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La ocupación de Corrientes

Al producirse la ocupación del ejército paraguayo en el puerto de Corrientes, en Abril de 1865, la invasión contó con la colaboración de un sector político local que formó un Gobierno con autoridades vernáculas, pero con directa interrelación con la Administración lopista.

La invasión puso fin a la noción de que una facción política en Corrientes podría constituir simultáneamente una oposición leal a Lagraña y un partido dedicado a una relación más estrecha con el Paraguay. El cordón umbilical había sido cortado y ahora quedaba por ver a dónde llevarían los acontecimientos a la provincia.

Hay tres figuras sobresalientes en el escenario político que serán: Víctor Silvero, Teodoro Gauna y Sinforoso Cáceres, todos miembros de la facción proparaguaya. Estos tres integrarán, tras la penetración paraguaya en la ciudad de Corrientes, un Triunvirato, que actuará en sintonía con las fuerzas de López. Pero, ¿sintonía quiso decir dependencia y alineación total con el Paraguay o hubo un carácter más complejo (o autónomo) de esta denominada Junta Gubernativa?

Como hemos visto, las circunstancias que conducirán al sangriento enfrentamiento de 1865-70 entre los signatarios del Tratado de la Triple Alianza y el Paraguay, muestran un complejo dispositivo de antagonismos y conflictos socio-políticos que aún no habían sido resueltos tras los años posteriores de la declaración de independencia.

Los cuatro países beligerantes, supuestamente compaginarán por completo, en este período, un proceso de formación estadual e institucional, dando origen definitivo a cuatro soberanías distintas. Pero debemos preguntar si la Junta Gubernativa reflejaba una vieja inclinación hacia otro modelo de soberanía, uno menos visible en la historiografía platense.

En el juzgamiento de las actuaciones de Silvero, Gauna y Cáceres, debemos indagar si estos hombres estaban actuando contra la corriente de su propio tiempo o, si perseguían un camino político que era históricamente racional, aun en ese año de 1865.

Es necesario elucubrar estas cuestiones, ya que lo que se busca es una explicación racional de las causas argumentales que propiciaron la actividad de estos dirigentes correntinos que prefirieron simpatizar con la causa paraguaya antes que con la de Buenos Aires; sin duda se trata de individuos que adoptaron una posición adversa a la nacionalidad argentina o, por lo menos, de la nacionalidad así como la entendía Mitre.

La colaboración de este grupo se manifestará sobre todo en aspectos políticos, como lo demostrará el Gobierno de correntinos paraguayistas, el que emitirá normas para su cumplimiento en todo el territorio correntino, siempre bajo influencia paraguaya(1), grupo político que también ayudará económicamente a las tropas invasoras -facilitando provisiones- y militarmente, con la formación de batallones que, si bien lucharon para el bando paraguayo, levantarán sólo la bandera correntina.

(1) “Ocupación de Corrientes por fuerzas paraguayas. 1865”. Imprenta del Estado, Corrientes, 1929. Recopilación elaborada por el doctor Hernán Félix Gómez. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Esta fue una historia relativamente compleja. Por un lado, podemos hablar de una inclinación política a favor del Paraguay, que se basaba en una preferencia que llevaba décadas, que se remonta -sin duda- a los primeros tiempos de Carlos Antonio López. Pero también podemos hablar de una facción originada en ese preciso momento histórico.

Las personas que no habían tenido ni una mínima posibilidad de acceder al poder, ahora se encontraban en una posición inesperada, tal vez para hacer el bien a Corrientes, tal vez para hacer el bien a sí mismos. No eran, después de todo, las únicas personas en la provincia que no podían soportar una alianza con los brasileños. Tampoco eran las únicas dispuestas a inclinarse a favor del mariscal López, si tenían en mente que los dirigentes de Buenos Aires estaban dispuestos a vender intereses provinciales al emperador.

La pregunta intenta saber, cuántos correntinos pensaron de esa manera, los que podrían ser calificados de “traidores”, de una Argentina que estaba dispuesta a traicionarlos ante el enemigo tradicional.

Ciertamente, los paraguayos se preguntaron lo mismo. Uno de ellos fue José Bergés, el ex canciller, quien entendió que la habilidad militar y la buena suerte no eran suficientes para que sus compatriotas avanzaran hacia el sur. También necesitarían amigos.

No es nuestro objeto estudiar esta enmarañada situación, ya que la hemos analizado pormenorizadamente en otras ocasiones(2), sino que se busca aquí referenciar y estudiar algunos casos puntuales, centrándonos en sentencias dictadas por el Juzgado Federal con asiento en Corrientes, relativas al delito de traición a la patria, como consecuencia del actuar de estos hombres durante la ocupación paraguaya, cuya bandera, al ser derrotada, quedó a merced del bando ganador.

(2) Dardo Rodolfo Ramírez Braschi, “La guerra de la Triple Alianza a través de los periódicos correntinos. 1865-1870”, Moglia Ediciones, Corrientes, 2004; “Análisis del expediente judicial por el delito de traición a la patria contra Víctor Silvero, miembro de la Junta Gubernativa correntina”, en: XII Congreso Nacional y Regional de Historia Argentina, La Plata, 21 al 23 de Agosto de 2004. Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 2003; “La Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina y las causas vinculadas con la guerra del Paraguay”, en: Revista de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas, UNNE, Nueva Serie, Año 8, Nro. 14, Corrientes, 2014; “La guerra del Paraguay en la provincia de Corrientes (Impactos políticos, daños y consecuencia a la población civil)”, Moglia Ediciones, Corrientes, 2014. // Todo citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Seleccionamos como referencia dos fallos puntuales: el caso de Estanislao Esquivel -en 1867- y el de Alejandro Azula y Fulgencio Leiva, en 1870, ambos con similitudes y diferencias que darán una firme referencia a la problemática de estudio abarcada en esta ocasión.

Podemos notar en esto que, una posición proparaguaya en tiempos de paz no había sido llamativa, para nada, en Corrientes; fue la guerra la que convirtió a esa actitud en un crimen.

Y cuando tal sentimiento encuentra su cauce, existe la posibilidad de propinar castigos severos, los que no podrían ser aplicados con el paso del tiempo, cuando las aguas se calman. Recordemos el caso de Robert Brassilach, quien fue ahorcado en París, en 1945, poco antes de que finalice la segunda guerra mundial.

Su “crimen”: haber escrito artículos periodísticos a favor de Vichy, mientras que hubo criminales de guerra mucho más perturbadores y audaces contra Francia, incluyendo asesinos pagados por la Milice Française, que escaparon de la pena capital, sólo porque fueron procesados en 1946 o en años posteriores.

La búsqueda de casos de traición, requiere de la Justicia procesos amplios y equilibrados. Según este estándar, ¿recibieron estos hombres, acusados por la Justicia, un adecuado y correcto proceso? ¿O fueron víctimas de un proceso apresurado?

- Posturas de los sectores políticos

Los Estados beligerantes estaban pasando años de formación y consolidación de sus respectivas instituciones. En Argentina, la disputa política entre diferentes posiciones sobre cómo organizar el Estado, era una cuestión que llevaba más de medio siglo, con los lógicos enfrentamientos. Estudiar la historia del país de ese período, es observar la creación de instituciones y la constitución del Estado Argentino.

Las presidencias de Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca serán las que fundamentarán el Estado. Una de las cuestiones a resolver será la relación entre Provincias y el Poder Central, con asiento en Buenos Aires. Corrientes será una de las primeras y una de las últimas protagonistas de esa disputa. Restos de aquel choque frontal con Buenos Aires, se manifestarán en Corrientes momentos antes de la guerra contra el Paraguay y constituirán en parte la explicación de posturas de adhesión a la causa paraguaya.

Gran parte de los correntinos estaba poco apegado a la idea de Estado-Nación construido desde Buenos Aires y dirigido por la élite política porteña, concepto que pesó en la decisión de parte de ese sector correntino opositor, el que creyó encontrar -en la figura del presidente paraguayo-, como la última alternativa efectiva de enfrentar a Buenos Aires.

Hay que subrayar que la posición mitrista en Corrientes era, probablemente, una posición minoritaria, a principios de 1865. Lo más creíble es que la mayoría de los correntinos apoyaban alguna variación de la opción urquicista y que fue la decisión del gobernador entrerriano de apoyar al Gobierno Nacional, lo que los decidió a volcarse a establecer una alianza con el Brasil, algo que en otras circunstancias hubiese sido impensable.

Sin embargo, al invadir Corrientes, el mariscal López dejo a la gente del Litoral sin opción. Lo más que se podía esperar era que los entrerrianos decidieran mantenerse al margen del conflicto, lo que en cierta medida sucedió, con los desbandes de Basualdo y Toledo. Pensar que estas fuerzas estarían del lado paraguayo fue, quizás, el error más torpe del mariscal.

Pero, ¿podemos decir que aquellos correntinos que decidieron ponerse del lado de López, fueron igualmente torpes? En otras palabras, ¿simplemente, apostaron mal?

Las facciones políticas -que estaban claramente diferenciadas en Corrientes- que tenían clara la relación que debían mantener con Asunción, antes de la invasión, fueron dos: un primer sector de orientación liberal, que gobernaba la provincia desde la dimisión del gobernador José María Rolón -en Diciembre de 1861- y permanecerá al frente de la Administración Provincial bajo los mandatos de José Manuel Pampín y Manuel Ignacio Lagraña. Esto gobernantes estaban afiliados expresamente al Gobierno Nacional liderado por el mitrismo(3).

(3) Thomas Whigham, “La guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)”. Taurus, Asunción, 2010, Volumen I, p. 287. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Se podría decir que esta facción era débil, minoritario, pero estaba ganando fuerzas antes de la llegada de las tropas lopistas.

El segundo sector estaba fuertemente identificado con Justo José de Urquiza, quien ejercía una sólida impronta desde antes de la batalla de Caseros (1852) y que se consolidará bajo su presidencia. La influencia urquicista se gestó -en la práctica- en el Gobierno de Juan Benjamín Virasoro y se robustecerá en la Administración de Juan Gregorio Pujol.

La elección de José María Rolón será una consecuencia del fuerte predominio urquicista que imperaba en la provincia y al cual los movimientos políticos generados durante la presidencia de Santiago Derqui y posterior disolución de la Administración de Paraná, hará desestabilizar el hasta ese momento sólido sistema gubernamental correntino.

Este grupo administró la provincia por más de una década, y era adversario del mitrismo y del Poder Central. Se podría decir que esta facción alguna vez había sido bastante fuerte, pero se había debilitado desde Pavón. Y tal vez no sería sorprendente que en esta facción se situaban viejos rosistas y miembros del antiguo partido federal; tal fue el caso paradigmático de Teodoro Gauna, quien también gozaba, aparentemente, de conexiones comerciales con madame Lynch. De este sector se desprenderán algunos de los hombres que participarán de una alianza con el Paraguay durante la ocupación de Corrientes.

Dentro del urquicismo encontramos a un colaborador del Gobierno de Pujol: Víctor Silvero, futuro miembro de la Junta Gubernativa durante la ocupación paraguaya. Se había desempeñado como Administrador Provincial de Aduana en el Departamento Santo Tomé, en 1855 y, posteriormente, ejercerá como Juez de Paz en 1858(4) y 1859(5).

(4) Periódico “La Opinión”, (Corrientes), edición del 7 de Diciembre de 1858.
(5) “Registro Oficial de la Provincia de Corrientes. 1857-1859”. Corrientes, Imprenta del Estado, 1936, p. 331.
// Todo citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Era un hombre de talento como escritor y servirá a la causa paraguaya como periodista en “El Semanario”.

Hay que considerar que quienes participaron en la elección de la Junta Gubernativa paraguayista fueron vecinos de reconocido accionar social y político, antes y después de la invasión, entre los que podemos citar a Antonio Díaz de Vivar, José A. de los Santos, Nicanor Cossio, quienes conformaron parte de la Comisión Directiva del Club Social en 1867; José Luis Cabral formó parte de la Cámara de Justicia en 1866 y 1867; y otros fueron diputados de la Legislatura como: Manuel J. Ruda (1865), Manuel F. (?) y Gómez (1866), Justino Solari (1866), Manuel Serapio Mantilla (1866), Joaquín Bedoya (1866), Ramón Portalea (1866), Pedro Amarilla (1867); y, además, debemos sumar a un gobernador constitucional propietario: Manuel Antonio Ferré.

Algunos de estos vecinos quedaron en la ciudad tras el retiro de las tropas paraguayas; otros se retirarán con ellas, como Víctor Silvero, Teodoro Gauna, Sinforoso Cáceres, Cayetano Virasoro, Ulpiano Lotero, José Luis Garrido, entre otros. Es notable que se encuentren muchos de estos apellidos en Corrientes de hoy, todavía en posiciones importantes.

Esta situación generó una fragmentación de la sociedad, grieta que se constató incluso hacía dentro de las familias. Fue así que, miembros de una misma familia, tomaron posiciones opuestas, algunos a favor de Asunción y otros de Buenos Aires. Un ejemplo lo tenemos en la familia del citado Teodoro Gauna, miembro éste de la Junta Gubernativa: mientras su hijo decide alistarse en el ejército argentino, él ligaba estrechamente su nombre con la ocupación.

Aquí se presenta obviamente una tensión irresoluble entre las lealtades familiares, por un lado, y las ideologías políticas por otro. Otro ejemplo se encuentra en la familia Ferré, en la que el ex gobernador Pedro Juan Ferré -en esos momentos Senador Nacional por Corrientes- brindaba todo su apoyo al Gobierno de Buenos Aires, mientras que su hermano (el ya citado Manuel Antonio Ferré), votaba por la constitución de la Junta Gubernativa paraguayista(6).

(6) Dardo Rodolfo Ramírez Braschi, “La guerra de la Triple Alianza a través de los periódicos correntinos. 1865-1870”, Moglia Ediciones, Corrientes, 2004. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

No podemos culpar a los miembros de las familias Gauna y Ferré que eligieran el lado paraguayista de la guerra; por eso se hace bastante difícil calificar a estos hombres de “traidores”.

Sí cabe preguntarse sobre el grado de colaboración que tuvieron cada uno de ellos. Fue tan evidente y notoria las posiciones disimiles entre sectores de la sociedad correntina de ese tiempo, que es posible hallar numerosos testimonios y registros, de diferente índole, certificando aquella situación. Por ejemplo, hay testimonio recogido por Estanislao Zeballos algunos años después, fechado el 28 de Mayo de 1884, en el que manifiesta:

El año 1865, cuando invadía el Ejército paraguayo esta Capital y el norte de su campaña, los ciudadanos que sentían arder el sentimiento de la patria en sus pechos, emigraron al sud de la provincia abandonando familias e intereses y arrastrando las penalidades naturales de estos casos; pero, por desgracia, no todos los argentinos de estas regiones pensaron y obraron de esta manera, y muchos correntinos -ofuscados por el poder de López y olvidando indignamente los deberes inherentes a todo ciudadano-, se pasaron a la causa del invasor, abatiendo los ánimos de los pusilánimes con su insensata prédica y echando un horror eterno sobre sus nombres; donde esto acontecía más vergonzosamente era en los Departamentos de San Cosme e Itatí(7).

(7) Archivo Nacional de Asunción, Colección Zeballos. Carpeta 141. Nro. 12. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Desde antes de la invasión paraguaya, ya la prensa correntina manifestaba claramente sus diferencias ideológicas; las opiniones políticas se encolumnaron a través de dos periódicos con criterios enfrentados: “El Progreso” y “El Independiente”. El primero, mitrista, y hostigador permanente del Gobierno paraguayo; y, el segundo, urquicista, y defensor de la política lopista.

Estos periódicos no eran más que el reflejo de la opinión política de los grupos locales que, en el caso de Corrientes, estaban visiblemente diferenciados. Un sector se manifestó abiertamente al registrarse la ocupación paraguaya a Corrientes, ya que la sociedad correntina se dividió entre los que rechazaron la invasión y los denominados paraguayistas, que la apoyaron.

Para aproximarnos a encontrar una explicación de las posturas proparaguayistas en Corrientes, es necesario hurgar en años anteriores a la invasión y detenerse en todo aquéllo que hace a la política rioplatense y a las relaciones entre Buenos Aires y las provincias.

A partir de la caída de Juan Manuel de Rosas, la influencia de Justo José de Urquiza adquirió preponderancia en todo el Litoral, lo que generará una grieta entre quienes apoyaban al líder entrerriano y quienes lo rechazaban.

En Corrientes, lógicamente, la posición de los adherentes a Urquiza fue consolidándose desde principios de la década del cincuenta, antes de Caseros. En esta década se harán más visibles las disputas con sectores liberales de la oposición.

Se puede decir que ambos grupos se fortalecerán y adquirirán fisonomía propia con el paso de los hechos. Quizás como punto de partida o culminante de esta cuestión, se puede elegir cuando se procedió a la redacción de un documento de protesta, por parte de los liberales, hecho público, en el que denunciaron supuestas irregularidades electorales en las elecciones de Diciembre de 1856(8).

(8) Dardo Rodolfo Ramírez Braschi, “Origen de las Agrupaciones Electorales en la provincia de Corrientes (De Caseros a las Presidencias Liberales)”. Moglia Ediciones, Corrientes, 2004, pp. 37-38. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

La confrontación se profundizará con las efervescencias que generarán las disputas en el campo de batalla, hasta llegar a Pavón (1861). Corrientes no podía estar ajena al conflicto suscitado entre el Gobierno de la Confederación y la secesión de la provincia de Buenos Aires. La batalla de Pavón encontrará a la provincia de Corrientes -aliada de Urquiza y enfrentada a Mitre- en el centro de la problemática, ya que sus hombres tendrán una participación directa en la contienda; la provincia saldrá afectada, tras los impactos de los resultados de aquella encrucijada.

No hay dudas que el destino marcó a fuego la suerte urquicista. La derrota de Pavón, la disolución del Gobierno de Paraná (Derqui), sumado a la desaparición física de su líder indiscutido (Pujol), todo, en conjunto, hizo que el sistema se desplomara.

Decepcionado el oficialismo por la derrota (políticas y militar) y avasallado por aquel resultado, el proceso no demorará en impactar en las entrañas políticas, ya que pocos meses después, sectores del liberalismo mitrista destituirán al gobernador José María Rolón, de afiliación urquicista.

Este último suceso, ocurrido en el último mes de 1861, implicará un cambio de ciento ochenta grados en la relación oficialismo-oposición. Los oficialistas se convertirán en oposición y la oposición en oficialista, continuando los denominados paraguayistas, en tercera posición.

Los dos primeros sectores políticos citados, sellaron un profundo e infranqueable enfrentamiento que se prolongará hasta las postrimerías de la guerra contra el Paraguay. Aquel grupo político que, inicialmente en la década de 1850, simpatizara con el urquicismo y fuera partícipe -junto a éste- en las batallas de Cepeda (1859) y Pavón (1861), se mostrará suspicaz con aquéllos a quienes imputaban ser agentes disolventes de la nacionalidad.

Sus adversarios en Pavón, hoy eran los conductores del Estado Nacional y Provincial. Esta recreación -por parte de los liberales- de un Poder Central, no fue aceptada unánimemente y de ahí es que se hizo palpable la posibilidad que muchos creyesen que una alianza con el presidente paraguayo sea una especie de salvoconducto, tal vez el último, para derribar a Buenos Aires y someter los intereses del Puerto.

Es evidente que la nacionalidad todavía no había cuajado enteramente. Los sentimientos y las ambiciones pueden tener una larga vida y aunque Urquiza fue derrotado nominalmente, sus seguidores no cederían fácilmente su influencia a las facciones probonaerenses, en lugares como Corrientes.

Aquí hay que dejar algo en claro: estos hombres federales, enfrentados a Buenos Aires, nunca se opusieron al concepto de argentinidad; el pensamiento que los dominaba era el de reencontrar los valores políticos de Corrientes para, desde allí, recién ensamblar con los intereses de ese Poder Central. Los partidarios de este punto de vista esperaban ver las actitudes de Ferré y Pujol, revivir los tiempos de gloria ya transitados y transferirlos a un escenario nacional.

Para ellos, el poder manifestado por el mitrismo no defendía los intereses de Corrientes, sino los de Buenos Aires. ¿Había lógica en este razonamiento? Evidentemente sí. ¿Cómo comprender que un grupo de hombres derribe a sangre y fuego a un Poder Central cuyo único pecado era tener por sede una ciudad que no era Buenos Aires? El abandono de Urquiza dejó huérfanos a sus adherentes, que buscaron alternativas políticas diferentes.

Esta fue la principal causa por la cual aquéllos grupos de correntinos colaboraron y se alistaron con los paraguayos, al producirse la invasión a la provincia en 1865. Combatieron a la par, pero bajo bandera propia, y no utilizando uniformes ni insignias no argentinas. Algunos acompañarán al ejército paraguayo en retirada, para padecer la muerte bajo la dictadura de Francisco Solano López; otros, en cambio, optarán por quedarse y sobrevivir en la negación de todo compromiso y el ostracismo social. ¿Qué diferenciaba a estos hombres?

Sólo podemos elucubrar. Quizás aquéllos que se fueron con las tropas paraguayas se mimetizaron más con las políticas de Asunción. Es una probable respuesta, pero no la única, ya que se deben tener en cuenta factores psicológicos y sociales.

La invasión paraguaya a Corrientes confirmó la guerra que todos intuían. Cuando en 1865 las tropas del vecino país ocupan territorio correntino, se produce -instantáneamente-, una reacción de rechazo, particularmente en las zonas del Oeste y Este, donde las tropas paraguayas actuaron de manera brutal, como, por ejemplo, en las comunidades de Bella Vista e Itatí, donde se registraron saqueos.

En la ciudad de Corrientes, la reacción será menos frontal, como resultado de una Administración paraguaya, encabezada por José Bergés. Este utilizará sus talentos diplomáticos para lograr una buena relación con los miembros de la Junta Gubernativa. El papel de Bergés en la ocupación de Corrientes probablemente ha sido subestimado, pero mientras manejó las relaciones con los correntinos, siempre hubo posibilidad de mitigar los resentimientos hacia la ocupación.

Sin embargo, a medida que se desarrollaba la campaña, Bergés tendrá cada vez menos influencia sobre el mariscal López. Esto dará lugar a una mayor influencia de la Administración militar, menos empática y más severa con el correntino, mostrando poca flexibilidad hacia los colaboracionistas de la provincia. Por lo tanto, lo que había sido una reacción negativa hacia los paraguayos en el Interior, pronto se sentirá en todo Corrientes.

A la distancia parece lo más natural, ya que entre los habitantes de un territorio ocupado propio, instintivamente se genera el enfrentamiento al invasor. Sólo basta recordar el accionar de Desiderio Sosa quien, desde el primer minuto, montó su caballo, pregonó la resistencia y se enfrentó a sablazos con los paraguayos. Será la típica reacción del político liberal, oficialista en esos momentos y que, con el tiempo, se mitificará, no sin razón.

Pero la disparidad numérica del invasor y el hecho que la provincia no tenga unidades militares permanentes como para enfrentarlo de inmediato, conllevó a bosquejar una estrategia de asedio, que comprendió el repliegue de las autoridades constitucionalmente elegidas y la estrategia militar de hostigamiento que, a través de algunos batallones de caballería, se organizarán provisoriamente y actuarán como fuerzas de observación, hasta la llegada del ejército aliado que estaba en marcha y que recién pudo hacer pie en territorio provincial algunos meses después de la ocupación.

El alejamiento de los oficialistas dejó un vacío de poder en la ciudad, que será llenado de inmediato con hombres de la oposición; años después, estos argumentarán que sus acciones fueron guiadas con el fin de proteger los intereses provinciales, ante la posibilidad de un accionar violento y desmedido de los invasores.

Los federales de Corrientes serán acusados después, de hacer acuerdos y pactos con Bergés y, ciertamente, había mucho de cierto en esa acusación. Podríamos preguntarnos si, al trabajar con el representante del mariscal López, esos correntinos estaban tratando activamente de evitar un trato brutal que, de otro modo, podría haberse aplicado a sus vecinos y a ellos mismos.

Y al tratar de abordar la cuestión de las lealtades en conflicto, podríamos preguntarnos si los miembros de la Junta Gubernativa buscaron obtener una ventaja momentánea de sus enlaces con los paraguayos o si, su toma de decisiones en 1865, surgió de una consideración ideológica, como la de los políticos de la generación previa.

A partir de la instalación de la Junta Gubernativa correntina, ¿cuál ha sido y qué intensidad tuvo el vínculo con el presidente López? Este interrogante es primordial, para comprender la cuestión que es objeto de estudio. Indefectiblemente, la figura de Bergés jugará un papel necesario en esta cuestión y constituirá un nexo irremplazable.

A esto debemos agregar -como cuestión previa obligatoria- la confianza del presidente López hacia Víctor Silvero, la que fue demostrada en repetidas ocasiones, más allá de los viajes previos a la invasión, efectuados por éste a Asunción.

Una primera manifestación de acatamiento del Triunvirato correntino hacia el presidente paraguayo será la comunicación del 25 de Abril, tras la elección de sus miembros por el vecindario de la ciudad. Dicha Junta debía actuar como modo de contención de los pobladores y constituirse en el referente político local. Indefectiblemente, la política de López tuvo la necesidad de coordinar con un Gobierno local, con el fin de separar la acción militar de las consecuencias que podían acarrear las fuerzas militares y su relación con la población civil.

En aquella primera comunicación de la Junta a López, se visualiza un párrafo de alto impacto, donde se manifiesta que no existen dudas de la colaboración y bienvenida que la población civil le ha dado al ejército paraguayo, entusiasmo que se habría propagado a varios Departamentos de la provincia(9).

(9) Archivo General de la Provincia de Corrientes. Correspondencia Oficial, Tomo 208, Fs. 166-168. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Luego de esta subjetiva y “entusiasta” visión de los hechos de la Junta Gubernativa, los vínculos no tuvieron escollos, hasta el ataque aliado a la ciudad el 25 de Mayo de 1865. Luego se sucederán otras adversidades de las fuerzas paraguayas, como la derrota del Riachuelo (11 de Junio), proceso que fue mellando aquella precaria alianza del Gobierno de la Junta correntina con el presidente López.

Para los primeros días del mes de Junio, a escasas jornadas de la toma aliada a la ciudad de Corrientes del 25 de Mayo, Solano López endureció su postura respecto a la Junta correntina y lo manifestó claramente en una comunicación a José Bergés, desde Humaitá, el 12 de Junio.

Las primeras fricciones se darán por propuestas de la Junta, con las que no coincide López, ya que consideraba incomprensible -al decir del dictador paraguayo-, iniciar relaciones oficiales con un Gobierno de creación propia, es decir, de la misma Administración, evitando tener por el momento una comunicación enojosa y poco útil. López agregó más adelante que las disposiciones se entorpecen, a raíz de “la mala voluntad de un pueblo mal engreído(10). Las fisuras se hacían más evidentes y notorias.

(10) Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco, I-30, 12, 12. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Pero para el mes de Julio, la relación estuvo al borde de la ruptura. López instó a cambiar la actitud pasiva y sin compromiso de la Junta, actitud que no generaba confianza en el Gobierno paraguayo. El mariscal acusará -ya directamente- afirmado que, “la Junta Gubernativa de Corrientes nada hizo para mejorar posición y menos para dar garantía al Paraguay de su concurso material y práctico para la lucha...”.

Manifestó también que no se ha hecho lo suficiente para extender la jurisdicción y dominio en los Departamentos del Interior provincial, sin tomar decisiones para formar fuerzas ni incrementar recursos en cada uno de los pueblos y, la prosecución de esta conducta, lo llevará a “no contemplar ya al Estado de Corrientes, y la Junta Gubernativa como aliado y amigo, sino como una población enemiga y peligrosa, adoptando su política y operaciones a ésta una convicción que tanto repugna a sus sentimientos(11).

(11) Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco, I, 30, 22, 45. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

El punto culminante se alcanzará cuando López ordenará que, aquéllos que en Corrientes se hallen en relaciones con el enemigo calificadas como “traidoras”, se les deberán imputar la pena máxima, es decir, la pena de muerte, castigo que la Junta Gubernativa nunca ordenó.

Esta actitud de López, podría dar sustento a lo afirmado por los correntinos acusados de traición a la patria que, en sus defensas, alegaron la falta de voluntad de colaborar con los invasores. La ira de López de afirmar la falta de colaboración de la Junta abonaría la idea en aquel sentido.

La situación adversa de los resultados bélicos llevó a que, con el transcurso de los días, los vínculos vayan debilitándose, cargándose de desconfianza hacia todo lo que era paraguayo y, por ende, hacia los aliados correntinos. La acción paraguaya será desbordada cuando se registre la captura de cinco mujeres correntinas, las que fueron raptadas de sus hogares y llevadas cautivas al Paraguay; estas no podrán regresar a su tierra hasta casi terminada la guerra.

Tiempo después vendrá el repliegue de las tropas paraguayas a raíz de los reveses militares lo que, sumado a la falta de adhesión de los Departamentos de la provincia, incentivará una reacción violenta contra la población correntina, la que fue considerada como enemiga. Si bien estuvieron algunos grupos de correntinos adheridos a la causa lopista, estas adhesiones no tendrán la fortaleza que esperaba el presidente paraguayo.

Ciertamente, parte de las expectativas de los paraguayos estaban depositadas en una confianza, si se quiere ingenua, de que los correntinos brindarían mayor colaboración a la ocupación. Al no materializarse esto -tal como López pretendía-, el dictador llegó a manifestar que existía la posibilidad de considerar al Estado correntino y a la Junta Gubernativa no ya como aliados o amigos, sino como enemigos y peligrosos(12).

(12) Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco, I.30, 22,45. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Los meses siguientes sirvieron para demostrar que el trato de amigo hacia los correntinos se había diluido, convirtiéndose ese sentimiento en un peligroso rencor, fruto de la impotencia generada por la derrota.

Sin la alianza con Urquiza, ni la masiva colaboración esperada de los correntinos, los planes de Francisco Solano López cambiaron y, a la vez, se diluyeron. Así pues, es dable estimar que una de las consecuencias será la reacción final paraguaya contra la población civil y sus propiedades. Esta fue violenta y agresiva en extremo, producto evidentemente de un sentimiento de impotencia ante el fracaso de la campaña del ejército del vecino país en territorio correntino.

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