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Segunda Tuyutí

El Mariscal comprendía que el tiempo de Humaitá se estaba acabando. El cerco Aliado estaba casi completo y todo lo que Mitre y Caxias necesitaban hacer era apretar el lazo. No obstante, los Comandantes enemigos tenían ciertas debilidades en su posición táctica, que López todavía esperaba explotar.

Por ejemplo, los suministros que requerían argentinos y brasileños para tomar la Fortaleza eran transportados por tierra desde Tuyutí a través de una de las más densas e inhóspitas selvas de esa parte del Paraguay. Los salteadores de Bernardino Caballero ya habían golpeado a estas caravanas de provisiones en muchas ocasiones y habían conseguido perturbar el calendario de los Aliados.

Sin embargo, estas incursiones no lograban quebrantar la ofensiva enemiga. Para eso, López necesitaba algo más convincente. La inteligencia paraguaya todavía era superior a la de los Aliados y el mariscal hacía tiempo que sabía cuán frecuentemente las caravanas partían de Tuyutí. Juzgó que una de ellas probablemente saldría del Campamento Aliado a principios de Noviembre, acompañada por una importante escolta.

Dado que dos batallones acababan de ser despachados para reforzar Tuyucué, esta nueva disposición dejaría el Segundo Cuerpo disminuido y, quizás, vulnerable a un ataque sorpresa. Dos meses antes, el ministro Washburn había considerado improbable un asalto de ese tipo al Campamento de Tuyutí, ya que las fuerzas del Mariscal eran “tan desproporcionadas a las de sus enemigos que [el resultado sería] desastroso(1).

(1) Washburn a Seward, Asunción, 31 de Agosto de 1867, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., M-128, n. 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los acontecimientos probaron que estaba equivocado. El sol todavía no había despuntado en el horizonte el 3 de Noviembre de 1867 cuando unos 9.000 paraguayos reptaron fuera de sus escondites cerca del Bellaco y se dirigieron al sur a través de Yataity Corá, lo más rápido que pudieron.

En esa época del año, el aire estaba templado y repleto de los agradables aromas de la vegetación de los pantanos, lo que pudo haber contribuido a que los piqueteros Aliados sintieran una engañosa seguridad. Sea como fuere, el hecho es que no notaron que las tropas se acercaban, lo que permitió a los paraguayos llegar casi sin obstáculos hasta la primera línea de trincheras.

López no tenía intenciones de tomar el Campamento. Enredarse en una batalla abierta con fuerzas superiores no era algo que lo atrajera en esta etapa de la campaña. En cambio, deseaba lanzar un asalto limitado, similar a los que había conducido el año anterior contra Itatí y Corrales.

Buscaba sacar ventaja de las líneas interiores, golpear -a través de Potrero Piris- lo más fuerte que pudiera la base enemiga de comunicaciones y abastecimiento, capturar las piezas de artillería que cayeran en sus manos y retornar a sus propias fronteras antes de que sus perplejos enemigos se recuperasen del asombro. Calculaba que un asalto exitoso, en este importante sitio, podría forzar a Mitre a reorganizar sus tropas desde Tuyucué y que esto, a su vez, podría arruinar los planes Aliados de cercar Humaitá.

El Mariscal estuvo cerca de cumplir sus objetivos, que sólo se vieron frustrados porque sus demacrados hombres fueron más allá de sus órdenes. La columna paraguaya se separó en dos Divisiones, con una fuerza de infantería de quizás 9.000 hombres, comandados por el general Vicente Barrios, cayendo sobre la derecha enemiga(2) y con una segunda División, conformada por los jinetes restantes de Caballero, lanzando una serie de asaltos de hostigamiento al reducto brasileño en la izquierda.

(2) Un testigo ocular -del lado brasileño- criticó como incorrecta la común afirmación de que había dos Divisiones paraguayas desplegadas cuando, de hecho, argumenta, había tres. Ver: Francisco Manoel da Cunha Junior, “Guerra do Paraguai. Tujuty. Ataque de 3 de Novembro de 1867” (1888), p. 17. Río de Janeiro. Ver también: Paulo de Queiroz Duarte, “Os voluntários da patria na guerra do Paraguai” (1982), v. 3, 1: 134-7; 2: 5-54, 112-6, 175-80, 206-12; 3: 82-7, 117-23, 227-8. Biblioteca do Exército: Rio de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los desprevenidos soldados Aliados nunca entendieron qué los había golpeado. Reaccionaron con horrorizada sorpresa y huyeron precipitadamente cuando vieron a miles de “salvajes” paraguayos correr hacia ellos. Los caballos, enloquecidos, se desbocaban, con o sin jinetes.

En la fuga también huían cientos de soldados de la Legión Paraguaya, incluyendo a sus Comandantes, los coroneles Fernando Iturburu y Federico Guillermo Báez, a quienes les esperaba un instantáneo ajusticiamiento si caían en manos de sus compatriotas(3).

(3) La Legión, que en los papeles consistía en poco más de 700 integrantes, era una unidad del Ejército Argentino desde 1865. Como era de esperarse, el Gobierno del mariscal trataba de traidores a los soldados que la componían y, pese a ello, el número de legionarios uniformados nunca fue tan grande como el de los oportunistas paraguayos, hombres y mujeres, que buscaron torcer la guerra en su propio beneficio en el Campamento Aliado. Ver: “The Tuyutí Surprise”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 15 de Noviembre de 1867; Francisco Manoel da Cunha Junior, “Guerra do Paraguai. Tujuty. Ataque de 3 de Novembro de 1867” (1888), pp. 15-16. Río de Janeiro; Juan E. O’Leary, “Los Legionarios” (1930). Editorial de Indias: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los hombres del mariscal avanzaron con una mínima oposición, abrieron amplios agujeros en la línea principal y los atravesaron con grandes contingentes. Solamente aquellos soldados Aliados que habían encontrado refugio en los recesos, sobrevivieron a esta avalancha.

El combate se agudizó en torno a los terraplenes Aliados. Para entonces, los brasileños ya habían comenzado a recobrarse. Resistieron mano a mano y trataron desesperadamente de rechazar a los soldados del mariscal, pero al final fueron ellos los que terminaron empujados hacia los Cuarteles del general Pôrto Alegre. A corta distancia, podían percibir la insignia paraguaya flameando triunfalmente sobre las pilas de los soldados Aliados masacrados en la primera línea de trincheras.

Nada contenía a los paraguayos. El Campamento en Tuyutí había estado en manos Aliadas por un año y medio y ahora se asemejaba a una próspera ciudad, con sus numerosos almacenes y carretas de macateros cargadas con las mercaderías y provisiones que los paraguayos ansiaban.

Aunque el segundo Cuerpo se había quedado con una reserva sustancial para proteger el Campamento, la posición brasileña estaba expuesta. Si los paraguayos hubieran dispuesto de una fuerza más poderosa desde el principio, Tuyutí podría haber caído, lo que habría sido un premio dorado. La forma frenética en que los hombres del mariscal atacaron los depósitos del Campamento fue su perdición.

Los paraguayos estaban a quince minutos de penetrar la segunda línea de las trincheras Aliadas. Cuatro batallones brasileños que estaban de guardia, arrojaron sus armas y huyeron hacia Itapirú. Cuando llegaron al río, los aterrorizados soldados trataron de sobornar a los transportadores locales para cruzar a Corrientes, y hubo intensas negociaciones mientras los ruidos de la batalla se hacían más fuertes detrás de ellos(4).

(4) Thompson notó un penosamente exagerado aumento en los precios que estos transportadores cobraban por su servicio. Ver: George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 231. Longmans, Green, and Co.: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En ese momento, la resistencia Aliada estuvo peligrosamente cerca de colapsar. Algo inesperado y frustrante ocurrió entonces. López había dado órdenes de permitir a sus hombres saquear a discreción, una vez que ingresaran al Campamento Aliado(5). Esta instrucción tomaba en cuenta la confusión del enemigo, pero no la voraz hambruna de los desnutridos paraguayos(6).

(5) El historiador militar argentino José I. Garmendia, quien era tanto un veterano de guerra como un habilidoso artista, pintó una colorida descripción del saqueo paraguayo al “comercio” Aliado con sus numerosas tiendas de macateros, todas con banderas europeas, destrozadas el frenético 3 de Noviembre. Ver: Marco Fano, “Il Rombo del Cannone Liberale. Guerra del Paraguay, 1864/70” (2008), p. 300. Roma.
(6) La malnutrición, en sus primeras etapas, antes de generar una completa languidez, puede inspirar una alocada necesidad de proteínas que es difícil de ignorar, incluso entre los hombres más disciplinados. Esto parece haber pasado con los soldados paraguayos en la Segunda Tuyutí (aunque un punto de vista menos caritativo sostiene que los codiciosos paraguayos fueron directo al licor).
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Tampoco consideraba lo que pasaría si Pôrto Alegre conseguía detener la fuga de sus propias tropas. Fue precisamente eso lo que ocurrió. Tal como lo relató Thompson, el general brasileñ

“[...] reunió algunas tropas para defender la ciudadela, lo cual ahora era fácil, ya que los paraguayos estaban todos desbandados [ocupados en la rapiña], desde donde derramó fuego sobre ellos, matando e hiriendo a muchos.
Los heridos inmediatamente se llenaron de botines y retornaron al Campamento paraguayo.
Algunos jinetes brasileños, que estaban acampados en el Bellaco sureño, no se movieron hasta que los paraguayos se desbandaron, cuando cargaron sobre ellos. Los paraguayos saquearon todo el Campamento, hasta el Bellaco sur, en la retaguardia de la ciudadela, bebiendo y comiendo puñados de azúcar, a la que eran muy afectos.
Finalmente, los brasileños y argentinos salieron de la ciudadela y masacraron a muchos de los paraguayos, quienes estaban aquí y allá y en todas partes. Los que pudieron, se largaron a toda prisa con su botín(7).

(7) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 231-232. Longmans, Green, and Co.: Londres; “A Guerra”, en: “O Tribuno”, (Recife), edición del 5 de Diciembre de 1867. En un sugerente pasaje, Centurión describe la “vergonzosa” escena de sus compatriotas siendo eliminados con sus bocas embadurnadas de azúcar: “¿Pero quién era responsable por esta vergüenza? Dejemos al lector contestar por nosotros”. Una obvia alusión a que López había provocado la inanición que causó tal conducta en sus hombres. Ver: Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 40-41, (4 volúmenes). El Lector: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Pôrto Alegre actuó él mismo con gallardía durante el enfrentamiento y, con su espada en alto, exhibió el valor y la sangre fría propios de un Osório -mucho más de lo que todos habrían creído posible-.

En cierto momento, su caballo recibió un tiro y él montó en otro. Este animal también cayó y, aunque maltrecho por el golpe, el General montó en un tercer pingo y cabalgó al centro de la lucha. Mató a un Mayor paraguayo con tres tiros de revólver cuando el hombre trató de izar sus colores nacionales en el mástil de la trinchera(8). Las tropas del mariscal, que se habían burlado del adusto Comandante como “Porto Triste”, ahora encontraban razones para saludar su coraje(9).

(8) Los primeros reportes registraban la muerte de un Coronel y Comandante paraguayo de la Fuerza atacante, pero información posterior señaló que se trataba de un oficial subalterno. Ver: “Batalla de Tuyu-Tí”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 9 de Noviembre de 1867. Era, de hecho, el Mayor italiano Sebastián Bullo, que fue -para el Paraguay- lo que Gianbattista Charlone fue para la Argentina, y similar a su compatriota en apariencia y espíritu aventurero. Ver: Leandro Aponte B., “Hombres... Armas... y batallas de la epopeya de los siglos” (1971), pp. 85-86. Imprenta Comuneros: Asunción.
(9) Thompson hablaba por muchos cuando subrayó que, “Porto Alegre se comportó valientemente él mismo, pero su ejército no”. Ver: George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 231. Longmans, Green, and Co.: Londres. Ver, también, “Correspondencia. (Curuzú, 30 de Enero de 1868)”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), 13 de Febrero de 1868.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los soldados de los batallones de voluntários, que antes habían huido tan apresuradamente hacia el Paraná, siguieron su ejemplo. En una escena que recordaba el comportamiento de Philip Sheridan, durante la batalla de Winchester, Pôrto Alegre provocó un vuelco en la actitud de sus hombres con el puro poder de su voluntad. Emularon a su General y comenzaron a reformar su línea. Cuando dio la señal, cargaron para recuperar el Campamento en el mismo instante en el que las unidades del mariscal terminaban su expoliación.

La ola de la batalla cambió de dirección abruptamente. El contraataque de Pôrto Alegre incluyó los batallones 36, 41 y 42 de infantería brasileña y el 3 de artillería, todos bajo sus órdenes directas. Estas unidades estaban apoyadas por refuerzos porteños y correntinos que habían llegado desde Tuyucué con unidades de caballería imperial, comandadas por Mena Barreto.

El apoyo de estas tropas proporcionó el ímpetu para expulsar a los paraguayos, primero del campo y luego de las trincheras. El general Barrios perdió, en ese momento, la oportunidad de enviar 1.000 hombres que permanecían detrás, en Yataity Corá, ya que no se movió de la isla. Su renuencia a comprometer su reserva agravó el sentimiento de desesperación y abandono de sus compatriotas en la línea de contacto.

Ahora era el lado paraguayo el que comenzaba a desintegrarse. En el pandemonio que siguió, los brasileños contragolpearon con tremendo vigor y se hicieron más fuertes con cada paso que avanzaban. Su fuego, de alguna manera, se fue haciendo más certero y los hombres del mariscal empezaron a caer. El campo se llenó de cuerpos muertos y heridos.

En ese momento, los miembros de la banda militar brasileña, que se habían unido a la batalla como soldados a pie, capturaron un irónico botín: treinta y cinco instrumentos musicales de la propia “guardia” del Mariscal, el famoso Batallón 40(10).

(10) Joaquim Silveiro de Azevedo Pimentel, “Episódios Militares” (1978), pp. 65-68. Biblioteca do Exército: Rio de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Mientras los brasileños reían de este cambio de fortuna, sus camaradas limpiaban de enemigos su flanco derecho y volvían la mirada hacia la izquierda, ansiosos, al parecer, de una victoria completa. Caballero, ahora Teniente Coronel, de alguna manera la había pasado mejor en ese sector. Sus jinetes habían llegado a las trincheras sin ser notados, habían saltado de sus caballos en el momento preciso y, con espadas, se habían trenzado en la lucha directa con los brasileños.

Estos acababan de desperezarse y reaccionaron con el mismo desconcierto que sus camaradas de la derecha. El Comandante de uno de los reductos Aliados, instintivamente, izó la bandera blanca en señal de rendición y Caballero ordenó a sus hombres suspender el ataque; pero cuando varios brasileños vacilaron en soltar sus armas, ordenó a sus tropas que acuchillaran a cualquiera que se negara a entregarse. Esto precipitó la deseada capitulación(11).

(11) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 42, (4 volúmenes). El Lector: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Caballero ahora controlaba una extensa sección de la línea enemiga aunque, con la infantería paraguaya en retirada, no podía mantenerla. Decidió replegarse, llevando consigo a 249 soldados y diez oficiales brasileños, además del Mayor, también brasileño, Ernesto Augusto da Cunha Mattos, un oficial argentino de artillería y seis mujeres. Todos fueron conducidos al norte, hacia Paso Pucú, y puestos en un inmisericorde cautiverio(12).

(12) En su edición del 28 de Noviembre de 1867, “El Centinela”, (Asunción), incluye una imagen grabada de estos oprimidos prisioneros, descriptos -sin excepción- como negros brasileños, siendo llevados a Paso Pucú por una compañía de bien vestidos y gallardos paraguayos. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Mientras tanto, con las balas silbando alrededor de su cabeza, Caballero aguijoneó a sus jinetes y los llevó a un mal calculado asalto final. Irrumpieron en dos reductos y mataron a las tropas que los defendían. Ese fue el último avance del día. Después, con el sonido de los cañones y mosquetes todavía tronando en el aire, las restantes unidades paraguayas regresaron a sus líneas. Eran las 09:00 y la batalla había durado cuatro horas.

Mientras estuvieron temporalmente en posesión de Tuyutí, los hombres del mariscal hicieron mucho daño. Quemaron las barracas brasileñas, el Hospital argentino, un gran depósito perteneciente al comerciante de armas Anacarsis Lanús y muchas carretas de macateros(13).

(13) Esclavo de las ganancias y de los negocios, Lanús había sido proveedor de armas de la milicia paraguaya en el período anterior a la guerra y, desde 1865, había cumplido para el Gobierno Nacional argentino la misma capacidad. Ver: Thomas L. Whigham, “The Paraguayan War (Causes and Early Conducts)” (2002), volumen 1, pp. 239, 313 y 354. University of Nebraska Press: Lincoln y Londres; y Thomas L. Whigham, “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e Inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur) (2010), volumen 1, pp. 260, 266, 337 y 383. Taurus: Asunción. Fuentes brasileñas afirman que las pérdidas de Lanús fueron mínimas y se limitaron a “raciones para 20.000 hombres”. Ver: “A Batalha de Tuyuty”, en: “O Tribuno”, (Recife), edición del 10 de Febrero de 1868. El Hospital argentino había alguna vez servido como capilla del mariscal. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Una sucursal del Commercial Bank, que había sido establecida en el Campamento, también fue incendiada, lo que el corresponsal de “The Standard” calificó de “virtual bendición” para la empresa, ya que los miles de pesos destruidos no serían recompensados(14).

(14) “The War in the North”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 16 de Noviembre de 1867; la discrecional destrucción de la propiedad de los macateros fue también presenciada por Otto Stieher y Pedro Werlang, inmigrantes alemanes al servicio de las Fuerzas brasileñas, cuyo testimonio de lo que vieron ese día está en: Klaus Becker, “Alemães e Descendentes do Rio Grande do Sul na Guerra do Paraguai” (1968), pp. 92, 132. Ed. Hilgert: Canoas. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Casi con seguridad, los paraguayos podrían haber causado incluso más perjuicios si hubieran prolongado su saqueo unos cuantos minutos más. Todo el Campamento enemigo, del centro a la derecha, quedó humeando, ocasionalmente sacudido por la detonación de algún polvorín.

El botín que los paraguayos tomaron en Tuyutí fue importante y contenía toda clase de artículos. Se llevaron todo lo que vieron, incluyendo rifles, banderas de batalla y alimentos. El coronel Thompson abrió los ojos de par en par cuando las tropas llegaron con el producto de su rapiña:

Las únicas alcachofas que jamás vi en Paraguay fueron traídas del Campamento Aliado ese día. Un correo acababa de llegar de Buenos Aires y fue llevado a López quien, al leer una de las cartas, exclamó:
‘¡Pobre Mitre! Estoy leyendo la carta de su esposa [...]’.
Una caja fue traída a López, que había recién llegado para el general Emilio Mitre, conteniendo té, queso, café y un par de botas.
“[Había] uniformes de oficiales nuevos [...], parasoles, vestidos, miriñaques, camisas (de Crimea, especialmente), ropa, en grandes cantidades; cada hombre trajo lo más que pudo.
Un telescopio con trípode fue traído de una de las torres de observación, y relojes de oro, soberanos y dólares eran abundantes.
Un hombre, que encontró una bolsa llena de medios y cuartos de dólar, la desechó por no
ser suficientemente valiosa para él(15).

(15) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869). p. 235. Longmans, Green, and Co.: Londres. El telescopio estaba todavía en uso en los Cuarteles Generales del mariscal, cerca de Itá Ybaté, cuando el general Martin MacMahon reemplazó a Washburn como ministro de Estados Unidos en Paraguay a fines de 1868; dos instrumentos de este tipo aparecen en una ilustración del Centro de Comando paraguayo, que acompaña un artículo del General sobre sus experiencias en la guerra. Ver: Martin McMahon, “The War in Paraguay” (1870), en: “Harper’s New Monthly Magazine”, n. 40: 239 (Abril), p. 636. Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La captura de cañones fue modesta: un Whitworth brasileño, de 32 libras; un Krupp argentino, de 12 libras estriado de retrocarga; y otras once piezas(16).

(16) O’Leary afirma que se capturaron catorce, no trece. Ver: Pompeyo González (Juan E. O’Leary), “Recuerdos de Gloria. Tuyutí. 3 de Noviembre de 1867”, en: “La Patria”, (Asunción), edición del 3 de Noviembre de 1902. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Transportar el Whitworth fue difícil. Mientras los paraguayos lo arrastraban hacia sus líneas, sus ruedas se hundieron en el barro y no pudieron ser liberadas. Cuando López supo que el cañón había sido dejado atrás, en tierra de nadie y al alcance de los enemigos, envió al general José María Bruguez a buscarlo. El General llevó con él dos batallones, doce yuntas de bueyes y mucha cuerda.

Antes de partir, cumplió la desagradable orden de ejecutar a dos miembros de la Legión Paraguaya que habían caído en manos del Mariscal. Bruguez los hizo fusilar por la espalda, como merecida pena para aquéllos que traicionaban a la nación en su momento de necesidad.

Terminada la tarea, el General partió al caer la tarde y encontró un grupo de brasileños esforzándose por mover el cañón. Hubo un pequeño duelo por su posesión, en el cual varios hombres de ambos bandos murieron antes de que los paraguayos se salieran con la suya(17).

(17) Francisco Manoel da Cunha Junior, “Guerra do Paraguai. Tujuty. Ataque de 3 de Novembro de 1867” (1888), pp. 34-37. Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Unas horas más tarde, cuando los artilleros de López estaban examinando el cañón capturado, descubrieron que su disparador de cobre estaba doblado y quemado por dentro, por lo que la bomba que tenía en su interior no podía ser perforada(18).

(18) Pese al serio daño en el mecanismo del cañón, los ingenieros británicos del mariscal trabajaron toda la noche para repararlo y, al día siguiente, lo transportaron a Curupayty, donde fue ubicado a la derecha de la batería, a la vista de los barcos de Ignácio, que se mantuvieron cuidadosamente fuera de su alcance. Ver: Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 44-49, (4 volúmenes). El Lector: Asunción. Este mismo cañón, hostigó a los Aliados de manera bastante eficaz durante el año posterior y solamente fue recuperado por los brasileños durante la campaña de Lomas Valentinas, en Diciembre de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Como siempre en la Guerra de la Triple Alianza, no hubo unanimidad en cuanto al número de pérdidas. Pero todos coincidieron en que el trabajo del día les había costado mucho a ambos bandos. En una carta al vicepresidente Paz, Mitre mencionó “montañas” de cadáveres paraguayos en el campo, cuyo número total estimaba en alrededor de 2.000 (para la tarde del 4 de Noviembre, 1.140 cadáveres habían sido enterrados y el proceso estaba lejos de concluir). Mitre estimó las pérdidas Aliadas en 400 muertos y heridos(19).

(19) Mitre a Paz, Tuyucué, 4 de Noviembre de 1867, en: “Archivo del coronel, doctor Marcos Paz” (1964), 7: 349-350. La Plata. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los brasileños calcularon las pérdidas paraguayas en 2.743 muertos, al menos 2.000 heridos y 114 prisioneros, mientras que en el bando Aliado registraron 249 muertos, 435 desaparecidos y 1.198 heridos(20).

(20) Augusto Tasso Fragoso, “História da Guerra entre a Tríplice Aliança e o Paraguay” (1957), 3: 375-376. Biblioteca do Exército: Río de Janeiro (que resume las estadísticas oficiales reportadas por Caxias y otros). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El coronel Thompson, quien vio los resultados directamente, ubicó las pérdidas paraguayas en 1.200 muertos y un número similar de heridos y prisioneros(21). “El Semanario”, nunca reticente a ofrecer estadísticas exageradas y cuentos de gloria, publicó que las pérdidas paraguayas fueron de 4.000 -entre muertos y heridos- y las de los enemigos entre 8 y 9.000(22).

(21) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869). p. 234. Longmans, Green, and Co.: Londres.
(22) Citado en: Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 7: 278, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Pese al hedor a muerto en las narices de cada hombre en el campo, y a las inevitables memorias de la primera Tuyutí que este olor evocaba, algunos registraron la segunda batalla de ese nombre como una magnifica victoria. López se sintió animado por los acontecimientos. Decretó promociones y concedió medallas a todos los oficiales y hombres de significación que habían participado en la lucha(23).

(23) Una imagen de la medalla puede encontrarse en: Marco Fano, “Il Rombo del Cannone Liberale. Guerra del Paraguay, 1864/70” (2008), 2: 301. Roma. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Sin embargo, aunque la confiscación de mercadería y artículos militares humilló a los Aliados por un corto tiempo, podían reparar esas pérdidas con relativa facilidad. Con ello terminó la jornada, cuando un asalto exitoso podría haber llevado a Caxias o al Gobierno Imperial a buscar la paz.

La mayoría de los analistas militares han considerado la Segunda Tuyutí como un empate, pero en muchos sentidos representaba un serio revés para el mariscal. Aunque demostró que todavía podía desarrollar una maniobra innovadora y audaz y capturar banderas de batalla, vino y sardinas, su incapacidad de capitalizar la ventaja probó que ya no podía dar ningún salto estratégico ante la confusión enemiga(24).

(24) El valor del Mariscal fue el elemento más enfatizado en la gaceta gubernamental en su relato oficial de la batalla (aunque Barrios y Caballero también ganaron aplausos). Ver: “Movimientos del enemigo”, en: “El Semanario”, (Asunción), edición del 16 de Noviembre de 1867. Al final de la guerra, estando todavía detenido por los brasileños, el general Resquín supuestamente afirmó que el mariscal creía que los paraguayos podían retener el control en ese punto, lo cual, a su vez, forzaría a los Aliados a abandonar sus fuertes posiciones en San Solano. Ver: “Declaración del general Francisco Isidoro Resquín, Jefe de Estado Mayor paraguayo, prestada en el Cuartel General del Comando del Ejército brasileño, en Humaitá, el 20 de Marzo de 1870” en: “Autores Varios. Papeles de López (el tirano pintado por sí mismo. Sus publicaciones)” (1871), pp. 151-152. Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Hablando estrictamente, no era su culpa. Si los hombres hubieran obedecido sus órdenes y regresado a las líneas paraguayas de inmediato con los cañones capturados, podrían haber desbaratado la amenaza del cerco Aliado sobre Humaitá.

Por otra parte, si la persecución inicial de las unidades de Pôrto Alegre no se hubiera desbandado cuando los hombres de Barrios tuvieron los almacenes a la vista, los paraguayos podrían haber barrido todo el camino hasta el Paraná, aislando a todo el Ejército de Mitre en el proceso.

Sin embargo, aun si hubieran llegado a Paso de la Patria, no habrían nunca podido sostenerla por más de unos pocos días y, en cualquier caso, no tuvieron esa oportunidad, ya que los soldados hambrientos no pudieron controlarse en presencia de tales cantidades de comida y bebida. La disciplina cedió a la tentación, el orden al desorden.

En tales circunstancias, ni siquiera una incursión limitada hubiera tenido posibilidades de éxito. Si Thompson estaba en lo correcto en sus cálculos, los paraguayos perdieron un tercio de su fuerza de ataque en la Segunda Tuyutí y, el mariscal, ya no podía permitirse semejantes pérdidas.

Si los Aliados ahora fallaban en conquistar su largamente anhelado premio en Humaitá, eso sólo reflejaría su incompetencia, no la eficacia de la resistencia paraguaya. Como siempre, algunos hombres en el Campamento Aliado se convencieron de que la victoria estaba cerca; sólo faltaba un empujón final.

Mientras tanto, la carnicería continuó. Las predicciones optimistas que los editores de “The Standard” habían hecho unos meses antes, eran ahora reemplazadas por una profunda desolación:

La sombría muerte se puede reír con satánico regocijo de las horribles escenas ahora representadas en Paraguay. La guadaña no puede barrer de un golpe a todas las desventuradas víctimas en suelo paraguayo y, como si los horrores de la implacable guerra fueran insuficientes, el vengativo despotismo está llamado a ensañarse con un pueblo inocente, cuyo único crimen es la inocencia, cuya única ofensa es la fidelidad.
¿Quién puede leer los tremendos sufrimientos de este desafortunado pueblo, sin una punzada? Toda nuestra civilización no es más que una farsa vacía, si la última gota de sangre paraguaya debe derramarse antes de que ambas partes griten, ‘¡ya basta!’(25).

(25) “The War in the North”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 6 de Noviembre de 1867. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

De hecho, la situación era más trágica de lo que señalaba el periodista, quien temía que el exterminio no se detuviera antes de derramar hasta la última gota de sangre paraguaya, porque eso ya estaba sucediendo y no había la más mínima intención, en ninguno de los bandos, de poner fin a la masacre.

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