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Se cierra el puño

Los Aliados escucharon por primera vez la noticia de la partida del Mariscal de Humaitá el 11 de Marzo, pero la desecharon como otro rumor infundado hasta que pasaron otras dos semanas(1). Les tomó aún más tiempo determinar cuántos hombres y piezas de artillería se habían movido al norte por la misma ruta.

(1) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 8: 196, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción; G. F. Gould a Lord Stanley, Buenos Aires, 10 de Abril de 1868, en: George Philip, ed. “British Documents on Foreign Affairs. Reports and Papers from the Foreign Office Confidential Print” (1991), en: Latin America. 1845-1914”, parte 1, serie D, 1: 238. Londres; Elizalde a Juan N. Torrent, Buenos Aires, 11 de Abril de 1869, en: Museo Andrés Barbero, Colección Carlos Pusineri Scala (Asunción). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

No era una posición fácil para el Marqués pero, una vez que se sintió seguro de la veracidad de su inteligencia, reaccionó con firmeza. Buscando poner a prueba lo que quedaba de las defensas de Humaitá, dio órdenes de bombardear la Fortaleza con más vigor que en el pasado y, tanto los cañones navales como la artillería terrestre abrieron fuego diariamente durante todo Abril(2).

(2) Ver, por ejemplo, Caxias a general Vitorino José Carneiro Monteiro, Tuyucué, 31 de Marzo de 1868, en: Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, lata 447, doc. 94 (que contiene órdenes de establecer baterías en Potrero Ovella para bombardear la Fortaleza). El general argentino Gelly y Obes consideraba superflua esta exhibición de poder armamentístico, que no podía servir más que para cubrir los campos de Humaitá con balas de cañón. Lo que los Aliados deberían estar haciendo, insistía, era cerrar los caminos en el Chaco, lo que podría poner la Fortaleza y su hambrienta guarnición en manos Aliadas de inmediato. “Sólo se necesitan poder de voluntad y menos miedo a los paraguayos”. Ver: Gelly y Obes a Mitre, Tuyucué, 18 de Abril de 1868, en: Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 8: 298-299, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Más importante todavía, Caxias abandonó sus viejos Campamentos en San Solano y Tuyutí y se acercó a la Fortaleza. Movilizó todo el Segundo Cuerpo brasileño a Curupayty y el Tercer Cuerpo, parte del Primero y lo que restaba de las Fuerzas orientales a Parecué, a lo largo del flanco izquierdo paraguayo. Las Fuerzas argentinas tomaron una posición central, equidistante de estos dos puntos.

Mientras tanto, varios oficiales Aliados y observadores independientes se dirigieron al recientemente abandonado Cuartel General de López en Paso Pucú y se asombraron de lo insignificante y primitivo que era el lugar. Como señaló sarcásticamente el corresponsal de “The Standard”:

Desearía que ustedes hubieran estado aquí; habrían tenido tema de conversación para un mes con la gran posición y extensión del Campamento, la altura y profundidad de las ‘sanjas’ y parapetos, las imitaciones de cañones hechas con palmas montadas sobre cuatro palos y cubiertas con cueros y los centinelas y guardias de paja.
Qué rica recaudación de reliquias hubieran hecho en los ranchos de López y sus satélites. Qué variedad de utensilios, incluso pantalones cortados según la verdadera moda francesa del cuero de buey(3).

(3) “The War in the North (Tuyucué, 24 de Marzo de 1868)”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 1 de Abril de 1868. Amargas sorpresas de este tipo son comunes en toda guerra; por ejemplo, cuando los supuestos cuarteles COSVN de las Fuerzas comunistas fueron descubiertos en la “Fish-hook” camboyana hacia el final del conflicto de Vietnam, resultaron ser poco más que un agujero en el suelo y, este hecho irritante generó -entre los Generales estadounidenses- el mismo sarcástico desengaño que manifestaron los Aliados al inspeccionar Paso Pucú. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Richard Burton, que visitó el sitio cinco meses más tarde, se mostró igualmente decepcionado. Al notar la evidente modestia de lo que supuestamente había sido el bunker a prueba de bombas que Thompson había preparado como escondite para el Mariscal, sugirió enfáticamente que nunca había existido(4).

(4) Richard Burton, “Letters from the Battle-fields of Paraguay” (1870), p. 357. Tinsley Brothers: Londres. A pesar del tiempo relativamente corto que estuvo en Paraguay, Burton dejó unas Memorias de considerable profundidad y sofisticación. Aunque no hizo el papel de pionero ni de gran explorador, como cuando visitó la Meca pretendiendo ser un faquir afgano, leyó extensamente sobre la guerra, no omitió referencias y, cuando fue posible, visitó los lugares y entrevistó a testigos directos. Sobre todo, dio universalidad al tema. Curiosamente, sin embargo, hizo pocos esfuerzos por conocer a los paraguayos, cuyo coraje bajo extrema presión podría haber despertado su romanticismo, tal como los beduinos, los pastunes y los abisinios habían inspirado su pluma en ocasiones anteriores. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Tales descubrimientos demostraban una perturbadora tendencia a la exageración. Las defensas paraguayas, los campamentos, etcétera, nunca habían sido tan formidables como pretendían los rumores. Los periódicos Aliados no se cansaban de describir Humaitá como colosal e invulnerable y lo habían repetido tanto que cada soldado brasileño y argentino en el frente se creía el cuento y lo inflaba aún más.

La verdadera realidad física de Paso Pucú puso en ridículo a los estrategas Aliados. Parecía que el “bárbaro” mariscal López, con sus falsas piezas de artillería y sus inexistentes bunkers, se había reído de ellos, después de todo. Caxias podía erizarse ante la evidencia de que él y sus oficiales habían sido engañados, pero también podía alegar que la estrategia seguía funcionando de acuerdo con su plan.

Además, la retirada del Mariscal probaba que Humaitá caería pronto. Si bien los Aliados habían cometido errores, estos no parecían decisivos. La guarnición paraguaya todavía estaba rodeada, y las nuevas defensas que López había construido al norte jamás podrían soportar la fuerza concertada con que el Marqués planeaba caer sobre ellas(5).

(5) “Teatro de la guerra (Tuyucué, 26 de Marzo de 1868)”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 31 de Marzo de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Al instalar sus nuevas baterías en la boca del Tebicuary, el Mariscal había dejado a la guarnición de Humaitá librada a su suerte. El panorama no era alentador. ¿Qué podrían hacer 2.000 o 3.000 hombres al mando de Alén y Martínez contra 40.000 soldados, junto con 14 acorazados, cincuenta barcos de diverso tipo y cientos de cañones, tanto en tierra como en agua?

Los paraguayos no tenían posibilidad de defender sus trincheras, que se extendían por más de 13.000 metros, alrededor de la Fortaleza. El alimento para los animales que les quedaba era casi inexistente. Pólvora y provisiones sólo podían ser introducidas con gran riesgo en chatas provenientes del Chaco a la vista de la Flota enemiga(6).

(6) Había todavía más de 100.000 cabezas de ganado disponibles en Paraguay que podrían haber alimentado a la guarnición de Humaitá, si se hubiera podido encontrar una forma de llevar a los animales a la Fortaleza. Ver: Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 8: 316-317 [que menciona donaciones de mediados de Abril de un grupo de pueblos del Interior, incluyendo a Arroyos y Esteros, con 38.168 cabezas; Rosario, 31.381 cabezas; Yuty, 22.859 cabezas; Quiindy, 17.755 cabezas; San Joaquín, 6.097 cabezas y Mbuyapey, 14.248 cabezas]. (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Incluso este canal pronto se cortó. A mediados de Abril, el Marqués supo que, aunque sus Fuerzas terrestres y navales habían cerrado las principales rutas de suministro a la Fortaleza, los paraguayos todavía podían utilizar una vía que llegaba a Timbó y otros puntos al norte(7).

(7) Asombrosamente, los aislados hombres en Humaitá todavía recibían sus salarios, como lo testifica un recibo de 19.118 pesos enviado a la Fortaleza a través del Chaco a fines de Abril. Ver: Alén a Luis Caminos, Humaitá, 29 de Abril de 1868, en: Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 23, 103. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

A principios de Mayo, decidió enviar al uruguayo Ignacio Rivas, General del Ejército Argentino, a encontrar este camino y confiscar todas las provisiones que bajaran desde Timbó(8). Si las unidades paraguayas decidían enfrentarse a la Fuerza Aliada en esos desolados parajes, tanto mejor: Rivas podía destruirlas a su antojo.

(8) “Teatro de la Guerra”, en: “La Patria”, (Buenos Aires), edición del 6 de Mayo de 1868 (que destaca el trabajo del ingeniero polaco Chodasiewicz en la preparación del terreno para la columna de Rivas: “[El nuestro] es el único Ejército en el mundo en el que los mayores presentan planes operacionales [a sus superiores]”); “Correspondencia (Parecué, 29 de Abril de 1868)”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 13 de Mayo de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El General, bien ataviado con poncho de vicuña y botas de equitación importadas, llegó al sur de Timbó el 2 de Mayo. Los 2.000 hombres que lo acompañaban usaron machetes para abrirse camino a través del monte espeso durante dos días con sus noches. En el medio de esta labor, un batallón (compuesto principalmente por reclutas europeos) fue rechazado y diezmado antes de que llegaran refuerzos en su rescate(9).

(9) G. F. Gould a Lord Stanley, Buenos Aires, 12 de Mayo de 1869, en: George Philip, ed. “British Documents on Foreign Affairs. Reports and Papers from the Foreign Office Confidential Print” (1991), en: Latin America. 1845-1914”, parte 1, serie D, v. 1, pp. 239-240 Londres; Daniel Cerri, “Campaña del Paraguay” (1892), pp. 51-54. Tipografía del Pueblo: Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

A pesar de este revés, los argentinos avanzaron y tomaron contacto con las unidades imperiales, también de 2.000 hombres, que habían desembarcado bajo fuego unos kilómetros al norte. Diferentes batallones paraguayos trataron sin éxito de rechazar esta Fuerza a la vera del río. Los brasileños sufrieron 137 bajas, los argentinos 188 muertos y, los paraguayos, 105(10).

(10) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 8: 339, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción; “Correspondencia, (Curupayty, 14 de Mayo de 1868)”, en: “Jornal do Commercio”, (Río de Janeiro), edición del 4 de Junio de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Como ya era la norma en esta etapa de la guerra, aunque las pérdidas de los Aliados fueran
considerables, ellos podían reemplazarlas, y los paraguayos no.

Mientras tanto, Rivas envió piqueteros, que no tardaron en descubrir el sendero que Caxias buscaba. El pantanoso camino usado por Barrios había sido el utilizado para llevar suministros a la Fortaleza. Resultó ser la última ruta que la comunicaba con el exterior.

Avanzaba por una estrecha cresta de 200 metros de ancho que bordeaba el río Paraguay por unos 5 kilómetros. En su lado oeste, enfrentando la jungla chaqueña, se extendía una vasta laguna, la laguna Verá (o Ycuasy-y). Rivas se estableció en la cima de la cuesta, en un lugar llamado Andaí, a mitad de camino entre Timbó y Humaitá. Destruyó la línea telegráfica que encontró allí y luego fortificó la posición(11).

(11) Rivas a Caxias, Campamento en marcha frente a la isla Arasá, 3 de Mayo de 1868, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 12 de Mayo de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Si los paraguayos todavía abrigaban alguna esperanza de salvar la Fortaleza a estas alturas, Caballero tenía que desalojar a las tropas Aliadas y reabrir el camino sin demora. El coronel paraguayo sabía de la desesperación de sus compatriotas al sur y, armado con instrucciones previas (y activa comunicación telegráfica con López), decidió atacar.

La mayoría de los oficiales veteranos del Ejército paraguayo nunca recibieron directrices suficientes ni claras, ni recibieron a cambio la libertad de decidir con cierta independencia en circunstancias inesperadas, pero Caballero gozaba de la confianza del Mariscal en grado tan alto como Díaz.

Eso solía estar a su favor, pero no en esta ocasión. Al alba del 5 de Abril, cuatro batallones de infantería y dos regimientos de caballería desmontada (unos 3.000 hombres) cayeron sobre los brasileños con sables y lanzas. Los paraguayos consiguieron penetrar en los abatis más cercanos, pero no pudieron ir más lejos antes de que los Aliados abrieran fuego contra ellos.

Los hombres del Mariscal fueron rechazados después de una hora y media de sostenida pelea. Una columna de la caballería, que Caballero había ubicado como reserva, rápidamente entró al fuego, pero tuvo que dar vuelta inmediatamente y retirarse hacia el río. Allí cayó bajo un inesperado y fulminante ataque desde los acorazados.

La lucha no perdió intensidad en ningún momento y, Rivas y los oficiales brasileños, pronto tuvieron la situación en sus manos. Los paraguayos perdieron al menos 300 hombres; los brasileños, no más de cincuenta. Los argentinos, que fueron hasta cierto punto removidos del flanco izquierdo, no sufrieron pérdidas(12).

(12) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 118-119, (4 volúmenes). El Lector: Asunción; “The War on the Paraná [sic]”, en: “New York Times”, edición del 21 de Julio de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El 8 de Mayo, por la mañana, hubo otro enfrentamiento cuando seis batallones de infantería Aliada se encontraron con la vanguardia paraguaya proveniente de Timbó. Aunque los brasileños estaban cubiertos por el fuego de la Flota, los hombres del Mariscal les dieron una buena batalla antes de retirarse, la mayoría ilesos(13).

(13) Francisco I. Resquín, “La guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (1996), p. 90. El Lector: Asunción; Agustín Angel Olmedo, “Guerra del Paraguay (Cuadernos de Campaña. 1867-1869)” (2008), pp. 166-169 (entradas del 7 y 8 de Mayo de 1868), en: Academia Nacional de la Historia: Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Aunque este pequeño triunfo daba un motivo para sonreír, distaba de ser significativo. En realidad, como tantas victorias de las que se jactaba el Mariscal, esta sólo implicó un regocijo efímero. Nadie podía cuestionar el hecho de que la posición de Rivas se había vuelto invulnerable.

Peor aún para los hombres de López, los Aliados pronto se apoderaron del canal que comunicaba la laguna Verá con el río Paraguay, a través del cual el General argentino podía abastecer a su división de artillería de municiones, provisiones y, por encima de todo, refuerzos.

Caballero no podía hacer nada para detener ese proceso e, incluso los francotiradores paraguayos, tuvieron que mantenerse a distancia. Cuando le contaron los acontecimientos del día, López se apresuró a felicitar a sus fieles oficiales, desde la seguridad de su nuevo Campamento en San Fernando. Recomendó evacuar a los heridos apenas fuera factible y que sus tropas comenzaran una serie de ataques al enemigo para impedirle consolidar su posición.

Ya era demasiado tarde para que tal hostigamiento surtiera mucho efecto, pero durante las semanas siguientes, el Mariscal envió a Caballero sugerencia tras sugerencia, ninguna de las cuales tenía la más mínima posibilidad de ejecución exitosa(14). El río y la laguna impedían asaltar al Ejército Aliado por los flancos y el Coronel no contaba con hombres suficientes para aventurarse a un ataque directo(15).

(14) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 8: 372-375, 409; 9: 15, 63-64, 104-105, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción.
(15) Albert Amerlan, “Nights on the Río Paraguay (Scenes of War and Charactersketches)” (1902), pp. 113-114. H. Tjarks: Buenos Aires. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

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