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Parecué

Francisco Solano López adquirió el hábito de enviar numerosas unidades de caballería a incursiones diarias para hostigar al enemigo y quitarle suministros. En algunas ocasiones, los asaltos paraguayos resultaron significativas escaramuzas entre fuerzas de hasta miles de hombres.

Una de ellas ocurrió el 3 de Octubre de 1867, en Parecué (o isla Tayí). Al despuntar el alba, el mayor Bernardino Caballero salió de Humaitá al frente de un contingente de 1.000 jinetes rumbo a San Solano, donde esperaba realizar un rápido ataque sorpresa contra los brasileños y descomponer la extrema derecha de la posición Aliada.

No sabía lo que le esperaba, ya que su movimiento había sido detectado y el Marqués de Caxias en persona se dirigió al punto amenazado, preparando los distintos Cuerpos a su disposición para la defensa.

Caballero se había convertido en el nuevo favorito del mariscal, un sucesor apropiado, si bien no exactamente digno, del general Eduvigis Díaz. Con su joven exuberancia, esculpido rostro y penetrantes ojos azules, el Mayor tenía semblante de héroe, del tipo que el mariscal gustaba de tener alrededor.

Pero la reputación de Caballero como hombre de armas era sólo parcialmente merecida. Aunque inteligente e incuestionablemente valiente, nunca había demostrado dotes de estratega y sus triunfos habían sido -en su mayoría- cortos, agresivos asaltos que dejaban intacta la ecuación básica anterior a ellos.

Cuando se convirtió en presidente del Paraguay, en 1880, desechó completamente su estatus como héroe militar; nunca lucía sus medallas y ni siquiera tenía un uniforme. Siempre fue mejor conocido como mujeriego que como soldado. Parece cierto que era padre de al menos treinta y dos hijos de un número casi similar de mujeres.

De acuerdo con una bien conocida tradición familiar, estos hijos acudían a la residencia oficial al final de cada mes para recibir una subvención regular de su padre. Parecué, sin embargo, le presentaba la oportunidad de realizar algo mejor que confiscar un convoy(1).

(1) Un chisme maledicente aseguraba que era Madame Lynch, antes que López, la que se sentía atraída hacia el apuesto Caballero, quien, supuestamente, debía sus promociones sin precedentes a una relación íntima con ella. Una historia paralela, quizás inventada por los mismos charlatanes, sostenía que su hermana, María de la Cruz Caballero, tenía un amorío con el mariscal y que fue debido a su influencia que se elevó tan rápidamente a la prominencia. Ver: Guilherme de Andréa Frota, , ed. “Diário Pessoal do Almirante Visconde de Inhaúma durante a Guerra da Tríplice Aliança (Dezembro 1866 a Janeiro de 1869)” (2008), p. 344, n. 487. Río de Janeiro. Probablemente la obra más conocida sobre Caballero, totalmente hagiográfica en su orientación, es: Juan E. O’Leary, “El Centauro de Ybycuí (Vida heróica del general Bernardino Caballero en la guerra del Paraguay” (1929). Livre Libre: París. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Cuando Caballero se acercó a la posición enemiga, formó sus seis regimientos como una ancha columna, el centro de la cual estaba sobre una pequeña elevación. Los paraguayos casi inmediatamente recibieron fuego de carabina de una unidad de caballería brasileña que cargó sobre ellos a campo traviesa, pero Caballero no tuvo problemas para hacer retroceder a los jinetes con sables y lanzas.

No obstante, perdió algunos minutos en el entrevero, lo que permitió a Caxias traer dos piezas de campaña para bombardear a los paraguayos. Presintiendo el peligro y esperando atraer a los brasileños a su propio fuego enfilado, Caballero abandonó una parte de sus tropas en el monte. Ordenó a sus fuerzas restantes volver al centro a preparar un ataque en masa una vez que Caxias mostrara sus cartas(2).

(2) “Correspondencia del Ejército”, en: “El Semanario”, (Asunción), edición del 9 de Octubre de 1867. Ver, también, Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 7: 183-188, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

No estaba claro, en ese momento, si los Aliados se lanzarían al fuego paraguayo o si sería al revés. Repentinamente, los brasileños avanzaron sobre la principal fuerza enemiga con tres regimientos de caballería y dos batallones de infantería en la retaguardia(3).

(3) Hay una disparidad mayor que la usual en las fuentes sobre el número de unidades involucradas en el enfrentamiento. George Thompson y Juan Crisóstomo Centurión apuntan cuatro Regimientos brasileños (“The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869) p. 224; “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 24), y Francisco I. Resquín (“La guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (1996), 3:24), una División completa. Parece, eso sí, que Caxias tenía muchas más unidades en reserva de las que empleó ese día. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Todas estas unidades, al parecer, fueron golpeadas por una impetuosa carga de los jinetes de Caballero. Los brasileños se habían lanzado hacia adelante, más y más rápido, con los jinetes bien asidos a los cuellos de sus caballos, pero fueron recibidos con un infierno de mosquetería. La vanguardia se quebró bajo una tormenta de proyectiles.

Hombres y caballos cayeron a montones y los cuerpos apilados formaron una barrera insuperable para los que venían detrás. La carga brasileña titubeó de inmediato. Caballero vio su oportunidad, contraatacó justo en ese momento y azotó ferozmente al enemigo.

Fuera por temor a que sus cañones cayeran en manos paraguayas, fuera porque se dieron cuenta de lo imprecisos que habían estado sus cañoneros, los brasileños procedieron a retirar sus piezas una por una y dejaron la pelea a cargo de su caballería. Al menos tres regimientos más se agregaron al campo, gritando y blandiendo sus sables, pero Caballero los detuvo a todos, agotando la mayoría de sus municiones en el proceso.

Habiendo fracasado la caballería, Caxias envió varios batallones de infantería para hostigar a los paraguayos que, en retirada, trataban de reagruparse en una isla cubierta de pastizales. Caballero intentó sacar a sus hombres de la línea directa de fuego, pero esta vez no mostró la precisión que a menudo definía sus movimientos y los paraguayos cayeron en desorden, huyendo en múltiples direcciones.

Hasta este momento, los brasileños se habían mostrado inseguros sobre lo que debían hacer, pero cuando las tropas enemigas vacilaron y se quebraron, los soldados de Caxias recobraron el aplomo y cargaron con renovada determinación.

La mayoría de las pérdidas paraguayas ese día ocurrieron durante los siguientes minutos, pero, poco después, por razones que tuvieron más que ver con la suerte que con el entrenamiento o la experiencia, las tropas del mariscal también recuperaron la compostura. Esta vez fueron los brasileños los que flaquearon. Los hombres de Caxias se retiraron del campo, y aunque los paraguayos se prepararon para resistir otro asalto, este nunca llegó(4).

(4) “Battle of Isla Taiy. Paraguayan Version”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 9 de Noviembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Caballos y hombres muertos cubrían el suelo cenagoso, pero ni Caballero ni los Aliados podían arriesgarse a detenerse a enterrar a sus camaradas. Sólo después de que los brasileños regresaron a San Solano, más tarde, ese mismo día, los paraguayos se ocuparon de esa espeluznante tarea y de rescatar a los hombres heridos que pudieron encontrar. Muchos se habían desangrado en el ínterin. En total, los brasileños perdieron a unos 500 hombres y los paraguayos a 300, entre muertos y heridos(5).

(5) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 224. Longmans, Green, and Co.: Londres; Enrique Castro a Juan Bautista Castro, Tuyucué, 10 de Octubre de 1867, en: Archivo General de la Nación, Montevideo, Archivos Particulares, caja 69, carpeta 23. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Algunos reportes Aliados consideraron Parecué como una victoria, en el sentido de que no condujo a la recaptura paraguaya de San Solano(6).

(6) Ver, por ejemplo, “Splendid Victory by the Allies”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 9 de Octubre de 1867. Incluso Mitre se dejó ganar por el inicial espíritu de optimismo y señaló que había sido “un día lleno de triunfos [para nosotros] y de luto para el enemigo”. Ver Mitre a Paz, Tuyucué, 3 de Octubre de 1867, en: “Partes Oficiales”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 9 de Octubre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Caxias sabía que, en realidad, había sido un revés menor, pero era demasiado profesional como para dejar que eso lo humillara. Sin duda se sintió ansioso de no repetir los errores de ese día y, la próxima vez, acorralar al enemigo de tal forma que no pudiera responder como lo hizo Caballero en Parecué. Por otro lado, el Marqués se podía dar el lujo de sufrir esas pérdidas, mientras que los paraguayos no.

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