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Combates ininterrumpidos

El conflicto entre Paraguay y la Triple Alianza no amainó durante la visita de Gould. Las lluvias fueron constantes a principios de Septiembre y paralizaron el movimiento de las tropas desde Tuyucué y el sur:

En todas partes, y en cada lugar bajo, no se ve otra cosa que barro y nada más que barro [...]. Bueyes, caballos o mulas que podrían costar un doblón cada uno [...] se encuentran atrapados en los barrizales, muchas veces todavía vivos, con sus cabezas y cuellos proyectándose por encima del lodo, que pronto se convertirá en su lecho de muerte y tumba.
“[Hay] carretas empantanadas [tan profundamente que allí] quedarán por todos los tiempos(1).

(1) “War in the North”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 11 de Septiembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

A pesar de la lluvia, había intercambios de artillería en numerosos lugares a lo largo de la línea, pero ni la infantería ni la caballería Aliadas hicieron ningún progreso real contra los paraguayos. El fango en los senderos impedía un suministro adecuado a Tuyucué y, por lo tanto, las Fuerzas brasileñas, orientales y argentinas simplemente se mantuvieron en sus posiciones y evitaron enfrentarse con sus cercanos oponentes paraguayos. Quizás pensaban que los hombres del Mariscal lanzarían un ataque, pero eso nunca ocurrió.

En cambio, las tropas a ambos lados de la línea combatían con otra amenaza de cólera. Aunque los efectos de la enfermedad fueron menos fatídicos en esta ocasión que en Abril, el terror que inspiraban fue igual de palpable, particularmente entre los brasileños, que habían registrado varios casos de viruela en su Hospital de Tuyutí.

El 6 de Septiembre, “The Standard” anunció que un hombre en el Hospital argentino ya había muerto de cólera y que la enfermedad podría “pronto crear un caos aquí [en Itapirú], donde abundan todas las especies de aborrecibles porquerías(2).

(2) “War in the North”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 11 de Septiembre de 1867. Los brotes de la enfermedad no se limitaron a los tiempos de guerra. Ver: “Algunas consideraciones relativas al cólera morbo asiático”, en: “El Pueblo. Organo del Partido Liberal”, (Asunción), edición del 15 de Enero de 1895. La fiebre amarilla también fue un problema serio; mató a cientos en Buenos Aires en 1871, incluyendo a Francisco Javier Muñiz, uno de los Jefes de los Oficiales médicos argentinos durante la guerra. Ver: Thomas Edward Ash, “The Plague of 1871” (1871). Buenos Aires; y Eliseo Cantón, “Historia de la Medicina en el Río de la Plata” (1928), 2: 427-429. Impr. G. Hernández y Galo Sáez: Madrid. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Aunque las condiciones sanitarias seguían siendo malas, los servicios médicos Aliados habían mejorado considerablemente y, para mediados del mes, el número de pacientes en el Hospital argentino se había reducido a unos treinta hombres, ninguno de ellos enfermo de cólera(3).

(3) “War in the North”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 18 de Septiembre de 1867. Ver, también, Mitre a Paz, Tuyucué, 17 de Octubre de 1867, en: “Archivo del coronel, doctor Marcos Paz” (1964), 7: 336. La Plata. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Aún así, la enfermedad resurgió esporádicamente durante los dos meses siguientes, infundiendo temor en cada ocasión. El 11 de Octubre, las autoridades Aliadas anunciaron que un General y un Coronel argentinos habían muerto de cólera y que otros 300 hombres estaban enfermos de disentería y otras dolencias(4).

(4) M. A. de Mattos a “Querido Amigo”, Tuyucué, 11 de Octubre de 1867, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 16 de Octubre de 1867. El General muerto era Cesáreo Domínguez, de sesenta y dos años, quien había servido tan notablemente como Coronel en Boquerón. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En el Campamento paraguayo, la situación era peor. La desnutrición se había vuelto prácticamente una forma de vida en Humaitá y, dado que las enfermedades tienden a actuar de manera oportunista, hombres que ya apenas se las arreglaban para cumplir sus tareas, cayeron gravemente enfermos. El número preciso de los que sucumbieron es desconocido, pero la cifra alcanzó los cientos e incluyó a oficiales, soldados, civiles y reclutas niños que habían llegado recientemente de Asunción(5).

(5) El “Anglo-Brazilian Times”, (Río de Janeiro), reportó que el cólera, “de características más atenuadas que antes, estaba amenazando a las Fuerzas Aliadas y, desertores de Humaitá lo representan como muy destructivo en los Campamentos paraguayos” (edición del 23 de Octubre de 1867). El “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), fue más allá, afirmando que “los paraguayos están al borde de morir ya sea de cólera o de hambre. En estas circunstancias, la Guerra del Paraguay terminará en el curso de un mes” (edición del 19 de Octubre de 1867). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La más reciente leva masiva del mariscal había vaciado los pueblos del Interior y ni siquiera los habitantes más jóvenes habían escapado de las implacables patrullas de reclutamiento.
Ahora las enfermedades contribuían con su propia saña al progresivo proceso de desastre demográfico del país(6).

(6) En 2001, una controversia menor (y bastante artificial) surgió en la prensa carioca cuando académicos asociados a la Universidade Federal do Rio de Janeiro resucitaron un viejo rumor al revelar la supuesta existencia de una carta de Caxias, del 18 de Septiembre de 1867, en la cual admitía haber tirado cadáveres de víctimas de cólera al Paraná para, “extender el contagio a las poblaciones ribereñas de Corrientes, Entrerios [sic] y Santa Fe”, en: “O Jornal do Brasil”, (Río de Janeiro), edición del 21 de Octubre de 2001; esta acusación, de haber conducido una guerra bacteriológica, contiene todas las características de una fabricación, de ceguera histórica y de deliberada ignorancia, y no puede ser sostenida por los hechos. Si los escritores comprometidos con la teoría de la conspiración desean socavar la reputación del Marqués de Caxias, tendrán que hacer mejores esfuerzos. Ver: general Luiz Cesário da Silveira Filho, “A verdade sobre Caxias”, en el: “Jornal do Brasil”, (Río de Janeiro), edición del 11 de Noviembre de 2001, con una réplica en el mismo periódico por parte de Alberto Magno (“A guerra bacteriológica do Brasil”), que afirma que toda la historia es una “invención”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Al menos uno de los que murieron en la epidemia fue universalmente llorado: Natalicio Talavera había escrito -en 1867- una tras otra sus cartas desde el frente para “El Semanario”.

Cuando la fortuna del país decayó, sus reportes mantuvieron su mordacidad y ardor y eran ansiosamente esperados por los lectores en todas partes. El 28 de Septiembre envió su misiva final, disculpándose por la demora. Ya estaba débil y enfermo. Sus últimos comentarios dejaban traslucir una angustia que, para entonces, ya era familiar, y retumbaban con el significado de la férrea resistencia del Paraguay:

Necesito expresarles la gratitud y entusiasmo de todos los presentes [en el frente]. Cada vez que las publicaciones de la Capital llegan a nosotros, traen con ellas los aromas con los que la mitad [femenina] de la familia paraguaya perfuma el santuario de la patria.
No propongo autonombrarme vocero de aquellos valientes hombres que están aquí unidos al pie de la bandera, y que están cubiertos de gloria, porque no puedo saber cómo expresar el sentimiento de satisfacción que los anima. Solamente puedo adherirme a sus esfuerzos por salvar la nación.
Dejemos que sus hechos [hablen por sí mismos y muestren] su disposición de defender hasta la muerte el hogar de esas mismas mujeres. [Su determinación ofrece] la más dominante manifestación de su gratitud(7).

(7) “El Semanario”, (Asunción), edición del 28 de Septiembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Natalicio Talavera murió de cólera en Paso Pucú, el 11 de Octubre de 1867(8).

(8) La unanimidad de la aclamación a Talavera fue impresionante, como lo fue la sinceridad de la pena por su partida. “Cabichuí”, (Paso Pucú), ofreció un conmovedor tributo en su edición del 14 de Octubre, mientras que “El Centinela”, (Asunción), fue más lejos tres días más tarde, lamentando la muerte del joven periodista, sin omitir que sus talentos hacía tiempo habían sido reconocidos por “la profunda perspicacia de Su Excelencia, el Mariscal López, quien vio en él una joya preciosa brillando a su lado”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La matanza que sus cartas condenaron y la bravura que elogiaron, habían continuado sin pausa a lo largo de Septiembre y Octubre. Asperos enfrentamientos sin ganadores inequívocos habían tenido lugar constantemente.

El 8 de Septiembre, una fuerza de 527 jinetes paraguayos del Regimiento 21, irrumpió en las posiciones Aliadas cerca de un cementerio, a media legua de San Solano. El ataque, que los paraguayos quisieron hacer por sorpresa, estuvo mal coordinado desde el principio y produjo mínimas pérdidas a los defensores, que respondieron bien. Caballos mutilados cubrían el campo; otros luchaban en su agonía; y, en todas partes había jinetes desmontados corriendo en todas las direcciones.

Una bala de cañón alcanzó a un hombre cuando vagaba desorientado en dirección al enemigo y le separó la cabeza del cuerpo como si hubiera sido la hoja de una guillotina. Y este fue sólo uno de muchos. Los paraguayos dejaron 150 muertos antes de ser rechazados a sus trincheras por jinetes brasileños que habían llegado desde Tuyucué. A cambio de estas vidas, los hombres de López se llevaron 100 cabezas de ganado y algunos caballos(9).

(9) Caxias a Mitre, Tuyucué, 7 de Septiembre de 1867, en: “La Noticia”, (Buenos Aires), edición del 19 de Septiembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El hecho de que varios de sus hombres desertaran, pasando a las filas de brasileños y correntinos durante este enfrentamiento, hizo al mariscal reaccionar con una de sus peores muestras de resentimiento. Disolvió el Regimiento 21, distribuyó a sus hombres entre sus batallones de infantería e hizo ejecutar o azotar a los oficiales y sargentos que no habían podido evitar las defecciones(10).

(10) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 7: 104, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Pese a todo lo que se decía de la resolución paraguaya, las deserciones se habían convertido en un problema creciente en Humaitá y en todo el resto de la línea. Incluso antes de la guerra, las huidas del Ejército paraguayo habían ocurrido esporádicamente, pero estas acciones individuales no respondían entonces a ningún sentimiento general de malestar en las tropas(11).

(11) Los archivos están repletos de casos de deserciones a lo largo de los años 1860. Ver, por ejemplo, Miguel González a López, Tranquera de Loreto, 13 de Marzo de 1863, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 16, 7, n. 1; Corte Marcial a Sixto Mendes [1865], en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Jurídica Criminal 1512, n. 7; Interrogatorio al desertor Juan Bautista Espinosa, Cuarteles Generales del Batallón 47, 15 de Febrero de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 780; Juan Gómez a Ministro de Guerra, Cuarteles Generales del Batallón 47, 7 de Junio de 1866, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 755; y muchos otros. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Ahora, en cambio, los hombres en el sur del país sentían que el Ejército se movía en una dirección imposible. Cada soldado veía que las órdenes e instrucciones, que alguna vez había obedecido sin dudar, se habían vuelto totalmente insensatas, basadas en evaluaciones irracionales de la situación, lanzadas en un intento de inspirar mayor resistencia y mayor lealtad al Mariscal.

Que algunos hombres rehuyeran hacer más sacrificios era entendible, pero hacía que López y sus oficiales fueran aun más suspicaces, aún más arbitrarios en sus tratos. Las deserciones continuaron, como también los terribles castigos propinados a los hombres que eran capturados tratando de escapar(12).

(12) Que las deserciones se expandieron en 1867, está ilustrado en un Registro incompleto de Junio, Julio y Agosto de ese año, que recoge 51 casos separados de desertores detenidos, azotados o ejecutados en esos meses. Ver: documentos no identificados de 1867, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 768. Los Aliados también hicieron mucho hincapié en el creciente número de paraguayos desertores. Ver: “Papeles paraguayos”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 22 de Septiembre de 1867; Enrique Castro a Flores, Tuyucué, 24 de Diciembre de 1867, en: Archivo General de la Nación, Montevideo, Archivos Particulares, caja 69, carpeta 21. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Un colapso total de la disciplina del lado paraguayo, sin embargo, era improbable. Oficiales y Sargentos todavía podían proporcionar apoyo y confianza, así como también amenazar y, esto, a veces compensaba el naciente derrotismo. Los capellanes, aunque estaban tan hambrientos como los soldados, también hacían todo lo que podían para darles ánimo. Trabajaban en las trincheras y en los puestos de tiradores, reprimiendo su propio temor, para confortar a los que pudieran.

Además, pese a todas las desgracias, los paraguayos disfrutaron de pequeñas victorias que alimentaron su confianza en la lucha. El 20 de Septiembre, por ejemplo, los brasileños tomaron Pilar, pero fueron rápidamente expulsados cuando un vapor paraguayo desembarcó una tropa con refuerzos(13).

(13) Un dudoso relato paraguayo de estos eventos, que caracteriza el ataque a Pilar como un “asalto de forajidos”, impulsado por el hambre en los Campamentos Aliados, es incluido en la correspondencia oficial del ministro de Estados Unidos en Argentina; ver: Asboth a Seward, Buenos Aires, 10 de Noviembre de 1867, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., FM-69, n. 17. La versión brasileña de esta ocupación, acompañada por varios reportes oficiales, puede encontrarse en: “Correspondencia do Jornal do Commercio”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 10 de Octubre de 1867, y, para un relato más personalizado, ver: Visconde de Maracajú, “Combate do Pilar e Reconhecimento do Tayí (Rio de Janeiro, Dec. 1892)”, en: Papeles de Maracajú, Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, lata 223, doc. 19. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los defensores del puerto se jactaron mucho de la derrota de los kamba y rieron estridentemente de un pelotón de brasileños que, habiendo volcado un contenedor de melaza mientras saqueaban una residencia privada, no pudieron sacarse la sustancia pegajosa de las manos y las botas y se retiraron hacia San Solano como “payasos de circo(14).

(14) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 7: 142-144, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción; “El Semanario”, (Asunción), edición del 28 de Septiembre de 1867; el general Isidoro Resquín dijo que los Aliados habían tomado 22.000 cabezas de ganado en Pilar, un número extremadamente improbable. Ver: Francisco I. Resquín, “La guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (1996), p. 65. El Lector: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En realidad, los paraguayos no debieron haber mostrado tanto desdén, ya que los Aliados tomaron 74 prisioneros durante esa breve ocupación, junto con 200 cabezas de ganado, 60.000 cartuchos y otras armas y municiones, charque y una chata intacta. La incendiaron, junto con varias canoas, antes de partir(15).

(15) Caxias a Mitre, Tuyucué, 23 de Septiembre de 1867, en: “Archivo del coronel, doctor Marcos Paz” (1964), 6: 343-344. La Plata. No está claro cuántos civiles estaban aún presentes en Pilar en esta época; unas pocas semanas más tarde, Charles Washburn reportó que, “los habitantes han sido compelidos a trasladarse a una larga distancia por encima de Pilar y [...] Villa Franca, que está más o menos a mitad de camino entre ese lugar y, Humaitá, también ha sido evacuada”. Ver: Washburn a Seward, Asunción, 14 de Octubre de 1867, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., M-128, n. 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El 24 de Septiembre hubo otro enfrentamiento del que los hombres del mariscal pudieron alardear. Una columna de 3.000 aliados que escoltaba un convoy de carretas de suministros, divisó lo que parecía ser el disminuido remanente de un Destacamento paraguayo zigzagueando hacia ellos desde los pantanos cerca de Paso del Ombú.

Los brasileños permitieron que las tropas tomaran una o dos carretas y varias mulas. Luego, con la idea de masacrar a los tontos intrusos, enviaron cinco batallones de infantería y tres regimientos de caballería a la refriega(16).

(16) Despacho del general Pôrto Alegre a Caxias, Tuyutí, 24 de Septiembre de 1867, en: “Archivo del coronel, doctor Marcos Paz” (1964), 6: 344-345. La Plata. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los paraguayos retrocedieron a los esteros y los brasileños los persiguieron, sólo para percatarse demasiado tarde de que era una trampa. El coronel Valois Rivarola, rico estanciero del pueblo de Acahay, les había tendido una emboscada, enviando dos batallones de infantería a desafiar a los brasileños y lanzándoles furiosas cargas de mosquetería y cohetes Congreve a corta distancia.

Atrapados en el lodo, los soldados Aliados pelearon irregularmente y luego pidieron ayuda a la caballería imperial, que estaba espléndidamente montada en algunos de los más finos ruanos y moteados, que los estancieros de Urquiza podían proveer. Sin embargo, los caballos pronto quedaron con el agua hasta el pecho y los brasileños -según relata el coronel Thompson- [...] cargaron en columna al regimiento paraguayo, cuyos miserables y demacrados caballos apenas podían moverse y esperaban en línea el ataque.

Los brasileños se acercaron a unas 150 yardas a los paraguayos, cuando estos últimos espolearon sus caballos para ir a su encuentro, haciendo que los brasileños inmediatamente mostraran las grupas de la forma más vergonzosa y escaparan a todo galope. Este fue el único movimiento en ambos bandos y, al final, el enemigo se retiró, dejando unos 200 muertos en el campo. Los paraguayos sólo perdieron a ocho, entre muertos y heridos(17).

(17) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 223-224. Longmans, Green, and Co.: Londres; Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 21-23, (4 volúmenes). El Lector: Asunción; Paulo de Queiroz Duarte, “Os voluntários da patria na guerra do Paraguai” (1982), v. 3, 1: 132-134, 2: 173-175. Biblioteca do Exército: Rio de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El enfrentamiento en Ombú no fue concluyente pero, debido a que las bajas Aliadas excedían a las del mariscal, éste consideró la batalla como una espectacular humillación del enemigo. Elogió la audacia del coronel Rivarola y procedió a vitorear a las unidades involucradas. Estas respondieron con toda la exuberancia que la ocasión demandaba(18). Pero sabían que nada había cambiado.

(18) En su edición del 3 de Octubre de 1867, “El Centinela”, (Asunción), publicó un artículo que celebraba el “espléndido triunfo” en Ombú. Estaba acompañado con una elaborada ilustración grabada del combate que, de manera improbable, contaba “600 negros muertos, [otros] prisioneros tomados, muchos heridos y un batallón entero y sus armas capturados en este enfrentamiento”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

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