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LUCHA FRATRICIDA Y SARMIENTO. ACTO TERCERO

Las ideas que el Congreso sostuvo en el caso de Santiago del Estero, tal como equivocadamente las entendió Sarmiento, las aplicó el Ejecutivo en una demanda de Intervención que formuló el gobernador de Corrientes.

El coronel Santiago Baibiene, que había gobernado con la adhesión de los liberales mitristas, transmitió el cargo el 25 de Diciembre de 1871 al doctor Agustín Pedro Justo, electo bajo su influencia. Los liberales de las otras fracciones combatían a ambos rudamente y se plegaron a la política del Ejecutivo.

Sarmiento se había enemistado con Baibiene después del combate de Ñaembé, cuya gloria se disputaban los dos, ahondándose la malquerencia cuando el Congreso se propuso crear el Territorio Nacional de Misiones y establecer la Capital Federal en algún punto de la provincia de Córdoba, proyectos que el gobernador correntino atribuyó a Vélez Sársfield, suponiéndolo empeñado en exaltar a Córdoba y deprimir a Corrientes, Entre Ríos y Buenos Aires.

Baibiene escribió a algunos personajes, pidiéndoles su ayuda para resistir la entrega de Misiones(1).

(1) Baibiene. Carta al coronel Valerio Insaurralde (Abril 14 de 1871), en: "Obras de D. F. Sarmiento", t. XXXII, p. 168. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El presidente, creyendo que esa actitud importaba un conato de rebelión, estuvo a punto de dictar las medidas del caso, pero Vélez Sársfield lo disuadió, explicándole que la tentativa puede reprimirse únicamente cuando hay principio de ejecución(2).

(2) Sarmiento. "Segunda Intervención en Corrientes", en: "Obras de D. F. Sarmiento", XXXII, 171. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 7 de Enero de 1872, el gobernador Agustín Pedro Justo recibió la noticia de haberse sublevado en Curuzú Cuatiá el coronel Valerio Insaurralde. Organizó inmediatamente las milicias y las envió a combatir contra los sediciosos, colocándolas a las órdenes de Baibiene.

Dos días después, la ciudad de Corrientes despertó bajo la impresión de una noticia extraordinaria: en esa madrugada, el Inspector General de Armas, coronel Desiderio Sosa, había detenido -en sus respectivos domicilios- al gobernador y a su ministro, doctor Juan Lagraña, así como al presidente de la Legislatura.

El jefe sublevado reunió, en los salones de la Casa de Gobierno, a un centenar de vecinos y, por consejo de estos y previo un simulacro de consulta popular, confió las funciones gubernativas a un Triunvirato, del que formaba parte Gregorio Pampín. A poco renunciaron los triunviros que acompañaban a Pampín, y éste continuó gobernando con la suma del poder público.

Entretanto, Baibiene movilizaba nuevas milicias en la campaña. El 12 de Enero, el gobernador obtuvo permiso de sus guardianes para dar un corto paseo por las barrancas; tenía preparado un bote y, como era ya oscuro, pudo saltar a él sin ser notado y -remando con sus propias manos hasta llagárselas, según hicieron notar los diarios(3)- refugiarse en una cañonera italiana surta en el puerto.

(3) Diario "La Nación", Nro. 606, Enero 28 de 1872. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 13 de Enero, el vicegobernador, Manuel de Jesús Calvo, que acompañaba a Baibiene en su expedición, solicitó del Ejecutivo la ayuda federal, y el gobernador repitió el requerimiento el 16 del mismo mes; pero ni uno ni otro recibió respuesta del Ejecutivo.

El 30 de Enero, el gobernador se presentó en Buenos Aires para enterarse de la determinación presidencial. Lo que ocurrió en la Casa de Gobierno ha sido relatado por el mismo Sarmiento:

Un día -dice-, día fatal en la historia de las Intervenciones correntinas, hallábase el presidente en su despacho discutiendo gravemente con el Procurador de la Nación, doctor Francisco Pico, la materia de una vista del Procurador General que el presidente hallaba errada, cuando se presentó el edecán Peña anunciando, con ronca voz, a Su Excelencia el Señor Gobernador de Corrientes.
- "¿Qué? ¿No le ha dicho usted que estoy ocupado?
- "Sí, Señor; pero repitió: dígale usted que está aquí el gobernador de Corrientes.
- "Dígale usted, al gobernador de Corrientes, que estoy ocupado, que después lo recibiré.
"Y sin más ni más, volviéndose a su interlocutor, continuó el roto hilo del discurso, hasta terminar la conferencia a que había sido oficialmente invitado el Procurador. Cuando el edecán Peña volvió a ver al presidente, le contó cómo se había ido echando periquitos el susodicho gobernador quien, al oír el comienzo del mensaje, tomó su sombrero y salió diciendo:
- "Basta, basta, cuando el edecán quería concluir la frase: que vuelva más tarde...
"Al día siguiente recibió Su Excelencia, el Señor Presidente, un billetico confidencial de Su Excelencia el Señor Gobernador de Corrientes... ¡ A la vuelta de ese otro día aparece en las columnas de 'La Nación' la carta!
"Búsquela -concluye Sarmiento- el cronologista o historiador de Intervenciones, y verá los términos precisos que no es fácil recordar ahora. Impresa está¡Esto iba pasando de castaño oscuro! Las negociaciones se hacían, pues, desde las oficinas de 'La Nación' por cartas confidenciales: ¡Acordar el gobernador con el presidente, de silla a silla!(4)

(4) "Segunda Intervención en Corrientes", en: "Obras de D. F. Sarmiento", t. XXXII, p. 171. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

O la carta dice: “me presenté hace dos días en el despacho de vuecencia solicitando ser recibido.; ...se me dijo que vuecencia no podía recibirme, y esto me pone en el caso de regresar inmediatamente a Corrientes, a disponer de los elementos que tenga para dominar y vencer la sedición(5).

(5) Justo. Carta al presidente Sarmiento (Febrero 1 de 1872), en: "La Nación", Nro. 611, Febrero 4 de 1872. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En el día en que le llegó la carta, Sarmiento hizo comunicar al gobernador su disgusto porque privaba de datos al ministro del Interior, no habiendo acertado él a disponer de su tiempo cuando recibió la visita...(6).

(6) Rufino. Carta al gobernador Justo, en: "La Nación", Nro. 611, Febrero 4 de 1872. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Justo regresó a su provincia sin hablar con el ministro. Como se ve, el presidente había resuelto no Intervenir. Pasado un tiempo, expuso las razones de su conducta: la falta de una ley orgánica que obviara futuras recriminaciones y conflictos; el deseo de que la propia provincia resolviera sus disensiones, surgidas a raíz de comicios dudosos; y el propósito de cuidar las rentas y la paz de la Nación(7).

(7) Sarmiento. Mensaje al Congreso (Mayo de 1872), en: H. Magrabaña, “Los Mensajes (Historia del desenvolvimiento de la Nación Argentina redactada cronológicamente por sus gobernantes. 1810-1910)”, t. III, p. 336. Buenos Aires, Comisión General del Centenario, 1910, (5 volúmenes). // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Sarmiento creía vengarse, de ese modo, de la decisión que adoptó el Congreso en los recientes asuntos de Santiago del Estero. Dentro de la República unida, tales ideas empezaron a repugnar. "La Nación" había expresado que, frente a una verdadera guerra civil, por local que fuera, el Gobierno Federal no debía cruzarse de brazos, contemplando impasible el derramamiento de sangre y permitiendo que se burlase la Constitución en la parte en que prohibe a las provincias el levantamiento de ejércitos(8).

(8) Nro. 604, Enero 20 de 1872. t. III, p. 336. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 6 de Febrero, Baibiene derrotó, en los montes de San Jerónimo, a las fuerzas insurrectas, compuestas de dos mil quinientos hombres y mandadas por el coronel Fernández Reguera. Más de cien combatientes cayeron muertos; pero la lucha continuó, y ambos adversarios se prepararon para librar nuevo combate.

La derrota de los rebeldes atemorizó a sus simpatizantes porteños, creyendo que Justo podría -por sus propios recursos- reconquistar el poder. Los diarios que les eran adictos se asociaron entonces al parecer de "La Nación", expresando que, cuando la guerra estalla en una provincia, es deber de las autoridades federales apagar inmediatamente el incendio, exista o no requerimiento(9).

(9) Periódico "La Tribuna", Nro. 6.405, Marzo 1 de 1872. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El Ejecutivo cedió ante tales opiniones... Había expresado, sin embargo, el propósito de no Intervenir y se contuvo ante la evidencia de un repentino cambio de actitud; de modo que, sin apelar oficialmente a una intromisión autoritaria, resolvió que dos Comisionados se trasladasen a Corrientes a fin de procurar un acuerdo entre los partidos; y Sarmiento amenazó a Baibiene con dictar medidas formales si los partidos desdeñasen un avenimiento honroso(10). Tratábase, pues, de una Intervención encubierta.

(10) Sarmiento. Carta al coronel Baibiene (Marzo 4 de 1872), en: "Obras de D. F. Sarmiento", t. LI, p. 189. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Los Comisionados -doctor Cortínez y coronel Roca- omitieron toda gestión, porque hallaron triunfantes a los sediciosos... El 4 de Marzo, el coronel Sosa había derrotado a Baibiene en la Cañada del Tabaco, causándole ciento cincuenta muertos, entre ellos el ministro Lagraña, y obligándolo a capitular.

Pampín disolvió la Legislatura, prescindió de los jueces, convocó a elecciones al pueblo y el 9 de Mayo resignó sus funciones en Miguel V. Gelabert, electo gobernador propietario. “El defensor de las Legislaturas” quedó muy satisfecho, pensando que había habido prudencia en esperar a que los sucesos tomasen fisonomía o se resolviesen por sus propios elementos: ningún interés queda conculcado -dijo- cuando se niega apoyo a un gobernante impuesto, contra el cual se levantan las resistencias que provoca(11).

(11) Sarmiento. "No Intervención en Corrientes", en: "Obras de D. F. Sarmiento", t. XXXII, p. 158. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El gobernador depuesto y varios miembros de la Legislatura disuelta se presentaron a la Cámara de Diputados reclamando la Intervención Federal. Entrada la nota en la sesión del 15 de Mayo, la Comisión de Negocios Constitucionales formuló despacho el 6 de Agosto.

Componían la Comisión los diputados Eduardo Costa, Francisco de Elizalde, José A. Ocantos, Guillermo Rawson y Ramón Videla. La demora del dictamen se debió a que el asunto fue muy discutido en el seno de la Comisión, entre los miembros que la constituían y entre varios de estos y los ministros

Parece ser que alguno de los ministros, acorralado por Rawson, precisó la siguiente tesis:

La cuestión de Intervención no es una cuestión constitucional, sino política; si los que piden la Intervención son nuestros amigos, debe intervenirse; pero si son enemigos de la Administración Nacional, la Intervención no se debe conceder...(12).

(12) Rawson. Discurso, en: Senado, sesión de Julio 10 de 1875. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Al fin, Rawson redactó un extenso y notable dictamen y consiguió que lo firmaran todos los miembros de la Comisión, menos Videla. Establecíase en él que la facultad de Intervenir corresponde a los dos Poderes políticos de la Nación.

Sentado esto, había que reconocer al Ejecutivo el derecho de actuar durante el receso, porque lo contrario significaría autorizar durante siete meses de cada año la violencia y el desorden, erigiendo a la autoridad nacional en testigo impasible e impotente y librando a las provincias a sus propias fuerzas, aunque las complicaciones locales pudieran ocasionar una conflagración en toda la República.

Sin embargo, como la facultad pertenece conjuntamente a los dos Poderes, su uso por el Ejecutivo durante el receso deja en pie la competencia de las Cámaras, porque de no ser así se convertiría en una de aquellas facultades que el Ejecutivo desempeña por derecho propio y de cuyo ejercicio es juez exclusivo.

Por lo tanto -continuaba el dictamen- el Congreso puede siempre obrar en la materia, complementando o modificando las actuaciones del Ejecutivo.

Sobre la base de estas ideas, resultaba indispensable Intervenir en Corrientes a objeto de reponer las autoridades depuestas, porque era necesario clausurar el período de las insurrecciones, asegurando la paz y el progreso del país.

O se Intervenía o se aceptaban las autoridades surgidas de la sedición, estableciéndose como medio legítimo de erigir Gobiernos la suerte de las armas. Esto último -concluía el dictamen-, “no entra en el designio de la Constitución, ni en las conveniencias del país, ni es compatible tampoco con el decoro del Gobierno Federal”.

Retornábase así a las doctrinas del presidente Derqui: el Gobierno Federal no puede reconocer a las autoridades surgidas de la sedición. El dictamen suscripto por Videla, también extenso, desarrollaba la tesis de que la negativa opuesta por el Ejecutivo era en absoluto irrevocable(13).

(13) Cámara de Diputados, sesión de Agosto 28 de 1872. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Leídos los despachos en la sesión del 28 de Agosto, Costa tomó la palabra para elogiar las Intervenciones, recursos indispensables en nuestro medio político. En el artículo 6to., como en todas las cosas -dijo acertadamente-, “hay lo que se ve y lo que no se ve: lo que se ve son los errores, los desaciertos, los males que ha podido producir; lo que no se ve son las revoluciones que ha evitado, es la tranquilidad que ha producido en toda la República”.

Agregó que lo indispensable era Intervenir, aunque no se dijese cuáles autoridades debían ser repuestas: si Justo y la Legislatura disuelta careciesen del carácter legal de autoridades constituidas por haber recibido el Poder en pugna con las normas constitucionales, el deber de la Intervención sería no reponerlos; pero aun en ese caso proporcionaría grandes bienes a la provincia, revistiendo de carácter legal al Gobierno revolucionario(14).

(14) Cámara de Diputados, sesión de Agosto 28 de 1872. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Con estas conclusiones, Costa contradecía las del dictamen que suscribió, quizá porque le pareciera cruel derribar un Gobierno ya establecido, sustituyéndolo precisamente con el que derrocó el pueblo a costa de su sangre; quizá porque la firma del dictamen le hubiese sido arrancada por la persuasiva palabra de Rawson.

Más fácil es creer lo primero, porque Costa -a diferencia de Rawson-, toleraba en el fondo las insurrecciones, como lo probaría en 1875, desde el severo cargo de Procurador de la Nación, abogando por la impunidad de una banda de delincuentes, so pretexto de que sus actos podían parecer sediciosos(15).

(15) Juan Alvarez, "Ensayo sobre la historia de Santa Fe" (1910), p. 41. Editorial: Establecimiento Tipográfico, E. Malena, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El diputado Elizalde apoyó las ideas de Costa: el Gobierno Federal tiene la obligación de Intervenir, pero no la de reponer autoridades, “si él ve -como juez de la intervención, en el teatro de los sucesos-, que no debe hacerlo”.

El ex gobernador Guastavino sostuvo que había que abstenerse de restablecer las autoridades locales, cuando éstas oprimieran la voluntad del pueblo. Votado el proyecto de la mayoría, la Cámara lo rechazó por negativa de veintitrés votos contra la afirmativa de ocho, y aprobó enseguida el de la minoría(16).

(16) Cámara de Diputados, sesión de Agosto 28 de 1872. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En verdad, el resultado sorprende, porque nadie refutó las ideas de Rawson. Este sufrió una derrota numérica, pero mereció un alto aplauso que nunca llegó a su conocimiento.

No sé -comentó Sarmiento en el seno de la amistad- cómo se da maña para sublevar todas las mediocridades: acaso no descendiendo hasta ellas. Votan en masa contra él después de aplaudirlo...(17).

(17) Sarmiento. Carta a José Posse (Septiembre 5 de 1872), en: "Obras de D. F. Sarmiento", t. LI, p. 224. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo XI: “Sarmiento y los Taboada”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

- Avellaneda Presidente

La no Intervención de la provincia de Corrientes resultó favorable a los planes del presidente Sarmiento. Su delfín, Avellaneda, se convirtió en el cuarto presidente de la Nación, gracias -entre otros- a los votos de los Electores correntinos.

Las elecciones presidenciales de Argentina de 1874 se llevaron a cabo para determinar el sucesor de Domingo Faustino Sarmiento. Nicolás Avellaneda fue electo su sucesor, tras un acuerdo entre éste y Adolfo Alsina, que resultó en la fundación -en Marzo de ese año- del Partido Autonomista Nacional (PAN), el cual gobernaría el país hasta 1916.

Las candidaturas fueron:
- por el Partido Autonomista Nacional, para presidente, Nicolás Avellaneda; para vicepresidente, el gobernador de Buenos Aires, Mariano Acosta (1872-1874).
- por el Partido Nacionalista: para presidente, Bartolomé Mitre; para vicepresidente, el Diputado Nacional por Corrientes, Juan Eusebio Torrent (1862-1865).

Avellaneda triunfó en Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Salta, San Luis, Santa Fe y Tucumán.

Mitre triunfó en Buenos Aires, San Juan y Santiago del Estero.

* Los resultados en el Colegio Electoral fueron:

Candidato a Presidente
Partido
Votos Electorales
Nicolás Avellaneda P. A. Nacional 145(18) (65 %)
Bartolomé Mitre P. Nacionalista 79 (35 %)
Total de votos 224
No votaron 4
Total de Electores 228
Candidato a Vicepresidente Partido Votos Electorales
Mariano Acosta P. A. Nacional 145
Juan Eusebio Torrent P. Nacionalista 79
Total de votos   224
No votaron 4
Total de Electores 228

* Resultados por Provincia:

                                                                         Presidente     Vicepresidente

Provincia Avellaneda Mitre Acosta Torrent

Buenos Aires

53 53
Catamarca
12   12  
Córdoba
25
25
Corrientes(19)
16
16
 Entre Ríos
 17
17 
 Jujuy
 8
 8
 La Rioja
8  8
 Mendoza
 10
 10
 Salta
 12
12
 San Juan
10
  10
 San Luis
10 10
Santa Fe   12
12
 Santiago del Estero
1 16
 1
16
 Tucumán
 14
14 
Total 145(18) 79 145(18) 79

(18) Aunque sólo 145 electores votaron por Avellaneda y Acosta, en el recuento final son nombrados Presidente y Vicepresidente con 146 votos.

(19) Siempre es dificil imaginar lo contrafáctico, pero es de suponer que si Agustín Pedro Justo hubiese permanecido en la Administración de la provincia hasta el 25 de Diciembre de 1874, los 16 Electores correntinos habría votado por la fórmula Mitre-Torrent. Sarmiento, una vez más, no se equivocó.

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