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La acusación por traición a la patria a Víctor Silvero

Ante la imposibilidad del entonces gobernador correntino, Manuel Ignacio Lagraña, de enfrentar el poderío paraguayo, éste se vio obligado a trasladarse al Interior de la provincia. Así, en Abril de 1865, la ciudad de Corrientes es ocupada por el general paraguayo Wenceslao Robles quien, a los efectos de elegir quiénes dirigirían la provincia, convoca a una reunión de vecinos, mediante el Concejo Municipal(1).

(1) Los ejes centrales de este capítulo se dieron a conocer originariamente en el Congreso Nacional y Regional de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina, La Plata, 2003.

La elección se llevó a cabo el 19 de Abril de 1865 en el Club “25 de Mayo”, luego del voto de cada vecino por tres candidatos, resultó electa una Junta Gubernativa conformada por tres ciudadanos correntinos: Teodoro Gauna, Víctor Silvero y Sinforoso Cáceres.

Una vez retirada las tropas paraguayas del territorio correntino, los triunviros fueron con ellas y, con el transcurrir del tiempo, tuvieron diversos destinos: Cáceres y Gauna fueron fusilados por Francisco Solano López, mientras que Silvero acompañó hasta último momento al presidente paraguayo y será hecho prisionero por las tropas brasileñas para ser luego trasladado a Brasil.

Víctor Silvero ha sido un hombre de una activa vida social en la provincia, ocupando distintos cargos públicos. En 1858, el periódico “La Opinión” de Corrientes, dice: “... es digno de todo elogio el patriótico celo de nuestro Juez de Paz, don Víctor Silvero, que haciendo servir a tan nobles objetos, la general simpatía de que goza de todo este vecindario...”.

Se puede destacar que Silvero gozaba de buena reputación, lo cual respaldaba sus actuaciones. Era propietario de un establecimiento ganadero situado en el Departamento Santo Tomé, ubicado al nordeste del territorio provincial y, si bien residió en el pueblo de Restauración (el actual Paso de los Libres), estaba íntimamente ligado -a través de sus operaciones comerciales- con Corrientes y Asunción.

En Restauración tuvo una activa participación en las actividades sociales y políticas, tales como su colaboración con Amado Bonpland, ejerciendo el cargo de Administrador de Aduanas de la provincia en 1855 y de Juez de Paz en los años 1858 y 1859.

Para el año 1863 residía en la capital de la provincia y, a partir del año siguiente, desempeñará actividades de colaborador de redacción en el periódico “El Independiente”, que era editado en esa ciudad. Es necesario destacar que, meses previos a la ocupación de Corrientes por parte de Paraguay, Silvero realizó algunos viajes a Asunción.

El 19 de Abril de 1865 fue elegido como triunviro en el Gobierno aliado al presidente paraguayo pero, cuando el ejército argentino recuperó territorios y el gobernador Lagraña regresó a la capital, los correntinos que conformaron la Junta Gubernativa -y todos aquéllos que dieron abierto apoyo a la Administración de López- no les quedó más opción más que retirarse con las tropas del vecino país, teniendo como destino final Asunción, guardando silencio y negando las acusaciones.

No obstante, la detención de los correntinos comprometidos con la Administración paraguaya y los posteriores procesos iniciados por traición a la patria contra ellos, será el destino marcado por la oposición política, siendo el proceso llevado a cabo contra Víctor Silvero el de más trascendencia.

Esto será así debido fundamentalmente al testimonio de Silvero como protagonista de los hechos, aportando datos los que, en su mayoría, pudieron ser constatados con otras fuentes documentales.

El expediente del proceso de Silvero fue citado y analizado por algunos historiadores como Arturo Rebaudi, reproduciendo algunos párrafos de una entrevista entre Solano López y Silvero en Asunción, previa a la ocupación a Corrientes. León Pomer lo referencia citando algunos conceptos y, otros solamente lo citan, como, por ejemplo, José María Rosa. Por su parte, Atilio García Mellid lo confronta con la obra de Rebaudi, aunque comete un error afirmando que el expediente se encuentra en el Archivo General de la provincia de Corrientes.

El proceso judicial contra Silvero será el de más valor, cabiendo destacar que también será el último de todos ya que, para el momento en que éste se inició, habían concluido -con autoridad de cosa juzgada- todos demás expedientes abiertos por traición a la patria. Entre algunos de los procesados anteriores, se puede citar a Juan Francisco Lovera, Fernando Cabral, Juan M. Godoy, Marín Ojeda, Estanislao Esquivel, Antonio Díaz de Vivar, Roberto Billinghurst, Ramón Contreras, Manuel A. Y. Sevilla, Alejandro Azula, Fulgencio Leyva, entre otros.

Los detalles de los hechos hemos reconstruido a través del propio testimonio de Silvero, que obra en el expediente judicial.

Ya dijimos que, que cuando se produce la retirada paraguaya, los miembros de la Junta Gubernativa se dirigirán a Asunción. Silvero será tomado prisionero por los brasileños durante el avance de estos en territorio paraguayo y, los dos miembros restantes (Gauna y Cáceres) morirán en Paraguay durante la contienda.

Por su parte, Silvero es considerado prisionero de guerra en 1870 en Villa de Concepción, para luego ser enviado a Rio de Janeiro, ciudad en el que permanecerá hasta su traslado a Buenos Aires, a inicios del año 1872.

Según su testimonio, al llegar al país intentó reunirse con Domingo F. Sarmiento (entonces presidente), propósito que no tuvo éxito, debido a una enfermedad contraída por el presidente; entonces, Silvero visitará a Nicolás Avellaneda, quien ocupaba el cargo de ministro de Justicia, con el fin de hablar de los mismos temas que pretendía conversar con Sarmiento, cual era, su situación política por los acontecimientos de la guerra y la posibilidad de una amnistía que lo incluyera. La respuesta que recibió de Avellaneda fue que presentaría un proyecto de ley al Congreso para su evaluación.

Silvero tenía intenciones de regresar a Corrientes, motivado en reencontrarse con su familia, así como retomar la dirección de sus asuntos comerciales. Sin embargo, esto no pudo ser posible, ya que el mismo Avellaneda le aconsejó que esperara, ya que la provincia se encontraba bajo un clima de insurrección.. Así fue que Silvero se trasladó a Salto (Uruguay) primero y, luego, a Montevideo, desde donde comunicó al presidente Sarmiento de todo lo referente a su estadía en Buenos Aires, así como detalles de la reunión mantenida con Avellaneda.

Silvero regresó al país motivado por una comunicación recibida por el Juez de Paz de Paso de los Libres, quien recibió una nota del Gobierno correntino, en la se señalaba que la Administración Provincial no tenía motivo ni inconveniente alguno para que aquél regresase a Corrientes. Gobernaba la provincia, Miguel Victorio Gelabert.

Esta fue la causa que motivó el regreso de Silvero quien, al conocer que la situación en la provincia se había normalizado, se asentó -en principio- en Uruguayana (Brasil) para recibir a su familia, para luego ingresar a Paso de los Libres. Permaneció en esta última ciudad hasta principios de 1873, cuando partió en buque hacia su estancia “San Mateo”, ubicada en el Departamento Santo Tomé. Una vez asentado, envió dos cartas al gobernador, notificando su regreso y haciéndole saber el interés suyo de poder reunirse con él.

Que Silvero se encontraba nuevamente en Corrientes trascendió con rapidez y distintos periódicos como “La Fusión” y “La Esperanza” publicaron acusaciones contra el ex miembro de la Junta Gubernativa. Tiempo después, estas publicaciones serán utilizadas políticamente y serán las que motoricen el inicio de un proceso judicial. Silvero no manifestó ninguna actividad política tras su regreso al país, pero será su sola presencia la que motivará reabrir la cuestión referida a su participación en tiempos de la invasión paraguaya. Su única exposición pública será en Paso de los Libres, a través de un discurso con motivos religiosos pero que no tuvo ningún tipo de implicancia política.

El periódico “La Fusión”, editado en la ciudad de Corrientes, acusó a Silvero por su alianza con los paraguayos, poniendo en duda su conducta como miembro de la Junta Gubernativa de 1865; por su parte “La Esperanza” publicó un artículo, con características similares.

La Corte Suprema de Justicia había resuelto que la competencia para entender en los procesos sobre traición a la patria, ocurridos durante la invasión paraguaya, correspondía al Juez Federal de Corrientes. El doctor Carlos Luna ocupaba ese lugar en el año 1874 y por lo tanto, será de su competencia iniciar la causa contra Silvero.

Luna envió un oficio al Juez de Paz de Paso de los Libres, ordenando la detención de Silvero, quien recordó a las autoridades que su estadía en la provincia fue comunicada al entonces gobernador Gelabert y otras demás personas conocidas de él, como al coronel Raimundo Reguera, Marcos Arcona, Valerio Insaurralde y Manuel Reyna, entre otros.

Lo primero que realizó Silvero fue denunciar el modo en que dio inicio el procedimiento, llevado adelante por el Juez Federal citado, determinando aquél que debía ser el Fiscal el funcionario indicado en iniciar la denuncia y no la publicación de un diario. Silvero describirá el momento de su arresto y la impronta política y parcial que lo caracterizó. La contundencia del relato hace necesaria la transcripción:

... el Juez Federal, Dr. Luna deja su alta y fría esfera de juez, asiento nato del protectorado de la inocencia, y desciende al rol demasiado fiero del acusador para encontrar un monstruoso delito donde no había ni podía existir; luego, incorporándose a su potestad de juez, pasa por sobre la ley para infligirme una verdadera pena, un tremendo castigo, cual es mi prisión: es decir, que se me arranque de mi hogar, del seno de mi familia, de en medio la sociedad en que me encontraba, se me remachen, quizás, grillos y cadenas, se me ponga un chaleco de cuero, se me suba el más flaco reyuno de la posta y, entre seis u ocho lanceros a cargo de un Sargento, se me haga marchar hasta la cárcel pública de la capital, haciendo ese trayecto de noventa leguas, bajo el sol tropical de aquel país, y sufriendo los mosquitos, los tábanos y otras cien plagas que inundan sus bosques y bañados; privado de mi libertad, vulnerado mi honor, despojado de mi hogar y de mi familia, agredido en mis intereses todos, y encorvado y humillado bajo la mirada de todo un pueblo como el más grande y vil criminal (...).
Mi honor, mis intereses, todos me marcaban claramente el camino a seguir: era el encuentro de agresor que, tan rudo golpe, descargaba sobre mí; pero, ¿qué podía esperar yo de un juez que había conculcado las leyes expresas que rigen la Justicia nacional y agredido y conculcado todos mis derechos y garantías constitucionales?
Un oscuro e inmundo calabozo, cadenas, martirios y,, tal vez, en la misma cárcel, una ignominiosa tumba; porque, esta causa, sin razón de ser ante el derecho, sin razón de ser ante los hechos, y que la misma razón vulgar la rechaza indignada, tiene su origen en una evolución de partido; y el partidismo político, en nuestro país, nuestra sangrienta y dolorosa historia nos la enseña como el peor y el más funesto de los consejeros para buscar la moral y discernir la Justicia.
Esta es la razón, Exmo. Señor, porque me resigne al ostracismo con todas sus privaciones y todos sus perjuicios, con sacrificio de hogar de familia, de intereses, de tiempo, de vida’’.

Al inicio del proceso, el Fiscal ad hoc, José Miguel Guastavino, solicitará la medida de embargo contra todos los miembros de la Junta Gubernativa de 1865, con fundamento en la extracción de 12.377 pesos con 704 milésimos fuertes, del caudal nacional que se encontraba en las Cajas de la Administración de Aduanas de Corrientes y, en virtud de esto, Carlos Luna ordena el embargo solicitado por Guastavino.

Con respecto a Gauna y Cáceres se fijó condenar a la testamentaria, pero a Víctor Silvero se le embargó su casa en Paso de los Libres y el establecimiento rural en Santo Tomé, ambos inmuebles saqueados por tropas paraguayas y luego por las aliadas.

Los testimonios ofrecidos en el proceso fueron numerosos y, entre los más importantes, están los de José María Balbastro, Esteban Pacheco, Manuel A. Ferré, Leonardo Aceval, Wenceslao Díaz Colodrero, Juan Antonio de los Santos, Tomás Bedoya, Gervasio Gómez, José N. Alsina, Luis Resoagli, Manuel Cabral, Francisco de P. Sotelo, Manuel Fernández. Gregorio Sánchez Negrete, Bernabé Atienza, Ginés Lugavi, José Santos, Domingo Igarzábal, Carlos Lix, Roberto Billinghurst, Francisco Solari, Domingo Parodi, Francisco Araujo, entre otros.

Otro elemento en la estrategia de la defensa -utilizada por Silvero- fue traer a conocimiento de los magistrados el contenido de una carta -escrita momentos previos al desembarco de los paraguayos en Corrientes- enviada por el gobernador Lagraña y que tiene como destinatario al Presidente del Concejo Municipal de la capital, Juan A. De los Santos. En la carta, el gobernador ordenaba acordar con los jefes paraguayos con el único fin de salvaguardar el orden público.

Sin embargo, Silvero no presenta la prueba documental y, para subsanar sus afirmaciones y respaldarlas, ofrece el testimonio de De los Santos. Este dejó constancia en el expediente el 25 de Marzo de 1873, que, “siendo su contenido, que la Municipalidad se encargase de vigilar en lo posible el orden público, participar al Gobierno lo que hubiese dispuesto’’.

Cuando León Pomer comenta esta carta, señala: “No dice De los Santos que Lagraña le haya ordenado entenderse con el ocupante extranjero; ¿pero de qué manera, si no haciéndolo, era posible asegurar el orden público? Tal vez Silvero no fuera tan mentiroso’’.

Para Silvero, la causa estuvo teñida -desde el inicio- de intereses políticos y lo que se buscaba era su condena para manchar a los sectores que no simpatizaban con el partido liberal. Por ello es que dejó expresado en los folios del expediente que:

‘‘El señor Procurador, fiscal Dn. Damaseno Fernández, y los señores Procuradores fiscales, doctores Dn. José Luis Cabral, Dn. José Miguel Guastavino, Dn. Manuel F. Mantilla y el actual Especial, Dn. Pedro T. Sánchez, pertenecen al partido político de que ha sido entonces y es jefe hoy, el general, don Bartolomé Mitre.
De esta publicación surge una idea importante, referida a la intención de Silvero de hacer saber que este proceso era impulsado por el sector político liderado por Mitre, es decir, el partido liberal impulsaba -desde la prensa simpatizante- su voluntad de que todos los procesos por el delito de traición a la patria condenen a los acusados.
Utilizando la defensa de su sector político, la prensa liberal afirmaba: ‘En la lista de los acusados de traición a la patria, no figura un solo liberal, lo que nos enorgullecemos como miembro de ese gran partido; todos ellos son del retrógrado bando federal’’’.

El historiador Manuel Mantilla, en su análisis sobre la ocupación paraguaya afirmó: “¡Sólo los federales, aliados de invasores, batían palmas!’’

Independientemente de las presiones políticas, Silvero manifestó al juez la circunstancia de que nunca participó del sector que propugnaba los postulados liberales, sino que se mantuvo del lado de Justo José de Urquiza.

El expediente judicial, que estamos referenciando, no sólo adquiere importancia en la faz jurídica, sino que toma mayores dimensiones por las afirmaciones de carácter político de Silvero, que ayuda a comprender su posición, explicando puntualmente algunos sucesos que tuvieron una interpretación particular, desde su punto de vista.

A continuación, referenciaremos algunos párrafos sobre distintas cuestiones, que adquieren dimensión sobresaliente y que son esclarecedores para conocer la perspectiva de Silvero y del sector de los denominados paraguayistas durante la ocupación paraguaya. Por ello, a continuación se analizarán distintas partes de la defensa de Silvero que, por la importancia de los acontecimientos políticos relatados, nos permiten una mayor comprensión de lo ocurrido en aquellos años.

No obstante el análisis jurídico de los expedientes, su trascendencia radica en las expresiones políticas de Silvero acerca de la ocupación paraguaya, en su consideración particular de ex miembro de la Junta Gubernativa. Los fragmentos que consideramos relevantes son los siguientes:

1.- ‘‘Esa columna fue montada de un número como de tres a cuatrocientos hombres, formada la mayor parte por vecinos de San Luis, algunos pocos de San Cosme y Lomas. Su armamento era irregular, escaso, malo; era negativo en cuanto a ofender, era de simple aparato.
Como miembro de la Junta Gubernativa me encargué yo de organizarla, armarla, equipararla y, despachándola, dándole su consigna. Fue a fines del mes de Julio su organización y expedición, para lo que encontré conveniente trasladarme personalmente a San Luis.
Veinticuatro horas después de mi estada allí, la pequeña Escuadra estaba pronta para marchar. Antes de emprender ésta, la hice formar en línea en la plaza y, en voz alta y en lenguaje inteligible para todos, les hice saber cuál había sido el objeto del Gobierno al hacer el sacrificio de formarla, y cuál era la misión que le imponía al despacharla.
No les hablé ni una palabra del Gobierno y de la causa del Paraguay. Les hablé de la situación afligente en que se encontraba la provincia. Les hablé de la desolación en que se encontraban los Departamentos del Este, como Yaguareté Corá, San Miguel, San Antonio de Mburucuyá y Caá Catí, por el abandono que habían hecho de sus hogares un gran número de vecinos (...).
Entréguesele a esa columna la ‘Bandera Correntina', sí, la Bandera Argentina, y le dije que ella simbolizaba la Patria, y su misión. Que esa bandera, tan conocida, y más conocida que ninguna en las lides de la libertad contra la tiranía, no llevaba entre sus pliegues ningún sentimiento bastardo, como el odio, la persecución, la guerra civil; que en esa bandera, que estaba la patria, estaba también la fraternidad de los argentinos’’.

La importancia de la cita no radica en el reconocimiento -por parte de Silvero- de la conformación de un batallón que enfrentó al ejército argentino en Naranjitos, el 21 de Septiembre de 1865, sino en los párrafos que detallan la entrega de la bandera correntina a ese batallón, descartando así el uso de la insignia paraguaya.

En muchos documentos consta la cuestión de colocar la bandera correntina y no la paraguaya en instituciones públicas y gubernamentales. Por ejemplo, Pedro Igarzábal dá el testimonio de que en la casilla del Resguardo se izaba la bandera correntina y no la nacional; también la misma Junta, a través de una comunicación, dispuso el izamiento únicamente de la bandera correntina en edificios públicos y en el Puerto.

Surge en su defensa -de las palabras de Silvero-, que los fines del batallón organizado era el de mantener el orden público, como así también asegurar los derechos y propiedades de los ciudadanos de la provincia, sin importar su elección partidaria; éste fue organizado como un batallón militar, tal cual surge del decreto de la Junta Gubernativa, designando a Lovera como su jefe.

Lo que buscaba Silvero, con su defensa, era desligarse de toda actuación sospechosa de que hubiese actuado contra las autoridades argentinas.

2.- ‘‘Sin embargo, yo llegué a comprender mejor, más claramente, con la determinante declaración del Señor Ministro Bergés, que era preciso sostener, a todo trance, la existencia de la Junta Gubernativa, como el punto de apoyo de la salvación del país.
Sin la Junta Gubernativa, el Gobierno es puramente militar; las armas, la ley marcial. ¡Pobre Corrientes! ¡Pobre Patria!
Después de esa declaración del Señor Ministro Bergés, la Junta Gubernativa se hacía envidiable para todo buen argentino que quisiera sacrificarse en bien de su Patria. Allí se estaba en presencia del martirio; pero también se estaba en presencia de la gloria.
Ningún puesto es más peligroso, más difícil y que requiriese más abnegación y más firmeza y perseverancia, en todo el escenario de ese grande drama, que el que ocupaba la Junta Gubernativa; pero ninguno tampoco en que pudiera rendirse más importantes servicios a la patria.
Si a mí se me hubiese ofrecido un puente de plata para abandonar la Junta Gubernativa y ponerme fuera de Corrientes, no lo hubiera aceptado jamás; hubiera rechazado como una proposición infame. Y es preciso saber que allí no había comodidad alguna, que allí nada había que halague, que allí no había ni siquiera sueldo, porque yo me opuse a que se le asignara a la Junta Gubernativa sueldo alguno, como también a todos sus empleados’’.

Según estas palabras, Silvero tenía en cuenta su función como un servicio en favor de los intereses argentinos. Podemos observar que estos argumentos están fuertemente relacionados con la perspectiva que, en caso de ocupación por un ejército invasor, las autoridades locales deben bregar por proteger vidas y propiedades de los vecinos y así aminorar los males de la invasión.

Deja entrever que su proceder fue el mal menor. Aún más, lo expresa como una acción de patriotismo.

3.-La alianza de Oribe con Rosas contra la situación política del Estado Oriental el año 42 hasta 51; la alianza del general Urquiza con el Gobierno Imperial del Brasil; el mismo Gobierno Oriental contra Oribe y Rosas, el año 51; la alianza de Flores con el Gobierno Imperial del Brasil, y la cooperación del Gobierno del general Mitre a favor de esa alianza, contra la situación política y el estado floreciente de la República Oriental, del año 64.
Estos datos y la existencia en la República Argentina de un Gobierno General, pero un gobierno de partido, un Gobierno que era la encarnación del triunfo de un partido contra otro que representaba la mayoría del país; un Gobierno que había hecho ley administrativa su solemne declaración de que: ‘Soberanía con su partido y para su partido’, no es de dudarse constituirían, en la mente del Gobierno paraguayo, uno, tal vez el más poderoso elemento con que contaba para el éxito de la lucha o cruzada que emprendía.
También no podía ocultársele al Gobierno paraguayo que, si el general Flores y el general Mitre se hacían aliados, o alistado al servicio del Gobierno Imperial de Brasil, el pueblo oriental y el pueblo argentino no lo harían jamás; y que, por el contrario, en la tradición se encontraban motivos de eterna desarmonía y antipatía.
Hechos recientes en aquella época avivaban esa opinión. La opinión en ambas orillas del Plata se manifestaba en la prensa independiente, contraria a la causa del Gobierno Imperial. El general Urquiza ofrecía su apoyo al Gobierno oriental, y enviaba a su hijo, el coronel Waldino Urquiza -con su división-, a pelear a favor de aquel Gobierno.
Notables jefes y oficiales argentinos formaban en las filas del Ejercito Oriental contra la causa de la Corona Imperial, y aún el valiente del general Saá estaba al frente de ese ejército’’.

En estas líneas, Silvero destaca algunas alianzas que argentinos han realizado históricamente con otros Estados y la representación del Gobierno del presidente Mitre no era más que una representación de partido, y no de un interés general.

Se visualiza en Silvero la idea de un país no consolidado integralmente, inmerso en una disputa de formación, que verdaderamente los correntinos que actuaron como Silvero, no consideraban a Mitre como parte del mismo Cuerpo político e institucional.

Recordemos que, para 1864-1865, todavía estaban presentes los enfrentamientos entre provincias y Buenos Aires, con disputas resueltas en campos de batallas, como en Pavón (17 de Septiembre de 1861), a menos de cuatro años de la invasión paraguaya a Corrientes, donde los resentimientos y los heridas estaban lejos de cicatrizar.

Otro punto político que destaca Silvero, y este era una idea que estaba instalada en un vasto sector político, lo fue la falta de amistad entre Argentina y Uruguay, con el Brasil. La negación por aliarse junto al Brasil, fue cuestionada por los opositores al mitrismo. Con el trascurrir del tiempo, en Corrientes emergieron muestras de la desconfianza hacia los brasileños. No fue vista con buenos ojos la guerra para aquellos correntinos que no veían a Brasil como un aliado natural(2).

(2) Dardo Ramírez Braschi - José Luis Caño Ortigosa. “La influencia de la presencia militar brasileña en Corrientes durante la guerra de la Triple Alianza”, en: Anuario de Estudios Americanos, Vol. 70, Nro. 1 (2013). http://estudiosamericanos.revistas.csic.es/index.php/estudiosamericanos/article/view/595.

Si bien las afirmaciones de Silvero son considerablemente subjetivas, sirven para aproximarnos al conocimiento de su pensamiento sobre la política regional antes de la guerra y durante la ocupación de la provincia.

4.- ‘‘En este combate formidable, sublime, yo no vi más que dos banderas: la brasileña y la paraguaya. Esta era la invasora, y se había iniciado en los mástiles de la flotilla paraguaya que, por vandálico asalto, se apoderó de los dos buques de la Nación surtos en ese puerto, el 13 de Abril, y arrojó algunas balas de cañón sobre la población.
Esto es, según mi opinión; más, según la de ‘El Semanario’ del señor Procurador especial acusador, Dr. Sánchez, ese acto del invasor paraguayo fue un hecho posterior a la declaración de guerra del Congreso paraguayo al Gobierno argentino; y esos tiros de cañón fueron únicamente con el objeto de contener algunos (para mí denodados) argentinos que, con sus fusiles, hacían fuego contra los buques (para mí asaltantes).
La otra, brasileña, la conocemos muy bien todos los buenos argentinos, porque nuestros padres nos la han enseñado, y yo la vi al tope de los mástiles de los buques que arrojaron y cruzaron el rostro de esta infeliz ciudad con las balas en la tarde del 25 de Mayo y, también, como muchos lo dijeron, ametrallaron las legiones argentinas que bizarramente pelearon en La Batería.
Bajo estos auspicios, presencié el combate del ‘Riachuelo’. Mi corazón argentino se henchía y dilataba de una satisfacción patriótica al ver que dos enemigos, dos invasores de mi patria, se despedazaban. El resultado fue espléndido: la flota paraguaya fue exterminada y desmanteladas sus baterías; y la Escuadra brasileña, mediante el arrojo y la pericia de un argentino, pudo salvar, como embalsados de camalotes a favor de la corriente.
¿Presenciar este hecho y presenciarlo desde una ciudad abandonada al invasor, es cometer el delito de traición contra la Nación?’’

Es evidente que Silvero considera a Brasil como enemigo, incluyéndolo también al Paraguay y refiriéndose además a ambos Estados como invasores. Esta enemistad con Brasil era una posición firme entre el grupo político con el cual que simpatizaba Silvero. La posición que deja entrever el acusado, fue el de que Argentina era un país ocupado por tropas de dos países extranjeros; forzaba su testimonio para que los magistrados del proceso no observasen voluntad alguna de tener simpatía o alianza con el Gobierno paraguayo.

La trascendencia de este proceso radica en los testimonios, datos y referencias que surgen de la defensa, siendo ésta una riquísima fuente de información. La duración del proceso fue mayor a diez años e, independientemente de las distintas etapas del mismo, y en todo el proceso, el relato de Silvero -a veces estratégicamente elaborado por él- se esfuerza por demostrar la inexistencia de un atisbo de apoyo a los paraguayos.

Al igual que en todos los otros procesos iniciados por el delito de traición a la patria, a causa de la guerra contra el Paraguay, la sentencia del proceso de Silvero dictaminó la absolución, no pudiéndose comprobar la efectiva y voluntaria colaboración con el ejército paraguayo.

En este caso, se destaca notablemente la capacidad de Silvero en su extensa defensa, primero para impugnar la forma en que dio inicio al proceso por parte del Juez Federal Carlos Luna, sin ningún pedido por parte de los fiscales, como lo estipulaba la normativa vigente, y basándose en una publicación del periódico “La Fusión”; seguidamente intentó justificar su accionar en las presiones de los paraguayos, y especificando que su corto rango de acción estuvo siempre guiado bajo la protección de los intereses provinciales.

Es importante aclarar que, para la fecha en que se dictó sentencia en el caso Silvero, ya se habían absuelto a los demás acusados, sirviendo esto como antecedente a la causa.

Con el transcurso de los años, en el devenir de las disputas políticas, esta acusación será utilizada por la prensa correntina para imputar a sus opositores por traición a la patria. Y no es de extrañar que Silvero fuera el modelo de “traidor a la patria”, buscado y utilizado por la prensa liberal.

Por ejemplo, en 1878, el periódico “La Libertad” acusará a sus opositores de “traidores” aliados del Paraguay en 1865: “Entre los que se encuentra en primer lugar, el del célebre triunviro Víctor Silvero...”.

El mismo año, en una nota titulada: “Se fue, pero quedan aún Derqui y los traidores”, el mismo periódico expresará:

Ellos, de entre los cuales muchos quemaron el incienso de la vil y desagradable adulación, ya en discursos serviles, ya en actos ruines al tirano del Paraguay, y al enemigo de la Patria, precisamente en la época nefanda de su dominación en esta provincia...’’.

Las incidencias políticas subsistieron por varios años y los rencores internos por la guerra, también.

No obstante la absolución de la Corte Suprema en 1878, la condena social contra Silvero continuó tras el proceso, inclusive muchos años después de la muerte de aquél, con la conclusión del juicio sobre el dominio del campo “San Mateo”.

Allí, a pesar de que la causa civil no tenía relación con el de traición a la patria y, además, después de transcurrir casi cincuenta años, se recordó la colaboración de Silvero con los paraguayos cuando, el Gobierno de Corrientes, publica -en 1929- los escritos del Fisco Provincial presentados a la Cámara Federal de Paraná y, en su explicación, Antonio Ruiz refiere a Silvero como parte de ese litigio diciendo que:

La hábil inmoralidad del demandado que hasta se titula víctima de la invasión paraguaya a Corrientes, cuando sólo desempeñó el misérrimo papel de traidor, asociándose con el invasor...’’.

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