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Los Aliados continúan presionando

El mariscal López acertó al pensar que Caxias le daría tiempo suficiente para terminar las obras. Thompson, al principio, había creído lo contrario y, por varios días, él y las patrullas de trabajo bajo su mando apenas durmieron; viajaron varios kilómetros hacia los montes del Este, donde cortaron madera suficiente para construir las plataformas de los cañones y, durante la noche, llevaron hasta el río los pesados tablones.

Trabajando sin descanso, erigieron una batería de cuatro cañones de 8 pulgadas, instalados a barbeta a un metro de altura sobre el pasto de una isla cerca de la costa chaqueña. A este pequeño puesto, quizás con demasiado optimismo, lo bautizaron como Fortín. Un batallón de 300 hombres y muchachos de Monte Lindo recibieron órdenes de custodiar esta isla para proteger a los cañoneros de cualquier incursión repentina.

Tres o cuatro buques de guerra imperiales, efectivamente, se acercaron unos días después y dispararon contra estas posiciones, pero los paraguayos ya habían completado su obra principal y los bombardeos no dieron resultado. O la puntería naval Aliada era todavía tan pobre como lo había sido en Curupayty, o los acorazados nunca intentaron más que cumplir con un hostigamiento de rutina.

Mientras tanto, siguiendo un diseño hecho por Thompson, los paraguayos construyeron una serie de pequeños terraplenes y fosos en la ribera Este, cerca de la embocadura del Tebicuary. Los reforzaron con más baterías en dos posiciones cercanas, una al sur, con siete cañones de 8 pulgadas y dos de 32 libras y, la otra, a unos 2.000 metros río arriba, con dos cañones de 8 pulgadas y tres de 32 libras(1).

(1) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 260-262. Longmans, Green, and Co.: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El ingeniero británico y sus hombres erigieron también una batería frente al Tebicuary, por si los Aliados intentaban desembarcar en ese sitio. Se esperaba un asalto de ese tipo sólo si no les quedaba otra opción. El Mariscal sabía que los Aliados no podían flanquear sus Fuerzas por el Este, como lo había hecho Caxias en Julio, ya que profundos esteros -de más de una legua de ancho- rodeaban el perímetro del Tebicuary.

Las condiciones eran similares en ambas orillas hasta 50 kilómetros río arriba. Por lo tanto, si las nuevas defensas estaban dispuestas apropiadamente, serían capaces de mantener a raya a los Aliados, contrariamente a lo que había pasado en Humaitá(2).

(2) Manteniendo su prolongada postura antibélica, “O Tribuno”, (Recife), señaló, en su edición del 30 de Abril de 1868, la casi imposibilidad para el Ejército Aliado de avanzar a través de un terreno tan pantanoso, a pesar de lo que afirmaban los “fabricadores de los Boletines Oficiales que están bien pagados por el Gobierno para esparcir mentiras en cada periódico del país”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Cuando las baterías estuvieron listas, el Mariscal dividió su tiempo entre Monte Lindo (que pronto abandonó), un Campamento secundario en Seibo (también del lado chaqueño) y sus nuevos Cuarteles Generales en San Fernando. Este último sitio, que fue la principal estación y el centro neurálgico del Ejército en los meses siguientes, estaba construido en una zona seca, cerca de la confluencia del Tebicuary y el río Paraguay.

Al principio, las tropas tuvieron que levantar sus carpas y ubicar sus carretas en medio del barro, pero el suelo fue rápidamente drenado y pronto San Fernando cobró la apariencia de una bien ordenada comunidad(3).

(3) Una sorprendente cantidad de correspondencia personal desde San Fernando ha sobrevivido y buena parte de ella se refiere a cuestiones mundanas, informes de enfermedades y fatalidades, y pedidos de información sobre parientes, cuyo paradero era incierto desde la evacuación de la Capital. Ver: Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 2491, 2497, 2490, 2500, 2502, 2893, 2503; y Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 23, 65. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Al igual que Paso Pucú, el nuevo Campamento estaba cómodamente alejado del rango de fuego naval y contaba con todo el equipamiento del que podía disponer un Ejército tan severamente constreñido. Tenía una pequeña capilla octogonal, una serie de cobertizos para el personal superior y una línea de comunicación telegráfica con Asunción.

Los confortables cuarteles de López y Madame Lynch dominaban -desde su posición- el Campamento y, junto a las barracas de los soldados, había un “distrito” separado para las seguidoras y familiares femeninas. Dos vapores camuflados con ramas de árboles y enredaderas y anclados en las cercanías, ayudaron inmensurablemente a abastecer las necesidades de la nueva Guarnición de alrededor de 8.000 hombres(4).

(4) En su “Chronique” del 15 de Junio de 1868, “Ba-Ta-Clan”, (Río de Janeiro), afirmaba que los paraguayos tenían unos 15.000 hombres de armas en el frente de San Fernando y se preguntaba si todavía le sería posible a López reunir una fuerza total de más de 30.000 en el campo. La respuesta era no. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Las prensas de “Cabichuí” fueron restablecidas en el Campamento y, a mediados de Mayo, los partidarios del Mariscal escribían de nuevo pidiendo más sacrificios y envolviendo las acres realidades de la guerra con vendajes ilusorios(5). Más importante aún, San Fernando tenía un taller para reparar rifles y fabricar cartuchos donde, ante la falta de papel, los paraguayos lo fabricaban con las membranas internas del cuero curtido(6).

(5) “El Mariscal López”, en: “Cabichuí”, (San Fernando), edición del 13 de Mayo de 1868.
(6) Christopher Leuchars, “To the Bitter End: Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 184. Greenwood Press: Westport. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los resultados fueron poco alentadores, pero los soldados ya habían peleado antes en inferioridad de condiciones y los que se acobardaron fueron siempre los Aliados. El Ejército paraguayo no había sido derrotado todavía. Es probable que el marqués de Caxias pensara diferente. Por lo menos, debía presumir que todas las ventajas estaban de su lado.

El desgaste de Humaitá había logrado socavar la fuerza del enemigo y, aunque carecía de información sobre el modo en que los paraguayos se las habían arreglado para efectuar la retirada a través del Chaco, se sentía seguro de que sólo había escapado un número poco significativo. El sentido común le sugería que debía continuar presionando sobre la Fortaleza y destruir las otras posiciones enemigas en el debido momento.

El 21 de Marzo, el Marqués lanzó una serie de ataques coordinados contra el perímetro sur de Humaitá; con el general Alexandre Gomes Argolo bombardeando las trincheras en Sauce, Osório emergiendo desde Parecué y golpeando el extremo izquierdo de la línea paraguaya en Espinillo; y Gelly y Obes haciendo un pequeño giro a la derecha, en “El Angulo”.

Con tan pocas tropas paraguayas dejadas en esas posiciones, los hombres del Mariscal sólo opusieron una breve resistencia. Los brasileños habían casi sobrepasado Espinillo, “lanzando disparos, bombas y cohetes Congreve a discreción y pasando luego a una bien sostenida carga de cañones y mosquetes(7) cuando, inexplicablemente, una corneta Aliada tocó la señal de retirada. Esto dio un momentáneo respiro a los apabullados paraguayos, aunque estaba claro que no tenían forma de mantenerse en el sitio.

(7) “The War in the North (Tuyucué, 24 de Marzo de 1868)”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 1 de Abril de 1868. Ver también la copia en la Biblioteca Nacional do Río de Janeiro del “Boletim do Exército” del 22 de Marzo de 1868; y Argolo a Caxias, Tuyutí, 22 de Marzo de 1868, en “Campanha do Paraguai. Diário do Exército em Operações sob o Commando do Marquez de Caxias”, pp. 321-326. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La queja generalizada de las tropas argentinas durante el día del combate fue que el plan del Marqués no había contemplado la captura de las trincheras opuestas, lo cual habría sido un juego de niños. Es comprensible su irritación por esta oportunidad perdida y por el sentimiento de que su servicio era juzgado irrelevante o prescindible. Lo cierto es que, si bien Caxias apreciaba a los soldados argentinos, no tenía necesidad de asegurar el control del Cuadrilátero(8). De acuerdo con el recuento de Thompson, los Aliados perdieron unos 260 hombres ese día y, los paraguayos, un improbable número de veinte(9).

(8) Gelly y Obes a Wenceslao Paunero, Tuyucué, 23 de Marzo de 1868, en: Jorge Thompson, “La Guerra del Paraguay” (1869), pp. CV-CVI. Imprenta Americana: Buenos Aires; ver, también: José Ubaldino Motta do Amaral, marechal visconde de Maracajú, “Campanha do Paraguay. 1867 e 1868” (1922), pp. 83-89. Imprenta Militar: Río de Janeiro.
(9) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 254. Longmans, Green, and Co.: Londres. Julián Godoy afirmó que las pérdidas paraguayas fueron leves, “no habiendo nada en el camino para combatir mano a mano”. Ver: “Memorias del teniente coronel Julián N. Godoy, edecán del mariscal López”, Asunción, 13 de Abril de 1888, en: Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Gill Aguinaga, carpeta 7, n. 3. A pesar de esa aseveración, el general Daniel Cerri ofreció un relato más verosímil, mencionando pérdidas paraguayas de 300 caídos. Ver: Daniel Cerri, “Campaña del Paraguay” (1892), p. 46. Tipografía del Pueblo: Buenos Aires.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El 22, las restantes unidades paraguayas suspendieron sus viejas tareas y, arrastrando sus cañones, abandonaron el Fuerte. Cuando los Aliados se aventuraron a avanzar hacia Curupayty pocas horas después, se quedaron pasmados al encontrar “una batería compuesta por cuarenta cañones falsos hechos de troncos de palma, cubiertos con cueros y montados en viejas ruedas de carreta”, y descubrir que “las tropas en la guarnición consistían en treinta o cuarenta efigies hechas de paja y cuero y ubicadas como centinelas en posiciones visibles para los pelotones de asalto(10). De hecho, los paraguayos habían partido de Curupayty hacía semanas

(10) Citado en Gilbert Phelps, “The Tragedy of Paraguay” (1975), p. 204. Charles Knight: Londres y Tonbridge. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El 23 de Marzo, en un esfuerzo por corregir la debilidad de la estrategia previa sobre el río, tres buques de guerra de Ignácio pasaron debajo de las baterías de Timbó y se dispusieron a anclar entre ese sitio y Humaitá. Pero antes de soltar anclas, unos marineros Aliados divisaron el “Ygureí”, que estaba escondido detrás de una ensenada. Inmediatamente comenzó la persecución.

El vapor paraguayo, que había realizado un buen trabajo en la evacuación de Tayí, no tenía a dónde ir esta vez y comenzó a recibir gran cantidad de impactos, mientras el humo llenaba el aire una vez más. Finalmente, un proyectil de setenta libras, disparado desde el monitor “Rio Grande”, golpeó el “Ygureí” debajo de la línea de flotación y, éste, en dos o tres horas, se hundió en las aguas profundas. Su tripulación sobrevivió refugiándose en el Chaco(11).

(11) “Nuevos triunfos”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 29 de Marzo de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Mientras tanto, los brasileños habían también avistado el “Tacuarí” cuando los miembros de su tripulación descargaban piezas de artillería en un tributario occidental. El acorazado “Bahía” bloqueó el canal más pequeño y, ayudado por el “Pará”, abrió fuego contra el arrinconado enemigo. Los marineros del Mariscal cayeron momentáneamente en confusión, pero se las arreglaron para bajar sus últimos cañones a tierra firme, mientras las bombas del enemigo acribillaban el buque.

Viendo que no había escapatoria, los paraguayos abrieron las válvulas principales y observaron desde los pastizales del Chaco el hundimiento del “Tacuarí”. Su chimenea todavía era visible tres décadas después en aguas bajas(12). El venerable vapor que había transportado al joven Francisco Solano López desde Europa a mediados de los años 1850, orgullo de la Flota de su padre, ahora era otro monumento en ruinas.

(12) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 107-108, (4 volúmenes). El Lector: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La tripulación del otrora buque insignia, también huyó al Chaco y a un futuro incierto, dejando a los brasileños saborear su victoria. El momento de mayor satisfacción llegó unas horas más tarde, cuando los barcos del almirante Ignácio retornaron a la posición previamente asignada entre Timbó y la Fortaleza.

Desde ese punto, podían cortar la comunicación que el Mariscal todavía mantenía con Humaitá y hacer difícil a los efectivos que quedaban en la guarnición escapar por la ruta que ya había seguido López, aunque aún no les sería del todo imposible. Quedaban algunos pequeños agujeros pendientes; cuando estuvieran cerrados, los Aliados podrían dar por cumplido su objetivo estratégico.

Los hombres debían huir rápidamente de la Fortaleza. A las 23:00 de esa misma noche, el general Vicente Barrios ordenó a sus tropas cruzar el río con los caballos restantes y, él y su personal, los siguieron en canoas.

Era una noche sin luna y el General optó por marchar al norte, siguiendo la orilla del río, para llegar a Timbó por una ruta directa. Ese camino atravesaba las zonas más pantanosas de la región. Centurión, que había vuelto a Humaitá desde Paso Pucú uno o dos días antes, dejó una descripción de lo que él y los demás hombres sufrieron al atravesar aquellas ciénagas:

De allí partimos a la 1 de la madrugada siguiendo el camino de la costa que era bastante malo. El barro era profundo y espeso, los caballos hacían esfuerzos extraordinarios para andar, cuyas patas en cada movimiento quedaban atascadas fuertemente, retumbando en el monte el ruido especial que hacían al sacarlas.
Nos tomó el día en la parte más rala del bosque que orilla el río, ¡y frente a un encorazado que estaba anclado a corta distancia de la costa! Y para completar la fiesta, la mula que llevaba las valijas de la Secretaría, se cayó en el barro y mientras se procuraba levantarla, el encorazado que nos había sentido, empezó a saludarnos con piñas.
Felizmente no hubo ninguna desgracia personal que deplorar, excepto un Ayudante del general Barrios, que salió herido.
Llegamos a Timbó a las 5 de la tarde, con los pies llenos de ampollas o vejigas, debido a que en medio del camino, cuando los montados estuvieron muy estropeados y cansados, a fin de hacerlos descansar, de orden del general Barrios, hicimos el resto del camino a pie.
En los primeros pasos, se quedaron las botas clavadas en el barro y, descalzos, recibían las plantas de los pies las puntas de los troncos de tacuaras que había en el fondo con abundancia, destrozándolos, por supuesto, de una manera lastimosa.
¡Pero no había que chistar o exhalar una exclamación de dolor porque, como militares, estábamos en el deber de aparentar una fortaleza a prueba de bomba y hacerse superiores de todas estas calamidades..!(13)

(13) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 108-109, (4 volúmenes). El Lector: Asunción. Este no fue el final de las penurias del Coronel, ya que la patrulla continuó a través del barro y la maleza por otros dos días, cruzando el desbordado Bermejo por su embocadura y llegando a San Fernando al atardecer del 26. Observó que en el Chaco reinaba un profundo silencio durante parte de la travesía pero que, de noche, un concierto de sapos, grillos y pájaros nocturnos, inspiraba un lúgubre respeto a los que pasaban por su territorio. Estas impresiones de pies dolientes y sonidos de animales por la noche, siguieron vivas en él por muchos años, como también el recuerdo aterrador de los angustiantes momentos que pasó cuando se separó de la tropa en la ruta y se salvó al encontrar un caballo por casualidad a algunos kilómetros del río. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El coronel Caballero reunió a las unidades que habían cruzado el río en Timbó. Durante los meses previos, entre 10 y 12.000 hombres habían evacuado Humaitá con éxito, una estadística que, posteriormente, avergonzó a todos en el bando Aliado. La mayoría de los paraguayos se había ido a Seibo y a San Fernando pero, aproximadamente 3.000, se habían quedado atrás con Caballero.

Ahora, cuando el proceso de retirada llegaba a su fin, también cruzaron el río los generales Bruguez y Resquín, llegando el 26 y el 27 de Marzo, respectivamente. Resquín trajo con él las últimas unidades destinadas a San Fernando: tres batallones de infantería, un regimiento de caballería y una buena parte de las piezas de artillería de Timbó(14).

(14) Francisco I. Resquín, “La guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (1996), p. 85. El Lector: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Fueran muchos o pocos, que estos hombres hubieran podido burlar el sitio en esta etapa implicaba desprestigio para el marqués de Caxias y sus oficiales. Como Comandante General de las Fuerzas Aliadas, Caxias trabajaba con inagotable energía. Mantenía conferencias diarias con sus subordinados. Cabalgaba por todos los Campamentos, realizando inspecciones y anotando detalles para su consideración posterior. Hizo todo lo que estaba a su alcance para reforzar la disciplina tanto de los oficiales como de los soldados(15).

(15) Las órdenes del día emitidas por Caxias durante su época de comandante Aliado, están repletas de casos de Cortes Marciales con castigos a borrachos, a los que se tomaban licencias sin permiso, a los que se involucraban en riñas y a todos los que, de una u otra forma, perturbaban la disciplina del Ejército. Ver, por ejemplo, “Ordem do Dia”, n. 200 (Tuyucué, 18 de Marzo de 1868); n. 202 (Tuyucué, 26 de Marzo de 1868); y n. 221 (Tuyucué, 17 de Junio de 1868), respectivamente, en: “Ordens do Dia”, 3: 229-231, 244-247, 325-327 y 448-453. Un número importante de hombres acusados de infracciones, fueron liberados por falta de pruebas, pero la sola amenaza de castigo bastaba para mantener la disciplina. Los hombres sorprendidos en actos de deserción, sin embargo, eran invariablemente fusilados, de acuerdo con el artículo 14 del Código Militar. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

La eficiencia y la ecuanimidad caracterizaban todo lo que hacía y, cuando el Ejército Aliado realizaba progresos, era porque así lo había planificado.

Cuando las cosas salían mal, sin embargo, su Ejército pagaba el precio. En este caso, los paraguayos habían escapado limpiamente, llevando con ellos sus cañones pesados. Los oficiales del Marqués no habían hecho esfuerzos suficientes para reunir una adecuada información de inteligencia y, una vez más, habían subestimado a sus oponentes.

A pesar de contar con ventajas materiales y liderazgo profesional, los Aliados no habían pasado de Tayí, y debían analizar cuidadosamente cómo el enemigo había logrado romper el cerco. Eso probaba que el hombre de batalla paraguayo todavía contaba con algunos recursos, especialmente con su perseverancia(16).

(16) El coronel argentino Agustín Angel Olmedo, después de la caída de Humaitá, comentó por escrito las reacciones de mutua inculpación de los Aliados al descubrirse que tantos paraguayos habían logrado escapar sin ser detectados. Ver: Agustín Angel Olmedo, “Guerra del Paraguay (Cuadernos de Campaña. 1867-1869)” (2008), p. 257 (entrada del 31 de Julio de 1868), en: Academia Nacional de la Historia: Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

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