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El rey de Paso Pucú

Los historiadores han buscado factores estructurales que expliquen la prolongada resistencia del Paraguay después de 1867 pero, en general, ha sido en vano y han tenido que retornar, la mayoría de ellos a su pesar, a la obstinación personal de Francisco Solano López.

Uno puede adivinar el por qué de la reticencia a escarbar en la psique del Mariscal. Sus inclinaciones y patrones de pensamiento no son un objeto adecuado para el tipo de análisis con el que los estudiosos, por lo general, se sienten cómodos. Sus acciones, además, han sido tan alabadas como vilipendiadas en la literatura del siglo XX, en la que aparece como una personificación del bien o como una encarnación del demonio antes que como un ser humano con virtudes, defectos e idiosincrasias.

Sin embargo, debido a que la voluntad popular en Paraguay y la dirección activa de la guerra estaban tan entremezcladas con el mandato de López, es imperativo entender su mentalidad, aún más que la de Mitre o la de Caxias. Necesitamos preguntarnos, sobre todo, qué esperaba conseguir, mientras el cerco se cerraba en torno a Humaitá y el conflicto entraba en su cuarto año.

Hombre pequeño y relleno en su juventud, López se había vuelto notoriamente obeso, chueco y desproporcionado, con la barba ya manchada de canas. Tenía arrugas en las comisuras de sus ojos gatunos, manos delicadas y dientes rotos, lo que le causaba interminables problemas de pronunciación(1).

(1) De acuerdo con Masterman, el Mariscal había perdido la mayoría de sus dientes inferiores cuando el farmacéutico británico llegó a la escena. Ver: George Frederick Masterman, “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 41. S. Low, son and Marston: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Como necesitaba anteojos y ya no podía conseguirlos, tendía a bizquear cada vez que leía un telegrama o un despacho(2).

(2) López a Gregorio Benites, Paso Pucú, s/f, en: “University of California Riverside”, Juansilvano Godoi Collection, box 8, n. 89. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En el frente, López confirmó sus malos hábitos personales, sus temores y su arrogancia hasta un punto caricaturesco. Por ejemplo, aunque nunca fue regular en sus horas de comer, cuando lo hacía, consumía carne, pescado y mandioca en enorme cantidad. Hacía una gran exhibición al engullir tortas y ricos manjares que le procuraban para satisfacer más su orgullo que su paladar(3).

(3) Al coincidir con la pintura general de un hombre celoso de su estatus e indiferente a la calidad -aunque no a la cantidad- de su comida, Washburn remarcó que el mariscal era un “glotón, pero no un epicúreo”, con una decidida preferencia por los “platos más grasientos”. Ver: Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 48. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En cuestiones de bebida, consumía más licor que cualquiera en el Campamento y le importaba poco, al parecer, si la bebida era caña local o el más fino de los borgoñas importados; todo era igual para él. El resultado de su fuerte consumo de alcohol era fácil de discernir, ya que, cuando estaba bebido, se mostraba abusivo con todos a su alrededor, gritándoles obscenidades e insultos. A veces incluso hacía fusilar a hombres inocentes(4).

(4) Nunca un observador desinteresado o indiferente, el ministro de Estados Unidos al menos tenía la virtud de ser franco en sus opiniones. En relación con la apariencia y la conducta personal del mariscal, no veía razones para no equipararlo a “una bestia salvaje aguijoneada por la locura”. Ver: Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 47-49. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Para evaluar al hombre en toda su dimensión, sin embargo, hay que admitir ciertos aspectos positivos en su pensamiento. Previamente había gobernado el Paraguay con una mente orientada al futuro, promoviendo sus exportaciones, desarrollando sus potenciales naturales y patrocinando notables innovaciones, como un ferrocarril, un sistema telegráfico y un Teatro Nacional.

Había cierta madurez en su estilo administrativo que no se puede soslayar por sus caprichos y su autoritarismo. Mientras muchos políticos en la región habían prosperado por un corto período y luego se habían desvanecido, el Mariscal seguía siendo una fuerza activa y, de hecho, puede argumentarse que era su liderazgo el que hasta ese momento había evitado el colapso del Paraguay.

¿Fue así porque era afortunado, o porque era sagaz, o porque era sincero en sus ideales? ¿Era su postura personal realmente emblemática de una “gallarda nación”, como “Cabichuí”, “Lambaré” y “El Semanario” sostenían, o era simplemente un oportunista que no sabía cuándo dejar de serlo?

Quizás el Mariscal se había vuelto demasiado admirador de su propia propaganda. Si fue así, necesitaba defender estas fantasías con todos los recursos disponibles, uno de los cuales era, sin duda, su diestro conocimiento de los paraguayos. Como muchos individuos en naciones bajo un régimen despótico, López creía que la astucia era una virtud no sólo en política y diplomacia, sino también en cuestiones humanas.

Como resultado, constantemente untaba su conversación con enunciados provocativos, pequeñas mentiras o monumentales falsedades, tanto que era casi un juego para él. Parecía dar por hecho que sus compatriotas se comportaban de la misma manera. Cuando no los acusaba directamente de hacerse los tontos, ñembotavy, probablemente en todo momento los consideraba culpables de ello.

Como todos los gobernantes autoritarios, López se rodeaba de espías y adulones, cuyas zalamerías caían sobre él como gotas en una tormenta de verano. Los paraguayos habían tratado su cumpleaños como una fiesta nacional desde antes de que comenzara la guerra y regularmente ofrecían tributos materiales y retóricos a su grandeza(5).

(5) Ver distintos himnos al mariscal López, en la edición del 29 de Julio de 1865, en: “El Semanario”, (Asunción). Como hemos visto, en un tiempo en el que la desnutrición había comenzado a afectar tanto a Asunción como a los pueblos del Interior, se organizaron suscripciones públicas en todo el país para pagar una espada con joyas incrustadas al estilo de una Tizona, una corona de oro y un libro de elogios, para presentárselos al Mariscal como un tributo por sus “muchos sacrificios” por la patria. Para ejemplos de las “adhesiones”, ver: Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 352, n. 10; Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 353, n. 1; Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 28, 21, n. 1-13; y Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 654. El carácter grotesco de estos actos, encuentra incontables paralelos en la historia mundial; uno reciente fue el de Corea del Norte, en los años 1990. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Aun cuando el Mariscal era celoso de sus prerrogativas y completamente inmodesto, sólo aceptaba esta veneración cuando le convenía ya que, de otro modo, proyectaría previsibilidad, que era lo último que, a su modo de ver, un verdadero líder debía hacer.

En algunos sentidos, López se comportaba como un tradicional caudillo de los trópicos que demandaba la absoluta obediencia de la gente semianalfabeta que lo rodeaba. Pero, como Comandante Militar con una orientación moderna, inequívocamente francófila, también odiaba el servilismo de sus compatriotas.

No obstante, le causaba placer ponerlos siempre a prueba y mostrarse, por turnos, audaz, cauteloso, comprensivo y cruel, a veces tolerante y otras veces tiránico. Y nadie podía adivinar cuál sería el humor que lo embargaría un día cualquiera(6).

(6) Orión [Héctor F. Varela], Elisa Lynch (Buenos Aires, 1934), pp. 217-218 [originalmente publicado en 1870]. Masterman observó que “era una de las peculiaridades de López, el desconfiar de todos los que trataban de servirlo, y tratar peor a aquéllos a los que les debía más”. Ver: George Frederick Masterman, “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 223. S. Low, son and Marston: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La volubilidad de su Administración dio lugar a muchas historias sobre la ferocidad de López, incluyendo una -no del todo creíble- de la época de su niñez, según la cual gozaba con una satisfacción visceral al torturar a pequeños animales(7).

(7) El autor escocés Robert Bontine Cunninghame Graham, atribuye al general Resquín el haber contado esta historia de López torturando animales en su niñez. Ver: Robert B. Cunninghame-Graham, “Portrait of a Dictator, Francisco Solano Lopez (Paraguay, 1865-1870)” (1933), p. 93. W. Heinemann ltd.: Londres. Sin embargo, ni en la declaración que hizo estando en custodia de los brasileños en 1870 ni en las memorias que publicó algunos años después, Resquín hace alusión a nada que se le parezca. Ver: “Importante documento para la historia de la guerra del Paraguay. Declaración del general Francisco Resquín, Humaitá, 20 de Marzo de 1870”, en: Biblioteca Nacional de Asunción, Colección Enrique Solano López, n. 1.094. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Pero el Mariscal podía dar también muchas muestras de amabilidad personal, incluso en esta exasperante etapa de la guerra. Tenía verdadero afecto por sus hijos, especialmente por los nacidos de Madame Lynch, y nunca era tímido para demostrárselo ni para jugar con ellos. Mostraba una abierta y sincera ternura por los hombres que habían sufrido heridas en batalla, a quienes cubría de gloria por su desgracia.

Regularmente mandaba acuñar medallas en honor a los logros de sus hombres(8). Cuando estaba de buen humor, o después de una satisfactoria comida, podía entonar una espontánea canción reminiscente de sus días en Europa o en el campo paraguayo(9).

(8) El 8 de Abril de 1865, el Mariscal estableció una Orden Nacional del Mérito con cinco grados diferentes, todos los cuales implicaban condecoración con una estrella de cinco puntas para vestir en el pecho izquierdo de la túnica militar. Muchos oficiales paraguayos, incluyendo a Centurión y a Thompson, en algún momento recibieron condecoraciones de este tipo, lo que, críticos posteriores, afirmaron que era equivalente a establecer una aristocracia formal en el país (no diferente de la nobleza brasileña). También fueron acuñadas medallas por acciones notables en batallas, tales como Curupayty, Corrales, Tataiybá y la Segunda Tuyutí. Ver: George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 69. Longmans, Green, and Co.: Londres; y Marco Fano, “Il Rombo del Cannone Liberale. Guerra del Paraguay, 1864/70” (2008), pp. 296, 301. Roma.
(9) R. C. Kirk [?] a Hamilton Fish, Buenos Aires, 31 de Agosto de 1869, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., FM-69, n. 18. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En cierta manera, López estaba más en guerra consigo mismo que con los Aliados. Durante los meses que pasó en Paso Pucú fue un ávido testigo de la lucha. Podía seguir las escenas de combate con su telescopio y estaba siempre ansioso de escuchar las novedades diarias de los que llegaban desde atrás de las líneas Aliadas o habían peleado con el enemigo mano a mano(10).

(10) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 241. Longmans, Green, and Co.: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Esos relatos nunca lo satisfacían, no porque estuviera perdiendo la campaña, sino porque siempre anhelaba encontrar algo aún más sustancial, más excitante y más halagüeño. López, para terminar, quería ser un héroe. Parecía pensar que el espectáculo de la guerra era sublime, trascendental y, soñar íntimamente con los laureles de una victoria conseguida por él mismo, blandiendo su propia espada.

Esta aspiración, bastante común en oficiales novatos y en muchachos adolescentes, era francamente inalcanzable para el Mariscal. Imaginaba que podía rozar la chispa divina por medio de la bravura de sus soldados pero, cuanto más lo intentaba, más lejana se volvía, en parte porque, a diferencia de Bolívar, Garibaldi o Ulysses Grant, nunca pudo superar sus temores básicos a la batalla.

Podía observar a miles de sus hombres masacrados en fuego cruzado -como en Tuyutí o en Boquerón- y sentir cierta afirmación personal con esas carnicerías, pero no podía exponerse a sí mismo al peligro ni por un minuto. Por el contrario, apenas comenzaba un bombardeo Aliado, se refugiaba inmediatamente entre las gruesas paredes de sus Cuarteles.

Desde una perspectiva moderna, estos miedos e inseguridades hacen parecer al Mariscal más humano que los ferozmente valientes, pero de alguna manera acartonados Generales paraguayos como Díaz o Elizardo Aquino.

Pero López, desde luego, era un hombre de su tiempo, no del nuestro, y tenía poco interés en dejar un epitafio en el que se resaltaran su humanidad o su complejidad emocional. El prefería la gloria. Por lo tanto, dado que no tenía paciencia con la debilidad en los demás, debía sentirse trastornado cuando la descubría en sí mismo. Críticos posteriores retrataron al Mariscal de forma manifiestamente negativa, como si sus defectos constituyeran algo casi satánico(11).

(11) Esta tendencia a simplificar una figura compleja no se ha desvanecido completamente con la llegada del siglo XXI, como James Schofield Saeger demuestra casi en cada capítulo de su: James Schofield Saeger, “Francisco Solano López and the Ruination of Paraguay (Honor and Egocentrism)” (2007). Rowman & Littlefield: Lanham y Boulder. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Si se nos permite, a esta distancia, la indulgencia de la especulación, pareciera que sus detractores no hubiesen entendido su carácter. Lo que hacía peligroso a López no era su perversidad, sino sus dudas y sus sentimientos de culpa, ya que los hombres encumbrados y muy emotivos, frecuentemente tienden a ignorar los desafíos del día a día y a pensar demasiado en el destino.

Como hemos visto, la putrefacción ya se había extendido para fines de 1867. Durante todo este tiempo, López aparentemente había estado pensando en su lugar en la historia, tal como lo había hecho cada día desde que heredó la presidencia de su padre cinco años antes.

A su juicio (y al de sus seguidores), Paraguay había entrado en el primer rango de los Estados sudamericanos gracias exclusivamente a su hábil Administración. Privar al país de ese liderazgo -como insistían en hacerlo los Aliados- sería poner el interés personal por encima del bienestar nacional. No aceptaría nada indigno. Don Pedro no vería jamás algo semejante, ni lo haría ninguna monarquía europea.

En Junio, en México, Maximiliano de Habsburgo había rechazado la oportunidad que le dieron de abdicar. No renunció a la lealtad a su país adoptivo y murió valientemente, junto con sus Generales, en Querétaro. Toda Europa guardó luto por él. López debía estar dispuesto a hacer un sacrificio similar.

Aun si de alguna manera sobrevivía, el Mariscal no tenía intenciones de suplicar nada a nadie. Tenía que mantenerse enfocado en su trabajo pues, a medida que la fortuna del Ejército declinaba, éste necesitaría más, y no menos, a su General en Jefe. Huir ahora era impensable. Estas racionalizaciones, expresadas con teatralidad, autoengaño y narcisismo, coloreaban la actitud del Mariscal en todo momento, y él se negaba a abandonarlas(12).

(12) Stephanie Philbin está lejos de ser la única estudiante de historia contemporánea que ve en esta autovaloración del Mariscal cierto presagio de la sangrienta carrera de Saddam Hussein en Irak. Ver: “Saddam: the Middle East’s Francisco Solano López”, en: “Times of the Americas”, 23 de Enero de 1991; y también Carl Haub, “Iraq’s Decade of Death Among Its Men”, en: “The Washington Post National Weekly”, 11-17 de Marzo de 1991. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En Paraguay no existía una oposición política capaz de convencerlo de tomar un curso diferente de acción y, si existía, como hemos visto, ya había sido consumida en el combate. Los exiliados en Buenos Aires y los oficiales de la Legión Paraguaya habían actuado como
abiertos colaboradores del enemigo y no podían esperar de López nada más que desprecio.

Eso dejaba a los miembros de su familia y de su entorno como los únicos individuos que podían desviarlo hacia una dirección que todavía pudiera ofrecer alguna esperanza a su atribulado pueblo.

Pero los cortesanos no tenían muchas posibilidades de influir en el Mariscal. Es cierto que los bastiones de privilegio se habían vuelto bastante porosos en Paraguay, un país donde los advenedizos se empapaban con perfumes importados, desestimaban a los de mejor cuna con alegre altanería y se consideraban a sí mismos importantes, si no irremplazables.

El Mariscal a menudo estimulaba su orgullo de una manera que su padre jamás hubiera aprobado. Por ejemplo, aun antes del comienzo de las hostilidades, el Gobierno regularmente patrocinaba danzas populares y bailes formales no sólo en el Club Nacional (el refugio de la vieja élite), sino en cada plaza pública.

En algunas localidades había pistas de baile separadas para las distintas clases sociales, pero todas eran obligadas a participar, a veces por la Policía, que tenía órdenes de asegurar la concurrencia a estos divertimentos públicos(13).

(13) Washburn cuenta la anécdota de dos hermanas de Limpio, Anita y Conchita Casal, quienes estaban casualmente en Asunción durante uno de estos bailes. Curiosas, se acercaron a la plaza a una hora avanzada y, al verlas un policía, fueron forzadas a unirse a las festividades o “ir al calabozo”. Temblando de miedo, danzaron en compañía de rudos soldados y prostitutas comunes hasta que tuvieron oportunidad de escapar sin ser notadas, corriendo “como venados asustados”. Ver: Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 100-101. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. G. F. Gould afirmó que algunas mujeres habían sido azotadas hasta la muerte por negarse a asistir a los bailes. Ver: Gould a Mathew, Paso Pucú, 10 de Septiembre de 1867, en: George Philip, ed. “British Documents on Foreign Affairs. Reports and Papers from the Foreign Office Confidential Print” (1991), parte 1, serie D, v. 1, p. 224, en: “Latin America. 1845-1914”. Londres. El ministro de Estados Unidos en Río de Janeiro fue incluso más gráfico, señalando que “López había así convertido al Paraguay en un gran burdel” [énfasis en el original]. Ver: Watson Webb a Seward, Petrópolis, 3 de Mayo de 1867, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., M-121, n. 34. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los bailes no declinaron con los reveses militares, sino que, de hecho, se incrementaron, ya que cancelar un encuentro podía sugerir que había algo que lamentar, antes que celebrar, en las noticias que llegaban desde el frente.

Aquellos que pudieran creer que la interacción de clases en tiempos de guerra en Paraguay no era distinta de la de Buenos Aires o Rio de Janeiro, deben recordar que en esas dos capitales las sutilezas sociales estaban impuestas por la tradición, no por la dictadura. Los equivalentes brasileños y argentinos de hombres como Alén, Bruguez o Resquín no podían de ninguna manera exhibir a sus amantes de “peinetas doradas”, o kygua vera, en eventos públicos y seguir gozando del favor oficial(14).

(14) Thompson dice que las kygua vera eran “muchachas de tercera categoría que pretendían ser muy bellas y eran tolerablemente relajadas en sus costumbres morales”, traídas del Interior durante la “bailemanía”, para provocar a las damas de sociedad. Ver: George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 44. Longmans, Green, and Co.: Londres. La mayoría había perdido lo “dorado” para 1867 pero, como amantes de los oficiales del Mariscal, todavía retenían parte de su estatus privilegiado tanto en Asunción como en el frente. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En Paraguay, tal comportamiento no sólo era posible, sino estimulado. Esto no significaba que cualquier Subteniente pudiera acceder al oído del Mariscal. Su patronazgo era ávidamente buscado, pero notoriamente caprichoso. Nadie en Paso Pucú, ni siquiera aventajados extranjeros como Franz Wisner, Willian Stewart o Thompson, podía darse el lujo de olvidar cuál era su lugar.

Y, ya que los Gobiernos absolutistas imponen sus propias definiciones del buen gusto y la buenas maneras, en Paraguay la tendencia era dictada por la familia presidencial, por Madame Lynch y por el mismo López. Aunque podía disfrutar -y burlarse- de las aventuras de sus subordinados, sólo a regañadientes permitía que ello influyera en sus acciones.

Para entender las motivaciones y la conducta del Mariscal, podríamos considerar su indulgente educación y la falta de consejos imparciales. Era costumbre, en los antiguos triunfos romanos, que un esclavo siguiera al héroe para recordarle con susurros que la gloria es efímera y que la rueda de la fortuna gira por igual para todos los hombres. Pero López no tenía un sirviente semejante. Washburn lo expresa mejor cuando observa que:

Desafortunadamente para López, aunque tenía muchos aduladores, no tenía consejeros. En un período muy temprano de su vida había recibido autoridad sobre todos los que estaban a su alrededor y estos habían pronto aprendido que la manera de obtener su favor y preferencia era a través de la adulación y la lisonja.
Por lo tanto, todos lo halagaban, hasta que él comenzó a considerar a todo aquél que se aventurara a expresar una opinión propia, como un enemigo; y cuando la cuestión de la guerra fue analizada, aquéllos en su entorno que eran más de su confianza, no pudieron jamás expresar una duda [...].
Su propia seguridad requería decirle que era invencible...(15).

(15) Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 95-96. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los miembros de la familia del Mariscal no escapaban a estas reglas. Ellos también tenían que observar una complicada etiqueta al tratar con él. Quizás los viejos rumores sobre su nacimiento ilegítimo habían estropeado su relación con sus hermanos y hermanas, ya que, incluso si eran falsos, debieron haber tenido un efecto mortificante.

Hasta hoy se repite que Carlos Antonio López (él mismo, hijo de un sastre) se había casado con la embarazada Juana Pabla Carrillo, como parte de un arreglo con su padre. Se asegura que el padre biológico del Mariscal era su padrino, Lázaro Rojas Aranda, uno de los hombres más ricos del Paraguay, quien le dejó toda su fortuna, “porque no tenía hijos propios(16).

(16) Ver: Estanislao Zevallos, “Segundo Viaje al teatro de la guerra. 1888 (Varias noticias recogidas en la Asunción)”, en: Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Zeballos, carpeta 127. Juan E. O’Leary, “El mariscal Solano López” (1925), p. 271, n. 1. Impr. de F. Moliner: Madrid; y Pastor Urbieta Rojas, “La infancia de Solano López”, en: “Ñandé”, (Asunción), edición del 15 de Octubre de 1963. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En cualquier caso, una vez que fue presidente, no toleró ninguna oposición ni presunción familiar, ni siquiera a su madre. En años previos, Juana Pabla Carrillo se había atrevido a mostrar preferencia por su hijo menor, Benigno, un señorito excesivamente empolvado que valoraba los bienes materiales, pero no a las personas(17).

(17) Washburn dejó una memorable descripción de Benigno López que acentuaba su avaricia, su naturaleza rencorosa y su indiferencia hacia la gente común; al resumir su carácter, el ministro de Estados Unidos señaló que los paraguayos universalmente detestaban a Benigno y pensaban que “era peor que su hermano”. Ver: Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 213-214. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. Algunos escritores posteriores trataron a Benigno con mayor indulgencia y lo calificaron como el miembro más ilustrado y ecuánime de la familia López. Ver: Héctor Francisco Decoud, “La masacre de Concepción ordenada por el mariscal López” (¿1999?), p. 97. R. P. Ediciones: Asunción (originalmente publicado en 1926). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El resentimiento derivado de esta predilección maternal fue duradero, ya que Juana Pabla, que era amigable incluso con Washburn, sólo muy raramente trataba con calidez al adulto Francisco Solano López. Tampoco el Mariscal se sentía un hijo solícito ni deseoso más que de cumplir con el máximo decoro de lo que prescribe la convención social y de hacer alguna eventual consulta sobre su salud(18).

(18) El Mariscal pareció mostrar preocupación por su madre cuando su salud se tambaleó a principios de 1869, pero sus consultas nunca fueron más que someras. Ver: telegramas misceláneos de López a Venancio López, 1867-1868, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 28, 18. La frialdad que caracterizaba la relación entre el Mariscal y su madre parece haber sido un rasgo familiar. Ver: Fidel Maíz a Estanislao Zeballos, Arroyos y Esteros, 7 de Julio de 1889, en: Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Zeballos, carpeta 122, n. 5. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

López comenzó a considerar también a sus hermanos, que fueron sus compañeros de juegos en la niñez, con marcada cautela, incluso con sospecha. Sus dos hermanas, Rafaela e Inocencia, compartían su actitud imperiosa, su codicia y su afición por la comida. Las murmuraciones -por decirlo en forma suave- no favorecían a estas mujeres.

Aunque ambas vivieron suntuosamente y cerca de su madre durante toda su vida, nunca se llevaron bien y ponían constantemente a los miembros de la familia del lado de una o de la otra. Cada hermana parecía gozar más con los defectos y desgracias de la otra, que con las noticias de las victorias de su hermano en el frente. Ciertamente, ninguna podía jactarse de ejercer influencia en él(19).

(19) La novela supuestamente “elegante” (pero de hecho presuntuosa) de Anne Enright, “The Pleasure of Eliza Lynch” (Nueva York, 2002), describe a las dos hermanas López como “horrendas [...] igualmente obesas [... con] sus bigotes erizados, sus pechos pesados y sus axilas manchadas de sudor” (p. 49). La mayoría de los testigos confirma este desfavorable retrato físico, pero también es cierto que las dos mujeres sufrieron ampliamente a manos de chismosos que las pintaban venales, ignorantes y espiritualmente vacías. Sobre la vida posterior de Rafaela con un abogado brasileño, ver: Alfredo Boccia Romañach, “El caso de Rafaela López y el Bachiller Pedra”, en: “Revista de la Sociedad Científica del Paraguay” (2002), n. 7: 12-13, pp. 89-96. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Tampoco podían hacerlo sus hermanos. En varias ocasiones, durante el conflicto, el bastante anodino (y posiblemente sifilítico) Venancio López, ocupó el puesto de Ministro de Guerra en Paraguay, y nunca, en la voluminosa correspondencia que le envió a su hermano, se dirigió a él de otra forma que como “Excelentísimo Señor(20).

(20) Dante, debemos recordar, reservó un lugar en la quinta escalera en el octavo círculo del Infierno, para los adulones abyectos, entre los cuales Venancio seguramente se habría sentido en casa. Washburn lo describió como un hombre con muchos defectos. Por un lado, era un crápula, “el terror de aquellas familias que, no perteneciendo a la clase alta, tenían de todos modos una consideración por la decencia y reputación de sus hijas”. Al mismo tiempo, era “un asustadizo crónico”, lo que lo hacía una figura de lo más inusual. Ver: Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 1: 391-392; 2: 212-213. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. Venancio pudo haber tenido o no la peste française, pero la idea de que había estado incapacitado por la enfermedad parece improbable dados tanto su muy activa agenda de trabajo como la regularidad de su correspondencia. Ver: Siân Rees, “The Shadows of Elisa Lynch (How a Nineteenth-Century Irish Courtesan Became the Most Powerful Woman in Paraguay)” (2003), p. 227. Review: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La obsecuencia no paraba allí. En todos los intercambios formales, los miembros de la familia López estaban obligados a tratar a Francisco Solano con empalagoso respeto(21).

(21) En un informe, en otros sentidos banal, sobre movimientos de tropas escrito al Mariscal el último día del año, su hermano comienza con el siguiente saludo: “Su Máxima Excelencia Señor, Mariscal Presidente de la República, [me siento] honrado de haber recibido los despachos de Su Excelencia números 5 a 29, y altamente gratificado por la noticia de la buena salud de Su Excelencia [...]. Levanto mi voto al cielo [para que Dios] conserve la más deseada felicidad de Su Excelencia”. Ver: Venancio López a López, 31 de Diciembre de 1867, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 26, 1, n. 13. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Solamente una persona, Elisa Lynch, parecía capaz de escalar la escarpada ladera del orgullo del Mariscal. Los comentaristas han tendido a tratarla desconsideradamente, poniéndola a veces incluso entre las prostitutas de tercera clase de París. Hay poco de justo en esa descripción; pudo haber sido una arribista, pero no fue una cortesana. Aún así, fue una figura controvertida ya en su propio tiempo, y hay todavía mucho que saber sobre su relación con López.

Fue su mujer durante trece años y le dio siete hijos, seis varones y una niña. En al menos una ocasión, Lynch le arañó públicamente el rostro al enterarse de un “pecadillo” del Mariscal, pero siempre perdonó su inconstancia o, al menos, pretendió hacerlo(22).

(22) Un testigo británico aseguró que tenía ocho amantes y que “jefes y jueces de los distritos tenían el hábito de seleccionar a las muchachas más bonitas para gratificar su lujuria”. Ver: “Testimonio del Dr. Skinner (Asunción, 25 de Enero de 1871)”, en: “Scottish Record Office”, CS 244/543/19. “Pancha” Garmendia detenta el estatus de heroína antilopista por negarse a sucumbir a sus lascivas atenciones. De acuerdo con el relato estándar, López trató en varias ocasiones de quebrar su voluntad y, al no lograrlo, se enfureció y la hizo arrestar como criminal común hasta su ejecución en Diciembre de 1869. Ver: “Pancha Garmendia”, en: “El Orden”, (Asunción), edición del 22 de Julio de 1926; Víctor Morínigo, “Los amores del Mariscal (Pancha Garmendia, Juanita Pesoa y Elisa Lynch)” (1943), en: “Revista de las FF.AA. de la Nación”, 3: 31. Asunción; y J. P. Canet, “Pancha Garmendia. El libro que no debe faltar en ningún hogar paraguayo y cristiano” (1957). Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En retribución, él le ofrecía su confianza además de su intimidad y, quizás, incluso la amó en una forma ruda y poco romántica. Ella se ocupó de todos sus hijos, incluso de los que tuvo con otras mujeres, y se los llevó con ella a su exilio europeo después de la guerra.

No es imposible suponer que, en su vida privada, ella lograra romper su armadura dorada y ver las inseguridades que, penosamente, escondía de los demás. Su comprensión y tolerancia mutuas eran evidentes para todos los que los veían juntos. Su apoyo hacía posible a López disfrutar -casi como un hombre normal- de su anómala vida en el claustrofóbico ambiente de Paso Pucú. Y permitía a la Madama conocer los secretos de su temperamento y ambiciones.

Si alguna vez intentó convencerlo de hacer la paz o no, es otra cuestión. A juzgar por sus muchos embarazos, Lynch despertó siempre las pasiones más poderosas en el Mariscal. Pudo, o no (los testimonios son contradictorios), haber perdido la delicadeza de su figura para 1869, pero nunca se debilitaron los deseos que le inspiraba(23).

(23) Sir Richard Burton, quien nunca llegó a conocer a Madame Lynch, escribió que “su figura tiende a ser voluminosa, y acompañada por una doble barbilla”. Ver: Richard Burton, “Letters from the Battle-fields of Paraguay” (1870), p. 74. Tinsley Brothers: Londres. Otros, como el publicista nacido en Uruguay, Héctor F. Varela, quien, a diferencia de Burton, la había conocido, no podían contener su veneración por su belleza y especulaban mucho acerca de su efecto sobre López. Varela publicó, después de la guerra, una “novela” sensacionalista en la que afirmó -sin evidencias- que Madame Lynch había sido una cortesana en París y repitió los malintencionados e infundados chismes que habían circulado en Buenos Aires y que eran divulgados por revistas satíricas como “El Mosquito”. Ver: Orión [Héctor Varela], “Elisa Lynch”, pp. 233-234. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Aunque López se rendía a la atracción de numerosas mujeres, ella era indisputablemente su favorita. Nadie más en Paraguay tenía su porte, nadie lograba ser tan elegante y tan encantadora, nadie podía hablar francés tan dulcemente como ella. Por mucho que pudiera desdeñar a los ignorantes pueblerinos que tenía por compatriotas, él deseaba su aprobación hacia esta mujer que había traído de París.

Los caballeros paraguayos tendían a responder tratando a Lynch con admiración, incluso con deleite. Las mujeres de la élite, sin embargo, y esto no excluía a la madre y a las hermanas del Mariscal, la rechazaban como a una putain royale o a una vulgar advenediza.

La acusaban de impaciente, ante las toscas maneras de sus subalternas, su uso del guaraní, sus joyas baratas y su hábito de fumar gruesos cigarros. En realidad, la “déclassé Irishwoman” era notablemente adaptable, sensible y complaciente. Las grandes dames de Asunción, cuyos maridos yacían muertos en Tuyutí, la habían desairado a ella, no al revés(24) y en su lealtad al Mariscal, a quien ella amorosamente llamaba “Pancho”, había una solidez y un sentido común que reflejaban su origen irlandés.

(24) La malicia de las damas de sociedad de Asunción (y también de Madame Cochelet, esposa del ministro francés) contra Lynch, ha generado considerable material para novelistas, quienes parecen haberse nutrido principalmente de los chismes locales y de Varela. Ver, por ejemplo, Héctor Pedro Blomberg, “La dama del Paraguay. Biografía de Madama Lynch” (1942), pp. 42-46. Editora Interamericana: Buenos Aires; William E. Barrett, “Woman on Horseback (The Story of Francisco López and Elisa Lynch)” (1952), pp. 84-86. Doubleday & Company Inc.: Nueva York; y, más recientemente, Lily Tuck, “The News from Paraguay. A Novel” (2004), passim. Harper Collins: Nueva York. En su bien documentada biografía, Michael Lillis y Ronan Fanning notan que la Madama mostraba poco rencor por el abuso del que era objeto. Ver: Lillis y Fanning, "The Lives of Eliza Lynch (Scandal and Courage)" (Dublin, 2009), pp. 89-90, 199-200; y Michael Lillis y Ronan Fanning, “Calumnia. La historia de Elisa Lynch y la Guerra de la Triple Alianza” (2009). Taurus: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Aunque disfrutaba claramente de los beneficios de su influencia y posición, Lynch no podía permitirse ser otra cosa que una mujer realista. En contraste con el Mariscal, quien ocasionalmente mostraba pretensiones monárquicas, ella nunca cayó en el engaño de creer que algún día asumiría el trono paraguayo como una emperatriz(25).

(25) El rumor de que López aspiraba a convertir el Gobierno paraguayo en una monarquía y a sí mismo en emperador, fue extensamente comentado en círculos diplomáticos. Ver: Washburn a Seward, Asunción, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., M-128, n. 1; y M. Millefer a ministro Exterior Drouyn de Lhuys, Montevideo, 14 de Octubre de 1863, en: “Informes diplomáticos de los representantes de Francia en el Uruguay (1859-1863)” (1963), en: “Revista Histórica”, n. 19: 55-57, p. 472. Una historia, probablemente apócrifa, indica que el joven Francisco Solano López había una vez iniciado negociaciones con Don Pedro por la mano de una de las princesas imperiales, pensando en casarse con la Institución monárquica y proteger a su país en el proceso. Ver: Alcindo Sodré, “Solano López, Imperador”, en: “Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro” (1944), n. 182, pp. 105-115. Río de Janeiro; R. Magalhães Junior, “O Imperio em Chinelos” (1957), pp. 103-110. Civilização Brasileira: Rio de Janeiro y São Paulo; Michael Lillis y Ronan Fanning, “The Lives of Eliza Lynch (Scandal and Courage)” (2009), pp. 93-94. Gill & Macmillan: Dublín; y, más curioso aún, un “Contrato entre o representante da comissão de señoras paraguayas e o Sr. [Paul] de Cuverville, gerente do cónsul frances, encarejado de mandar confeccionar em Paris uma corôa de ouro e brillantes para ser ofrecido ao Marechal Presidente” [1868], en: Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, doc. 5, lata 321. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Parece haber otorgado más peso al lado práctico de su relación con el presidente. Dado que la Iglesia no había legitimado su separación legal de su primer marido -un cirujano francés-, no podía contraer matrimonio con López y necesitaba cuidar de ella y sus hijos de maneras no eclesialmente sancionadas.

La forma más fácil de hacerlo era a través de la adquisición de tierras. El Mariscal le obsequió toda clase de finos regalos importados antes de que la guerra comenzara. En el proceso, ella obtuvo títulos de varias casas y propiedades en Asunción y en varias otras partes del país.

Después de que los Aliados hubieron expulsado a los paraguayos de Tuyutí y Curuzú, Lynch incrementó aún más la compra de bienes raíces. Cuando retornó a Sudamérica, después de la guerra, para reclamar sus derechos sobre esas tierras, sus abogados, escribiendo en su nombre, se esforzaron por presentar sus adquisiciones como un acto patriótico:

Hacia fines de 1866, Benigno López, el hermano menor del mariscal, públicamente ofreció vender todos sus inmuebles, incluidas sus estancias. Este anuncio causó una profunda sensación en el país, ya que todos dijeron que si él, siendo uno de la familia presidencial, estaba [ansioso de hacer] eso, era porque la guerra estaba a punto de terminar desastrosamente para el Paraguay.
Conociendo el pánico que esto causaría, [Madame Lynch hizo saber que ella] compraría todas las tierras o plantaciones disponibles [y con ese fin comenzó] por comprar tierras del Estado(26).

(26) Eliza A. Lynch, “Exposición y protesta que hace Eliza A. Lynch” (1875), pp. 56-57. M. Biedma: Buenos Aires. Ver también: Washburn a Seward, Asunción, 14 de Octubre de 1867, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., M-128, n. 2, que hace específica referencia a propiedades compradas dentro de la Capital por la familia López y a la consecuente improbabilidad de una evacuación temprana. En una carta escrita después de la guerra, el médico británico William Stewart observó que la colección de joyas de Madame Lynch -incluso entonces- valía “más de 60.000 libras esterlinas [...] la mayoría de ellas confiscadas a los pobres paraguayos”. Ver: Stewart a Charles Washburn, Newburgh, Escocia, 20 de Octubre de 1871, en: Washburn-Norlands Library, Libermore Falls, Maine. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Es evidente ver que las compras de Lynch no tuvieron el propósito de calmar a los propietarios paraguayos, sino que esencialmente constituían una póliza de seguro en caso de catástrofe. Al principio, las propiedades que obtuvo eran bastante modestas en comparación con las que otros miembros de la familia López habían reunido a lo largo de los años(27).

(27) La cantidad de inmuebles vendidos en arreglos privados a varios miembros de la familia López solamente puede ser llamada colosal. Ver, por ejemplo, “Contrato de Juana Carrillo con Pedro B. Moreno, Asunción, 13 de Enero de 1864”, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 3266; transferencias de tierras varias (décadas de 1850 y 1860), en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 24, 38; I-30, 6, 98; I-29, 30, 46; “Cuenta formada de los alquileres de [...] las casas de la señora Juana Carrillo de López” (1 de Julio de 1865-30 de Abril de 1866), en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 3277; “Ventas de tierras de José Joaquín Patiño (a lo largo del lago Ypacaraí), Asunción, 27 de Abril y 13 de Mayo de 1863”, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 7, 43-4; de “Julián Nicanor Godoy (en Caaguazú), Asunción, 2 de Enero de 1865”, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 2326; y de “Rosa Isabel y María de la Cruz Ayala (en el distrito de San Roque de Asunción), Asunción, 8 de Noviembre de 1866”, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 8, 20. Ver también: “Propiedades varias de Madame Lynch”, en: University of California Riverside, Juansilvano Godoi Collection, box 15, n. 51, y box 16, n. 1-14. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En esta penúltima etapa de la campaña, sin embargo, aumentó sus tenencias en forma frenética y mercenaria, involucrándose así en la especulación que pretendía negar. Lynch llegó a ser dueña de más de 3.000 leguas cuadradas (unas 7.500.000 hectáreas) en Paraguay y en el ocupado Mato Grosso(28).

(28) La avidez de Lynch de acumular un inmenso tesoro, podría ser excusada por la aprensión acerca de la muerte o evicción de su amante, lo que habría dejado a sus hijos sin ninguna alternativa entre la opulencia y la ruina. Ver: “Junta Patriótica (el mariscal Francisco Solano López)” (1926), p. 17. Asunción. En relación con sus adquisiciones de tierras, que en los papeles la convirtió en la primera latifundista del país, ver: Andrés Moscarda, “Las tierras de Madama Lynch (Un caso de prescripción contra el Fisco)” (¿1920?), Asunción; y Carlos Pastore, “La lucha por la tierra en el Paraguay” (1972), pp. 148-157. Montevideo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Más allá de que estas transferencias fueran hechas por su iniciativa o por la del Mariscal, es obvio que lo hicieron pensando en que la mejor garantía para su seguridad y la de sus hijos era mantener el statu quo. Al intentar comprender a Madame Lynch, quizás lo que más claramente podemos observar es que verdaderamente amaba a López, “con todo su corazón y toda su alma”, y se preocupaba constantemente de su futuro juntos(29).

(29) Ella contrastaba la profundidad de su amor con los sentimientos más superficiales que encontraba entre los lugareños, ya que, “cuando una inglesa ama, ama de verdad...”. Ver: Orión [Héctor Varela], “Elisa Lynch”, p. 236; y si la Madama amaba a López, él la amaba a su vez, y también a sus hijos. En una extraña carta de “Panchito” López a su madre a principios de 1868, vemos amplias referencias a la ternura del Mariscal y a su deseo de que los miembros de la familia no se expusieran a innecesarios peligros. Ver: Juan F. López a “Mi Querida Mamita”, Humaitá (?), 3 de Enero de 1868, en: UCR-Godoy Collection, box 8, n. 92. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En otro tiempo y lugar, su devoción hacia él y sus hijos los habría sostenido a ambos. Aquí, en cambio, contribuyó a fomentar una atmósfera irreal. Debido a que lo amaba, secundaba los antojos más peligrosos del Mariscal, como se esperaba que hiciera una leal consorte a mediados del siglo XIX.

Refrendaba su visión napoleónica de sí mismo y la creencia en su infalibilidad, su sospecha de constantes conspiraciones y complots para asesinarlo y su intransigencia hacia los Aliados. Apoyaba todas sus decisiones y las consideraba sensatas y bien pensadas. Lynch pudo haber tenido “abundancia de ese coraje del que [López mismo] tanto carecía” pero, lastimosamente, nunca lo usó para desafiar o moderar sus excesos(30).

(30) Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 397. Lea and Shepard: Boston y Nueva York; en su alegato de 1875, Lynch explícitamente niega toda responsabilidad por políticas domésticas y actos de su pareja: “Yo estaba lejos de involucrarme con el Gobierno [...], ni me vinculé durante la guerra con nada más que atender a los heridos y a las familias de los [soldados] y en tratar de reducir el sufrimiento general a mi alrededor”. Ver: “Exposición”, p. 208. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La posteridad, eso parece, aún no ha tratado esto con suficiente comprensión. El ambiente victoriano de su época le habría permitido prosperar como la amante del hombre más poderoso de Paraguay pero, al mismo tiempo, restringía severamente el alcance de sus acciones.

No podía ni ganar la respetabilidad que anhelaba ni darse el lujo de actuar independientemente. Pese a lo que sus detractores han afirmado tan enfáticamente, nunca estuvo a su alcance levantar una espada ni mezclarse con los asuntos del Estado paraguayo.

Hasta nuestros días circulan múltiples cuentos chinos sobre Madame Lynch. Uno sostiene que encabezó un Cuerpo de amazonas en el Ejército paraguayo; otro, que cada joya recolectada por el Gobierno terminó en su poder y, se afirmó, incluso, que había sido previamente la amante del gobernador correntino y que había conminado a López a atacar

Argentina como venganza por esos fracasados devaneos o porque el editor de un periódico en esa comunidad la había ridiculizado en un artículo satírico. Burton llegó a escuchar que ella dirigía las operaciones militares en Humaitá.

Lo que estas historias tienen en común, es su utilidad como propaganda, ya que los enemigos del Mariscal se esforzaban por sacar el máximo provecho de la falsa imagen de una Lady Macbeth que, “adulaba al vanidoso, crédulo y codicioso salvaje, para hacerle creer que estaba destinado a sacar al Paraguay de la oscuridad y convertirlo en una potencia dominante en Sudamérica”, como escribió Masterman.

Como debería ser obvio a estas alturas, López no necesitaba estímulos para creerse destinado a la gloria; el Mariscal distaba de ser herramienta de nadie. En cuanto a Elisa Lynch, es difícil no coincidir con el juicio de su nuera, Maud Lloyd, quien subrayó que la Madama “no era la escabrosa, intrigante aventurera”, que han querido hacer de ella. Como muchas mujeres viviendo “sin el beneficio del Clero”, era una víctima de las circunstancias [...].

"Era de corazón cálido, sentimental, una adelantada irlandesa victoriana, que sentía fácilmente simpatía por todos aquéllos en problemas [... pero] su influencia sobre López era muy limitada(31).

(31) Ver: Richard Burton, “Letters from the Battle-fields of Paraguay” (1870), p. 357. Tinsley Brothers: Londres; George Frederick Masterman, “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 59. S. Low, son and Marston: Londres; Michael Lillis y Ronan Fanning, “The Lives of Eliza Lynch (Scandal and Courage)” (2009), pp. 199-200. Gill & Macmillan: Dublín. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Pudo haber estimulado a López con ternura y afecto. Pudo haber hecho que él confiara mucho en ella. Pero, aunque continuó obteniendo del Mariscal pequeños favores y aceptó gustosamente sus sustanciosas concesiones, nunca se le permitió olvidar que era él quien comandaba su país, hasta las últimas consecuencias.

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