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El asalto a Asunción

En Tuyucué, el marqués de Caxias mostró poco interés en ahondar en el misterio del deceso de Flores. Estaba ahora totalmente al mando. Sus deliberados movimientos, su lenta, endulzada sonrisa y la contemplativa mirada de sus ojos a través de sus pesados párpados, no concordaban con la usual imagen de una vigorosa personalidad. Pero Caxias sí era vigoroso, pese a todo y aún tenía una guerra que ganar.

El paso de la Armada por las baterías de Humaitá y Timbó había abierto el río, al menos condicionalmente, y ahora él podía considerar atacar la misma Asunción. Las fuerzas terrestres Aliadas -casi 40.000 hombres- todavía acechaban en la vecindad de la Fortaleza, acumulando suministros y concentrando fuerzas antes de presionar sobre la boca del Tebicuary (la captura de la cual abriría una vía navegable al Interior del Paraguay y, por tanto, una nueva avenida para el avance del Ejército Aliado)(1).

(1) Rodolfo Corselli, “La Guerra Americana della Triplice Alleanza contro il Paraguay” (1938), p. 459. Tipografia della Reale Accademia di fanteria e cavalleria: Módena. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Caxias no podía permitirse dejar ninguna unidad paraguaya sustancial en su retaguardia y, por lo tanto, continuó cercando el Fuerte con infatigable determinación. Esta presión ya se había manifestado el día que los acorazados forzaron las baterías de Humaitá. Con la idea de confundir a sus adversarios, el mariscal López había establecido un reducto en el Establecimiento de la Cierva, a unos 3.500 pasos al norte de la Fortaleza, a la vera del gran estero y cerca del río.

Los soldados defendían esta posición con nueve cañones menores y una guarnición de 500. En realidad, el reducto no tenía valor en sí mismo pero, como el Mariscal había previsto, los Aliados equivocaron su función básica. Creyeron que debía cubrir un descampado no identificado entre los pantanos (similar al Potrero Ovella) o asegurar la comunicación con algún otro puesto que los paraguayos debían controlar más allá(2).

(2) Caxias a Baron de São Borja, ¿Tuyucué?, 4 de Febrero de 1868, en: IHGB, lata 447, doc. 83; Paulo de Queiroz Duarte, “Os voluntários da patria na guerra do Paraguai” (1982), 1: 40-42, 2: 14-20, 153-158. Biblioteca do Exército: Rio de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

De hecho, no era ni una cosa ni la otra. Cierva no estaba en un punto que facilitara la comunicación entre Timbó y Humaitá, sino a corta distancia al nordeste. Ni siquiera estaba sobre el río Paraguay, algo que el Marqués inicialmente había presumido. La falta de información topográfica sobre esa zona hizo que Caxias asumiera un riesgo importante al seguir la falsa pista y, el 19, unos 7.000 de sus hombres (un cuarto de los cuales llevaba los nuevos rifles de aguja prusianos), atacaron el Establecimiento(3).

(3) Leuchars parece equivocarse al asignar origen belga a los rifles aguja usados por los brasileños en este enfrentamiento. Eran, de hecho, rifles Dreyse (Zündnadelgewehr M41), de manufactura prusiana, que el Gobierno había comprado para la guerra de 1851 contra el caudillo uruguayo Manuel Oribe. Ver: Christopher Leuchars, “To the Bitter End: Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 180. Greenwood Press: Westport. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

De acuerdo con el plan que había consensuado con Ignácio, Caxias esperaba hacer coincidir su asalto con el Paso frente a las baterías, con el fin de aliviar la presión sobre los acorazados. Resultó, sin embargo, que el ataque constituyó un enfrentamiento totalmente separado y secundario.

La relación del coronel Thompson sobre lo que ocurrió, deja claro el alto precio que los Aliados pagaron por la falta de adecuada información de inteligencia del Marqués:

A la luz del día, Caxias envió su primer ataque, encabezado por las famosas armas aguja. Estas no hicieron mucha ejecución, ya que los paraguayos estaban detrás de parapetos, y vertieron sobre las columnas brasileñas tanto fuego de granadas y metrallas, a corta distancia, que los hombres con rifles aguja [...] dieron la espalda y se desbandaron completamente.
Otra columna fue enviada inmediatamente al frente, [luego] una tercera, y una cuarta, [que] no tuvieron mejor suerte que la primera. Cuando la cuarta columna estaba retrocediendo, un paraguayo en el reducto le gritó a su oficial que la munición de artillería se había acabado, lo que alentó a los brasileños a [...] retomar el ataque.
Mientras hacían esto, [los paraguayos se retiraron] a bordo del Tacuarí y el Ygurey, que estaban a mano y habían asistido con su fuego. Después de intercambiar tiros, los dos vapores [navegaron río abajo] a Humaitá...(4).

(4) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 250-251. Longmans, Green, and Co.: Londres; Max Von Versen, “Reisen in Amerika und der Südamerikanische Krieg” (1872), pp. 147-148. Málzer: Breslau; para extensos relatos brasileños del enfrentamiento, ver: Evangelista de Castro Dionísio Cerqueira, “Reminiscências da Campanha do Paraguai, 1864-70” (1948), pp. 255-264. Gráfica Laemmert: Río de Janeiro; y “Ordem do Dia n. 4” (Tuyucué, 21 de Febrero de 1868), en: “Ordens do Dia”, 3: 159-176. Una atractiva, aunque algo fantasiosa imagen del combate en Cierva acompaña una crónica noticiosa de la batalla en la edición del 18 de Abril de 1868 de “L’Illustration”, (París). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El enfrentamiento de tres horas costó a los brasileños unos 1.200 muertos y heridos y, a los paraguayos, 150(5). Hubo muchas exhibiciones heroicas ese día.

(5) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 92, (4 volúmenes). El Lector: Asunción; fuentes brasileñas citan estadísticas cuya diversidad prueba que la “niebla de la guerra” fue especialmente espesa ese día. Por ejemplo, la copia de la Base Naval de Río de Janeiro del “Boletín do Exército” (Tuyucué, 20 de Febrero de 1868) registra una bastante improbable pérdida de 529 muertos y heridos. Quizás, basándose en la misma fuente, Tasso Fragoso habla de 608 brasileños muertos y heridos. Ver: Augusto Tasso Fragoso, “História da Guerra entre a Tríplice Aliança e o Paraguay” (1957), 3: 423. Biblioteca do Exército: Río de Janeiro. Sena Madureira, por su parte, registra pérdidas Aliadas de 120 hombres muertos y 253 heridos y, paraguayas, de “más de mil”. Ver: “Guerra do Paraguai”, p. 54. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El doctor brasileño Francisco Pinheiro Guimarães, quien tanto había hecho para contener la amenaza de cólera el año anterior, actuó como oficial de infantería en Cierva y tuvo el placer de arriar personalmente la tricolor paraguaya en el clímax del enfrentamiento(6). Aun así, los Aliados habían capturado un reducto esencialmente inservible y nueve cañones pequeños. Y los rifles aguja no habían sido tan eficaces como prometían(7).

(6) Charles J. Kolinski, “The Death of Francisco Solano López” (1963), en: “The Historian”, p. 155, (Noviembre). Tampa; en su última edición impresa en Paso Pucú, el órgano de propaganda del Mariscal calificó este enfrentamiento como otra gran victoria del Paraguay, y ofreció, incluso, a los lectores una oda en guaraní que alude al completo exterminio de los “apestosos negros”. Ver: “Cierva”, en: “Cabichuí”, (Paso Pucú), edición del 24 de Febrero de 1868. Un artículo algo más reflexivo, que compara la batalla con la de las Termópilas, apareció como “Paralelo”, en: “El Semanario”, (Luque), edición del 7 de Marzo de 1868.
(7) José Ubaldino Motta do Amaral, marechal visconde de Maracajú, “Campanha do Paraguay. 1867 e 1868” (1922), p. 75. Imprenta Militar: Río de Janeiro. Los sellados irregulares de los cartuchos de papel, usados por los rifles de aguja, a veces causaban flamas al disparar en frente de los ojos del tirador. Adicionalmente, los agujas normalmente se doblaban o quebraban, causando una tasa tan alta de tiros desviados que los soldados a menudo tiraban sus armas y buscaban rifles Minié entre los dejados por sus camaradas muertos. Sólo un pequeño número de esas armas descartadas volvió a Brasil después del ataque [comunicación personal con Reginaldo da Silva Bacchi, São Paulo, 4 de Noviembre de 2009; y con Adler Homero Fonseca de Castro, Río de Janeiro, 5 y 8 de Noviembre de 2009].
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El Mariscal no tenía tiempo de saborear una evidente victoria de sus fuerzas terrestres. Parece incluso haber considerado la batalla de la Cierva como un gran revés. El paso por las baterías de Humaitá había dejado las comunidades paraguayas río arriba abiertas a cualquier tipo de asalto que la Armada Aliada quisiera montar; además, con Delphim en control de todas las aguas entre Humaitá y Tayí, no había razones para suponer que la conexión telegráfica con Asunción, que sólo recientemente había sido restablecida, no sería cortada nuevamente, esta vez en forma definitiva.

A los que dudaban de la celeridad del Mariscal y su sentido estratégico, sus acciones durante las horas siguientes les habrán parecido sorprendentemente fluidas y acertadas. En el mismo momento en que los acorazados pasaban por la Fortaleza, él revivió. Declaró la Ley Marcial en todo el Paraguay y simultáneamente telegrafió órdenes al vicepresidente Sánchez de evacuar la Capital paraguaya y las comunidades intermedias y relocalizar a la población civil y al Gobierno 15 kilómetros al nordeste, en el pueblo de Luque(8).

(8) Declaración del vicepresidente Sánchez, 22 de Febrero de 1868, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica, 355, n. 2; “¡Arriba todos!”, en: “El Semanario”, (Luque), edición del 29 de Febrero de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Las pocas unidades militares que estaban en Asunción fueron desplegadas con sus cañones a la vera del río y se prepararon para repeler cualquier barco enemigo que se acercara desde el sur. Mientras tanto, López se dispuso a retirarse cruzando el río con al menos parte de sus Fuerzas al Chaco y a un punto al norte de Tayí, donde pudiera volver a cruzar hacia la boca del Tebicuary.

Sánchez era un anciano burócrata con tinta en las manos que, unos pocos años antes había anhelado retirarse tranquilamente a sus posesiones en el Interior. En más de una ocasión, desde 1864, sin embargo, la guerra lo había llevado a actuar con inusual presteza y decisión. En este caso, se abocó a cumplir inmediatamente sus instrucciones. Notificó a las familias que tomaran lo que pudieran llevar y abandonaran la Capital sin demora.

Desde ese momento, cualquier civil que deseara volver a Asunción podía entrar a la ciudad solamente con un salvoconducto y la clara condición de que su visita sería temporal. Las autoridades también comunicaron al personal diplomático y consular que se preparara para unirse al éxodo. Todos cumplieron, menos el ministro Charles Ames Washburn, quien insistió en que, dado que su legación era territorio soberano de Estados Unidos, él no podía evacuarlo y no lo haría sin explícitas instrucciones de Washington(9).

(9) El cónsul italiano, Lorenzo Chapperon, quien había arribado al Paraguay sólo a fines de 1867, escribió una corta pero vívida descripción de la evacuación de la Capital al ministro Exterior de su país. El cónsul pensaba que la obstinación de Washburn era equivocada. Ver: Chapperon a Ministro de Relaciones Exteriores, Luque, 31 de Marzo de 1869, en: Archivio Storico Ministero degli Esteri (Roma) [extraído por Marco Fano]. Ver, también. Bergés a López, Luque, 25 de Febrero de 1868, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 23, 94. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La decisión de Washburn en esta ocasión, cuyos méritos eran debatibles, le causó interminables problemas más tarde, ya que obstinarse en su posición frente a una inequívoca orden del Mariscal, lo convertía en evidente objeto de sospecha. Para empeorar las cosas, residentes extranjeros en la Capital -y no pocos miembros de la aterrorizada élite local- intentaron buscar protección en las habitaciones vacantes de la legación estadounidense.

Cuando Washburn se negó a proporcionarles esa ayuda, lo persuadieron de que, al menos, guardara sus valores, como joyas, monedas y otros. A esta solicitud, el ministro accedió renuente e imprudentemente. Aunque dejó constancia de que no asumía responsabilidad formal por estas propiedades, baúles y equipaje pertenecientes a varios notables de Asunción, se apilaron en su residencia. Incluso Madame Lynch envió algunos cofres(10).

(10) Washburn accedió a guardar parte de la propiedad de Lynch, pero su desprecio por ella era indisimulado, incluso en estas extremas circunstancias. Ver: Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 239. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Docenas de personas solicitaron su ayuda, tantas, que tomó otra decisión desacertada y contrató a dos de sus compatriotas, el frustrado corsario, mayor James Manlove, y un oscuro secretario y contador, Porter Cornelius Bliss, para ayudarlo a arreglar los asuntos en la legación(11).

(11) Bliss nació en el norte del Estado de Nueva York, en 1939; hijo de misioneros que habían trabajado entre los indios en las montañas de Adirondack. Estudió en Hamilton College y luego en Yale a fines de los años 1850 y, aunque no destacó en ninguna de esas instituciones, sus habilidades como investigador fueron notadas por miembros de la “Massachusetts Historical Society”, lo que le aseguró un empleo por un tiempo. En 1861 viajó a Brasil, donde sirvió como tutor de los hijos del ministro estadounidense, Watson Webb, y luego se mudó a Buenos Aires, a fines de 1862. Allí, el Gobierno Nacional le encargó un estudio sobre lenguas indígenas a lo largo del río Bermejo (en las adyacencias del territorio paraguayo). Sorprendido por la guerra en Asunción, Bliss tomó varios trabajos, incluyendo la preparación de una historia nacional paraguaya para el mariscal López; esta obra, que nunca fue publicada, sirvió como fuente principal para el volumen uno de “The History of Paraguay”, de Washburn. Ver: “New York Times”, edición del 5 de Enero de 1885. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los paraguayos ya habían marcado a ambos hombres como dudosos y su nuevo nexo con Washburn generó profunda desaprobación entre las autoridades. Cada movimiento que hacía Washburn, parecía calculado para quedar peor parado.

Entretanto, la ciudad se enfrascaba en la turbulencia de la evacuación forzosa, con masas de soldados y numerosos no combatientes congestionando las calles de salida de la ciudad. Algunos asunceños cerraron todo, esperando -sin esperanzas- que algunas de sus posesiones pudieran sobrevivir. Pero la mayoría, en su apuro y en la certeza de que sus propiedades estaban perdidas, dejaron sus casas con las puertas y ventanas abiertas de par en par.

Había mucha angustia y expresión de temor en los nerviosos niños, que nunca antes habían visto a sus madres llorar tan desconsoladamente. Las prensas de “El Semanario” y vagones de documentos de archivo, también fueron trasladados en tren, lo mismo que ganado, bueyes, ovejas y perros. Abuelos demasiado enfermos para caminar, fueron cargados encima de los trastos en los vagones y llevados como muebles.

Las clases pudientes, o lo que quedaba de ellas, perdieron sus pertenencias en la mudanza. Se volvieron refugiadas de guerra, sin hogar, empobrecidas, hambrientas. La gente de la ciudad, que frecuentemente menospreciaba a los campesinos pobres, se encontró dependiendo de ellos en los meses futuros para su sustento, ya que el Estado no podía prestar asistencia alguna.

Benigno López, José Bergés, el Comandante de Guarnición y otros miembros de la milicia y del Gobierno de Asunción mantuvieron una reunión de emergencia, en la que muchos individuos expresaron profunda ansiedad. Alguna vez fue dicho de los paraguayos que sabían cómo obedecer, pero tenían poca idea de cómo mandar y frecuentemente cometían serios errores cuando se les exigía un juicio independiente. En este caso, las autoridades de Asunción no habían tenido comunicación con el Mariscal y se preguntaban frenéticamente qué debían hacer.

Hubo un largo debate. Benigno, quien actuaba como Secretario de Sánchez pero que, más allá de eso, no tenía un puesto formal en el Gobierno, dijo hablar en nombre de su hermano Venancio, el Ministro de Guerra quien, en ese momento, se suponía estaba en cama con sífilis.

Hubo muchas muestras de preocupación, frustración e incertidumbre, pero sólo un hombre, el presbítero Francisco Solano Espinosa, habló a favor de continuar la resistencia. Benigno, quien asumió el papel de Jefe del grupo, dejó que cada hombre dijera su parecer y luego anunció su intención de trasladarse a Paraguarí para solicitar la ayuda de los oficiales de milicia en el Interior(12).

(12) Siân Rees, “The Shadows of Elisa Lynch (How a Nineteenth-Century Irish Courtesan Became the Most Powerful Woman in Paraguay)” (2003), pp. 227-228. Review: Londres; y Liliana M. Brezzo, “Testimonios sobre la guerra del Paraguay (IV)” (2005), pp. 421-435, en: “Historia Paraguaya”, n. 45. Asunción; un recuento algo diferente de estas dos reuniones es ofrecido por Juan Crisóstomo Centurión, cuyas “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” [(1987), (4 volúmenes)], 3: 96-98, dejan claro que la confusión, antes que la concordancia, marcaba los procedimientos. Un hombre que parece haber pensado distinto fue Juan Esteban Molinas, sobrino del Jefe Político de Paraguarí, quien supo de la reunión por su padre, y quien testificó -en una carta escrita, cuarenta y nueve años después- que tal reunión constituyó el comienzo de un complot contra el Mariscal. Ver: Molinas a Padre Fidel Maíz, Paraguarí, 17 de Mayo de 1917, en: Fidel Maíz, “Etapas de mi vida” (1986), pp. 170-171. El Lector: Asunción; y declaración de José I. Acosta, Itá, Septiembre de 1918, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Jurídica Criminal. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Convocó a otra reunión el 21 en la Estación de Ferrocarril del mencionado pueblo. Comandantes Militares y Jefes Políticos de Itá, Yaguarón, Ybycuí, Carapeguá, Quiindy y Caacupé, asistieron y escucharon cuidadosamente lo que resumió Benigno sobre la gravedad de la situación en el río.

No tenía comunicación con su hermano, quien podía para entonces haber muerto. Por lo tanto, insistió en que los oficiales del Interior se preparasen para aceptar órdenes del Vicepresidente, incluso si ello significaba hacer la paz con el enemigo. Los hombres reunidos dieron su consentimiento de inmediato, más por hábito que por convicción, y Benigno retornó a la Capital para reportar que los provincianos paraguayos estaban listos para cumplir su deber en apoyo del Gobierno(13).

(13) Manuel Avila, “Apuntes sobre la conspiración de 1869 (Pequeña contribución a la historia de la guerra con la Triple Alianza y de la tiranía de López)” (1899), en: “Revista del Instituto Paraguayo”, 2: 17, pp. 216-222. Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Durante su ausencia, varios notables de Asunción se habían reunido de nuevo y se percibía un cambio de espíritu. Temerosos de la desaprobación que, con seguridad, expresaría el Mariscal cuando se enterase de estas asambleas no autorizadas, el normalmente introvertido Sánchez se había aclarado la garganta para reiterar las palabras de Espinosa.

El Vicepresidente declaró su incondicional fe en la familia López y subrayó que era el deber de todos los paraguayos pelear contra el enemigo donde fuera que lo encontrase, y esto incluía Asunción(14).

(14) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 8: 139-142, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción; Christopher Leuchars, “To the Bitter End: Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 181. Greenwood Press: Westport. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Ante esto, los hombres a su alrededor asintieron de la misma forma que los funcionarios en Paraguarí lo habían hecho con Benigno. Pero nadie se sintió tranquilo. Los hombres se hundieron en posturas sombrías mientras, afuera, la lluvia caía torrencialmente, desollando la piel de los edificios y la tierra(15). Como observó el ministro de Estados Unidos, el “demonio que tanto amenazó, había llegado(16).

(15) Infome de Washburn sobre Paraguay (Septiembre de 1868), en: Washburn-Norlands Library, Libermore Falls, Maine (resumido en: Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 223-239. Lea and Shepard: Boston y Nueva York.
(16) Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 224. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los ingenieros británicos empleados en el arsenal de Asunción escucharon que acorazados brasileños probablemente se acercarían a la Capital de un momento a otro. Su llegada implicaría un furioso bombardeo a la ciudad (y, tal vez, su propia liberación del control del
Mariscal). Para entonces, el respaldo que le quedaba a la causa paraguaya se desvanecía -al menos entre los residentes extranjeros- y los individuos corrían a protegerse a ellos y sus familias de la venganza de López en esta hora tardía.

Numerosos británicos se aproximaron una vez más a Washburn, ahora como grupo, y le pidieron protección. Esta vez accedió al requerimiento, aunque insistió en que debían primero obtener la aprobación del Gobierno paraguayo. Sorprendentemente, se les otorgó permiso y, en pocas horas, Washburn tuvo a cuarenta y cuatro personas bajo su techo.

También heredó nueve loros domésticos, que albergó en una larga tacuara en el corredor y alimentó con pequeños trozos de mandioca. Una de estas aves generó mucha aprensión en la legación cuando, de la nada, comenzó a gritar: “¡Viva Pedro Segundo!

El Ministro, tomado de sorpresa por esta totalmente inesperada y traidora exclamación, le lanzó una mirada furibunda al loro que, orgullosamente, se dio vuelta y volvió a gritar: “¡Viva Pedro Segundo!”, como si estuviera celebrando una victoria brasileña en la Rua Ouvidor. “¡Tuérzanle el pescuezo ahora mismo a ese pájaro!”, gritó Washburn a su Secretario, “o todos estaremos en perdidos”(17).

(17) George Frederick Masterman, “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), pp. 228-229. S. Low, son and Marston: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Si hasta los huéspedes aviarios del Ministro esperaban la llegada inminente del Ejército terrestre de Caxias, lo mismo ocurría con los pocos habitantes que permanecían en Asunción. La soleada mañana del 24 de Febrero, los acorazados “Bahía” y “Barroso” y el monitor “Río Grande” fueron avistados aproximándose desde el sur.

Los hombres a bordo de los barcos pudieron divisar el cono volcánico del cerro de Lambaré, verde y solitario, que marcaba el confín sureño de la Capital paraguaya. Justo detrás de ese punto, el río gira hacia el Este, formando una gran ensenada, parcialmente cerrada por islotes semihundidos; el recinto resultante es lo que se llama la bahía de Asunción, dentro de cuyos límites había suficiente espacio para toda la Flota imperial.

El comodoro Delphim decidió permanecer en la apertura de la bahía y alinear sus barcos para bombardear la zona sur de la ciudad. Los brasileños ya habían provocado mucho daño en su ruta al ayudar al Ejército Aliado a capturar el pequeño puesto paraguayo de Laureles y rastrillar posiciones enemigas en Monte Lindo y Villa Franca.

Los habitantes civiles de esta última comunidad conocían los sacrificios de la guerra, habían enterrado a muchos de sus hijos para no estar plenamente conscientes de ello, pero sabían poco de combate per se y nunca habían oído los estruendos de los cañones enemigos. Ahora tuvieron oportunidad de aprender ya que, mientras dejaban sus hogares abandonados y marchaban al norte y al este, una pavorosa tormenta de fuego se desató detrás de ellos.

Los brasileños no enfrentaron una oposición real en su viaje al norte, sólo canoas vacías, todas las cuales fueron destruidas. Faenaron los pequeños rebaños de ganado que encontraban rumiando cerca del río(18).

(18) Augusto Tasso Fragoso, “História da Guerra entre a Tríplice Aliança e o Paraguay” (1957), 3: 424-425. Biblioteca do Exército: Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Y por poco capturaron uno de los cañoneros que le quedaban al Mariscal, el “Pirabebé”, cuya tripulación había sido sorprendida mientras estiraba una goleta dañada. Los paraguayos tuvieron que quemar parte del mismo barco para obtener combustible y escapar río arriba. Aunque los brasileños afirmaron haber hundido la goleta, parece que los mismos paraguayos la destruyeron para que no cayera en manos de sus enemigos(19).

(19) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 249-250. Longmans, Green, and Co.: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Ignácio y los otros oficiales navales Aliados, posteriormente describieron el asalto a Asunción como un reconocimiento, pero a Washburn y a los demás observadores extranjeros les parecía el preludio de una invasión. El Fuerte, que se opuso activamente a la flotilla, estaba en San Gerónimo, cerca del límite de Lambaré y a unos 250 metros de la legación de Estados Unidos. Washburn y varios sus colegas subieron al techo para observar(20).

(20) Chapperon mostró considerable irritación por el hecho de que los barcos brasileños no contuvieran el fuego para permitir retirarse a la población civil y al personal diplomático. Ver: Chapperon a Ministro de Relaciones Exteriores, Luque, 31 de Marzo de 1868, en: Archivio Storico Ministero degli Esteri (Roma) [extraído por Marco Fanco]. El nuevo cónsul francés era Paul de Cuverville, un pomposo y arrogante hombre de origen provinciano que imitaba más a Washburn de lo que ninguno de los dos estaban dispuestos a admitir; en esta ocasión, la irritación del francés coincidía con la de Chapperon y, en tal sentido, envió una carta de protesta a Caxias, el 12 de Marzo de 1868. Ver: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 22, 56, n. 1. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El bombardeo no inspiraba ninguna confianza. Los tres buques brasileños dispararon continuamente durante cuatro horas, pero “la puntería fue malísima, la mayor parte de las balas cayó sin consecuencias en el río y unas pocas en la ciudad, siendo el único daño la destrucción del balcón del Palacio Presidencial, un trozo del frente de la casa y la muerte de un par de perros en el mercado(21).

(21) George Frederick Masterman, “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), pp. 226-227. S. Low, son and Marston: Londres; Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 241-242. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El Fuerte de San Gerónimo tenía un cañón pesado, el “Criollo”, que había sido fabricado en el arsenal poco tiempo antes. El mecanismo de este “furioso Belcebú” era bastante bueno, pero no estaba bien montado.

Aunque los cañoneros paraguayos trataron de hacer lo que pudieron, en poco tiempo se dieron por vencidos, tras disparar tres o cuatro veces sin llegar ni una sola al rango del enemigo. Los otros cañones de campaña no lo hicieron mejor y, sus tiros, habrían sido en cualquier caso “inofensivos, como bolas de papel, contra los pesados blindajes de los acorazados(22).

(22) Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), 2: 242. Lea and Shepard: Boston y Nueva York; Venancio López a López, Asunción, 15 de Febrero de 1868, en: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 989. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Washburn, Masterman y los otros testigos extranjeros esperaban que más buques brasileños se unieran a la Flotilla y montaran un desembarco en la ciudad, ya que sólo una pequeña unidad de caballería se atravesaba en el camino de un éxito Aliado.

Sin embargo, nada de eso ocurrió. Pronto, los sonidos de los motores y el humo blanco que marcaban el movimiento de los acorazados se disiparon en la nada, al tiempo que la Flotilla volvía a Tayí, mientras bombardeaba por el camino una vez más Monte Lindo como consuelo. La versión oficial brasileña, compuesta por el comodoro Delphim, hablaba de que se había “castigado severamente la insolencia paraguaya” pero, como hemos visto, los daños en Asunción fueron insignificantes(23).

(23) George Frederick Masterman, “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 227. S. Low, son and Marston: Londres. Francisco Doratioto señala que Delphim había planeado originalmente forzar a la Capital a una temprana rendición, pero cambió de parecer cuando se enfrentó al fuego del “Criollo” y, erróneamente, concluyó que la resistencia era más sustancial de lo que en verdad era. Ver: Francisco Doratioto, “Maldita Guerra (Nova história da Guerra do Paraguai)” (2002), p. 323. Companhia das Letras: São Paulo. Por su parte, Washburn bullía de desprecio ante la “vergonzosa y cobarde exhibición” de la Armada brasileña, cuyos esfuerzos él esperaba ansiosamente que se impusieran, para así salvar a los residentes extranjeros de la ira de López. Ver: Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), p. 242. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Si el asalto a la Capital paraguaya fue concebido como un reconocimiento, los acorazados debieron haber avanzado directamente a la bahía de Asunción para obtener un conocimiento más completo de lo que lo Aliados enfrentaban en la ciudad. Presumiendo que los brasileños tenían suficiente existencia de carbón, debieron también haber navegado más arriba para determinar si el Mariscal tenía reservas disponibles allí.

Si, por otro lado, el ataque a Asunción fue pensado como un asalto de tipo más tradicional, entonces la Armada perdió una oportunidad de golpear el centro urbano y propagar una confusión aún mayor. El dominio del río por parte de Delphim era incuestionable y pudo haber retornado con las mismas tropas a ocupar el puerto (aunque probablemente no toda la ciudad). En ese momento, no habría encontrado una resistencia importante.

Washburn no lo podía creer. Su disgusto ante la timidez de la Armada y su indisposición a intentar, por lo menos, un desembarco no tenía límites: “... siendo todavía ignorantes de la perfección que habían alcanzado los brasileños en el arte de llevar adelante una guerra sin exponerse al peligro, no podíamos sino esperar [...] que en cualquier momento escucharíamos de nuevo los cañones de los buques retornando(24).

(24) Charles Ames Washburn, “The History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), p. 243. Lea and Shepard: Boston y Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Pero no escucharon nada. Washburn, por supuesto, era un diplomático con una comprensión estrecha de lo que estaba pasando en el sur y con un juicio amateur de la situación militar general. Todavía había fuerzas paraguayas en Humaitá, en la boca del Tebicuary y en el Chaco y, los comandantes Aliados aún tenían que evaluar cuán fuertes eran estas guarniciones.

Caxias no podía darse el lujo de dejar importantes unidades del enemigo detrás de él mientras la Armada lanzaba una invasión posiblemente insensata río arriba. Además, Delphim no tenía manera de saber que Asunción estaba casi indefensa.

Había recibido disparos desde San Gerónimo y podría haber unidades considerables de caballería listas y dispuestas para contrarrestar cualquier desembarco que pudiera intentar en el distrito portuario. Por lo tanto, optó por lo más prudente. Si hubiera poseído buena información de inteligencia militar, habría actuado diferente.

Por lo demás, quizás su incursión fue suficiente. El Marqués, después de todo, entendía las ventajas de una refriega, aunque fuera menor, contra la capital del Mariscal. La noticia del logro de Delphim en el río generó celebraciones en todo el Brasil y produjo un sentimiento de alivio no muy distinto del que sintieron los norteños cuando el general Sherman tomó Savannah, a fines de 1864(25).

(25) Las noticias del paso frente a las baterías se extendieron en Brasil, y las festividades resultantes en la Capital imperial, São Paulo y Bahía duraron varios días. Los múltiples peanes a Delphim fueron irritantemente ampulosos; para un típico ejemplo, que comparaba la proeza del Comodoro con las acciones en Troya y Trafalgar, ver: Antonio da Cruz Cordeiro, “Episódio da Esquadra Brasileira em Operação nas Aguas do Paraguai, a 19 de Fevereiro de 1868” (1868). Tipografia J.R. da Costa: Paraíba. La reacción en Montevideo y Buenos Aires fue entendiblemente menos notoria, lo que llevó a “La Nación Argentina” de Mitre a denunciar a aquellos escritores argentinos y uruguayos que se habían mofado del logro brasileño. José Hernández, quien aprovechó la ocasión para atacar, no a los brasileños, sino a su viejo enemigo Mitre, señalando que lo que éste no había podido cumplir en dos años, Caxias lo había hecho en un mes. Ver: Hernández a Martínez Fontes, Corrientes, 19 de Febrero de 1868, en: Tulio Halperín Donghi, “José Hernández y sus mundos” (1985), p. 41. Editorial Sudamericana: Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Si Caxias podía darle al emperador una sólida prueba de más éxitos militares, todas las dudas -que los liberales habían recientemente expresado- desaparecerían como telarañas en una mañana soleada(26). Saborear esa victoria política era algo casi tan dulce como mandar a López a donde se merecía.

(26) El general James Watson Webb, ministro de Estados Unidos en Brasil, apuntó la ironía de la situación cuando observó que el triunfo de la Armada en Humaitá ocasionó “grandes regocijos [...] en todo el Brasil [aunque] la gente más prudente y leal de todas las clases abiertamente admite que si el Ejército no alcanza una victoria en el plazo de un mes, el Gobierno tendrá que consentir una paz para evitar una revolución”. Ver: Webb a Seward, 9 de Marzo de 1868, en: National Archives Records Administration, Washington, D.C., M-121, n. 35. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La decisión de Delphim de retirarse de Asunción, podría haber tenido su lado ignominioso a los ojos de Washburn, pero también produjo un útil impacto psicológico, no solamente en Paraguay, sino también en Río de Janeiro, donde el emperador ennobleció al Comodoro como Barón del Pasaje, el mismo día que los acorazados asaltaron la Capital(27).

(27) El escudo del Barón no sólo tenía un delfín, una cara simbolizando a Carlos y una bellota (Carvalho significa “roble”), sino también un buque de guerra blindado en un río azul-celeste con olas plateadas y el lema: “¡Avante!”. Estos motivos no dejaban dudas de la contribución de Delphim a la victoria Aliada en Paraguay. Ver: Lilia Moritz Schwarcz y John Gledson, “The Emperor’s Beard (Dom Pedro II and his Tropical Monarchy in Brazil)” (2004), pp. 139-140. Hill and Wang: Nueva York. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Las consecuencias militares inmediatas del ataque eran, como mucho, limitadas, pero nadie podía dudar de su valor como señal. El Marqués tenía buenas razones para suponer que golpear Asunción, incluso si era de manera muy moderada, desataría un pánico similar al que causó el asalto de Paunero a la Corrientes ocupada por los paraguayos en 1865. Ese esfuerzo había desbaratado la estructura y el cronograma de la ofensiva del Mariscal en la Argentina.

Esta vez, los Aliados podían esperar que toda la población paraguaya huyera, haciendo que el Ejército del Mariscal no solamente se retirara, sino que se desintegrara. Esto, después de todo, era algo que los Aliados habían buscado durante dos años.

Sin embargo, al asumir una postura cautelosa, el comandante Aliado perdió otra oportunidad de acortar la guerra. La población civil paraguaya, efectivamente, había entrado en pánico y ya no podría abastecer a las Fuerzas en Humaitá. Tal era la confusión que reinaba en Luque y en las colinas detrás de Asunción, que la gente tenía pocas posibilidades de obtener comida suficiente para sus propias necesidades. Ni hablar de proporcionar al Ejército de López un apoyo real.

Caxias tenía la oportunidad de aprovechar la turbación y caer con toda su Fuerza sobre el enemigo. Pero la desperdició. Esto permitió al Mariscal resucitar con su magro y peligroso Ejército una vez más.

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