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SARMIENTO, TERCER PRESIDENTE DE LA NACION

Al asumir la Presidencia, Domingo Faustino Sarmiento se aisló de los partidos políticos de Buenos Aires. Los nacionalistas, aun cuando habían luchado por distinta candidatura, creyeron que el gobernante tendría que recurrir al apoyo de las dos fracciones liberales, procurando la unidad primitiva; y cuando repararon que prescindía de ellos, lo hostigaron con ataques acres y violentos.

Con parecido rigor fueron tratados los jefes autonomistas, a cuya ayuda se debía el triunfo. El primer cuidado de Sarmiento fue darles a entender que gobernaría libre de la influencia de comités y caudillos, propósito que lo distanció de su compañero de fórmula.

Todavía en Estados Unidos, anunció aquél su decisión de alejar tutores y amaños, advirtiendo que Alsina quedaría sólo de presidente del Senado para agitar la campanilla pues, en cuanto a lo demás, pensaba invitarlo a comer para que viese un estómago y una salud que hacían del vicepresidente “la precaución inútil(1).

(1) Sarmiento. Carta a Manuel R. García (Julio 17 de 1868), en: "Anales de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales", tercera serie, III (Buenos Aires, Coni Hermanos, 1917), p. 278. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IX: “La Cuestión San Juan”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Integraron el Gabinete el cordobés Vélez Sársfield, el santiagueño Gorostiaga y el tucumano Avellaneda, tres figuras de relieve en todo el país, a pesar de la juventud del último. Las carteras restantes fueron adjudicadas a dos porteños: el doctor Mariano Varela y el coronel Martín de Gainza, periodista el primero, que había realizado activa campaña en favor del candidato triunfante y militar el otro, que se distinguía por su alejamiento de los enjuagues políticos a que eran afectos los jefes de la época.

En 1868 votaron 16.900 ciudadanos (el 1 % de la población total). El Colegio Electoral estuvo constituido por 131 votantes de los cuales el 60 % votó por Domingo F. Sarmiento; el 20 % por Justo José de Urquiza y el 20 % por otros. Corrientes no votó y no se conservan las actas de Tucumán.

Provincia Sarmiento Urquiza Elizalde Rawson V. Sársfield
Buenos Aires 24 3 1
Catamarca 10
Córdoba 16
Entre Ríos 8
Jujuy 7
La Rioja 6
Mendoza 10
Salta 10
San Juan 8
San Luis 8
Santa Fe  8
 Santiago 12
TOTAL   79 26 22 3 1

(2) Fuente: Biblioteca del Congreso de la Nación. Dirección de Referencia Legislativa.

Proponíase Sarmiento fortalecer el principio de autoridad, ejerciendo sus funciones en la mayor medida que la Constitución tolerase. Creía posible unir la libertad con la autoridad, único sistema de Gobierno conocido en los países bien organizados; y su fórmula práctica consistió en desarrollar menos acción que Urquiza y más que Mitre(3).

(3) Sarmiento. Carta al gobernador Urquiza (Julio 2 de 1869), en: "Obras de D. F. Sarmiento", t. L (Buenos Aires, Marques, Zaragoza y compañía, 1902), p. 187. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IX: “La Cuestión San Juan”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Al concluir su Presidencia, juzgó afianzadas la libertad y la autoridad, sin haber permitido a aquélla alzarse contra ésta, y creyó haber muerto, “aunque tantas cabezas tiene, la demagogia liberal y la anarquía del caballo argentino(4).

(4) Sarmiento. Carta a Ambrosio Montt (1874), en: "Obras de D. F. Sarmiento", t. LI (Buenos Aires, Márquez, Zaragoza y compañía, 1902). // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IX: “La Cuestión San Juan”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Apartando la influencia de su antecesor y la del jefe del partido que lo llevó al Gobierno, el presidente provocaba la hostilidad porteña. En las provincias procedió de otro modo, preocupándose principalmente en atraer a las dos que representaban una fuerza efectiva y expansiva: la federal Entre Ríos, de Urquiza y la nacionalista Santiago del Estero, de los Taboada.

En tanto, los elementos ilustrados que tenían los federales en las provincias, en vez de adoptar una actitud de abierta beligerancia contra quien los había combatido ruda e implacablemente, observaron sus pasos con benévolo silencio, esperanzados de que los defendiese de la hegemonía porteña.

Domingo F. Sarmiento hereda una difícil situación política interna. El Partido Nacional -que apoyó a Bartolomé Mitre- aparece dividido en dos fracciones: la encabezada por Mitre se ufana representar el “elemento de tradición, afincado; los alsinistas, de contar con las masas netamente populares(5).

(5) Domingo Faustino Sarmiento nació en San Juan el 15 de Febrero de 1811. Ejerció la presidencia de la República desde el 12 de Octubre de 1868 hasta el 12 de Octubre de 1874. Falleció en Asunción del Paraguay, el 11 de Septiembre de 1888. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 3er. Presidente Constitucional de la Nación Argentina en el hecho y en el título.

Sarmiento, que carece de una fuerza política partidaria propia y debe a la adhesión de los alsinistas su elección, encuentra en estos últimos sus colaboradores ministeriales. Pero, no deseando ahondar las diferencias, aunque ya distanciado de Mitre, ofrece a su antecesor la Jefatura de los Ejércitos que todavía luchan en el Paraguay. Como Mitre no acepta, de común acuerdo con él designa, para ese cargo, a Juan Andrés Gelly y Obes, partidario de Mitre.

En el orden interno, inicia Sarmiento una política que luego rectificará: la de entregar a jefes de las fuerzas militares nacionales una gravitación excesiva en los conflictos que estallan entre los diversos grupos existentes en cada provincia. Pues, al sentirse elementos fundamentales para la pacificación del interior, se ha creado el equívoco de que cada jefe militar se considere, por esta circunstancia, dueño de un caudal político propio... De ahí que debiera Sarmiento adoptar actitudes enérgicas a pesar de tratarse, algunas veces, de jefes militares que habían contribuido a su elección.

A poco de iniciada la Presidencia, Sarmiento, distanciado políticamente de Mitre, busca la amistad de Justo José de Urquiza. Visita al vencedor de Caseros en el Palacio San José y los antiguos adversarios tienden entre ellos un puente de amistosa conciliación... Hay, los dos están de acuerdo en ello, que mirar hacia adelante...

Pero, como si esa coincidencia hubiera acelerado el drama de intolerancia y de ingratitud que se incuba desde hace años, Urquiza es asesinado. Ricardo López Jordán asume públicamente la responsabilidad del hecho, al hacerse designar por la Legislatura, gobernador de Entre Ríos para suceder a Urquiza y pide su reconocimiento como tal al Poder Ejecutivo Nacional. Supone que su audacia y la fuerza militar poderosa que comanda, van a intimidar al presidente.

Sarmiento reacciona ante el crimen y con una energía multiplicada. Porque un Consejo convocado por él y formado por las figuras más prestigiosas de la oposición, entre ellas Mitre, Alsina, Quintana, etcétera, aprueba las medidas a adoptarse. Se intimará a los rebeldes que depongan las armas y se Intervendrá militarmente en la provincia. Desde luego, se desconoce a López Jordán en su condición de gobernador de Entre Ríos.

Después de diez meses de lucha, derrotado en Ñaembé, López Jordán huye de Entre Ríos (Febrero de 1871).

Cual si una fatalidad persiguiera su Gobierno, ese mismo año, a principios de Febrero, se producían en Buenos Aires los primeros casos de epidemia de fiebre amarilla que, durante dos meses azotara al Paraguay y a Corrientes.

Gradualmente, desde mediados de Marzo, el cuadro fue cobrando cada vez tintes más sombríos. El éxodo se hizo general, cuando se comprobó que la fiebre no se alejaba de la costa, quedando indemnes las regiones mediterráneas.
Como en un gran cuerpo herido que va perdiendo por partes el calor vital, en la ciudad enferma, uno por uno, los órganos activos rehusaban el servicio. Después de los sospechosos saladeros, que de orden superior interrumpieron sus faenas, fueron cerrando sus puertas, por falta de elementos, las principales fábricas.
Siguiendo a las industrias, se paralizaron las Instituciones. En Abril habían dejado de funcionar sucesivamente las escuelas y colegios, los bancos, la bolsa, los teatros, los tribunales, la aduana...”.
En Abril, las defunciones alcanzaron el 14 % de la población y, ésta, más que diezmada, había dejado de contar sus desaparecidos. Ya no eran coches fúnebres los que faltaban y tenían que suplirse con carros abiertos, sin carreros que aceptasen la espantosa tarea. Intereses, deberes, vínculos sociales y acaso carnales, todo se había destemplado y relajado en ese general menoscabo de la vida... Por centenares sucumbían los enfermos, sin médico en su dolencia, sin sacerdote en su agonía, sin plegaria en su féretro(6).

(6) Paul Grossac, “Los que pasaban”. Ed. Jesús Menéndez, Buenos Aires, 1919. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Los médicos recomiendan a la población salir al campo para evitar el contagio. Sarmiento da el ejemplo, durmiendo en Mercedes y viniendo casi todos los días a la ciudad(7).

(7) Alberto Palcos. “Sarmiento” (1962), cuarta edición. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La conclusión de la guerra del Paraguay, cuando las operaciones bélicas llegaron a su término, no significó, desgraciadamente, el fin de los problemas creados por la contienda.

Contraviniendo los compromisos contraídos por el Tratado de la Triple Alianza, que impedían hacerlo por separado, el Brasil firmó la paz con el Paraguay. La Argentina generosamente había proclamado, por el ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento, que “la victoria no da derechos”, para significar que nuestro país seguiría reclamando los límites territoriales que juzgaba legítimos antes del triunfo y que éste no entrañaría despojos injustos al vencido.

La actitud de la Cancillería de Río de Janeiro hizo que Sarmiento enviara a Asunción al doctor Manuel Quintana (fines de 1871), quien regresó sin lograr una solución. El enfrentamiento con el Brasil, cuya Cancillería gravitaba también en las decisiones del otro aliado, el Uruguay, provocó una tirantez diplomática que bordeó la guerra.

Esta vez, Sarmiento recurrió a Mitre para buscar una solución pacífica y Mitre logró en Río de Janeiro mejorar la situación y alejar las posibilidades de una lucha bélica. Pero cuando el mismo Mitre es enviado luego al Paraguay, la situación interna de ese país, al dificultar las negociaciones, impidieron que la paz entre la Argentina y el Paraguay pudiera concretarse entonces...

En el Centro del país, Córdoba sumaba su tradición al alborozo por las conquistas de la técnica. En Mayo de 1870 llegaba a ella el ferrocarril cuya construcción, partiendo de Rosario, se había iniciado en 1865. El decreto oficial calificó el hecho de, “el más grande acontecimiento de la época” y, en la capital, veintiún cañonazos saludaron a la bandera cuando allí se tuvo la respectiva información.

La provincia que había debido a la crianza de las mulas su secular prosperidad, encontraba en la locomotora la avanzada de la solidaridad nacional que las comunicaciones modernas estaban realizando. Como un símbolo del ayer y del mañana que el suceso concretaba, el obispo de Córdoba enviaba, con tal motivo y por intermedio del telégrafo, su bendición a toda la República.

Y Sarmiento, que haría de Córdoba el escenario del Observatorio Astronómico, eligió en Diciembre de 1868 la vieja ciudad mediterránea para llevar a cabo en ella la primera Exposición Nacional. Al solicitar del Congreso la autorización para realizar el proyecto, señalaba Sarmiento que “las exposiciones industriales son hoy una de las formas más aceptadas, no solamente para promover el adelanto de todas las artes .que concurren a la producción, para animar el comercio, haciéndole conocer nuevos productos que puedan ser objeto de sus cambios, sino para hacerse valer en el concepto de los demás pueblos”.

Al acto de la inauguración, cumplido el 15 de Octubre de 1871, concurrieron el presidente Sarmiento, varios de sus ministros, los gobernadores de Córdoba, Salta, Santa Fe, Corrientes y San Luis; representantes de otros Gobiernos Provinciales, ministros extranjeros, etcétera.

Agrupamos aquí por la primera vez -expresó Sarmiento en el discurso inaugural- los elementos que revelan nuestro modo de ser presente y los que, mediante el trabajo, prometen medios de subsistencia para millones de habitantes en lo futuro.
Lección instructiva para todos. Instructiva por las riquezas que el suelo encierra y aún no han recibido forma y valor por el trabajo; instructiva por los artefactos en que se ensaya nuestra tímida industria; instructiva, en fin, por su deficiencia misma”.

En realidad, la Exposición tuvo carácter internacional; los países europeos, a través de más de doscientos cincuenta expositores, presentaron más de mil objetos; y los de América, con ciento cincuenta expositores, enviaron más de quinientos ochenta.

Cuando se clausuró la Exposición, pasados los tres meses de inaugurada, se apreció en más treinta mil personas el número de visitantes; se la juzgó un éxito, considerando los graves inconvenientes que, para su realización, debieron superarse, como la lucha desencadenada en Entre Ríos por el asesinato político de Urquiza y los estragos que en 1871 hizo la epidemia de fiebre amarilla en Corrientes y Buenos Aires.

El ministro Avellaneda, que en representación de Sarmiento presidió las ceremonias finales de adjudicación de premios, señaló a los así distinguidos, que sus diplomas de triunfadores “representaban el honor y el porvenir de la República”.

A las innumerables preocupaciones que debió enfrentar Sarmiento, cuyo empuje renovador suscitaba una oposición que usaba -para combatirlo- todas las armas, el autor de “Facundo” debió agregar la calumnia que desató una parte de la prensa chilena, pretendiendo usarla como argumento valedero para discutir la soberanía argentina sobre la Patagonia.

En 1842, estando Sarmiento expatriado en Chile, encara este país la colonización del Estrecho de Magallanes. El presidente chileno, general Manuel Bulnes Prieto, envía, en Septiembre de 1843, una expedición que funda un fuerte: Fuerte Bulnes. No hay en ese momento pleito de frontera entre la Argentina y Chile y nadie en nuestro país sostiene que la zona del Estrecho, ocupada por la expedición chilena referida, pertenezca a la Argentina.

El Gobierno de Juan Manuel de Rosas demora, hasta Noviembre de 1847, presentar una reclamación diplomática, en la que afirma que, “esa fundación ataca la integridad del territorio argentino...”.

La nota de Rosas, además de tardía, no concretaba antecedentes históricos ni geográficos acerca de los derechos argentinos que fundamentaron la reclamación. Ahora bien, en 1842, Sarmiento publicó -en “El Progreso”, periódico de Chile-, una serie de artículos en los cuales señala las ventajas de lo actuado por Chile; a Sarmiento le preocupa que alguna potencia europea pueda apoderarse del Estrecho. Piensa en Inglaterra, más que en Francia, porque ya se había producido la agresión inglesa a las Malvinas.

Que Sarmiento no andaba descaminado en sus preocupaciones, lo muestra el que apenas, un día después de fundado el Fuerte Bulnes, una corbeta francesa, de nombre “Phaeton”, se presenta a tomar posesión de esas tierras, pero se retira al encontrar allí el mencionado Fuerte.

En ninguno de esos artículos, ni en los que en 1849 publicó en el periódico chileno “La Crónica”, Sarmiento alude a la Patagonia, región argentina que ni antes, ni en la época de esta actividad periodística de Sarmiento, ningún chileno reclamaba.

En 1868, llega Sarmiento a la presidencia de la República. En 1869, nombra representante diplomático en Santiago a Félix Frías, que también -como Sarmiento- había residido allí proscripto. Desde 1853, y sólo a partir de unas publicaciones de Manuel Amunátegui, se inicia en Chile una corriente de opinión que sostiene los presuntos derechos de ese país a la Patagonia, cuyo territorio habría pertenecido a Chile desde la conquista española.

Un chileno, de exaltado nacionalismo, Adolfo Ibáñez, ministro de Relaciones Exteriores de la nación vecina, encarna esa tesis y pretende apoyarla en los artículos que Sarmiento escribiera cuando proscripto. Como tal pretensión no tiene éxito, a principios de 1872, en carta privada, Ibáñez le propone al presidente Sarmiento comprar el Estrecho para Chile.

Actitud curiosa la del ministro chileno, pues si creía que el Estrecho era de Chile, no se concibe pretendiera comprarlo... Sarmiento le contesta en una carta, que Ibáñez difunde, y en la cual Sarmiento afirma que la línea divisoria entre los dos países corre a través “de la Cordillera Central nevada de los Andes”. Sarmiento anticipa así la doctrina argentina que finalmente se impondría: la línea separatoria es la de las altas cumbres y no las aguas de los ríos que de ella bajan, como sostenía la tesis chilena.

En 1873, Félix Frías presenta los memoriales que justifican el derecho indudable de la Argentina a la Patagonia; lo hace apoyándose en la exhumación de nuevos documentos.

Chilenos de alta responsabilidad lo felicitan a Frías; pero como otros sectores de ese país siguen difamando a Sarmiento, éste, en una carta a Frías, le anuncia que, de proseguirse en Chile esa difamación contra él, queriendo utilizar de modo adulterado sus artículos de periodista, está dispuesto a renunciar a la Presidencia, “para consagrarse totalmente a combatir las pretensiones de aquella gente”.

La respuesta de Frías es categórica:

Si realmente el nombre de usted pudiera embarazar la defensa de los derechos argentinos, yo, que estoy encargado de ello, se lo diría a usted con franqueza.
Pero nada de esto sucede; y no necesita usted descender de su puesto para rechazar el cargo más injusto. Su ministro bastará para probar al señor Ibáñez que la actitud de usted en la prensa chilena fue, como me lo dijo no ha mucho don Manuel Montt, ante todo la de un buen argentino”.

Contra la voluntad resuelta de Sarmiento y su programa de paz y de progreso, parecen aliarse los hombres y la naturaleza... Ricardo López Jordán renueva, en Entre Ríos, el 1 de Mayo de 1873, su segunda rebelión; la experiencia gubernativa del Gobierno Nacional, cuando en 1870 debió sofocar la primera, acorta los plazos para hacer fracasar esta otra que calculaba apoyos de Santa Fe y de Corrientes. Vencido en la batalla de Don Gonzalo, a fines de ese año, no ha vacilado antes en planear el asesinato de Sarmiento.

El atentado se produjo en Buenos Aires, la tarde del 23 de Agosto de 1873, en circunstancias en que Sarmiento, dentro de un carruaje que no es el oficial, ha salido de su casa y marcha a entrevistarse con Vélez Sársfield, su ex ministro del Interior.

Le preocupa una seria interpelación planteada en el Senado cuando, a pesar de esa preocupación y de su sordera, al cruzar el carruaje una esquina, oye el estruendo de una detonación. Los caballos se encabritan, pero el cochero castiga a los animales y Sarmiento llega al domicilio de Vélez Sársfield ignorando lo que realmente había ocurrido.

Tres individuos, al aproximarse al carruaje, lo habían rodeado armados con trabucos, pistolas y puñales. Uno de ellos dispara su trabuco, pero éste, excesivamente cargado, se le revienta en su propia mano y, temeroso de la herida que se ha provocado, él y sus cómplices huyen.

Tomados prisioneros dos de ellos, la investigación judicial permite comprobar que se trata de jóvenes marineros italianos llegados al país hace poco, que no conocían a Sarmiento y habían aceptado cometer el crimen a cambio de una suma facilitada por el tercer individuo.

La pericia química de las armas secuestradas midió la gravedad del plan: los plomos de las balas estaban recubiertos de bicloruro de mercurio y los agujeros que presentaban los puñales aparecían rellenados con sulfato de estricnina...

El tercer sujeto, fugado a Montevideo, identificado como Aquiles Segabrugo, había sido ministro de López Jordán, y apareció asesinado en esa ciudad, en Octubre. “La muerte había sellado los labios del único que hubiera podido revelar el nombre de las personas interesadas en el asesinato de Sarmiento(8).

(8) Francisco L. Romay, “Historia de la Policía Federal Argentina”, tomo V. Biblioteca Policial, 1966. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Poco después, luego de hacerle llegar al cónsul argentino, en Fray Bentos, la noticia de un nuevo atentado que se tramaba en el Uruguay contra Sarmiento, el autor de la denuncia era apuñalado: estando en agonía, el “Vasco Olave” -tal el nombre del denunciante- reiteraba su afirmación...(9).

(9) Francisco L. Romay, “Historia de la Policía Federal Argentina”, tomo V. Biblioteca Policial, 1966. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Las rebeliones de López Jordán que, huido al Uruguay, hizo en 1876 una tercera tentativa, significaron, además de las pérdidas en vidas, la suma de 16 millones de pesos. El Presupuesto de 1869, el primero de la Administración de Sarmiento, no alcanzaba a los diez millones...

Ya dijimos que la naturaleza también parecía plegarse a la oposición a Sarmiento. Además de la epidemia de fiebre amarilla y sus estragos imponderables, se presentaron inundaciones en cuatro provincias y, en 1873, una sequía diezmó la riqueza agraria: tan sólo en la ganadería se registró la pérdida de dos millones de vacunos...

Superando, sin embargo, todo eso, amén de las deudas contraídas por la guerra del Paraguay, Sarmiento no desmayó en la tarea constructiva relacionada con la educación: cientos de escuelas primarias que permitieron elevar de 30.000 el número de alumnos que existían al iniciar su Gobierno, a 100.000 al término del mismo; bibliotecas populares instaladas en docenas de ciudades; la fundación de las primeras Escuelas Normales son, en parte, testimonio de la efectividad cultural de la presidencia de Sarmiento.

Por decreto 13 de Junio de 1870 funda, en Paraná, dirigida por el pedagogo estadounidense Jorge A. Stearns, la primera Escuela Normal; en 1873 funda, en Tucumán, la segunda. Funda Colegios Nacionales en varias ciudades del Interior (San Luis, Jujuy, Santiago del Estero, Corrientes, Uruguay, Rosario, etcétera), y dicta, en Marzo de 1870, un plan moderno de seis años, en el que se reserva ancho lugar a las ciencias y a los idiomas. En 1869, ordena realizar el primer Censo Nacional.

Crea en San Juan y Catamarca la profesión de ingeniero de minas, varias escuelas de agricultura, el Observatorio Astronómico en Córdoba (Diciembre de 1869), la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (Mayo 16 de 1870), la Academia de Ciencias (Septiembre de 1872) y, este mismo año, la Oficina Metereológica.

El 22 de Junio de 1870 funda el Colegio Militar, cuya creación anticipó al asumir el mando:

Me prometo contraerme a preparar a la carrera militar nuevo prestigio con mayor contingente de instrucción científica”. Funda la Escuela Naval Militar, que funciona -en un principio (5 de Octubre de 1872)- a bordo del “Brown”.

Planea la prolongación del Ferrocarril Central Argentino, de Córdoba hasta Tucumán, inaugura el de Rio Cuarto y el de Concordia. El telégrafo llega hasta los confines de nuestras fronteras y en Agosto de 1874, al inaugurar el cable transoceánico, le expresa al presidente estadounidense Ulysses S. Grant: “Al terminar mi Gobierno, dejo mi país en contacto con todas las naciones”.

La elección de su sucesor origina una apasionada disputa. Avellaneda, hasta Agosto de 1873 ministro de Educación de Sarmiento es, sin duda, el candidato de sus simpatías. Otros dos son Alsina y Mitre. La circunstancia de que Alsina renuncia a su candidatura y decide apoyar a Avellaneda, asegura a éste el triunfo en comicios que, considerados fraudulentos por los mitristas, explica que los últimos se lancen, dos semanas antes de concluir la presidencia de Sarmiento, a una insurrección que estalla el 24 de Septiembre de 1874.

La lucha armada para sofocar la revuelta encabezada por Mitre, le corresponderá a Avellaneda.

Cumplido su período presidencial, en autobalance de su Administración, Sarmiento le ha escrito a un amigo residente en Chile:

... He concluido una larga carrera, llegando al término sin desandar el camino ni extraviarme”. “Los males quedarán en la sombra o serán amnistiados(10).

(10) Alberto Palcos. “Sarmiento” (1962), cuarta edición. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. 

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