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Cruel desgaste

Aquéllos que predijeron el debilitamiento de la resolución del Mariscal y el colapso del Ejército paraguayo se habían equivocado en el pasado, pero esta vez todo indicaba que algo trascendental estaba a punto de ocurrir. La Flota Aliada ahora se movía libremente a ambos lados de Humaitá y Mena Barreto estaba bien atrincherado en Tayí.

El Cuerpo principal del Ejército de Caxias estaba listo para golpear desde Tuyucué y San Solano y, si los Aliados querían tomar el bastión, nadie ponía en duda su capacidad de hacerlo cuando el Marqués lo decidiera.

El mismo López que, pese a ser un hombre tan convencido de su propio genio y tan obsesivamente dedicado a la resistencia nacional, podía por momentos enfrentarse a la gravedad de los hechos, el 19 de Febrero -el mismo día que Delphim atravesó las baterías de Humaitá y Timbó- envió a Madame Lynch y a sus hijos a Asunción a través del Chaco para organizar la evacuación de sus valores personales. Parecía que, incluso el Mariscal, pensaba que el caos era inevitable(1).

(1) José da Silva Mendes Leal, “As Vitórias do Brazil no Paraguai” (1868), en: “A America”. Abril: Lisboa. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Militarmente, la situación era menos clara. El estado de cosas en el río, por ejemplo, era bastante extraño. Los barcos de madera de la Flota Aliada estaban todos debajo de Curupayty, cuyas baterías seguían activas (a una escala menor que la anterior). Siete acorazados custodiaban el río entre Curupayty y la Fortaleza, pero sus Comandantes no se mostraban dispuestos a emular al comodoro Delphim, quien dominaba el río en Tayí con los seis buques que habían forzado las baterías, tres de los cuales acababan de regresar del asalto a Asunción.

Esta misma flotilla carecía aún de una comunicación regular con el almirante Ignácio y estaba totalmente aislada del resto de la Armada río abajo. Igual que antes, las provisiones debían traerse por tierra, por la ruta de caravanas a través de los esteros desde Paso de la Patria y Tuyutí.

Para que la Capital paraguaya fuera capturada por vía fluvial, era necesario que más barcos de guerra y muchos más de transporte quebraran la resistencia al sur. Esto no les parecía factible ni al almirante Ignácio ni al marqués de Caxias, a fines de Febrero de 1868, sin neutralizar primero la posición en Humaitá.

Pero, más allá de todas las ventajas tácticas de las que gozaban, los Aliados habían olvidado un punto importante: si los Comandantes navales hubieran patrullado esa área o dejado un acorazado entre Timbó y la Fortaleza, sus cañones habrían evitado que López escapara a través de la espesura del Chaco(2).

(2) El piloto correntino Enrique Roibón, que conocía las aguas de Humaitá mejor que la mayoría de los paraguayos, en forma bastante inesperada defendió la decisión brasileña de no ubicar barcos entre Timbó y la Fortaleza debido a que las existencias de carbón eran insuficientes y el peligro muy grande. Ver: E. R. Cristiano [Roibón], “En honor a la verdad histórica”, en: “La Libertad”, (Corrientes), edición del 3 de Abril de 1908. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El camino al norte, a través del cual se había conseguido hasta ese momento mantener un cierto abastecimiento de las necesidades de la guarnición de Humaitá, habría quedado cerrado para los soldados del Mariscal, a quienes los Aliados habrían podido -de esa manera- hambrear hasta someter(3).

(3) Federico el Grande, cuyos comentarios sobre liderazgo militar Caxias con seguridad había leído, había recomendado esta táctica como esencial, subrayando que “la maestría del General habilidoso es hambrear al enemigo” hasta su sumisión. Ver: Federico el Grande [Frederick the Great], “Instructions for His Generals” (2005), p. 31. Meniola. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

No haber cortado esa ruta fue un claro error, del cual López se benefició inmediatamente. Sin perder tiempo, puso a sus tropas a trabajar. Tenía dos vapores listos, el “Ygureí” y el “Tacuarí” y, ambos, fueron empleados para transportar la artillería a través del río hasta Timbó. Luego vinieron los enfermos y las restantes existencias.

El Mariscal ordenó que los cañones que daban a las líneas interiores, fueran traídos a la Fortaleza para ser trasportados al otro lado, dejando sólo unas pocas piezas livianas en Curupayty, un solo cañón en Paso Gómez y doce en la cara Este del Cuadrilátero, que daba a la Fuerza principal del Ejército Aliado.

Todo estaba listo para trasladar las unidades a Timbó, para preparar una reubicación general en el Tebicuary o algún punto más arriba. Hasta el momento, el enemigo no había detectado los movimientos del Ejército, pese a lo evidentes que habían sido, y no había razones para suponer que de repente pudieran darse cuenta de que los paraguayos podían llegar al Chaco con relativa seguridad.

Antes de que las tropas se embarcaran, sin embargo, el Mariscal optó por un último lanzamiento de dados que podría entrar en los libros de historia como un grandioso y gallardo esfuerzo por torcer el curso de la guerra en una etapa en la que ya parecía imposible.

Sabía que Ignácio había anclado su Flota de manera errática en distintas partes del río; si lograba apoderarse de, al menos, uno de los acorazados, podría usarlo para destruir sistemáticamente los restantes barcos brasileños. Era una idea audaz, pero si tenía éxito, el río volvería a ser paraguayo.

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