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El paso por las Baterías

Entretanto, en lo que a la campaña en Paraguay concernía, las acciones del emperador tenían el deseado efecto de reafirmar a Caxias en su posición de comandante Aliado. Nadie en adelante cuestionó su conducción de la guerra. De hecho, a mediados de Febrero de 1868, el combate había tomado varios giros positivos, al punto de que la posición del Marqués parecía ahora mucho más segura de lo que podría haber deseado un mes antes.

El 13 de Febrero, los tres monitores construidos en Río de Janeiro, que acababan de aparecer en la escena, navegaron frente a Humaitá bien tarde a la noche. Las baterías paraguayas en la orilla ofrecieron limitada resistencia y los buques recién llegados se unieron rápidamente a los acorazados de Ignácio, río arriba(1).

(1) Guilherme de Andréa Frota, ed., “Diário Pessoal do Almirante Visconde de Inhaúma durante a Guerra da Tríplice Aliança (Dezembro 1866 a Janeiro de 1869)” (2008), pp. 13-44 (entradas del 13 y 14 de Febrero de 1868). Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los monitores, que “El Semanario” bautizó posteriormente como “chatas corsarias”, tenían un diseño varias veces mejorado respecto a los que se habían usado en la Armada federal cuatro años antes, durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Los nuevos buques habían sido especialmente diseñados para operaciones fluviales.

Tenían dos calderas separadas, un casco triple de madera dura revestido con planchas de metal Muntz, una aleación de hierro y bronce y una inusual torreta, descrita como de “una forma prismática rectangular con caras curvas(2).

(2) Comunicación personal con Reginaldo J. da Silva Bacchi, São Paulo, 3 de Noviembre de 2009. Estos monitores fueron totalmente construidos con materiales brasileños. Las únicas partes importadas fueron seis bombas Dalton de 114 milímetros, dos para cada buque. Para descripciones generales de los monitores, ver: Adler Homero Fonseca de Castro y Ruth Beatriz S. C. de O. Andrada, “O Pátio Epitácio Pessoa: seu Histórico e Acervo” (1995), pp. 84-86. Museu Histórico Nacional: Río de Janeiro; y George A. Gratz, “The Brazilian Imperial Navy Ironclads. 1865-1874” (1999-2000), en: “Warship”, pp. 140-162. Londres y Annapolis. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Cada barco venía armado con un único cañón Whitworth de 70 o 120 libras, con portillas apenas mayores que la boca, que permanecía alineado con la cara de la torreta giratoria, de manera que casi ninguna parte del barco quedara expuesta. Como en las viejas chatas, los cascos estaban casi completamente hundidos en el agua, lo que los hacía blancos difíciles de acertar -algo para poner a prueba la Batería Londres-(3).

(3) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 246-247. Longmans, Green, and Co.: Londres; el monitor, con su peculiar diseño, fue tan popular en la U.S. Navy que, para fines de la Guerra Civil, los federales tenían cuarenta de estos buques en servicio. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El almirante Ignácio ya no podía demorar un asalto naval a Humaitá. Mitre había partido y la vieja excusa de que la Flota debía permanecer anclada para prevenir una traición argentina había perdido todo poder de persuasión.

Si los buques de guerra brasileños eran dañados en un ataque a la Fortaleza, el fracaso caería sobre los hombros del Marqués Caxias tenía el completo apoyo del ministro Naval, Affonso Celso de Assis Figueiredo.

También podía prometer a Ignácio que, un gran ataque del Ejército Aliado contra Cierva, acompañaría los esfuerzos desde el río. El Almirante había alegado siempre que las unidades terrestres y navales necesitaban actuar conjuntamente en cualquier avance final sobre Humaitá y, por lo tanto, no podía oponerse ahora a una misión que proponía precisamente ese tipo de ataque. El Marqués no solamente tenía donde quería a López, sino también a su propio Almirante.

Caxias e Ignácio se encontraron en el buque de este último a principios del mes para bosquejar un plan. A las 03:30 del 19 de Febrero, la flotilla de acorazados inició un fuerte bombardeo sobre las posiciones paraguayas, lo mismo que la Flota de madera en las inmediaciones de Curuzú y las dos barcazas que los Aliados habían llevado a la laguna Piris. Simultáneamente, la artillería Aliada en Tuyucué, comenzó a bombardear Espinillo y varios batallones de infantería avanzaron para rociar la posición con mosquetería.

Estas descargas eran todas para desviar la atención. La acción real ocurrió en el canal principal del río, donde el verdadero objeto de las intenciones Aliadas consistía en hacer que la Flota forzara el paso frente a las baterías de Humaitá y Timbó. Según el pensamiento brasileño, este fue -en muchos sentidos- el gran momento de la guerra, algo que los Ejércitos Aliados habían anticipado durante dos años y de lo cual los paraguayos no deberían jamás ser capaces de recuperarse.

Dos horas antes del amanecer, tres de los acorazados más pesados avanzaron al canal principal. Cada uno tenía un monitor amarrado del lado opuesto a la Fortaleza. Primero llegó el “Barroso”, nombrado así en honor al vencedor del Riachuelo, liderando al monitor “Río Grande”; los seguían el “Bahía” con el “Alagoas” y el “Tamandaré” con el “Pará”. Los pares de buques se aproximaron a la línea de las troneras de Humaitá en fila, disparando sus cañones(4).

(4) “Relatório da Passagem de Humaitá pelo seu Comandante Capitão-de-Mar-e-Guerra Delfim Carlos de Carvalho (a bordo del Bahía, 20 de Febrero de 1868)”, en: Levy Scavarda, “Centenário da Pasagem de Humaitá” (1968), en: “Revista Marítima Brasileira”, 8: 1-3, pp. 28-32. Río de Janeiro; ver, también: Carlos Penna Botto, “Campanhas Navais Sul-americanas” (1940), pp. 108-125. Imprensa Naval: Río de Janeiro; y Christopher Leuchars, “To the Bitter End: Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), pp. 179-180. Greenwood Press: Westport. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Normalmente, habría estado todavía oscuro, pero los guardias paraguayos sabían -por espías- que los Aliados querían intentar esta maniobra, por lo que habían prendido una serie de enormes fogatas al nivel del río. Esas, junto con los casi constantes fogonazos de los cañones y cohetes Congreve, iluminaron el cielo con una pavorosa luz.

Las unidades de artillería del Mariscal lanzaron masivas cantidades de bombas y granadas al aire cuando la flota enemiga se acercó a su posición. Quizás 150 cañones estaban abriendo fuego, todos al mismo tiempo(5).

(5) Christopher Leuchars, “To the Bitter End: Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 179. Greenwood Press: Westport. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El ruido habrá sido terrible y duró más de cuarenta minutos, que fue lo que llevó hacer el tránsito al norte de Humaitá. Tiempo antes, los Aliados habían hecho volar las botavaras a través de las cuales los paraguayos habían extendido tres cadenas entrelazadas como un obstáculo en el río. Las tropas de López no pudieron repararlas y volver a ubicarlas a tiempo.

Aguas altas cubrían lo que quedaba de las cadenas por tal vez 4 ó 5 metros, suficientes para que pasaran los buques y no tuvieran que detenerse frente a los principales cañones. Aun así, las calderas de Ignácio no podían dar a los barcos un poder de navegación que se acercase a una velocidad extraordinaria.

El paso fue difícil, aunque de ningún modo tan peligroso como Ignácio creía. Bajo presión de Caxias y del Gobierno Imperial, había enviado a su yerno, el talentoso comodoro Delphim Carlos de Carvalho, a supervisar la operación desde la cubierta del “Bahía”.

El comodoro tenía una buena noción de lo que enfrentaba. Todos los que en el lado Aliado que habían tenido una experiencia previa en el río Paraguay, sabían que el canal era peligrosamente angosto arriba del Fuerte -apenas unos 800 metros- y exigía aproximarse con cuidado.

Un agudo recodo del río en ese punto, requería que todos los barcos se dirigieran río arriba, redujeran la velocidad y maniobraran contra cuatro nudos de corriente. Aún entonces, los problemas de dirección complicaban el paso, y hubo momentos en que los barcos se presentaban en toda su extensión a los cañoneros enemigos.

Los ingenieros de López habían erigido sus baterías más intimidantes justo encima del recodo, lo que les permitía descargar un fuego concentrado sobre cualquier embarcación que intentara cruzar.

El número de cañones paraguayos de grueso calibre (algunos de 68 libras) constituía una importante amenaza, como también los distintos obstáculos y minas que los hombres del Mariscal habían lanzado al río durante los meses precedentes. Finalmente, y quizás más significativamente, los soldados en Humaitá estaban advertidos del movimiento enemigo y no estaban en lo más mínimo sorprendidos por los bombardeos Aliados(6).

(6) G. F. Gould a Lord Stanley, Buenos Aires, 26 de Febrero de 1868, en: George Philip, ed. “British Documents on Foreign Affairs. Reports and Papers from the Foreign Office Confidential Print” (1991), en: “Latin America. 1845-1914”, parte 1, serie D, v. 1, pp. 235-236. Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El fuego de la Batería Londres y de los otros cañones de la Fortaleza era tremendo. “Estuvo bien sostenido y certero, pero las balas se rompían en pedazos contra los blindajes de los acorazados [que después de] pasar Humaitá continuaron adelante y pasaron la batería de Timbó, hasta llegar a Tayí”, donde Mena Barreto estaba esperando(7).

(7) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 247. Longmans, Green, and Co.: Londres; “El Semanario”, (Asunción), edición del 9 de Marzo de 1868; ocho meses más tarde, el “London Illustrated Times” publicó una ilustración relativamente precisa de las baterías, pero con un epígrafe extraño y erróneo: “Las Divisiones avanzadas de la Flota brasileña forzando a las baterías paraguayas en Tebicuary” (ver edición del 3 de Octubre de 1868). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Timbó, que estaba localizado en el lado chaqueño del río, era -en ciertos sentidos- un desafío más impresionante que la Fortaleza, ya que estaba más bajo y mejor protegido del fuego Aliado. En cierto momento, durante el paso, el “Bahía” perdió temporalmente el rumbo y colisionó con el “Tamandaré” y el “Pará”, que lo seguían. Este último recibió mucha agua, pero ninguno de los barcos quedó seriamente dañado en el incidente y todos completaron el paso en buen tiempo.

Quizás la parte más aterradora de todo el episodio involucró al pequeño monitor “Alagoas”, que se soltó de la proa del “Bahía” cuando una bala (o metralla) cortó el cabo delantero. Las proas de los dos barcos comenzaron de inmediato a distanciarse.

La resistencia del agua luego hizo que se rompiera el segundo cabo y que el “Alagoas” flotara río abajo, con la proa apuntando directamente al enemigo. En poco tiempo se acercó a las troneras paraguayas, sin que su tripulación fuera capaz de ajustar sus máquinas. Ninguno de los otros barcos brasileños dio la vuelta para ayudarlo(8).

(8) Los barcos estaban amarrados con pesados cabos de soga desde bolardos en las cubiertas en la proa y la popa de ambas embarcaciones. Dado que los cabos estaban dispuestos de manera perpendicular a la orilla del río, ofrecían un blanco mínimo para las baterías enemigas, pese a lo cual un muy afortunado tiro paraguayo pudo cortar el cable de las proas, como se describe [comunicación personal con Adler Homero Fonseca de Castro, Río de Janeiro, 8 de Noviembre de 2009]. En su análisis de los hechos, el almirante Carlos Balthazar da Silveira pregunta, retóricamente, por qué los otros buques de la Flota no hicieron nada para ayudar y, al suministrar su propia respuesta, señala que arriesgar más barcos en un rescate incierto era injustificado y que Delphim actuó apropiadamente al no intentar intervenir. Ver: Carlos Balthazar da Silveira, “Campanha do Paraguai. A Marinha Brasileira” (1900), pp. 53-54. Tipografia do Jornal do Commercio: Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El peligro del “Alagoas” era grave. Había entrado en la parte más fuerte de la corriente, fue arrastrado a una distancia considerable de la Flota y estuvo a punto de ser destruido frente a la Batería Londres.

Su capitán, el teniente Joaquim Antônio Cordovil Maurity, actuó con presencia de ánimo y se mantuvo frío durante diez minutos de fuego sostenido, consiguiendo, finalmente, poner en marcha las máquinas a último momento. El “Alagoas” luego se alejó a toda velocidad de los cañones enemigos. Más tarde, cuando el peligro había pasado, contaron 187 impactos en la “pequeña tortuga”.

El coronel Caballero divisó el barco de Mauriy desde las riberas bajas del Potrero Ovella y decidió interceptarlo con tropas dispuestas a bordo de veinte canoas. Las posibilidades de causar daño significativo a los Aliados se habrían cuadruplicado, si se hubiera podido capturar esa embarcación. Los paraguayos, por lo tanto,

presionaron... furiosamente, logrando abordar el monitor, pero se quedaron perplejos y confundidos cuando no vieron a ninguno de [los tripulantes], que estaban en la bodega y en la torre con las escotillas de hierro firmemente cerradas.
Luego, la tripulación lanzó un fuego fulminante desde la torre a la densa masa de paraguayos que subía a la cubierta, que quedó libre en breves momentos.
De aquéllos que pudieron lanzarse de nuevo a sus canoas, algunos fueron muertos por tiros desde el barco y otros perecieron entre las olas cuando el monitor, en decidida persecución, atropelló y hundió varios botes.
El pequeño vapor, girando a derecha e izquierda, se abalanzó contra una canoa tras otra y las hizo volar salvajemente. Solamente unas pocas pudieron alcanzar las partes del canal, donde el monitor no podía perseguirlas(9).

(9) Albert Amerlan, “Nights on the Río Paraguay (Scenes of War and Charactersketches)” (1902), p. 108. H. Tjarks: Buenos Aires; Ouro Preto, “A Marinha d’Outrora”, pp. 185-186; Ricardo Bonalume Neto, “River Passage Sought” (1993), en: “Military History” (Diciembre de 1993), pp. 66-73, 95-98. Leesburg; Arthur Jaceguay y Vidal De Oliveira, “Quatro Séculos de Actividade Marítima. Portugal e Brasil” (1900), 2: 469-271, 485-486 (donde se insinúa que el cabo que unía al Alagoas con el Bahia no se cortó por una bomba, sino por el hacha de un saboteador). Imprensa Nacional: Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El “Alagoas”, tras ametrallar a las canoas enemigas, procedió a navegar río arriba para reunirse con los otros barcos brasileños en Tayí(10).

(10) Un diplomático británico, que reportaba desde Río de Janeiro, especuló con que estas canoas salvaron al “Alagoas” porque los cañoneros paraguayos en la costa no querían matar accidentalmente a sus propios compañeros. Ver: George Buckley Mathew a Lord Stanley, Río de Janeiro, 8 de marzo de 1869, en: George Philip, ed. “British Documents on Foreign Affairs. Reports and Papers from the Foreign Office Confidential Print” (1991), en: “Latin America. 1845-1914”, parte 1, serie D, v. 1, pp. 236-237. Londres; el almirante Ignácio afirmó, no muy convincentemente, que los hombres a bordo de las canoas atacantes eran todos indios payaguá, “armados con arcos y flechas”. Ver: Guilherme de Andréa Frota, , ed. “Diário Pessoal do Almirante Visconde de Inhaúma durante a Guerra da Tríplice Aliança (Dezembro 1866 a Janeiro de 1869)” (2008), p. 170 (entradas del 20 y 21 de Febrero de 1868). Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Caballero parece haber mordido la empuñadura de su espada y escupido al monitor de Maurity mientras se alejaba al norte. Eso fue todo. Ningún hombre a bordo de la Flota Aliada murió y solamente diez resultaron heridos en la acción del 19. Todos los acorazados recibieron impactos; el “Bahía” sufrió 145 y el “Tamandaré” 170. Pero, como para probar la
eficacia de las corazas, no hubo ningún daño serio, principalmente “abolladuras en los blindajes y torceduras en los tornillos(11). La flotilla no se topó con minas, que probablemente habían sido llevadas por la corriente en la reciente crecida del río(12).

(11) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 247. Longmans, Green, and Co.: Londres.
(12) “The Paraguayan War”, en: “Army and Navy Journal”, 9 de Mayo de 1868, pp. 599-600. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Bajo esas circunstancias, los muchos hombres en uniforme Aliado ese día podían preguntarse por qué la Armada no había realizado el paso en 1866. Cuando despuntó el día, oficiales y hombres se encontraron interrogándose, al unísono, por qué fue tan fácil forzar las baterías, tan predecible y tan rápido. Tal vez Caxias e Ignácio pensaban de la misma manera, tal vez no(13).

(13) Ciertos detractores de Caxias en Argentina, no expresaron sorpresa por el tardío, pero exitoso paso frente a las baterías de Humaitá afirmando, quizás con alguna justicia, que el Marqués había demorado la operación por varios meses, hasta que pudo deshacerse de Mitre. Ver: Enrique Rottjer, “Mitre militar” (1937), pp. 200-207. Círculo Militar: Buenos Aires. Otra razón frecuentemente mencionada de la demora, era que la mayoría de los barcos en la Flota brasileña tenían cascos de madera y estos no podían sobrevivir a los cañoneros paraguayos; sin embargo, la Flota de madera pasó las baterías de Curupayty a principios de Marzo y ningún barco se perdió ni sufrió daños. Ver: Ouro Preto, “A Marinha d’Outrora”, pp. 189-192. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Críticos argentinos (y casi con seguridad Mitre) siempre habían creído que el uso tardío del poder naval brasileño fue parte de una estrategia deliberada para poner al Gobierno Nacional en segundo plano. En cualquier caso, los antiguos signatarios del Tratado de la Triple Alianza tenían poco tiempo para sentirse confortados, ya que estaban punto de sufrir otro golpe.

- La Alianza pierde a Flores

Una seria pérdida de la Alianza, si bien no para sus fortunas militares, ocurrió el mismo día en que las cañoneras finalmente forzaban el paso en Humaitá. En espeluznantes circunstancias, que nunca han sido adecuadamente explicadas, el viejo aliado del Imperio, el presidente Venancio Flores, fue asesinado a la siesta cuando se apeaba de su carruaje en una calle de Montevideo.

Mucho más que Mitre, Flores siempre fue un hombre de otra era. Durante veinte años había peleado por un concepto de patriotismo uruguayo que acentuaba la dignidad y el coraje personal sobre lo nacional, ideales “fusionistas”. Como una cuestión de honor, Flores había insistido en pagar una alta deuda al Brasil, colaborando no solamente con hombres y material en el frente paraguayo, sino también en Uruguay, donde la presencia de tropas imperiales era irritante para todos.

El retorno del presidente a Montevideo, después de Curupayty, estuvo coronado con algunos éxitos. Su Gobierno inauguró el primer sistema de transporte público de carruajes a caballo del país entre Montevideo y La Unión. Extendió un cable telegráfico submarino que posibilitaba la comunicación con Buenos Aires a través del Estuario del Plata. Promovió la inmigración y regularizó el Código Comercial.

Pese a todos estos logros, sin embargo, Flores nunca pudo tapar los agujeros dentro de su propio Partido Colorado, ni recuperar la autoridad que tan contundentemente había conquistado en 1865.

Un serio faccionalismo en el partido, había comenzado a aflorar incluso antes de su llegada del Paraguay. Arrinconado, el caudillo tuvo gestos generosos para obtener apoyo político y concedió amnistías a varios de sus críticos más cáusticos, pero no logró demasiado y se encontró con pocos amigos cuando, en Noviembre de 1867, amañó los resultados de las elecciones parlamentarias.

Sus oponentes, y algunos de sus amigos, no tenían intención de avalar este fraude y Flores inevitablemente (y fatalmente) respondió dando un giro hacia seguidores débiles y miembros de su familia, en vez de los incondicionales políticos que podían defenderlo por convicción.

Los brasileños siempre habían apoyado a Flores como la mejor alternativa entre los uruguayos. Pero el Gobierno Imperial no estaba mucho más satisfecho con él que con los disidentes colorados, quienes ahora se nucleaban en una nueva facción, liderada por Gregorio “Goyo” Suárez, el vencedor (y, para algunos, el carnicero) de Paysandú.

Finalmente, aunque el Gobierno había suprimido la oposición de los blancos tanto en Montevideo como en el Interior, había pocas dudas de que estos perennes adversarios reasumirían a corto plazo su lugar en la política del país.

Con la esperanza de impedir esa eventualidad, dos hijos de Flores, Fortunato y Eduardo, intentaron preparar un golpe contra su conciliador padre quien, en consecuencia, dejó la ciudad para reunir la parte de su ejército que no estaba en Paraguay, pero no encontró un apoyo significativo(14).

(14) Cuando Flores abandonó Montevideo, con el fin de buscar apoyo en el Interior para sofocar la rebelión maquinada por sus hijos, se encontró con que los caudillos rurales ya no se alineaban en su defensa. Ver: Gregorio Suárez a coronel Zimón Moyano, San Gregorio, 11 de Febrero de 1868, en J. M. Fernández Saldaña, “El dictador Flores y Goyo Suárez”, en: “La Mañana”, (Montevideo), edición del 29 de Marzo de 1931. Habiéndole negado su lealtad en vida, varios de estos mismos jefes rurales enviaron elaboradas alabanzas al líder caído una vez que estuvo bien seguro en su tumba. Ver: Ventura Torres a Gregorio Suárez, Paysandú, 18 de Marzo de 1868, en: Museo Histórico Nacional, Montevideo, Archivo Pablo Blanco Acevedo, tomo 106. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

A sus hijos no les fue mejor con los distintos grupos colorados y terminaron admitiendo su derrota, aunque sólo después de que potencias europeas desembarcaran a 800 infantes de Marina en la Capital.

El 15 de Febrero, Flores decidió renunciar a la Presidencia para organizar un respaldo armado a su reemplazante, Pedro Varela, ex presidente del Senado y un viejo socio comercial. Don Venancio habrá querido revivir su dictadura, alcanzar un nuevo acuerdo con los brasileños o, al menos, continuar influenciando la política partidaria tras bambalinas. No tuvo oportunidad de ver concretada ninguna de estas opciones ya que, como se esperaba, los blancos aprovecharon la oportunidad para lanzar una nueva rebelión.

El ex presidente Bernardo Berro, un desventurado combatiente en casi tantas guerras civiles como Flores, estaba en el centro de los acontecimientos. Junto con veinte de sus más fieles partidarios, eligió las tempranas horas del 19 para desafiar al nuevo régimen, asaltar la Casa de Gobierno y capturar a Varela. Cada hombre -entre los insurgentes- blandeó un arma y gritó: “¡Abajo el Brasil!”, “¡Viva la Independencia Oriental!”, “¡Viva el Paraguay!”, al tiempo que trataban de derribar la puerta(15).

(15) Juan E. Pivel Devoto, “Historia de los partidos políticos en el Uruguay” (1942-1943), 2: 23. Atlántida: Montevideo. La muerte de Berro sin duda fue una simple venganza por el asesinato de Flores, pero no hay ninguna prueba de su complicidad con el atentado. El “levantamiento” blanco que instigó, sin embargo, tenía como claro objeto subvertir el recientemente formado batallón “Constitucional” (en cuyas filas servían muchos paraguayos capturados en la guerra que, de tener la oportunidad, bien podrían haberse unido a los blancos). Ver: Eduardo Acevedo, “Anales históricos del Uruguay” (1933-1936), 3: 421-423, (3 volúmenes). Barreiro y Ramos: Montevideo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Berro parecía un personaje típico de una comedia italiana, “una esbelta figura de larga cabellera blanca [...] corriendo de aquí para allá en frac y almidonada corbata de noche, con
lanza y revólver en mano...(16).

(16) Richard Burton, “Letters from the Battle-fields of Paraguay” (1870), p. 114. Tinsley Brothers: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Más allá de sus rasgos cómicos, la escena no transcurrió sin drama, pero todo fue en vano. Varela escapó y las fuerzas coloradas que lo protegieron tomaron el control de las calles. Poco después, Berro y los otros blancos cayeron en manos de la Policía cuando intentaban abordar una lancha que los iba a transportar a lugar seguro. Su fracasada acción selló su destino.

Flores, por su parte, había oído del ataque a la Casa de Gobierno de inmediato, pero pudo no haber sabido de la detención de Berro cuando cruzó la ciudad, presumiblemente para una reunión urgente con seguidores. Fue emboscado por desconocidos, quienes le bloquearon el camino con un carruaje a plena luz del día. La Policía nunca identificó a sus homicidas, más allá de describirlos como “morochos en poncho” que habían clavado sus dagas en su cuerpo con facilidad de asesinos profesionales(17).

(17) El artista uruguayo Juan Manuel Blanes (1830-1901) produjo dos célebres óleos sobre el asesinato, uno decisivamente estilizado, casi elegíaco, que muestra al caído líder recibiendo la extremaunción inmediatamente después del suceso y, el otro, completamente macabro en su descripción realista de los asesinos y sus cuchillos ensangrentados. Ambos pueden verse en Montevideo, en el Museo de Bellas Artes “Juan Manuel Blanes”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Pudieron haber seguido órdenes de los blancos, de Suárez o de cualquiera de las muchas embrionarias facciones que buscaban el poder en la Capital uruguaya(18).

(18) Hay casi tantas interpretaciones de la muerte de Flores como académicos y polemistas uruguayos que han examinado el tema. Ver: “Correspondencia de Montevideo, 21 de Febrero de 1868”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 27 de Febrero de 1868; “La muerte del general Venancio Flores (Un estudio del doctor José Luciano Martínez. Páginas de un libro próximo a aparecer)”, en: “La Razón”, (Montevideo), edición del 19 de Febrero de 1912; “El asesinato del general Flores (Datos interesantes y desconocidos)”, en: “La Razón”, (Montevideo), edición del 3 de Julio de 1912; y Washington Lockhart, “Venancio Flores, un caudillo trágico” (1976), pp. 88-96. Ed. de la Banda. Oriental: Montevideo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Dado el banquete de vendettas históricas en oferta en la ciudad, era incluso posible que los asesinos fueran veteranos descontentos del Paraguay o individuos con motivos puramente personales. Al eliminar a Flores, habían removido a un hombre que algunos todavía amaban, pero que muchos consideraban inconveniente.

Más importante todavía, el asesinato también significaba que la Banda Oriental tendría que sufrir una nueva ronda de caos y violencia. Berro, que estaba arrestado en el viejo Cabildo, fue ejecutado horas después junto con otros detenidos políticos, después de mostrárseles el cuerpo de su rival. Los colorados relegaron el cadáver de Berro a una paupérrima tumba, después de ser paseado por las calles en una carreta de bueyes por un florista fanático, que gritaba desconsolado que ese sería el destino de todos los “salvajes(19).

(19) Juan E. Pivel Devoto, “Historia de los partidos políticos en el Uruguay” (1942-1943), 2: 22-23. Atlántida: Montevideo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Y ese fue sólo el comienzo. Las peleas callejeras continuaron la mayor parte de la semana y, al menos 500 blancos y colorados, murieron en esa lujuria de sangre. En medio de todo este desorden y carnicería, los uruguayos probablemente olvidaban lo inextricablemente ligado que alguna vez pareció el destino de su país al del Mariscal y su causa.

Las batallas de Yataí, Tuyutí y Boquerón, la muerte de Pallejá, incluso la noción de un equilibrio de poder en el Plata, todo parecía tan insignificante ahora, tan inmensurablemente lejano. Flores estaba muerto. Berro estaba muerto. Y la violencia continuó.

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