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El paradigmático proceso histórico-jurídico: las acusaciones contra Víctor Silvero

Ya nos hemos anticipado -en algunos aspectos- en otros ítems relacionados con este tema, al hablar sobre el proceso jurídico de traición a la patria seguido contra Víctor Silvero. Ahora repasaremos otro perfil, sin dejar totalmente de lado lo ya visto.

Ante la imposibilidad del entonces gobernador correntino, Manuel Ignacio Lagraña, de enfrentar el poderío paraguayo, éste se vio obligado a trasladarse al Interior de la provincia. Así, en Abril de 1865, la ciudad de Corrientes será ocupada por el general paraguayo, Wenceslao Robles quien, a los efectos de elegir quiénes dirigirían la provincia, convocó a una reunión de vecinos, mediante el Concejo Municipal.

La elección se llevó a cabo el 19 de Abril de 1865, en el Club “25 de Mayo”. Tras el voto de cada vecino por tres candidatos, resultó electa una Junta Gubernativa, conformada por tres ciudadanos correntinos: Teodoro Gauna, Víctor Silvero y Sinforoso Cáceres.

Una vez retiradas las tropas paraguayas del territorio correntino, los triunviros fueron con ellas y, con el transcurrir del tiempo, tuvieron diversos destinos: Cáceres y Gauna fueron fusilados, como muchos otros, por Francisco Solano López. Silvero, en cambio, acompañó hasta último momento al presidente paraguayo y será hecho prisionero por las tropas brasileñas, para ser luego trasladado a Brasil.

Silvero ha sido un hombre de una activa vida social en la provincia de Corrientes, ocupando distintos cargos públicos. En 1858, el periódico correntino “La Opinión”, dice: “... es digno de todo elogio el patriótico celo de nuestro Juez de Paz, don Víctor Silvero, que haciendo servir a tan nobles objetos, la general simpatía de que goza de todo este vecindario...”.

Se puede destacar que Silvero gozaba de buena reputación, lo cual respaldaba sus actuaciones. Era propietario de un establecimiento ganadero, situado en el Departamento Santo Tomé, ubicado al nordeste del territorio provincial y, si bien residió en el pueblo de Restauración (actual Paso de los Libres), estaba íntimamente ligado -a través de sus operaciones comerciales- con Corrientes y Asunción.

En Restauración tuvo una activa participación en las actividades sociales y políticas, tales como su colaboración con Amado Bonpland(1), ejerciendo el cargo de Administrador de Aduanas de la provincia en 1855(2) y de Juez de Paz, en los años 1858(3) y 1859(4).

(1) Juan Gregorio Pujol, “Corrientes en la Organización Institucional”. Carta de Amado Bonpland a Juan Pujol, 21 de Febrero de 1855, Tomo V, Buenos Aires. Imprenta Litografía y Encuadernación de G. Kraft, 1911, p. 34.
(2) Idem, p. 13.
(3) Archivo General de la Provincia de Corrientes, periódico “La Opinión”, (Corrientes), edición del 7 de Diciembre de 1858.
(4) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, Años 1857-1859. Imprenta del Estado, Corrientes, 1936, p. 311.
// Todo citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Para el año 1863, residía en la capital de la provincia y, a partir del año siguiente, desempeñará actividades de colaborador de redacción en el periódico “El Independiente”, que era editado en esa ciudad. Es necesario destacar que, meses previos a la ocupación de Corrientes por fuerzas paraguayas, Silvero realizó algunos viajes a Asunción(5).

(5) Archivo General de la Provincia de Corrientes, periódico “El Progreso”, (Corrientes), edición del 23 de Marzo de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

El 19 de Abril de 1865 fue elegido como triunviro en el Gobierno aliado al presidente paraguayo pero, cuando el ejército argentino recuperó territorios y el gobernador Lagraña regresó a la Capital, a los correntinos que conformaron la Junta Gubernativa -y todos aquéllos que dieron abierto apoyo a la Administración del mariscal López- no les quedó más opción que alejarse de Corrientes, junto a las tropas del vecino país, teniendo como destino final Asunción, guardando silencio y negando acusaciones.

No obstante, la detención de los correntinos comprometidos con la Administración paraguaya y los posteriores procesos iniciados por traición a la patria contra ellos, será el destino marcado por la oposición política, siendo el proceso llevado a cabo contra Víctor Silvero el de más trascendencia. Esto será así, debido fundamentalmente al testimonio de Silvero como protagonista de los hechos, aportando datos los que, en su mayoría, pudieron ser constatados con otras fuentes documentales.

El expediente del proceso de Silvero fue citado y analizado por algunos historiadores como Arturo Rebaudi, reproduciendo algunos párrafos de una entrevista entre Solano López y Silvero en Asunción, previa a la ocupación a Corrientes(6).

(6) Arturo Rebaudi, “La declaración de guerra de la República del Paraguay a la República Argentina”. Ed. Serantes Hnos. Impresores, Buenos Aires, 1924, pp. 51-58. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

León Pomer(7) hace referencia a él, citando algunos conceptos y, otros historiadores solamente lo citan, como, por ejemplo, José María Rosa(8).

(7) León Pomer, “Cinco años de guerra civil en Argentina. 1865-1870”. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1986, p. 22.
(8) José María Rosa, “La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas”. Peña Lillo Editor, Buenos Aires, 1985.
// Todo citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Por su parte, Atilio García Mellid lo confronta con la obra de Rebaudi, aunque comete un error afirmando que el expediente del proceso judicial se encuentra en el Archivo General de la provincia de Corrientes(9).

(9) Atilio García Mellid, “Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay”. Tomo II, Ediciones Theoría, Buenos Aires, 1964. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

El proceso judicial contra Silvero será el de mayor valor histórico, cabiendo destacar que también será el último de todos ya que, para el momento en que éste se inició, habían concluido -con autoridad de cosa juzgada- todos los demás expedientes abiertos por traición a la patria.

Entre algunos de los procesados anteriores, se puede citar a Juan Francisco Lovera, Fernando Cabral, Juan M. Godoy, Marín Ojeda, Estanislao Esquivel, Antonio Díaz de Vivar, Roberto Billinghurst, Ramón Contreras, Manuel A. Y. Sevilla, Alejandro Azula, Fulgencio Leyva, entre otros.

Los detalles de los hechos hemos reconstruido a través del propio testimonio de Silvero, que obra en el expediente judicial(10).

(10) A principios del siglo XX circulaba un rumor de que Silvero había preparado una extensa Memoria de sus experiencias durante la Guerra de la Triple Alianza. Desafortunadamente, después de su muerte, el manuscrito (si alguna vez existió) se extravió estando en manos de su familia. Hemos intentado, sin éxito, localizar este manuscrito, porque habría arrojado certezas sobre estos eventos, pero nos hemos visto obligados a concluir que se perdió definitivamente. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Ya dijimos que, que cuando se produce la retirada paraguaya, los miembros de la Junta Gubernativa se dirigirán a Asunción. Silvero será tomado prisionero por los brasileños durante el avance de estos en territorio paraguayo y es considerado prisionero de guerra en 1870, en Villa de Concepción, para luego ser enviado a Rio de Janeiro junto a muchísimos otros prisioneros (Bernardino Caballero entre ellos, por ejemplo). Permanecerá detenido en dicha ciudad hasta su traslado a Buenos Aires, a inicios del año 1872.

Según su testimonio, al llegar al país, intentó reunirse con Domingo F. Sarmiento (entonces presidente de la Nación), propósito que no tuvo éxito, debido a una enfermedad contraída por el Primer Mandatario; entonces, Silvero visitará a Nicolás Avellaneda, quien ocupaba el cargo de ministro de Justicia, con el fin de hablar de los mismos temas que pretendía conversar con Sarmiento, cual era, su situación política por los acontecimientos de la guerra y la posibilidad de una amnistía que lo incluyera.

La respuesta que recibió de Avellaneda fue que presentaría un proyecto de ley al Congreso para su evaluación. Silvero tenía intenciones de regresar a Corrientes, deseoso de reencontrarse con su familia, así como retomar la dirección de sus asuntos comerciales. Sin embargo, esto no pudo ser posible, ya que el mismo Avellaneda le aconsejó que esperara, ya que la provincia se encontraba bajo un clima de insurrección. Así fue que Silvero se trasladó a Salto (Uruguay) primero y, luego, a Montevideo.

La capital uruguaya era un centro de exiliados -incluso paraguayos- que habían ayudado a la causa aliada en las filas de Venancio Flores; esto significa que hubo “traidores” de varios lados, conviviendo en una misma ciudad. Por su parte, Silvero al poco tiempo de llegar a Montevideo, logró comunicarse con el presidente Sarmiento, a quien le manifestó todo lo referente a su estadía en Buenos Aires, así como detalles de la reunión mantenida con Avellaneda(11).

(11) Archivo General de la Nación. Expediente judicial por traición a la Patria: Víctor Silvero. Sala 7, 10/5/12, fs. 6. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Tras un corto interregno en tierras orientales, Silvero regresó a la República Argentina para hablar con Sarmiento. En esos días recibió una comunicación del Juez de Paz de Paso de los Libres, quien había recibido una nota del Gobierno correntino, en la que se señalaba que la Administración Provincial no tenía motivo ni inconveniente alguno para que aquél regresase a Corrientes. Gobernaba Corrientes, Miguel Victorio Gelabert.

Esta fue la causa que motivó el regreso de Silvero a tierras correntinas quien, al conocer que la situación en la provincia se había normalizado, se asentó -en principio- en Uruguayana (Brasil) para recibir a su familia, para luego ingresar a Paso de los Libres. Permaneció en esta última ciudad hasta principios de 1873, cuando partió en buque hacia su estancia “San Mateo”, ubicada en el Departamento Santo Tomé. Una vez asentado, envió dos cartas al gobernador, notificando su regreso y haciéndole saber el interés suyo de poder reunirse con él.

Que Silvero se encontraba nuevamente en Corrientes trascendió con rapidez y distintos periódicos como “La Fusión” y “La Esperanza” publicaron acusaciones contra el ex miembro de la Junta Gubernativa. Tiempo después, estas publicaciones serán utilizadas políticamente y serán las que motoricen el inicio del proceso judicial en contra suya.

Silvero no manifestó ninguna actividad política tras su regreso al país, pero será su sola presencia la que motivará reabrir la cuestión referida a su participación en tiempos de los acontecimientos de 1865. Su única exposición pública fue en Paso de los Libres, a través de un discurso -con motivos religiosos-, pero que no tuvo ningún tipo de implicancia política.

El periódico “La Fusión”, editado por liberales en la ciudad de Corrientes, acusó a Silvero de haber colaborado con los paraguayos, poniendo en duda su conducta como miembro de la Junta Gubernativa de 1865(12); por su parte “La Esperanza” publicó un artículo, con características similares(13).

(12) Archivo General de la Provincia de Corrientes, periódico “La Fusión”, (Corrientes), edición del 2 de Junio de 1872.
(13) Archivo General de la Provincia de Corrientes, periódico “La Esperanza”, (Corrientes), edición del 23 de Junio de 1872.
// Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

La Corte Suprema de Justicia había resuelto que la competencia para entender en los procesos sobre traición a la patria, ocurridos durante la invasión paraguaya, correspondía al Juez Federal de Corrientes. El doctor Carlos Luna ocupaba dicho cargo en el año 1874 y, por lo tanto, será de su competencia iniciar la causa contra Silvero.

Luna envió un oficio al Juez de Paz de Paso de los Libres, ordenando la detención de Silvero, quien recordó a las autoridades que su estadía en la provincia fue comunicada al entonces gobernador Gelabert y a otras personas conocidas de él, como, por ejemplo, el coronel Raimundo Reguera, Marcos Arcona, Valerio Insaurralde y Manuel Reyna, entre otros.

La opinión que había surgido en la mente del público, si no necesariamente en la de los fiscales y abogados defensores, era rígidamente dualista, casi maniquea: o Silvero era traidor o no lo era. Sin embargo, el sistema de Justicia no podía permitirse adoptar una postura tan en blanco y negro. Los funcionarios tuvieron que considerar la posibilidad de mitigar los factores, de los cuales habían más de unos pocos en 1865.Este mismo elemento podría servir a Silvero como parte de su estrategia de defensa.

Lo primero que él realizó fue denunciar el modo en que dio inicio el procedimiento, llevado adelante por el Juez Federal, determinando aquél que debía ser el Fiscal el funcionario indicado en iniciar la denuncia y no la publicación de un diario.

Silvero describirá el momento de su arresto y la impronta política y parcial que lo caracterizó. La contundencia del relato hace necesaria la transcripción:

... el Juez Federal, Dr. Luna deja su alta y fría esfera de juez, asiento nato del protectorado de la inocencia, y desciende al rol demasiado fiero del acusador para encontrar un monstruoso delito donde no había ni podía existir; luego, incorporándose a su potestad de juez, pasa por sobre la ley para infligirme una verdadera pena, un tremendo castigo, cual es mi prisión: es decir, que se me arranque de mi hogar, del seno de mi familia, de en medio de la sociedad en que me encontraba, se me remachen, quizás, grillos y cadenas, se me ponga un chaleco de cuero, se me suba el más flaco reyuno de la posta y, entre seis u ocho lanceros a cargo de un Sargento, se me haga marchar hasta la cárcel pública de la capital, haciendo ese trayecto de noventa leguas, bajo el sol tropical de aquel país, y sufriendo los mosquitos, los tábanos y otras cien plagas que inundan sus bosques y bañados; privado de mi libertad, vulnerado mi honor, despojado de mi hogar y de mi familia, agredido en mis intereses todos, y encorvado y humillado bajo la mirada de todo un pueblo como el más grande y vil criminal (...).
Mi honor, mis intereses, todos me marcaban claramente el camino a seguir: era el encuentro del agresor que, tan rudo golpe, descargaba sobre mí; pero, ¿qué podía esperar yo de un juez que había conculcado las leyes expresas que rigen la Justicia Nacional y agredido y conculcado todos mis derechos y garantías constitucionales?
Un oscuro e inmundo calabozo, cadenas, martirios y, tal vez, en la misma cárcel, una ignominiosa tumba; porque, esta causa, sin razón de ser ante el derecho, sin razón de ser ante los hechos, y que la misma razón vulgar la rechaza indignada, tiene su origen en una evolución de partido; y el partidismo político, en nuestro país, nuestra sangrienta y dolorosa historia nos la enseña como el peor y el más funesto de los consejeros para buscar la moral y discernir la Justicia.
Esta es la razón, Exmo. Señor, porque me resigne al ostracismo con todas sus privaciones y todos sus perjuicios, con sacrificio de hogar de familia, de intereses, de tiempo, de vida(14).

(14) Archivo General de la Nación, Sala 7, 10/5/12, fs. 7. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Al inicio del proceso, el Fiscal ad hoc, José Miguel Guastavino, solicitará la medida de embargo contra todos los miembros de la Junta Gubernativa de 1865, con fundamento en la extracción de 12.377 pesos con 704 milésimos fuertes, del caudal nacional que se encontraba en las Cajas de la Administración de Aduanas de Corrientes y, en virtud de esto, Carlos Luna ordena el embargo solicitado por Guastavino(15).

(15) Archivo General de la Nación, Sala 7, 10/5/12, fs. 10-11. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Con respecto a Gauna y Cáceres, se fijó condenar a la testamentaria pero, a Víctor Silvero, se le embargó su casa de Paso de los Libres y el establecimiento rural de Santo Tomé, ambos inmuebles saqueados por tropas paraguayas y luego por las aliadas(16).

(16) Archivo General de la Nación, Sala 7, 10/5/12, fs. 182 vta. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Los testimonios ofrecidos en el proceso fueron numerosos y, entre los más importantes, se citan los de José María Balbastro, Esteban Pacheco, Manuel A. Ferré, Leonardo Aceval, Wenceslao Díaz Colodrero, Juan Antonio de los Santos, Tomás Bedoya, Gervasio Gómez, José N. Alsina, Luis Resoagli, Manuel Cabral, Francisco de P. Sotelo, Manuel Fernández, Gregorio Sánchez Negrete, Bernabé Atienza, Ginés Lugavi, José Santos, Domingo Igarzábal, Carlos Lix, Roberto Billinghurst, Francisco Solari, Domingo Parodi, Francisco Araujo, entre otros.

Otro elemento en la estrategia de la defensa -utilizada por Silvero- fue traer a conocimiento de los magistrados el contenido de una carta -escrita momentos previos al desembarco de los paraguayos en Corrientes- enviada por el gobernador Lagraña y que tiene como destinatario al Presidente del Concejo Municipal de la capital, Juan A. De los Santos. En la carta, el gobernador ordenaba acordar con los jefes paraguayos, con el único fin de salvaguardar el orden público.

Sin embargo, Silvero no presenta la prueba documental y, para subsanar sus afirmaciones y respaldarlas, ofrece el testimonio de De los Santos. Este dejó constancia en el expediente, el 25 de Marzo de 1873, que “siendo su contenido, que la Municipalidad se encargase de vigilar en lo posible el orden público, participar al Gobierno lo que hubiese dispuesto(17).

(17) Archivo General de la Nación, Sala 7, 10/5/12, fs. 49 vta. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Para Silvero, la causa estuvo teñida -desde el inicio- de intereses políticos y lo que se buscaba era su condena, para manchar a los sectores que no simpatizaban con el partido liberal. Por ello es que dejó expresado en los folios del expediente que:

‘‘El señor Procurador, Fiscal Dn. Damaseno Fernández, y los señores Procuradores Fiscales, doctores Dn. José Luis Cabral, Dn. José Miguel Guastavino, Dn. Manuel F. Mantilla y el actual Especial, Dn. Pedro T. Sánchez, pertenecen al partido político de que ha sido entonces y es jefe hoy, el general, don Bartolomé Mitre(18).

(18) Archivo General de la Nación Sala 7, 10/5/12, II Cuerpo, fs. 315. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

De esta publicación surge un concepto importante, referido a la intención de Silvero de hacer saber que este proceso era impulsado por el sector político liderado por Mitre, es decir que, para Silvero, era el partido liberal el que impulsaba -desde la prensa simpatizante- la voluntad de que todos los procesos por el delito de traición a la patria condenasen a los acusados.

Utilizando la defensa de su sector político, la prensa liberal afirmaba que en la lista de los acusados de traición a la patria, no figura un solo liberal, “lo que nos enorgullecemos como miembro de ese gran partido; todos ellos son del retrógrado bando federal(19).

(19) Archivo General de la Provincia de Corrientes, periódico “El Nacionalista”, (Corrientes), edición del 28 de Abril de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

El historiador Manuel Mantilla, en su análisis sobre la ocupación paraguaya afirmó: “¡Sólo los federales, aliados de invasores, batían palmas!(20).

(20) Manuel Florencio Mantilla, “Placido Martínez”, Imprenta Europea, Buenos Aires, 1887, p. 14. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Independientemente de las presiones políticas, Silvero manifestó al juez la circunstancia de que nunca participó del sector que propugnaba los postulados liberales, sino que se mantuvo del lado de Justo José de Urquiza.

El expediente judicial, que estamos referenciando, no sólo adquiere importancia en la faz jurídica, sino que toma mayores dimensiones por las afirmaciones de carácter político de Silvero, que ayuda a comprender su posición, explicando puntualmente algunos sucesos que tuvieron una interpretación particular, desde su punto de vista.

Además, la gente podía reconocer cierto valor en las ideas de Silvero, quien sostenía que la cooperación podría haber sido un mal necesario. Colaboradores como, por ejemplo, los miembros de la Junta Gubernativa, podrían haber ofrecido a su propia gente la mejor oportunidad de sobrevivir bajo el régimen militar paraguayo; podrían haber minimizado las influencias extranjeras desfavorables, hasta que algún tipo de orden legítimo pudiera restablecerse.

Trabajar con Bergés -según este argumento-, era una forma de salvar a Corrientes de más traumas. Y fue claramente un hecho que la ciudad misma sufrió menos la invasión extranjera que la de las tropas aliadas bajo el mando de Wenceslao Paunero, las que realizaron una incursión sumamente destructiva contra la población civil, en Mayo de 1865.

Tal vez, Silvero tuvo pocas pruebas a su favor, pero sería un error afirmar que sus palabras estaban vacías de contenido.

Referenciaremos ahora algunos párrafos sobre distintas cuestiones, que adquirieron dimensiones sobresalientes y que son esclarecedoras para conocer la perspectiva que tuvo Silvero -así como el sector de los denominados “paraguayistas”- durante la ocupación del vecino país. Por ello, a continuación analizaremos distintos párrafos de la defensa del acusado que, por la importancia de los acontecimientos políticos relatados, permiten una mayor comprensión de lo ocurrido en aquellos años.

No obstante el análisis jurídico de los expedientes, su trascendencia radica en las expresiones políticas de Silvero acerca de la ocupación paraguaya y en su consideración particular de ex miembro de la Junta Gubernativa. Los fragmentos que consideramos relevantes son los siguientes:

1.- ‘‘Esa columna fue montada de un número como de tres a cuatrocientos hombres, formada la mayor parte por vecinos de San Luis, algunos pocos de San Cosme y Lomas. Su armamento era irregular, escaso, malo; era negativo en cuanto a ofender, era de simple aparato.
Como miembro de la Junta Gubernativa me encargué yo de organizarla, armarla, equipararla y, despachándola, dándole su consigna. Fue a fines del mes de Julio su organización y expedición, para lo que encontré conveniente trasladarme personalmente a San Luis.
Veinticuatro horas después de mi estada allí, la pequeña Escuadra estaba pronta para marchar. Antes de emprender ésta, la hice formar en línea en la plaza y, en voz alta y en lenguaje inteligible para todos, les hice saber cuál había sido el objeto del Gobierno al hacer el sacrificio de formarla, y cuál era la misión que le imponía al despacharla.
No les hablé ni una palabra del Gobierno y de la causa del Paraguay. Les hablé de la situación afligente en que se encontraba la provincia. Les hablé de la desolación en que se encontraban los Departamentos del Este, como Yaguareté Corá, San Miguel, San Antonio de Mburucuyá y Caá Catí, por el abandono que habían hecho de sus hogares un gran número de vecinos (...).
Entréguesele a esa columna la Bandera Correntina’, sí, la Bandera Argentina, y le dije que ella simbolizaba la Patria, y su misión. Que esa bandera, tan conocida, y más conocida que ninguna en las lides de la libertad contra la tiranía, no llevaba entre sus pliegues ningún sentimiento bastardo, como el odio, la persecución, la guerra civil; que en esa bandera, que estaba la patria, estaba también la fraternidad de los argentinos(21).

(21) Archivo General de la Nación, Sala 7, 10/5/12, fs.110 y 110 vta. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

La importancia de la cita no radica en el reconocimiento -por parte de Silvero- de la conformación de un batallón que enfrentó al ejército argentino en Naranjitos, el 21 de Septiembre de 1865, sino en los párrafos que detallan la entrega de la bandera correntina a ese batallón, descartando así el uso de la insignia paraguaya(22).

(22) El mariscal López era bastante inconsistente en su trato del uso de banderas nacionales. Habiendo aceptado como sus aliados una pequeña fuerza de correntinos que usaban la bandera de su país, mientras el ejército paraguayo aún se encontraba en la Argentina, se puso furioso -en Febrero de 1869- cuando el Gobierno de Sarmiento consideró oportuno otorgar el uso de la bandera nacional paraguaya por la Legión Paraguaya (una unidad de exiliados que operaba contra López). Más tarde, el mariscal dirigió una carta de protesta sobre este asunto al Conde d’Eu, pero este último no se molestó en responder. Ver: López al Comandante de las Fuerzas Aliadas, 29 Mayo 1869, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Historia 356, Nro. 5. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

En muchos documentos consta la cuestión de colocar la bandera correntina y no la paraguaya en instituciones públicas y gubernamentales. Por ejemplo, Pedro Igarzábal dá el testimonio de que en la casilla del Resguardo, se izaba la bandera correntina y no la nacional(23); también la misma Junta, a través de una comunicación, dispuso el izamiento únicamente de la bandera correntina en edificios públicos y en el Puerto(24).

(23) Wenceslao Néstor Domínguez, “La toma de Corrientes”, Buenos Aires, 1965, pp. 74-75.
(24) Archivo General de la Provincia de Corrientes. Copiador Notas Ministerio de Gobierno. Años 1865-1869, Legajo 24, p. 135.
// Todo citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Surge en su defensa -de las palabras de Silvero-, que los fines del batallón organizado era el de mantener el orden público, como así también asegurar los derechos y propiedades de los ciudadanos de la provincia, sin importar la elección partidaria; éste fue organizado como un batallón militar, tal cual surge del decreto de la Junta Gubernativa, designando a Lovera como su jefe.

Lo que buscaba Silvero, con su defensa, era desligarse de toda actuación sospechosa de que hubiese actuado contra las autoridades argentinas.

2.- ‘‘Sin embargo, yo llegué a comprender mejor, más claramente, con la determinante declaración del Señor Ministro Bergés, que era preciso sostener, a todo trance, la existencia de la Junta Gubernativa, como el punto de apoyo de la salvación del país.
Sin la Junta Gubernativa, el Gobierno es puramente militar; las armas, la ley marcial. ¡Pobre Corrientes! ¡Pobre Patria!
Después de esa declaración del Señor Ministro Bergés, la Junta Gubernativa se hacía envidiable para todo buen argentino que quisiera sacrificarse en bien de su Patria. Allí se estaba en presencia del martirio; pero también se estaba en presencia de la gloria.
Ningún puesto es más peligroso, más difícil y que requiriese más abnegación y más firmeza y perseverancia, en todo el escenario de ese grande drama, que el que ocupaba la Junta Gubernativa; pero ninguno tampoco en que pudiera rendirse más importantes servicios a la patria.
Si a mí se me hubiese ofrecido un puente de plata para abandonar la Junta Gubernativa y ponerme fuera de Corrientes, no lo hubiera aceptado jamás; hubiera rechazado como una proposición infame. Y es preciso saber que allí no había comodidad alguna, que allí nada había que halague, que allí no había ni siquiera sueldo, porque yo me opuse a que se le asignara a la Junta Gubernativa sueldo alguno, como también a todos sus empleados(25).

(25) Archivo General de la Nación, Sala 7, 10/5/12, fs.137-138. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Según estas palabras, Silvero consideraba su cargo -como integrante de la Junta Gubernativa- como un servicio en favor de los intereses argentinos. Podemos observar que estos argumentos están fuertemente relacionados con la perspectiva que, en caso de ocupación por un ejército invasor, las autoridades locales debían bregar por proteger vidas y propiedades de los vecinos y así atenuar los males que podría acarrear la invasión. Deja entrever que su proceder fue el mal menor. Aún más, lo expresa como una acción de patriotismo.

3.-La alianza de Oribe con Rosas contra la situación política del Estado Oriental el año 42 hasta 51; la alianza del general Urquiza con el Gobierno Imperial del Brasil; el mismo Gobierno Oriental contra Oribe y Rosas, el año 51; la alianza de Flores con el Gobierno Imperial del Brasil, y la cooperación del Gobierno del general Mitre a favor de esa alianza, contra la situación política y el estado floreciente de la República Oriental, del año 64.
Estos datos y la existencia en la República Argentina de un Gobierno General, pero un gobierno de partido, un Gobierno que era la encarnación del triunfo de un partido contra otro que representaba la mayoría del país; un Gobierno que había hecho ley administrativa su solemne declaración de que: ‘Soberanía con su partido y para su partido’, no es de dudarse constituirían, en la mente del Gobierno paraguayo, uno, tal vez el más poderoso elemento con que contaba para el éxito de la lucha o cruzada que emprendía.
También no podía ocultársele al Gobierno paraguayo que, si el general Flores y el general Mitre se hacían aliados, o alistado al servicio del Gobierno Imperial de Brasil, el pueblo oriental y el pueblo argentino no lo harían jamás; y que, por el contrario, en la tradición se encontraban motivos de eterna desarmonía y antipatía.
Hechos recientes en aquella época avivaban esa opinión. La opinión en ambas orillas del Plata se manifestaba en la prensa independiente, contraria a la causa del Gobierno Imperial. El general Urquiza ofrecía su apoyo al Gobierno oriental, y enviaba a su hijo, el coronel Waldino Urquiza -con su división-, a pelear a favor de aquel Gobierno.
Notables jefes y oficiales argentinos formaban en las filas del Ejercito Oriental contra la causa de la Corona Imperial, y aún el valiente del general Saá estaba al frente de ese ejército(26).

(26) Archivo General de la Nación, Sala 7, 10/5/12, fs.163- 164. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

En estas líneas, Silvero destaca algunas alianzas que argentinos han realizado históricamente con otros Estados y la representación del Gobierno del presidente Mitre no era más que una representación de partido, y no de un interés general.

Se visualiza en Silvero la idea de un país no consolidado integralmente, inmerso en una disputa de formación, que verdaderamente los correntinos que actuaron como Silvero, no consideraban a Mitre como parte del mismo Cuerpo político e institucional.

Recordemos que, para 1864-1865, todavía estaban presentes los enfrentamientos entre provincias y Buenos Aires, con disputas resueltas en campos de batallas, como en Pavón (17 de Septiembre de 1861), a menos de cuatro años de la invasión paraguaya a Corrientes, donde los resentimientos y los heridas estaban lejos de cicatrizar.

Otro punto político que destaca Silvero, y esta era una idea que estaba instalada en un vasto sector político, lo fue la falta de amistad entre Argentina y Uruguay, con el Brasil. La decisión de aliarse al Brasil fue cuestionada por los opositores al mitrismo. Con el trascurrir del tiempo, en Corrientes emergieron muestras de desconfianza hacia los brasileños. No fue vista con buenos ojos la guerra para aquellos correntinos que veían a Brasil como un aliado antinatural(27).

(27) Dardo Ramírez Braschi - José Luis Caño Ortigosa, “La influencia de la presencia militar brasileña en Corrientes durante la guerra de la Triple Alianza”, en: “Anuario de Estudios Americanos”, Vol. 70, Nro. 1 (2013). http://estudiosamericanos.revistas.csic.es/index.php/estudiosamericanos/article/view/595. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Si bien las afirmaciones de Silvero son considerablemente subjetivas, sirven para aproximarnos al conocimiento de su pensamiento sobre la política regional antes de la guerra y durante la ocupación de la provincia(28).

(28) Cuando Silvero efectuaba estas declaraciones en el Juzgado Federal, con el objeto de salvar su libertad, los brasileños aún estaban frente a Corrientes, allende el río Paraná. El dato es importante, porque abona mucho sobre el contexto en el cual se desarrollaba el drama histórico. Ya en 1865, en el inicio de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), la Isla del Cerrito fue una de las principales bases navales de los aliados, oponiéndose a las tropas del mariscal Solano López, asentadas en la fortaleza de Itapirú, frente a la isla, motivo por el cual se desataron varias batallas de las que dejaron testimonio numerosos objetos hallados en la misma. Una tesis de la estudiosa brasileña Mónica Harz Oliveira Moitrel, expone que, durante la guerra, la Isla del Cerrito era la base naval más importante que el Brasil poseía en todo el Plata. Su poderosa Armada contaba con acorazados modernos que, con alguna frecuencia, sufrían averías y necesitaban ponerse en reparación. En Buenos Aires no existían medios adecuados para reparar aquellos buques y Río de Janeiro era demasiado lejos. Por lo tanto, se puso una base naval que contaba con: un taller mecánico con 20 empleados; un astillero con 50 carpinteros; un polvorín (según Ouro Preto, un laboratorio pirotécnico); un depósito de carbón; un hospital naval; y una iglesia. No era necesario importar madera naval (por ejemplo, para reparar un timón); crecía en la zona. Tal era la importancia de esta base naval, que el Gobierno brasileño -por un aviso del 4 de Octubre de 1867- designó un servicio de línea marítimo muy extraordinario que contaba con cuatro vapores y un horario regular. Los días 15 y 30 del mes, sin falta, zarpaba un vapor de Río de Janeiro rumbo a Montevideo (2.036 kilómetros). En Montevideo cargaba carbón y, enseguida, partía para la ciudad de Corrientes (1.206 kilómetros), bajo órdenes de no detenerse por motivo alguno. En Corrientes bajaba correspondencia postal y luego partía para la Isla de Cerrito. Cualquier material bélico que pedía el almirantazgo brasileño en el río Paraguay, se le suministraba por este medio. En el mismo concepto, un vapor zarpaba los días 15 y 30 de la Isla del Cerrito con destino a Rio de Janeiro. El Imperio del Brasil ocupó el territorio durante toda la guerra y continuó haciéndolo incluso finalizada ésta, hasta que la Argentina consideró ilegítima dicha ocupación. El Cerrito volvió a la escena en 1876, cuando se firmó el Tratado de Límites entre la Argentina y el Paraguay, que afirmaba la soberanía argentina sobre la isla, ocupada formalmente en Agosto de ese año. El acto de toma de posesión del Cerrito (acaecido el 8 de Septiembre de 1876) fue un hito en la historia local, siendo atestiguado por los más altos jefes de la Gobernación del Chaco y numerosos vecinos de la ciudad de Corrientes y del paraje San Fernando (que luego se convertiría en la ciudad de Resistencia, la capital de la provincia del Chaco) [Ver: Oliveira Moitrel, Mônica Harz, “A Logística Naval na Marinha Imperial Durante a Guerra d Tríplice Aliança Contra o Governo do Paraguai” (2010) (en portugués). Río de Janeiro: Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro: Programa de Pós-Graduaçao em História; y Visconde de Ouro Preto (Affonso Celso de Assis Figueiredo), “A Marinha d’outra’ora (Subsidios para a Historia)” (1894) (en portugués). Río de Janeiro: Domingos de Magalhães: Livraria Moderna, pp. 103-4].

4.- ‘‘En este combate formidable, sublime, yo no vi más que dos banderas: la brasileña y la paraguaya. Esta era la invasora, y se había iniciado en los mástiles de la flotilla paraguaya que, por vandálico asalto, se apoderó de los dos buques de la Nación surtos en ese puerto, el 13 de Abril, y arrojó algunas balas de cañón sobre la población.
Esto es, según mi opinión; más, según la de ‘El Semanario’ del señor Procurador especial acusador, Dr. Sánchez, ese acto del invasor paraguayo fue un hecho posterior a la declaración de guerra del Congreso paraguayo al Gobierno argentino; y esos tiros de cañón fueron únicamente con el objeto de contener algunos (para mí denodados) argentinos que, con sus fusiles, hacían fuego contra los buques (para mí asaltantes).
La otra, brasileña, la conocemos muy bien todos los buenos argentinos, porque nuestros padres nos la han enseñado, y yo la vi al tope de los mástiles de los buques que arrojaron y cruzaron el rostro de esta infeliz ciudad con las balas en la tarde del 25 de Mayo y, también, como muchos lo dijeron, ametrallaron las legiones argentinas que bizarramente pelearon en La Batería.
Bajo estos auspicios, presencié el combate del ‘Riachuelo’. Mi corazón argentino se henchía y dilataba de una satisfacción patriótica al ver que dos enemigos, dos invasores de mi patria, se despedazaban. El resultado fue espléndido: la flota paraguaya fue exterminada y desmanteladas sus baterías; y la Escuadra brasileña, mediante el arrojo y la pericia de un argentino, pudo salvar, como embalsados de camalotes a favor de la corriente.
¿Presenciar este hecho y presenciarlo desde una ciudad abandonada al invasor, es cometer el delito de traición contra la Nación?(29).

(29) Archivo General de la Nación, Sala 7, 10/5/12, fs. 368. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Es evidente que Silvero consideraba a Brasil como enemigo, incluyéndolo también al Paraguay y refiriéndose además a ambos Estados como invasores. Esta enemistad con Brasil era una posición firme entre el grupo político con el cual que simpatizaba Silvero.

La posición que deja entrever el acusado fue el de que Argentina era un país ocupado por tropas de dos países extranjeros; forzaba su testimonio, para que los magistrados del proceso no observasen voluntad alguna de tener simpatía o alianza con el Gobierno paraguayo.

La trascendencia de este litigio radica en los testimonios, datos y referencias que surgen de la defensa, siendo ésta una riquísima fuente de información. La duración del proceso fue mayor a diez años e, independientemente de las distintas etapas del mismo, y en todo el pleito, el relato de Silvero -a veces estratégicamente elaborado por él mismo- se esfuerza por demostrar la inexistencia de un atisbo de apoyo a los paraguayos.

Al igual que en todos los otros procesos iniciados por el delito de traición a la patria, a causa de la guerra contra el Paraguay, la sentencia del proceso de Silvero dictaminó la absolución, no pudiéndose comprobar la efectiva y voluntaria colaboración con el ejército paraguayo.

En este caso, se destaca notablemente la capacidad de Silvero en su extensa defensa, primero para impugnar la forma en que dio inicio al proceso por parte del Juez Federal Carlos Luna, sin ningún pedido por parte de los fiscales, como lo estipulaba la normativa vigente, y basándose en una publicación del periódico “La Fusión”; seguidamente, intentó justificar su accionar en las presiones de los paraguayos, y especificando que su corto rango de acción estuvo siempre guiado bajo la protección de los intereses provinciales.

Es importante aclarar que, para la fecha en que se dictó sentencia en el caso Silvero, ya se habían absuelto a los demás acusados, sirviendo esto como antecedente a la causa.

Con el transcurso de los años, en el devenir de las disputas políticas, esta acusación será utilizada por la prensa correntina para imputar a sus opositores la divisa de “traidores de la patria”. Y no es de extrañar que Silvero fuera el modelo de “traidor a la patria”, buscado y utilizado por la prensa liberal.

Por ejemplo, en 1878, el periódico “La Libertad” acusará a sus opositores de “traidores” aliados del Paraguay en 1865: “Entre los que se encuentra, en primer lugar, el célebre triunviro Víctor Silvero...(30).

(30) Archivo General de la Provincia de Corrientes, periódico “La Libertad”, (Corrientes), edición del 3 de Mayo de 1878. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

El mismo año, en una nota titulada: “Se fue, pero quedan aún Derqui y los traidores”, el mismo periódico expresará:

Ellos, de entre los cuales muchos quemaron el incienso de la vil y desagradable adulación, ya en discursos serviles, ya en actos ruines al tirano del Paraguay, y al enemigo de la Patria, precisamente en la época nefanda de su dominación en esta provincia...(31).

(31) Archivo General de la Provincia de Corrientes, periódico “La Libertad”, (Corrientes), edición del 24 de Abril de 1878. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

Las incidencias políticas subsistieron por varios años y los rencores internos por la guerra, también. No obstante la absolución de la Corte Suprema en 1878, la condena social contra Silvero continuó tras el proceso, inclusive muchos años después de la muerte de aquél, con la conclusión del juicio sobre el dominio del campo “San Mateo”.

Allí, a pesar de que la causa civil no tenía relación con el de traición a la patria y, además, después de transcurrir casi cincuenta años, se recordó la colaboración de Silvero con los paraguayos cuando, el Gobierno de Corrientes, publica -en 1929- los escritos del Fisco Provincial presentados a la Cámara Federal de Paraná y, en su explicación, Antonio Ruiz refiere a Silvero como parte de ese litigio, diciendo que, “la hábil inmoralidad del demandado que hasta se titula víctima de la invasión paraguaya a Corrientes, cuando sólo desempeñó el misérrimo papel de traidor, asociándose con el invasor...(32).

(32) Escritos presentados por el Fisco ante la Exma. Cámara Federal de Paraná. Juicio de Reivindicación del campo denominado “San Mateo”, seguido por don I. Ruiz contra don Víctor Silvero, hoy de Alfredo Fornus. Imprenta del Estado, Corrientes, 1928, p. 5. // Citado por Thomas L. Whigham y Dardo Ramírez Braschi, “Ninguno se atreve a llamarlo lealtad (las acusaciones de traición y los correntinos paraguayistas antes, durante y después del conflicto de 1864 a 1870), 2020, (Inédito) Corrientes.

- CONCLUSIONES

En términos estratégicos, la invasión del ejército paraguayo a la provincia de Corrientes aseguró la destrucción del régimen lopista en 1870. Pero también marcó huellas profundas en distintos aspectos de la vida local, siendo dos las que se prolongaron en el tiempo:

1.- la económica, ya que todo territorio ocupado por tropas adversarias en estado de guerra permanente, genera destrozos, daños y destrucción económica y productiva; y
2.- las consecuencias políticas. En esta última cuestión, el referente a la posición y papel desempeñado por los habitantes en el conflicto, generarán notorias disputas y en Corrientes esto se hizo más que evidente.

Cuando el Ejército paraguayo allanó el camino para la realización de una asamblea de vecinos, con el fin de organizar un Gobierno local, poniendo en vigencia una estrecha alianza con Asunción, se constituyó en el punto de partida de identificación de dos sectores políticos, cuyas vertientes disputarán procesos organizativos que harán a la conformación del Estado.

La huella más profunda quedará en aquellos correntinos que simpatizarán o colaborarán con los paraguayos y cuando las tropas enemigas abandonaron el país, aquellos simpatizantes quedaron a merced de ataques, hostigamientos y procesos judiciales.

A nuestro modo de ver, la actitud política de los “paraguayistas” no contuvo una inclinación especial hacia al Paraguay, sino que fueron las circunstancias las que los empujaron a generar una alianza y sujeción con el Gobierno del vecino país. En otras generaciones, quizás se pudiera haber observado cierta consideración hacia el Paraguay como alternativa política que, si bien no era natural, tampoco era lo contrario.

Además, con los correntinos aparentemente en constante disputa entre ellos, tal vez la relativa estabilidad de la dictadura lopista, de verdad quizás tuvo cierta atracción, pero esta es sólo una elucubración sin mayor fundamento.

Otra cuestión necesaria de resaltar es que, si bien fue expresa la acción del grupo denominado “paraguayista”, pervivía -durante los meses de invasión- una gran masa del pueblo correntino no adicta a la causa paraguaya, pero conviviente con los invasores.

Los órganos de Justicia vendrán a ocupar un rol fundamental de equilibrio y equidad, ya que sus integrantes tuvieron que resistir la presiones políticas del sector triunfante en la guerra, que denunciará constantemente a aquéllos que consideraban adversarios políticos echándoles el mote de sospechosos de aliarse con el enemigo.

Luego de que se instaló el gobernador Manuel I. Lagraña en la Capital provincial y los magistrados judiciales fueron movilizados, dieron inicio las pesquisas, cuyo objeto era materializar las denuncias ante la Justicia de aquéllos que estuvieron bajo las órdenes del Gobierno correntino paraguayista.

La acusación de traición a la patria comenzó a retumbar reiteradamente en la sociedad y en los medios de prensa, a lo que la Justicia Federal -con sede en la provincia- hizo suya, liderando la cuestión. Primero se procedió con las detenciones y luego con la profundización de las investigaciones, que se caracterizaron por tener perfiles diferentes y duraciones diversas.

Para el presente escrito se tomaron sólo dos casos referenciales, dictados por jueces diferentes y en momentos distintos, ya que la sentencia de Esquivel fue firmada por el juez Saravia en 1867, bajo la Administración de Evaristo López, y la sentencia de Azula y Leiva -dictada por el juez Carlos Luna, en 1870- ya procedió durante la gobernación de Santiago Baibiene.

El estigma de la guerra del Paraguay en la provincia de Corrientes se prolongó por años, siendo notoria la politización de las acusaciones, haciendo padecer largos procesos a todo aquél que caía bajo la guadaña de ser encontrado sospechoso de paraguayista. Sólo basta pensar en la catarata de imprecaciones que caían sobre estos infortunados en los mitines partidarios.

Uno se pregunta si se sintieron culpables por sus acciones en 1865 o si todavía pensaban que habían hecho lo correcto, sin importar lo que dirían las generaciones posteriores.

La característica de estos procesos ha sido de que en todos se determinó la absolución de los imputados que, a criterio de los jueces, no se pudo jamás probar plenamente la conducta que encuadre en el delito de traición a la patria y que el accionar de estos hombres tuvo por fin evitar males mayores que podían acarrear perjuicios de más significación, tanto materiales como en vidas.

El criterio de la magistratura de absolver a todos los que fueron procesados por traición a la patria -desde la Antigüedad considerado como el más infame de los delitos- hizo un aporte consistente y sólido en un momento muy particular de la vida provincial y nacional. Se buscó apaciguar los ánimos, las desinteligencias y antagonismos, que se habían originados en aquellos años de intensa vorágine política.

Quizás también ofrecen una lección para tiempos difíciles: que los seres humanos, tanto como en cualquier otra actividad, necesitan paciencia, misericordia y comprensión tanto como la necesita la ley.

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