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Sarmiento y los Taboada. Poderío de Santiago del Estero

Desde 1860, dos provincias -Buenos Aires y Entre Ríos- retenían íntegras sus prerrogativas constitucionales, sirviendo de contrapeso efectivo al Gobierno Federal. Hay que agregar que existía una tercera provincia -Santiago del Estero- que también pesaba poderosamente en la balanza política y cuyo poder expansivo se derramaba fuera del propio territorio.

Una circunstancia importante impide, sin embargo, que se ubique a tal provincia en el mismo plano de las otras dos; y es que mientras éstas conservaban su poderío prescindiendo de la simpatía o antipatía que les tuviese el Gobierno Federal, aquélla mantenía el suyo contando con el favor indiscutido de las autoridades nacionales y precisamente por razón de esa ayuda.

Después de Pavón, sólo sobre dos Gobiernos podía asentarse el nuevo orden: el de Buenos Aires y el de Santiago del Estero, o sea, el vencedor y el aliado. Todos los demás eran franca o disimuladamente hostiles. Las conveniencias públicas y la necesidad de consolidar la victoria obligaron a destruir los demás Gobiernos, a permitir su conversión al nuevo orden de cosas o a reducirlos a la pasividad; y, sobre todo, forzaron a afianzar el poderío de los dos alistados en favor del nuevo régimen, a quienes hubo de encargarse la vigilancia de los otros.

Buenos Aires llevó sus fuerzas triunfantes al Centro y al Oeste de la República, o sea, a Santa Fe, Córdoba, San Luis, Mendoza, La Rioja y Catamarca; y, Santiago del Estero, hubo de pasear más de una vez sus milicias por Tucumán, Salta, Catamarca y La Rioja, sin descuidar a la vecina Córdoba ni a la lejana Jujuy.

De esta suerte, en determinado momento, la geografía política de la República apareció cristalizada en tres grandes masas: el Sur y el Oeste, dominados por Buenos Aires; el Norte, bajo la supremacía de Santiago del Estero; y el Este, comprimido en el reducto de Entre Ríos. Para apreciar los hechos, conviene tener presente que en aquellos tiempos las provincias mediterráneas gravitaban en la política nacional con peso mucho mayor que el que tienen ahora.

Las trece provincias interiores, que enla década del treinta, por ejemplo, contribuían con el cincuenta y nueve por ciento del total de electores de presidente (220 votos sobre 376), tenían el ochenta y dos por ciento del total antes de 1869 (128 votos sobre 156) y el setenta y seis por ciento inmediatamente después de esa fecha (174 en un total de 228).

En 1869, la población de las trece provincias superaba la cifra de 1.200.000 habitantes y Buenos Aires no alcanzaba a 500.000; el censo de 1914 asignó 3.900.000 a aquéllas y 3.600.000 a Buenos Aires, incluida la Capital Federal...

Cuando Bartolomé Mitre asumió la Presidencia, se ocupó en la creación de una nueva fuerza que sobrepasara y dominara a todas pero, a pesar de sus meritorios trabajos y sus indiscutibles buenos éxitos, subsistió la apuntada distribución en tres grandes grupos, pudiéndosela advertir bajo la enmarañada red de intereses y tendencias que jugaron en cada conflicto.

Sobre la base de Buenos Aires y Santiago del Estero y con la neutralidad leal de Entre Ríos, la República pudo ser gobernada sin sobresaltos. Sarmiento comprendió cuál era la realidad social argentina y, producido su rompimiento con Mitre y su alejamiento de Alsina -los dos hombres que polarizaban las voluntades porteñas- procuró afirmar su autoridad con la adhesión de los otros centros de poderío efectivo: Entre Ríos y Santiago del Estero.

Cerca de Justo José de Urquiza envió al ministro Dalmacio Vélez Sársfield, yendo luego en persona a sellar el acuerdo, que lo obtuvo amplio y sincero. Con los Taboada fracasó en sus propósitos. Realizó el primer conato de concordancia el mismo día en que asumió el Gobierno, al nombrar ministro de Hacienda a José Benjamín Gorostiaga, nativo de Santiago del Estero y amigo de sus caudillos, que a esas condiciones reunía los antecedentes de miembro del Congreso Constituyente de 1853, redactor principal de la Constitución y ministro del general Urquiza en los primeros meses de su presidencia.

Sarmiento envió luego a Régulo Martínez, para que se entendiera con los Taboada. Sea porque hubo error en la designación del emisario -Martínez estimaba poco a dichos caudillos-, sea porque estos hubiesen tomado ya su determinación, lo cierto es que la empresa tuvo mal éxito. Don Antonino expresó su creencia de que se iba a operar un cambio en la Administración General del país y, aunque comprometió su lealtad para con el presidente, se negó a dar testimonio escrito de ello(1).

(1) Martínez. Carta al presidente Sarmiento, en: Cartas con las vistas y propósitos de don Manuel Taboada, p. 13. // citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Coincidente era la opinión de don Manuel, quien apreciaba a Sarmiento como literato y educador, pero le imputaba defectos que dificultarían la marcha regular de todo Gobierno de que formara parte, como le habían impedido el eficaz desempeño de los cargos que antes ocupó(2).

(2) M. Taboada. Carta al gobernador Urquiza (Febrero 9 de 1868), en: Gaspar Taboada, Los Taboada, t. I (Buenos Aires, Imprenta López, 1929), p. 355. // Citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Persuadióse Sarmiento de que debía prescindir de aquella fuerza y propúsose inutilizar su poder invasivo. Las provincias del Norte estaban atemorizadas por los amagos de una nueva incursión de Felipe Varela, que reunía gente en territorio boliviano. El gobernador de Santiago del Estero ofreció sus servicios al Ejecutivo, creyéndose todavía elemento indispensable.

El ofrecimiento fue rehusado. No era cuestión -decía Sarmiento- de que los gobernadores tomaran como industria la tarea de pacificar y de que cuando se concluyese con Varela se encontrara la República con que otro caudillo había conquistado varias provincias para sus propósitos personales: en adelante, los generales del Ejército irían a pacificar en su nombre(3).

(3) Sarmiento. Carta a José Posse (Enero 18 de 1869), en: Obras de D. F. Sarmiento, t. L, p. 124. // Citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El Gobierno Federal contaba ya, en efecto, con un elemento de carácter verdaderamente nacional: las tropas de línea, consideradas como porteñas después de Pavón, como que por cierto habían formado sus cuadros sobre la base de las fuerzas victoriosas, se convirtieron -a raíz de la guerra contra el Paraguay- en representativas de toda la República, honradas con el prestigio de la gloria y el sacrificio.

En vez de utilizar a Taboada, el presidente envió a Salta al teniente coronel Julio Argentino Roca con ochenta hombres de línea, movilizando -al mismo tiempo- las milicias de ese territorio. Cuando Varela hizo efectiva la invasión, las milicias lo rechazaron fácilmente en el combate de Pastos Grandes, que ocurrió el 12 de Enero de 1869.

Pero como Taboada se hubiese quejado de Roca, el presidente convino en que no debía confiar a un joven la suerte de las provincias, y encargó al general Ignacio Rivas que las preservase de invasiones, ubicándose en Tucumán, con jurisdicción sobre Salta y Jujuy y facultades para tomar milicias de Catamarca y Santiago del Estero(4). Destruida la montonera, quedaban, en el territorio de las provincias, los jefes pacificadores.

(4) Sarmiento. Carta al gobernador Taboada (Enero 16 de 1869), en: G. Taboada, Los Taboada, t. I, p. 332. // citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

- Política militar en el Norte

Tucumán ofreció el motivo para la ruptura entre Sarmiento y los Taboada. Octavio Luna gobernaba esa provincia desde 1867, en armonía con los Taboada, como lo probó en las elecciones de presidente, en que los electores tucumanos votaron por Elizalde.

A mediados de 1869 debía designarse nuevo gobernador, y surgió la candidatura del doctor Próspero García, en oposición a la tendencia oficial y con el auspicio del general Rivas. El gobernador se dirigió entonces al Ejecutivo, denunciando la injerencia del jefe en las cuestiones electorales.

Es probable -decía- que el presidente de la República no sepa ni haya previsto que las fuerzas nacionales, saliendo de los límites que la ley y la buena política les señalan, tratan de inmiscuirse en los asuntos locales de la provincia, quitando así de hecho la soberanía no delegada a la Nación”.

En consecuencia, pedía el retiro de las fuerzas, al menos hasta después de efectuados los comicios(5).

(5) Luna. Nota al ministro Gainza (Junio 8 de 1869), en: Cartas con las vistas y propósitos de don Manuel Taboada, t. 1. // Citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Manuel Taboada aprovechó el incidente para protestar ante Sarmiento contra la injerencia de Rivas en Tucumán donde, a su juicio, se empeñaba por la más antipática de las candidaturas; contra la intromisión de Roca en Salta, en cuyo Gobierno había impuesto al doctor Benjamín Zorrilla, violentando la voluntad pública; y aún contra la de Arredondo, en San Juan, donde había derrocado un gobernador con acuerdo del presidente.

Taboada creía que la atribución de ubicar tropas en territorio provincial debía supeditarse a motivos razonables, como ser la defensa de las fronteras y la extirpación de los montoneros; de lo contrario, habría que afirmar que esas fuerzas buscaban entrometerse en el régimen interno de las provincias.

Don Manuel juzgaba difícil la situación y aconsejaba al novel presidente, tan zarandeado en esa época por la prensa y el Congreso, que adoptase para su bien una solución salvadora: el retiro de sus agentes en las provincias, el abandono de las intervenciones de oficio. Y asumiendo su función tutorial sobre los pueblos vecinos, concluía con una amenaza: “Las provincias del Norte, unidas ya por sus intereses como por sus glorias y desastres en nuestras pasadas luchas, aunarán sus esfuerzos; y no les será difícil mantener la paz, el bienestar y los derechos que se intente arrebatarles(6).

(6) M. Taboada. Carta al presidente Sarmiento (Junio 14 de 1869), en: Cartas con las vistas y propósitos de don Manuel Taboada, p. 19. // Citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Llegó el 1 de Julio, vísperas de la reunión de la Asamblea Electoral tucumana, sin que el ministro de Guerra contestase el pedido oficial de Luna ni el presidente respondiese a la protesta confidencial de Taboada. En ese estado del conflicto, el gobernador dispuso la postergación de la Asamblea, por no hallarse la provincia “en condiciones electorales”.

Fue ésta quizá la primera ocasión en que aparece en un documento público la frase, destinada a perpetuarse en la historia política de la República, con la pobre gloria de los lugares comunes. El gobernador había aglomerado numerosas fuerzas de policía en la Capital para prevenir la hostilidad de las tropas nacionales, y algunos diputados temían reunirse, creyendo posible un choque entre ambos bandos: en este hecho fundaba su medida el gobernador(7).

(7) Decreto de Julio 1 de 1869, en: Cartas con las vistas y propósitos de don Manuel Taboada, p. 41. // Citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Rivas protestó enérgicamente, defendiendo las prerrogativas presidenciales. “Es al Gobierno de vuecencia -dijo a Luna- al que le estaba reservado aseverar -en documento público- que las fuerzas permanentes de la República, destinadas a garantir y defender el orden constitucional y la integridad de ella, son un peligro para el ejercicio de las instituciones locales en el punto que el supremo Gobierno Nacional les señale para su permanencia en uso de sus atribuciones.
"Dejando en pie tan monstruoso principio, sería preciso convenir en la supresión de todo orden regular, puesto que todo Gobierno de provincia tendría el derecho de declarar a las fuerzas de la Nación enemigas de su orden interno por el simple hecho de residir dentro de su territorio(8).

(8) Rivas. Nota al gobernador Luna (Julio 2 de 1869), en: Cartas con las vistas y propósitos de don Manuel Taboada, p. 43. // Citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El incidente terminó enseguida, porque gubernistas y opositores convinieron en sostener un único candidato, que fue electo el 3 de Julio. El nuevo gobernador renunció el cargo el 3 de Diciembre del mismo año, y lo sucedió -desde esa fecha- el doctor Uladislao Frías, amigo del presidente.

Arreglado el pleito de Tucumán, Sarmiento contestó las protestas de Taboada. La réplica fue violenta: “Dejaría de ser presidente -decía Sarmiento- y algo que estimo en más: ser yo mismo, si tolerase el lenguaje y las destempladas observaciones de usted”.

Negaba personalidad a don Manuel, en razón de que su hermano, don Antonino, había sido -durante seis años- interventor permanente en varias provincias, contando con su ayuda y alianza, y porque conocía su deseo de que le dejaran el Norte libre para poner gobernadores de su devoción, habilitándole a tratar con el presidente de igual a igual(9).

(9) Sarmiento. Carta al gobernador Taboada (Julio 15 de 1869), en: Obras de D. F. Sarmiento, t. L, p. 213. // Citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La carta abundó en otros muchos conceptos depresivos y mortificantes; más bastan las referencias citadas para comprender que, después de ella, los Taboada tenían que comprimirse en Santiago del Estero, abandonando las pretensiones de preponderar en las otras provincias.

En Septiembre de 1870, el santiagueño Gorostiaga renunció el Ministerio. Sarmiento pudo decir que había fulminado a los Taboada con un escrito(10).

(10) Sarmiento. Carta a Augusto Belín Sarmiento (Marzo de 1874), en: Obras de D. F. Sarmiento, t. LI, p. 383. // Citado por Luis H. Sommariva. Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias (1931), tomo I. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

De acuerdo con las prácticas de la época, fue dable suponer que la influencia triunfante en Tucumán, al derrotar el predominio de Santiago del Estero, iniciara la contraofensiva dentro de esta provincia. El 21 de Noviembre de 1869, El Norte, de Santiago del Estero, publicó varios documentos que sindicaban al gobernador de Tucumán, así como al comandante Roca y al cura Campo, de fomentar una conspiración contra los Taboada.

El gobernador acriminado dijo que se trataba de una invención absurda y calumniosa(11).

(11) Belisario López. Nota al ministro Vélez Sársfield (Noviembre 30 de 1869). Hoja impresa.

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