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Corta incursión a lo irreal

La muerte del vicepresidente Paz no afectó la percepción del Mariscal de las fortalezas Aliadas porque, por un lado, la consideraba irrelevante y, por el otro, fue incapaz de entender los alcances de lo que había ocurrido. Los logros de sus enemigos, al flanquear a los paraguayos a través de Tuyucué, San Solano y Tayí lo habían convencido de reconfigurar sus defensas en Humaitá.

Aún antes de su exitosa acción en Paso Poí, había decidido que la enorme red de trincheras alrededor del Cuadrilátero no podía mantenerse apropiadamente con las reservas disponibles. Por lo tanto, retiró a 10.000 hombres de Paso Gómez y el Bellaco y los redirigió hacia Curupayty, los reubicó al sudeste de la Laguna Méndez, luego alrededor de Paso Pucú hasta Espinillo y, finalmente, en un amplio semicírculo encima de la Fortaleza misma.

Les entregó un considerable terreno a los Aliados en el proceso, pero pudo reatrincherar a su Ejército al norte de la posición previa. También construyó una nueva serie de fosas debajo de Potrero Ovella y el Establecimiento de Cierva, y trasladó sus Cuarteles Generales de Paso Pucú a Humaitá. Dentro de sus viejas líneas, sólo dejó una mera Fuerza simbólica para mostrar la bandera(1).

(1) Christopher Leuchars, “To the Bitter End: Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), pp. 177-178. Greenwood Press: Westport. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Incluso en esta avanzada etapa del conflicto, los comandantes Aliados no tenían más que una tímida inteligencia de los movimientos paraguayos y optaron por interpretar que el Mariscal tenía una posición más fuerte de la que de hecho ostentaba. Su inseguridad, una vez más, demoró el avance contra el bastión y, para principios de 1868, parecía que el conflicto de nuevo se volvía estático.

En Asunción, el ministro de Estados Unidos, Washburn, reflejaba el generalizado malestar, cuando rumiaba que los Aliados estaban determinados

“[...] a matar de hambre a los paraguayos. Pero, para eso, tendrán que atravesar un largo proceso, en el que no tengo deseos de ser una víctima.
Parecen temerosos de realizar un ataque general sobre las líneas paraguayas y los paraguayos no tienen intención de salir de sus atrincheramientos mientras puedan mantener un camino abierto para obtener provisiones.
No tengo razones para suponer que no serán capaces de hacer eso por un largo período, y [...], por lo tanto, con la política seguida actualmente por los dos lados, no veo luz ni esperanza de paz por mucho tiempo"(2).

(2) Washburn a Seward, Asunción, 13 de Enero de 1868, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., M-128, n. 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Era cierto que la Armada brasileña seguía lanzando bombas al Fuerte y, los paraguayos, montando asaltos menores pero, pese a todo lo que Mitre y Caxias habían afirmado a sus respectivos Gobiernos, los principales Ejércitos Aliados no se movían. López mantuvo sus pródigos duelos de artillería con las fuerzas terrestres del enemigo a lo largo de este período. Sus cañoneros probaron sus cañones sobre los Cuarteles de Caxias y las tiendas de Osório, logrando salpicar el aire con tierra, pero no alcanzar los pretendidos blancos.

Nada de esto satisfacía al Mariscal, quien ansiosamente deseaba escuchar alguna buena noticia. La segunda semana de Enero, una de esas buenas noticias parecía estar en camino. En ella se percibe una prueba de cuán extraño se había vuelto el patrón de vida en la sitiada fortaleza de Humaitá.

La tarde del 11, los piqueteros de López notaron que las tropas argentinas estaban disparando salutaciones regulares cada media hora y que las unidades Aliadas más cercanas habían bajado sus insignias a media asta.

Los espías del Mariscal inicialmente reportaron sin reticencias que el vicepresidente Paz había muerto en Buenos Aires; pero todo el contingente paraguayo supo que López ya había anunciado que no era Paz, sino el propio Mitre, el que había sucumbido, probablemente por alguna enfermedad tropical.

Las expresiones de deseo toman muchas formas en la guerra y, cuando se unen a un impulso autoritario, pueden volverse engañosas. Durante los siguientes días, los piqueteros observaron a oficiales Aliados vestidos de uniforme yendo a Misa y otras indicaciones de que alguien importante, efectivamente, había fallecido.

Renuente a creer que había errado acerca de Paz, el Mariscal ordenó a sus hombres capturar a dos centinelas argentinos y forzarlos a confirmar la muerte de Mitre. Cuando los dos hombres tomados prisioneros se declararon ignorantes del hecho que se les preguntaba, López los hizo azotar.

No pasó mucho tiempo antes de que admitieran el deceso de don Bartolo (para ese momento habrían admitido que sus propias madres eran vizcachas o que el Río de la Plata era verde como sopa de arvejas).

Tal era el temor al Mariscal, que la historia de la muerte de Mitre se convirtió en verdad indiscutible en el Campamento paraguayo y cualquiera que se atreviera a cuestionarla arriesgaba su vida. El 13 de Enero, “Cabichuí” dedicó una edición completa al deceso de Mitre, con un cuidado grabado del presidente en su lecho de muerte, acompañado por buitres, un macho cabrío y demonios que tratan de llevárselo al infierno, mientras es velado por Gelly y Obes y sus patrocinadores brasileños.

El texto, que omite cualquier reflexión positiva sobre el Comandante enemigo, resuena con la típica denuncia de los argentinos como herramientas del Imperio

Caxias es ahora de Señor de todos los Señores Aliados. ¡Oh, esos argentinos, esos pobres diablos, basura miserable!
Para hablar con claridad de su situación, ahora no son más que rehenes, comprometidos a cumplir el tratado secreto por parte del Gobierno que ocupa el sillón presidencial de la República Argentina.
En pocas palabras, serán como el pavo de la boda [...] Caxias está contemplando un ataque general contra nuestras trincheras en el que [los argentinos] serán ubicados en las líneas del frente como carne de cañón.
No hay duda de eso, como que no hay dudas de que Gelly ‘la oveja’, los hará morir a todos, ya que aunque no tienen utilidad militar, son todavía capaces de servir al Brasil bajo el yugo del Marqués(3)

(3) “La muerte de Mitre”, en: “Cabichuí”, (Paso Pucú), edición del 12 de Enero de 1868; “Testimony of Dr. William Stewart, late of Paraguay, (Londres, 9 de Diciembre de 1869)”, en: WNL. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Había una lógica innegable en esta interpretación, dado que los paraguayos hacía tiempo se confortaban con el conocimiento de que los argentinos se sentían usados por sus aliados brasileños (y viceversa).

Pero como la premisa básica no tenía fundamento en los hechos, los argumentos de “Cabichuí” no pasaban de ser tonterías. Y, pese a ello, que la versión del Mariscal fuera repetida interminablemente en todo el Paraguay, era una señal de cuán irracional se había vuelto el ambiente en Humaitá. Incluso Washburn fue engañado por la historia(4).

(4) Washburn a Seward, Asunción, 17 de Enero de 1868, en: “Transactions in the Region of the La Plata”, Senado de Estados Unidos, 40mo. Congreso, 3ra. sesión, ex doc., n. 5, pp. 99-100. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Elaboradas respuestas a artículos de la prensa argentina, fueron escritas las semanas siguientes, en las que se afirmaba que la “muerte” de Paz era un truco de complejidad diabólica, probablemente divulgado por los brasileños, que no podían derrotar a los hombres del Mariscal en combate honesto(5).

(5) “Uno de dos” y “Gelli Obeja Proclamado”, en: “Cabichuí”, (Paso Pucú), edición del 30 de Enero de 1868. Como era de esperarse, la prensa argentina ridiculizaba las afirmaciones paraguayas como otra expresión absurda de la perversión del Mariscal. Ver: “Los panfletos de López”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 28 de Enero de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En cierto momento, una serie de apelaciones impresas, dirigidas a tropas argentinas, fue descubierta entre las líneas. Señalaban que, con el fallecimiento de Mitre, el general Gelly y Obes se había pasado al lado paraguayo con toda su Fuerza, antes que someterse a las órdenes de un brasileño(6).

(6) Publicado en el “Diário do Exército”, del 21 de Enero de 1868. Ver: Barón de Rio Branco, “Commentarios a historia da guerra do Paraguay de Schneider” (1919), en: “Revista Americana”, n. 8: 11-12 , p. 47. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Sólo lentamente la verdad de la situación comenzó a calar en el huraño López. Sin embargo, su rabia lejos estuvo de aplacarse al conocer los hechos, ya que ahora sospechaba de los mismos hombres que habían confirmado previamente sus falsas afirmaciones. En estas circunstancias, uno se pregunta si sus compatriotas temían más a las balas Aliadas o a él.

- ¿Caxias todopoderoso?

La realidad, desde luego, no tenía nada que afianzase la causa del Mariscal. La partida de Mitre del Paraguay dejó la puerta abierta a Caxias y, lo que había sido durante meses una situación de facto en Tuyucué, en un instante se convirtió en de jure cuando el General brasileño asumió como comandante Aliado el 12 de Enero de 1868.

Caxias era un buen juez de los hombres y las relaciones de poder. Comprendía que su predecesor argentino era un líder más leído y, en ciertos sentidos, más reflexivo, pero el Marqués no tenía razones para considerarse un subordinado natural del hombre más joven. Su propia experiencia de gobierno era larga y distinguida, e incluía dos términos como presidente del Consejo de Estado (o Primer Ministro).

Había triunfado en una variedad de revueltas internas en Brasil, durante los años 1830 y 1840 y en la lucha contra Rosas. Era miembro del Senado Imperial y, más importante aún, a diferencia de Mitre, entendía los límites de la elocuencia política. Caxias veía -con meridiana claridad- cómo funcionaba la autoridad en el frente. Supo, desde el principio, que el estatus del Imperio como socio mayoritario en la Alianza, le daría tarde o temprano el poder que necesitaba.

El Comandante argentino que quedó en el frente, el general Gelly y Obes, que se mantuvo atrás en Tuyucué, era un oficial capaz, que sabía obedecer órdenes. El contingente uruguayo apenas contaba. Las Fuerzas terrestres brasileñas harían su trabajo. Y el almirante Ignácio, quien estaba en deuda con Caxias por su apoyo después de que la Flota pasó Curupayty, se alinearía también.

Incluso ahora, sin embargo, no era obvio que hubiera llegado el momento de aplastar al mariscal López. Por una de esas extrañas ironías que siempre afloraron durante la Guerra del Paraguay, la partida de Mitre coincidió con crisis políticas, tanto en Montevideo como en Río de Janeiro. El problema, en esta última Capital, representaba una amenaza potencial para todo el esfuerzo bélico de la Alianza.

Los radicales dentro del Gobierno Imperial habían adoptado una posición de escepticismo acerca del progreso de la guerra, que parecía tan intransigente como la de los autonomistas en Buenos Aires. Los miembros del Parlamento que deseaban desplazar al Primer Ministro, Zacharias de Góes e Vasconselos, prestaron cierto apoyo a esta actitud cuando censuraron a la milicia sus gastos dispendiosos, sus constantes demandas de mano de obra y la inconcebiblemente pobre planificación en el aspecto táctico(7).

(7) El reclutamiento forzado se había vuelto una práctica común en muchas áreas del Imperio. Desesperado por reclutas, el Parlamento había aprobado la compra de esclavos, a quienes se entregaban cartas condicionales de emancipación, así como la libertad de convictos, y había conducido redadas contra hombres normalmente exentos del servicio militar regular. Los reclutamientos para la guerra terminaron “mezclando indiscriminadamente estratos de pobres libres en el frente”, a la vez que exacerbando un escenario político de por sí problemático en el país. Ver: Peter M. Beattie, “Inclusion, Marginalization and Integration in Brazilian Institutions: the Army as Inventor and Guardian of Traditions” (2009). Ponencia presentada en el: “Brazil Strategic Culture Workshop”, Noviembre de 2009. Florida International University, Miami. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Al secundar esta postura de cansancio hacia la guerra, varios periódicos cariocas llegaron incluso a cuestionar el comando del Marqués. Esto amenazaba a Caxias tanto como los vaivenes políticos en Buenos Aires habían dañado a Mitre. El Marqués estaba totalmente imbuido de profesionalismo militar. Pero era también un hábil político, que sabía cuándo dejar a sus rivales seguir su curso y cuándo desafiarlos.

Era, además, un alto exponente del Partido Conservador, un estadista cuya lealtad al emperador siempre había sido dada por hecho. Y ningún hombre de importancia en el firmamento político brasileño pensaba que una victoria sobre los paraguayos podía alcanzarse sin él.

El Marqués podía contar con el peso de su propia reputación. Ahora que Mitre había cedido el Comando, Caxias debía haber disfrutado de incuestionable autoridad para llevar adelante el trabajo y retornar a casa como un héroe. Zacharías y sus Ministros liberales, sin embargo, se habían posicionado para oponerse a sus ambiciones, más allá de lo que opinaran sobre sus habilidades como General. El 4 de Febrero de 1868, decidió que había tenido demasiado de estas intrigas y dirigió al ministro de Guerra dos cartas que transparentaban su posición.

El despacho oficial solicitaba permiso para renunciar, citando razones de salud. La segunda misiva, enviada en forma privada, exponía el descontento del Marqués con los periódicos liberales que habían vilipendiado su figura y, de esa forma, minado el éxito de las Armas brasileñas en Paraguay. Si Caxias había perdido la confianza del emperador -sin duda sabía que no era así- entonces estaba listo en ese momento para dar un paso al costado.

Estas dos cartas, que tenían la apariencia de un ultimátum, implicaban la propuesta al emperador de reemplazar a Zacharías por un nuevo Ministro designado entre los conservadores. Si Pedro se rehusaba, perdería los servicios de Caxias en el frente. El Primer Ministro se había sentido incómodo con Caxias ya desde la cuestión con Ferraz en 1866(8), pero tanto él como su soberano, eran hombres maduros que podían leer entre líneas y comprendieron lo que había que hacer.

(8) Ver: Thomas L. Whigham, “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e Inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur) (2010), volumen 1, 2: 224. Taurus: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Poco después de que las cartas llegaron a Río de Janeiro el 19 de Febrero, Zacharías ofreció la renuncia de su Gabinete y, con la aprobación del emperador, derivó toda la cuestión al Consejo de Estado, el Cuerpo más elevado del Gobierno brasileño. El Consejo, que se reunió al día siguiente, recibió la tarea de aconsejar sobre -en realidad, de decidir entre- la renuncia del General o la del Gabinete(9).

(9) El texto de la carta de Zacharías al emperador puede encontrarse en: “Liberdade”, (Río de Janeiro), 2 de Febrero de 1897; y Joaquim Nabuco, “Um Estadista do Império: Nabuco de Araújo, Sua Vida, Suas opinhões, Sua época” (1897), 3: 100-101, (2 volúmenes). H. Garnier: Río de Janeiro y París. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Don Pedro comprendía lo delicado y conflictivo que era este encargo para los Consejeros, pero se negó a aceptar ningún pretexto o demora; debían tomar la decisión que se les requería. Terminaron divididos en forma casi paritaria (pero no necesariamente en línea con sus respectivos partidos), una clara señal de que el emperador debía ahora actuar como le pareciera conveniente.

Don Pedro se percataba de que los conservadores eran renuentes a tomar el poder en ausencia de su incuestionable líder, el visconde de Itaboraí, quien estaba en Europa. Por lo tanto, el monarca persuadió a Zacharías de continuar como Primer Ministro, aunque sobre una base debilitada. A instancias del emperador, los dirigentes conservadores escribieron al comandante Aliado una carta, en la que expresaban su completa confianza en su Generalato y le pedían que permaneciese en el puesto.

Zacharías se tragó su orgullo e hizo lo propio, enviando una efusiva carta para reafirmar el compromiso del Gobierno con la lucha contra López y para elogiar a Caxias como el hombre capaz de asegurar la victoria(10).

(10) Comunicación privada con Roderick J. Barman, Vancouver, 21 de Septiembre de 2009; ver también: Jeffrey D. Needell, “The Party of Order (The Conservatives, the State, and Slavery in the Brazilian Monarchy. 1831-1871)” (2006), pp. 241-248. Stanford University Press: Palo Alto. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La crisis partidaria dentro del Gobierno brasileño no quedó resuelta en esta coyuntura, sino pospuesta. Zacharías continuó encabezando el Gobierno hasta Julio, pero la Cámara en su conjunto mostraba poco entusiasmo por los acuerdos que había tomado con los conservadores. Las acciones de Don Pedro, en Febrero, fueron controvertidas y algunos estudiosos datan en esa fecha el inicio del declive del sistema monárquico(11).

(11) Una influyente excepción en este sentido fue Wanderly Pinho, nieto del barón de Cotegipe, quien minimiza la creencia de que la crisis de Febrero de 1868 fue un factor en el declive del apoyo al emperador. Ver: “O Incidente Caxias e a Quéda de Zacharías em 1868”, en: Wanderley Pinho, “Política e Políticos no Império: Contribuições Documentaes” (1930), pp. 65-93. Imprensa Nacional: Río de Janeiro; y, Roderick J. Barman, “Citizen Emperor: Pedro II and the Making of Brazil. 1825-1891” (1999), pp. 217-219 y passim. Stanford University Press: Palo Alto. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Hablando estrictamente, la Constitución de 1824 concedía a Pedro una amplia autoridad bajo sus facultades de “poder moderador”, pero el emperador siempre había actuado con cuidado para evitar acusaciones de despotismo. No siempre tuvo éxito en este sentido, pero al menos en esta ocasión obtuvo lo que quería.

La guerra continuó y Caxias siguió en Comando. Mientras tanto, nadie en el Gobierno Imperial podía dejar de notar que los cabellos del emperador habían perdido ya mucho de su color anterior y que lucía “preocupado y de alguna manera más viejo que lo que sugerían sus cuarenta y cuatro años(12).

(12) Louis y Elizabeth Agassiz, “A Journey in Brazil” (1868), p. 58. Boston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los radicales brasileños se habían mantenido al margen por el momento, pero pocos olvidaron este brusco trato. Si bien su sentido personal del honor les permitía perdonar, sus metas políticas requerían recordar.

Pedro recobró bastante de su prestigio personal durante 1868, pero los meses y años pasaban y los radicales se unían en otras facciones y desnudaban lentamente al Imperio de su prolongada sofistería. Como declaró el hijo de un participante liberal en este proceso: “Las heridas del 20 de Febrero no se cerrarán; tienen que sangrar hasta el final(13).

(13) Joaquim Nabuco, “Um Estadista do Império: Nabuco de Araújo, Sua Vida, Suas opinhões, Sua época” (1897), 3: 100-101, 3: 115, (2 volúmenes). H. Garnier: Río de Janeiro y París. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

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