. 

Para Manuel Mallo.
Corrientes 8/871 $ 1.80
__________________________________________________________________

Plaza del Mercado Corrientes 11 de Febrero de 1871
La Botica “Medea” 

8 libras de azucar refinada.
10 cuartas de aguardiente
Una semilla de lino
12 frascos de Mostaza Inglesa

Conforme S. L. Sastre Recibimos
Augusto S. Mayer
__________________________________________________________________ 

R: Señor Don Augusto S. Meyer

Remito a Ud. las entradas del día tres de la Botica del Sr. Lamaralle a mi cargo y son: 

En efectivo 33.34
Recetas de la Comisión de Socorros 6.48
Recetas de la Policía 0.80
A cobrar de varios 5.90
Total 46.52

Corrientes Febrero 4/871
Conforme Augusto S. Meyer S. L. Sastre
__________________________________________________________________

Policía de la Capital de Corrientes 

Vale por una botella de agua de la Barraque para el departamento de Policía.

Corrientes 12/871
Federico Roybon
__________________________________________________________________

Hospital 

R:
Semilla de lino en polvo: dos libras
Enero 22/871
Médico Asistente Dr. Luis De Peret
__________________________________________________________________

Hospital 

Aceite de Castor: una libra
Mostaza: dos libras
Aguardiente alcanforada: doce botellas
Para Julio Faria

Limonada Sulfúrica: doce libras
Para Julio Ramón
Limonada Sulfúrica: 10 libras

Febrero 19/871 Medico Asistente Dr. Luis De Peret
$ 5.50
__________________________________________________________________

Hospital
R:
Para María Antonia Nro. 2
Limonada Sulfúrica: dos libras. 

Para Ramón López Nro. 3
Limonada Nítrica: dos libras

Para José Leiva Nro. 4
Limonada Sulfúrica: dos libras 

Para Josio Gala Nro. 5
Limonada Sulfúrica: dos libras 

Para Javier Zubillo Nro. 6
Tintura de Quina: cuatro onzas.
Semilla de Lino: una libra.

Febrero 22/871 Médico Asistente Dr. Luis de Peret
$ 4.00
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Día 11
Para Leonardo

R: Uso interno
Sulfato de Quinina: 18 gramos
Limonada Sulfúrica: una libra
Mande para tomar 5 copas.
Para Fernando Casteali

R: Uso interno
Vinln de Quina: tres onzas.
Vinln de Genciana: tres onzas.
Mande para tomar cinco copas.

R: Uso Externo
Linimento arrod: tres onzas.
Cloroformio: una octava
Para Manuel Mina 

R: Uso Interno Nro. 1
Loay de tercer grás: diez onzas.
Mande para tomar de una vez. 

R: Uso Interno Nro. 2
Limonada Sulfúrica: una libra.
Mande para tomar a pasto
Para Julián Galarza

R: Uso Interno
Limonada Nítrica: diez libras
Mande para tomar a pasto
Para Celestino Sonzo

R:Uso Interno
Coimento Antiphlogistico de Stall: a fórmula
Mande para tomar a pasto.
Corrientes 11 de Marzo de 1871
$ 4.71
Dr. Geraldo Gunha
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Día 15
Para Angela Sustuvo
R: Uso Interno
Sulfato de Potasio: media octava
Agua Común: una libra.
Mande para tomar 6 cucharadas

Para Domingo Pran
R: Uso Interno
Vinhl de Quina: cuatro onzas.
Vinhl de genciana: cuatro onzas.
Mande para tomar con caldos.
Para Juan Robles

R: Uso Interno
Sulfato de Quinina: doce gramos
Sulfato de Fierro: diez gramos
Extracto de genciana: cuatro octavos
F. S. A. una píldora
Corrientes Marzo 13/871
Dr. Geraldo Gunha

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Para el Hospital

Juan Andrés

R: Uso Interno Nro. 1
Infusión de Sahuguien
Tintura de Acomito: doce gotas
Acetato de Amonia: una y media octava
Mande para tomar por porción.

R: Uso Externo Nro. 2
Tintura de Canthariba
Limimento arrod Yan
Mande para internar

R: Uso Interno
Coimento Antiphlogistico de Stall
Leonardo

R: Uso Interno
Infusión de Prayé: seis onzas
Mande para tomar de tres veces
Corrientes Marzo 8/871
Dr. Geraldo Gunha
Encargado del Hospital

BIBLIOGRAFIA

* Víctor Tau Anzoátegui y Eduardo Partiré. Historia de las Instituciones Argentinas (1981). Ediciones Macchi, Buenos Aires.

// Material extraido de Alvaro Monzón Wyngaard, en: Poder y Epidemia de Fiebre Amarilla (Estudio de Caso: Corrientes) (2014), Corrientes.

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