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Demoras, desesperación y fracasadas innovaciones

La campaña hasta aquí no había ido tan bien como Caxias esperaba. Rencillas sobre la unidad de Comando ya habían minado la cohesión Aliada antes de 1868, pero no eran ahora una explicación, como tampoco lo era la escasez de mano de obra y suministros. Los oficiales del Marqués gozaban de excelentes posiciones en tierra. La posición de la Flota le permitía proporcionar un buen apoyo a sus tropas.

Con todas estas ventajas, se esperaba mucho de él y, ahora que tenía la autoridad exclusiva, él mismo esperaba mucho de sí. Paraguay, sin embargo, había desalentado a cada uno de los comandantes Aliados y, pese a todo su talento, Caxias pronto tendría que lidiar con una gran cantidad de problemas y desilusiones militares, algunos de ellos derivados de sus propios errores.

El 6 de Junio, el Marqués despachó al general Mena Barreto desde Tayí a reconocer y, en lo posible, destruir las baterías recientemente situadas por el Mariscal en la embocadura del Tebicuary(1). La fuerza expedicionaria consistía en dos brigadas de la Guardia Nacional, cuatro cañones livianos y 400 soldados argentinos, para un total de casi 1.500 hombres montados, listos y capaces de hacer mucho más que un patrullaje de reconocimiento(2).

(1) Leuchars parece haber confundido este reconocimiento con uno similar hecho unos días antes en la boca del Ñeembucú por el general Andrade Neves, el Barón del Triunfo. Ver: Christopher Leuchars, “To the Bitter End: Paraguay and the War of the Triple Alliance” (2002), p. 186. Greenwood Press: Westport.
(2) Augusto Tasso Fragoso, “História da Guerra entre a Tríplice Aliança e o Paraguai” (1957), 3: 476-477. Biblioteca do Exército: Río de Janeiro. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Mena Barreto todavía carecía de información adecuada sobre lo que había adelante. Comenzó manteniéndose a la orilla del Ñeembucú, bordeando Pilar que, para entonces, los paraguayos habían abandonado casi totalmente y, en vez de atacar ese punto, se dirigió al norte, contra las concentraciones enemigas. Los barcos de guerra del comodoro Delphim habían ya comenzado a bombardear estas posiciones para apoyar la maniobra.

No obstante, dada la supuesta sofisticación de las baterías que Thompson había preparado, los brasileños no podían garantizar el éxito de sus cañones. Mena Barreto, a diferencia de Mitre en Curupayty, decidió posponer su avance por veinticuatro horas, hasta que pudiera estar seguro de su victoria. Al día siguiente, gracias al fuego enfilado de los acorazados, limpió de piqueteros enemigos el frente del río(3) y avanzó hasta el arroyo Yacaré, un pequeño tributario (presuntamente lleno de cocodrilos) que corría a la izquierda del Tebicuary.

(3) “Campanha do Paraguai. Diário do Exército em Operações sob o Commando do Marquez de Caxias”, pp. 396-401 (entradas del 9 y 10 de Junio de 1868); y “Ordem do Dia”, n. 222 (Parecué, 18 de Junio de 1868), en: “Ordens do Dia”, 4: 455-461. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Animado por sus progresos, el General despachó varias unidades de caballería al otro lado del río, cuya orilla, erróneamente, creyó indefensa. Una vez que cruzaron, los jinetes imperiales fueron atacados por una fuerza mucho más pequeña, pero también más desesperada, de 200 paraguayos. A pesar de que tenían órdenes de penetrar al norte, los sorprendidos brasileños emprendieron una confusa retirada hacia el Yacaré(4).

(4) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 267. Longmans, Green, and Co.: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Mena Barreto recompuso, con cierta dificultad, su tropa y, en vez de enfrentarse a una Fuerza de tamaño indeterminado, optó por replegarse a Tayí. En todo caso, había cumplido la tarea de hacer un reconocimiento que parecía suficiente para cualquier combate próximo(5).

(5) Caxias a Ministro de Guerra, Parecué, 19 de Junio de 1869, en: IHGB, lata 313, pasta 21. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Su retirada dejó a los paraguayos burlándose, como de costumbre. “Cabichuí” ofreció su típica aclamación al liderazgo del Mariscal y su sarcasmo hacia las “payasadas brasileñas”; minimizó la refriega, como otra prueba de la ineptitud de los “macacos” al servicio de “ese trapo esclavócrata dorado y verde(6).

(6) “Nuevas zurribandas”, en: “Cabichuí”, (San Fernando), edición del 8 de Junio de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Pero, más allá de que esta apreciación le agradara o no, López veía que la suerte se estaba tornando en contra suya en el Tebicuary. Si quería lograr algún progreso real, necesitaba hacer algo espectacular para volver a posicionarse en la guerra. Siempre inclinado a los gestos teatrales cuando la simple persistencia parecía inútil, el Mariscal decidió montar otro ataque de canoa contra los acorazados brasileños.

Pese a que hubieran debido, supuestamente, escarmentar con la amarga experiencia de Genés en Marzo, los bogavantes sobrevivientes expresaron un renovado entusiasmo por el proyecto, que López fijó para principios de Julio. Esta vez apuntaron a los barcos de la flotilla de Tayí, el “Barroso” y el “Rio Grande”, dos de las tres naves que habían atacado Asunción. Si alguno de estos buques, o ambos, caían en sus manos, aún podía cambiar el balance de las operaciones fluviales, al menos hasta permitir a López organizar más evacuaciones desde la acosada Humaitá.

Los Aliados, sin embargo, en esta ocasión estaban alerta. Aunque todavía carecían de información completa sobre la Fuerza y el cronograma del enemigo, Ignácio y Delphim sabían desde hacía casi un mes que algo se estaba preparando.

Un prisionero de guerra paraguayo había revelado la esencia del plan, contando que el Mariscal había estado entrenando a una nueva unidad de bogavantes, para reemplazar a los hombres perdidos en Marzo y que estos pronto estarían listos para abordar los buques Aliados anclados en Tayí.

Los Comandantes brasileños estaban decididos a no dejarse sorprender como los marineros del “Lima Barros”. Los hombres de la flotilla fingieron despreocupación pero, de hecho, estaban prestos para cualquier nuevo asalto en el río(7).

(7) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 9: 32, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los paraguayos habían planeado bien su aventura. Tenían veinticuatro canoas escondidas, camufladas con camalotes, en los matorrales de la embocadura del Bermejo. Cada canoa llevaba a diez bogavantes, uno o dos oficiales y algunos ingenieros para operar los barcos capturados. Como antes, los hombres estaban armados con sables y revólveres.

Los días anteriores a la operación mostraban entusiasmo y confianza en que podrían hacer lo que sus predecesores no pudieron y, para calmar a aquéllos que no estaban tan seguros, los ingenieros, orgullosamente, revelaron un nuevo tipo de granada de mano, junto con “tubos metálicos con un material inflamable y asfixiante” para arrojar a través de las casamatas enemigas en caso necesario(8).

(8) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 9: 98, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción; “Nuevo asalto a los encorazados”, en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), edición del 15 de Julio de 1868. En una comunicación personal desde Río de Janeiro, Adler Homero Fonseca de Castro observó que estos tubos, hechos con piezas de calderas, se llenaban con sulfuro y luego se encendían, pero no funcionaban al aire abierto; eran, sin embargo, tirados a veces al interior de los barcos para hacer humo entre la tripulación (antes que para explotar), pero esto también rara vez funcionaba. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Lamentablemente para los paraguayos, su ataque fracasó miserablemente y exactamente de la misma forma que el anterior. La noche escogida para el asalto -9 de Julio- era oscura como el carbón, lo que parecía un buen augurio cuando los remeros paraguayos partieron alrededor de las 23:00. Remaron al sur de la confluencia del río con el Tebicuary y se prepararon para la batalla.

Las cosas fueron mal desde el principio. Las doce canoas dispuestas a asaltar el “Barroso” apenas pudieron aproximarse al barco brasileño, cuya tripulación estaba lista y disparó una o dos rondas de mosquetería a los bogavantes cuando pasaban. Al menos este contingente de remeros escapó con vida. La oscuridad de la noche los escondió de la persecución Aliada y pasaron parte del día siguiente cargando a sus camaradas heridos desde las aguas bajas hasta la costa chaqueña del río.

Los bogavantes que atacaron el “Río Grande” sufrieron un destino terrible. Al principio tuvieron más suerte que sus compañeros y abordaron el monitor con poca oposición. Luego, sable en mano, mataron al Capitán y a algunos tripulantes, mientras los marineros enemigos corrían por la cubierta(9).

(9) “Campanha do Paraguai. Diário do Exército em Operações sob o Commando do Marquez de Caxias”, pp. 426-431 (entrada del 10 de Julio de 1868). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los brasileños que sobrevivieron al ataque inicial, se encerraron en la pesada casamata y, al igual que había ocurrido en Marzo, los paraguayos no encontraron forma de abrir las escotillas con sus sables y granadas. El “Barroso” asumió el papel del “Silvado”, navegó a la par de su barco hermano y disparó cañonazos contra los impotentes paraguayos en cubierta.

Los gritos de furia, irritación y miedo quedaron sofocados por el estruendo de los cañones y el fragor de las metrallas que rebotaban en el metal. Todos los bogavantes cayeron muertos o heridos en cuestión de minutos. Sólo los más afortunados pudieron zambullirse en el Paraguay y pocos de estos alcanzaron la orilla del Chaco. La mayoría se ahogó(10).

(10) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 9: 118-121, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Centurión, que estaba en Seibo o en San Fernando en ese momento, proporcionó la evaluación más lapidaria del episodio, que condenó como un “sacrificio estéril de vidas que bien pudieron haberse ahorrado para empresas más asequibles(11). Por más que la gallardía de los masacrados bogavantes pueda despertar nuestra simpatía hoy, la verdad es que ni su capacidad ni su suerte estuvieron a la altura de su coraje.

(11) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 120-121, (4 volúmenes). El Lector: Asunción. En: “La guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (p. 91), el general Resquín usó casi exactamente las mismas palabras para describir el fiasco. Ver, también, Pereira de Sousa, “História da Guerra do Paraguai” (1927), p. 316, en: “Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro”, 102/156. Río de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El sacrificio de los bogavantes fue sólo una pequeña parte de una resistencia paraguaya mucho más amplia, enfocada en el objetivo principal de detener la amenaza Aliada. En Humaitá, lo vano de esta prolongada obstinación se había vuelto obvio. Las deserciones parecían cada vez más numerosas y Paulino Alén estaba sumido en el pesimismo y la depresión(12).

(12) Un rumor muy extraño que corrió luego entre los soldados Aliados sostenía que los desertores de ambos bandos habían establecido un Campamento conjunto en los confines más lejanos del Chaco. Es casi seguro que este Campamento (o “quilombo”) nunca existió. Ver: Richard Burton, “Letters from the Battle-fields of Paraguay” (1870), p. 430. Tinsley Brothers: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Hombre de baja estatura, cejas finas y tez morena, el Coronel se parecía al Mariscal en apariencia y porte, pero nunca tuvo la capacidad de López de imponer autoridad e inspirar confianza. De hecho, Alén se sentía agobiado por los recientes acontecimientos. No podía mantenerse como López había ordenado y, aún así, su sentido del honor y del deber le impedía arriar su bandera.

Los Aliados le habían enviado numerosas peticiones rogándole que capitulara, por el bien de sus hombres y de su familia, pero todas fueron rechazadas. En una ocasión, respondió a una oferta de dinero y alto rango que le había hecho el Marqués, lamentando sarcásticamente su propia imposibilidad de conceder oro y honores, pero añadiendo que, si el comandante Aliado entregaba a su Ejército, él estaba dispuesto, con el permiso del Mariscal presidente, a prometer a Caxias la Corona imperial del Brasil(13).

(13) Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 120-121, 3: 119-120, (4 volúmenes). El Lector: Asunción; Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 9: 113, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción. Pese a la pequeña diferencia en el apellido, Alén era de hecho un pariente lejano de Leandro Alem, uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical, que dominaría la política nacional argentina en la segunda década del siglo XX. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Estas bravatas tal vez le brindaron alguna momentánea satisfacción, pero no podían llenar los estómagos de sus hombres. Los almacenes de Humaitá, que alguna vez rebosaron de comida, estaban casi vacíos, y no había ninguna esperanza de rescate desde ninguna dirección.

El 12 de Julio, en un arrebato de “total desesperación”, Alén se sacó el último cigarro de la boca y tomó sus dos revólveres de la mesa. Sus asistentes corrieron al retumbar la descarga, sólo para encontrarlo en el duro piso de tierra de sus Cuarteles con la sangre brotándole de la cabeza y el estómago.

La mayoría de ellos podía entender lo que su superior estaba atravesando e incluso envidiarlo por darse muerte al fin. Sin embargo, ninguna de las dos heridas fue mortal, aunque dejaron al Comandante incapacitado y víctima de intenso y constante dolor(14).

(14) Pedro Gill fue testigo de la degeneración de Alén hasta caer en un estado casi de demencia. Relató que el día anterior a su intento de suicidio, el Coronel abandonó la seguridad de su batería y se dirigió hacia el río. Con su uniforme completo y su espada a la cintura, intentó caminar sobre el agua al estilo de Jesucristo y sólo se salvó de ahogarse porque un oficial lo rescató de la corriente. Ver: “Testimonio de Pedro V. Gill (Asunción, 24 de Abril de 1888)”, en: Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Zeballos, carpeta 137, n. 10. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Alén posteriormente tuvo que soportar una pena aún mayor, cuando el Mariscal lo sometió a una inquisición en San Fernando, tras decidir que su acto equivalía a traición. El coronel Francisco Martínez lo sucedió en el comando de la Fortaleza pero, como Alén, no tenía ni la menor idea de lo que podría hacer, salvo esperar.

En el Chaco, Caballero había vigilado por algún tiempo las posiciones Aliadas al sur de Timbó. Aunque desechó cualquier posibilidad de retomar el Campamento principal en Andaí, no dio la situación por perdida. Por encima de todo, necesitaba seguir hostigando a Rivas y sus tropas, que aún podían desistir de su propósito.

Quizás el Coronel paraguayo estaba delirando, pero podía reconfortarse con el hecho de que, a pesar del intento de suicidio de Alén, Humaitá había seguido bombardeando diariamente a las tropas Aliadas en el Chaco. Y esto magullaba el orgullo de todos los hombres del enemigo a lo largo de la cresta(15).

(15) Thompson afirma que los bombardeos paraguayos habían vuelto “insostenible” la posición de Rivas, pero esto parece improbable. Ver: George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 273. Longmans, Green, and Co.: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El Ejército Aliado era fuerte y el paraguayo estaba profundamente debilitado y, sin embargo, los hombres del Mariscal continuaban dando rienda suelta a su insolencia y demostrando su devoción por la causa nacional. Un ejemplo, particularmente conmovedor, de esto ocurrió la noche del 14, cuando Martínez envió a un mensajero a nado por el río con una nota para recordarle a López que, si bien Caxias había rodeado la Fortaleza, su guarnición se mantenía desafiante y lista para cumplir sus órdenes(16).

(16) Varias fuentes señalan que el mensajero había sido despachado por el coronel Alén, pero esto no tiene sentido, ya que Alén se había disparado dos días antes y ya había sido sucedido por Martínez. Ver: Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 9: 127, 135-136, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción; y Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 126-127, (4 volúmenes). El Lector: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Como todo hombre en Humaitá sabía, un mensajero no tenía posibilidades de pasar las líneas Aliadas en Andaí, pero no faltaron voluntarios para la tarea. Como evoca un diplomático británico, lo que ocurrió después fue sobrecogedor:

Después de cruzar el río, [el mensajero] tenía que bordear y parcialmente atravesar la laguna [...] en cuyo extremo más alto estaban apostados tres centinelas brasileños [...].
Eran las dos de la mañana y, estando Julio en el medio del invierno [...], la situación de estos centinelas no era envidiable. La sombra de un hombre fue vista moviéndose en forma perfectamente silenciosa. Los tres dispararon simultáneamente.
Ningún sonido siguió; ningún grito, ningún gemido; ningún chapoteo en el agua, ni ruido de algo cayendo [...].
Cuando amaneció, vieron a una distancia de unos veinte metros a un paraguayo muerto, con la mitad del cuerpo en el agua y la mitad en tierra firme. Fueron a examinarlo y encontraron la pantorrilla y el muslo de una pierna devorados por un yacaré [...] y que, aunque muerto por una herida en el pecho [...] [el hombre todavía] sostenía firmemente en su mano y aprisionaba contra su corazón el mensaje que portaba [...].
Para honra de los brasileños, lo enterraron en el lugar donde cayó y pusieron una tabla sobre su tumba con la simple inscripción: ‘Aquí yace un hombre valiente’(17).

(17) Thomas Joseph Hutchinson, “A Short Account of Some Incidents of the Paraguayan War” (1871), pp. 28-30. Documento leído ante la “Liverpool Literary and Philosophical Society”. Centurión relata el mismo suceso, mencionando el nombre del mensajero, Francisco Ortega, y señalando que la historia de su templanza (que Hutchinson califica de “martirio”) le había sido contada al diplomático británico por Miguel Lisboa, hijo del ministro brasileño en Portugal. Ver: Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 127, (4 volúmenes). El Lector: Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Incidentes de este tipo colmaban a los soldados Aliados de asombro y, a sus oficiales, de ansiedad. Y en todos había una creciente preocupación, al cerciorarse de que, dada su indomable determinación, solamente se podría vencer a los paraguayos usando la mayor brutalidad. Rivas no osaba dudarlo, y tampoco lo hacía Mena Barreto. Caxias todavía esperaba comprar la sumisión de López, pero es dudoso que pudiera tener mucha confianza en la idea.

Los tres Generales deseaban castigar a esos patéticos soldados recalcitrantes que seguían resistiendo en Humaitá y en el Chaco, junto con su obeso líder escondido en San Fernando. Era su culpa que la guerra continuara, y no merecía el incondicional apoyo de tales hombres.
Pero los Generales, ávidos de dar lecciones, a menudo cometen errores.

Contando con la torpeza del enemigo, los paraguayos especularon que Rivas se vería inclinado a hacer algo estúpido y decidieron tentarlo con una victoria fácil. Caballero ya había establecido una línea de pequeños reductos entre Timbó y un sitio a mitad de camino al terraplén de Andaí. En esta posición, que los paraguayos llamaron reducto Corá, el Coronel dejó un solo batallón de infantería con 200 sablistas que dirigían provocaciones casi diarias a los Aliados.

Como esperaba Caballero, la aparente debilidad del reducto, inflamó el ardor de los Comandantes enemigos. Para el 18 de Julio, Rivas ya había tenido suficiente con el constante acoso sufrido por sus tropas y ordenó al batallón Rioja, cuarenta o cincuenta hostigadores y dos batallones brasileños, avanzar y reconocer el campo con la vista puesta en mandar a los paraguayos de vuelta a Timbó. Caxias había dado instrucciones a Rivas de atacar el reducto Corá cuando fuera factible.

El General vacilaba en hacerlo, sin embargo, y consideró preferible que sus hombres no fueran más allá del precario puente que Caballero había erigido poco antes en el reducto, por si hubiera un engaño. Rivas, quien para Burton se parecía mucho más a un italiano que a un sudamericano, era un oficial gallardo y reflexivo, que no había entrado en combate desde Curupayty, batalla en la que había perdido muchos amigos y en la cual había sido seriamente herido en la muñeca(18).

(18) Richard Burton, “Letters from the Battle-fields of Paraguay” (1870), p. 336. Tinsley Brothers: Londres. De hecho, Rivas había nacido en Paysandú -Uruguay- y, como el general Paunero antes que él, podía alegar pertenencia y lealtad a dos países. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En esta ocasión, se había mantenido en la retaguardia con las principales unidades en Andaí, cuando recibió la noticia de que el Comandante de los Riojanos, coronel Miguel Martínez de Hoz, había llegado al punto indicado y ya había matado a cuarenta o cincuenta paraguayos. En ese momento estaba avanzando confiadamente contra una Fuerza enemiga mayor.

Martínez de Hoz era audaz y valiente, vástago de una de las familias terratenientes más ricas de la provincia de Buenos Aires, pero debió esperar una confirmación antes de avanzar. Rivas le envió de inmediato el mensaje de que marchaba en su ayuda, pero llegó demasiado tarde. El Coronel cayó en una trampa.

Rivas descubrió al llegar que la vanguardia argentina había sido terriblemente despedazada en los abatis. Hordas de paraguayos armadas principalmente con sables habían caído sobre ellos como enormes jaurías de perros rabiosos. Las unidades imperiales huyeron precipitadamente y no podían ahora cubrir una necesaria retirada. El General ordenó a las tropas restantes replegarse, pero ya no pudo salvar a la mayoría de ellos(19).

(19) Rivas a Caxias, Chaco, 18 de Julio de 1888, en: Jorge Thompson, “La guerra del Paraguay” (1869), pp. CVII-CIV. Imprenta Americana: Buenos Aires; Francisco I. Resquín, “La guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (1996), pp. 91-92. El Lector: Asunción; “Terrible News from Paraguay”, en: “The Standard”, (Buenos Aires), edición del 26 de Julio de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Los paraguayos persiguieron a las unidades de Rivas hasta el borde de Andaí, donde el General argentino obtuvo el apoyo de otros dos batallones y consiguió rechazar a los hombres de Caballero, aunque solamente después de una dura reyerta. El Sargento al frente de los batallones argentinos recibió una herida fatal durante el tiroteo, pero salvó sus banderas, arrojándolas al río, donde fueron posteriormente rescatadas por el monitor brasileño “Pará”(20).

(20) George Thompson, “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 273. Longmans, Green, and Co.: Londres; Burton observó que, al insistir en reclamar un recibo por las banderas, el capitán del "Pará" decididamente avergonzó a sus aliados argentinos, un desliz que nadie, y mucho menos el general Gelly y Obes, estaba dispuesto a pasar por alto. Ver: Richard Burton, “Letters from the Battle-fields of Paraguay” (1870), p. 333. Tinsley Brothers: Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

Las pérdidas Aliadas en esta batalla, llamada Acayuazá por las “ramas entrelazadas” de los arbustos próximos al reducto Corá, fueron considerables, con al menos 400 argentinos muertos y heridos (los paraguayos afirmaron que los muertos Aliados alcanzaron el número imposible de 3.000)(21).

(21) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 9: 147-149, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción. El “Diário do Exército” menciona 60 brasileños muertos, 224 heridos, y 92 argentinos muertos y 29 heridos -otro ejemplo de divergencia en las pérdidas reportadas-. Ver: p. 447 (entrada del 18 de Julio de 1868); y “Acayuazá”, en: “El Semanario”, (Luque), edición del 19 de Julio de 1868. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El coronel Martínez de Hoz, a quien los bonaerenses ya ensalzaban como “el más valiente entre los valientes”, sufrió la humillación de ser abandonado por sus hombres. Ahora yacía muerto en el campo de batalla, con sus habanos preferidos en el bolsillo.

Su segundo al mando, el teniente coronel Gaspar Campos, tuvo mejor suerte, al caer prisionero de los salteadores de Caballero, pero después pasó encadenado cinco meses terribles, viviendo en condiciones infrahumanas, hasta que también él sucumbió(22).

(22) Campos murió durante la campaña de Lomas Valentinas, de Diciembre de 1868, estando aún prisionero del Mariscal. La versión argentina siempre ha sostenido que pereció como resultado del maltrato físico, pero el mayor Antonio E. González, anotador de las “Memorias...” de Centurión, afirma que el Coronel murió de causas naturales. Añade que el oficial recibió toda la consideración posible y que, a diferencia de los paraguayos que caían en manos Aliadas, nunca le fue dado “un rifle para usarlo contra su propio país y Gobierno”. Ver: Juan Crisóstomo Centurión, “Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay” (1987), 3: 125 (a), (4 volúmenes). El Lector: Asunción; Héctor F. Decoud, en cambio, señala que los prisioneros en el Campamento paraguayo nunca habían visto un abuso mayor y por tanto tiempo contra un hombre como en el caso de Campos. Ver: Héctor Francisco Decoud, “La masacre de Concepción ordenada por el mariscal López” (¿1999?), pp. 177-178. R. P. Ediciones: Asunción; y también: José Ignacio Garmendia, “La cartera de un soldado”, pp. 87-97 que, en una sección titulada: “Los mártires de Acayuazá”, arguye lo mismo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

En cuanto a los paraguayos, sus pérdidas fueron “para nada leves”, de acuerdo con “El Semanario”, e incluyeron al menos nueve oficiales jóvenes y un gran número de hombres(23). El Mariscal se sintió satisfecho. Como solía hacer en estas situaciones, convirtió una limitada trampa táctica en una señal de victoria y una prueba más del genio paraguayo(24).

(23) Efraím Cardozo, “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870)” (1968-1982), publicadas en: “La Tribuna”, 9: 149, (13 volúmenes). Ediciones EMASA: Asunción.
(24) El Vigésimo Regimiento del Ejército paraguayo durante la guerra del Chaco de 1932-1935, fue bautizado “Acayuazá”, en honor del exitoso enfrenamiento de la anterior guerra. Ver: Leandro Aponte B., “Hombres... Armas... y batallas de la epopeya de los siglos” (1971), pp. 199-200. Imprenta Comuneros: Asunción.
// Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

El Gobierno acuñó (o al menos planeó acuñar) medallas conmemorativas en forma de cruz
maltesa, con la inscripción: “Por Decisión y Bravura(25).

(25) Marco Fano, “Il Rombo del Cannone Liberale. Guerra del Paraguay, 1864/70” (2008), p. 330. Roma. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (danza de muerte y destrucción)” (Diciembre de 2012), volumen III. Ed. Taurus (Taurus es un sello editorial del Grupo Santillana). Asunción.

López promovió a General al coronel Caballero por su firme liderazgo ese día y, hasta donde los Jefes Políticos todavía podían organizarlas, hubo festividades en todo el Paraguay no ocupado.

Estas celebraciones ayudaron a restaurar en parte la moral de la abatida población. Fueron, no obstante, agridulces, ya que, contrarrestando la noticia feliz enviada desde el Chaco, las noticias que llegaron de Humaitá resultaron verdaderamente muy malas.

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